Capítulo 3
November rain
9:00 am
La semana anterior tuve que pedir permiso en el trabajo para llegar tarde porque debí ir a observar la aplicación de un test Wechsler para medir las capacidades cognitivas de un sujeto a quién prácticamente le supliqué para que me permitiera estar durante la ejecución del estudio que arrojará el índice de coeficiente intelectual que posee. Está de más decir que son pruebas aplicadas por psicólogos acreditados.
Pues bien, para un simple trabajador una hora de atraso implica muchas cosas: rebaja salarial, amonestación o reposición de la hora tardía. Elegí la tercera opción y esto repercute en que he tenido que tragarme un caos vial, el tráfico en la autopista estaba colapsado, el sonido del claxon y los insultos entre conductores se escuchaban por doquier. Llegué a casa más tarde de lo habitual, y de no ser por un peludo regordete, nadie me espera en ella, por lo que no debía estresarme por la hora.
Tomé una ducha e intenté irme a dormir, pero me fue imposible decidí salirme de la cama, colocarme un top y un pantalón corto de licra, atar mi cabello, me coloqué mis zapatillas de correr, mi móvil y salí a ejercitarme un poco.
Cuadra a cuadra. Trote a trote antes de llegar al parque el único pensamiento que albergaba mi mente era lo insensata que he sido por casi un mes. Me estoy jugando el puesto de trabajo, por un simple capricho de quinceañera que ya no le luce a una mujer de veintiséis años, estudiante y futura psicóloga.
«¿Cómo podré orientar a una persona emocionalmente, si ni he logrado solucionar mis propios problemas?»—me reprochaba a mi misma.
¡Lo sé! —Sé que debo parar con el embrollo antes de que se vuelva una gigantesca bola de nieve, más no puedo negar que toda esta incógnita de no saber quién, cómo o que pretende el vago sujeto tras la línea telefónica me resulta realmente estimulante.
«Cada que interiorizo, llegó a la conclusión de que estoy urgente de terapia psicológica.»
—¿Hablando sola otra vez, hermanita?
Pegué un brinco al escuchar la inconfundible y rasposa voz de mi colorado hermano mayor.
— ¿Qué haces acá y cómo diste conmigo?
—Imposible no notar una mujer con cuatro coletas. ¿Aún te las haces?
—Si las traigo es por algo, ¿no crees?
—Deja la amargura, Tema. —¡Ten! —dijo dándome un paquete y un beso en la mejilla para saludarme. —Te lo envía mamá.
—¿Qué es?
—¡Y yo que sé!
—Y yo soy la amargada. —repliqué. —¡Oh ya lo recordé! es el juego de recipientes plásticos que le encargué a mamá.
—¿No te cansas de comprar tanto cachivache (1)?
—Quéjate con la señora Karura, que vez que voy de visita a casa lo primero que hace es sacar la docena de revistas de ventas por catálogo para ofrecerme algún producto.
—¿También hace lo mismo contigo? —A los chicos y mí nos bombardea con el catálogo de ropa interior. Tengo calzoncillos hasta para exportar, pero, ¡líbrame señor! de negarme a Karura okasan y despertar su ira.
Me encanta lo tierno que es ese volátil jengibre (2) con mi madre. —Aún no has contestado a mi pregunta, ¿qué haces por estos rumbos?
—Vine a dejar un trabajo por alrededores, entonces mamá aprovechó para hacerme de su remesero particular. —¿Cómo te va en el trabajo?
—Bien
—¿Y la U? (3)
—Enviando proyectos a lo loco. —¿Cómo están mis padres y el dúo dinámico?
—Papá y okasan están de maravilla, en cuanto el dúo dinámico, sacándoles las canas verdes a mamá.
—¿Y tú?
—¡Ya me conoces! El mismo tipazo de siempre—bromeó.
—O sea el mismo mujeriego y parrandero empedernido.
—Qué pésimo concepto tienes de mí, Tem.
Mis tres hermanos, reúnen todos los requisitos para no ser aceptados por una mujer con sus cinco sentidos en perfectas condiciones. Borrachos, peleadores, fumadores y mujeriegos. Son como los piratas, tienen un amor en cada puerto y viven su vida a como se les viene en gana, pero puedo rescatar que son auténticos y leales.
Me cuidan como a una niña pequeña. Se les olvida que al menos, de dos de ellos, soy mayor.
—¿Vienes de paso?, ¿Llevas prisa?
—No. Estoy de vacaciones. ¿Por qué?
—Pensaba hacer de almuerzo un estofado, ¿quieres?
—¿Con patatas?
—Con patatas.
—¡Genial! Súbete al auto y pasamos a un supermercado por una soda de litro.
—Perfecto, pero tú pagas. —acoté con sorna.
—¡Tacaña!
.
.
.
.
Luego de un baño, puse la carne a cocinar con las patatas mientras Sasori preparaba una ensalada que dio como resultado que se rebanara uno de sus dedos al tajear un jitomate.
—Te quedó buenísima la comida, Tem. —chilló mi hermano llevando los platos para lavarlos.
—Me alegra que te guste.
—¿Por qué tardaste tanto en el tocador?, ¿No me digas que ocultabas evidencia de convivencia masculina?
—Déjate de tonterías
—¿Cómo se llama?
—¿Quién?
—El maldito que no ha ido a pedir permiso para poder visitarte.
—¿En serio? ¿permiso para ver a una chica en este siglo?
—¡Ya en serio! ¿No andas con nadie?
—No es de tu incumbencia.
—¿No tendrás el mismo síndrome ojo alegre de tus hermanos?
—Harás que me enfada y no querrás asumir las consecuencias.
—¿Te gustan las mujeres?
—No.
—¿Segura?
—Uno… —dije amenazándolo.
—¡Wo wo! —¡Ufff! Menos mal que no hay ningún idiota viviendo contigo. Un día de estos me dañé un ligamento del antebrazo derecho y no deseo volvérmelo a dañar por majarle la jeta a un inadaptado.
—¡Cálmate Sansón!
Pasamos el resto de la tarde jugando video juegos donde salí perdedora.
«Como siempre»
—¿A qué hora entras a trabajar?
—A las seis.
—Tengo que ir a la ciudad, si gustas puedes irte conmigo y te acerco a la empresa.
—¡Perfecto! Iré a cambiarme de muda y acicalarme un poco. Mientras tanto tu ve preparando café.
—Tú y esa maldita adicción
—¡Mira quién lo dice! Chillé encaminándome a la alcoba quitándome la ropa de andar en casa de camino.
.
.
.
.
Sasori me dejó a unas cuadras del trabajo, como iba bien de tiempo y estoy en plan ahorro, decidí caminar hasta él. Iba tranquila, oteando las vitrinas cuando se me atravesó un lujoso auto que he visto en varias ocasiones por el centro de oficinas.
En el momento que pasé cerca de la puerta del conductor la escotilla de esta bajó, dejando a la vista al futuro dueño y señor de Hyūga corp.
—¡Buenas tardes, señorita Sabaku no!, ¿Se dirige usted a la empresa?
¡Ay cristo! Viéndolo de cerca es más guapo. —¡Sí, señor Hyūga!
—Está de suerte, me dirijo hacía ahí. Puede subirse, ¡la llevaré!
—¡Gracias! —bordeé el coche hasta topar con la puerta del pasajero. La abrí para adentrarme en él, con temor incluso de respirar por si dañaba algo de la fina tapicería.
Me sentía cohibida, y es mucho decir teniendo un carácter tan impulsivo y vivaracho como el mío, pero lo cierto es que el hombre a mi izquierda y quién manejaba la Range Rover del año, era mi jefe, y mi trato con él nunca ha pasado de lo meramente profesional.
—¿Qué miras? ¿Mi cabello? —inquirió mi jefe después del mutismo en que estábamos.
Me sonrojé ante su pregunta. Había notado que me ensimismé viendo su hermoso cabello. —¿Cómo le hace para tenerlo así de sedoso?, ¡Hablo del cabello! —me mordí los labios después de decir semejante tarugada.
Sonrió y siendo sincera tiene una sonrisa muy hermosa.
—Supongo que es parte de la genética de los Hyūga tenemos el cabello largo, liso y castaño. Bueno a excepción del cabello negro de Hinata.
—Disculpa mi atrevimiento, ¿pero no debería ser ella la que este al mando de la corporación?
—¡Así es! —Ella debería ejercer la jefatura de la empresa. Es su derecho innato, más le fue vedado por el simple hecho de ser mujer. No se puede derogar una ley de buenas a primeras, ni cambiar las reglas de una tradición tan machista, que por generaciones han sido el emblema por excelencia de mi familia. Lo intenté, pero fue en vano, los ancianos venerables de mi clan, denegaron que Hinata fuese la manager de la corporación y mi tío al no tener un heredero varón, yo era la mejor opción para delegarlo.
—Un completo patriarcado —musité arrepintiéndome de inmediato.
—¡En absoluto! — Y es una lástima porque mi prima es una mujer muy gentil creo a ojos cerrados que hubiera hecho un buen papel en la empresa, pero de lo único que accedió mi familia a que estuviera a la cabeza es a todo lo referente a la labor altruista de Hyūga Corp.
—Me parece un completo retroceso regirse por tal absurdo. Perdón señor si le parece insultante.
—¡Para nada! En realidad, pienso muy parecido a usted. También está el hecho de que mi prima insiste en mantener su relación con el menor de los Uchiha aún a pesar de la desaprobación familiar.
—¿Por qué el Uchiha es un mal partido para la señorita Hyūga si es parte de las familias más notables del país? ¿Por parrandero?
—Lo era, pero se le ve muy cambiado desde que está con Hinata. Es menos soberbio, y eso ya es mucho que decir. Él, Uzumaki y el Nara han sido los playboys de la alta esfera.
—¿Usted no se queda atrás? —«bocaza»
—Soy más discreto.
—¡Lo siento, señor!
—No te preocupes, también leo las noticias y le aseguro que la mayor parte de tiempo difaman mi nombre, adjudicándome relaciones con chicas que ni siquiera conozco.
Me quedé pensando en todo lo dicho por mi jefe. Me extrañaba su sencillez y facilidad de palabra incluso para charlar con una desconocida sobre asuntos familiares. Tal vez tuvo un mal día y necesitaba liberar tensiones. Como el chico misterio, que hace una llamada desde Francia, todos los días para contarme aspectos cotidianos de su día y luego colgar.
Asimismo, rebobinaba mentalmente los últimos nombres mencionados por mi acompañante. A uno de los nombrados lo conozco porque es noticia diaria en la prensa farandulera por su escandalosa relación con una chica que se tiñe el cabello rosa. Terminan, vuelven; vuelven, terminan; es una infinita espiral y un perpetuo título de los tabloides. Del otro fulano, no tengo la más remota idea quién sea. Ni me interesa. «¡Y no sé porque su nombre hace eco en mi cabeza!»
—Sinceramente no entiendo a los de sangre azul. —dije arrepintiéndome de inmediato por ser tan boca floja. —«una metida de patas más y tendré que pedir dinero en las calles»
—No somos de sangre azul, simplemente nacimos con un apellido reconocido y una buena condición económica.
—Entonces no le veo nada malo o prefieren darle pleitesía al que dirán que a la felicidad de uno de sus miembros.
—Darle pleitesía al que dirán.
—Lo extraño es que los Uchiha hasta donde tengo por entendido, forman parte de los clanes familiares más reconocidos, no concibo porque su familia no quiere unir poderes, por decirlo así, con ellos, ¿alguna rencilla antigua?
—No. Están prácticamente en bancarrota.
—¡Ya veo!, temen que él esté con la señorita Hyūga por interés.
—No lo creo ya estaban saliendo cuando se vino la caída del dólar y muchos de sus negocios con norteamericanos se vinieron al suelo. Creo que Sasuke en verdad ama Hinata chan.
—¿así que las nuevas generaciones de tu clan están dándole dolores de cabeza a los de antaño? —Enamorándose de pésimos partidos.
—No lo dudes. Tanto Hinata como yo nos hemos fijado en personas que no pertenecen a nuestro nivel. —dijo viéndome directamente a los ojos y sentí un nudo formarse en mi garganta y mi cara arder.
—Señor Hyūga, ¿Podría dejarme aquí, por favor? —no pude aguantar ese comentario.
—Estamos a sólo unos metros de la entrada.
—No quiero que su buena intención de traerme hasta la empresa, se preste para habladurías.
—No es necesario señorita Sabaku no. No permitiré que hablen mal de ninguno de mis empleados, usted es uno de ellos y yo puedo subir a mi coche a quién se me apetece. El que profane su nombre se las verá conmigo.
—Es muy gentil de su parte, pero no quiero causar molestias. ¡por favor!
Lo vi abrir y cerrar la boca en reiteradas ocasiones, pero de ella no salió una sola palabra, aunque sé perfectamente que deseaba hacerlo. Solamente se abstuvo a asentí con su cabeza y aparcar un momento el auto para que yo pudiera bajarme.
—Gracias por el aventón, señor Hyūga. —musité antes de proseguir mi camino a pie.
—Fue un placer señorita Sabaku no. —respondió el hombre de ojos perlados dándole marcha al coche.
.
.
.
.
Ya en la oficina, comencé con mi clásica cacareada…
—¡Buenas noches! está usted llamando a la plataforma de servicios direccionales, le atiende Temari, ¿En qué le puedo ayudar?
—¡Buenas! Es la casa de Aquiles Bailo Yo.
Dijo la voz de un niño y unas risotadas infantiles estallaron tras él. —¡Colgaron!
—Mocosos del averno que no tienen nada mejor que hacer. —me quejé con la nada.
—¿A ti también te entró esa llamada? —replicó Tenten desde su escritorio.
—¿Creen que les ha ido mal?, yo recibí la llamada de un vejete diciéndome que ya se había tomado la pastillita azul y que ahora sí podía darme hasta para llevar. —acotó Karin y las tres estallamos en risas. —Definitivamente en esta vida no se gana, pero se goza —dije entre risas.
—¡Dejando un cuento por otro!
—¡Buenas noches! está usted llamando a la plataforma de servicios direccionales, le atiende Temari, ¿En qué le puedo ayudar?
—¡Mendōkusai! Si te digo que fue un día de mierda, ¿Me creerías?
Ahí estaba la voz causante de mis últimos tormentos —Primero se saluda, vago. —le regañé.
—¿Tu también te pondrás problemática, mujer?
—Se dice—: ¡Hola!, ¿Cómo estás?
—¿Verdaderamente importa?
—No sé cómo es en Europa, no he estado allí, pero al menos en Japón la cortesía es primordial.
(silencio) —¡Tienes razón! Es sólo que hoy las cosas fueron de mal en peor. Perdona no sé ni por que te he llamado, a ti menos que a nadie era a quién debía llamar. No sé que esperaba que hicieras por mí.
—¿Creí que la etapa de vergüenza y disculpa era una prueba superada?
—Recaí. —soltó de buenas a primeras, pero no entiendo que quiere decir con ello.
—¿Recaíste? ¿En qué? ¿Eres farmacodependiente?
—No, no soy adicto. Bueno sólo al cigarro. Es sólo que recaí con…
Fue en ese instante que entendí a qué se refiere con su recaída. —¡Con la pelirroja! — añadí sintiendo un vuelco en el estómago.
—¡Sí! —escuché afirmar, pero por alguna razón su voz era ahogada. —No sé por qué carajos te llamé, creo que es la fuerza de la costumbre.
Conté hasta cien para no mentarle a la madre, en todo este tiempo se había comportado muy natural, y yo como la más boba tuve la vaga sensación de que lo conocía desde siempre. —Quizás es mejor que acabes la llamada y te comuniques con un pariente o un amigo.
—Mis parientes… —No me gusta hablar de eso.
—¿Supongo que tienes amigos?
—¡Claro que los tengo!, es sólo que no es lo mismo. Necesito que me escuchen, no que me juzguen.
—Le recuerdo que esto es un centro de llamadas qu…
—Que brinda soporte direccional. Mujer sé perfectamente bien a que te dedicas, pero por lo que más quieras no te pongas a la defensiva, permíteme desahogarme, no me abandones... ¡Tú no, por favor!
Esa súplica hizo añicos mí ya de por sí, precario orgullo.
—Primero quiero que me ayudes a descifrar algo, ¿Por qué lo hice?
—¿Volviste con ella?
—No, solo fue un glorioso revolcón. Nos topamos en un bar a las afueras de París, y entre el mundillo, entrecruzamos miradas…
—No tienes por qué contarme nada, somos un par de desconocidos, además, esto es inapropiado, mi trabajo no es colaborar en una línea de autoayuda, busca consejería o terapia psicológica, te lo he dicho hasta el cansancio. Tienes un caótico apego emocional, debes trabajar en eso y…
—Es exactamente por eso que me encanta hablar contigo. Llamas al pan, pan, y al vino, vino. Si charlo con mis amigos, lo primero que harían es un aspaviento, que soy un idiota, que ella no es nada más que una arribista irlandesa.
—¿Tienes dinero?
—¿Qué? —No. No. Soy un tipo que debe sudarse la frente para salir adelante. ¿Por qué lo preguntas?
—Dijiste que la mujer es una arribista, deduje que era porque estaba a tu lado por interés.
—¡Aaaah! Pues te equivocas.
—¿Cuándo fue su encuentro?
—Escasos cuarenta y cinco minutos. Llevo rato pensando en llamarte o no.
—¿Vienes de tener sexo con una chica?
—Sí. —Y después de encamarme, me sentí de la fregada. Cómo si hubiese cometido una traición, más no voy a negar que sentí placer. No fue sólo placer carnal, sino el verla derrotada. Quiero que pague todo el dolor que me hizo sentir.
— Te estás moviendo en tierra movediza. El territorio de la venganza es muy peligroso y por lo general sale más leso el cobrador que el deudor.
(silencio) —¡Perdóname!
—¿Por qué?
—¡No lo sé! Es sólo que siento un enorme cargo de consciencia contigo.
«De una forma también me siento traicionada»—¡No te preocupes! ahora ve, tómate un baño relajante y duerme.
—No soy un niño pequeño.
—Te comportas como tal —me fue imposible no decirlo. —Cada minuto de esta llamada es bastante costoso por lo que le sugiero colgar.
—Lo que gaste en esta llamada únicamente me incumbe a mí. —¿Te enojaste?
—Lo que usted haga con su vida, me es absolutamente irrelevante, señor. Si continúo una conversación ajena a los propósitos de la empresa y por lo que fui contratada, tendré graves problemas. Ahora si me permite no me queda nada más que desearle un buen descanso. ¡Buenas noches!
—¡Bonne nuit, mademoiselle! —replicó con voz entrecortada.
Acabé la llamada y por unos segundos mi mente quedó en blanco.
—¿Te sucede algo, Tema? —musitó Tenten, sacándome del abismo.
—No. No. Es sólo que cuando llegué a casa no tuve sueño, entonces me fui a correr. No he dormido nada, prácticamente llevo veinticuatro horas en pie. Bajaré a la cafetería por café, ¿me cubres?
—¡Claro, tonta! Es que te veo muy pálida y el rostro compungido. ¿Segura que es solo cansancio?
—Sí. ¡No te preocupes!
—¡Ten! Son los últimos sorbos de mi energizante, ¿quizás te ayuden acabar la jornada? — interrumpió Karin.
—¡Gracias! —dije tragándome el azucarado líquido de un solo. Levantándome para ir primero al tocador y luego a la cafetería por un cortado doble y bien tinto.
.
.
.
.
Fui a la planta baja, salí rumbo al jardín exterior de la empresa, me senté en un pequeño escaño, sorbiendo el café. Con la luna y unas cuantas estrellas de acompañantes. Me puse a pensar en todo lo vivido. Lo bien que me ha hecho hablar con un desconocido y el enorme vacío que sentí con su confesión.
Durante todo el mes he fungido, como su orientadora anónima. Jugándome el puesto de trabajo si se llegaran a enterar los altos mandos.
¡Infiernos! Aquí la que necesita un buen psiquiatra soy yo. Confiando en un hombre que no conoce, que vive en otro continente, que no sea dignado siquiera a decir su nombre. —¡Rayos!, por segunda ocasión he escogido erróneamente una carrera profesional.
¿Qué podía esperar? Es un sujeto de mundo, que por culpa de su estado etílico llamó sin querer a la central de servicios donde trabajo, buscaba de una dama con quién fornicar y por largos treinta días no ha parado de comunicarse conmigo, contándome de su rutina, lo frío que estaba el clima en esa época en Francia, describiéndome los lugares más exquisitos por visitar en París, entre otros.
Por un mes, me di el lujo de soñar que quizás cupido no había olvidado mi dirección, era muy temprano para hablar de amor, más aún cuando ni siquiera se su nombre, pero me había acostumbrado a él, a su misteriosa voz. Me imaginaba visitando la "ciudad del amor" a su lado, que él fuese mi guía turístico personal, caminar junto a él por el "Champs- Élysées"
—Sueños ilógicos de una adulta, que una vez creyó en el amor y la traicionaron.
Por otro lado, está Neji. Un empresario joven y exitoso. Perteneciente a una de las familias más influyentes y tradicionalista de Japón como es el clan Hyūga pusiera los ojos en una hija de obreros como yo y no en una rica heredera te da la sensación de incertidumbre, de que se trata de un juego. Si bien el Hyūga no quita el dedo del renglón, insiste en su cortejo y es físicamente apetecible y accesible, no me hace sentir inquietud o el anhelo de que sea la maldita media noche para escuchar una aburrida voz que habla de todo y nada a la vez por escasos quince minutos desde hace treinta días.
Llevaba tiempo sin sentirme deseada por el sexo opuesto, es más, creo que ni por el femenino. Esto de volver al mercado de solteros sin compromiso, año y medio después de mi auto exilio, me abruma.
Es snob pensar que en pleno siglo XXI, la sociedad aún se rija por las clases sociales, pero he experimentado en carne propia que "La Cenicienta" no es nada más que un simple cuento de hadas.
Pensaba y pensaba en todo esto, cuando una gota de agua cayó sobre mi mano. La lluvia de noviembre me saludaba, diciéndome que la vida sigue y que ella con su rocío se encargará de dejar todo en el olvido.
¡Hola! ¿Cómo estuvo esa navidad?
Aquí tienen un capítulo más de esta historia. Quise hacer a Shikamaru como un hombre misterioso que oculta algo, que se enamoró y lo traicionaron y ahora busca cómo sacarse el clavo, porque los hombres también sufren por amor ¿no?; y por la búsqueda de su venganza se hunde más y más.
Asimismo, plasmé que ya pasó un mes desde su primera conversación, han interactuado de cosas banales que los ha atraído uno al otro, se han confesado muchas cosas, que serán expuestas poco a poco.
Finalmente, notaron lo lindo que se llevan el par de hermanastros y que se dedican a cosas muy comunes, como Karura con las ventas por catálogo.
Espero y este relato sea de su agrado y un próspero año 2018. ¡Besos y abrazos!
(1) Cachivache: nombre genérico para una cosa u objeto.
(2) Jengibre: Así también se les suele llamar a las personas pelirrojas.
(3) U: abreviación de universidad.
