No entiendo a la gente, nunca lo he hecho, nunca lo haré.

3 - Hiss Painful

Sabes que tu día será malo tirando a fatal cuando lo primero que haces es informar a McGonagall que tus libros fueron masacrados. No le importaba realmente porque podía arreglarse con un simple ‹Reparo› o bien comprar unos nuevos -quien sufriría un infarto es Hermione si llegaba a ver el estado en que fueron destruidos-. Sin embargo, la jefa de su casa había sido mortalmente clara.

Infórmame de cada ataque que recibas.

Consideraba que lo más acertado en esa situación era decirlo, sin capacidad de morder, arañar o embestir a nadie no quedaban más recurso y antes muerto que dejarse pisotear por un don nadie que no comprende que es tan humano como el. Como pensó, la subdirectora arregló sus libros y pudo encontrar la firma mágica de quien lo hizo, siendo niños seguían expulsando magia sin querer, más aun si tenían adrenalina a flor de piel.

Una vez seguro de que no iba a pasarse por alto tomó rumbo a su sala común de nuevo. Es un bello sábado que quiere gastar corriendo en el bosque prohibido o a la orilla del lago, aprovechando que la nieve aun no llega. Tocó el diario que ocupaba un bolsillo de su túnica, menos mal que dormía con este bajo la almohada, no podía imaginarse que hubieran destruido a Tom también.

Posiblemente con eso no le importaría matar a nadie... quién sabe, su mente, alma y cuerpo últimamente iban por caminos separados, casi ajenos unos a los otros.

—Harry, Harry Harryharry. —fue abordado de manera brusca y espeluznante por los gemelos Weasley.

—Después de tu cumpleaños nos vino una avalancha de idea que Fred y yo no nos explicamos. —comienza a relatar uno de ellos.

—en la cual pensamos... ¿Por qué no continuar con más ideas y dedicarnos a ello? —Harry ladeó la cabeza, confuso—. Escucha, desde pequeños hemos podido ir bien en crear pócimas para colocarlas en dulces. La idea de las pastillas vomitivas nació ahí, Percy fue conejillo de indias.

— ¿Entonces...?

—Hemos logrado pastillas para dolor de cabeza, chicles brota granos y un montón de dulces más que hicieron darnos cuenta de una cosa. Si tanto lo compra la gente y más importante, tenemos ideas en mente ¿Por qué no aprovecharlo y hacerlo más grande?

—Mucho, mucho más grande.

— ¿Hacerlo una marca? —lanzó aquella flecha a falta de una mejor metáfora a lo que entendía pretenden hacer los gemelos.

—Así es. —respondieron en coro.

—El problema es que no tenemos mucho con que experimentar y a Mamá la idea le causa tal repulsión que botó todo lo que hicimos. —comenta George en un suspiro casi angustiado.

—Por lo que queríamos saber si serías tan amable de prestarnos ese Sótano de tu casa que no usan mientras conseguimos un lugar nuevo donde nuestra madre no pueda arruinarlo. —Harry acabó pensativo.

Realmente no pedían nada extremo y no le costaba imaginar al par trabajando de eso que tanto les gusta, en una tienda grande y llena de gente que busca sus productos para hacer bromas o bien saltarse las clases. El problema es que no podía decidir del todo, era su casa claro, pero lo es más de su padre. Tendría que pedir permiso y dar algunas lágrimas de cocodrilo para que acepte.

—Voy a preguntar, aunque dudo mucho que mi papá se niegue. Saben cómo es. —la emoción y agradecimiento brillo en las miradas idénticas no tuvo igual. Un abrazo de oso lo dejó sin aire.

Con cierta alegría por poder ser de ayuda para sus amigos subió al dormitorio con la tranquilidad marcando sus facciones. Dejó caer los libros que llevaba en las manos cuando un olor demasiado familiar llegó a su nariz. Camino con lentitud hacia su cama, siendo observado por sus compañeros de habitación, tres de ellos con una malicia desmedida y uno con pena, ansioso por decir algo.

Al quitar la cortina abrió los ojos y la boca, poco una mano sobre esta y retrocedió un par de pasos con los ojos picando— ¿Za-Zanna? —balbuceó, sorprendiendo a Ron principalmente. Acercó sus manos temblorosas a la serpiente que manchaba de sangre su cama... Su cabeza estaba cercenada, apenas cerca de su cuerpo, su piel tenía varios lugares faltantes de escamas.

— ¡Yo les dije que no lo hicieran Harry! P-pero no los pude detener, te lo juro. —Harry no prestó tanta atención a Neville, aunque podía saber que era sincero, él no despedía el olor a sangre de su serpiente. Además, ese niño apenas le teme en silencio, no ha sido capaz de decir o hacer nada en su contra.

—Ustedes... ¿Tanto les encanta hacerme miserable? —preguntó con una amarga sonrisa, con las lágrimas brotando de sus ojos sin detenerse—. Como si ya no fuera suficiente con la maldición que recibí desde pequeño... —moqueó.

Tomó una caja y metió ahí el cuerpo de su difunta mascota, salió de su habitación empujando a Ron y Seamus sin ninguna dificultad, ellos ya iban a advertir que no dijese nada. Escuchó que Hermione y los gemelos lo llamaron, pero los ignoró y siguió su camino en dirección a la oficina del director. Incluso vio a Malfoy de camino, el diario en su bolsillo tenía un leve temblor y calor que advertía la necesidad de Tom por hablar.

Subió por la gárgola y entró al despacho, encontrando a Dumbledore, Snape y McGonagall junto a un estudiante de su mismo año. Severus lo vio con extrañeza por la caja que llevaba en las manos y más aún que llorara —Oh, pasa Harry, estábamos hablando de ti—. Se colocó al lado del estudiante dr Hufflepuff.

—El señor Smith-

—Ronald Weasley, Seamus Finigan y Dean Thomas mataron a mi serpiente. —interrumpió, colocando la caja en el escritorio. McGonagall lo vio con cierto horror y el ceño fruncido.

—En Hogwarts no se permiten serpientes, Harry. —informó Dumbledore con voz calmada.

—Yo le di el permiso Dumbledore. —acotó McGonagall sintiendo parte de su sangre calentarse por la ira que tenía.

—Y por ello, el joven Smith está mordido. —la sonrisa suficiente de Zacharias no tenía par. Harry frunció el entrecejo.

— ¿Y yo que tengo que ver? Zanna no hizo nada a nadie.

—Las heridas en su brazo dicen lo contrario. —al fijarse, había un moretón no tan grande formándose y una mordida, esta se veía extraña, pues no es lo suficientemente simétrica estando en ese sitio. Además...

— ¡Zanna no lo hizo! Ni siquiera tenía colmillos y—se detuvo, con cautela se acercó a Smith y este estuvo a nada de retroceder, aunque McGonagall se lo impidió—. Huele... sangre... ¡EL TAMBIÉN ENTRÓ A MI DORMITORIO Y ASESINO A ZANNA!

—Harry-

— ¡Es un Hufflepuff! ¿Por qué estaba en mi dormitorio? Neville ya me dijo que fueron ellos quienes lo hicieron cuando Zanna jamás intento hacerles daño. —su estado frenético no parecía afectar en nada a Dumbledore.

—En lo que a mí concierne, esta serpiente atacó a estos alumnos y por ello fue sacrificada. No debió incumplir las normas de este modo, puede ser una amenaza para el resto del alumnado.

—Pero-

—Es todo lo que puedo decir joven Potter. Enviare una lechuza a su familia para informar esto, por el momento, el Profesor Snape se hará cargo de su castigo.

Harry no supo porque, pero tomó la caja y se fue corriendo a pesar de los llamados que los adultos dieron para detenerlo. Se perdió en uno de los tantos pasillos que tenía Hogwarts, sentándose en el suelo y abrazando sus rodillas. Era tan malditamente injusto, Zanna apenas salía para buscar ratones, que siendo igual a Hedwig, los exhibía por haber logrado cazarlo.

Sacó el diario y al abrirlo las letras en tinta negra aparecieron aún bajo los enormes lagrimones que caían de sus ojos hasta las amarillentas hojas.

«Siento tu magia caótica y errática ¿Ocurre a
algo?» … «¿Por qué estas llorando?» … «Harry respóndeme, escribe, no puedo saber si no escribes»

Cerró el diario y lo volvió a guardar, regresando a si posición fetal y preguntándose si realmente merecía que hicieran esto, si realmente su pecado como hombre lobo justificaba que hicieran de todo con tal de lastimarlo. Él no hace nada en contra de nadie ¿Por qué el mundo debía afanarse por lastimarlo? Es tan injusto y lo llevó otra idea mucho más hiriente.

La mayoría de los magos posiblemente hicieran lo mismo... Odiarlo, rechazarlo, solo por ser diferente en un modo que no pidió.

— ¡Harry! ¿Qué pasó? —alzó la cabeza, encontrando a Hermione, Fred y George ahí, Fred llevaba en manos el mapa del merodeador.

Explicó entre hipidos lo que había ocurrido desde el inicio de la mañana, a ellos se unieron Draco y Pansi, que los hallaron casi por casualidad. George y Fred estaban furiosos, pues no se explicaban las ganas tan destructivas de Ron por hacerse ver como el principal detractor contra Harry. Pansi acariciaba la cabeza del ojiverde con suavidad.

—Tranquilo. Cuando mi padre sepa de esto pondrá cartas en el asunto. —asegura el Rubio con el ceño fruncido. Él tenía una cosa muy clara y es que estaban lastimando a su mejor amigo, a su lobo, eso no podía quedar impune.

—No puedes, si él dice que hay un hombre lobo estudiando aquí, querrán su expulsión inmediata. —replicó Hermione.

—Entonces el asunto queda en nuestras manos... —Fred sonrió ampliamente a su gemelo.

— …Y en las de mamá. —continuó George.

—Ro-Ro las va a pagar. —canturrean con un plan en mente.


— ¿My lord...?

Se llevó una mano a la mejilla y limpió el rastro de agua salina que se derramaba sin su permiso, su sola expresión deja ver que haría de todo menos llorar. Miró a Lucius con aire ausente, pues sus -supuestamente muertas-. emociones ahora tomaban el control, junto a lo irracional. Nagini a su lado observaba con cautela y sumo temor a su señor.

—Organiza a los Mortifagos, haremos una redada en-Hogs-made—clavó su pluma en la madera, sorprendiendo aun más a Lucius—. Tan destructiva que apenas puedan ponerse de pie nuevamente.

— ¿En Hogsmade? Es un pueblo mágico, por qué no-

—Hogsmade es un pueblo mágico Lucius... donde habrá de empezar la educación para los Magos que no entienden la realidad. Mientras más pronto, mejor, así que ve a cumplir con mi orden... Ahora. —el último susurro fue tan amenazante que Lucius prácticamente se hizo gacela en fuga

Voldemort se desplomó en el gran y acolchado alfeizar de la ventana, a su espalda se apreciaba un gran cielo nublado que amenazaba con dar una gran nevada pronto. Se sentía tan furioso, tan urgido de dar un castigo a toda la humanidad en sí. No lo entiende, esos sentimientos turbios llenando cada rincón de su cabeza por culpa de su pequeña y fragmentada alma.

Podía culpar a Harry, pero no sabía absolutamente nada de él, no escribió en el diario desde temprano como cada día y suena perfectamente factible que sea por la ansiedad producida de procrastinar la abertura de la cámara de los secretos. Limpió nuevamente sus mejillas y vio sus manos... ah... ni siquiera se vio a sí mismo y un escalofrío recorrió su espina dorsal en una placentera idea.

Si podía ver por los ojos de Harry como hace unos instantes en los que vio al pequeño Draco y un par de copias se preguntaba que más podría lograr con él. Aunque dado ese punto, debía conocer la naturaleza de esa rara conexión.

Zacharias no dejó que el evento pasara en el olvido, lo exhibió en el almuerzo como una gran hazaña, su mesa lo aplaudía sin parar por el valor que para ellos suponía haber hecho algo así de peligroso. Harry no fue a comer, Snape sabía que se encontraba en el bosque prohibido cazando su comida para intentar sacar la ira que lo llenaba junto a la impotencia.

Lo vio enterrando a la serpiente dentro de su caja hace unas horas.

La marca tenebrosa en su antebrazo comenzó a arder, como cada vez que algo malo ocurría en el lenguaje de "Ya no soy un mortifago si atacan me mataran". Vio a Dumbledore con ojos recelosos, no sabía si informarlo o dejarlo así, la manera en que estaba tratando a su... segundo ahíjado por llamarlo de alguna forma, no le agradaba en lo absoluto. No quería ni imaginarse cómo reaccionaría James ante la "sugerencia" que el director propondría.

Con muchos regaños por palabras mal sonantes en Gryffindor y Hufflepuff hacia Harry y su ausencia, se vieron mudas luego de un rato cuando el nombrado entró al gran comedor con el hocico ensangrentado. Caminó hasta Gryffindor y tiró suavemente de la túnica de Hermione, la cual se apresuró a levantarse igual que Fred y George, Harry fue con Draco, tocando su espalda con una pata.

Los cuatro salieron del gran comedor y los murmullos no pararon en ningún momento.

— ¿Que pasa Harry? —el lobo la miro un instante y luego troto hasta el bosque prohibido, aullando brevemente. De entre la espesura salió...

—Un hipogrifo. —dijo Draco sin aliento y emocionado. Harry se reverenció y la criatura de plumaje blancuzco lo imito para luego permitir a Harry restregar su cabeza con él en gesto cariñoso.

—Creo que nos está diciendo como acercarnos. —susurró Hermione. Fred fue el primero en probar y tras unos momentos reverenciado el hipogrifo hizo lo mismo.

No tardaron en mimar al animal que se veía muy gozoso de eso, Harry movía la cola con emoción ante su logro — ¡Eh! Veo que conocen a Buckbeak —Harry vio a Hagrid, quien llevaba una enorme cantidad de tejones muertos. Aunque no quisiera, aún tenía hambre y esos se le antojaban.

— ¿Es tuyo?

—Para nada, vive en el bosque, pero siempre va a casa por algo de comer y un poco de cariño, es el Hipogrifo más tierno que haya visto... No se engañen por eso, si le faltan al respeto igual atacara. —informa el medio gigante

—Gracias por el dato. —respondió Draco sin mirarlo. Harry se subió a la espalda del rubio, lamiendo su oreja como si lo felicitara.

A pesar de haberse quejado y caído al suelo, Hermione sabía que en el fondo a Draco aquellos gestos le encantaban, se lo podía notar y le extrañaba que nadie más pudiese hacerlo. Harry siguió jugando como si fuera un perro muy grande, al menos así la tristeza había menguado.

›Ya iré a abrir la cámara‹

» ¿Que ocurrió en la mañana? No me lo has dicho. «…» Harry ¿Por qué no respondes? «…»¿Ya no confías en mí?«

Extrañamente, al pequeño-no-tan-pequeño trozo de alma resguardado en el diario sintió y transmitió la ansiedad que le produce aquel último y terrible pensamiento sin respuesta.

Lo que no sabe es que Harry si lo hace, confía a más no poder, pero botar un frasco de tinta sobre él debido a los nervios no es lo mejor. Con cautela y aprovechando que todos estaban cenando fue directo al baño de chicas del segundo piso. Asegurándose de que nadie estuviera en los alrededores se paró frente al lavabo, relamiéndose los labios resecos.

— Abrete... —deseó que no pasara nada, pero pasó.

Frente a él una enorme entrada se mostró, siguió con exactitud las instrucciones que Tom había proporcionado. Bajó las escaleras y a su espalda la entrada se cerró, caminó por el oscuro lugar, en cierto momento ya ni siquiera sabía que hacía, su cuerpo parecía ser repentina ajeno, andando lentamente por la voluntad de alguien más. Una puerta se alzó ante él y la abrió al dar la orden.

Llegó a una enorme habitación desgastada por los años, llena de agua y al final destacaba una enorme "estatua" con forma de rostro.

Ven ante tu señor, bestia dejada por Salazar Slytherin para limpiar Hogwarts de las impurezas. —si lo dijo él, no lo pareció, pues la voz que siseó para atraer a la gran serpiente de mortíferos ojos fue gruesa y más adulta.

Casi podía sentirse desplomar en el cuerpo totalmente ajeno y que veía por segunda vez, pero por primera siendo un niño nada más. Tom lo arrulló con suaves siseos, drenando su magia para ser corpóreo y más importante, sin que poder ser ignorado. Harry seguía vivo a pesar de ver al Basilisco, por lo tanto, es realmente un heredero de Salazar Slytherin, cuestión que su ser principal debe investigar muy, muy a fondo para comprenderlo.

—Eso es Harry, eres un buen niño... —felicita, con el joven de doce años acurrucado en él—. Y dime... ¿Qué ocurrió esta mañana? No me ocultes nada... me entristeces. — debía intentar lo más sencillo primero, usar su encanto natural para recibir una respuesta, sus manos paseaban por la cara y cuello del ojiverde.

—Ellos... mataron a Zanna... —respondió con tono adormilado, un suave sollozo escapó por sus labios—. Y no lo van a castigar... no les importa...

— ¿Zanna? ¿la serpiente que... te regalaron? —musitó pensativo—. ¿Quiénes no harán nada? ¿Qué ocurrió? Puedes decírmelo Harry. — ronroneó, exigiendo con discreción más información al respecto.

—Destruyeron mis libros... luego lo mataron...Dumbledore me culpó a mi... me castigo... Yo no hice nada —sollozó tan dolido que Tom sintió un escalofrío en su puro ser de alma fragmentada y lleno de magia ajena—. Zanna no hizo nada... no es justo... él no deja de burlarse por ello...

— Di su nombre Harry. Fuerte, claro y sin titubeos, solo dilo... —incitó, la prominente serpiente observa con aire curioso, aguardando una orden.

—Zacarias... Smith... De Hufflepuff... —no pudo vislumbrar la terrorífica y cruel sonrisa que surcó los labios de Tom, pálido cayó rendido sin más y fue dejado en el suelo con mucho cuidado. Con una enorme satisfacción llenando su ser vio al basilisco.

Ve, empieza a purificar este lugar siendo para comenzar al que hizo llorar al heredero de tu señor, que por su acción las lágrimas de tu joven señor cual sangre fluyeron sin parón. Con eso por esta noche harás y aguardaras con gran emoción el retorno de tu original lord.

Con un chillido el basilisco reptó rápidamente y se perdió de su vista bastante pronto. Tom observó a Harry en el suelo con aire ausente e incluso confundido. Sea como sea, nadie iba a sospechar de él, pues los lobos no matan con la mirada y sin rasguño, mucho menos si lo llevaba de regreso a su habitación, no costaría demasiado. Tomó la varita del joven y está obedeció casi perfectamente mientras usaba hechizos desilusionadores para no ser notado con un pequeño alumno en brazos.


Draco obedecía siempre las ordenes de su padre y esta vez agradeció más que nunca tener esa costumbre. Lo primero que ocurrió al momento de despertar es que el bullicio llena la sala común de Slytherin, cosa no muy común en las serpientes. Con moderada prisa se arregló y subió por las mazmorras a donde escuchó se encontraba la importante.

En realidad, no pudo hacer mucho, pues Snape impedía el paso. Una ojeada fue lo mínimo que logró hacer, había un cuerpo tirado en el suelo, su forma era tan tiesa que parecía estar hecho de cera. Rodeando el espacio cubierto por los profesores que se murmuraban entre ellos encontró a Hermione igual de curiosa por el asunto.

— ¿Que pasa?

—Unos alumnos de Ravenclaw lo encontraron así desde muy temprano. No lo quieren mover por precaución a que no tenga ninguna hechizo o sustancia peligrosa en él. —explica la leona en susurros.

— ¿Está... petrificado o algo así? —se le hacía bastante extraño

—No... no lo está... —responde con un escalofrío—. Estoy segura de que está muerto... Cuando te petrifican quedas en la misma postura hasta que el hechizo o estado es removido. Dudo muchísimo que haya sido tirado al suelo y puesto de esa forma. —Draco tragó grueso ante aquellos detalles que daban a pensar lo mismo. Además, desde su ángulo veía perfectamente los ojos del estudiante.

Grandes, desenfocados, blanquecinos y ausentes.

— ¿Quién es? —preguntó finalmente.

—Zacharias Smith de Hufflepuff... —suspira—. De algún modo, no puedo sentir pena por él, sino temor a que pueda ocurrirme. —confiesa un tanto cohibida. Draco asiente y le palmear la espalda.

—Quizá lo merecía...

— ¿Quién merece qué? Huele a muerte en este pasillo y los siguientes, es insoportable. —se giraron, encontrando a Harry pálido y ojeroso. Su palidez casi asemejaba a la del cadáver en el suelo. El muchacho era normalmente pálido a pesar de su ligerísima coloración melocotón, pero el día de hoy asemeja más a un papel.

También se lo nota muy débil.

—Pues... algo raro ocurrió por la noche y... —Hermione señaló con discreción el cuerpo, Harry lo vio y su expresión se mantuvo igual.

— ¿Qué piensas?

—No lo sé. Era un niño, aunque yo no tuviera simpatía por él no creo que morir haya sido algo que yo le deseara. —ahora ambos se sentían peor, Harry evidentemente tenía mayor experiencia con la muerte dada su naturaleza, sabe cazar solo y es mentira que no ha visto a otros seres humanos muertos, así que su interpretación del asunto es buena... muy inocente si a Draco le preguntan. Harry alzó levemente la cabeza.

— ¿Um?

—Papá llegó. —informa con pesadez y mucha preocupación. Temía que se decepcionara de él a pesar de haber hecho nada. Quién sabe cómo iba a decirle Dumbledore que ocurrieron las cosas.

—Tienes a un estudiante MUERTO en el suelo del segundo piso, creo que hay cosas más importantes que hacer que contarme alguna mentira de mi hijo. —James se mantuvo cruzado de brazos y con el ceño fruncido. Desde que la carta llegó a su casa supo que fue llamado por una tontería de la que su pequeño carece culpa.

Sabía que Harry no se buscaría un problema mayor, ninguno quería que fuese expulsado y su varita destruida.

—No es una tontería, James. —y ahí va, pensó Severus rodando los ojos, tuvo que ir él también en caso de que James perdiera los estribos.

— ¿Entonces?

—La serpiente de Harry atacó a un alumno, por ello fue sacrificada—La cara de James no tardo en mostrarse ofendida. Conoció al animalito y era de todo menos peligroso, el mismo se aseguró de ello—. Por ello Harry cumple un castigo y más importante, por traer un animal no permitido.

—McGonagall lo autorizó, por ello yo lo deje traer a esa cosita que apenas mataba ratones. —golpeteaba el suelo con el pie en gesto de impaciencia.

—Y por otro lado tenemos ese estudiante muerto del que hablaste... es el mismo joven que estuvo para el sacrificio de la serpiente.

—No me quieras tomar por imbécil. Harry no mata a nada que no sea para cenar y para ello está el Bosque prohibido, no un estudiante sin suficiente materia gris para pensar que Zanna era peligrosa.

—El cuerpo está intacto, ni siquiera un rasguño o un hechizo, pareciera que al ver algo... se murió. —dice Snape irradiando desinterés en el estudiante.

—Permanecerá como principal sospechoso de este asunto hasta encontrar la forma en que murió—ambos adultos bufaron—. Por otro lado, James... hay que hablar muy seriamente de esto, Harry está demostrando un recelo nada sano hacia los Muggles.

— ¿Muggles? Por el amor a...

—Te sugiero dejarlo al menos una temporada con los parientes de Lily, que conviva junto a ellos para que aprenda a querer-

— Harry sabe quer- sabe AMAR más que cualquiera de nosotros. Es un lobo, no sabe fingir el cariño a diferencia de otros. —interrumpe con recelo hacia el mago de barba.

—Y aun así, hay más odio del que debería haber en un niño. Comprendes que él es importante para esta guerra y debe saber cuál es su motivo para luchar, su razón para ser más fuerte. —Severus dio un pequeño paso atrás. La indignación en el rostro de James no tiene comparación.

—Harry no es importante en esta guerra y aun si lo fuera, no me importa. Ya te lo dejé bien claro Albus, Sirius, Remus, HARRY y yo—enfatizó de forma excesiva—. Nos mantendremos neutrales y alejados de todo esto. No me interesa. Ya perdí a Lily por esta guerra, Harry perdió a su madre en esta guerra y lo último que quiero es que me pierda a mí también.

—No estás considerando-

— ¡Quien no considera nada eres tú! Harry es un niño de doce años y MI HIJO ¿Por qué lo dejaría con Petunia si ella me odia a mí y a Harry? No voy a permitir que más gente lo pisotee mientras pueda evitarlo. Métetelo en la cabeza Albus, mi hijo es mio, no tu arma para un plan que ni siquiera te dignas a explicar. Ahora, más te vale ni siquiera seguir pensando que el forma parte de tus planes, Harry no es una de tus piezas. —con un último golpe al escritorio el hombre se fue dando un portazo.

— Severus...

— Yo no lo pienso convencer, usted sabe que no me ha agradado este plan desde un inicio.

— Pensé que lo harías pro Lily.

— Y ella quería a su hijo, no al mundo, su hijo. Por algo murió y estoy seguro de que no lo hizo pensando que sería una heroína. Si me disculpa. —salió con tranquilidad del despacho, donde el director acabó un poco frustrado por la falta de colaboración a sus planes.

...

— Quiero que seas totalmente sincero conmigo y me lo digas mirándome a los ojos ¿Tuviste algo que ver con su muerte? — James lo hacía más por apariencia que por creerse que Harry había lastimado a alguien por gusto.

— No. — negó con firmeza, viéndolo fijamente. James suspiró aliviado.

— Debo irme al departamento de Aurores a investigar este asunto — suspira desgranado —. Quizá el colegio deba cerrar antes.

— Así lo supongo, esto no había ocurrido desde... desde... — McGonagall frunció el entrecejo, una idea había surgido muy de repente.

— Desde que se abrió la cámara de los secretos. — murmuró Malfoy, con la mala suerte de que lo oyeron, Hermione y Harry lo vieron curiosos —. Hace cincuenta años murió una niña por la bestia de la cámara de los secretos, de hecho, es Myrtle. Nadie sabe quién era el heredero de Slytherin en ese entonces.

— Ese lugar es solo un mito. — replicó McGonagall casi ofendida.

— Bueno, si es Slytherin... Puede que tenga una serpiente dentro, una que mata... mata... — Hermione adquirió palidez en el rostro.

— ¿Mestizos? Lo dudo, además, no hay ningún bestia capaz de soportar más de mil años de inanición, no hay forma de escapar del hambre — tranquilizó James —. Hare que revisen el colegio de todos los modos posibles y así después de las fiestas no habrá ningún problema.

—En ese caso, Zacharias vio a un basilisco ¿no? — las miradas se clavaron en Harry.

Lo dijo por una especie de vocecita hablándole al oído, aparte del hedor a cañería y ese que desprende una serpiente por naturaleza. James lo meditó un poco, más no dijo nada al respecto, pues la información de los basiliscos si encajaba un poco con la situación.

— Volveré después con la petición para adelantar y exigir la partida de todos los estudiantes. Hasta luego. — despidió, besó la mejilla de Harry y tomó rumbo a la salida del colegio.

— ¿De verdad creen que no pasa nada? — preguntó Hermione aun temblorosa.

— Por supuesto, en todo caso, estando con nosotros no te pasaría nada.

— Siempre podemos conseguir arañas... Una Acromantula. — sugirió Harry.

— ¡Señor Potter! — le sonrió a la profesora, ella sabía que no iba enserio, pero no quedaba más ser precavido.

Tal como James lo dijo, tuvieron que salir de Hogwarts antes de que siquiera acabara el primer trimestre, dando lugar a más tiempo para los deberes que no pudieron ser entregados. Pasar tiempo en su hogar es una maravilla, pero lo es más saber que vera a Draco y Hermione en las vacaciones navideñas por la fiesta que organizan los Malfoy antes de cada Yule.

Por lo general no estaban invitados, pero Draco Caprichos Malfoy había vuelto loco a su padre para poder invitar a sus amigos. Claro, las réplicas de Sirius y el temor de Hermione no se hicieron esperar.

Solo que, tal como el rubio, Harry convencimientos Potter entró en acción, Sirius no fue difícil, pues asegurando que iba a poder molestar a Lucius fue todo lo que hizo falta y Hermione tenía un problema más allá de ser Muggleborn como ella misma se llamó.

Y es que no tiene ni la más remota idea de cómo no parecer una campesina en medio de tanto lujo. Sus padres le permitieron ir, aunque ella pensaba quedarse leyendo la biblioteca de James.

— Solo hay que disimular por una noche, por favor Mioneeeee. — suplicaba Harry echado sobre ella de la forma más incomoda habida y por haber.

— ¡Voy a desentonar!

— ¡Todos vamos a desentonar! — quisquillo el niño acomodando sus gafas —. Todo el mundo sabe de Remus... Al menos todos los que irán, Sirius es Sirius y mi papá es un Potter, magia blanca como los malditos dientes de Lockhart, yo... ¿Que no me ves? Parezco de todo menos hijo de alguien con linaje.

— Harry, mírame, soy una cucaracha en comparación al mismo Draco con su cabellito rubio. — bufa. Harry ladeo al cabeza. Si, los dientes, sí, el cabello, sí, la falta de postura, pero la cara de Hermione era muy bonita en su humilde opinión.

— ¡papá! ¡Sirius! ¡necesito ayuda! — Chilló saliendo como un bólido de la biblioteca. Hermione rodo los ojos y reanudó su lectura. Unos treinta minutos más tarde acabó sobresaltada por la puerta abriéndose de golpe.

Remus, Sirius, James e incluso Severus entraron al lugar, el último con un par de frascos a la mano. Sirius dejó un enorme bolso en la mesa y lo abrió, mostrando cantidad exuberante de túnicas de gala.

— Dado que mi familia es una obsesiva de tercer grado, guardan túnicas de todo tipo para siguientes generaciones, así como las van renovando. Alguna de estas van a servirte.

— Harry yo no — el ojiverde estaba muy sonriente a un lado, apenas lo noto —. Además, mis dientes.

— ¿Que tienen? ¿Por qué no te los has arreglado nunca? Sabes que puedes hacerlo.

— Mis padres son dentistas — respondió a la interrogante de Remus —. No creen que la magia deba usarse para eso, ellos quieren que yo-

— Vaya, qué tragedia, sin querer estoy encogiendo tus dientes — Sirius tenía una mano en su mejilla, con su varita apuntando a la boca de Hermione, la dejó abierta por puro susto —. madre mía, qué torpe soy, te los encogí.

— Quien lo diría, se me derramó la poción alisadora de cabello, una pena. — dijo Severus sin emoción alguna, dejando caer el líquido viscoso en la esponjada melena de la Gryffindor.

— Oh buen merlín, el vestido horrendo se está quemando. — James cubría su boca con una mano mientras incendiaba el vestido que habían enviado los padres de Hermione.

— Harry...

— ¿Dime?

— adoro a tu familia. —se cubrió la cara con ambas manos, casi temblando por no llorar de risa y alegría.

— Y nosotros a ti. — respondieron tres, Severus solo gruñó de brazos cruzados.


Hermione estaba a nada de babear por como una idiota debido a lo impactada que acabó al ver Malfoy Manor. El lugar destila elegancia a más no poder, haciéndola reconsiderar si fue buena idea ir a la dichosa fiesta.

Lo bueno, es que podía mezclarse junto al resto, teniendo el cabello perfectamente peinado y la túnica de gala demostrando cierto nivel pasó desapercibida. Harry destacaba, aunque no lo quisiera, su cabello alborotado e imposible de domar hacía de las suyas una vez más, lo único que logró fue atar una pequeña cola de caballo y vestirse como su padre lo indicó... cosa incómoda hasta decir basta, pero sería una sola noche, podía aguantarlo.

Aunque era muy extraño, demasiados adultos acababan fijando su atención en él. Quiso echar la culpa al tema usual: la profecía, pero en el fondo sabía que la gente estaba intentando ver sus ojos. Esta cuenta como la primera vez que esta frente a tanta gente, James lo había casi aislado del mundo antes de entrar a Hogwarts después de todo, así que ser conocedores de lo brillantes que resultaban sus ojos verdes debía ser una novedad.

Una no del todo grata.

— ¿Y qué te crees? ¿Un perro? Es patético, igual que tu existencia. —uno de los niños en el lugar no tardó en querer burlarse del collar que tenía. Draco lo había enviado, era de cuero negro, hebilla de plata y su nombre grabado en perfecta caligrafía. Siendo un lobo mimado, le encanto, así que esto se presentaba como algo fastidioso...

—Tal vez es para evitar que nos contagie las pulgas del basurero en el que vive. —burló otra niña.

— ¿Dos minutos bastan para que te vean algo mal? —preguntó Draco en tono jocoso, Harry hizo un puchero—. Debí suponerlo.

— ¡Draco! Hey, pensé que—la niña se mostró muy animada y casi saltó sobre el rubio. Malfoy la miro con una de sus mejores expresiones asqueadas.

— ¿Qué? ¿Qué alguien como tu podía hablarme? —una sonrisa desdeñosa surcó sus labios—. Patético. Además, quien insulten a MI perro, no es merecedor de mi atención. —Draco siempre ha sido más alto que Harry, por lo que palmear su cabeza no era del todo raro.

Harry no dijo absolutamente nada, pues Draco lo hacía para que esos dos y los que oyeran no se atrevieran a fastidiarlo. Por todos es bien sabido que hacer una tontería que enoje al heredero Malfoy es una sentencia de muerte, pues Lucius Malfoy era de todo menos piadoso por quien se atreviera a hacer algo a su retoño. Harry besó la palma de la mano de Draco, provocándole un enorme sonrojo. El lobo acabó huyendo con una brillante sonrisa divertida.

— ¡Harry! —rápidamente fue hasta donde su padre se encontraba, junto a él estaba Lucius —. Dime por favor que te estas controlando...

Harry podía ser muy brusco cuando andaba emocionado, por lo que si empujara -aun si fuese un accidente-. A algún niño o adulto y lo tumbara significaría una hora de reclamo por el estirado afectado. Harry asintió rápidamente con energía, en realidad esperaba que al menos uno acabara con la cara roja de iras, era casi su... objetivo... de la...

— Vaya, sin dudas hace honor al nombre que le impusieron. —Harry miró a quien habló.

—Ah, él es un invitado que también viene aquí por primera vez, es-

—Tom. —interrumpió Harry, creando sorpresa en Lucius, James, Sirius y Remus por igual. El invitado sonrió de manera encantadora, acunclillandose para quedar más a la altura de Harry, quien lo veía con aire anonadado.

Tenía el cabello largo atado en una elegante coleta baja, su porte era prominente y realmente intimidante. Su sonrisa era suave, pero coqueta y pecaminosamente perfecta. Harry veía fijamente sus ojos, castaños claros, casi dorados y que, para él, poseían un matiz rojo, imperceptible para todos los demás que lo habían visto.

— Supongo que es una desventaja de tener un nombre tan común ¿Eh? Un gusto conocerte, Harry. — extendió de forma perezosa su mano, Harry la tomó y la estrechó entre sus delgados y pequeños dedos ásperos.

James entrecerró los ojos, algo de ese hombre se le hacía familiar, pero no sabía de donde, miró a Sirius y Remus alternativamente, esperando que ellos si pudieran decir donde habían visto al atractivo hombre frente a ellos.

Pero ellos tampoco mostraron sapiencia al respecto. Más allá, Severus tragaba grueso, por supuesto que él si sabía quién era el que ahora da la mano a su segundo ahijado, la marca en su antebrazo quema tanto que es imbécil no saberlo y mucho menos saber que no puede decirlo, que no puede decirle a Harry que huya por su vida.

— Un gusto... — respondió cohibido con una sonrisa tímida. Tom ladeó la cabeza con ligereza, acercando la mano de Harry y depositando un pequeño beso a la piel pálida. Harry enrojeció unos cincuenta tonos, con la garganta repentinamente seca y queriendo lanzarse encima para acurrucarse.

— ¿Por qué no vas a jugar un rato con Hermione y Draco? Los vi ir al jardín. — incitó James, Harry asintió atontado, soltando la mano contraria y alejándose con paso pesumbroso.

— Parece un niño bastante tierno... Me cuesta creerlo que dicen con respecto a que él puede contra el-que-no-debe-ser-nombrado... Sin ofender. — bromeó con Lucius, desplegando su encanto y carisma como siempre lo hace para desviar la atención a cualquier conducta sospechosa.

— Harry no hará tal cosa, estoy cansado de decirlo — se llevó una mano al entrecejo, apretándolo, Tom observó curioso la reacción del mayor Potter —. Nosotros permanecemos neutrales.

— ¿Neutrales? ¿ustedes? — Lucius parecía sorprendido.

— Hombre, no tenemos una razón por la cual pelear y arriesgarnos a dejar a Harry solo. — repuso Sirius con seriedad poco común en él.

— Nos necesita más que la guerra, decidimos no meternos en el asunto.

— ¿Y qué pasa con el mundo mágico? ustedes son talentosos, pensé que luchaban junto a Dumbledore. Es decir... Él siempre tiene las de ganar. — toma una de las copas que repartían, sus ojos tenían un brillo de alegría e interés. Menudas cosas más interesantes.

— gane o no gane, ya perdí a mi esposa y Harry a su madre. Dumbledore no tiene pensado tener ninguna consideración y yo no estoy dispuesto a entregar a mi hijo para su plan desquiciado. — bufa con notable fastidio ante la idea.

Voldemort repasaba con cuidado cada palabra. Harry funcionaba como una barrera que impedía a esos tres participar, en cierta forma era un alivio, daba un poco de pena matar magos tan talentosos. Sin embargo, funcionaria igual al inverso, Harry es como el gatillo que, al jalarse, forma destrucción. Si tan solo pudiera disimular una manera para que tomaran sus palabras...

Que estuvieran de su lado.

— Suena un poco egoísta. — canturreo con tono burlón.

— Me alegra, lo estoy siendo. — concluyó con mala cara. Remus se sentía incómodo, algo en ese hombre lo ponía enervado, lo incitaba a tomar más distancia a la que tenía.

— ¿Y qué opinan del lado oscuro? Yo también soy neutral, tampoco ando mucho por aquí, suelo viajar mucho. — da un largo trago a su copa.

— Su ideal es parco, muy imbécil para mi gusto. Por ello ni un lado ni el otro. Si fuera un poco más conciso...

— Y menos Slytherin. — agregó Sirius jugando.

— Lo pensaría, por lo demás, estamos bien y apartando que asesino a mi esposa claro. — dice cargado de sarcasmo. Tom soltó un ligero e imperceptible suspiro. A final de cuentas, la ruta más segura era continuar con su atención en Harry para atraer a los mayores.

Miró en dirección a donde los tres niños jugaban de la incómoda manera que las ropas lo permitan. Hermione hacía levitar cantidad de objetos mientras Harry intentaba tomarlos, entre ellos una pelota que se le hacía demasiado tentadora al Gryffindor.

Una suave sonrisa se dibujó en sus labios, demasiado honesta, demasiado genuina para ser de él. Sirius entrecerró los ojos ante el gesto, podía adivinar perfectamente que es lo que Tom veía. El hombre de encantadora presencia cambio el tema a uno más ameno y que evitaba la tensión de que en cualquier momento alguien los atacaría.

Harry tomó un tiempo para alejarse de todo y de todos en la gran mansión, cosa no muy difícil considerando la cantidad tan burra de habitaciones que habían. Se adentro en una cuyo olor se le hacía desgraciadamente tentador, familiar y agradable. Se sentó en unos de los divanes que había, cercanos a la chimenea y con un bolígrafo en mano sacó el diario de entre su ropa.

‹ En esta fiesta hay alguien que se parece mucho a ti... ›

« ¿Luce o se llama igual que yo? Tom es un nombre asquerosamente común por desgracia »

‹Es como verte de adulto, es muy›

« ¿Muy qué? ¿Te hace sentir inseguro? »

‹ ¡No! Me siento igual a como si hablara contigo, pero por un segundo creí haber visto que sus ojos eran rojos. ›

«Ah... Quizá sea el reflejo del vino, hay muchas copas de un lado a otro y eso te dio la impresión de que eran rojos »

Harry alzó una ceja.

‹ ¿Como sabes que hay vino? No te he dicho nada de lo que hay o he hecho además de conseguirme con alguien que se parece a ti en... en... ¡TODO! ›

«Es una fiesta con los Malfoy, es obvio que habrá vino tinto»

‹ ¿Conoces a los Malfoy? ›

Algo se le estaba haciendo repentinamente extraño y no podía parar de sospechar de su plano y amarillento amigo de palabra. En tinta negra. Un toque en el hombro lo sobresaltó a morir, dando un brinco y poniendo el diario a su espalda por inercia. Una risita suave pero profunda llegó a sus oídos.

— ¿Escondes algo, Harry? — Harry de inmediato se sintió cohibido, encogiéndose en sí mismo mientras negaba con la cabeza, apretando el diario en sus manos temblorosas —. Para estar tan asustado, lo parece.

— N-no... Solo... No sabía si estaba bien entrar aquí. — se excusó guardando el diario entre su ropa de manera tan discreta que apenas fue capaz de percatarse de que lo hizo.

Voldemort ensanchó una sonrisa, con sus ojos café dorado brillando de diversión. Por supuesto que sabía que tenía Harry en sus manos y lo que escondía, sin embargo, era una pequeña prueba, adjuntando el hecho de que no podía permitirse que Harry dudara por un descuido tan imbécil como aquel.

— Debo decir que es sorpresivo hallar a un niño que apenas conozco metido en mi habitación — Harry enrojeció, ya entendía porque el olor era familiar... Más no porque lo invitaba tanto a entrar —. Dejaría de serlo si nos conociéramos más.

— N-no... bueno... yo... — tartamudeó sin saber qué hacer.

— Venga, que no muerdo. — asegura inclinándose para acabar cercano a Harry, viéndolo fijamente a los ojos.

— Cla... claro...

— Asumo que estás estudiando... ¿Segundo año? — Harry asintió, sentándose nuevamente —. vaya, seguro que tienes muchos amigos.

— No son muchos, la mayoría me tiene miedo. — murmuró jugando con la tela de su túnica.

— Inspiras de todo menos miedo, Hogwarts está más tonto si se preocupa de un pequeño torbellino de cabello negro en lugar de la guerra vigente. — opina cruzando las piernas de manera elegante.

—Es que... yo... —dudo si decirlo. Tom entrecerró los ojos.

—Puedes decirme que ocurre, no te juzgaría por nada Harry. —su expresión tranquila y llena de ánimo lo hizo suspirar nervioso, viendo a otro lado.

—Cuando tenía un año Greyback me mordió y... Por eso la gente me teme, todos se enteraron en el colegio. —susurró. Una caricia en el cabello lo tranquilizo en gran medida.

—Acusaciones vanas y creadas por niños sin un discernimiento competente. Hay algo que debes saber y no hay mejor cosa que ser temido. —Harry ladeo la cabeza, curioso.

— ¿Temido? No quiero que me teman, yo quiero-

—Que sientan miedo de ti significa que se alejaran, que saben que eres más fuerte y por ello no hay modo en que de frente puedan hacer algo. Todo lo que te hace diferente, especial y único es una ventaja, una perfecta manera de demostrar que están por debajo de tu ser y así, ser más grande.

Por motivos desconocidos, Voldemort sentía que esto es dar una de las más importantes lecciones de vida que jamás Harry tendría por estar en su mundo cegado de magia de luz. Casi podía asemejarse a enseñar a sí mismo de como llegar hasta donde está ahora, con tantos magos bajo su mando, siendo conocido por todos y temido de igual forma.

—Pero eso me haría estar solo... —musitó llamando la atención del mayor—. No hay nada peor que estar solo.

—Claro que si lo hay, la muerte.

—No... La muerte siempre es una amiga, la mejor de las anfitrionas, quien te recibe con los brazos abiertos para llevar tu alma a un descanso, hasta volver a nacer — alzó la cabeza y observó la puerta de cristal que daba a un balcón —. Solo cuando le temes no es cálida y cuando no conoces el amor... comprendes que tu vida a pasado completamente en vano, a ello viene el sufrimiento de morir.

—Que profundo... ¿A qué vino?

—No sé, suelo pensar cosas así.

Es cierto, era como si su alma respondiera por sí sola, sin permitir a la mente analizar más a detalle las palabras. Voldemort tenía una enorme incredulidad y ganas de burlarse ¿Qué es una amiga? ¿Amar? Eso no eran más que tonterías. No hay nada más grande que derrotar a la misma muerte, siendo inmortal e intocable por la misma. No costaba mucho fijarse en que Harry mantenía una vista ausente al exterior.

— Tu... ¿Tienes alguna idea te por qué sigues vivo? No te ofendas, pero no es factible sobrevivir a una maldición asesina.

—Papá me dijo que Mamá me salvó y por eso ahora estoy vivo.

— ¿Tu madre te traspasado algo además de una fuerte capacidad para resistir lo que nadie ha podido? — interrogó con cierta mofa. Quién sabe, quizá Harry sepa algo en responda.

—No... Solo sé que tengo algo que a Papá lo asusto mucho... Puedo hablar con las serpientes. —dijo con un hilillo de voz. Una especie de sonrisa forzada hizo acto de presencia.

— ¿Por qué le asustaría algo así? Es una de las mejores cosas que pueden hacerse. Lo digo por experiencia... Nagini.

Harry observó como la serpiente salía de debajo de la cama y reptaba hasta quien la llamó. Subió por el mueble y lentamente se estiró sobre los hombros del hombre. El menor no se explicaba la alegría que causaba hablar con Tom, que este compartiera también ese rasgo extraño que carece de explicación hasta la fecha.

En sus ojos no se hallaba ni una pizca de miedo y eso proporciona confianza.

—Hay muchos usos para la lengua Parsel. Usarla en hechizos los hace más fuertes, ninguna serpiente se verá incapaz de lastimarte... Cada Parsellmouth es maestro de toda serpiente, su deber es obedeceré todas las órdenes que imputes... Es un don tan raro, tan escaso—acariciaba con delicadeza a su serpiente—. Que poseer esta cualidad te brinda el poder con el que tantos pueden solo soñar.

— Y tú también lo tienes...

— Exactamente. Tengo años practicando con ella. Dime ¿No te gustaría manejarlo? tener más poder que ningún otro... Podría enseñarte — ofrece, sabiendo que tiene a Harry embotado, quiere creer que se trata del encanto natural que causa en las personas, sin embargo, en el fondo, sabía que se debía a algo más —. Anda, acércate un poco.

Harry se levantó de donde estaba sentado y con paso parsimonioso acabó frente al hombre de ojos castaños dorados, Tom tiró de él para pegarlo más, Harry apoyó la rodilla en el cojín del asiento.

Tenía buena parte de su cuerpo recostado en el ajeno y esto le producía una alegría tan inmensa que no se la explica, escuchaba de forma estridente, sin llegar a molestarle, a su lobo aullando. Inquieto, ansioso, contento y por sobre todo, negado a alejarse a pesar del brillo sádico que se apreciaba en los ojos ajenos.

Como tenían coloración rojiza de manera intermitente hasta permanecer así por unos minutos.

Peleando, el verde de la maldición asesina centelleando contra el carmesí de lo insano, que contrario a quien los porta, es similar a ese encantamiento de desarme que culmina una batalla... Que no lastima.

Las manos de Voldemort viajaron desde la cintura de Harry hasta el rostro del mismo, Nagini se enroscaba con lentitud en el joven. Voldemort, aunque trató de usar mínimamente un hechizo para desmayarlo, ocultarlo por un tiempo y así conseguir el pacto con los tres magos en estado neutral...

Si te digo que esto nos puede doler, te lo advierto el fuego nos puede encender, si camino a tu lado lo haré en el nombre de... si te guío cuando ya no puedes ver, pero al medio de la noche te diré el silencio yo tu nombre gritaré...

Su expresión titubeó y sus manos continuaron con las caricias a la piel suave e infantil, viéndose ambo fijamente a los ojos. Lo molestaba tanto... Tener que escucharlo aullar de esa forma, entenderlo, que su alma fuese tan débil de caer ante eso.

Es sencillamente ridículo. Tirando a humillante.

si hay locura, si hay veneno en tu ser, si hay tristeza que te hirió alguna vez, yo te abrazo, baila, olvida a los demás... —tatarea Harry de repente, Voldemort abrió enormemente los ojos ¿Acaso el maldito estaba consciente de lo que hacía?

Bueno, medio consciente, Harry en ese instante parecía tan pendiente como un dragón dormido. Antes de decir cualquier cosa, la puerta de la habitación se abrió.

— ¿Que se supone que pasa aquí? — apenas pudo cambiar sus ojos de color lo suficientemente rápido para que James no los notara. No podía tentar así la suerte.

Al fin y al cabo, haber modificado levemente una memoria podía tener sus fallos cuando el mago es muy fuerte y James sin duda entraba en la clasificación. La más mínima señal de ser el Señor Oscuro lo alertaría...

Más que estar acariciando a su hijo de doce años de forma nada recomendable teniendo treinta y tantos de forma física.

— Harry ya nos vamos, despídete de Draco. — James no permitió decir nada más, bastante enfadado y tirando de su hijo hasta el punto de arrastrarlo por el suelo.

Voldemort se llevó una mano a la cara —Si tienes alguna duda no dudes en enviarme una lechuza —. avisa, Harry apenas lo vio un instante antes de irse. Nagini, la cual había caído al suelo por el forcejeo siseó enfadada.

Mago imbécil, que se cree para tratarme de ese modo.

Es muy reconfortante saber que nadie sabe que te tengo... Aunque quien sabe, Harry podría acabar enterando.

pensé que intentarías asesinar a ese niño, lo tenías entre tus manos y no parecía una presa dispuesta a impedirlo. —Voldemort dio un prolongadísimo suspiró, cruzando las piernas nuevamente

Necesito al mocoso vivo para obtener más aliados considerables y por sobre todo, entender que es lo ocurre cada vez que intento lastimarlo...

Era tan malditamente frustrante que no podía explicárselo a su compañera. Siempre que lo pensaba, intentaba o lo que fuera, escuchaba esos aullidos dulces y cariñosos hacía él. Casi podría decir que estaban contentos de tenerlo tan cerca, pero... ¿por qué?

Muy bien, consideraría la única opción que le queda, investigar más a fondo a los Hombres lobo, algo tendría que ver ese asunto, de otro modo, simplemente está delirante a un nivel peor de lo insano.

...

— Si tiene tiempo en mi casa, aunque mi padre nunca me dice que es lo que hace ahí, realmente nunca me dice nada. — comenta el rubio. Los cinco amigos subidos a una de las carretas que lleva al castillo.

— Era demasiado guapo. — lamento Hermione, cuyo cabello, aunque un poco esponjado, ya no parecía tan maltratado como antes. Pansi casi chilla de alegría cuando la vio.

— Era muy extraño — suspiró Harry con aire ausente —. Sentía que lo conocía y... Es raro. — concluyó con ambas manos cubriendo su rostro.

— ¿Puede ser que nuestro pequeño merodeador se haya enamorado?

— Que precoz. — dijeron los dos pelirrojos con fingido pesar.

— ¿Enamorarme? Los lobos no pueden enamorarse antes de los quince. — sonríe ampliamente.

— ¿A no? ¿por qué no? — pregunta Hermione curiosa.

— Por la misma razón que ustedes no pueden ver a los Thestral... Es cuestión del alma. — las miradas se fijaron en la sexta persona que los acompañaba en el carruaje tirado por los enromes caballos negros que hasta ahora, solo Harry había dicho ver.

Era una niña de cabello blanquecino, como rubio muy blanco y desgreñado. Tiene grandes ojos grises y un aire soñador incomparable. Harry ladeó al cabeza, ella despertaba la misma sensación que hablar con alguno de la manada en Bulgaria... Muy espiritual, de alguna manera.

— Eso es cierto... ¿Quién eres? — pregunto con una sonrisa amable. Ella parpadeó de forma continua, casi sorprendida de que no al viera con extrañeza.

— Me llamó Luna, soy de Ravenclaw. — estrecho la mano de Harry. Hermione la veía de arriba abajo hasta que cayó en cuenta de quién era.

— Es la que llaman Lunática, de primer año. — murmuró.

— ¿lunática?

— Si, es un apodo, pero no me molesta... Los Nargles suelen ser más molestos, esconden mis cosas. — explico, su voz era muy suave, quizá por ser pequeña, pero daba un auténtico aire de estar loca.

Hermione y Draco estaban a nada de pensar que Harry tenía fetiche por juntarse con gente que no era precisamente normal, ellos encasillados en esa tanda y Luna obviamente.

Durante todo el camino estuvo hablando con al estudiante de primer año de forma animada, casi sin prestar atención a las criaturas que ella menciona y que no existían. Aunque también hablaron un poco, la incomodidad inicial se desaparecía al dejarlos hablar.

Pues aparentemente entre locos se entienden.

...

El discurso de Dumbledore estaba siendo más largo de lo que debería, se moría de hambre y ese anciano paraba de hablar. Gruñía por lo bajo, quería comer, quería comer, comer, comer...

— me complace informarles que el departamento de aurores del Ministerio de Magia hizo todas las pruebas pertinentes y no se encontró ninguna amenaza. Por lo tanto, podemos caminar por los pasillos sin miedo a sufrir algún accidente. —los murmullos con respecto a lo de Zacharias Smith comenzaron a resonar.

— ¡Es su culpa! — El silencio hizo aparición nuevamente. Ron apuntaba a Harry que alzó ambas cejas ¿Cómo se suponía que sería su culpa? Es decir... ¿¡Que acaso que lloviera también sería culpa suya!?

Venga, que lo culparan de haber nacido de plano... Un momento, eso ya lo hacía Voldemort... mejor olvidar esa clase de dramas.

— ¿Yo? ¿Y qué hice ahora? — preguntó en voz alta en un gemido lastimero, solo tenía hambre.

— ¡Es un hablante Parsel, es el heredero de Slytherin! — acusó el pelirrojo.

— ¿Y eso tiene que ver con que...? — Hermione tentó la respuesta, solo para callarle la boca más tarde.

— ¡De seguro abrió al cámara de los secretos! Todos lo saben, hay una bestia ahí que mata mestizos. Zacarias era uno y como él lo acuso de matar a esa serpiente que tenía le ordenó a la bestia asesinarlo. —muchos murmullos ya sentimientos vinieron por la acusación.

— Harry no puede ser el heredero de Slytherin, Weasel ¿Acaso no ves que es un Gryffindor o no sabes que los Potter descienden de Godric? — preguntó Draco con ese tono de burla odiosa.

— Yo lo escuche hablar Parsel ¡Estoy seguro de que él tuvo la culpa!

— ¡Silencio! — ordenó Dumbledore desde su lugar —. Una acusación tan sería necesita pruebas y, sin embargo, estuve durante cada momento de la investigación, señor Weasley, nada incrimina al joven Potter en este asunto.

— Pero... Pero...

— ¡Por lo que, a disfrutar de nuestro sabroso...!

— ¡SERPENSORTIA!

Una serpiente de enorme tamaño apareció, mostrando grandes colmillos y reptando hasta Hermione que se hizo atrás, no lo suficientemente rápido, pues de no ser por Harry poniéndose en medio, habría sido herida.

No te atrevas a lastimarla —la serpiente se encogió en sí misma, enroscándose en la mesa llena de platos con comida —. Aléjate ahora...

Sí, mi señor...

—¡Vipera Evanesca! — Snape lanzó el hechizo y la serpiente desapareció con cierta lentitud. Harry miraba a Ron con odio puro, cosa que cuesta obtener de Harry —. ¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor por hacer tal tontería!

— ¡ya lo vieron! Es un Parselmouth, él-

— ¡castigado señor Weasley! ¡Regrese a su sala común en este instante! — bramó McGonagall, a regañadientes obedeció a su jefa de casa.

Ahora Harry sentía las renovadas miradas de terror sobre él. Miró a Hermione lleno de miedo de que devolvió una cariñosa mirada. Volvió a sentarse, los que están sentados a su derecha se apartaron, apiñados unos con otros.

Harry apoyo los codos en la mesa y cubrió su rostro con ambas manos. Respiró profundo... Gran comedor, todos lo miran... no lo hagas...

- Que sientan miedo de ti significa que se alejaran, que saben que eres más fuerte y por ello no hay modo en que de frente puedan hacer algo. Todo lo que te hace diferente, especial y único es una ventaja, una perfecta manera de demostrar que están por debajo de tu ser y así, ser más grande. -

— No quiero que me teman... No quiero que lo hagan. — balbuceó ahogado, queriendo olvidar por primera vez, que había hablado con ese misterioso hombre.

Una especie de foco se encendió en su cabeza. Tom dijo que era algo muy poco común hablar Parsel, pero él lo hacía. Sin dudas es Inglés, por lo que debió estudiar en Hogwarts. Draco menciono un accidente, el que mató a Myrtle la llorona y que fue ocasionado por la cámara de los secretos.

Cámara a la cual Tom, el que está en el diario, lo dirigió. Ambos similares, el mismo nombre, forma de hablar encantadora.

No, no... No está bien pensar eso Harry... Sigue siendo un buen niño y deja de hacerlo.

De nuevo aquella sensación de estar siendo movido por alguien más, que entraban en su cabeza para dirigirlo de un camino distinto al que se encontraba. Hermione vio con suma extrañeza la forma tan mecánica en la que Harry comenzó a comer.

Algo extraño estaba pasando y por desgracia, ninguno sabía que era.

Dumbledore tenía un extraño brillo en los ojos, Snape no sabía que resultaba más peligroso, si la cercanía que tuvo Harry con el señor Oscuro o lo que sea que el gran mago de barba blanca esté pensando con respecto a él.

Tendría que ir más pendiente de él... y Hermione, Draco, incluso los gemelos Weasley a pesar de lo insoportables que son. Debía hallar la manera de protegerlos de lo que presentía, se venía.