Capítulo 4
Diciembre
El Chico de la Plaza de Cibeles
Tenía la estéreo encendida. Escuchaba "Satisfaction" de The Rolling Stones a buen volumen.
I can't get no satisfaction
I can't get no satisfaction
'Cause I try and I try and I try and I try
I can't get no, I can't get no…
Coreaba, creyéndome el alter ego femenino y asiático de Mick Jagger mientras fregaba con ganas el piso. De pronto un chillido proveniente del exterior captó mi atención.
—¡Upe!, ¡Buenas! —Entrega para Sabaku no Temari…
¿Me buscan a mí? ¿Quién será? —Le bajé a la música y dejé el trapeador recostado al sofá. Abrí sin importarme que andaba hecha una loca. —Esa soy yo. —¡Ah! ¡Hola, señor Miroku! —respondí, reconociendo al amable hombre encargado de entregar la correspondencia en la empresa. —¿Qué lo trae por acá?
El pobre hombre se puso de mil colores. —¡Buenos días señorita, Sabaku no!, como bien sabe hoy es día de entrega del correo y este paquete con su nombre impreso llegó a la oficina por lo que el gerente me ordenó hacer unas diligencias y traerle esto porque quizás usted lo necesitaba urgentemente. —respondió nervioso y evitando verme.
—No se preocupe, señor. ¿Debo firmar de recibido?
—Sí por favor, señora. Señorita —¡Perdóneme!, es la fuerza de la costumbre. —el hombre frente a mí no es ni pariente al señor gordo y bonachón que se comporta tan cortes conmigo en la oficina. —pensé mientras firmaba el documento. —¿Le sucede algo señor Miroku?, percibo que está indispuesto. Si gusta pase adelante y le preparo algo.
El pobre hombre abrió tanto sus ojos que por poco se le salen de las cuencas y sus mejillas se tornaron rosas. —Se lo agradezco, pero debo entregar unos expedientes a la brevedad posible.
—¿Seguro?, ¿puedo traerle un vaso con agua?
—Insisto, señorita no es nada. Debo marcharme. ¡Gracias!
—¡Tenga! —¡Muchas gracias!
El señor Miroku tomó rápidamente la tabla sujeta papeles para subirse a la motocicleta y salir como alma que lleva el diablo. —¿Qué le habrá pasado?, él siempre está risueño y simpático. —cavilaba sobre esto mientras cerraba la puerta con mi pie hasta que di con el espejo de la pared del frente, que me devolvía mi reflejo, hecha una completa espantapájaros y la razón por qué el señor Miroku evitaba a toda costa verme. La enorme, desgasta y raída camiseta de basquetbol que tomé "prestada" de Kankuro, y que llevaba puesta, delataba mi desnudez bajo ella, —detesto usar sostén cuando estoy en casa— y para peores males, mis pezones les dio por saludar con todo orgullo.
Muerta de vergüenza caminé hasta la mesa del comedor, coloqué la caja sobre ella, leí para buscar el nombre del remitente, pero solo decía "anónimo", más abajo leí la dirección… ¿Madrid? —¿A quién carajos conozco de…? —¡Cierto! Olvidaba que el chico misterioso estaría unos días en España. Debió enviarlo él. Tiene fecha de casi un mes. «Llegó muchísimo tiempo después». Incluso cinco días posteriores a su confesión. Con el paquete en la mano me detuve a recordar el día que me dijo que viajaría a ese país.
**Flashback**
—¿Así que eres adicto al trabajo? —me atreví a preguntar.
—Francamente no. Obviamente agradezco el dinero que gano en mi trabajo, puedo subsistir por ello, pero no significa todo. Al menos no para mí.
—¿En qué trabajas?
—Trabajo para una pequeña distribuidora que exporta productos exóticos de Japón. ¿Tú solo trabajas en servicio al cliente?
—Sí y estudio.
—¡Chica lista! —¿Qué estudias?
—Psicología.
—Interesante, ¿Te falta mucho para ejercer?
—Cerca de un año.
—Entonces pronto tendré que decirte la doctora…. ¿Cuál es tu apellido?
—No tengo permitido decir datos personales a los clientes, además tu ni siquiera me has dicho tu nombre.
—¡Touche! —Mejor aún. Así nos mantendremos en el anonimato.
—¡A medias! Tu ya sabes mi nombre.
—¡Doble Touche!
—¿Estás en Francia por negocios?
—Sí. Me enviaron a analizar la factibilidad de tener una sede principal acá y desde aquí exportar a otros países de Europa. De hecho, mañana debo tomar el metro para cruzar a España e indagar un poco sobre futuros clientes.
—Espero y tengas buen viaje.
—¡Merci, cherie!
***Fin del Flashback***
La abrí como niño deseoso por descubrir una sorpresa. Dentro de la caja había una serie de fotografías de monumentos y lugares, además de una tarjeta cuya imagen era un antiguo edificio: "Puerta de Alcalá", —giré al dorso, en ella, con tinta negra y una letra cuyo trazo era casi de médico se narraba lo siguiente:
¡Oe! Aquí está haciendo un frío tenaz, sin embargo, debo contarte que, a pesar de ser un viaje problemático, porque tuve que viajar bastantes kilómetros por Madrid y luego Barcelona, logré cerrar ciertas negociaciones así que no todo fue de la patada. Algunos de los futuros socios me hicieron un tour por diferentes lugares. Incluso fui a un partido de futbol, a sabiendas que el balón pie no es lo mío, pero no podía hacerles un desprecio, aunque he de admitir que fueron los noventa minutos más aburridos de mi vida. La comida es muy buena: Las tapas, son de lo mejor, el trato de los españoles fue excelente, no me puedo quejar, y conste que, el quejarme es mi especialidad. Bien te envío un pequeño detalle, debes saborearlos, no hay palabras para describir tal delicia, también unas fotografías de los lugares que más llamaron mi atención. Te recomiendo que en cuanto puedas, vengas a darte una escapada por Europa. Yo podría darte hospedaje cuando gustes. Sin más que decir.
Me despido.
Misterio.
Busqué más al fondo, palpando una envoltura, la quité, exhibiendo una delicada caja de chocolates que decía: "The Best 6 by Oriol Balaguer".
Y si la caja me pareció coqueta, la forma tan original de los chocolates era exquisita. Te provocaba dejarlos como decoración y nunca comerlos. La tentación me ganó y tomé uno de ellos, sintiendo el relleno en mis papilas gustativas. —¡Chispas!, el chico no mentía, estos chocolates son un orgasmo al paladar.
Terminé de limpiar, preparé arroz con carne para almorzar, fui al supermercado por provisiones, en la noche vendrían las chicas a una pijamada.
Sí. Lo sé. A mi edad ya no me luce hacer ese tipo de actividades, pero me vale madre lo que el resto del mundo opine sobre mí. No las viví en la época en que debía, ¿Por qué no experimentarlo ahora? —Compré botanas, sodas y cervezas. Tres paquetes de seis unidades que contienen ese amargo elixir, para ser exactos. —Una de las tantas ventajas de criarte entre varones es que aprendes muchos de sus pasatiempos. Mi padre me enseñó a beber licor desde joven.
Cuando cumplí mi mayoría de edad nos llevó a Sasori y a mí a un bar, permitiéndome beber hasta quedar sin saber siquiera mi nombre, me llevó aupada en uno de sus hombros, sostuvo mi cabello mientras yo devolvía toda la ingesta, me llevó a la cama y soportó los gritos de mi madre por ser tan permisivo. Al día siguiente desperté con una jauría en mi cabeza y mi padre llegó con un buen caldo, estuvo un rato sin cruzar palabra hasta que de un momento a otro soltó: "Ahora sabes lo que es una resaca, está en ti seguir sintiéndolas o aprender a tomar con moderación". No aprendí a tomar con moderación, mis cuatro hombres favoritos hacen sonrojar a los vikingos y soy casi igual que ellos de buena para la bebida, pero desde ese día no recuerdo una única vez en que sentí una rasca.
Luego de abastecerme del mercado, me recosté en la cama con rosquilla sobre mis muslos, hice zapping con el mando del televisor… "Orgullo y Prejuicio". Mi favorita. —«Me encanta el señor Darcy y su petulante carácter»
Al ser las siete en punto, el timbre no se hizo esperar. Yo, como buena anfitriona y virgen en esto de las pijamadas, ya estaba con la mesa servida, emperifollada y perfumada. Fui abrirles a las chicas, quienes se tenían toda una algarabía porque vieron a mi nuevo y sexi vecino.
—¡Santa mierda, Tema! —Te tenías bien reservado al hombre musculoso y sensual que tienes por vecino. —se quejó Karin.
—Secundo lo dicho por la pelirroja —musitó Tenten.
—Ni se molesten chicas, ¡es gay!
—¿Qué? ¿Por qué todos los hombres guapos son homosexuales? ¡No es justo! —reclamó Tenten.
—Quizás se cansaron de que muchas mujeres, jugaran con ellos. —acotó Karin.
—¡No seas boba! Las personas nacen con orientación sexual. No se hacen. —¡Y entren ya!, que la noche comienza a enfriar al igual que la comida. —me quejé, dejándolas pasar a mi humilde morada.
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—¿Así que de esto se trata una pijamada? —pregunté con ignorancia. —Comer, beber y chismorrear.
—¡Aja! —solo que te excediste con lo de la comida. Mira que se supone que son algunos snacks, no quinientos de ellos sin contar el Yakizana en una cama de ensalada verde. Estaba delicioso, no me malinterpretes, pero no debiste molestarte. —musitó Karin, sobándose la barriga.
—¡Ya les dije que no sabía nada de esto!
—¡No la molestes más cuatro ojos! —reclamó Tenten. —Todo te quedo a pedir de boca, Tema. Las tres estamos con nuestros pijamas puestas, traeré más cerveza y seguiremos con el cotilleo sobre el sofá cama, ¿Te parece?
Ver a Tenten sin sus eternos chonguitos, era algo de apreciar. La cabrona se veía realmente bien sin ellos. Rápidamente la morena vino con las escarchadas botellas, dándonos una a cada una. Sorbió la suya y dijo—: Ahora vamos a jugar a verdad o reto, ¿les parece?
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—¿Verdad o reto? —preguntó Karin.
—¡reto! —respondió Tenten.
—¡Muy bien!, ya que siempre tenemos que lidiar con los bromistas. ¡Pues convirtámonos en uno hoy!, así que la castaña con pijama de conejitos deberá tomar el directorio telefónico, escoger un número al azar y realizar una llamada de broma.
—¡Hecho! —Tenten tomó el directorio abriéndolo, señalando un número con su dedo, digitó el número en su móvil, esperó…—"¡Buenas! ...Miguelito, Miguelito, tiene un moco en la nariz; en su ojo una lagaña y en el culo una lombriz." —colgó sin esperar respuestas. Y las tres como unas chiquillas, estallamos en risas.
—Es tu turno, Karin. ¿Verdad o reto? —dije.
—¡Verdad!
—¿Eres virgen?
—¡Por supuesto que no! —musitó es tono de aburrimiento.
—¡Ay no!, ¿Qué son ese tipo de preguntas tan simplonas, Tema? —me regañó Tenten.
—Ya les he dicho que yo no sé mucho sobre cosas de chicas.
—Sí pero el juego es de retar o preguntar cosas comprometedoras. —dijo Karin.
—¡Púdranse! —exclamé, sacándoles el dedo.
—¡Eso sí te sale bien! —acotó Tenten. —Escucha y aprende, Tema. —¿Fue cierto el rumor de que tuviste una relación clandestina con Orochimaru?
Me paralicé ese rumor corrió como la pólvora en los pasadizos cuando ella venía comenzando a trabajar para la empresa. La noté con un sonrojo y agachar un instante la cabeza. —señal inequívoca de vergüenza y arrepentimiento. —¡Tenten! —la regañé asestándole un buen codazo en sus costillas.
—¡Ay! —se quejó la morocha.
—¡Está bien, Tema! —susurró. —lo mío con él era un secreto a voces.
Tanto Tenten como yo, quedamos con el ojo cuadrado ante su revelación. —¿Es cierto? —me atreví a preguntar.
(Asintió, dándole un muy buen sorbo a su cerveza.) — Él siempre me dejó en claro que yo no iba ser nada más que una distracción. El hombre iba y venía por el mundo, gastando exorbitantes cifras de dinero para detener el paso del tiempo en su cuerpo. Le tiene un culto a la eterna juventud, por eso siempre lo ves con jovencitas, te exprime como el zumo de una naranja, pero cuando llegas a cierta edad o engordas, te da una patada por el trasero y se busca otra. Sin embargo, siempre volvía a mis brazos, fue entonces que me auto engañé, me di la vaga esperanza de creer que tal vez sentía algo sincero por mí.
Por unos instantes el único sonido en esas cuatro paredes era el de nuestras respiraciones.
—¿Pero no eres tan vieja ni gorda? —preguntó Tenten. —¡Ay! —exclamó de dolor porque me la zurré con un coscorrón.
—No. Hice algo peor.
—¿Andabas con otro? —esta vez fui yo la que pregunté.
—¿Debería golpearte? —reclamó la morena.
—Sólo inténtalo —la reté.
—No… ¡me embaracé!
—¿De él? —cuestionó Tenten.
—¡Y de quién más, zopenca! —chilló Karin. —Me embaracé el día que lo fui a despedir al aeropuerto. ¡Ya sabes! Tuvimos un rapidito en los baños públicos, yo tenía una semana de haber cambiado de método anticonceptivo y él no usó preservativo. Cuando regresó de Beverly Hills y de su recuperación por su cirugía de estiramiento facial número treinta y dos, le conté sobre mi embarazo. Lo tomó de mala manera, dijo que yo lo que quería amarrarlo y sacar una buena tajada de dinero proveniente de sus bolsillos por pensión alimenticia.
—Nunca te he escuchado mencionar que tienes un hijo. Acaso… ¿abortaste?
—No.
—¿Lo diste en adopción?
—Algo así.
—A qué te refieres con, ¿algo así?
—¡Me cae que eres lenta! —dije. —Orochimaru le quitó a su hijo, ¿cierto?
—Sí. Es el niño que sale con él en las revistas. Mitsuki, es su nombre, tiene tres años y el mal engendro de Orochimaru no me permite acercarme a él.
Las tres perdimos la capacidad del habla, luego de una confesión de tal magnitud.
—¿Qué le viste a ese sujeto si no se sabe si es hombre o mujer? —me atreví a preguntar a modo de romper con el mutismo.
Karin, rio por lo bajo. —Exactamente eso. Me encantaba esa apariencia andrógina. También el hecho de que es excelente polvo. Se mueve como una serpiente en la cama.
—Pero ¿Cómo le hizo para quitártelo?
—Fácil, sobornó al juez. Bueno en este caso era jueza y mejor amiga. Tsunade.
—¡Perra! —musitó con ira Tenten al ver a nuestra alegre amiga con el rostro dolido.
—La mujer es adicta a las apuestas. Le debe mucho dinero a la mafia que lucra con los juegos de azar.
—Pero si sabes todo eso, ¿por qué no lo develaste ante la luz pública?
—Porque no tengo el dinero para pagar un buen abogado, además, de que un buen día tuve la inesperada visita en mi casa de un servil matón que venía con órdenes estrictas del expresidente de la república Hashirama Senju, quién es nada más y nada menos que el abuelo de Tsunade. Fue amenazarme con las peores consecuencias si involucraba a su nietecita en una polémica de esa índole. —relató la de lentes con tristeza. —Bien si me disculpan, debo ir al tocador. ¿Dónde está? —cortó el escrutinio la pelirroja.
—En la segunda planta, la puerta al fondo. —respondí mientras seguía a mi amiga de lentes con la mirada.
—La hemos cagado, Tema. —susurró Tenten.
—Sí. ¡Y nivel Dios! —acoté, abriendo mi sexta cerveza para tratar de asimilar lo ocurrido.
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Luego de darle a Karin las disculpas del caso. La muy cabrona decidió no dar por terminado el juego y sacarse la espina del ojo conmigo. Era su turno de preguntar.
—¡Llegó la hora, Tema!, ¿Verdad o reto?
(respiré hondo)—¡Verdad!
—¿Quién es la persona que llama todos los días preguntando por ti a la media noche?
No lo pude evitar tomé un sorbo de mi octava cerveza que es el tope de licor al que mi organismo puede llegar. **
«Me puse colorada, este par de cotillas andan tras la jugada.» —D… De… ¿De qué hablan? —tartamudeé.
—No te hagas la inocente, Tema. Te hemos visto estos últimos días y tu comportamiento en el trabajo da un giro de ciento ochenta grados apenas el reloj anuncia la media noche. —dijo Tenten.
—¡Mira, Tent! —. Temari está tan roja como el miembro de un canino. —bromeó Karin, a quién ya se le notaba bastante embriagada. —¡Deja de ser tan mustia! Habla de una buena vez. Yo ya lo hice. Ahora es tu turno de sincerarte.
«æ Ʊ/% #»—No pude evitar soltar un buen coro de palabrotas con lo dicho por Karin, pero creo que a nadie en este mundo le gustaría que lo comparasen con el pene de un perro.
—¡Vaya que boquita! —Pero ya estuvo bueno con las evasivas, ¿Quién es el hombre?
—Si les soy sincera ni yo misma lo sé.
—¿Uh? —fue la respuesta de ambas.
—Como bien lo saben, tengo cerca de dos meses de hablar con un tipo que me llama todos los días desde Francia, después de la media noche. Nos llevamos bien. Él me cuenta sobre sus rutinas, me describe lugares paradisiacos, incluso me ha contado cosas muy íntimas, pero hasta la fecha no se digna ha decirme su nombre.
—Es el chico que te llamó para pedirte un polvo, ¿cierto? —preguntó Tenten.
—¡El mismo!
—Pero te estás jugando el pellejo en el trabajo. Si te cachan con llamadas personales te pondrán de patitas en la calle.
—¡Ya lo sé! —dije escondiendo mi rostro en una almohada. —¿Crees que no lo he pensado?, que no he cavilado en si el tipo es un psicópata, un traficante de órganos o de trata de blanca. ¿Por qué crees que no le he dado mi número personal?, Pero por primera vez en mis veintiséis años, quiero hacer cosas alocadas, vivir lo que no viví a la edad adecuada. Siempre fui la chica responsable, no tuve novios hasta el año en que me gradué de secundaria. Mis hermanos me espantaban los pretendientes que no les parecía, si no lo hacían ellos, lo hacía mi padrino, Baki; y si no lo lograban algunos de esos cuatro irreverentes, en definitiva, lo lograba mi padre con su cero tacto para enviar a quién sea a la mierda. Más si se trataba de su nenita.
—Pero físicamente lo conoces, ¿te ha enviado una fotografía? —preguntó Karin.
—Como le puede enviar una fotografía si Tema siquiera le ha dado su número de móvil —acotó Tenten
—Cierto. ¿O sea que no sabes si es joven, viejo, guapo, feo, famélico o panzón? —inquirió Karin.
—En realidad, hoy me llegó un obsequio por parte de él.
—¿Qué te regaló?
—Una serie de fotografías y una caja de chocolates.
—¡A verlas! —exclamó Tenten.
—¿Dónde están los chocolates? —preguntó Karin.
—En el frigorífico, pero modérate que apenas quedan cinco y están de muerte lenta.
—Voy por ellos y tú… —me indicó mi pelirroja amiga. —ve por las fotos.
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—Conoce muchos lugares europeos. ¡Lo odio! —masculló Tenten.
—¡Bastardo! —musitó Karin. —Y tiene un paladar refinado. Eso dulces son una delicia.
Asentí en aprobación a lo dicho por ambas. —Pero no sé si lo han notado. Todas las fotografías son de lugares más en solo tres de ellas, salen personas.
—Lo que quiere decir que él puede ser uno de ellos.
—¡Exacto!
Tomamos las tres fotografías, detallándolas detenidamente, cada una trae el nombre del lugar donde se tomaron.
—Camp Nou. ¿Qué es eso?
—El estadio del Futbol Club Barcelona, tonta. Igual que el Santiago Bernabeu, es el estadio del Real Madrid.
—¿Y que juegan?
—¡Mi madre! ¿Dónde vives? ¿En la luna? —Juegan Futbol, Karin. —F-u-t-b-o-l. ¡Futbol! —le regañó Tenten.
—No tengo la culpa de no ser tan machorra como tú. —replicó Karin.
—El hecho que me gusten los deportes, no quiere decir que sea machorra.
—¡Lo sé! Sólo bromeo. —No obstante, ninguna de las fotografías tiene similitud. Las tomadas en los estadios son grupales, pero con diferentes personas.
—Solo la tercera fotografía, la que dice: "Plaza de Cibeles."—¿Será él? —inquirió Karin.
—¿Quién sabe?, pero lo dudo. —respondí.
—¿Él idiota no sabrá que es un selfi? —refunfuñó Tenten.
—Por el contrario. Sabe muy bien que es y por eso las evita. Quiere mantener la incertidumbre y su anonimato. —Cavilé mientras observaba la foto. Al fondo estaba la plaza, pero al frente del edificio se apreciaba la silueta de un hombre. Estaba de espaldas con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, llevaba su cabello atado en una coleta similar a una cabeza de piña y una humarasca se levantaba a su alrededor. —No. No creo que sea él. —afirmé.
—¿Por qué no le preguntas la próxima vez que hables con él? —preguntó Tenten.
—¿Preguntarle qué? —acoté.
—Si el es el chico de la foto. —replicó.
—No creo que vuelva a llamarme.
—¿Por qué? —
—Tuve un… desacuerdo con él.
—¿Qué tipo de desacuerdo?
—Me contó que volvió con su ex.
—¡Imbécil!
—Te llamará. —sentenció Karin
—¿Cómo puedes estar segura de eso? —retó Tenten.
—Porque la que es puta vuelve. Así son los hombres. Les encanta tener la de repuesto.
—Deja tu pesimismo, Karin. El hecho de que a ti te jodiera el maldito de Orochimaru, no quiere decir que todos los hombres son iguales. —regañó Tenten.
—Veremos hasta donde llega esto. —dijo Karin.
—¿Veremos?, el plural suena a manada. —inquirí.
—¡Oye, Tema! Ni creas que nos dejaras fuera de esto. Estamos dentro. Cubriremos tu espalda hasta que puedas conocerlo personalmente.
—¡Imposible! Ya les dije que vive en Francia.
—Pues entonces hasta que te aburras y punto.
—A ustedes dos cuando se les mete algo entre ceja y ceja, no hay poder humano que las persuada.
—¿Qué hay con Neji san?, ¿Te gusta? —interrumpió Karin.
Dejándome perpleja y con la boca seca. Dirigí mi mirada a Tenten, quién tenía un rostro inexpresivo. —Admito que me parece atractivo. —me sinceré.
Karin y yo nos quedamos esperando la reacción de Tenten.
—¿Qué? ¿Por qué me miran así? —Tema, tu no tienes la culpa que él me guste y ni siquiera se dé por enterado. Si quieres salir con él, hazlo. Somos adultos, además, él me gusta, no lo amo; que es distinto. En lo que tengo de trabajar para Hyūga corp. Solamente he cruzado un saludo con él.
—Querer y amar no es lo mismo, ¿verdad? —acoté.
—¡Aja! —exclamó Tenten.
—¿De qué me perdí? Con tanta palabrilla de fin de semana no entiendo ni jota. —alegó Karin.
—A que uno puede querer muchas cosas, pero amar pocas. Por ejemplo, yo quisiera tener a Jason Momoa en mi cama para hacerle y que me haga lo que le plazca, pero es un absurdo. Es solo un anhelo. Nada más. Sin embargo, aunque mis hermanos me sacan de quicio; ¡Ay! de la persona que se meta con ellos, la chica que quiera el corazón de alguno de ellos, primero debe pasar por mi inspección de calidad. ¿la razón? —Pues fácil, los amo y no quiero que nada ni nadie les haga daño. —expliqué.
—¿Así que mojas las bragas por Jason Momoa?, ¿Quién lo diría? —Resultaste ser una completa sucia. —bromeó Karin.
—¿Y quién no? —dije guiñando un ojo con picardía.
—Después te quejas que tus hermanos son unos intensos y eres igual. —añadió Tenten.
—¡Viene en la sangre! —Bien. No es por ser abuela, pero ya me entraron ganas de dormir.
—Sí es mejor que vayamos a la cama o mañana no vamos a querer levantarnos.
Luego de acomodarnos y elegir en qué lugar del sofá cama dormiremos. Rápidamente, mis dos amigas estaban que roncaban. En cambio, yo permanecí viendo la foto del chico de la plaza de Cibeles. Preguntándome una y otra vez: ¿Eres tú?
¡Hola!
Les deseo de todo corazón que tenga un excelente fin e inicio de año alrededor de sus seres queridos y que la luz de todo lo divino los bendiga a cada uno.
No podía cerrar este 2017 sin realizar una actualización. XD
Asimismo, agradezco de antemano sus comentarios. ANABELITA, Karitnis -san, Lirio- Shikatema, infinitas gracias por sus comentarios y por siempre apoyarme.
MarFer Hatake, gracias también por tu comentario, siento un gran placer en saber que te identificas con la historia.
Hanny Bell y IYeNal, hago mención aparte de ustedes porque ambas me han comentado que no son fanáticas del Shikatema y, sin embargo, les ha gustado esta historia basada en estos dos personajes. Me honran con sus opiniones.
Sin más que desearle un magnífico 2018. Me despido.
**Quise mencionar las ocho cervezas por que en realidad es la cantidad máxima de cervezas que mi cuerpo resiste, de no ser en la playa en donde he aguantado a beber doce, pero más de eso, quedo viendo chinos con sombrillas. Jejeje XD
P.S. ¿Qué les pareció el capítulo?
¿Acaso les recuerda la época en que hacían pijamadas con sus amigas?
