Cap. 6

El ocaso de un sinsentido

El sonido de la bandeja de entrada de mensajes llegó a mis oídos, sacándome de mi sueño reparador. El cansancio me ganaba, decidí hacerme la sorda y continuar pernoctando en mi cama. No pude continuar fingiendo que no escuchaba el tintineo de mi móvil. Me desperecé, recostándome al respaldar. Tomé el pequeño aparato echándole un vistazo. Tenía cinco mensajes de whatsapp de un mismo destinatario—: ¡Oe! No seas perezosa. Es hora de levantarse. —rezaba uno de los textos.

«Este hombre no tiene oficio ni beneficio. Mira que atosigarme desde otro continente. Solo un vago es capaz de ello». —pensé.

Noté que la pila estaba baja así que lo puse a cargar. El maullar de mi felino compañero clamaba para que me levantase y le diera de comer. «¡Y así lo hice!» De un salto salí de mi acogedora cama, la amplia camisa de Kankuro llegaba hasta el borde de mi trasero, abrí mi pequeño ropero, sacando ropa de andar en casa, además de la percha con el traje que me hizo mamá —¿A que está hermoso, verdad mi amor? —, le pregunto a mi regordeta mascota. Sí. Sé que parezco loca hablando con un animal, pero cuando vives en un lugar que resulta grande para una sola persona, echas mano incluso del tostador para que no te zafen los tornillos. A veces extraño el barullo de mi familia, en otras ocasiones no. Todo depende del humor con el que ando.

Me dirijo al lavadero, cuelgo el gancho para orear el vestido. ¡Planchar no es lo mío!, así que evitaré a toda costa que se arrugue para el día del evento. Como todos los santos días, me puse hacer algún quehacer. Luego de almorzar, abrí mi arcaico portátil, debía redactar un trabajo y preparar una exposición para la semana siguiente. —¡Maldito seas APA! (1)—maldije por todo lo alto, pues siempre olvido la forma correcta de citar una frase con más de cuarenta palabras.

Dos horas más tarde, salía de la ducha con una tolla arrollada en mi cuerpo y otra en mi cabeza. El zumbido emitido por mi móvil me hizo reaccionar, —¡carajo! no lo había desconectado aún. — otra vez un mensaje del chico misterio. —¡Mendōkusai! No sé si ofenderme o aplaudirte. Me parto el culo buscándote en tu trabajo, un alma piadosa se apiada de mí y me brinda tu número personal, charlo contigo unos días y ahora ni te dignas a enviarme a la porra. —Me carcajeé sonoramente. Digité rápidamente una respuesta, aprovechando que el dramático sujeto todavía estaba en línea.

—¿Cómo ha estado tu día, Europa man? —saludo.

La pantalla me devuelve la entrada de una llamada.

—¿Europa man?, ¿Por qué me dices así? —replica.

—Ya que eres tan vago y no me has dado tu nombre debo llamarte de algún modo, ¿cierto?

—¡Touche!

—¿Algún día me lo dirás?

—Todo a su tiempo, mujer. ¡No comas ansías!

—Eso mismo dijiste hace dos días cuando te exigí el nombre del soplón que te dio mi número.

—Si no me lo hubieras exigido quizás te lo haya dicho.

Me quedo pensando un instante. —Podrías ser tan amable de decirme, ¿Quién fue?

—Ya te lo dije. Fue un regalo de San Nicolás y Rodolfo el Reno por portarme bien.

—Los cuales realmente llevan por nombre Karin y Tenten, ¿me equivoco?

—¡No entraré en detalles! —musitó. —¿Dónde estás?

—¿No me lo dirás? —resoplo con cansancio al reconocer mi derrota. El hombre es duro de pelar y por más que lo lisonjeé no me dará los datos. —En mi casa. Apurándome para irme al trabajo. —contesto.

—¿Te estoy atrasando?

—No. Te tengo en alta voz.

—Pues si quieres hacemos una videollamada. ¡Digo!, por si necesitas un critico de moda.

—¿Ahora resultaste pervertido?

—No. Solo quería darte una mano.

—¡Gracias estoy bien!

—A todo esto, ¿Por qué no me envías una foto para conocerte?

—Por que no me la envías tu a mi y asunto arreglado.

Ahogó una risa muy bajo, la cual, erizó mi piel.

—Esa sutileza tan característica que te manejas es la que me hace estar pendiente de ti —dice. — Veo que la imagen de tu estado es un abanico con tres lunas púrpuras. ¿A que se debe?

—¿Qué curioso eres? —. Es un recuerdo que me trajo uno de mis hermanos cuando visitó la ciudad de Nara. (2) Lo tengo colgando sobre la pared de la sala.

—¿Cuál ciudad dijiste?

—Nara. ¿La conoces?

—¡Eh! No, no. ¡En absoluto!

—También me trajo un ciervo de felpa. Gaara dice que andan a la libre por todas las calles de allá.

—Me parece haber escuchado ese rumor por ahí.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Qué significa la imagen de tu estado? —. En un círculo con una serie de líneas transversales, ¿no?

En los segundos que duró en contestar, solo percibí algunas voces al fondo.

—Nada. Es un simple garabato que encontré en internet. Me gustó y lo posteé.

De nuevo el silencio nos hizo compañía.

—¿Cómo vas con tu chica? —rompí con el mutismo.

—Te aclaro que no somos pareja. Bueno sí. No. Mas o menos. —¡Mendōkusai!, ¿Tenemos que hablar de ella?

—¿Por qué estás con una persona si te hace tanto daño? —Me atrevo a preguntar.

—¿Ella hacerme daño?, ¿a mí? ¡No me hagas reír!

—¿Con que te ha salido el orgullo de macho herido? Te recuerdo que no fui yo la que llamé en busca de una chica fácil para pasar el rato en total de no desmoronarme por tener el corazón destrozado.

—Eso fue un gaje del oficio, mujer. —responde alzando la voz.

—¡A mí no me grites! —acoto subiendo el tono. —No tienes que desquitarte conmigo por ser un bebé llorón y no amarrarte los pantalones para mandar por un tubo a la tipeja esa.

—No tienes una idea de lo que estás diciendo. Yo estoy con ella porque… porque debo estarlo. Al menos el tiempo que considere necesario.

—¿Eres un gigolo? —inquiero.

—¿Qué dices, mujer? —pregunta con asombro e inmediatamente una risotada de burla sale de su garganta. —Deseaba tenerlo frente a mí para hacerle una danza de dientes en la boca. —¿Eres prostituto en Europa?, ¿Es a eso a lo que te dedicas? —insisto en preguntar.

Las carcajadas del maldito eran imparables y yo comenzaba a mosquearme. En cuanto pudo tomar un poco de aire dijo —: ¡Mujer, me has hecho el día! No. No soy ni prostituto, ni gigolo, tampoco vendo órganos, no tráfico drogas, ni trata de blanca. Te lo aclaro por si se te ha cruzado por la mente alguno de esos escenarios. —Sentí la vergüenza corroer mis huesos, expresándose en un hermoso carmín en mis mejillas. —Te aseguro que el dinero que gano, lo hago honradamente. Cuando practico el sexo lo he hago "Ad honorem" (3).

—¡Puerco! —musito.

Su risa se dispara y te invita a imitarlo, pero ni muerta le daría el gusto. Era una risa ronca y masculina. Cálida y fresca como una brisa de verano. —¿Te comiste un payaso? —ironizo.

—Dos que tres, tal vez. —replica. —Debo colgar tengo que hacer el inventario y dentro de la bodega no hay buena señal. ¡Llámame! —acota.

—¡Oye no…! —Ni siquiera me dio tiempo de revocar su comentario. Ya había colgado.— «Le dará el juicio final esperando a que lo llame» —dije para mis adentros.

Miro el reloj de la mesita de noche, —¡Chispas!, tendré que pagar un UBER o llegaré tarde. Esto de pasar horas hablando con el "Monsieur" (4) no solo está afectando mis neuronas, también mi billetera.

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Me bajo del auto en una carrera. Rebusco la credencial dentro de mi bolso. La encuentro y la cuelgo en mi cuello. Saludo al guarda de seguridad, indico mi hora de entrada, tomo rumbo al ascensor, pero una gangosa voz susurra mi nombre a mis espaldas.

—Señorita Sabaku no, ¿sería tan amable de acompañarme a mi despacho para hablar tranquilamente? —pregunta el señor Saidama, quién es el supervisor de la cuenta en la que trabajo.

Asiento en respuesta, me encamino hasta pasar por el frente de él, quién espera a que pase y posicionarse a mi lado. —No se preocupe serán unos minutos nada más. —me dice con cortesía. Probablemente notó que el color se me desvaneció del rostro.

—¡Adelante! —me insta a entrar a la oficina. —Tome asiento, ¡por favor! —me pide.

Me siento en el fino sillón con mi bolsa descansando sobre mis muslos. Siento la garganta seca, pueda que suene paranoico, pero una corazonada me advierte que el calvo sujeto no me requiere para nada bueno.

—He solicitado su presencia, porque necesito que me aclare un pendiente suscitado hace dos meses. El 31 de octubre para ser exactos. Se registra que ese día usted recibió una llamada proveniente del extranjero, ¿Es eso cierto?

De no ser porque llevo una falda que me cubre hasta los tobillos. Mi supervisor podría ver el temblor de mis piernas. —¡Si, señor! —respondo con la voz casi quebrada.

—¿Podría brindarme su versión de los hechos?

Icé fuertemente las maniguetas de mi cartera. La cabeza me comenzaba a estallar. —No sé a que se refiere, señor Saidama. —respondo.

—A que la misión de Hyūga corporation es trabajar con prontitud. "Rapidez y Eficacia" es el lema de la compañía. Entonces, ¿Cómo me explica que desperdiciara sesenta minutos dirigiendo la ubicación de una persona que se encuentra en Francia?, porque, a menos que no me hayan notificado aún, nuestra área de cobertura se expande por todo Japón. Los horizontes de la empresa no han abarcado siquiera el continente asiático. Es local. —¿Y bien?, estoy esperando una respuesta.

Mi mente estaba bloqueada. Me debatía entre decir la verdad o mentir, y, de momento, ser salvada por la campana. Sentí el recorrido de una gota de sudor bajar por mi columna vertebral. «Mis padres me educaron para aceptar mis responsabilidades»—. Lo cierto Saidama sama es que tiene usted razón. El 31 de octubre recibí una llamada desde Francia, la llamada era equivocada, el sujeto buscaba favores…

—¿Qué tipo de favores?

—De índole sexual.

—¿Por qué no le aclaró que la compañía no prestas tales servicios?

—Así lo hice, señor. Más él hizo caso omiso.

—Pudo perfectamente haber acabado con la llamada.

—Como usted puede verificar, si pide la grabación y el conteo de llamadas entrantes a mi canal. Yo había hecho uso de la potestad mensual que ustedes nos brindan para renunciar a una llamada cuando esta es de índole ajeno, faltas de respeto u obscenidades. Puede verificar lo que digo si pide un recuento de las llamadas entrantes a mi casillero, comprobará que digo la verdad había limitado mi bonus

—Le recuerdo señorita Sabaku no que usted está aquí reunida porque me interesa saber la verdad directamente de su boca. Desdichadamente debo comunicarle que, aunque es la primera falta en la que ha inferido y a la empresa le complace su excelente desempeño, me veo en la obligación de abrir un proceso. Ya conoce las reglas de la empresa —: Primero se le llama la atención personalmente, si vuelve a cometer el mismo error se le sanciona y si reincide, ya no habrá más amonestaciones, sino que se le entrega inmediatamente la carta de…

—Despido. —termino la frase por él.

—Correcto. Que bueno que lo tiene pendiente. Mi deseo no es pedirle algún día que empaque sus pertenencias y que vaya por su último cheque al departamento de tesorería. Le agradezco su sinceridad ahora puede irse y retomar su labor.

Mis pies no tenían movimiento. No es mi primer trabajo, pero sí la primera ocasión en que soy reprendida por ineptitud. A duras penas logro levantarme del sillón y hacer una despedida solemne al hombre que, con un chasquear de dedos me puede poner de patitas en la calle, —Le aseguro que no volverá a suceder, Saidama sama. —exclamo con pena y sinceridad.

—Eso espero señorita, Sabaku no. ¡Que tenga buena noche! —me dice con una mirada seria mientras abre la puerta y espera a que yo salga de su oficina.

Los tacos de mis zapatillas hacen eco en las paredes del edificio, me apresuro a ir a los baños públicos, tengo los nervios de punta, coloco mi bolsa sobre el secador de manos, abro el tubo para atrapar algo de agua con mis manos, empapo mi rostro con esta, miro hacia el espejo el cual me devuelve una imagen grotesca. El rímel color negro de mis ojos se ha corrido y ahora surca por mis pómulos como un río. Humedezco el bordado pañuelo que me había hecho mamá y lo pongo en la parte trasera de mi nuca. Resoplo anonada por el hecho acontecido hace unos instantes. Jamás creí verme involucrada en una bobería como esa. Menos aún comprometer mi prestigio profesional. Manchar mi currículum vitae por andar de calzones flojos con alguien a quién siquiera conozco. — Que kami me ampare y no se les ocurra pedir la grabación de la llamada, porque, de ser así estoy frita. —Acomodo mi cabello y mi ropa, retoco mi maquillaje, echo un último vistazo al espejo para checar mi apariencia, engancho la bolsa a mi antebrazo.

Tomo el ascensor, me adentro en él y presiono el número de planta a la que me dirijo, mi móvil vibra dentro de mi cartera, lo saco para leer el mensaje entrante. En realidad, era una imagen de un maravilloso atardecer teniendo a la Torre Eiffel de protagonista. El ocaso en naranja fuego del sol destaca la silueta de aquel gigante de acero. En la parte inferior de la captura había algo escrito —: "Me encantaría que vieras esto con tus propios ojos". —Recuesto mi espalda a la superficie interna del ascensor, una lágrima cae hasta chocar con la mano en la que sostengo mi móvil sobre mi pecho. No puedo pensar en absurdos. Tampoco puedo culparlo, él nunca ha insinuado alga más que una llana amistad. La que ha tergiversado todo soy yo. Siempre ha sido sincero incluso admitió que volvió con su ex. ¿Y yo?, pues como una niña pequeña construyo castillos de arena de la nada. —Esta situación es una pérdida de tiempo. Un total sinsentido. —Era hora de poner los pies sobre la tierra, más bien un continente de por medio. Guardo mi comunicador sin contestarle al hombre que se mantenía en línea; pongo mi mejor sonrisa, saludo a mis compañeros y me disculpo por mi hora de entrada. A resumidas cuentas, las intermitentes llamadas de un desconocido no pondrán un plato de comida sobre mi mesa. «¡El show debe continuar!»


Aquí la sexta entrega de esta historia. Muchísimas gracias a Karitnis- san, Lirio shikatema, Yi Jie- san, MarFer Hatake, ANABELITA N y Anita Nara por sus comentarios y demostrarme su apoyo.

Espero y este capítulo cumpla con sus estándares de calidad jejeje. Toda crítica siempre y cuando tenga buen fundamento y es de forma educada es bienvenida. Aunque no lo crean, esas pequeñas acotaciones de los lectores motivan a que los escritores mejoremos o al menos lo intentemos. Sin embargo, entendamos que no somos profesionales, de serlo ya tendríamos un contrato con una editorial y alguna historia publicada. ¡Insisto! Ayúdennos a mejorar. Nuestra ortografía y todo lo referente a crear un trabajo escrito legible y que capte la atención.

De mi parte no me queda otra más que agradecerles por todo y que la luz de todo lo divino guíe sus vidas. ¡Se les aprecia! XD

(1) APA son las siglas en inglés de American Psychological Association, ente encargada de regular o dar las directrices de la forma correcta en que deben escribirse los ensayos, tesis, textos, etc.

(2) En Japón existe una ciudad llamada Nara. Allí, según lo que he leído, viven muchos ciervos en la intemperie, caminan por las calles y las personas pueden fotografiarse con ellos.

(3) Ad honorem: Frase en latín que significa "por la honra, el prestigio o la satisfacción personal que la tarea brinda".

(4) Monsieur: Termino en francés para decir "Señor"

P.S. Saidama es le personaje principal del anime "One punch man" y también es calvito (rapado, sin pelo...) jejeje