Capítulo 6

Año nuevo

6:30 am

Doy un brinco de espanto debido al escandaloso sonido de mi despertador. Estiro mi brazo derecho para apagarlo a tientas. El sueño me gana, estos últimos días he tenido que hacer horas extra, —«lo bueno de ello, la paga. Lo malo, el cansancio.» —sin olvidar el pequeño gran detalle de estar en exámenes finales lo que significa más peso sobre mi espalda. Mis párpados no colaboran, parecen tener vida propia y se niegan abrirse, sin embargo, oteo a duras penas hacia mi ventana, percibiendo aún con las cortinas bajas cuán oscura está la mañana. — ¡No lo pienso más!—, amaso mi vieja almohada hasta dejarla como me gusta y me acurruco con la gruesa colcha quilting que mi madre me confeccionó para no pasar frío durante el invierno.

Mi retorno al mundo de los sueños duró escasos minutos, antes de acostarme olvidé poner mi móvil en silencio y ahora el muy maldito retumba y chilla por todo el buró; con fastidio lo levanto, deslizo mi dedo para escuchar el mensaje de voz dónde mi sexi instructor de crossfit pospone el entrenamiento de hoy. Definitivamente los planetas se han alineado a mi favor, admito sentir algo de desánimo por no ver aquel musculoso sujeto que me exige dar lo mejor de mí, pero siendo sincera necesito con urgencia bajar las revoluciones y cobrar energía hibernando como un oso.

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Cerca de dos horas después me levanté gracias a una discusión marital de los vecinos de al lado, la cual debí reportar a la policía para evitar una posible agresión doméstica gracias a que la noche anterior hubo clásico de fútbol y por los gritos del esposo perdió buen billete en una apuesta; así que no tuve otra opción más que levantarme, hacer mi cama y salir disparada a ducharme porque en un cuarto de hora salía el colectivo rumbo al centro de la ciudad y tenía que hacer varias diligencias antes de emperifollarme para la fiesta de fin de año de la empresa.

Ahora estoy en el centro comercial rastreando el obsequio de mi "amigo secreto"—entre todos los que trabajamos en la planta decidimos intercambiar regalos anónimamente cada semana y develar nuestras identidades hasta el día de la fiesta. —Al principio damos regalos económicos como golosinas, pero el último es de una suma razonable y respetando el gusto del receptor, en lo personal, me tocó cumplir los deseos de un colega a quien conozco poco, pero he de admitir que admiro por su valentía al ser abiertamente gay, él es muy cool y suele vestir algo alusivo a las tiras cómicas. Me encanta que no le teme al qué dirán, su compañerismo y su sapiencia mezclada con una lengua tan afilada como la hoja de un bisturí — aún más que la mía— resultan difícil de vencer a la hora de una contienda verbal. Fiel a su condición de friki, pidió una figura de acción de un superhéroe en particular.

— ¿Así que anda en busca de una figura de acción?

—Sí, pero en realidad nunca he escuchado de ese superhéroe.

— ¿Cómo se llama?

— ¡Funko!

El tipo de lentes, camisa de Star wars y converse rojas, falló en esconder una risilla burlona con un repentino ataque de tos. —Se puede saber, ¿Qué le resulta tan gracioso?—inquirí un tanto mosqueada ante su falta de profesionalismo y dando como resultado una cura milagrosa para su malestar porque su semblante cambió a uno serio y avergonzado.

— ¡Discúlpeme!, bueno...en realidad funko no es un superhéroe y tampoco se llama así sino muñecos Pop!...—él ni terminó su explicación y estoy segura que notó que no estaba entendiendo absolutamente nada de su perorata. — ¿Cuál es el nombre del superhéroe?

Rápidamente saqué de mi bolsa el arrugado trozo de papel donde Ayanami especifica sus deseos. —Pensé que eran dos opciones, pero se trata de un Funko de Spiderman PS4.—sentencié y el hombre pareció entender al instante, giró sobre sus talones y comenzó a caminar por el pasillo atinando únicamente hacerme una señal de que lo siga con el dedo, caminé tras él hasta llegar a una repisa repleta de muñequitos cabezones referentes a cualquier personaje que te puedas imaginar, incluso uno del presidente Trump.

— ¡Aquí lo tiene!, muñeco Pop Spider man PS4 edición limitada. —acotó antes de excusarse para ir atender un recién llegado cliente.

Mientras el vendedor hablaba con un futuro comprador, me dediqué a observar las repisas y en cada una había curiosas figurillas de diferentes personajes, tanto así que una de ellas llamó mi atención por lo que la tomé en mis manos para apreciarla a detalle.

— ¿Le gusta el anime?—añadió el vendedor a mis espaldas lo que me provocó dar un brinco de espanto porque en ningún momento sentí su cercanía.

— ¡Cielo santo!—murmuré con ganas de golpearlo muy mal, y por segunda ocasión en minutos, no le quedó de otra que ofrecer disculpas. — Respondiendo a tu pregunta. Sí, sí, lo he visto, de hecho Sailor Moon era mi favorito de pequeña, jugaba a ser una de las sailor scout con las niñas del barrio.

— ¿Cuál?

Sailor Mercury.

— Juraría que ibas a decir que eras Usagi.

— ¿Por qué?, ¿Por ser rubia?, pues te equivocas, ella me parece muy boba.

—Haré como si nunca escuché ese comentario. ¡Soy su fan #1!— No pude evitar sonreírle a pesar de nuestros dos percances, el chico es bastante agradable. — Así que te gusta Ami Mizuro. ¡Ya veo!, deduzco que eres amante de la buena lectura, la matemática, los juegos mentales; detestas los mariscos, y tú signo zodiacal Virgo. ¿Me equivoco?

Quedé impactada con su rápido psicoanálisis. — ¿Quién eres y qué hiciste con el asesor?

— ¡Aquí estoy!, No me he ido a ninguna parte. —contestó siguiéndome el juego de palabras. —No has respondido a mi pregunta, ¿Di en el blanco o no?

Por un instante pensé enviarlo por un tubo y salir disparada de ahí, pero luego recordé que locales como este son realmente difíciles de encontrar, además me da la impresión que la verdadera intención del chico por alargar la conversación se debe a un caótico intento de coquetear conmigo, aunque aceptaré que a pesar de mi cara lavada, mis fachas y mi cabello arrollado en un desgarbado moño consigo robar suspiros me aumenta la autoestima.

— No soy de pregonar mi vida privada con extraños. — La frase escapa de mi boca tal cual, y mi conciencia me hace una jugarreta al recordarme que tan solos unos días platicaba amenamente con un hombre que nunca me dijo su nombre y al que no le conozco ni en foto. — ¡Lo siento!, no fue mi intención ser tan descortés. —«Fue mi turno de disculparme»— sé que es tu forma de atraer la clientela…

—No te preocupes. Creo que me precipite, debí parecer un acosador. —sonrió tras su comentario y pude notar cuán apenado estaba. — ¿También quieres llevarte este?— inquirió señalando la caja que aún sostenía en mis manos.

— No, no. Solo la miraba.

—Es como una caricatura tuya, ¿verdad? Ellos son parte de un anime de acción, su pareja es el muñeco de al lado. El de cara de aburrimiento.

Llevé mis ojos hacia el estante para ver cuán certero fue con la descripción del muñeco. La chica tiene ojos vivarachos y coletas similares a las que uso al correr por el parque o mientras aseo y su supuesta pareja trae una cara de letargo perpetuo que de solo mirarla te provoca el mismo efecto. — ¿En serio es así o es defecto de fábrica?

—Pues sí, pero es un genio para las estrategias de contraataque, —acotó— ¿Quieres llevarlos?, Te puedo hacer un descuento si adquieres los tres. —indagó, haciéndome dudar de su cortejo y más bien creer que era una táctica de venta.

— ¡Qué va!, vine por el Spider man y es el único que llevaré, además, si quisiera uno de esos dos, elegiría a la rubia. Jamás gastaría mi dinero en una figurilla de un chico con cara de vago. — sentencié mientras regresaba la caja a su sitio y caminé junto al vendedor quién descubrí se llama Luke al observar el gafete sobre su pecho.

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Me duele el trasero por estar sentada en la misma posición, mis tripas rugen, no he comido nada desde que salí de casa, solo tuve tiempo de ingerir un panecillo de canela y casi atragantarme con el café, para peores males tengo comezón en la cabeza y temo rascarme porque arruinaría mi reciente manicura y aunque quisiera, los aluminios por el Balayage me lo impiden. A horas de finalizar el 2018 y con tantas celebraciones en todo el país, los salones de belleza son un completo caos, sé que mi cuenta bancaria resentirá el despilfarro, este local es muy exclusivo, cada clienta a excepción de mí, exuda opulencia como la rubia de escaparate a mi costado y su inseparable amiga quienes las estilistas les rinden pleitesía como si se tratase de diosas del Olimpo, y que no les ha parado la boca discute que discute por bagatelas.

―Le está entrando una llamada al móvil, señorita. ―interrumpió mis cavilaciones el estilista. Llevé mis ojos a la pantalla de mi móvil con la vana esperanza de encontrarme un código de área distinto al de Japón, pero la ilusión duró poco al reconocer el número de Tenten.

No sé por qué me da nostalgia si fui yo quien decidió cortar todo vínculo con él, y por lo visto pareció entender el mensaje al segundo día de bombardearme con llamadas y textos que no respondí y que tampoco he borrado de la bandeja de entrada, mismos que de vez en cuando leo para auto flagelarme y que despiertan una terca vocecilla en mi interior que me dice constantemente, "llámalo", pero es mayor mi orgullo o quizás la cobardía por lo que desisto incluso antes de intentarlo. A veces me cuesta conciliar el sueño entonces me dedico a taladrar mi cerebro con monólogos donde me regaño por ser tan maldita y no decirle adiós o por traspasar las fronteras entre la amistad con absurdas utopías producidas por mi imaginación.

Por fin han acabado con mi peinado, definitivamente el estilista hace que cada céntimo invertido valga la pena, simplemente hace magia con los químicos y las tijeras. Me postré frente al espejo para verificar su excelente trabajo, «me ha dejado como reina de belleza.»―pensé.

— ¿Lo ves?, te dije que te hicieras un cambio de look. Mira a esa chica. — «nuevamente la aguda voz de la rubia hace eco en mis tímpanos y en esta ocasión noto que se refiere a mí» —esos mechones cenizos y cobrizos le lucen de maravilla, lástima que su vestuario la hace parecer una mendiga. —comentó haciendo un mohín con su labio superior y al que preferí no tomarle importancia.

— ¡cierra el pico!, te puede oír,―susurró la de ojos jade― He pintado mi cabello así desde mi primer año de secundaria, fui quien catapultó el oro rosa dentro de la paleta de colores, ni de chiste lo cambiaré ahora que está en boga.

—Hastías con ese color.

— ¿Por qué no lo haces tú?

—Porque soy rubia natural.

— ¡Por favor!, para nadie es un secreto que te haces baños de color.

—Lo que no es lo mismo que teñirse.

Por un momento pensé en levantarme y darles unas bofetadas, pero no quiero estar encerrada en una celda en vísperas de año nuevo con tonta y re-tonta tampoco ser asediada por paparazis por golpear a dos niñas ricas del jet set del país. La chillona es una heredera hotelera, novia de un excéntrico pintor y la otra es hija adoptiva de una destacada médica y por lo que leí en un artículo de una revista, pretende seguir los pasos de su madre en ese campo. Las dos se ganaron el mote de "ene-amigas" tras declarase una guerra campal por un chico tan guapo como estoico que nunca las tomó en serio y que está en cuenta regresiva de dejar la soltería con nada menos que la copropietaria de la empresa donde trabajo.

—Esa combinación contrasta con el tono de su piel y le resalta los pómulos al igual que sus ojos,—señaló la rubia jalando del brazo a su amiga para observarme más cerca a través del espejo bordeado de bombillas — ¿son reales o usas lentes de contacto?— me preguntó.

—Lo único falso en mí es el tinte de mi cabello. —respondí venenosamente para zanjar la discusión.

— ¡Qué humor!— susurró, pero logré escuchar haciendo que mi sangre hierva.

— Me tienen mareada con sus tarugadas de crías mimadas. ¿Acaso no les apena este teatrito?, tienen horas peleando por cuanto disparate se les cruza en la cabeza, no sé ustedes pero el resto de personas no tenemos porqué soportar tal despliegues de estupidez y para empeorar la situación tengo el estómago vacío porque el cupón de descuento con el que pude hacerme el tratamiento capilar no incluye un refrigerio mientras ustedes chillaban como monos degustando fresas y champagne.―vociferé a los cuatro vientos.

De no ser por el sonido de naturaleza bajo fondo, me atrevería a decir que el local quedó en silencio sepulcral. Nada. Cero acústicas extra, ni siquiera las ruidosas secadoras para el cabello estaban en funcionamiento. Se podía percibir hasta el pedo de un mosquito. La atmósfera se tornó tensa y expectante, tanto el personal como la clientela tenían sus rostros girados hacia mí. No logro descifrar si censuran o avalan mi comportamiento y sin temor a equivocarme, creo que es mi primer y último día de gozar de los servicios de tan prestigioso lugar.

Tomé el valor suficiente para izar mi cartera, disimulé el carmín de mi cara con unas enormes gafas de sol y caminé todo lo erguida posible hasta la recepción para cancelar la cuenta. Sentía la mirada de todos a mi espalda, siguiéndome con ella como si de una prófuga de la justicia se tratase.

― ¡Por cierto, rubiecita!―exclamé señalando a la interpelada.―No todas tenemos un sugar daddy o un papito millonario que cumpla nuestros caprichos. La ropa que, según tú, me hace lucir como mendiga viene de una tienda de segunda mano y no me apeno de ello. Me costaron una minucia comparado a lo que puedes gastar por lo mismo en una boutique. Con lo que compras una prenda, yo compro cinco y así tengo donde elegir. Eso más que pobreza es una estrategia económica, en cuanto mi bolsa, me la hizo mi madre con mucho cariño y yo sí puedo jactarme que es un diseño exclusivo porque soy la única que la poseo.―terminé mi verborrea jalando de la puerta de salida, con el orgullo renovado y dejando atrás una estela de gente boquiabierta.

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Ya en casa doy una rápida, pero profunda limpieza a mi hogar para sacudir las malas vibras del año que está por terminar. Me quito mi sudorosa playera para colocarme un vestido veraniego que uso para estar en casa. Luego de la pesadilla ocurrida en el salón de belleza, decidí pasar por McDonald´s y comprar un combo agrandado de Big Mac.―«daré más vueltas al parque por una semana para quemar las calorías»―Cada que muerdo de las iras se me abre el apetito, pero este tipo de terapia de relajación realmente funciona en mi organismo, por lo que mastico el último bocado de hamburguesa con deleite. Me levanto del reclinable para ir a la cocina a lavar la loza sucia y abrirle una lata de comida al señor bigotes.

Recorro el pasadizo quitándome la ropa pieza por pieza hasta quedar como vine al mundo frente a la ducha, manipulo las manijas para graduar la temperatura del agua. Me río cuando encuentro mi reflejo en el cristal de la puerta, parezco una señora de antaño con esa gorra de baño, pero debo tener cuidado o mi peinado estará estropeado antes del evento. Tallo mi piel con vehemencia, cuando estoy por asear mis partes nobles, el roce de la esponja sobre mi bajo vientre envía una descarga eléctrica a todo mi cuerpo, me recuerda que estoy viva, que tengo necesidades. Sí, necesidades que mis falanges aplacan con su ir y venir dentro de mi intimidad, pero no satisfacen por completo.

Me niego a auto satisfacerme, una vez más, a cerrar mis ojos mientras gimo pensando en que el dueño de aquella aletargada voz es quién se funde hasta ser uno solo conmigo. ¡No!, esta noche me permitiré ser irresponsable, me dejaré llevar por mis instintos, ―« ¡será mi gran noche!»― tendré sexo alocado con un desconocido. Las chicas y yo saldremos de juerga después de la cena para desahogar penas y aprovecharé para darle la bienvenida al 2019 con buen sexo para que no me falte durante el año, por la mañana despacharé al tipo como si nada y tomaré mis maletas para pasar unos días con mi familia. Será un frenesí pasajero, algo que recordar cuando esté vieja y arrugada como pasa.

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Retoco mi labial, ato mis glamurosas zapatillas doradas a mis pies y giro sobre mi propio eje para verificar que el hermoso vestido blanco que mi madre me hizo, realza las partes adecuadas, y que por dicha ella había cosido un forro bajo él o mi lencería roja podría traslucirse. Esparzo loción por todo mi cuerpo, saco mi pequeña cartera a tono con mi calzado para guardar en él mi credencial, dinero, una tableta de mentol, mis polvos y mi labial. Un sonido en mi móvil me anuncia que el UBER acaba de llegar, miro mi cuerpo por última vez para constatar que estoy de diez y salgo para rumbo al Bonenkai.

Todos los ahí reunidos íbamos vestidos en blanco estricto. Bien lo decía el memorándum enviado a todo el personal de la empresa que era parte del protocolo asistir acorde a la festividad. Entro al salón oteando de un lado a otro en busca de mis amigas, noto que la decoración es exquisita. Un arco formado por miles de globos plateados y dorados acorde a los tonos de la mantelería y cristalería, hermosos centros de mesa hechos con flores; meseros, una fuente de chocolate, comida estilo buffet y un trío de Chelos amenizan la velada.

Diviso el pálido brazo de Karin ondeando a lo lejos, Tenten está su lado, ambas luces geniales. Me acerco a ellas para dirigirnos a la mesa reservada para nosotras y otros compañeros. A las ocho en punto, una comitiva del clan Hyūga arribó, se colocaron en el podio para agradecer a sus empleados por su fidelidad y compromiso con la empresa. Mis ojos estaban puestos en el señor Neji, lucía aún más guapo de lo que es, con su traje sastre y el sedoso cabello cayendo por su espalda a la libre, brindaba por las bienaventuranzas venideras, además, dio la excelente noticia de la adquisición de un contrato con una Banca extranjera para brindar soporte a los clientes de sus cuentas.

―Ampliaremos la contratación de personas altamente calificada en diferentes áreas, pero nuestros empleados tienen prioridad. Obviamente tendrán igualdad de condiciones para ser contratados y pasar una serie de filtros. ― anunció el señor Neji ante el micrófono.

― ¡Oye, límpiate acá!, ―me dijo Karin haciendo un ademán con su índice.― Se te asoma una baba por las comisuras. ―lisonjeó.

De seguro tengo el rostro tan rojo como el círculo de la Bandera Nacional. ― ¡Cállate!―chillé entre dientes para que los demás no escucharán sobre todo una persona en particular.

―Pues disimula Sabaku no. ―El señor Hyūga cada intervalo de segundo mira la audiencia y luego posa nuevamente los ojos en ti, pero tú lo estás devorando con esos ojos verdes.

―Tenten podría oírte.

― ¿Y?, ¿dije algo malo? Ella tarde o temprano entenderá que hay algo entre ustedes. Atracción, química, pónle el nombre que desees, pero que hay algo cociéndose entre tú y él, ufff, eso se ve desde la luna.

―Sabes que no le haría eso a Tenten así muera de amor por él. Me gusta, Sí, lo admito, pero es algo no es ni parecido por lo que siento por…― preferí guardar silencio, al fin y al cabo, era lo mejor.

― ¿El chico misterioso? ― adivinó Karín. ― ¡Cariño!, si tanto te gusta ese hombre ¿por qué lo dejaste ir?, vende un puto riñón en el mercado negro y arrastra tu culo hasta Francia. Baja tu maldito orgullo y llámalo. ¡Anda!, ve a la terraza y deséale un feliz año.

Di un sorbo a mi bebida para apaciguar la conmoción que provocaron las palabras de mi pelirroja amiga. ― ¿A qué hora que nos íbamos?―pregunté.

― ¡Para unas cosas eres una dura Temari, pero en otras te meas en los calzones.―regañó.―Quedamos, señorita evasión, que nos íbamos una vez terminada la actividad con los globos.

Las horas pasan entre cotilleo, bebidas y baile. El intercambio de regalos fue muy conmovedor porque debíamos dar una cualidad de la persona y los demás debían adivinar de quién se trataba.

Cuando llegó mi turno di unas cuantas pistas para que supieran que hablaba de Ayanami. Resulta que quién debía obsequiarme era Karin, casi la beso con lengua incluida cuando mis ojos repararon en el hermoso intrincado de "Orgullo & Prejuicio" en edición de lujo. Confieso mi admiración a Jane Austen y tener un amorío platónico con Mr. Darcy.

Minutos antes de la media noche. Cada uno debía tomar un globo y la dar los doce campanazos que anunciaban el año nuevo, soltarlo para que se llevase consigo todos tus deseos y que estos se cumplan. Luego de ahí, me abracé a mis amigas, llamé a mi familia, pero no me atreví hacer lo que me aconsejó Karin y por lo visto, él se ha olvidado de mí.

― ¡Listo, chicas!, el taxi vendrá pronto. ―informó Tenten quien ese traje azul la hacía verse como una reina.

― Hablé con Suigetsu. Él está con unos amigos en un Pub Irlandés cerca de Takeshita Dori, ¿Vamos allá?

― ¡Andando!

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Suspiré sacando todo el aire de mis pulmones en éxtasis. En un principio me negué a que me practicara sexo oral, gracias al cielo recapacité sino estaría arrepintiéndome de no hacerlo.―Me había dado a la ardua tarea de atraer como el polen a las abejas, a un chico que estaba bebiendo con unos amigos. Contoneé mis caderas sensualmente hasta que cayó en la trampa.― Este hombre me llevó al cielo a punta de lamidas y lengüetazos. Sus besos eran bruscos y su polla estaba cubierta de látex y lista para provocarme un segundo orgasmo.

Extendí mis piernas para permitirle más espacio, se acomodó en medio de ellas y nuevamente me besó con desespero. Arrastró su boca hasta mis pechos atendiendo uno de ellos con la mano y al otro succionando cual lactante. Empujando sus caderas con delicadeza, se detuvo mirándome directamente a los ojos, me sonrió con picardía separando su tórax del mío y dándome oportunidad de observar que tenía la cabeza de su pene hundida en mi cavidad.

Eran casi las tres de la mañana y estaba gozando de lo lindo cuando Poker face de Lady gaga me avisaba que una llamada estaba entrando a mi móvil. Estiré mi brazo para apagarlo, pero cometí el error de darle un fugaz vistazo a la pantalla, reconociendo el extraño código de área que en definitiva no estaba dentro de la cobertura Japonesa.

Las palpitaciones de mi corazón se aceleraron. Mi única reacción fue empujar al tipo entre mis piernas, enderezarme y levantarme con apremio, me arrincono en una esquina de mi habitación para que aquel extraño no pueda escuchar mientras él se dedica a contemplarme sin dar crédito. Permanecía arrodillado sobre las sábanas, desnudo y con su pene apuntando hacia mí como proyectil.

Aclaré mi garganta antes de contestar. ― ¡Hola!―exclamé en un susurro.

― Por donde empiezo… ―Sí, era él. Mi querido chico misterio.― Sé que no quieres hablar conmigo, ¿de acuerdo?, cuando lo comprendí traté de respetar tu decisión. Llevo días reteniendo el deseo de marcar tu número o enviarte un texto, pero ya me fue imposible soportarlo. Quise darte el saludo de año nuevo, pero desistí de hacerlo, desde entonces he pasado viendo el móvil para armarme de valor y llamarte.

Mis piernas estaban como merengues. Mordí mis labios para no soltar un sollozo porque todavía no podía creer que esto realmente estaba sucediendo. ― ¡Puedes darme un minuto!―le solicité.

― ¡Claro!―respondió y aproveché para guardar mi móvil en la cajonera para que él no pueda escuchar nada.

― ¿Quién contesta el teléfono mientras está teniendo sexo?―regañó el sujeto.

—Yo y necesito que te marches.

― ¿No estarás hablando en serio?

― ¿Tengo cara de estar de joda?, ¡vete!, siento hacerte pasar este mal rato, pero no continuaremos con esto... Conoces la salida.

― ¿Pretendes que me vaya así?―señala su miembro―con las bolas contraídas y una erección del tamaño de la Torre Eiffel.

Que compare su empalme justamente con el edificio más icónico del lugar donde vive el hombre que tengo en espera en la línea telefónica fue un balde de agua fría para mi líbido. ―Sí, eso quiero. Toma tus cosas y desaparece.

― ¿Te has vuelto loca?, tuve mi miembro enterrado en tu vagina.

La bofetada que le propiné fue tan fuerte que su mejilla quedó colorada con cada uno de mis dedos reluciendo en ella. ―Lárgate inmediatamente antes que llame a la policía.

El tipejo me miró con enojo. ―Tragué mi saliva con dificultad― No pensé en las peligrosas consecuencias que acarrearía pasar la noche con un extraño, solo terminé por probarme a mí misma que el sexo con cualquiera en definitiva no es para mí. Se levantó buscando sus trusas por debajo de la cama, ha como pudo se puso la ropa, giró la cerradura no sin antes mirarme con ganas de ahorcarme.

― ¡Frígida!―masculló dando un portazo de salida.

Rápidamente saqué mi móvil cruzando los dedos que él aún permanezca en línea.

― ¡Aló!―musité.

― ¿Creí que te habías dormido?

― ¡Lo siento!, mi gato no dejaba de maullar porque se había quedado afuera.

― ¡Entiendo!... ¡Feliz año nuevo, Temari!, Espero que todos tus sueños se vuelvan realidad.

― ¡Gracias e igual para ti!

―Bueno aquí todavía restan unas horas para el cambio de año.

―Aun así. Feliz 2019…― «es extraño seguir llamándolo "chico misterioso

―Shikamaru. Mi nombre es Shikamaru.

Una sonrisa se coló en mis labios, ― ¡Feliz año nuevo, Shikamaru!


¡Hola!

Sé que he estado perdida por estos lares, pero me subí a una nueva aventura llamada "licenciatura" y esto está demandando mucho de mi tiempo. Desde ayer estoy escribiendo este capítulo y tenía toda la intención de subirla ayer mismo, pero me fue imposible terminarlo.

Espero que este 2019 sea un año que nos dé discernimiento para sacar a nuestra sociedad adelante porque tenemos este planeta colapsado con tantas guerras, hambruna y contaminación. Asimismo, les deseo de todo corazón que la luz de todo lo divino guíe siempre su camino y que todos sus anhelos se hagan realidad. Finalmente, les agradezco que tengan mis escritos siempre presente, espero no defraudar tan larga espera con esta actualización.

***Este capítulo se lo dedico a Bebitapreciosa, ¡gracias por tus palabras!

Bonenkai: Festividades que se celebran por todo Japón para despedir el año viejo.