Por fuera de hierro, por dentro de vidrio.

Barks of War

Para muchos, las clases eran una rotunda pesadilla, sin embargo y aunque complicado, Harry lograba sobrellevar las asignaturas, sobre todo porque Severus se apiada de su alma, Encantamientos con McGonagall es la muerte a nivel de contenido, pero nuevamente, ella tiene piedad de su alma gracias a Merlín. El problema Es cuando finalmente llegó la hora de ver defensas contra artes Oscuras con la ya odiada cara de Sapo.

También llamada Dolores Umbridge, pero ese es un apodo cariñoso que sólo el profesorado usa.

Harry sabía que ella aguarda el más mínimo fallo para hacer valer lo que el Ministro dijo en el juicio... El problema es que no podía controlar precisamente bien su instinto si hay una provocación precisamente de ella, es decir... Ella desea deshacerse de su persona lo antes posible. Tomó asiento con Hermione, bajo la atenta mirada de la sapo.

— No, guarden sus varitas, no las necesitaremos en esta aula. —Vio a Hermione un instante, algo así como sacando la vena adivinadora que ninguno de los dos tiene.

En el pizarrón se escribía algo que decía semblante enunciados del libro. Tan aburrido que más bien costó olvidar lo que leyó y Hermione está moderadamente orgullosa al respecto, aunque preferiría que hiciera lo mismo con libros que valieran la pena. Tras la breve instrucción de leer y reflexionar -sea lo que sea que eso signifique-, para que la clase se sumiera en el silencio.

Hermione, Draco y Harry veían a los lejos ya ellos, haciéndose señas para intentar saber que hacer ahora — ¿Ocurre algo Señor Potter? —. Se olvidó de buscar auriculares para impedir el tono chillón, no es broma que le latina los oídos siendo tanto el instinto que se despliega en presencia de Umbridge.

— No.

—¿Por qué no está leyendo como el resto de sus compañeros de no ocurrir nada? —Draco blanqueó los ojos, quizá no fueran unos adultos, pero el tono de hablar con un niño de kínder es ridículo sin más. Tienen quince años, no seis.

— Ya leímos el libro. — los demás los veían, todo era mejor que leer esa porquería.

— Vuélvanlo a leer entonces. — resolvió sin más la muy lista profesora sin cambiar de expresión.

— Nos lo sabemos de memoria. — corean, Blaise silbó por la sincronía.

— Vaya, que jovencitos tan aplicados — ya no se veía tan contenta —. así déjenme probar... Señor Potter.

Hizo mil y un preguntas, casi siempre hacia Harry. respondían como un adorable y molesto loro, irritando a Umbridge que no sabía que más hacer siendo cierto lo que sus tres estudiantes dijeron.

— Con todo respeto ¿En qué momento veremos verdadera Defensa Contra las Artes Oscuras? — pregunta Harry con cautela.

— ¿que quiere decir con eso Señor Potter?

— ya sabe, hechizos, en los libros no hay más que teorías que podrían ser útiles al momento de ser estudiantes, pero también hace falta saber hechizos. — Hermione casi lo aplaude por haber sabido decir que los libros era una mierda de manera elegante—. En los TIMOS es necesario saber hechizos, de otro modo, los reprobaremos, tampoco aprendemos a defendernos.

— ¿por qué necesitan defenderse? No crees que nadie quiere lastimar a unos adorables niños como lo son tus compañeros. — esquivó lo importante y obvio. TIMOS lleva parte práctica y con esos libros no los podrían aprobar.

Sin embargo, es Umbridge, se fija en lo que quiere y la va a beneficiar.

— Hay muchas clases de enemigos que no puedes atacar y necesitamos defendernos de ellos, si no mal recuerdo, eso lo dic ene la pagi-

— Nadie querrá lastimarlos, por algo existen los aurores para eliminar cada amenaza que pueda surgir. — replica la mujer.

—Ya, pero-

— Silencio, retornen a sus lecturas, ustedes tres realizaran un Ensayo de-

— siempre hay alguien queriendo lastimarnos, seamos o no niños ¿Enserio cree que eso importa? a Cedric Diggory no le sirvió de nada ser un niño. — Puesto que los detalles al respecto escasean, la oreja de los alumnos de Hogwarts se hinchó para escuchar con lujo de detalles todo lo que Harry pudiera decir al respecto.

— Lo que ocurrió con el Señor Diggory no es más que un lamentable accidente.

— ay no... — Draco se encogió en su asiento.

Los ojos de Harry chispearon en dorado por unos cuantos segundos, intentando asimilar cómo es posible que sea tan cara dura de negar lo que ocurrió, sabiendo que él es el único que lo vio, y que lo ha dicho. Lamentablemente no pudo reprimirse más ante semejante tontería

— ¿A si? ¿Un accidente? ¡Yo lo vi! Fue un asesinato hecho por Voldemort y el Ministerio ni siquiera pone su interés en atrapar, sino que envía gente a escribir estos libros inútiles para dar una clase aún más inservib-

— ¡Ya basta! —bramó, Harry permaneció en su postura desafiante—. Lo cierto es... Que el joven Diggory tuvo su lamentable muerte... por culpa de los hombres lobo...

— ¿¡QUÉ?!

—como bien es sabido... son criaturas peligrosas y... una amenaza para nosotros. —su voz seguía siendo tan chillona y de explicación infantil que Harry comenzaba a perder los estribos, si es que aún tenía alguno que perder.

—No todas son peligrosas ¡Si es el caso porque Greyback sigue libre! Es una amenaza para todos y si no fuera porque en el Ministerio son unos ciegos incompetentes yo no tendría la puta maldición de la licantropía. —Hermione tiraba de la túnica de Harry que tomara asiento. El pleito comenzaba a perder el norte.

—Está castigado señor Potter.

— ¿¡Pero por...!?

— ¡FUERA DE MI CLASE!

—GRACIAS POR EL FAVOR. —Tomó sus cosas y se fue sin más con la ira haciendo burbujitas en su sangre, algunos tomaron el atrevimiento de levantarse a aplaudirlo. Llegó al salón de Encantamientos en donde McGonagall se lo quedó mirando.

— ¿No debería estar en clase de Defensa contra las Artes Oscuras, Señor Potter?

—Me echaron. —respondió en tono calmo, no quería insultarla, a ella la respeta demasiado y sabe que no debe hablar con el mismo tono que a Umbridge; al fin y al cabo, McGonagall es una profesora de verdad.

—Vaya, que hizo esta vez —interroga en tono agotado. Harry relató lo que ocurrió, sin guardarse ninguna parte, incluso él sabe que eso hecho hace unos minutos está terriblemente mal; McGonagall lo vio pensativa—. Incluso a mí me saca de quicio, comprendo que ella toca una fibra sensible, pero debe intentar mantener la compostura... E ir al castigo

—Claro, no pensaba evitarlo de todos modos... ¿Puede explicarme esto? Es mejor gastar la hora en algo que valga el tiempo. —McGonagall asintió levemente con el pecho inflado del gusto.

Harry es de sus mejores estudiantes y que lo disfrute no hace más que encantarla más, también está Hermione y Draco, pero tiene cierta debilidad por Harry. Desde un principio lo siente débil... frágil a la misma vez que fuerte y dispuesto a usar su supuesta fragilidad en contra de quien se acerque. Quizá tuviese que ver con que es un lobo y el aire de pureza que da es cuanto menos real... Tanto como sus reacción, la falsedad es un rasgo inexistente y la encanta.

Tenía grandes expectativas por él. Quería verlo convertirse en alguien digno de un nombre por sus logros a lo largo de su vida y no un solo evento de su niñez. Sin tener aires de adivina -menudo asco, ni en sueños-, podía ver que en el futuro Harry lograría cosas que nadie más en su vida pudo haber imaginado.

La oficina de Umbridge causa escalofríos, el montón de gatos en pequeños cuadros hace que le lugar tenga un aire de manicomio. Si fueran menos cuadros escandalosos, el rosa menos chillón y Umbridge no se coronará como una muñeca sapo no estaría tan mal el lugar, quizá tomaría un té ahí y todo.

—Muy bien, tome asiento—dejó su bolso y se sentó en la pequeña y ñoña mesa de tonos crema—. Quiero que escriba en ese pergamino- Nononó, usará mi pluma—Harry tomo el objeto con duda, huele a sangre y eso no puede ser una buena señal para nadie—. Y escriba "Los hombres lobo son una amenaza"

— ¿Cuantas veces...?

—Las que haga falta para que entre en su cabecita.

No sabía qué clase de sadismo era aquel aparte de insultarlo de todas las formas posible. Escribió la primera línea, sintió picor, escribió la segunda, la irritación se hizo más fuerte. Al llegar a la cuarta tuvo el impulso de mirar su mano, en donde ahora bordeaba "Los hombres lobo son una amenaza". Ah... Por eso huele a sangre — Quisiera añadir que aguardaré otro pergamino similar con la siguiente frase... "No debo decir mentiras"— sonrió tanto como su rostro de sapo pudo hacerlo.

Harry se aguantó el gemido lastimero ¿Es enserio? No iba a aguantar hacer DOS malditas frases y todo por lo que dijo. Recordó vagamente las palabras de su padre, el cual le decía lo que ahora demostraba «Umbridge odia a las criaturas mágicas, podría decir que incluso siente repugnancia por ellas... Ella es tan extremista que opina que deberían alejarse de nuestra sociedad» y con esto, siendo un hombre lobo se las ve muy negras.

Tanto o más que el cabello de Severus y su alma en general.

No se equivocó, el año se estaba haciendo un tormento de cabo a rabo y eso que no lleva ni un tercio del mismo. Las clases eran complicadas, las sigue sin tanto problema, pero Umbridge se encarga de que eso no valga una reverenda mierda. En su mano descansan las dos frases que escribe día tras día hasta que llega el anochecer «Los hombres lobo son una amenaza» y «No debo decir mentiras»

Esconderlas se dificulta, su letra a molde y de trazo grueso como redondeado se hace cada vez más calcado en su piel, tanto que seguramente, aunque pare las planas las cicatrices permanecerán ahí ¿Quien dijo que la cicatriz en su frente bastaba? no señor, hay que agregar más, que sean visibles a diferencia de las que tiene en su rostro, apenas perceptibles.

El problema adjunto es que su tiempo de dormir se hace nulo, también el tiempo de comer, los deberes son complicados como nunca y necesitan su tiempo, uno que sólo logra ignorando sus necesidades básicas. Las ojeras nunca desaparecen, tiene las mejillas un tanto hundidas y puede sentir perfectamente sus costillas. Siente que en cualquier momento puede reventar a llorar por la pura y agonizante desesperación por tanto que lleva en la cabeza.

Lo cual casi todo alumno de quinto año en Hogwarts ha hecho aun sin Umbridge, con ella presente es como echar salsa picante a una herida de espada recién afilada que te abre el vientre de par en par. La mujer sacaba hasta lo más ridículo para hacer un show o drama.

Por si fuera poco, un día a Umbridge se le ocurrió la brillante idea de decir que su cabello estaba mal, por lo que prácticamente le dejo rapado frente a todo el salón de clase. Nadie se rio a pesar de todo y no sabe si eso hubiera dolido más a esto que es prácticamente una falta de respeto impresionante, ya que por lo general el cabello -o pelaje-, es un tema serio para los licántropos, no por nada la mayoría tiene extensas melenas.

Cortarla es como arrancar una decoración del alma, después de todo, sin un cuerpo el alma prácticamente no existe.

Por suerte creció tan rápido que Umbridge alargó un par de meses más su castigo... Cuando al fin se decidió a contárselo a alguien, que no era otro que su padre pues él podía darle una solución... resulta que Hedwig fue herida y su derecho a mandar correo suspendido. La sapo rompió su carta frente a sus ojos, abierta y leída por ella. Por desgracia no se guardó ningún insulto hacia ella en la misiva.

Sencillamente lo odia, estaba claro y por ello quiere hacer su vida imposible.

—Debes decírselo a alguien...

— ¿A quién? ¿A Dumbledore? Aun si lo hiciera la dejaría continuar con lo que hace y ya me han humillado bastante en solo dos meses. —Hermione veía con profunda preocupación el estado casi famélico y desgastado de Harry, el muchacho tiene una capacidad impresionante para desmejorar en poco tiempo, ojalá ocurriera al revés.

—Yo puedo pedirle ayuda a mi padre, si quiere un heredero más le vale cumplir con esto que le pido. —ofrece Draco, Harry lo vio con ojos cansados.

—Aprecio el apoyo, pero nada puede evitar que haga esto... En el juicio se dejó claro «Controlarlo será deber del profesorado», ya... ya no sé qué hacer. — comenzó a hiperventilar, Draco lo instruía rápidamente a evitar que se ahogara o desmayara. El de ojos verde la acabo por acurrucarse en el heredero Malfoy, sufriendo temblores y sudando como nunca.

Harry tenía un sincero pavor a las clases de Umbridge, como si ella hallara la manera de empeorarlo todo con sólo abrir la boca. El odio hacía la profesora no era algo raro por los pasillos, no hay quien la crea en lo correcto, ni siquiera Slytherin que suele ser favorecido por ella. Aparte de todo, en la casa de las serpientes consideran a Harry el príncipe por tratarse del heredero de Salazar, Dolores no hace más que restarse puntos de popularidad.

No cómo que le importe por lo que parece.

Desgraciadamente la hora libre acabó y el momento de entrar a la tortura medieval se hizo presente. Harry tomó lugar con Draco, a ver si de esa manera la calma permanecía con él aunque sea diez minutos de clase con Umbridge taladrando su mirada en él, maquinando con que hacerlo trizas el día de hoy. Diez minutos... veinte... media hora... vamos tiempo, avanza más rápido...

—Señor Potter —no hay como explicar cómo se sintió, iba tan bien... —. Va en contra del uniforme utilizar pendientes siendo un varón.

—No me lo puedo quitar Profesora. —en parte por lo que significa y otra porque significa romperse la maldita oreja, el arete que Draco le había regalado está bien guardado porque imagino que esto podría pasar. El de la manada por otro lado...

—Todo adorno puede ser removido. Quíteselo.

—Ya se lo dije, no puedo.

—Señor Potter.

—Está unido a mi lóbulo con Magia, si lo hace ser-

El olor de su sangre inundó sus fosas nasales. Con su impacto vio que ella entre sus dedos regordetes tenía el arete de la manada, el que Remus le regaló a sus once casi doce años. Se llevó las manos a la cara, con su cuerpo hirviendo y casi lastimándolo —Harry calmate... HARRY—. Draco vio como los ojos verdes se hacen dorados y en un despliegue que nunca dejará de Ser increíble Harry se había transformado.

Umbridge se asustó, por lo que dejó caer el arete al suelo donde Harry lo tomó y lo mantiene en su hocico. La puerta del aula está abierta, pensó en salir corriendo a esconderse en algunos lados hasta que... El miedo y desesperación bajarán al menos un poco.

— ¡Incarcerus!

— ¡YA BASTA, LO LASTIMA!

Los reclamos no se hicieron esperar, todos estaban viendo horrorizados cómo la mujer del Ministerio apretaba las cuerdas encantadas en el cuerpo del lobo oscuro. Por su pelaje no se alcanza a ver que aparte de apretar, corta y hace heridas horribles— ¡EXPELLIARMUS! —la varita de Umbridge salto de su mano y Hermione junto a Pansy corrieron hacia Harry, tomando la cabeza de este y acariciando el pelaje suave para consolarlo.

— ¿¡Como se atreve...!? —Harry ladró por ver a la de rosa acercarse con intención hostil a Draco, volvió a relajarse apenas se alejó del rubio.

—Tranquilo cariño... tranquilo... —habló Pansi con voz dulce.

—Lo siento ... —murmuró, vistiendo sólo la túnica de Severus. Con ayuda de este su oreja iba sanando... Hubiera ido con Poppy de no ser porque Umbridge prohibió que fuese a la enfermería, pues esto era su castigo por no acatar órdenes.

Un castigo de lo más sádico que quien sabe a dónde iría a parar.

—Esto ya no es cuestión de resistencia, es una tortura con todas las letras—opinó el pocionista y para que concordaría con un alumno en plena presión psicológica era que algo iba mal—. Has intentando-

—no puedo enviar cartas, McGonagall no puede hacer nada y Dumbledore tampoco... ¿Qué hago? —sollozo finalmente, quebrado a más no poder. Severus le acarició la cabeza.

—No entres a sus clases, cumplirás castigo conmigo y te daré las clases para los TIMOS en ese tiempo. Estoy para cuidarte ¿Entiendes? Ya es suficiente.

Harry asintió con la cabeza, limpiándose las lágrimas que insistían en correr por su cara. Severus sintió que Harry, al igual que a su señor, se le deslizaba de las manos como así fuese agua, que por más que lo intentará lo iba perdiendo poco a poco sin más remedio que ver cómo ocurre. Lo frustra tanto y aterra el pensar que quizá llegue a ser incluso peor. Algo tan fuerte que acabara rompiendo al dulce ahijado de ojos verdes que tiene.

« ¿qué te pasa? Hace mucho que no escribes»

‹quiero morirme ya›

Tom sintió extrañeza y repentino pavor por aquella simple línea. Los trazos eran tan descontrolados que apenas entendió que fue lo que escribió. La magia de Harry estaba tan errática y eufórica que absorberla no costaba nada, podía incluso sentir que caían lágrimas al papel.

«No pienses algo tan imbécil como eso. Nada es tan malo como para que quieras morirte»

‹si quiero, pero también quiero que alguien me ayude ya no sé qué hacer›

Al momento de materializarse se llevó un susto terrible, pensó de cierta manera que Harry estaba quizá presionado por los TIMOS y se concentraba en ellos por lo tanto no tenía mucho tiempo para hablar con él. La realidad fue casi como un puñetazo en la cara con la visión a deplorable que se exponía frente a él. Las ojeras, delgadez, mejillas hundidas, cortes de curioso patrón en su cuerpo y palabras en el dorso de su mano.

Con delicadeza lo abrazó, tirando de la sabana para arroparlo y calmar los pensamiento desordenados y alborotados que tiene Harry en la cabeza. No está seguro de querer saber lo que pasó para que llegara a este punto tan lamentable. Podía ver que no ha dormido nada, mucho menos comido, como si lentamente estuviera marchitándose. Con palabras dulces lo inducia al sueño y ocultando el diario, de aseguraría de que durmiera lo suficiente.

Aunque es curioso, parece que Harry en base a su desesperación bloqueó la vía por la cual si ser completo lo vigilaba.

—Harry... —llamó, este apenas alzó la mirada agotada—. Legeremens..

—¿Qué quieres? ¿Que lo arrastre hasta el comedor? Te dije que debíamos traer la comida hasta acá, Umbridge es capaz de castigarlo solo por compartir la misma mesa que todos nosotros.

—Silencio Granger. Solo es cuestión de llevarlo a la... cocina... —balbuceo a lo último.

Ambos vieron con aire curioso que Harry está profundamente dormido. Ya se les hacía extraño que no asistiera a clases, pero ver qué es esto los tranquiliza en gran medida. Al fin y al cabo, hace falta que descanse, también que coma, pueden pedirle a algún Elfo que haga el favor de llevar la comida así para que Harry devore a su gusto

— ¿Viste eso? — Hermione con cuidado se acercó, apartando la sabana y la tela de la túnica que Harry vestía —. Esa debe ser la marca de las que nos habló. — es la primera vez que logra verla complemente.

Ya no tenía una herida encima, lo cual es un alivio.

— su forma... — aguantó las ganas de decir a que se le parecía. A diferencia de Hermione que examinaba a Harry para asegurarse de que no tuviera ninguna herida abierta, tomó un cuaderno de entre las sabanas —. Qué raro que duerma con esto.

— ¿Por qué lo dices?

— Lo he visto cuidarlo más que a si mismo, aquí se- Ay — lo soltó de golpe, sintió como si lo quemara —. Muy bien, las cosas con Harry siempre son raras, pero esto es-

— Tom... — se vieron entre ellos, solo conocían un Tom y la razón para que Harry lo nombrase en sueños no existe. El diario se abrió de par en par y antes de que pudieran darse cuenta de nada más, fueron absorbidos por este.

—Ábrete...

Harry los atravesó, como si fuese un espejismo. Lo reconocían perfectamente de cuando estuvo en su segundo año y que estuviese entrando en una cañería no tan cañería con escaleras no es precisamente la mejor escena en la que deseas ver a tu mejor amigo.

Viéndose entre ambos lo siguieron, intimidados y cautelosos. El lugar daba escalofríos y cuando llegaron frente a una enorme estatua pudieron ver una silueta traslucida formándose tras Harry, susurrándole al oído lo que debía decir a continuación.

Ven ante tu señor, bestia dejada por Salazar Slytherin para limpiar a Hogwarts de las impurezas.

¡ES UN MALDITO BASILISCO! — quisquillo Draco entre fascinado y asustado —. No se si esto es... es...

— Mira. — Hermione señaló a Harry, quien se desplomó en la persona que apareció de la nada. El adolescente mayor sonreía triunfante y satisfecha, acariciando algunos mechones de cabello de Harry. Hermione y Draco desconocen por completo de quien se trata.

—Eso es Harry, eres un buen niño... Y dime... ¿Qué ocurrió esta mañana? No me ocultes nada... me entristeces. — el aliento se les cortó por la forma en que Harry se acomodaba sobre el regazo ajeno, tan confiado y cómodo de aquel extraño personaje que posee una especie de rasgo fantasmal a pesar de estar perfectamente presente en carne y hueso.

—Ellos... mataron a Zanna... Y no lo van a castigar... no les importa...

— ¿Zanna? ¿la serpiente que... te regalaron? ¿Quiénes no harán nada? ¿Qué ocurrió? Puedes decírmelo Harry. —Draco se acercó con rapidez, intentó apartarlos, pero fue como tocar humo, no es más que un espectador de aquello y lo enoja que esto haya pasado y él no se haya dado cuenta.

—Destruyeron mis libros... luego lo mataron...Dumbledore me culpó a mi... me castigo... Yo no hice nada. Zanna no hizo nada... no es justo... él no deja de burlarse por ello... —su llanto los hizo sentir mal, después de todo debían ser ellos los que escucharan aquello, no el muchacho desconocido de aristocráticas facciones

— Di su nombre Harry. Fuerte, claro y sin titubeos, solo dilo... —La chica no pudo más que unir demasiados puntos ahora con explicación.

—Zacharías... Smith... De Hufflepuff... —temblaron ante la sonrisa del muchacho, que alzó la mirada hacia al basilisco.

—Ve, empieza a purificar este lugar siendo para comenzar al que hizo llorar al heredero de tu señor, que por su acción las lágrimas de tu joven señor cual sangre fluyeron sin parón. Con eso por esta noche harás y aguardamos con gran emoción el retorno de tu original lord.

— Esto... esto no tiene sentido... Harry dijo que no-

— Es que él no lo hizo, fue él. — apuntó al muchacho mayor que hacía mismos al niño inconsciente.

—Estás en lo cierto, Harry ni siquiera recuerda haber entrado aquí — el sobresalto por la voz de Tom fue bastante cómico —. Yo envié al basilisco a acabar con ese infeliz que se atrevió a lastimarlo.

— ¿Quién eres...?

Me llamo Tom — hizo una elegante reverencia —. Soy quien habita este diario y en quien Harry más confía.

— te equivocas, él no- ¿y eso? —el reclamo de Draco murió al momento en que el escenario se hizo blanco y miles de letras flotaban por todos lados, tantas que no podía fijarse en solo una línea para pasar a otra y otra.

Son nuestras conversaciones, desde que tiene once años estoy a su lado... sus alegrías, lagrimas, complicaciones, siempre he estado junto a él, incluso así. — en un chasquido, se mostró a Harry en la casa de los gritos siendo mimado por el alumno de sexto curso.

— Dijiste que eres un diario, que resides aquí ¿Como es posible que puedas estar junto a él? — Hermione se notó recelosa e incluso llena de envidia, ella quería pasar tiempo junto a Harry así, durante las Lunas Llenas pero obviamente no puede.

— Mediante la absorción de magia pedo materializarme, claro, nunca haría eso frente a nadie más que él — se encoge de hombros, luciendo aun sonriente —. sólo él importa.

— Eres un parásito.

tal vez si, tal vez no, lo relevante es que soy quien pudo pararlo de hacer una tontería, algo que ustedes dos no pudieron hacer. — entre ellos revolotearon las letras con el mensaje claro que los palideció.

quiero morirme ya›

Sea como sea, lo que me interesa de ustedes es algo tan sencillo que es ridículo. de otro modo no los hubiera traído hasta aquí — Hermione jaló un poco la manga de Draco —. Necesito que ayuden a Harry, ya que yo no puedo estar presente...

— ¿por qué quieres ayudarlo? ¿¡Quien supone que eres realmente!? — se le hace terriblemente familiar, pero nos abe de donde, pues nunca ha visto al estudiante. la sonrisa de Tom se alargó de manera escalofriante, así como neurótica.

Pero si ya nos conocemos, tal vez no me reconozcas...

— Deja los rodeos o-

La varita se desvaneció en su mano, la de Hermione igualmente. Tom sacó la suya y jugueteo con ella un instante antes de volver a una expresión más calmada y sosegada, cruzado de brazos y apoyando la varita en su mejilla. Sus ojos cambiaron de su característico color avellana a un refulgente y desquiciado carmesí.

Hermione ahogo la exclamación, no le hacía falta mucho intelecto para entender la indirecta que significaba aquel brillo. sin embargo, en forma de revoloteo, las palabras de Harry llegaron a su mente.

«Lo único que siempre recuerdo de él, es que sus ojos son rojos, tanto como la sangre y que brillan como si te pudieran drenar la valentía...»

— Esto no debería... ¿Como? — su balbuceo causó cierta gracia en aquel trozo de alma.

Nada muy difícil. Aunque claro, como ustedes se han percatado, no es facil asemejarme a lo que soy ahora — a su lado apareció un reflejo de su apariencia actual, Draco retrocedió un par de pasos, claro... Es ese tipo que se la pasa en su casa... aunque su padre jamás ha dicho quién es —. Ni siquiera para Harry, es muy tierno.

— ¡No puede recordarte! ¡si tan listo eres, deberías saber...! — una serpiente rodeo el cuello de Draco, Tom mucho más cerca.

No me tientes, pequeño Draco, tu padre me simpatiza y sólo por eso aun no decido que hacer contigo — informa con voz gélida —. ahora, a lo que importa, tengo mejores cosas en las cuales perder el tiempo.

La serpiente desapareció y el aire se hizo más tenso... Como si eso fuese posible.

Debes distraerlo, si bien no es posible tenerlo perfectamente... cuerdo, es mejor mientras está alejado de la idea de la muerte... Estoy seguro de que hasta uan sangre sucia y un niño mimado pueden hacer algo así de simple. — sonríe despectivo, Hermione se tragó lo que pensaba decir al respecto.

— ¿por qué te interesa que esté bien? — pregono Draco de nueva cuenta con los ojos entrecerrados.

Eso es algo que no te incumbe, ahora, lárguense.

Tal como llegaron, de un jalón salieron del diario que se cerró en su lugar. Hermione y Draco lo vieron y luego a sí mismo, como intentando asimilar lo que ocurrió y lo que deben hacer ahora.

— tenemos que decirle a un profesor que Harry tiene esto ¡Voldemort lo está espiando! — exclama Hermione alterada

— ¿Estás loca? no podemos hacer eso, si se lo quitan y lo destruyen-

— ¿Que tiene eso de malo?

— Esa cosa debe ser más importante de lo que luce y si es realmente de Voldemort... Es peligroso que lo intenten destruir. — concluyó, Hermione entorno los ojos.

— No más peligroso que tenerlo, puede incitarlo a algo malo.

— Lo quiere salvar, al menos en ese luce sincero y piensa... ¿Enserio Quieres que dañen a Harry? Cualquier daño a Voldemort él lo va a resentir.

La atención se clavó en Harry, que permanecía dormido con tranquilidad, acurrucado en la cama como si nada malo ocurriera. Hermione suspiró, dando la razón al rubio y medita lo que Tom pidió que hicieran.

— a mí no se me ocurre nada. — bufa Draco con fastidio.

— Creo que tengo algo, pero será cuestión de que Harry acepte. — sonrió satisfecha y Draco rodó los ojos, esperaba que no fuera una tontería.


— No pienso hacer eso.

— ¡Harry!

El muchacho mastica muy lentamente la comida de su plato, la mayor parte de ella es carne. Tragó y vio a Hermione con cierta indiferencia, tiene sueño a pesar de haber dormido un día enterito. Tomó otro pedazo de carne.

— En caso de que no lo notes, soy una bestia peligrosa y nociva para el mundo mágico, por no decir que hago el más mínimo paso en falso y me van a echar de aquí — expuso con incomodidad al respecto —. También un loco mentiroso, porque... ¡oh! Es imposible que el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos haya regresado ¿a quien se le ocurre?

— Deja el sarcasmo — se encoge de hombros —. Escucha Harry, como debes tener muy bien sabido en Defensas contra las Artes Oscuras no vamos a aprender nada de nada y por ello reprobaremos los TIMOS.

— ¿Enserio es lo único que te preocupa, Granger? — increpa Draco, la chica lanzo una bolita de papel a la cabeza del rubio.

— Y ya que tú eres un experto en toda la regla... ¡puedes enseñarnos! Nadie se daría cuenta, tengo todo muy bien calculado.

— ¿por qué yo y no tu? — la mira de arriba a abajo, se supone que ella es la lista y experta, no él. Es decir, si es bueno en sus clases, pero nada fuera de lo común, similar a su padre y padrino más no igual.

— Podré saber toda la teoría, pero quien tiene el toque para eso siempre has sido tu — Draco rió por la nariz, era bellísimo que Hermione aceptara ser menos capaz que alguien —. si tú nos enseñas podremos hacerlo todo... ¡Todo!

— No sé tanto.

— Severus te ha enseñado, Sirius también y asumiré que James por igual, es imposible que no sepas más que nosotros viviendo en un bosque al menos el sesenta por ciento del tiempo. — Harry hizo un puchero, no se suponía que Draco estuviera del lado de Hermione.

— sí sé muchos hechizos de Séptimo, Remus por algún motivo también entró en una crisis — tomó un poco de su bebida —. Pero... ¿Quién querría algo como eso, Hermione? ¿Hace falta que te repita mi reputación?

— organice una reunión en Cabeza de Puerco para quienes quieran, quizás unas... ¿Diez o trece personas? — dijo tentativa, Draco negó con la cabeza, no tenía ni idea.

Harry resopló, la idea no acaba de gustarle. Sobó un poco su pecho, donde está la marca. Sus dos amigos vieron por un instante ese gesto y tragaron grueso. Muy bien, es muy complicado pensar correctamente cuando estás consiente de que ayudas a tu amigo para que su otra mitad no haga una tontería.

Hacia Harry y ellos mismos, el destino complica todo como le da la gana


— Me sorprende haber olvidado como contar. Diez o trece. —repitió imitando la vocecilla de Hermione, la cual enrojeció.

En el pub hay alrededor de treinta personas sin exagerar, el dueño está a poco de sufrir un infarto por tener tantos clientes. Harry se enterró más en su bufanda roja con amarillo, sabía que algo iría mal con esta idea.

No tenía demasiado interés en ver quiénes eran los que fueron a está posible iniciación de un... ¿Grupo de estudio? Están Luna, Fred, George, Neville, Ginny, incluso Ron lo cual si lo sorprendió un poco.

Ser visto como un bicho raro es común y del día a día, así que ser observado fijamente ya ni lo molesta, se revolvió el cabello con una mano, dejando a la vista su cicatriz por un instante.

— Gracias por venir — comenzó Hermione, ya que Harry no pensaba decir nada—. ya sabemos a qué vinimos... en Hogwarts es obvio que Umbridge no se interesa en lo más mínimo porque aprendamos magia real. No sólo necesario para los TIMOS sino para nuestra seguridad.

— ¿Seguridad a qué? No hay nada amenazando además de lo normal. — habló un Gryffindor, Cormac McLaggen.

— Lo hay y aun si no lo hay, debemos saber defendernos — interviene Draco cruzado de brazos, apoyado en una viga de madera gastada —. es ridículo permitir que el Ministerio nos haga esto.

— Uno de los principales arrastrados al Ministerio son los Malfoy. — tosió Ron, como si no hubiera podido aguantar.

— a ver, Weasel, eso ahora no importa, el no estaría de acuerdo con esto. Ningún padre quiere hijos mediocres. — el muchacho enrojeció, no muy claro porque pasó.

— Como decía. Lo necesitamos y Harry es perfectamente capaz de enseñarnos.

— ¿Un lobo? ¿Enserio? — siguió ignorando la conversación en gran medida.

— Sí, un lobo, por lo que Harry tiene más experiencia al respecto — las caras incrédulas no faltaron —. Ha vivido más en el bosque que cualquiera y como era obvio, un lobo joven no puede contra todo, sabe mucho más de hechizos que cualquiera de nosotros.

— Simplemente no me lo creo. — McLaggen se encoge de hombros.

— No estoy aquí para demostrar nada, tampoco para hacerme cargo de sus problemas, bien puedo dejarlos reprobar los TIMOS que puede ser lo único que les importa de momento. Tengo suficiente entre manos como para tener que ganarme la confianza de todos ustedes a algo tan imbécil. Me voy, simplemente se reirán de esto más tarde. — susurra a Hermione.

— ¿Es cierto que haces el Patronum? — Luna hizo el comentario con una juguetona sonrisa en los labios.

— ¿Patronum?

— ¿que eso no es para séptimo año?

— ¿Puedes hacerlo? — Neville se nota impresionado.

— Claro que puede, por ello el Ministerio no pudo expulsarlo, es muy buen mago. — asegura Draco con una sonrisa pedante.

— También sabe muchas cosas más, sólo es cuestión de aceptarlo ser nuestro maestro. — concluyó Hermione sonriente.

Harry no supo que imagen de profesor sería en caso de que ellos lo quisieran, con su aspecto y energías actuales, debe parecer alguien que apenas sobrevive. Las ojeras no se han ido, tampoco ha recobrado su peso -que tampoco es mucho, pero se nota-, así que luce como un perro famélico.

También enfurruñado.

Para su sorpresa, todos los que fueron se inscribieron en ese grupo de estudio que tiene a su cargo. Cormac lo veía de tanto en tanto de una forma que da miedo, casi igual con Ginny y Cho Chang.

— Que raro, algo nos salió bien. — silba Draco leyendo la lista —. Todos los Weasley que estudian de momento, McLaggen, Chang, Pansy... ¿Cómo se enteraron todos estos? — frunció el entrecejo al notar eso.

— siguen a la serpiente mayor ¿Que esperabas? — mofa Harry guardando el pergamino.

—tengo acosadores, que miedo.

— Yo tengo un sapo, eso SI da miedo

...

—Para empezar, yo me limitaré a enseñarlos todo lo que sé, si no son capaces de lograrlo, es porque sencillamente no se han esforzado lo suficiente... No Neville, no lo digo por ti—dice sin siquiera haberlo visto, con sentir la mirada del muchacho en la nuca bastó—. Empezaremos por lo más simple, ya que ni siquiera puedo dar fe de que puedan arrebatar la varita de alguien más. Comiencen.

Fue desastroso en su opinión, de las treinta y seis personas en la sala de Menesteres, al menos diez podían hacerlo, entre ellas Draco y Hermione; Fred, George, Luz, Pansy; Theodore al menos en un intento junto a Nott... Lo demás, era sencillamente horrible, aparte de que ya ha pegado contra las paredes por hechizos mal apuntados.

—Muy bien, a este paso yo seré el saco de boxeo... —bufa sobándose el brazo.

Se deshizo de la túnica, la corbata y arremangó las mangas de la camisa; ató el cabello en una cola floja y se colocó en medio del semicírculo que se ha formado. Frente a él Draco como una de las tantas prácticas de duelo que han hecho en su casa.

A medida que lanza hechizos explica lo que hace, los movimientos, posturas y demás detalles para hacer útil el tiempo que se están consumiendo en esto. Acabó más agotado de lo que se imaginó, pero lo satisfizo ver que al menos la mayoría ya logra con lo simple...

Excepto Neville.

— ¿Esa varita siquiera te obedece? —increpa analizándola desde todo ángulo, se ve muy gastada.

—Si, bueno... era de mi papá así que si es-

—Ah, eso tiene sentido. —corea el pequeño grupo selecto de Harry y él mismo.

—No puedes usar una varita que no es tuya, no sin haberla ganado mínimamente Longbottom, yo pensando que eras un sin remedio... —se rasca la cabeza con la varita. Harry dio un codazo al costado del rubio—. Au...

—debes comprarte una, la que te escoja. De otro modo, terminaras sacándote un ojo o los dos. —la entrega y Neville asintió, pensando en la manera de hacer el pedido a su abuela sin que está lo deje sin tímpanos, como si fuese un crimen querer algo que no es heredado.

— ¿Viste? No estuvo tan mal. —Hermione golpeó con mucha fuerza la espalda de Harry, el cual casi cae de boca.

—Mientras dure, Umbridge acabará dándose cuenta de esto y yo correré tan lejos como pueda antes de que me pongan una cadena al cuello. —bufa con dolor de cabeza, como si tuviera una migraña horrible.

—No sé dará cuenta, igual está disfrazado, cualquier percance será culpa de Dumbledore y a él no se le puede hacer nada. —Fred mostró el pergamino que usan a modo de lista, donde dice en la punta Dumbledore Army.

Una jugada sucia, pero ya es claro que al viejo no le interés amucho el asunto, así como el hecho de que no pueden hacer nada contra ese hombre sin acabar a medio morir, Fudge -después de ser avisado por Umbridge n caso de descubrirse-, no podría contra él, es el puto principal de Wizengamont.

Y un montón de cosas más que ahora no importan.

—Ustedes están sacando una vena Slytherin que me enorgullece. —Draco fingió llanto de orgullo, George y Fred se hicieron los avergonzados.

—Tienes muchas preocupaciones encima, pero debes estar tranquilo para que explote. —aconseja luna, Harry asintió y suspiró.

—Tengo hambre... iré a la cocina, prefiero a los elfos que la mirada de Umbridge en mi nuca. —avisa, los seis salieron por diferentes puertas para no lucir sospechoso.

Harry se encaminó hacia la cocina, tenía el diario en su habitación al igual que el Guardapelo por pura seguridad, no sabía si se toparía a Umbridge y la paranoia de que esta podría hasta desnudarlo a mitad de pasillo crece cada día. Bien podría hacerlo bajo cualquier excusa.

—Oh, Harry, que curioso verte paseando por aquí. —maldijo para sus adentros. Bueno... Dumbledore no es peor que Umbridge o al menos eso hasta la fecha, quién sabe.

—Tenía hambre. —respondió encogiéndose de hombros.

—ya veo... Aun así, sigue siendo curioso que no te encuentres corriendo por el Bosque prohibido como suele ser tu costumbre a esta hora. —alzó una ceja, muy bien que no lo escondiera, pero que Dumbledore supiera que justo en este horario lo hace es un tanto escalofriante.

—Hagrid me dijo que las Acromantulas están algo alborotadas y no me siento con fuerza de pelearme con una si me la cruzo. —Las alertas lobunas se encendieron con toda su fuerza en menos de un segundo y sin razón aparente, se remueve incómodo en donde está de pie.

—ya veo... necesitó discutir algo contigo y dado que ya estamos aquí, podemos hablar de camino a mi despacho. —da una palmada a la espalda del ojiverde que se sobresaltó.

—No haga eso, por favor. —pide entre dientes.

Se siente tan sensible que es ridículo, quiere echar la culpa a Umbridge, pero sabe que esto ocurre solo con el mago de ojos azules y larga barba blanca—L-lo siento, pero quiero comer algo para poder hacer mis deberes, se acumulan rápido, si me disculpa—. Excusa con ansiedad, pensó en salir corriendo a toda prisa para perderse.

No escucho nada, tan sólo se hizo todo negro sin que lo notara. El cuerpo de Harry cayó al suelo, desmayado y pronto comenzó a levitar en posición horizontal junto al director que apenas y tenía la varita a la mano. Sabía que los alumnos estarían en el comedor y ninguno usa el camino a su despacho para llegar a sus salas comunes, por lo que ir con el menor de los Potter de ese modo fue simple.

Una vez en su despacho lo dejo en el pequeño mueble que tiene ahí, donde cabe perfectamente con la cabeza recostada en un cojín—Dumbledore no puedes... —el reclamó de armando Dippet se cortó cuando el cuadro se giró, imposibilitando al que está ahí de ver.

Muchos más reclamos de los directores se hicieron presentes, principalmente de , silenciados cuando sus rostros quedaban contra la pared y solos e ve el reverso de sus cuadros. Fawkes salió por la ventana, teniendo una especie de expresión ofendida.

—Todo fuera más sencillo si tan solo aceptaras ayudar, Harry. —suspiró con aire decepcionado.

Se sentó al borde del mueble y acaricio por un instante los labios del adolescente inconsciente... bajo la mano y abrió la camisa donde ve la marca tan similar a la que portan los Mortifagos en su antebrazo, sin embargo, está no cuenta con la calavera, sino que es una serpiente de aspecto elegante... que ahora se extiende lentamente.

El cuerpo se expande hasta rodear el torso de Harry y hacer un bucle en el pecho de este, donde está su corazón. Dumbledore no tiene idea de que significa eso, no está muy enterado del funcionamiento de los lobos. Aparte, no le importa de momento.

—si tan sólo entendieras que naciste para morir por los demás y Tom para dar a ver al mundo el mal que hace la magia oscura... Que niños tan ciegos. —terminó como si estuviera enfurruñado por ello.

...

¿Qué le ocurre mi señor? ¿Por qué sufre?

Los siseos de Nagini van a acabar por volverlo loco, no los soporta y realmente no soporta nada en este momento. Se quito la camisa húmeda de sudor y sangre que sale de la mordida en su hombro. Se abrazó a si mismo con el sentimiento qué están... apuñalándolo de alguna manera que es imposible de describir.

Harry tiene que ver en esto, es lo primero que viene a su mente y es lo único realmente factible y lógico. Intentó desesperadamente hacer conexión con él, asegurarse de que estuviera bien, pero no pudo. Fue como un chispazo que lo obligó a alejarse.

Ni se te ocurra.

Nagini se aferró a Voldemort para evitar golpear contra la pared por la energía despedida por el hombre. Apretó los dientes con expresión frustrada y adolorida, intentó de nuevo, enfocando cada parte de su mente y alma en hacerlo, en establecer, aunque fue e el más mínimo contacto, sin embargo, otro empujón.

No lo hagas, es suficiente...

¿Y quién mierda te crees para darme ordenes? Piensa lleno de ira por ese detalle, quiere desviar su atención a que Harry encontró una forma de sacarlo de su cabeza de forma muy eficaz. Aunque si debe describirlo... Es más como una barrera que lo protege a él de lo que sea que ocurra con el muchacho.

Ser protegido, menudo chiste ¿Cómo Lord Voldemort va a necesitar protección? Que insulto más grande, quizá un buen chiste si le queremos buscar lo bueno al asunto. Harry no lleva encima el diario, tampoco el guardapelo y está vivo porque de otro modo no podría hacerlo como eso.

Es tonto echar la culpa de todo, hasta del cielo azul y no verde, a una sola persona, pero en esta ocasión es extremadamente necesario y el único camino al cual recurrir: Dumbledore tiene sus arrugadas manos en esto, no hay otra opción rentable o considerable para esto. Por no decir que tiene la ligera impresión de que la expresión «Manos encima» es más literal de lo que desearía cualquiera.

Sobre todo, James Potter y debe dejar de preocuparse por ese niño, su familia, la gente en general ¿Qué coño le está pasando para sufrir semejantes cambios? Sea como sea, el asunto de Harry debe ser tomado muy enserio, de alguna forma el viejo debe saber que usándolo de médium puede lastimarlo y ya ha empezado con ese sádico proceso de uso para un fin.

Mira nada más, el mismísimo Ángel guardián haciendo actos de demonio. Ironías puras. Tendría que aguantar el dolor, pero no puede permitirse que ocurra nuevamente, ya va siendo hora de que la peculiar familia haga algo. Primero lo primero... Escribir una carta y segundo, torturar a Severus por incompetente.


— ¡¿QUÉ TIENES?!

—Hola papá, también te extrañe, gracias por no preguntar y hacerme saber que estoy fatal.

James está a nada de sufrir un maldito infarto y Sirius puede notarlos in mucha dificultad, pues el hombre nunca ha sido tan pálido como la cera ni busca apoyarse de nada para caminar. Harry casi parece estar en lo mismo, solo que peor y James haciendo competencia.

—antes que nada, intentamos que coma, pero se pierde. —avisó Draco, no vaya a ser que lo juzguen de inútil al respecto cuando se ha mal vivido en un intento de ayudar a la salud de Harry cada vez en mayor declive.

Sigue pareciendo que no ha comido decentemente en días -cosa que no es mentira, ojeras enormes, el cabello más alborotado que de costumbre, una palidez con la que parece estará punto morir y los labios en un tono purpureo, como si estuviera congelándose.

—No ha sido nuestro mejor año... —comenta Hermione, ojerosa.

— ¡Eso se nota! ¿Y dónde está el arete? —Harry hizo una mueca y se encogió en si mismo. Draco le dio un empujón muy suave.

—Hay mucho, MUCHÍSIMO que hablar y ya que estaré con ustedes hasta que se larguen a Bulgaria... andando, va para rato. —advierte. Harry lleva en brazos la jaula de Hedwig con la pequeña lechuza blanca acurrucada en si misma con el ala vendada.

...

— ¡SABÍA QUE ESTO PASARÍA DESDE LE MOMENTO EN QUE ASIGNARON A ESA HIJA DE PUTA! —Harry hacia mimos a su lechuza, manteniéndose casi ajeno a la conversación que se desarrolla en el comedor de Grimmauld Place.

—Harry no nos quiere mostrar su mano, siempre se la esconde bajo de la túnica. —acusa Hermione.

— ¡MIONE! —chilla jalando al manga de su sueter.

—Quiero ver.

—Papá no es-

—Dije que quiero ver. —ordenó con tal expresión que el muchacho se intimido, más de lo que ya está de por si.

Estiró la mano derecha donde ya queda la cicatriz con el par de frases que tanto ha escrito. Básicamente todo el pergamino que tiene se gastó en ello ya penas se pudo reabastecer en Hogsmade para hacer sus trabajos. James hizo vibrar toda la cocina con ver unos segundos la mano lastimada del menor.

—La voy a matar, me vale una mierda, la voy a-

— ¡WOW! Calmate...

— ¡¿CÓMO ESPERAS QUE ME CALME?! ¡¿TORTURAN A MI HIJO Y YO DEBO CALMARME!?

—suena tonto, pero piénsalo un poco—se apresura a decir Remus—. Eres un Potter, también jefe del departamento a falta de alguien más competente. Ella solo es una de las tantas empleadas de Fudge, si muestras lo que están haciendo se armara una muy grande... titánica.

— es hacía Harry, el hombre lobo que tiene hecho un saco de mierda en el- ay... —Harry hizo un puchero, habiendo golpeado a Draco en el costado.

—No me ayudes tanto...

—sí lo hizo con uno, lo hará con otro ¿No han visto algo así con otros?

— ¿con otros? Nos odia, literalmente nos hace escribir ensayos de un metro con respecto a porque el ministerio es fenomenal. Aparte de que castiga alumnos por confesar misteriosamente... Todos dicen beber el té. —comenta Hermione.

—Severus tiene Veritaserum ¿cierto? —James asintió, tamborileando los dedos. Sirius chasqueó la lengua—. Es ilegal también...

—Lo van a esconder, no llegara al profeta ni de chiste. —Harry hizo una mueca extraña, una sonrisa hueca junto a una mirada en blanco, daba un poco de miedo.

—Quizá al profeta no, pero... —parpadeo seguidamente, como si coqueteara con Hermione y causando que Draco pusiera los ojos en blanco. Ella abrió los ojos y la boca, ofendida.

— ¡No! ¡Por supuesto que no!

— ¿Qué pasa...? ¿de qué me estoy perdiendo? —Sirius intercalaba la mirada en ellos, confundido.

—de que podemos pedirle el favor a Luna—ronroneo Harry y Hermione golpeó su cabeza contra la tabla de madera—. Hermione aborrece El quisquilloso.

— ¡Es ridículo!

—Es una muy buena opción.

— ¿¡Y lo apoyas!? —exclama viendo incrédula al último varón de los Black.

—No te estreses, de algún lado sacó Harry la inventiva. —suspiro Draco y Remus no hizo otra cosa que negar con la cabeza. Ahí queda claro que unos son el reflejo del otro.

Harry tenía la ligera impresión de que su padre le estaba ocultando algo, como si en el fondo, haber notado su mal estado más que sorpresa, provocaba una rabia tal que lo hace meditar en eso que lo informo. La pregunta es ¿De donde pudo saberlo? Él no se lo dijo, no tenía como.

— ¿te has sentido mal de nuevo? —interroga en voz baja, Harry ladeó levemente la cabeza, un tanto sorprendido por la pregunta repentina.

—si, pero no es... nada. —miente viendo a otro lado, James baja la mirada y aprieta los puños.

...

—Son almas gemelas, fuera el colmo que no se hubiera en-

— ¡me vale mierda que sean almas gemelas, Remus! Ya... Ya no sé que hacer. Ni siquiera Dumbledore tiene límites, es como si todo fuese negro y uno apenas es un tono más oscuro que el otro. —James está a punto de arrancarse los cabellos del estrés. Aparte, Sirius le ha arrebatado los cigarros para impedir que se destroce los pulmones.

—Esto es lo que ocurre siendo Neutrales, no me imagino que ocurre si te afilias a alguno—suspira Sirius con pesar—. Sin embargo, Voldemort no puede herir a Harry, por ende, sus seguidores tampoco...

— ¿Enserio estás insinuándolo? —el de gafas lo mira incrédulo.

— ¡solo hablo de pros y contras, espera a que termine! —replica con gesto infantil—. Ahora... Hay más chance en el bando del mal... al menos si queremos que Harry pare de sufrir.

—Pero sería traicionarnos a nosotros mismos, no es algo tan sencillo. —susurra Remus incómodo.

No, nunca lo es, pero es una recomendación. Por su bien y el del niño, deberían abandonar esa postura tan poco confiable.

Los tres se sobresaltaron, frente a ellos había una especie de espejismo de un hombre un tanto extraño, se ve pálido y apenas desmejorado, aun así, las facciones elegantes no han desaparecido. Amplía la sonrisa por la expresión de los tres hombres.

No estoy aquí, solo soy un mensajero. Ahora, Potter... ¿Qué tanto te interesa tu hijo? —inclinado hacia adelante busca la mirada del auror—. ¿Pretendes que continúe bajo el lindo cuidado de Dumbledore? No te sabía así, pensé que lo amabas.

— ¿Qué se supone que sabes de lo que ocurre ahí? ¿¡Como se que no me estas mintiendo?! —hizo un gesto fastidiado.

No es la primera vez que el anciano lo hace. Sabe a quiénes pegarse como una sanguijuela. Tu pequeño es un arma contra mí, mejor dicho... un medio para llegar a mi. Su daño lo siento yo po razón que no interesa, por lo tanto...

—Lo lastima para que tú lo sientas... —culminó a poco de caer al suelo sentado.

Exactamente. Ya que es una guerra solo importa ganarla y ya de paso, la fama. Revisa a tu niño, quién sabe qué nueva herida tenga, hay una forma muy curiosa de romper las almas más allá de matar... el lobo debe saberlo.

Se esfumo, James y Sirius esperaron a que Remus hablara, igual de temerosos a que la sospecha obvia a aquello fuese real. Se relamió los labios y vio sus manos, jugando con la tela de su ropa—En el momento en que se es consiente de un ultraje... el alma se rompe—. Dice en voz muy, muy baja.

— ¿Qué pasa si no lo sabe?

—Es como una grieta, sana con el tiempo, pero se puede llegar a sentir incómodo y en peligro con la persona que lo hizo. —James se restregó la cara con ambas manos, dejando los lentes redondos a un lado. Tomó lugar en la mesa que hay en la habitación.

— ¿Qué hago entonces...? Resulta que hay un pedófilo en Hogwarts, una torturadora y mi hijo va a llamar a el mago más oscuro de todos durante el Moon Howling...

—atendamos un tema a la vez. Lo más próximo es el aullido, así que mientras lo mantengamos alejado compraremos tiempo. —indicó Remus.

James soltó un circulo de humo, un truco aprendido tras tanto fumar los últimos días. Sirius le palmeó la espalda, sabiendo lo estresado que esta su amigo por la preocupación en Harry; no lo culpa, él estaría mucho peor y si estuviera solo sería aun más grave el asunto. Algunas veces se llegaba a imaginar que hubiera ocurrido si James también hubiera muerto aquella noche junto a Lily...

¿Qué hubiera sido de Harry en esa situación?

Nunca llegaba a una conclusión aceptable, principalmente por hacer una especie de rabieta cual niño pequeño porque la idea no le gusta. Remus miró inquieto a la puerta, como si alguien fuera a entrar. Que Voldemort se apareciera tan campante no fue raro, no después de la cara que este mandó con una lechuza pequeña y de aspecto tropical.

En ella advertía de que Harry está en problemas con Dumbledore, también con Umbridge y harían bien en mantener un ojo encima del adolescente por cualquier clase de comportamiento por común. Obviamente fue muy raro, pero por la forma en que llegó el ojiverde solo dio veracidad al pequeño escrito.

Se removió inquieto, es como si el mundo se hiciera cada vez más torcido y raro.

...

Vio con fastidio al muchacho dormido, en una postura un tanto incómoda y los lentes desarreglados en su cara. Los tomó y colocó en la mesa de noche, Harry se movió un poco ante el ligero movimiento. Resopló e intentó apretar el cuello del durmiente, sin embargo, acabó acariciándole el cabello.

Bajo la mano y descubrió el pecho pálido y lleno de marcas horribles sobre séquela figura de serpiente, arremolinando su cola en el pecho, como si lo protegiera. Una especie de morbo lo invade debido a esto, saber que de cierta forma es porque le pertenece lo produce.

Se asemeja de cierta manera a lo que sintió haciendo sus Horrocruxes, cuando eran aquellos importantes objetos de los fundadores... Es curioso, semejante a estar en presencia de un trozo de su alma.

—Tan vulnerable... —susurra con una sonrisa en los labios. Poco a poco se desvaneció y el guardapelo de Salazar adquirió un brillo donde se encuentra, bajo la almohada de Harry que se acomoda nuevamente en su cama.


Hermione no sabía que hacer para que la sensación de sofoco se fuera. Harry estaba horriblemente desastroso, por no decir que su actitud tampoco ayuda a su apariencia actual. Draco por otro lado, está más raro que nunca y no da una razón a esto.

En general, sus dos mejores amigos están en una situación irreconocible e insoportable para ella, que queda un tanto rezagada al respecto y no sabe si eso es malo la verdad. Ni siquiera comió, tenía la esperanza de hablar con él mientras comían, pero no, Harry está de peores pulgas que nunca en su vida y sus ojeras macabramente perfectas lo testifican.

Pensó en hablar con él en su habitación, quizá es que no quiere andar entre tanta gente y con la cara de sapo viéndolo, es lo normal, racional y únicamente verosímil que le viene a la mente de momento. La cena de bienvenida acabó y corrió tras Draco apenas vio que este se levanto a toda velocidad de su asiento, para extrañeza de su grupo en Slytherin incluso.

— ¿Qué pasa con...? ¿¡QUE RAYOS ESTÁ PASANDO!? —gritó espantada, Fred y George sostienen a Harry antes de que este decida arrancar la cara de Draco de un mordisco, sus ojos dorados son escalofriantes.

— ¡NO LOS ABEMOS! —responden a coro, Draco apenas se podía incorporar. Los gemelos perdieron al de cabello negro que se abalanzó de nuevo sobre Draco, presionando el cuello de este con el antebrazo y con una expresión iracunda.

— ¡Harry ya basta! —ordena Hermione.

— Por qué tienes el aroma de Greyback encima... —gruñó con voz glutural, Draco se encogió un poco—. ¡RESPÓNDEME! —Hermione los vio con sorpresa.

Draco desvió la mirada y apretó los labios, sintiendo el corazón azorado como nunca antes en su vida. Ni siquiera lo veía a los ojos, como si esto le trajera un gran sentimiento de culpa.

...

—Y así un pequeño dragón perdió todo su valor. El basilisco le gano. —tiró la pequeña pieza en el tablero de ajedrez. La reina blanca se mantenía a mitad del tablero, el rey blanco junto a la reina, una casilla más atrás, el rey negro frente a la más importante pieza. Solo hay una reina en el tablero y solo una hace falta.

Nagini siseó divertida por la expresión de Voldemort, sin dudas hacer insufribles las vacaciones de Draco fue un deleite... omitiendo el raro sueño de una fogata enorme de fuego mágico... ¿Por qué no investigaba al respecto? Quién sabe, lo que importa de momento es que el Dragón a perdido la partida y a la reina que tanto se ha esforzado por acercar.

Pobrecito... Él se lo buscó, que tonto el pequeño niño pensando que podría hacerse con su pertenencia más espontánea y curiosa. Ya vería las consecuencias de osadía.