Capítulo 5 El correr del tiempo

El verdor de las montañas volvia a aparecer ahora que el inclemente invierno se despedía y le cedía su momento a la primavera, sin embargo, la corriente fría aun obligaba a niños y adultos a resguardar su integridad con unas cuantas prendas de más .

La pequeña aldea se encontraba en una zona alejada de todo, en la parte mas norte de Suécia. Desde hace cuatro años, Nicola había establecido en ese lugar un refugio para magos, ha pedido del concilio. Desde el acontecimiento con los padres de Adalius, las cacerias se habían recrucido, llevando a clanes completos a "desaparecer" misteriosamente. El viejo regordete había cuidado de los niños prácticamente como si fueran sus hijos.

Adalius se había convertido en su mano derecha. Le ayudaba con la parte administrativa de los refugiados, ayudaba con las cosechas e incluso ayudaba a cuidar a los niños de las familias. El rubio, ahora de quince años, se había convertido en el ejemplo a seguir para todos los pequeños, y robaba suspiros a una que otra chica de la aldea. Aria ayudaba a Nicola y a Adalius en lo que fuera posible. Como experta con el arco, era quién dirigia a los cazadores para buscar alimento, ayudaba en la cocina y compartía responsabilidad con Adalius a la hora de cuidar y enseñar a los más chicos. La chica había abandonado su magia por completo, y era uno de los temas de discusión eternos con el rubio, ya que, aún con su magia disminuida, Adalius seguía practicando su magia de sanación, trayendole muchos problemas con la castaña. Aunque últimamente, no era el único tema por el cual peleaban...

Aria se encontraba mirando como las flores se mecían suavemente con la brisa de la primavera. Por sus mejillas corrían amargas lágrimas de celos y frustración.

-Tonta Aria...tienes casi dieciséis, años no deberías llorar por el idiota de Adalius - murmuraba mientras se limpiaba su rostro con brusquedad -Pero es que es tan idiota...como se atreve a sonreírle a esa chiquilla-

La de ojos grises recordaba con molestia como al entrar al salón común se encontró con un Adalius un tanto avergonzado y una joven que estaba declarando su amor por él. La niña era una de las que habían llegado hace poco. Según el señor Nicola, provenía de uno de los clanes franceses y su nivel de magia era bajo. Incapaz de permanecer en silencio, en ese momento, Aria dejó caer los jarrones que llevaba causando un gran estruendo. No supo si Adalius notó que era ella pero ahora solo deseaba estar sola. Repentinamente una voz la sacó de sus pensamientos causándole un sobresalto.

-Aria…- dijo el rubio con dificultad - Vaya eres demasiado rápida...tengo...tengo como veinte minutos buscándote. ¿Por qué te fuiste así tan repentinamente?-

-Oh por nada… no quería interrumpir tu pequeña confesión amorosa…- respondió de mala gana.

-Escuchaste a Marie… ¡Ay Aria! eres demasiado apresurada para sacar conclusiones-

-Me parecía muy obvio lo que sucedía… no creo que sean conclusiones-

El de ojos dorados sólo se limitó a ver el rostro de la joven. La conocía demasiado bien y sabía que había llorado, lo cual hacía doler su corazón. Con lentitud se sentó al lado de la chica, murmuró un suave conjuro y una hermosa corona de flores empezó a formarse alrededor de la cabeza de la de ojos grises.

-Aria… no discutamos por algo asi de nuevo-

-Adalius…-

-Aria… Marie es una gran joven pero yo no la amo-

-¿Ah?-

-Trataba de ser cordial con ella y explicarle que mi corazón le pertenece a alguien más-

Aria lo miró con sorpresa sintiendo que su corazón dejaba de palpitar por un segundo. -Y… ¿tiene nombre esa persona?- murmuró

-Claro que si… es hermosa, tiene un hermoso cabello castaño que me encanta, unos ojos grises para morirse, es inteligente, algo precipitada, amigable y muy amable. Además es mi mejor amiga y está sentada a mi lado- dijo con una sonrisa y un leve sonrojo.

-Adalius…-

-Aria…-

-Tonto...te tardaste mucho para esa declaración…-

-Siempre creí que tu serias la que daba la iniciativa… ya sabes que soy tímido-

-Aja si claro- respondía entre risas. Su corazón se sentía feliz y aliviado así que decidió ser impulsiva y darle un beso a Adalius que fue correspondido con igual intensidad. Aquella conexion eléctrica que sentían cada vez que se tocaban se agudizo con aquel beso que los llevo a separarse para tomar aire completamente sonrojados.

-Adalius… esto significa que…-

-Sí Aria… Quiero que seas mi novia-

Aria le dedico un gran sonrisa al rubio y lo abrazo con todas sus fuerzas. Había pasado mucho tiempo con sus sentimientos atorados en el pecho sin poder expresarlos

-Hablaré con Nicola apenas regrese- Adalius se levanto y le extendió su mano a la chica quién imitó el acto. Sin soltar sus manos se encaminaron de regreso a la aldea a terminar con los quehaceres del dia

-¿Sabes algo de él?-

-Ya debe de estar en Londres. Sin embargo, ni él mismo tenía claro el llamado del concilio-

Aria pudo observar como la mirada de Adalius cambiaba ante la mención del concilio. El chico tenia un gran conflicto interno entre no practicar su magia y los ideales que siempre habia albergado desde niño. Nicola no lo influenciaba, pues confiaba en la madurez del chico y en la decisión que tomara, sin embargo, ella siempre le sacaba en discusión el solo hecho de que usara magia de sanación. Para este momento, la chica decidió no decir nada, no quería comenzar su noviazgo con una discusión.

-Es probable que sea para traer mas refugiados- expresó Aria con una sonrisa, tratando de animar al rubio. El chico le sonrió de vuelta mientras asintia con su cabeza

… … … … … … … … …

Nicola caminaba por los amplios pasillos de uno de los castillos mas imponentes de Londres, sede del Concilio de Occidente y la principal biblioteca de magia de Europa. Había recibido una carta hace un mes por parte del consejo, donde exigía su presencia de inmediato, sin dar mayores razones. Nicola se mantenía a la expectativa, pues era la primera vez en cuatro años que era convocado de esta manera. Luego de unos minutos recorriendo la imponente estructura, el viejo regordete, ahora mas canoso, ingresó a la sala donde lo estaban esperando y con una leve reverencia saludo a los miembros del concilio

-Buenas tardes señor Nicola, es un placer verlo de nuevo luego de tanto tiempo-

-El placer es mío- contestó el de ojos verdes sonriendo -Señores y señoras, a que debo tan placentera audiencia-

-Primero queremos agradecerle por todo el esfuerzo realizado con el refugio. Gracias a usted, muchos clanes han podido subsitir o al menos salvar a alguno de sus miembros. Dicho esto, queremos saber cuál es el estado actual del mismo-

-Lo hago con mucho gusto. En este momento tenemos tres clanes mayores completos, veinticinco miembros de clanes medios y diez familias pequeñas de clanes menores, dos sin herederos mágicos -

Nicola vio como su respuesta hizo susurrar a los presentes como quién buscaba opiniones para tomar una decision.

-Necesitamos que siga manteniendo protegidas a esas familias, pero sepa que la misión en Suécia puede terminar pronto. Los trasladaremos, lo estaremos notificando-

-De acuerdo- asintió Nicola -¿que hay de los refugiados españoles? -

-Llegarán en cualquier momento de esta semana. Apenes lleguen puede usted partir con ellos de vuelta a Suécia -

-¿Los portugueses? -

-Decidieron viajar al nuevo mundo-

-¿Paris? -

-El clan Lecuyer notificó que tiene todo bajo control-

El viejo pensó un poco mas, tratando de recordar si no dejaba a nadie por fuera -¿Oriente? - terminó preguntando mas por curiosidad que por deber. El lider del concilio sonrió ante la pregunta

-Mientras los Li y los Xu esten al frente de oriente, nadie se meterá con ellos- contestó el líder mientras los demás miembros sonreían ante la respuesta. - tenemos otro tipo de información que talvez le pueda interesar-

Nicola, movido por la curiosidad, hizo un ademán para que prosiguiera con los datos

-Tenemos informacion de Florencia. Parece que hemos podido encontrar parte del clan Bernardini, el cual hasta donde nuestros registros datan, sería parte de la familia materna de la pequeña Aria-

La cara de Nicola se lleno por completo de emoción. El hecho de tener la mínima noticia de familiares de la pequeña lo llenaba de felicidad. Aún recordaba la misión en el mediterraneo con los padres de Adalius, donde encontraron a la pequeña niña inconsciente luego de la desgracia.

-Cuando tengamos alguna dirección o información mas exacta, le estaremos notificando-

-¡Se los agradezco mucho! Esto hará muy feliz a la pequeña- Nicola se levanto de su asiento en señal de retirarse finalmente de la junta.

-Nicola, hay un ultimo asunto- volvió a hablar el líder -El niño Smith, Adalius, debe ser entrenado. Sus poderes son muchos y es algo que necesitamos en el concilio-

El viejo regordete bajo su mirada. Adalius aun no superaba la muerte de sus padres, y Aria le recordaba todos los dias la desgracia de la magia. Sin embargo, Nicola también sabía que con el potencial mágico del rubio, podria hacer grandes cosas para bien.

-Tiene dominada la magia de sanación. Sin embargo debe ser decision de él volver a creer en los grandes beneficios de la magia-

-Sabemos que encontraras la manera- sonrió el líder - puedes retirarte-

Con otra leve reverencia, Nicola salió de la sala pensando que nuevos desafíos traeria el futuro

… … … … … … … …

Adalius corría de aquí para allá en la cocina mientras veía mortificado como su cena se iba por la borda. El día de hoy, Aria y él habían acordado tener su primera cita como pareja oficialmente. Si era cierto que antes habían ido de picnic o habían preparado un almuerzo sólo para ellos incontables veces pero el chico quería que la ocasión fuera especial. Atormentado mientras veía como la cazuela alzaba en llamas y el estofado favorito de Aria se quemaba, por tercera vez, decidió rendirse y sentarse a respirar un momento en la mesa del comedor.

-Rayos….no sirvo para estas cosas…- murmuraba. El rubio había querido preparar algo delicioso para Aria pero sus dotes en la cocina no eran tan buenos como los de su novia. Con energías renovadas decidió cambiar un poco los planes. El día era hermoso así que en una canasta para picnic guardó un poco de queso, pan, mermelada de arándanos y un poco de nata que había conseguido en el mercado local. No era el almuerzo que tenía planeado pero sonrió satisfecho al saber que no todo estaba perdido. En ese momento, los pensamientos del joven fueron interrumpidos al oir unos gritos en la planta superior.

-¡Aria!- gritó preocupado mientras llegaba corriendo a la habitación de la chica.

-¿¡Aria estas bien!?- exclamó pero sus mejillas se sonrojado al ver a su amada rodeada de varios vestidos y llevando solamente un camisón que le llegaba poco antes de la rodilla.

-¡ADALIUS! ¡LARGO!- gritaba avergonzada mientras le lanzaba a su novio lo que estuviera al alcance de su mano.

Logrando esquivar los zapatos, libros y vestidos que su amada le lanzaba, Adalius logró salir de la habitación cerrando la puerta detrás de sí.

-Yo...yo… ¡solo quería asegurarme que estuvieras bien…!- tartamudeo

-Estoy bien solo me estaba probando un vestido y resbale…ya casi salgo ¡NO ESPIES! -recalcó totalmente abochornada.

Al otro lado de la puerta, Aria trataba, sin mucho éxito, de calmarse después de esa interrupción. Si bien Adalius y ella habían vivido juntos toda su vida… ahora las cosas eran un poco diferentes. Se sonrojó aún más al recordar que hoy era su primera cita oficial y que el señor Nicola aún no regresaba de su viaje. -Mmm ahora entiendo porque desde que cumplimos los doce años nos dió habitaciones separadas- murmuraba, pero al ver por donde iba sus pensamientos se sonrojó aún más y decidió enfocarse en elegir que usar.

Adalius había decidido ir por un vaso de agua helada para calmar su corazón. A pesar de que casi queda inconsistente por culpa de un libro, el rubio mantenía una sonrisa tonta en la cara después de ver a su amada con las mejillas sonrosadas y completamente abochornada. -Es divertido verla perder así los estribos - murmuraba divertido mientras la escuchaba arriba buscar en toda su habitación algo que ponerse.

… … … … … … …

Después de quince minutos, la chica bajó luciendo un simple pero hermoso vestido blanco con pequeños bordados de flores en el cuello y las mangas. Además llevaba su cabello en una trenza dejando que su rostro resaltará aún más.

-¿Qué tal me veo?- murmuraba apenada

-Preciosa… casi me hace perdonarte por querer matarme con el zapato que me lanzaste-

-¡Nadie te tiene de mirón!-

-¡No!-

-¡Si!-

-Bueno pero no me arrepiento- exclamó el hechicero mientras le guiñaba un ojo a la chica y salía huyendo con la canasta de picnic.

-Adalius Schmidt… eres- gruñia mientras salía corriendo a perseguirlo.

… … … … … … …

La comida al aire libre había resultado mejor de lo que Adalius esperaba. La pareja había comido, reído e incluso había realizado una sesión de chistes malos que culminó al coronar a Adalius como el ganador.

-Sabes Aria…- dijo mientras disfrutaba las suaves caricias que realizaba la de ojos grises en su cabello.

-Dime…-

-Quizás suena tonto pero...estaba nervioso por la cita…-

-Adalius siempre te preocupas demasiado-

-No es eso...simplemente no se...temía que fuera diferente…-

-Si es diferente-

-¿A qué te refieres?-

-Es diferente porque podemos hacer esto- respondía mientras depositaba un suave beso en los labios del chico.

Adalius le dedicó una gran sonrisa mientras volvía a acortar la distancia para besarse de nuevo.

-Tienes razón… si es un poco diferente. ¿Sabes algo?-

-Dime…-

-Me gusta lo diferente-

Aria solamente le sonrío mientras le daba un beso en la mejilla. -A mi también-

... ... .. ... ... .. ... . .

El tiempo ha pasado un poco y nuestros chicos ya no son tan pequeños. Sospechaban de los sentinientos de Aria y Adalius?

Un capítulo con un poco de paz para el rubio

Volvemos el 25! Muchas gracias por sus reviews!