¡Hola~! Nios reportándose desde su trabajo con un nuevo capítulo. ¿Qué? Tengo bastante tiempo libre en mi trabajo, debo aprovecharlo en algo. (?) Espero que les agrade y disfruten la lectura.


Capítulo 3: Una mano amiga.

El desierto de Telián es el peor lugar del universo para perderse. Inmenso, árido e infernal, es una trampa para todo viajero que intenta atravesar toda su extensión sin ningún tipo de protección. Y era ella quien había cometido aquel error y se había atrevido a caminar bajo el abrazador sol. En medio del eterno Telián, era ella quien salía de lo común. Era el punto azulado en medio del icónico dorado de aquel desierto.

Llevaba caminando el día entero y ya no poseía fuerzas para continuar con su marcha. Sus pies ardían más a cada paso que daba y la piel desnuda de su cuerpo quemaba.

Atrás, en la lejanía, habían quedado la nave y la mortífera escultura de hielo que mantenía preso bajo el candor del cielo a dos cuerpos inertes. Despertarse y encontrarse con aquella escena había sido espantoso. ¿Quién había causado tal daño a dos pobres hombres? Claramente no se iba a quedar allí para averiguarlo.

- Debo encontrar… un lugar seguro… - Más cayó exhausta en la arena. ¿Por qué exhausta si sentía que había despertado de un largo sueño? - Proteger a… - Una de sus manos fue a parar a la gema que adornaba su collar. – Ayuda... – Su otra mano fue levantada buscando el auxilio de otra persona.

Telián es el peor lugar del universo para perderse.


Cuando abrió los ojos, se sintió aliviada de saber que ya no estaba en medio del desierto. Lo único malo era que no reconocía el lugar donde había despertado y vaya que la estaba molestando sentirse a cada segundo perdida y desorientada. Se percató que su cuerpo estaba cubierto por una delgada tela y que desde la ventana al lado de donde descansaba se podía apreciar el cielo nocturno. Pasados unos segundos, tomó asiento y observó a su alrededor. Allí la encontró, más interesada en lo que cocinaba que en la persona que tenía en su cama. Era una joven mujer de cabellera cobriza con brillantes ondas amarradas en una coleta. Cuando se dio la vuelta, vaya que se sorprendió de ver a la desconocida ya despierta.

- Eso fue más rápido de lo que esperaba. – Tenía una voz profunda. - ¿Te sientes bien? – No la conocía, le era una extraña totalmente, pero le sonreía amablemente, como si de una amiga se tratara. - ¿Hablas mi idioma? - Más la azabache no dijo una sola palabra. – Al parecer no tienes ganas de hablar. – Apuntó a un pequeño mueble que acompañaba la cama en aquella habitación. – Ibas desnuda por el desierto, cosa bastante osada. Te pude poner mi chalequillo para protegerte un poco, pero creo que con esa túnica estarás más cómoda. –

La desconocida levantó la sábana y observó su cuerpo, sonrojándose al notar que solo llevaba el chalequillo que había mencionado la otra mujer. Sin dudar tomó la vestimenta que acababan de sugerirle y se la puso rápidamente. La castaña no pudo más que reírse por la prisa que tuvo la otra chica.

- Tienes suerte de que haya encontrado una prenda vieja que no me quedaba. –

- Gracias. – Sintió que esa era la primera palabra que le decía a otra persona luego de mucho tiempo.

- No hay problema, realmente me preocupé cuando te encontré desmayada en medio del desierto. – La castaña volvió a su preparación, no sin antes presentarse con la desconocida. – Me llamo Makoto, ¿cuál es tu nombre? –

- … - Forzó la mente para llegar a recordar la primera letra. Le tomó tiempo, pero finalmente dejó fluir las palabras. – Me llamo Ami. -


Capítulo 4: Cosechando vida.

Hacer que del suelo de Telián crezcan brotes es una hazaña. Una que puede tomar años, décadas, centurias. Bueno, Makoto solo tuvo que tratar toda su vida. Veinticinco años trabajando la tierra que ella poseía, solo para que hace un par de meses comenzaran a crecer pequeños retoños. Aunque no fue solo mérito suyo, fue herencia de la ardua labor de sus padres, quienes murieron sin poder ver crecer nada en aquella maldita tierra.

- Finalmente… - Sus heridas manos bajaron y sostuvieron firmemente las hojas de una zanahoria. Luego, de un solo tirón, sacó el vegetal y la observó con orgullo. – Unas semanas más y podré venderlas. –

La joven habitante del desierto no era para nada tonta. Los vegetales, frutas y otros tipos de alimentos eran muy escasos en Telián. Aquel que podía sembrarlos y cultivarlos, podía también venderlos y ganar dinero.

- ¡Bien, mucho trabajo por hoy! – Tomó sus herramientas y las guardó en un cajón. Iría a buscar ropa y luego se daría un baño, ya que laborar tantas horas bajo el sol terminaban por dejarla con un olor algo molesto.

Apenas entró a la pequeña cabaña, sus ojos se desviaron a la cama. Allí estaba Ami, en la misma posición de hace dos días. La comida que le había pasado en la tarde seguía donde la había dejado, acompañando a la de ayer. ¡Las moscas realmente se estaban dando un banquete!

- ¿Tan mal cocino? - Si para ella sus preparaciones eran bastante buenas. - Quizás ya se murió y ni cuenta me di. – Eso explicaría su quietud sepulcral.

Se acercó hasta la cama y la quedó viendo nuevamente. Parecía estar respirando, bastante calmada su respiración. También calmada su expresión, su posición y aura. No estaba muerta, solo dormía.

- Debe estar muy cansada para dormir tanto. - ¿Quién sabe cuánto tiempo había estado caminando bajo el sol? Makoto la había encontrado casi al atardecer, cuando volvía de buscar agua del pozo. La encontró rodeada de aves de carroña que esperaban escuchar el último respiro de vida de la azabache, para después lanzarse a disfrutar de la comida del día. Realmente había sido un milagro encontrarla viva, recordando las condiciones en las cuales estaba Ami al momento de hallarla: Solo usando un collar, sin ropa, en medio del desierto. – Un collar bastante bonito. - El mismo que por la noche brillaba adornando la cabaña con tonos azulados. - Un collar bastante curioso... - El mismo que no era apartado de las manos protectoras de la azabache. - Un collar en forma de lágrima... - La castaña no pudo resistir la tentación de acercar sus dedos a aquella gema exótica.

- ¡Júrame que no dejarás que nadie ponga sus manos sobre la Lágrima Azul! – Las palabras resonaron como una alarma en su adormilada cabeza y cuando abrió los ojos, apenas pudo reconocer a la persona que deseaba tocar su más importante posesión. Solo atinó a impulsar su puño cerrado contra la figura e infligirle el mayor daño posible. El daño que sus pobres fuerzas pudieran provocar.

Makoto quedó atónita por la reacción. Ami también quedó sorprendida al ver que la persona a quien había agredido era la gentil castaña.

- ¡¿Así es cómo tratas a quien te recibe en su hogar?! - Gritó enfurecida Makoto. - ¡Graaah! - Pateó los platos con comida podrida tirándolos muy lejos. Sus ojos observaron con furia a Ami por última vez, para luego darle un golpe a la puerta y partir fuera de la cabaña. Ahora más que nunca necesitaba darse un baño, con mucha agua helada.


- No tienes idea de lo qué pudo haberle pasado a la chica allí en el desierto. ¿Quién sabe? Quizás hasta se aprovecharon de ella. - Conversaba con ella misma tratando de encontrarle sentido a la reacción de Ami. - Fuiste muy bruta... - Siempre lo era. - Debo disculparme con Ami. - Decidió luego del último balde con agua.

El baño le había ayudado a pensar mejor.


- ¡¿Dónde te metiste?! - Levantó la sábana del suelo y la buscó debajo de la cama. - ¡¿Ami?! - Tampoco estaba en su baúl de ropa, aunque dudaba que alguien pudiera meterse en un sitio tan pequeño. - ¡Realmente lo siento! - Desde el fondo de su corazón. Había entendido que no se podía esperar reacción amable de alguien que había vagado en el infierno que es Telián. - No me digas que... - Salió afuera de la cabaña y sus ojos se concentraron en el desierto. Los afinaba buscando algo diferente, algo poco común. - Debes estar bromeando. - Muy lejos, en una duna bastante apartada, se podía divisar un punto azulado. - ¿Qué tiene esta chica con perderse en el desierto? - Suspiró y luego fue en busca de su caballo.


- Perdón. - Dijo Ami viendo el plato de comida que sostenía sobre su regazo.

- ¡Da igual! - Makoto estaba sentada al lado de la cama esperando a que la chica probara bocado de lo que había cocinado. - Apenas lo sentí, pegas como un bebé. - Realmente sí lo había sentido, bastante, toda su alma ardió luego de ser golpeada por la menuda azabache, pero nunca lo iba a reconocer. - Ahora cómete todo, no voy a limpiar otro plato lleno de comida podrida. - Tampoco patearlo, ya que el suelo quedaba espantoso.

- ... - Ami comenzó a comer en silencio, sin ver a la castaña. Realmente tenía mucha vergüenza luego de lo que le había hecho. Pero cada vez que tenía entre sus manos su collar, escuchaba la voz de una mujer implorándole proteger la gema. ¿Quién era esa persona? ¿Por qué no podía recordar detalle alguno de su vida? ¿ Por qué era tan importante cuidar el collar? Eran tantas preguntas, demasiadas, pero ninguna parecía tener respuesta. No en su cabeza vacía de información.

- ¡Oye, vamos! ¡No llores! - La castaña usó la manga de su blusa para limpiar las lágrimas que Ami derramaba. - En serio, no sé qué pudo haberte pasado, pero no puedes echarte a morir. ¡Debes seguir adelante y comenzar una nueva vida! -

- ¿Dónde? No tengo lugar al cual ir, ni familia que me pueda amparar. Estoy sola... -

- No, no estás sola. - Makoto recordó lo que le había pasado cuando trató de tocar a Ami en la tarde, pero ahora que se atrevió a sostener una de sus manos, no recibió ningún golpe, solo la mirada dolida y confundida de la azabache. - Quizás pienses que soy una extraña, puede que desconfíes de mí, pero yo más que ser tu enemiga, deseo ser un apoyo. Alguien que te pueda brindar todo su conocimiento para sobrevivir acá en Telián. Si decides comenzar una nueva vida, te prometo estar a tu lado y ayudarte en lo que pueda. Si quieres terminar con todo, la puerta está abierta, vete a caminar por Telián y todo acabará al final del día. -

- ... - ¿Qué podía hacer ahora? Tenía la opción de vivir allí con Makoto y tener una vida dura, pero también llena de muchas gratificantes sorpresas. ¡Nada sabía de la vida en Telián y le causaba curiosidad aprender! Pero podía irse y morir, decisión complicada, pero final sencillo.

- ¿Qué dices? - Preguntó Makoto esperando una respuesta en especial.

- ... - Bueno, no tenía nada que perder. - ¡Quiero quedarme y serte de ayuda! ¡Enséñame todo lo que sepas! - Dijo sosteniendo entre sus temblorosas manos su collar.


Vaya, uno quedó más largo que el otro. Bueno, será. XD

Nuevamente muchas gracias a todo aquel que se toma el tiempo de leer. Ya saben, cualquier review será recibido con los brazos abiertos.

¡Suerte!