¡Hola! Primero que todo, quiero agradecer los dos reviews que me llegaron. ¡Son un impulso más para continuar con la historia! :) Y pues, eso era todo... ¡A leer!


Capítulo 5: El manantial eterno.

Ya había pasado una semana desde que aceptó vivir con Makoto. En esa semana la castaña pudo notar que Ami no recordaba nada de su vida. Por más que trataba de sacarle información a través de preguntas, la azabache a todas respondía con un movimiento negativo de cabeza.

- Aquel día llevabas ese collar en forma de lágrima, ¿sabes de dónde lo sacaste? – La nativa de Telián cargaba dos cubetas e iba por delante de su acompañante, quien la seguía a corta distancia.

- No lo recuerdo… - Era la respuesta que siempre daba la azabache.

Caminaban por lo que parecía ser un sendero hecho de piedras. ¿Destino? El pozo recurrente al cual Makoto iba a buscar agua.

- Está bien, supongo que te tomará tiempo recordar algo. – Llegaron al pozo y Makoto comenzó a bajar con cuidado la cubeta. – Ya ves, vivir en un desierto no es para nada sencillo. Debes caminar bastante para poder obtener una o dos cubetas con agua, los cuales no te alcanzan para el día. –

- Es por tal razón que yo también llevo un par. –

- ¡Exacto! – Sumando los de Makoto y los de Ami, serían en total cuatro cubetas llenas con fresca agua. Era una cantidad mayor, pero que tendría que ser repartida entre ellas y el caballo que la castaña tiene en su hogar. Además para regar el huerto, preparar las comidas, darse un baño, entre otras cosas. – Ahora que lo pienso mejor, tendríamos que haber traído más cubetas. – El agua seguiría siendo poca.

Makoto puso empeño para elevar la cubeta desde el fondo del pozo, pero grande fue su sorpresa al ver que venía vacía.

- ¡No puede ser! ¡No he subido ni una gota! –

- ¿Se secó el pozo? – Ami veía la preocupación en el rostro de la castaña.

- ¿Qué voy a beber? ¿Qué vas a beber tú?... – Cayó en sus rodillas y sintió como la arena comenzó a arder bajo ellas. - ¡El pozo no puede secarse, es el único lugar que conozco del cual podía sacar agua fresca! –

Ami no deseaba ver de aquella manera a Makoto. Se le notaba desesperada, tratando de encontrar explicación a lo sucedido con el pozo.

- ¿Qué puedo hacer? - Instintivamente una de sus manos fue a parar a la gema de su collar. - Carecer de agua es muy peligroso acá en Telián. - Fue en eso que una idea iluminó su mente. Ella misma pensó que no tenía sentido, pero una corazonada le decía que lo intentara. - Crearé un manantial. – Aseguró la joven.

- ¿Un... manantial? – Makoto se puso de pie abruptamente. – No quiero sonar descortés, pero lo que dices es una locura. ¡Es completamente imposible! – Quizás además de amnesia, Ami había quedado con alguna otra secuela en su cabeza. – No puedes hacer que en medio del desierto brote el agua como algo natural. Aquí, el agua es una rareza. –

- Mentira. – Ami apuntó a su collar. – La Lágrima Azul puede. –

- ¿Lágrima Azul? – Había dicho que no recordaba nada de su vida, ¿entonces cómo sabía el nombre de la gema?

La mirada zafiro de la azabache no se fijó en el pozo, sino más bien a unos cuantos metros al lado de él. Tomó posición y estiró las manos, esperando a que algo ocurriera.

- ¿Ahora qué haces? – Makoto se lamentaba de ver a la otra chica. – No hagas más tonterías… - Quedó muda con lo que apreció a continuación.

Del árido suelo comenzó a brotar lentamente el fluido vital que prontamente se convirtió en un gran chorro de agua naciendo en el lugar más hostil donde ésta pueda existir.

- ¿Qué eres tú? – Los ojos de la castaña no podían creer lo que veían.

- No lo recuerdo… - Fueron necesarios unos pocos minutos para que en frente de ellas hubiera un hermoso manantial de agua cristalina

El agua correría allí eternamente.


Capítulo 6: La bruja.

Sol abrazador se presentaba aquel día en los cielos de Telián. Pero aquello no era una sorpresa, ya que los 365 días del año Telián tiene el mismo clima. Más esa no es excusa para no salir a trabajar. Los vegetales del huerto tenían que ser cosechados prontamente o terminarían por secarse, así como todo lo que nace en aquel desierto.

- ¿Ya estás cansada? –Makoto lanzó un par de patatas a la canasta que Ami iba cargando.

- No, continuemos… - Acomodó la canasta entre sus brazos y suavizó la mueca de dolor que traía en su rostro. – Quedan muchos vegetales por recoger. –

- Se te nota a leguas que ya no puedes seguir. – La castaña decidió entonces dejar que la azabache fuera a descansar. – Ya hiciste bastante por hoy. – Su sonrisa no podía ser mayor al ver que la chica que hace una semana atrás había encontrado media muerta en el desierto, ahora estaba en pie y ayudándola en todo lo que podía. - ¡Hiciste un gran trabajo! –

- Gracias. – La joven del collar sentía que cada día se iba haciendo más común para ella el trabajo. – Si quieres, podría comenzar a preparar la cena… -

- ¡Eso suena estupendo! – Makoto había descubierto que la azabache aprendía muy rápido lo que ella le enseñaba. Le tuvo que mostrar una sola vez cómo se preparaba su famosísima sopa de raíces con carne seca y al otro día la chica pudo hacerla con el mismo sabor, textura y dedicación. – Podríamos también hacer pan, hace tiempo que no… ¿Qué te pasa? –

Ami tenía la mirada fija en el horizonte.

- Algo viene… - Dijo apuntando a la visible polvareda que se apreciaba en la distancia.

Makoto observó como la arena se levantaba muy lejos de su hogar. Raro, ya que sus vecinos más cercanos vivían a kilómetros. Rarísimo, ya que no tenían animales, ni carretas para hacer eso.

- Vamos adentro. –


Makoto no tenía pensado abrir la puerta a quien la golpeaba con todas las intenciones de derribarla, pero al ver que Ami se levantó de su lugar para hacerlo, le hizo una seña para que volviera a su tarea.

- Yo voy. – Se puso de pie y avanzó hasta la puerta. De todas las posibilidades que pasaron por su cabeza, abrir y toparse con guardias reales fue la que menos creyó posible. – Rayos... -

- Habitante de Telián, por mandato de la Reina se ha venido a revisar tu morada. Se sospecha que tienes bajo tu poder algo que nuestra señora desea. –

- ¿Están de broma? – La situación no le estaba agradando para nada. – Yo no tengo nada que… ¡Espera, no pueden entrar! – Makoto fue apartada con brusquedad y ambos guardias entraron a su hogar. Inspeccionaron el lugar hasta dar con la persona que buscaban.

- Buenas tardes. - Saludó cordialmente Ami al percatarse de la presencia de los hombres.

Era la chica que la Reina había descrito a todos sus servidores.

- Finalmente encontramos a la bruja. – Uno de ellos desenvainó su espada y se acercó peligrosamente a la chica del collar. – Vendrás con nosotros… -

- ¡NO! – Entre el guardia y la azabache se interpuso valientemente Makoto. Quizás sus piernas temblaban por el miedo de estar frente a un guardia armado y negarle rotundamente algo, pero su mirada flameaba con el deseo de proteger a la chica que se escondía detrás de ella. - ¡Ella no es una bruja! –

La risa socarrona del guardia no se dejó esperar.

- ¿Crees que el viento no llevó la noticia hasta los oídos de nuestra Reina? - El hombre de reluciente armadura sonreía detrás de su casco. – Ella puede hacer aparecer agua de la nada. – Dijo apuntando a Ami.

¿Cómo se habían enterado? Nadie más que Makoto había tenido la oportunidad de ver el milagro que Ami había realizado hace unos días.

- Entréganos a la chica por las buenas. –

- Debemos llevarla ante la Reina. -

Ambos guardias trataron de agarrar a la joven del collar, pero sus manos fueron agarradas antes de que pudieran posarse sobre ella.

- Joder… - Su voz tembló, pero su espíritu se agitó emocionado. - ¡JODER! – Makoto había detenido nuevamente a los guardias. Sabía que era un grave error, pero no se arrepentía. - ¡Ya les dije que no se la van a…! – Un certero golpe en la cabeza, propinado por uno de los guardias, fue lo necesario para acallar a la castaña. Cayó al suelo retorciéndose de dolor y gritando con todo su ser al verse herida. Su vista se teñía de rojo, siendo cegada por su propia sangre.

- Maldita traicionera. - Uno de los hombres levantó su espada. – Te llegó tu hora... –

- ¡NO! – Púas gruesas, tan sólidas como el acero, aparecieron dentro de la cabaña. Atravesaron todo a su paso, también las armaduras de ambos guardias. Eran de hielo, como las que había visto en el desierto. Sonrió apenada, ya que se acababa de dar cuenta que hasta la fecha, ya había matado a cuatro personas. – Realmente soy una bruja… - Ami lloraba sobre el cuerpo de Makoto.

- No lo eres… - Dijo apenas la otra chica. – Eres la salvación de este planeta. - Sangre corría por el suelo, parte era de la castaña, el resto era de los cuerpos empalados en las estacas de hielo.


Bueno, creo que quedó menos extenso que el anterior. ¡Soy una buena Nios! :)

¡Gracias por leer! ¡Suerte!