¡Wow! Lamento no haber actualizado antes, pero estuve de viaje y estos últimos días he tenido que atender asuntos de la universidad. De todas formas, acá tienen dos nuevos capítulos. :)


Capítulo 9: Al final de la tormenta.

En el desierto la arena está viva. Se mueve, pero no independientemente, sino siempre y cuando el viento se lo pida. Danzan entre ellos y se divierten, pero cuidado siempre debes tener, ya que la arena celosa es. Cada vez que la deseas ver danzando con el viento, te ciega, haciéndote el rumbo perder.

- ¡La tormenta está empeorando a cada segundo! – Makoto trataba de asegurar con una cuerda todas las cosas que traían en la carreta. Ami estaba a su lado, cubriendo con una manta a los roedores dorados que las acompañaban.

- ¡Makoto, detén al caballo! – Gritó la joven, pensando en la estabilidad del animal. - ¡Debemos buscar un lugar para guarecernos! –

La castaña hizo caso a su compañera y fue en busca de la correa del animal, pero grande fue su sorpresa cuando notó la falta del caballo en el extremo de la carreta.

- ¡Tengo una mala noticia! – Makoto se devolvió y tomó asiento junto a la otra chica.

- ¡¿Qué ocurre?! –

- ¡No hay caballo y creo que estamos atrapadas en medio de la tormenta! –

- ¡Pobre caballo! – Claramente Ami estaba más preocupada del animal que de ellas mismas.

- ¡Pobre de nosotras! – Dijo Makoto. - ¡Sin el caballo no tenemos donde ir! –

No era bueno quedar atrapadas en una tormenta de arena, era muy peligroso y sus vidas corrían peligro. Pero sin el caballo, las posibilidades de salir de allí eran igual a cero. En medio de aquella danza mortal, Makoto y Ami se preguntaban si había manera alguna de escapar.

- Deben estar por allí. -

Desde el cielo se escuchó un graznido potente. Ambas chicas pensaron que el desierto les estaba jugando un truco, ya que juraban ver sobre ellas volar un ave negra.

- ¿Un cuervo?– El animal hacía círculos en el cielo y no paraba de hacer ruidos, tratando de llamar la atención de las jóvenes. – Quizás si lo sigo, finalmente podríamos salir de acá…- Makoto tomó una drástica decisión. - ¡Me bajaré a tirar de la carreta! –

- ¡Ni lo pienses! – Ami no iba a dejar que su compañera hiciera tal locura. Cuando la vio levantarse de su lugar, sostuvo una manga de su blusa y la retuvo dentro de la carreta. - ¡Puedes salir lastimada! –

- ¡Pero si no hago algo podríamos morir las dos! – Con un solo movimiento de brazo se soltó del agarre de Ami y bajó de un salto de la carreta. Corrió al frente, tomó con ambas manos la cuerda que antes tiraba el caballo y fijó su mirada en el ave. - ¡Sácanos de acá, te lo pido! –

- Fobos, tráelas hasta acá.

La castaña comenzó a empujar con toda la fuerza que poseía. Era una tarea titánica, pero la idea de salir de la tormenta y estar a salvo junto con Ami la llenaba de determinación.

- ¡Pero sin todos los roedores que llevamos de seguro sería más fácil! – Makoto sintió que de pronto el peso de la carreta se le hacía menos complicado de arrastrar. Cuando miró a su lado, era Ami quien estaba ayudándola a tirar.

- ¡¿Qué haces acá?! –

- ¡Quizás no sea tan fuerte como tú, pero con mi apoyo, nuestras oportunidades de salir ilesas de la tormenta aumentan! – Después Ami miró la carreta y observó con ternura a los roedores que las espiaban. - ¡Además, la idea de traerlos fue mía! –

– Eres muy divertida… -

- ¡¿Cómo dices?! – Si no gritaban, el viento y la arena se llevaban sus palabras.

- ¡Dije que vamos a seguir a ese cuervo y saldremos vivas de esta tormenta! –

- Las estoy esperando.

Ambas pusieron todo de sí para seguir adelante. El calor que hacía dentro de la tormenta las sofocaba, pero se alentaban una a la otra para continuar. No se darían por vencidas, ya que tenían una meta que alcanzar: Lebiatis.

- ¡No sé si es la salida o que ya me estoy muriendo, pero puedo ver luz a lo lejos! – Makoto esperaba que fuera lo primero, ya que morir no estaba dentro de sus planes.

- ¡Y puedo escucharte más claro! – Le aseguró Ami. - ¡Debemos estar dejando la tormenta! –

El ave volvió a graznar y aumentó su velocidad de vuelo. Las jóvenes notaron el cambio y decidieron redoblar esfuerzos, para no perderlo de vista. Luego de varios minutos, finalmente el cielo tomaba su normal color celeste y la arena se quedaba estática bajo sus pies. Habían salido de la tormenta y estaban a salvo.

- ¡Agh! – Ami cayó exhausta al suelo y respiraba con dificultad, pero más allá de eso, daba gracias de estar viva.

- ¡Lo hicimos! – Makoto más feliz no podía estar. - ¡Le ganamos a la tormenta! –

Ninguna se había percatado de la presencia del cuervo al lado de ellas hasta que el animal chilló y lo vieron posado en la carreta.

- Pequeño amigo, te debemos la vida. – La castaña estaba pensando seriamente en adoptar al cuervo. – Un animal como tú nos podría servir de mucho... – Sin prestarle atención, extendió sus alas y emprendió vuelo. - ¡Espera! – Fue entonces que Makoto pudo verlo.

A pocos kilómetros de donde estaban se erigía una enorme edificación. Ninguna sabía de qué se trataba, pero el cuervo voló hacía allá.

- Quizás sea su hogar. – Dijo Ami apuntando hacia la gran construcción.

- Vamos, parece que el cuervo todavía no nos deja de guiar. – Makoto recogió la cuerda para tirar la carreta. - ¿Me ayudas de nuevo? – Preguntó, sonriéndole a Ami.

- Por supuesto. –


Capítulo 10: El templo en el desierto.

Abandonadas en el desierto hay muchas edificaciones. No son de nadie más que de la arena y el sol, únicos habitantes de sus pasillos y habitaciones. Se levantan solitarios, esperando a que alguien les brinde un nuevo uso. Pero algunos pueden solo aparentar el abandono, ya que para sus moradores es mejor pasar desapercibidos.

Makoto y Ami habían llegado hasta una enorme puerta de madera y observaban el descuidado edificio frente a ellas.

- El cuervo voló hasta acá y entró por una de las ventanas. – Dijo la joven del collar. – ¿Vivirá con alguien acá? -

- Pues debemos golpear y ver si alguien nos recibe. – La habitante del desierto golpeó la gran puerta repetidas veces. - ¡ABRAN LA PUERTA! –

- Makoto, esas no son maneras de llamar. – Reclamó la otra chica.

- ¿Y cuál es la mejor manera para ti? –

- Deja que te muestre. – Ami golpeó despacio. - ¡Buenas, necesitamos ayuda! –

Makoto no iba a ser tan cortés como su compañera y no se iba a quedar esperando.

- Voy a darme la vuelta y ver qué hay. – Dijo apuntando para el otro lado de la construcción. – Tú sigue golpeando y espera a ver si te abren. – La castaña partió a toda prisa y rodeó el lugar, tratando de encontrar alguna entrada u otra puerta para golpear y gritar. - ¡Allá hay algo! –

Frente a Makoto apareció un establo de madera. No era tan grande como la otra edificación, pero parecía lo suficientemente amplia como para dejar la carreta. Además, habían varios corrales, perfectos para dejar descansando a un caballo.

- Si es que tuviera uno. - En eso escuchó un relinchar conocido. – Espera un momento… – Lo reconocía, ese era el relinchar de su caballo. - ¡Ese es mi bebé! –

Buscó entre los corrales y lo halló en uno, recostado sobre mucha paja y siendo acompañado por una joven misteriosa, quien al ver a Makoto, se puso de pie y dejó al animal de lado.

- Ups. – La castaña se quedó quieta, esperando a que la desconocida dijera algo o la atacara.

- ¿Es tu caballo? – Preguntó la chica.

- … - No respondió. - … - Y no pensaba hacerlo hasta saber quién era la tipa y qué hacía con su caballo.

- Lo encontré perdido y lo traje hasta el establo. Tenía un corte en su cuello, así que lo traté y ahora descansa. – Bueno, eso respondía una de las dudas de Makoto. – Y me llamo Rei. –

- ¡Vaya, lees mente o qué! – La castaña finalmente habló. – Gracias por haberlo rescatado, se me perdió en medio de la tormenta. –

- Ya lo sé. –

- ¿Cómo? –

- Nada. – La misteriosa joven se apartó y dejó que dueña y animal de reencontraran.

- ¡Mi bebé! – Makoto se tiró en la paja y abrazó a su caballo. - ¡Pensé que te había perdido para siempre! – El animal relinchó luego de escuchar las palabras de su dueña, como si le estuviera respondiendo. - ¡Sí, ya sé que me amas! –

Rei sonreía mientras veía la interacción entre el caballo y la castaña.

- ¿Makoto?... – Desde la entrada del establo se pudo escuchar la voz de Ami. - ¿Dónde estás? Nadie abrió la puerta y creo que deberías volver a gritar. –

- ¡Ami, mira a quién encontré! –

- Ya voy. - La joven avanzó por el lugar, pero al ver aparecer a la desconocida, se quedó estática. ¿Dónde estaba Makoto?

Tenía cabellera negra larga, ojos amatista y piel de porcelana, casi tan blanca como la de ella. Sus ojos parecían estarla analizando de pies a cabeza, serios y cortantes, mirada intensa que le provocaba escalofríos. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué la veía de esa manera? Ami atinó a tomar con una de sus manos su collar y cubrir con la capucha de la túnica su cabello.

- ¡Ami! – Entonces, después de la desconocida chica, apareció Makoto. – Mi caballo está vivo. –

- ¿Está vivo? – Reaccionó la joven del collar y miró a su compañera, sintiéndose más relajada.

- Rei, a quien ves acá, lo salvó y curó. – La castaña se acercó hasta el lado de la peliazul. – Deja que te presente a Ami, mi compañera de viaje. –

- Mi nombre es Rei, un gusto conocerte. – La pelinegra estiró su mano, esperando a que la otra chica recibiera su saludo.

- El gusto es mío. – Aceptó el saludo y sus manos se encontraron. – ¿Qué me ocurre? Su mirada me hace sentir nerviosa.

- ¿Qué es esta sensación? Ella tiene una energía diferente. – Ni sus manos, menos sus ojos se apartaron del contacto que mantenían. Era extraño para ambas, pero parecía que cada una había descubierto en la otra algo interesante.

- ¡Yo me llamo Makoto! – Dijo la castaña también presentándose, pero resultando ignorada por la misteriosa joven. – ¿Hola? - Notó que aquel saludo estaba durando más de lo necesario. – Oye, Ami necesita su mano de vuelta. – Trató de sonar amable, pero en el fondo estaba algo molesta.

- ¿Ah? – Rei se percató que seguía sosteniendo la mano de la otra chica. – ¡Disculpa! – Entonces liberó a la peliazul. – Algunas veces me quedo pensando y no presto atención a lo que hago. – Sonrió apenada.

- Como sea, ¿podrías decirnos dónde estamos? – Preguntó Makoto a la misteriosa Rei.

- Sí, están en el Templo del Sol... – Respondió dirigiéndose a la entrada del establo. – Y las estaba esperando. – Dijo para después perderse de la vista de ambas.

- ¿Esperándonos? – Eso sin duda había sonado raro para ambas.


Bueno, espero que mi cabeza me ayude en estos días para tener la nueva actualización lista.

¡Gracias por leer!