¡Hola! Aquí he llegado con un nuevo capítulo. De antemano, agradecer a los que han dejado un review. ¡En serio! Son de lo mejor. :)
Capítulo 11: La sierva del sol.
La eternidad existe en Telián, pero no es natural de aquel desierto. No, eterna vive en el cielo la Diosa del Sol, la única a quien Rei sirve. Por años ha entregado su vida a seguir sus enseñanzas, todo para alcanzar la iluminación máxima y la paz interior. Algunos dirán que no tiene sentido creer en el sol, pero en algo deben creer los habitantes de Telián, ya que sin fe, no tienen esperanzas para seguir viviendo en aquel terrible lugar.
- El templo fue construido hace aproximadamente ciento sesenta y cuatro años. Está hecho de piedra blanca, la más resistente del desierto y se ha conservado intacto hasta la fecha. - Rei iba caminando delante de Makoto y Ami contándoles detalles de su hogar. - Se compone de cuatro pisos y tiene cerca de cien habitaciones, entre ellas comedores, bibliotecas, salones de entrenamiento, meditación y oración. –
- Y si es tan grande e importante, ¿por qué no sale en el mapa? – Preguntó la castaña revisando uno.
- No me gusta aparecer en los mapas. – Dijo la dueña del templo. – El templo está situado en el sector este de Telián. ¿De dónde vienen ustedes? –
- Del norte. – Respondió Makoto.
- ¿Y qué hacen por estos lados? Están muy lejos de sus tierras. –
- Íbamos a Lebiatis, pero en el camino nos topamos con una tormenta de arena y nos perdimos. – Makoto tendría que hacer de nuevo una ruta de viaje para llegar al gran oasis. – Llegamos hasta acá gracias a un cuervo. –
- ¡Fobos! – La pelinegra llamó a su mascota y el ave apareció volando por el pasillo. Cuando llegó hasta donde estaba su dueña, se posó majestuosa en su brazo. – Yo la envié a ayudarles. –
- ¡¿En serio?! – Preguntaron las viajeras sin creerlo.
- Sí, ya que tuve una visión de ustedes en medio de esa tormenta. – Rei tenía varios secretos muy interesantes. – Tengo otra llamada Deimos, pero a esa le gusta pararse en el techo del templo a hacer guardia. –
- ¡Qué bonita! – Ami parecía muy interesada en las mascotas de la pelinegra.
- ¿Quieres acariciarla? – Rei acercó al cuervo a la joven del collar. – Es bastante mansa. –
La peliazul tocó la cabeza del cuervo y luego le rascó cariñosamente. Era increíble que un ave de ese tipo estuviera domada, sin duda Rei tenía una conexión bastante especial con aquellos animales.
- Ya se está haciendo tarde y no creo que deseen andar por la noche en el desierto, sabiendo que su viaje a Lebiatis acaba de alargarse aún más. – La joven del templo sabía muy bien qué hacer en una situación tan adversa para un par de viajeras. – Puedo ofrecerles una cómoda habitación a cambio de una módica cantidad de dinero. –
Eso sonaba bastante para las otras dos.
- ¿Y de cuánto estamos hablando? – Preguntó Makoto.
- Treinta piezas de oro… -
- ¡Pero eso es mucho! – Reclamó la castaña. - ¡No puedo darme el lujo de pagar tanto! –
- Bueno, el establo también es cómodo. – Rei estaba dispuesta a pasarles el establo gratis.
Ami se acercó a uno de los oídos de su compañera y susurró algo.
- Makoto, no quiero ser demandante, pero preferiría dormir en una cama antes de hacerlo en un montón de paja. –
- Está bien. – Entonces ganaba la idea de la habitación. Aunque realmente no podía gastar mucho dinero, ya que tenían que pensar en su estadía en Lebiatis. Por suerte, Makoto sabía negociar muy bien. - ¿Qué te parece si hacemos un trato? –
- Te escucho. – Rei siempre estaba interesada en hacer tratos.
- Puedo darte 20 piezas de oro y pagarte el resto con 3 cajas de vegetales. – La oferta de Makoto ya estaba hecha, ahora esperaba que la pelinegra aceptara.
- Cuatro cajas. –
- Mmm… – No, hacer negocios realmente no era lo suyo. – Está bien. –
Entonces en el rostro de Rei apareció una gran sonrisa de triunfo. Estiró su mano y selló el trato con la otra chica.
- Iré a buscar la llave de su habitación. – Partió dejando a las otras dos.
- Y así es como pierdes la mitad de tu mercancía. –
- Realmente lo lamento, Makoto. – Ami se sentía mal de haber optado por la habitación. – De seguro la paja habría sido cómoda. –
- La paja es para caballos, Ami. –
La habitación asignada para las viajeras estaba en el tercer piso y nadie le podría sacar de la cabeza a Makoto que ésta era la manera de vengarse de Rei por haber pagado con poco oro y vegetales.
- ¿Quedó algo más en la carreta? – Preguntó la castaña a su compañera.
- No, esas son nuestras pertenencias. – Dijo apuntando a lo que cargaba Makoto. - Pero los cajones quedaron allí, ¿crees que deberíamos ir a buscarlos –
- No lo creo, somos las únicas acá. -
Llegando a la habitación, la castaña dejó los bolsos en el suelo y buscó la llave para abrir.
- Permiso. – Ambas chicas tuvieron que dejar pasar a un hombre alto. El tipo quedó observando a Ami por unos cuantos segundos antes de seguir con su camino.
- Al parecer no somos las únicas acá. – Dijo la joven del collar.
- Ya me di cuenta. – Makoto no se sintió muy feliz con la presencia de alguien más en aquel templo, pero ella no podía opinar, no era la dueña del lugar. – Vamos por los cajones. -
Capítulo 12: Un invitado menos.
La hora de la cena llegó y Rei, siendo ayudada por Makoto, prepararon una rica comida para disfrutar. Solo eran cuatro las personas en aquel templo, así que actualmente no era mucho lo que habían preparado.
- ¿Dónde aprendiste a cocinar tan bien? – Preguntó la dueña del templo a la castaña.
- Aprendí por unos libros que tenía en mi hogar. – Dijo la joven probando de su comida. – Pero no fue algo instantáneo, fue cosa de años. –
- Ya veo. – Los ojos de Rei luego se fijaron en Ami. - ¿Y tú qué sabes hacer? –
- "Hacer aparecer púas de hielo y crear agua..." – Claramente no iba a decirle eso. – Sé sembrar y cosechar. –
- ¿En serio? Eso es muy genial. – Y también poco común, recordando que Telián es un desierto maldito. – ¿Tienes familia? ¿Alguna tierra allá en el norte? –
- Bueno… - Los ojos de Ami saltaron a ver a su compañera. – Makoto es lo más cercano que tengo a una familia. –
- ¡Gracias! – La castaña se alegraba de escuchar eso. - Entonces, si somos familia, mis tierras son tuyas. –
- ¿En serio? – Eso era muy gentil por parte de Makoto. – Pero las abandonamos y deben estar descuidadas ahora. –
- No te hagas problemas. – Dijo la otra chica. – Cuando todo haya acabado, volveremos y cuidaremos de nuestras tierras. –
Rei simplemente las escuchaba con una sonrisa en su rostro. Algo había sentido entre esas dos chicas, una muy buena conexión. Algo simple, pero muy fuerte.
- ¿Y tú tienes familia, Rei? –
Entonces la sonrisa que traía desapareció.
- No, estoy sola. – Dijo la dueña del templo. – Pero en el pasado pude vivir con todos mis hermanos acá. –
- ¿Tenías muchos hermanos? – Preguntó Ami, curiosa de saber más sobre la pelinegra.
- Cientos. –
Makoto escupió su sopa.
- ¡¿Cientos?! – Esos eran muchos hermanos con los cuales vivir.
- Sí, todos vivíamos felices aquí en el templo. – Rei se puso a reír por la expresión que tenían ambas chicas. – No hermanos de sangre, me refiero a gente que profesaba mi misma religión. –
Makoto y Ami ahora entendían perfectamente.
- El Templo del Sol acá en el este era uno de los más gloriosos de todo Telián. – La joven recordaba memorias de un pasado hermoso. – Vivíamos bajo las enseñanzas de mi abuelo, un hombre sabio y cariñoso, de buen corazón. Estábamos en paz con todos los reinos de los oasis, menos con uno. Aquel que nos persiguió y aniquilo, ya que no aceptamos subyugarnos ante la reina de aquel oasis. Éramos miles, pero ahora quedamos pocos, entre ellos yo, la única habitante del Templo del Sol del este. –
- Rei… -
- No se preocupen, es un asunto que dejé en el pasado. Con ayuda de mi Diosa, maduré y perdoné. – La joven se percató de que su comida ya estaba fría, así que prefirió continuar con la conversación. Sus ojos se fijaron en Ami y buscó las palabras adecuadas para decir lo que traía en su cabeza. - Debo reconocer que quedé maravillada contigo. –
Makoto se estaba hartando de escupir su sopa.
- ¿Cómo? – Preguntó Ami sonrojada.
- Pareces una princesa. – Las acciones de Rei y sus palabras eran seguidas fijamente por la castaña. – Además, tu cabello es muy exótico. Azul, como el mar que antes existía en Telián. – Incluso intentó tocarlo, escondido en aquella capucha, pero Makoto no la dejó.
- ¿Azul? El cabello de Ami no es de ese color. – Reía nerviosa. – Ella lo tiene castaño, pero se le ve de otro color al sol. – Eso acababa de sonar tan falso.
- Sí, igual de castaño como el de Makoto. – Siguió la corriente la otra chica. – Nada de azul. –
- Señorita. – De la nada apareció el tipo de la tarde, ahora dirigiéndose a Rei con respeto. – Debo partir inmediatamente. –
- ¿De inmediato? Pero pagó para quedarse tres días. – Y solamente había pasado uno. – Deje devolverle el dinero. –
- No, dama. – Se negó el hombre. – Quédese con el dinero. – Sonrió al grupo y se despidió. – Que tengan una buena noche. –
- Gracias. – Luego de eso, Rei volvió a hablar con Ami animadamente.
Pero Makoto siguió con la mirada al tipo. Cuando desapareció por una gran puerta, la castaña se quedó pensativa. ¿Pagar por tres días e irse al primero? Eso era mucho derroche.
¡Hasta aquí todo!
Gracias por leer.
