¡Hola! Sí, soy yo, con un nuevo capítulo. Y por favor recuerden que yo amo a Rei Hino.
Capítulo 13: Conversaciones nocturnas.
Fría noche llega hasta Telián cuando el sol cae por el horizonte, avisando a sus habitantes que la hora de descansar ha llegado.
Makoto y Rei andaban por el último piso del templo cerrando las ventanas. Eran las únicas que estaban allí, así que era necesario hacer eso, por la seguridad de las tres. No sería divertido levantarse en medio de la noche por culpa de algún intruso o ladrón.
- Muchas gracias por ayudarme. – Rei aseguró la última ventana. – Estoy pensando seriamente en devolverte unas cuantas piezas de oro. –
- Las recibiría gustosa. – Dijo Makoto. - Después de todo, Lebiatis es carísimo. –
Dejando todo asegurado en el cuarto piso, el par partió escaleras abajo. En el primer piso dejaron las llaves que utilizaron para cerrar las puertas.
- Es verdad, todavía tengo la llave del viajero que se fue. – La dueña del templo la traía en uno de sus bolsillos. – Realmente me siento mal de que se haya ido sin que le devolviera el dinero. –
- "Es verdad, me había olvidado de aquel tipo". – La castaña estaba curiosa por saber de él. - ¿Conocías al tipo que se fue hoy? –
- No, para nada. – De hecho, no recordaba si el hombre le había dicho su nombre. – Llegó ayer por la noche, perdido. –
- ¿Y de dónde era? –
- No lo sé. – El tipo resultaba ser un total desconocido para Rei. – No respondió a mis preguntas. Pero bueno, no puedo esperar a que todos sean amistosos como tú o Ami. De todas maneras, el tipo fue respetuoso y amable conmigo. –
- Ya veo. – Makoto no tenía más preguntas por hacer. Sin información sobre el desconocido, no podía sospechar de él.
- ¿Y tú qué me puedes decir de Ami? – Rei también deseaba obtener información. – Se nota que ella no es de Telián. –
Makoto quedó muda. ¿Realmente esta chica tenía poderes? ¿Sus visiones le entregaban tanta información? No, debía estar tranquila. Ponerse nerviosa solo daría a Rei la razón y realmente no deseaba que otra persona se enterara del secreto de Ami.
- ¡¿Qué dices?! Ella es una habitante del desierto, como tú y yo… -
- Ella tiene una energía muy extraña, nada que haya sentido en este planeta. – Dijo seriamente la dueña del templo. - ¿Cómo decirlo? Vital y fresca, así como el agua. –
Entonces la puerta principal del templo se abrió y por ella entró la joven del collar.
- ¿Qué hacías afuera? – Preguntó Makoto a su compañera.
- Le pedí a Rei las sobras de la cena para dárselas a los roedores dorados. – Ami venía de vuelta luego de darles de comer. – Quedaron llenitos y ahora duermen tranquilos en la carreta. También aproveché de ver a tu caballo, ya está mucho mejor de su herida. –
- ¡Estupendo! – Esa era una buena noticia para la otra joven.
– Ya me voy a la habitación. – Dijo Ami a la castaña. – Buenas noches, Rei. – Partió dejando a las otras dos en silencio.
Pero realmente el silencio duró poco cuando Makoto recordó algo que la molestó mucho.
- ¿Por qué nos diste una habitación con una sola cama viendo que somos dos? –
- Las noches son muy frías acá en el templo. – Contestó Rei. – Dormir de a dos entrega más calor. –
- ¿En serio? – La castaña seguía pensando que esta era la forma que tenía Rei para vengarse por su pobre paga. – Buenas noches. –
- ¿Puedo pasar? – Preguntó desde la puerta.
- ¡Adelante! – Gritó Ami desde dentro de la habitación.
Makoto entró y la encontró sentada en la cama, viendo a través de la ventana el cielo nocturno.
- ¿Ya vienes a dormir? – Preguntó la peliazul.
- No, tengo cosas que hacer antes. –
La castaña buscó ropa limpia para dormir y se cambió. Después sacó de sus pertenencias un par de mapas, unas cuantas hojas y un lápiz. Con todo lo necesario, se sentó al lado de Ami y se puso a trabajar en la nueva ruta de viaje.
- Lebiatis sigue estando a dos días, pero si mañana partimos temprano y nos vamos por este camino, seguramente nos ahorraremos bastante tiempo. – Decía Makoto mientras trazaba en los mapas.
La joven del collar simplemente la escuchaba. Ella no sabía mucho del desierto, así que prefería ir aprendiendo de lo que decía su compañera.
- Y si vendemos los vegetales que me quedan, probablemente tendremos suficiente para alquilar un cuarto por algunos meses. - Ahora Makoto estaba calculando el dinero que tendrían en Telián luego de vender las mercancías que ella llevaba. – Si cada tomate lo vendo a tres piezas de oro y en cada caja traigo aproximadamente veinte… - Paró en seco cuando sintió la cabeza de Ami apoyarse en su hombro. - "¿Qué pasó? ¿Dije algo malo?" - Pero cuando la miró, notó que su compañera se había quedado profundamente dormida al lado de ella. - "Se ve tan tranquila."-
Aquella noche realmente no hacía tanto frío.
Capítulo 14: En las manos del caos.
A través de las penumbras de Telián andan las sombras malignas. Misión en mente, cargan con ellos una gran arma, buscando por el desierto a la bruja. Y en el Templo del Sol, silencioso a esas horas, nadie sospecha del ataque que planean en su contra.
- Enciendan la mecha. – Ordenó uno de los hombres.
El guardia real apuntó el cañón hacia la gran edificación y prendió el fuego.
- Tres, dos, uno… -
- ¡AHHHH! – El estruendoso ruido y el temblor que sufrió el templo asustaron a Ami, haciéndola despertar.
- ¡¿Qué rayos fue eso?! – Makoto también abrió los ojos. – ¡Parecía el disparo de un cañón! –
Ambas chicas se miraron preocupadas.
- ¡Vamos con Rei! –
Se levantaron de la cama y partieron en busca de la otra joven. Entre la oscuridad del lugar lograron distinguir luz proviniendo de un gran salón. Allí entraron y se toparon con la pelinegra, quien gritaba hacia el exterior del templo sumamente enojada.
- ¡¿Quién dijo que podían dar de cañonazos a mi templo?! – La presencia de los guardias no le resultaba muy grata. - ¡No hay nada acá que les interese! –
El hombre a mando se reía de la dueña del templo.
- ¡Entréganos a la bruja y te dejamos en paz! -
Aquella era una petición extraña.
- "¿Entregar a la bruja?" – Nadie que ella conociera podía recibir ese nombre. – "¿Una bruja?" –
- ¿Qué ocurre, Rei? – Preguntó Ami bastante asustada.
Pero pensándolo bien, Rei había sentido algo en ella completamente diferente a las demás personas. Un poder que podía ser comparado al de una bruja. Volteó lentamente y sus ojos se clavaron en la joven del collar.
- Tú. – No necesitaba que se lo dijeran, ella ya lo sabía. – La bruja eres tú. – Entonces apuntó directamente a la peliazul. - ¡Todo este tiempo estuviste escondiéndote de ellos! –
- ¡No es verdad! – Makoto se interpuso entre Rei y su compañera. – No tienes pruebas. –
- ¡Su energía es diferente, yo pude sentirlo! – Con eso le era suficiente para desconfiar. – Mira, si te entregas tranquilamente, es seguro que los guardias dejen en paz mi templo y perdonen mi vida, así también la de Makoto. –
- ¡Ella no se va a entregar! –
- ¡Cállate, no hablo contigo! – Claramente los ánimos estaban comenzando a ponerse tensos.
Un nuevo impacto de cañón remeció todo el templo. Si seguían atacando, lo más seguro era que la edificación terminara cayendo.
- Ami, por favor… - Rei encontró los azules orbes de la otra joven. Se notaba asustada y superada por la situación. Realmente era una pena que todo tuviera que terminar de aquella manera. – Es ese collar que proteges el que te brinda tu energía, ¿cierto? –
- … - Ami observó la Lágrima Azul. ¿Cuántos problemas más tenía que darle el collar?
- Ya veo. – Como si el silencio de la otra chica le diera la razón, Rei saltó violentamente y agarró con una de sus manos la preciada posesión de Ami.
- ¡NO LO TOQUES! – Pedía desesperada la chica.
- ¡Es peligroso! – Makoto recordó lo ocurrido en su hogar. - ¡Puedes morir! – Esas púas de hielo aparecieron cuando Ami estaba en peligro.
- ¡ENTRÉGATE O DAME EL COLLAR! – Rei no esperó recibir por parte de la castaña una dolorosa cachetada que terminó tirándola al suelo.
- Lo siento… -
Escaparon de la pelinegra por un largo pasillo, corriendo a toda prisa. Pero ellas, poco acostumbradas al gran templo, no podían ir a ningún lugar. Por escaleras bajaron, por puertas entraron, pasillos recorrieron, pero era el mismo final por donde quiera que fueran: Rei las acorralaba a cada momento.
- Te lo volveré a pedir amablemente, Ami. – Dijo la joven. – Este es mi hogar, recuerdo de mi abuelo y símbolo de toda mi gente. No quiero perderlo, es lo único que me queda. Entrégate, por favor. –
- ¿Estás loca? Ami no se… -
- Está bien. – Las palabras de la peliazul dejaron muda a su compañera. – Me voy a entregar. –
- ¡Pero Ami…! – Makoto fue acallada por la joven del collar.
- Lo haré para que todo esto acabe. -
- Muchas gracias. – Dijo Rei sintiéndose más tranquila.
- Al fin y al cabo, ese es mi destino por llevar este collar. Poder crear agua me hace diferente, ¿cierto? – Preguntó Ami a la pelinegra, quien no muy segura de su respuesta, asintió con un movimiento de cabeza. – Entonces dejaré que me entreguen a una muerte segura, solo así todo estará bien. –
- No, yo no… -
- Pero no te culpo, menos te veré mal por tu decisión. – Ami nunca podría odiar a alguien con una vida tan dolorosa como Rei. – Después de todo, alguien como yo no puede juzgarte por una sola acción. – Y con su sonrisa terminó por romper la fortaleza de la pelinegra.
- ¡Perdóname, perdí mi cordura! – Pidió la joven llorando. - ¡Estuve a punto de hacer lo mismo que aquella malvada reina! ¡Iba a entregarte solo por ser diferente! – Claramente había perdido la iluminación de su Diosa en tan duros momentos. – Es solo que no quiero perderlo todo… -
- No serás la primera, ni la última persona en perderlo todo. – Makoto le hablaba por experiencia propia. – Lo importante es que atesores todo dentro de tu corazón. -
- Además, puedes comenzar una nueva vida desde cero. – Después de todo lo ocurrido, Ami le regalaba un tono tan amable. – Lamento haberte puesto en problemas. –
Entonces todo volvió a remecerse por la potencia de un nuevo ataque de la guardia real. No se daban por vencidos y continuaban lanzando proyectiles con el cañón.
- Bien. – Estaban en peligro y algo debía hacerse. – En la cocina hay una puerta secreta que da con un subterráneo. Salgan por allí, el pasillo las llevará al establo. – Rei estaba dejándolas ir.
- ¿Qué hay de ti? – Preguntó Ami.
- Debo defender mi hogar. –
- ¡Ya bájame! – Por más que se resistiera, Makoto claramente tenía más fuerza que ella. - ¡Debemos ir por ella! –
- ¡La escuchaste bien! – La castaña cargaba a su compañera contra su propia voluntad. - ¡Dijo que se quedaría defendiendo su templo! –
Llegando a la carreta, Makoto vino y espantó a todos los roedores dorados. No necesitaban peso de más, no si iban a escapar. Ya vacía, dejó a Ami allí, recibiendo unos cuantos golpes en el proceso. Después se subió ella y tomó las riendas del caballo.
- ¡No podemos irnos sin Rei! – Ami deseó bajarse, pero Makoto hizo andar al caballo y partieron a toda marcha. - ¡MAKOTO! – Gritaba la joven del collar a su compañera. - ¡Devuélvete! – El templo se iba alejando de su vista.
- Maldición. - Makoto terminó por ver hacia atrás y la escena francamente la hizo sentir peor: El Templo del Sol se derrumbaba en llamas. – "Lo siento, Rei." –
Ami dejó de gritar, incluso de hablar. Muda, no se movió centímetro alguno, siempre con la mirada fija al caos en el cual caía preso el templo.
No me miren a mí, los villanos acá son los guardias reales y su cañón.
¡Gracias por leer!
