¡Hola a todos! Finalmente puedo decir que comenzamos con una nueva etapa en la historia y Lebiatis trae muchas sorpresas para todos. ¡Así que comencemos!
Capítulo 15: Un oasis llamado Lebiatis.
En Telián existen grandes oasis, cada uno gobernado por una reina. Prósperas ciudades se levantan en aquellas importantes tierras y la gente que una vez sufrió en el desierto, ahora vive tranquila en brillantes metrópolis. Uno de esos oasis es Lebiatis, capital del sur, destino al cual se dirigían Makoto y Ami en esos momentos.
Dos días han pasado desde que tuvieron que abandonar el Templo del Sol en medio de la noche. Un largo viaje sin descanso a través del desierto, y para peor, sin nada de agua. Por alguna razón, Ami no pudo crearla cuando lo necesitaron.
- "Lo siento, Makoto". – Había dicho mientras sostenía su collar. – "No puedo". –
Makoto no la presionó, entendía que su compañera no estaba pasando por un buen momento. Bueno, tampoco ella. El trauma sufrido por lo ocurrido con Rei seguía presente, afectándolas de diferentes maneras. Y Ami reaccionó a él con un terrible bloqueo, sin poder usar sus poderes.
De todas maneras, Lebiatis ya estaba cerca, eso era seguro. Desde la carreta se podía ver el brillo de la cúpula climatizadora. Era cosa de seguir adelante y el oasis aparecería frente a ellas.
- Pronto vamos a llegar. – Avisó la castaña a su compañera, pero ésta no le respondió.
Ami nunca, en todo lo que duró el viaje, dejó de ver hacia atrás. Muda, sentada en la carreta, con la mirada fija en el horizonte lejano. Y Makoto se lamentaba, ya que en el fondo sabía que las cosas podrían haber sido mejores para todas.
- Vaya que hay carretas adelante. – Al parecer no eran las únicas que deseaban ingresar al gran oasis. – Me preguntó que hará que el tránsito sea tan lento. –
Tuvieron que aguardar horas para poder llegar al frente, pero para sorpresa de Makoto, dos guardias reales estaban esperando a que se moviera.
Las puertas de la gran muralla que encierra a Lebiatis estaban todas custodiadas por guardias reales.
- "Llevan la misma armadura que los guardias que atacaron el templo". –
- ¡Avanza mujer! – Ordenó uno de los tipos.
- ¡Por supuesto! – La castaña hizo avanzar al caballo.
Le pidieron que se detuviera, ya que por mandato real, debían revisar su carreta.
- "Se han puesto más serios con la seguridad". – Makoto agarró a Ami de una mano e hizo que se sentara a su lado. Cuidadosamente le habló al oído, sin levantar sospechas. – Cubre bien tu cabello. –
Finalmente su compañera la escuchaba y hacía caso a su petición.
- ¿Eres comerciante? – Preguntó uno de los guardias.
- ¡Sí! – Respondió la castaña. - ¡Acá tengo mi permiso! – Debajo de sus ropas sacó un papel.
Los hombres se lo quitaron de las manos y lo revisaron meticulosamente.
- Es auténtico. – Se lo entregaron a su dueña. - ¿Y qué hay de esa otra? – Se referían a Ami. – Quiero ver sus papeles. –
¿Acaso habían llegado al lugar equivocado? Makoto nunca antes había tenido tantas complicaciones para entrar a Lebiatis.
- Bueno, ocurre que… -
De pronto apareció un soldado y traía con él a una pareja, junto a ellos venía un niño pequeño.
- ¡Estaban ingresando por la puerta del este sin permiso! – Informó el soldado. - ¡Ninguno tiene papeles de identificación! –
Ami quedó observando a los tres.
- ¡¿Pensaban entrar a Lebiatis ilegalmente?! – Preguntó uno de los guardias. - ¡Maldita basura del desierto! – A puño limpio golpeó al hombre mayor, dejando la mujer a su compañero. - ¡No dejaremos que Lebiatis se llene de ustedes, bazofias! –
El niño gritaba por sus padres, viendo la atroz escena. Ami lo observaba a él, deseando que nada le pasara.
- ¡Cállate mocoso! – El soldado empujó al niño.
- ¡No! – Fue el grito de Makoto.
- ¡¿Qué hacen viendo?! – El soldado desenvainó su espada. - ¡Entra ya! – Ordenó a la castaña.
Sin poder hacer nada, tomó las riendas y partió puertas adentro. Lebiatis se abría frente a ellas, pero atrás nuevamente dejaban un acontecimiento traumático.
Capítulo 16: La reina del planeta muerto.
En el centro de Lebiatis se alza el magnífico palacio real. Hogar de la reina, centro de gobierno y base de la Guardia Real. Tan alto que puede alcanzar la cúpula, pudiendo ser visto desde cualquier punto de la ciudad. Ícono de Lebiatis, el palacio tiene las puertas abiertas para todo aquel que desee conocerlo. Pero solo una regla debes seguir y esa es nunca molestar a la reina cuando está en el salón del trono.
- ¡Alto allí! – Ordenaron los hombres que custodiaban la puerta. - ¿Quién te mandó a llamar? –
- ¡Nadie! – Respondió el joven soldado. - ¡Pero créanme que debo hablar con la reina urgentemente! –
- Eres una basura de bajo rango, ¿cómo osas hablarnos así? – Uno de los guardias levantó su arma, amenazando al pobre chico.
- ¡Tengo información de la bruja! – Por suerte, aquella frase lo salvó de una paliza.
- ¿La bruja? –
- ¡La vimos por las calles de Lebiatis! –
Los guardianes de la puerta sabían entonces qué hacer. Entre los dos abrieron la entrada al gran salón del trono, allí donde la reina gobernaba.
- ¿Quién desea interrumpir mi tranquilidad? – Preguntó una voz femenina desde el fondo del oscuro salón.
El soldado entró y detrás de él, las puertas fueron cerradas.
- Mi señora, frente a usted me presento respetuosamente. – Habló el joven. – Traigo para usted buenas nuevas. –
- ¿Sabes cuántos han llegado frente a mí diciendo que traen buenas noticias y los he mandado a aniquilar, solo porque sus noticias no me han complacido? –
El chico tembló de miedo.
- No he tenido buenos tiempos, pero habla soldado, ya veremos si tus buenas nuevas me ayudan en algo. –
La reina no podía ser vista debido a la falta de iluminación. Apenas dos ventanas, cada una con cortinas negras, entregaban una débil luz. Y desde las sombras, sin entregar una imagen, podía aterrorizar a sus seguidores con solo alzar la voz.
- Bueno, yo… - El soldado buscó las palabras en medio del temor que se apoderaba de su cuerpo. – Hemos visto a la bruja. -
Dos luceros brillantes se abrieron en medio de la oscuridad. Eran los ojos de la reina, los cuales veían fijamente al joven. Hablar sobre la bruja siempre llamaba la atención de la soberana.
- Continúa. – Pidió la mujer.
- Ella andaba acompañada. –
- ¿Y cómo sabes que era la bruja? – La reina esperaba que su servidor dijera a ella la característica más llamativa de su presa.
Silencio incómodo.
- Tenía cabello azul. –
Pero entonces la risa de la mujer no se dejó esperar.
- ¡Por favor, no me mate! – Gritó desesperado el soldado. - ¡Todos dicen que ella tiene el cabello azul! –
- Y estás en lo correcto. – Nunca antes se había sentido tan feliz y emocionada. - ¡Dime más! –
- ¡Ella llevaba una túnica con gorra, seguramente trata de esconder su cabello! –
La reina volvía a reírse, ahora con mucho más ánimo que antes.
- ¡Más! – Pedía excitada. - ¡QUIERO SABERLO TODO! –
- ¡Iba en una carreta con su compañera! – El joven estaba asustado por la reacción de la reina.
- ¡¿Y dónde está ahora?! – Preguntó, apareciendo finalmente frente a su servidor.
Era una mujer que siendo bella, alta y elegante, infundía terror y pánico con su mirada desalmada.
- ¡¿DÓNDE?! –
- No sé… -
Mirada asesina se fijó sobre el pobre chico.
- ¿Viste a la bruja y no pensaste en capturarla? –
- Es que yo... – Su cuello fue apresado por una fuerte mano, levantándolo por los aires y estrangulándolo. – No-o… Mi re-eina… - Imploró llorando. – Yo… - Le reventaron el cuello con tal potencia, que la cabeza cayó rodando al suelo y fue a parar lejos. El cuerpo seguía siendo sostenido en el aire por la reina y la sangre corría por su mano y brazo, consecuencia de haber decapitado al desafortunado chico.
- ¡Guardias! – Llamó la mujer, tirando el cuerpo al suelo.
Las puertas volvieron a abrirse.
- Mi señora… - Los hombres se percataron del cuerpo al medio del salón. – De inmediato limpiamos. –
- ¡NO! – Elevó la voz desde su trono. - ¡Necesito que vayan inmediatamente en busca de la Capitana Tenou! –
Las cosas finalmente se iban a poner serias. La bruja estaba en Lebiatis y no la iba a dejar ir.
- ¡Díganle que su reina tiene para ella la misión más importante de su vida! –
Los guardias nunca antes habían escuchado a la reina así de alterada.
- ¡Mañana a primera hora las calles de Lebiatis deben ser llenadas de guardias reales! – Desde su trono la mujer sonrió. – Y quiero que todas las puertas de la muralla sean cerradas. – Más feliz no podía estar. – Tenou debe traerme a la bruja. –
- Como usted desee, reina. – Los dos guardianes hicieron una reverencia y partieron cerrando las puertas.
Un silencio sepulcral dominó el salón, pero la mujer no se pudo reprimir por mucho tiempo más. Su carcajada rompió la monotonía. Vaya que la había hecho feliz la noticia.
- "Todo está a mi favor ahora." – Nada podría desanimarla. – "Tu poder será mío, bruja" –
El reflejo del espejo de su consejera le recordó ser cautelosa.
- ¿Qué dices? – Preguntó la reina. - ¿Esta vez podré capturarla? –
La joven musa que la acompañaba observó detenidamente su espejo.
- No veo señales de fallo. – Dijo con voz melodiosa. – Pero es seguro que tomará tiempo tener a la bruja bajo nuestro poder. –
- Paciencia… - Clavó las uñas en la madera de su trono. – Es algo que lentamente voy perdiendo. –
En una de las altas torres del palacio, allí donde el viento sopla libre, una mujer de corazón valiente observaba su hogar. El hermoso oasis de Lebiatis está en paz gracias a sus hazañas.
- Capitana Tenou. – Detrás de ella apareció uno de los guardianes y le habló con sumo respeto. – La reina tiene una misión muy importante para usted. –
Bueno, la paz siempre es efímera.
- ¡Ya era hora! – La rubia dejó de observar el paisaje. – Estaba comenzando a aburrirme. - El sol golpeó contra su armadura, iluminándola.
La heroína de Lebiatis estaba lista para una nueva misión.
En serio, ya quería llegar a esta parte.
¡Gracias por leer!
