Mes de exámenes + Enfermedades + Trabajo = No hay capítulos.
¡Hola a todos! Tiempo sin traer una actualización. En serio, lamento la tardanza, pero la vida me estaba usando como saco de boxeo. Por suerte ya me dejó en paz y puedo volver a mis cosas.
Capítulo 17: El mensaje.
La noche cubrió todo con su oscuro manto, pero Lebiatis se mantuvo vivo. El oasis entró en estado de máxima alerta debido a la presencia de la bruja y todas las calles fueron rápidamente saturadas por guardias reales.
Pero la suerte aquella noche deseó acompañar a las jóvenes viajeras. Luego de un rato de andar por Lebiatis, Makoto y Ami encontraron un lugar donde descansar. No hubo ninguna clase de problemas, nadie sospechó de ellas. Y de cierta manera, eso se sentía raro.
A pesar de sus propios temores e inseguridades, Ami no pudo aguantar el cansancio y terminó cayendo dormida en la pequeña cama que había en el lugar que rentaron. Por unos momentos pudo olvidarse de todos sus problemas y su mente fue a blanco total, sintiéndose relajada.
- ¿Puedes...? –
Una voz resonó desde lejos, repitiéndose a través de ecos en la inmensidad de su mente.
- ¿Puedes escucharme? –
Un tono familiar que extrañamente le causó mucha pena.
- Ami, respóndeme. –
Esa era la voz de Rei, ella podía jurar que esa era la voz de la joven del templo. ¿Acaso estaba soñando con Rei? Bueno, Ami aún se sentía culpable del fatal destino que tuvo que sufrir la otra chica.
- Por favor, si estás escuchándome y aún no llegas a Lebiatis, hazme el favor de cambiar de dirección y partir a otro lugar. –
Pero realmente esto no se sentía como un sueño.
- Pídele a Makoto que cambie de rumbo y sálvense. –
La voz se hacía más fuerte y clara. No había duda ahora, eso no era un sueño. De alguna manera, Ami estaba recibiendo en esos momentos un mensaje por parte de Rei.
- Y si realmente llegaron a Lebiatis, no se queden allí por mucho tiempo. – Angustia reflejaba la voz de la joven. – Corren peligro en ese oasis. –
- Rei, nosotras estamos en Lebiatis. – Respondió finalmente Ami.
- ... – Hubo silencio por unos segundos. – Por favor, cuídense. – Pidió Rei. – Y manténganse alejadas de la mujer que porta la espada milagrosa. -
Luego de esas palabras la dueña del collar despertó abruptamente. Tomó asiento en la cama y trató de normalizar su desenfrenada respiración.
- ¿Qué clase de poderes tiene Rei? – Pues al parecer, poseía la capacidad de conectarse con otras personas a través de sus sueños. – Llegué a perder mis ganas de dormir. -
Ya más calmada, Ami notó que alguien faltaba a su lado en la cama.
- ¿Makoto? – Se levantó y fue en busca de la castaña. Fue fácil dar con ella, ya que el lugar solo constaba de dos cuartos. La encontró sentada en el alféizar de la ventana. - ¿Qué haces acá tan sola? –
- No podía dormir. – Respondió Makoto. – Pensé que ver por la ventana me relajaría un poco, pero me equivoqué. –
- ¿A qué te refieres? –
- Están por todas partes, pasan a cada minuto, grupos de diez o más. Ya lo saben, ellos saben que estamos acá en Lebiatis. – Hablaba de los guardias reales. – No solo eso, ya van dos veces que escucho el ruido de las enormes puertas de la muralla. –
En medio de la conversación se pudo escuchar el estruendo de la tercera puerta.
- Lo siento. – Dijo finalmente la joven. – Realmente lo siento, Ami. – Makoto sintió que era el momento para desahogarse, su corazón se lo pedía. – Lo arruiné todo. – Cerró los puños con fuerza, frustración a flor de piel. - Ellos nos atraparon. -
Ami sintió su corazón estremecerse cuando vio a Makoto llorar. De las dos, la castaña siempre había parecido la más fuerte y dura, pero ahora se había desmoronado frente a ella.
- Pensé que en Lebiatis podríamos encontrar paz, pero me equivoqué. – El peso de los problemas terminaron por ganarle. - Perdón… -
No lo dudó, Ami se acercó rápidamente al lado de Makoto y la abrazó. Sí que estaban mal las cosas, ya que nunca esperó ser ella quien tuviera que apoyar a la castaña.
- No te culpes por lo que pasó, Makoto. – Pedía la peliazul. – Ninguna de las dos sabía lo que nos esperaba acá en Lebiatis. -
- Ami, esto es grave. – Makoto seguía sollozando. – Estamos acorraladas y nos pueden encontrar en cualquier momento. -
- Es verdad, no tenemos dónde ir ahora, pero no es el fin de todo. – Cándida sonrisa floreció en sus labios. – Aún nos tenemos la una a la otra. – Ami secó las lágrimas que caían de los ojos de Makoto. – Tú y yo no nos podemos rendir, tenemos que seguir luchando. Sé que no será fácil, pero juntas podemos lograrlo. –
Desde el fondo de su corazón sintió que algo ardía. Quizás fueron las palabras de Ami, talvez otra razón. Sea lo que haya sido, Makoto sonrió a pesar de lo adverso. Se sintió muy feliz de tener a Ami a su lado.
Capítulo 18: Atrapadas.
Iban en la carreta por las calles de Lebiatis. Makoto guiando al caballo, siempre atenta de los que pasaban por su lado. Ami iba atrás, escondida entre los cajones de vegetales. Como siempre, su cabello era cubierto por la capucha de su túnica.
Las cuatro puertas de la muralla en Lebiatis fueron selladas y no había lugar al cual escapar. A pesar de no sentirse seguras, decidieron no esconderse más. Si iban a quedarse en aquel oasis, tenían que hacer algo para sobrevivir. La única opción era salir a la calle, más exactos, al gran mercado de Lebiatis. Después de todo, ese lugar era inmenso y estaba lleno de gente. La posibilidad de que alguien se fuera a fijar en ellas era muy remota.
- Ya estamos llegando al final del mercado. – Anunció Makoto a su compañera.
El mercado es uno de los lugares más importantes dentro del oasis. La gente comercia y se gana la vida sin mayores preocupaciones. Claro, así era para los nacidos en Lebiatis, ellos tienen el favor de la reina. Para los forasteros todo era más complicado. La gente que viene de afuera debe ganarse el permiso para comerciar con el sudor de sus frentes y, además, con las cicatrices de sus cuerpos.
- ¡Qué buenos precios! – Recién habían llegado al mercado y ya tenían una clienta. - ¿De dónde traen sus vegetales? –
- Son traídos de Telián. – Respondió Ami.
- ¿Telián? – La expresión de la mujer cambió drásticamente. De hecho, ya no parecía interesada en los productos. – Lleven su basura a otro lugar. – Comentó la señora, provocando el enojo de Makoto.
- ¡Mis vegetales no son basura, vieja fea! – La castaña tuvo que ser contenida por su amiga.
- Por favor, bajo perfil. – Susurró Ami en su oído. – No ganas nada discutiendo con la señora. –
- ¡Qué chica más salvaje! – Dijo la mujer. - Gente como tú no merece tener el permiso de vender acá. - Tomó luego camino contrario al puesto de las chicas, perdiéndose entre la gente.
- Desagradable. - Fue lo único que la peliazul pudo decir.
- Hija de… - La boca de Makoto fue tapada por la rápida mano de su compañera.
- Con decirle "vieja fea" basta. –
La castaña prefirió olvidar todo el asunto y volver al trabajo de bajar los cajones de la carreta.
Es verdad, era necesario mantener un bajo perfil frente a toda la gente. Armar alboroto, terminar en algún problema, causar desorden en un lugar público, nada de eso hacía falta. Makoto había escuchado claramente a Ami cuando ésta le contó sobre su extraño "sueño" con Rei.
- Lebiatis es el peor destino que pudimos elegir. – Todos sus enemigos vivían en el oasis. – Y Rei le advirtió sobre una mujer que porta una espada. - Esa había sido la parte más confusa del mensaje. – Todos acá llevan espadas... –
- ¡Makoto! –
- ¿Sí? –
- ¿A cuánto están las patatas? – La joven del collar estaba tratando de atender a un nuevo cliente.
- Dos piezas de oro cada una. – Dijo sonriendo. – ¡Pero si lleva muchas, podemos hacer un precio acordado! –
Ante lo dicho por Makoto, el cliente no pudo aguantar la tentación de comprar los vegetales.
- Déjeme ayudarle a guardar. – Ami prefirió agacharse y recoger los vegetales, ya que su cliente era un hombre de avanzada edad. – Deberá pedir a alguien que lo ayude a cargar tanto. –
- Muchas gracias, señorita. –
Y algo en aquella tranquila escena encantó a Makoto. Ver a su compañera siendo tan atenta con el humilde hombre le enterneció el corazón.
- Podría acostumbrarme a esto. – Pensó de pronto la castaña.
- ¡Allí está! –
- ¿Qué diantres? - Era nuevamente la mujer de mal carácter. - ¿Qué quiere ahora esta vieja? – Makoto notó que venía acompañada por un grupo de guardias reales. – Rayos. –
Se acercaron hasta donde estaba la joven de Telián y la mujer habló molesta.
- ¡Esta es la tipa que me trató de "vieja fea"! – Dijo apuntando a la castaña. – Encuentro espantoso que gente de Telián venga a nuestro oasis y nos ofenda de esa manera. –
- No se preocupe, yo arreglaré este asunto. – Una dama en armadura le aseguraba eso a la mujer. – Tenga cuidado y disfrute del día. – Ordenó a uno de sus hombres acompañar a la señora. – Veamos, ¿qué tenemos acá? –
La rubia se acercó y extendió su mano a la castaña.
- Tu permiso. – Pidió con seriedad. – Si tienes tiempo para andar molestando a la gente de Lebiatis, supongo que tuviste tiempo para sacar un permiso. –
- ¡Acá lo tengo! – Dijo Makoto, buscando en su ropa. – Lamento todo, no era mi intención molestar. –
La rubia leyó rápidamente el documento. Era auténtico y la información en él parecía fidedigna.
– No me queda más que recordarte que Lebiatis ha abierto sus puertas a comerciantes como tú, no para que estén ofendiendo a nuestros habitantes, sino para que tengan la oportunidad de surgir y tener una buena vida. –
- Sí, perdone mi insolencia. – Pedía humildemente Makoto. – Nunca más se volverá a repetir. –
En eso, rompiendo las filas del grupo de guardias, un hombre avanzó firme. Pasó por entre sus compañeros, la rubia le quedó viendo extrañada y la castaña se puso pálida cuando notó que iba en dirección a Ami.
- Muchas gracias, usted es nuestra primera venta. – La peliazul había terminado de atender al anciano. – Que tenga un buen día… -
El guardia la tomó por la espalda y la lanzó con fuerza al suelo. Nada más fue necesario, su capucha cayó y su cabello quedó expuesto.
- ¡Lo sabía! – Gritó el hombre. – ¡Algo raro había notado en esta chica! –
Los otros guardias reconocieron inmediatamente a la bruja y no esperaron para sacar sus armas.
- ¡Esperamos sus órdenes, capitana! –
- ¿Capitana? – Makoto observó a la rubia con terror.
- Vaya, vaya. – Haruka arrugó el permiso de la castaña y la miró con suma molestia. – Mira que sorpresa me acabo de llevar. – Apuntó a Ami y sonrió. - ¿Te molesta si me la llevo sin pagar? -
Ojalá no me pase nada hasta la próxima actualización. XD
¡Gracias por leer!
