¡Hola! Espero que aún haya gente que desee continuar leyendo mi historia a pesar de no haber actualizado en meses. D:
Y bueno, disfruten el capítulo.
Capítulo 21: Una segunda oportunidad.
Allí en el gran palacio, en la torre más alta, no corría el viento. Y eso molestaba profundamente a Haruka. Ella amaba sentir el viento, pudiéndose relajar con la brisa calma que la acaricia desde el norte. Liberarse en las ráfagas y sentir que volaba sin realmente hacerlo. Algunas veces ella y el viento se volvían uno solo.
Pero aquella tarde nada de eso importó. La bruja pudo vencerla, pudo ser más rápida que ella. Y eso también la molestaba, incluso más que la falta de viento.
- ¡Capitana! – Llamó un joven soldado.
- Dígame. –
- Nuestra reina desea verla inmediatamente. – Informó a la rubia. – Desea hablar con usted sobre... – Se detuvo debido a la mano que alzó la capitana. – Está bien, la dejo en paz. – El joven hizo una rápida reverencia y se retiró.
Haruka no necesitaba más palabras.
- Mira lo que causas. – Habló a nadie, pero en sí, sus palabras iban dirigidas a una sola persona en particular. Alguien que no estaba allí obviamente. - ¿Cómo una persona puede perderse como si la tierra se la hubiera tragado? – Lo encontraba imposible. - ¡Ya tendría que haberte atrapado! –
Allí no estaba la bruja, pero esperaba que el viento que de pronto comenzó a correr, llevara sus palabras hasta los oídos de ella.
Se acomodó nuevamente en su gran trono. Observó la imagen que tenía en frente y, raro en ella, sintió un poco de pena. Poco, ínfimo, casi nada. Más pena sentía de no tener frente a ella a la bruja. Habría preferido tenerla a ella arrodillada en frente en vez de la capitana.
- Ya levántate, Haruka. – Pidió la reina. – No estoy molesta. –
- ¡No puedo, majestad! – Seguía reducida frente a su señora. - ¡Fallé miserablemente, me avergüenzo de verla directamente a los ojos! –
Sí, habría sido más agradable escuchar a la bruja. Sus gritos de súplica seguramente habrían sido encantadores.
- Uno aprende de los errores. – Habló la mujer. – Si no fallas, ¿cómo aprenderás? –
La rubia levantó la mirada y se encontró con la compasión de su reina.
- Tiene razón, debo aprender. – Se levantó de su puesto. Ahora más tranquila, pudo ver directamente a la reina, sonrisa en sus labios. – Aprenderé de mi lección y no subestimaré a la bruja. –
- Así se habla, capitana. – Finalmente la mujer en la cual confiaba ciegamente apareció frente a sus ojos. – Debes recordar que el poder que te he entregado puede superar cualquier adversidad que se te ponga en frente. –
- Lo recuerdo. – La espada que descansa en su cinturón había sido entregada a ella por la reina.
- Lebiatis está libre de esa gente del desierto gracias a ti. –
- También sé eso. –
- No hay criminales, asesinos, gente mala. No acá en Lebiatis. – Se puso de pie y avanzó hasta quedar cara a cara con Haruka. – Todo lo malo viene de afuera de nuestras murallas. –
- Del desierto. – Siempre sentía que los ojos de la reina eran extraños. Eran hipnóticos, así también muy hermosos.
- Y nuestra querida bruja también viene de allí. – Mantenía el contacto visual lo más que podía. – Capturarla significaría un gran logro para ti. Además, significaría una amenaza menos para nuestro pacífico oasis. –
- ¡Así haré! – Dijo con seguridad la capitana. – Prometo traer a la bruja frente a usted. –
- Confío en tus habilidades, Haruka. – Volvió nuevamente a su trono y tomó asiento. – Confío en que aprovecharás esta nueva oportunidad que te estoy entregando. –
- ¡No le fallaré nuevamente, majestad! – Se sentía con nuevos ánimos. – La bruja será de usted. –
La rubia hizo una reverencia y abandonó el salón de la reina.
- Es tan fácil de manejar. – Y eso era lo mejor que Haruka tenía, pensó la reina.
Sumergida iba en sus pensamientos, su mente ocupada planeando nuevas maneras de desplegar a sus hombres. Necesitaba un plan más elaborado, una estrategia magnífica nunca antes vista.
Necesarias eran nuevas ideas, ya que esta era su segunda oportunidad para atrapar a la bruja. Y bien sabía ella que su reina nunca daba segundas oportunidades.
- "Aún tengo un propósito." –
Tan inmersa iba en sí misma que, sin notar a la persona que venía en dirección contraria, acabó chocando de frente. Normalmente habría terminado muy molesta por el accidente sucedido, pero esta vez era diferente. Ella nunca podría terminar molesta con esta persona.
- ¿Consejera Kaio? – Su voz siempre surgía insegura cuando se trataba de hablar con la otra dama. - ¡Mis mayores disculpas, no era mi intención chocar con usted! –
La risa de la bella musa era el deleite de los oídos de la capitana.
- También lo lamento. – Habló Michiru. – Iba caminando apresurada poniendo atención a mi espejo. – El mismo que cargaba entre sus manos. – Debo aprender a poner atención en el camino, mi espejo no es lo más importante en este palacio. –
- Yo iba pensando en varios asuntos. – Era una especie de maldición la que cargaba Haruka. Cada vez que debía entablar una conversación con la consejera, siempre terminaba siendo la que menos hablaba o la que extrañamente decía más cosas sin sentido. – Ya debo retirarme. – Hizo una reverencia y no se atrevió a levantar la vista. Michiru aún no partía, así que no levantaría la cabeza. No, sus mejillas podían delatarla.
- Está bien, yo también tengo asuntos que atender. – La musa partió en dirección al salón del trono. – Buenas noches, capitana Tennou. –
- Buenas noches, consejera Kaio. –
Recuperó la postura al verse solitaria y suspiró resignada. Lo más seguro era que la reina y la consejera hablarían toda la noche sobre su gran fallo.
- Nunca tendré el tacto para hablar con ella normalmente. – Solo le quedaba resignarse.
Más importante aún que la consejera era la bruja. De su mente tenía que alejar los inevitables pensamientos que florecían cada vez que Kaio aparecía frente a sus ojos. Debía ser así por el bien de su importante misión.
Capítulo 22: Tan largo como un plan.
Ella era una mujer suertuda. Nadie como ella había en Lebiatis, nadie. Una sola persona existe en este oasis con el derecho de estar junto a la reina, acompañándola y aconsejándola. Esa persona es ella justamente.
Suerte tenía de que la reina solo escuchara sus palabras y confiara totalmente en ella.
Y desde la ventana de su ostentosa habitación observaba el panorama con el cual se presentaba aquel día el enorme campo de entrenamiento de la guardia real.
- Allá va otra vez. – Escaparon las palabras mientras sus ojos seguían de un lado a otro a la capitana Tennou. – Se nota decidida, pero también nerviosa. –
La rubia no se quedaba en un punto tranquila. No, andaba por todo el campo dando instrucciones a su grupo de hombres. De seguro era el nuevo plan para capturar a la bruja. De seguro deseaba que todo saliera bien esta vez.
- Espero que ahora pueda atraparla. –
Suaves golpes a la puerta llamaron su atención y dejó su puesto en la ventana.
- Adelante. – Habló la mujer.
Un soldado apareció frente a ella e hizo una reverencia.
- Consejera Kaio, nuestra reina desea verla. – Dijo el hombre en tono altamente respetuoso. – La quiere inmediatamente a su lado. –
- Estaré en unos minutos con ella. – Avisó la musa.
Viéndose nuevamente a solas en su habitación, Michiru viajó hasta uno de los muebles. Allí, reposando en una almohadilla dorada, estaba su más preciada posesión: un espejo.
- El plan debe continuar, así también mi trabajo. –
El salón del trono era el lugar más común para ella dentro del palacio. No por nada pasaba muchas horas allí, junto a la reina, a veces en el más anormal silencio que pueda existir en una habitación.
- La capitana Tennou está a prontas de partir con sus hombres. - Informó Michiru a la soberana. - Como le dije anoche, creo que hizo un admirable trabajo animándola. -
- Por supuesto, no podía dejar que su espíritu se debilitara. - Algo así no le servía en nada. - Un buen manejo de las palabras, un mensaje claro a su cerebro, motivación y Tennou volvió a ser la misma. - Es trabajo de una reina ser una gran oradora. - Debe ser así. De otra manera, perderé a la bruja. -
Allí estaba, finalmente la nombraba. Michiru estaba preguntándose cuándo traería a la conversación ese nombre tan peculiar que le había dado a su presa.
- Y vaya que me molestaría perderla. - Sus facciones cambiaron rotundamente. De hecho, ahora mismo parecía sumamente disgustada. - Mi plan no puede fallar ahora que ella está tan cerca de caer. -
Aquel tan largo plan que tantos problemas ha traído consigo.
- Tomó tanto trabajo manipular la trayectoria de la nave en que iba la bruja. Por suerte terminó estrellándose en nuestro planeta. -
- Nadie estaba seguro de que la nave alcanzaría la órbita de nuestro hogar. En efecto, fue un golpe de suerte. - Dijo la consejera. - Su nave no tenía trayectoria fija, estaba vagando solitariamente por el espacio. -
- Deben haber sido muchos años los que estuvo sin rumbo definido. - La reina ignoraba la cantidad exacta. - Pero dicen que ella es muy hermosa y joven. -
- Posiblemente se deba a algún proceso de criogenización. - Comentó Michiru. - Quizás integrado en su nave, quizás uno de sus poderes. -
La reina sonrió desde su trono.
- Sus tan llamativos poderes. - Los cuales deseaba poseer a cualquier costo. - En este planeta marchito, ella resulta ser la única opción que me queda. -
Solo la bruja tenía la maravillosa capacidad de crear agua. No había conocido a nadie más con ese don. Y le era urgente conseguir más de ese líquido vital, su propia vida peligraba.
- El día en que tenga a la bruja en mis manos, mi reinado se asegurará por la eternidad. -Su deseo más grande desde el día que ascendió al poder.
Pero Michiru deseó recordarle un escenario, que por muy nefasto que fuera para su plan, era claramente posible luego de todos los sucesos ocurridos en los últimos días.
- ¿Y si nunca llega a capturar a la bruja? -
La pregunta sorprendió a la reina, quien observó enfurecida a su consejera.
- ¿Por qué dices eso ahora? - Preguntó con voz siniestra. - Ella será mía. - Tétrico era poco para describir a la reina. - No dudes que lograré mi cometido. - Que Michiru pensara lo contrario la molestaba mucho. - ¿Será acaso que sabes algo más que yo ignoro? - La soberana no esperó para ponerse de pie y acercarse al lado de la bella musa. Una afilada uña se paseó por el rostro de la consejera, acariciándolo con malicia. - Michiru, ¿qué puedes ver en tu espejo? -
La consejera bajó su mirada y la conectó a su espejo.
- Mi señora... - A pesar de la presión, Michiru lucía serena. - A usted nunca habré de negarle los detalles que me brinda mi espejo. - Más ella tenía un plan propio a seguir. - Todo irá bien hoy, reina mía. Veo la victoria asegurada para la capitana Tennou y la caída de la bruja. -
La reina no parecía haber creído la totalidad de sus palabras.
- Muy bien. - Aun así, dejó a la musa en paz. Volviendo a su trono, tomó asiento y se acomodó a gusto. - Que tus palabras sean ciertas, Michiru. - De su lado derecho, en una mesa de mármol, cogió una copa de cristal. De ella bebió un líquido brillante. No le tomó mucho vaciar la copa. - Una cosa más... - Habló la soberana. - Pide que me traigan más ambrosía. -
Sin agua, ella no podía obtener ambrosía. Sin ambrosía, su vida se podía marchitar en cosa de segundos. Y ella deseaba la eternidad, pero solo la bruja puede entregarle ese tan deseado anhelo.
Como siempre, agradecer a todos los que se dan el tiempo de dejar un review. :)
¡Suerte!
