¡Hola! He sido bendecida por los dioses y los capítulos me han salido rápido, así que tres "¡hurra!" para mí.
Capítulo 23: Punto de quiebre.
El galope furioso de los caballos levantaba el polvo en las calles. Los animales llevados al límite de su velocidad respiraban violentamente, bramando cada vez que sus jinetes decidían golpearlos para mantenerlos excitados.
La persecución se extendió por escasos minutos. Todo fue muy rápido, debido a que las presas estaban ya agotadas. Tanto la bruja como su compañera ya no tenían energías para seguir escapando.
Bastó con que uno de los soldados tomara la delantera y elevara su espada, bajándola justo donde las manos de las prófugas se unían. Temiendo ser heridas, soltaron sus manos. Fue un movimiento limpio que las terminó por separar.
- ¡Makoto! – La peliazul intentó volver al lado de la otra, pero un par de guardias se lo impidieron.
- ¡Sigue corriendo! – Gritó la castaña desde el otro lado de la calle. - ¡No dejes que te atrapen! – Makoto tuvo que escapar del ataque de los soldados como pudo. Tomó una ruta diferente y desapareció.
Por su parte Ami corrió como su compañera se lo pidió. Era seguida de cerca por un grupo de guardias reales sobre sus caballos. Intentó dar la vuelta en una de las esquinas, pero justamente por allí apareció cabalgando la capitana.
Instintivamente la chica elevó sus brazos y una pared de hielo se levantó entre ella y la guerrera. Pero Haruka hoy no venía a jugar, ella venía a luchar. Así que rápidamente se hizo de su espada y atravesó de lado a lado la gruesa pared de hielo, rompiéndola en miles de pedazos pequeños y brillantes que danzaron entre ella y la bruja.
Su pura sangre se alzó sobre sus patas traseras y se arrojó contra Ami, tirándola al suelo e inmovilizándola de una vez.
- ¡Calmado! – Ordenó la rubia a su animal. Luego lo hizo retroceder para darle espacio a su enemiga. El hecho es que estaba acorralada, no había necesidad de tener su caballo sobre ella. – Se acabó, bruja. – Habló la capitana. – Estás atrapada. –
El golpe había sido duro, pero Ami igualmente se puso de pie.
- Por favor, deje de llamarme bruja. – La miró directamente a los ojos. – Así como usted, yo también tengo un nombre. –
- A nadie le importa que tengas un nombre. – Haruka aprovechó la conversación para bajarse de su caballo. – Nadie que sea enemigo de Lebiatis merece ser tratado con respeto. – La capitana apuntó su espada contra la peliazul. – Menos si viene de Telián. – Haruka reaccionó como pudo cuando de uno de los tejados saltó Makoto y cayó sobre ella.
Ami aprovechó el momento y selló ambas partes de la calle con paredes de grueso hielo. Por suerte reaccionó más rápido que los hombres de la capitana.
- ¡Maldita! – Haruka pateó lejos a su atacante y recuperó rápidamente su postura de batalla. - ¿Cómo pudiste escapar de mis soldados? – Preguntó furiosa la rubia.
- Déjame decirte que tus soldados son unos lentos de pacotilla. – Makoto limpió el rastro de sangre que corría por su nariz.
- ¡Makoto, estás herida! – Ami ya había notado el corte en el brazo de la castaña.
- No es nada. – Le bajaba el perfil al asunto. - ¿Cómo estás tú? –
La risa de Haruka captó la atención de las dos.
- ¿Puedes creerlo? – Pues para ella era francamente estúpido lo que ocurría frente a sus ojos. – Respóndeme algo, ¿por qué te importa tanto lo que le ocurra? – La pregunta iba dirigida a Makoto.
- ¿Eh? – Y la había tomado por sorpresa. – Pues porque hemos estado juntas por un tiempo y me he dado cuenta que tenemos ciertas cosas en común. Además, Ami me entrega la compañía y aprecio que por tanto tiempo desconocí. – Las palabras de Makoto reflejaban el sincero afecto que sentía por la otra joven.
- Ya veo. – Ahora su mirada se fijó en la peliazul. - ¿Y qué hay de ti? ¿Tu compañera te preocupa? –
Este tipo de charla tan tranquila no la esperaba luego de una persecución.
- Por supuesto que me preocupa. – La respuesta de Ami también venía desde el fondo de su corazón. – Es la única que ha creído en mí desde el principio. Es quien me rescató del desierto y me acogió en su hogar. –
Pues Haruka seguía sin entender.
- ¿Entonces por qué le causas tanto daño? – La capitana apuntó a la herida comerciante. - ¿Por qué está atrapada en esta miserable situación? –
Algo resonó desde el interior de la peliazul al momento en que posó sus ojos en su compañera.
- Dijiste que ella te acogió en su hogar. Bueno, ¿dónde está ese hogar ahora? – Continuó hablando la capitana. - ¿Acaso tenía posesiones? ¿Tenía dinero? ¿Salud? –
- ¡Cierra la boca! – Makoto ya había captado la idea de su maldita conversación y no la iba a dejar continuar. - ¡Nada de eso te incumbe! –
- Date cuenta del daño que le provocas a la persona que dices apreciar. – A pesar de los insistentes gritos de la castaña, Haruka prosiguió. – Y no solo has dañado a ella, sino también a gente que poseía una familia esperando por ellos acá en Lebiatis. – Claramente se refería a los soldados que había asesinado en Telián.
- ¡Ami, no escuches lo que dice! –
- Tú me pides que te llame por tu nombre, pero, al fin y al cabo, eres la bruja que todos aborrecen… - Haruka recibió un puñetazo por parte de Makoto y cayó al suelo.
- ¡Tú no la conoces! – Gritó en su rostro. - ¡Nadie te está persiguiendo por una razón estúpida! – Y lloró de impotencia. – Ella no es una bruja… -
El viento de pronto se sintió helado.
- No. - Lágrimas surcaban el rostro de Ami. – Una bruja… - Su voz quebradiza se dejó escuchar luego de una pausa. – Yo soy una bruja. –
Las paredes de hielo se derrumbaron en ambos lados y los guardias finalmente pudieron avanzar contra el enemigo.
- ¡Soldados, capturen a las fugitivas! – Fue la orden de la capitana.
Pero alguien allí se rehusaba a ser apresada.
El hielo cubrió a la portadora del collar, tomando su forma por unos segundos. Luego su grosor aumentó y púas comenzaron a nacer de la escultura amorfa que se posicionaba en medio de la calle.
- ¡Ami! – Makoto observaba la escena desconcertada. - ¡¿Qué te ocurre?! –
Los guerreros retrocedían y esquivaban las mortales dagas de hielo que crecían sin control.
- ¡Maldita sea! – Haruka sostuvo con firmeza la empuñadura de su arma.
Y dentro de aquella protección helada, Ami encontró momentáneamente paz.
Capítulo 24: Ojos de lluvia.
La curiosidad pudo mucho más que el miedo. La gente sabía que se trataba de la bruja y la guardia real, pero deseaban enterarse hasta del último detalle de lo que ocurría afuera de sus hogares. Por tal razón, varios pobladores del sector fueron asomando sus cabezas. Curiosos otros, salían a la calle y se quedaban observando la escena que acontecía en esos momentos.
- ¡Mierda! – Los soldados daban a las púas con sus espadas, pero éstas no provocaban daño alguno en el hielo. - ¡Capitana, no hay manera de romper estas cosa! –
Estando tan cerca de haber podido atraparla, la bruja terminó encerrándose en una especie de coraza helada.
- ¡Continúa creciendo sin control! –
- ¡Maldita bruja! –
Los hombres estaban desesperadamente tratando de sacar del interior de esa impenetrable fortaleza a la bruja.
- ¡Capitana, esperamos órdenes! –
Pero Haruka no podía creer posible que su enemiga nuevamente terminara lejos de sus manos.
- Capitana… -
- ¡Ya paren de hablar! – Ordenó la rubia. – Estoy tratando de pensar. –
Para ella sería muy sencillo destruir el hielo. En efecto, su espada tenía el poder para hacer eso. Pero no sabía con exactitud el grosor de él. Si su espada cortaba un centímetro más de la cuenta, podría terminar matando a la bruja.
- Y la reina no estaría feliz si algo así llega a ocurrir. – Qué complicada situación tenía frente a ella. – Más no puedo dejar que esta cosa siga creciendo en tamaño. Las casas y la gente que está observando pueden salir lastimadas, también mis hombres. –
- ¡Sal de una buena vez, cobarde! – Los guardias continuaban golpeando el hielo con todas sus fuerzas.
"Haz que se detengan, por favor…"
Más púas volvieron a nacer desde la escultura, ésta vez alcanzando a un par de soldados e hiriéndolos gravemente.
- ¡Debo detenerla! – La rubia estaba decidida a hacerlo, pero el agarre de cierta persona la detuvo.
- No le hagas daño… - Era la compañera de la bruja. Siendo sinceros, Haruka se había olvidado completamente de su presencia. – Ella es la única persona que tengo. –
No tenía por qué estar escuchando las palabras de esa chica.
- Sus poderes siempre reaccionan así cuando está asustada. – Makoto ya había vivido algo como esto, pero no en una escala tan grande. – Deja que hable con ella, yo puedo resolver esto. –
Eran las súplicas de su enemiga.
- Deshazte de todo ese hielo. – Si existía la manera de alcanzar a la bruja sin hacerle daño, ella iba a aceptar ese camino. – A la primera cosa que encuentre sospechosa, no dudaré en usar mi espada. –
- Está bien. –
Makoto avanzó primera, siempre confiando en su compañera. Las estacas seguían creciendo en todas las direcciones posibles, más ninguna alcanzó a la castaña. Ya al lado de la inmensa escultura helada, vio sobre su hombro a la capitana y asintió. Respiró hondo y tocó con una de sus manos la superficie del hielo.
- Ami, ¿puedes oírme? – Sin importar la respuesta, Makoto continuó. – Estoy acá. –
"Sigue hablando, tu voz me entrega calor".
- Sé que estás asustada, herida y confundida… - Cuanto deseaba que su mano pudiera alcanzar a Ami en estos momentos. – Pero encerrada en esta cosa no ganarás nada. –
"Y estoy tan lejos de ti".
Haruka notó como algunas partes de la estructura comenzaron a gotear, casi como si estuviera derritiéndose. Desafortunadamente era un proceso extremadamente lento, así que muchos de sus hombres comenzaron a impacientarse.
- ¡Apresúrate en salir, bruja! –
- ¡Maldita basura! – Los gritos nacieron de manera espontánea y fueron aumentando a lo largo del grupo. - ¡Sal rápido o tendremos que dañar a tu compañera! –
"No, no le hagan daño".
- Ami, no escuches sus palabras… - La temperatura bajo su palma comenzó a descender rápidamente. – ¡Prometo que estarás bien! –
"Allá afuera todos son hostiles".
Y entonces la mano de Makoto fue capturada por el hielo que avanzó descontroladamente, atrapando luego todo su brazo.
- ¡Yo confío en ti! – Gritó la castaña. - ¡No me hagas daño! -
Los soldados se movieron apresurados, ya que más púas amenazaron con alcanzarlos. También la gente comenzó a correr, ya que temían por sus vidas.
Parte del rostro y torso de Makoto ya estaban cubiertos por el hielo. La joven solo se limitaba a llorar, ya que anticipaba lo que iba a ocurrir.
- ¡Te lo advertí! - En cosa de segundos se vio liberada gracias al rápido movimiento de la capitana. Y el corte de su espada buscó después la superficie de la enorme escultura. Un rojo sangriento tiñó la hoja de su arma y con un increíble poder hizo explotar todo el hielo que rodeaba a su enemiga.
"Te lo dije, Lágrima Azul... Ella no deseaba tu protección"
Rauda avanzó hasta quedar frente a la peliazul y con la espada perforó su estómago. De la herida mortal brotó sangre descontroladamente y la desafortunada joven cayó al suelo.
- ¡No, no, no, no! – Makoto observó la escena horrorizada. Para su infortunio, quedaría grabada en su retina para toda la vida. - ¡Ami! –
La castaña corrió hasta donde quedó abatida su compañera. Se lanzó al suelo y tomó entre sus brazos a la otra joven.
- ¡Por favor, resiste! – Pedía desesperadamente.
- Es inútil, todo se acabó. – La capitana sintió una gota helada golpear una de sus mejillas, pero no prestó mayor atención. – Ella debe estar muerta… - Nuevamente sintió el golpe de algo húmedo.
La mayoría de los soldados y ciudadanos que estaban en las calles también lo sintieron. Sus incrédulos ojos se elevaron al cielo.
- No te esfuerces. - El débil tacto de la mano de Ami se posó sobre una de las mejillas de Makoto. Ante aquel gesto, la castaña rompió en llanto. – Por favor, no me dejes... –
- Gracias por haberme rescatado aquel día en Telián... - El murmullo de la voz de la peliazul era solo audible para su compañera. - Makoto… - Incluso a portas de morir, deseó regalarle una sonrisa. – Me alegro de haberte conocido... -
Y cuando de los ojos de Ami cayeron las lágrimas, así mismo dentro de la cúpula de Lebiatis comenzaron a caer las gotas de lluvia.
- ¿Qué es esto? – Se preguntó Haruka.
Muchos de los presentes estaban sorprendidos, ya que una lluvia en Lebiatis era algo milagroso.
- Acá no llueve, ya que la cúpula maneja el clima. – Los ojos de la rubia bajaron a ver la triste escena de la bruja y su compañera. – Y sigue viva después de mi ataque. - Entonces comprendió todo. – Ya veo, ella hizo esto. –
Pero el toque de la lluvia puede purificar todo rastro de maldad.
- Entonces vendrán conmigo... – Haruka intentó acercarse, pero una piedra voló en su dirección y dio en su armadura. - ¿Qué rayos? – Se percató que había sido un niño quien se la había lanzado.
No solo ella, sino varios de sus hombres eran atacados de la misma manera por los ciudadanos.
- ¡Váyanse ya! – Gritaban algunos. - ¡Déjenla en paz! – Pedían otros.
La gente estaba defendiendo a la bruja y a su compañera.
- ¡Malvada capitana, deja a la pobre chica! –
La lluvia de piedras se hacía insostenible para los soldados, quienes no podían atacar a la gente, ya que iba contra sus principios.
- ¡Debemos retirarnos! – Ordenó Haruka. - ¡Están siendo manipulados por la bruja! –
Y la lluvia trajo consigo claridad.
Con esto se cierra un ciclo en este "arco" de Lebiatis. ¡Y estoy tan ansiosa por continuar! :P
¡Suerte!
