¡Hola! No lo puedo creer: ¡Dos capítulos seguidos con más de 2000 palabras! Ya no me reconozco.


Capítulo 25: Inservible.

Frente a ella se erigía el más maravilloso de los palacios que en su vida haya visto. Impresionante estructura hecha únicamente de cristal y que deslumbraba sus ojos debido a que el sol del desierto brillaba directamente sobre él. Una obra arquitectónica única e impresionante, un palacio que la dejaba sin aliento.

La ciudad que lo rodeaba era igual de hermosa. Los edificios eran en su mayoría blancos y adornados con ornamentas doradas. La gente era feliz y vivía tranquila, sin miedos ni penas.

Y acompañándola había alguien. No podía reconocerle a pesar de que estaba a su lado. Quizás era mujer, ya que su cabello era largo y se mecía elegantemente gracias a la brisa. Podía sentir en su corazón que esa persona era importante para ella.

Más era extraño sentir añoranza de un lugar que realmente no sabes con exactitud dónde viste antes. El palacio, los hogares, la gente y su acompañante eran ajenos a ella, pero al mismo tiempo parecían muy familiares.

- ¡Capitana! – Si no fuera por el llamado de un soldado, habría terminado perdiéndose en sus pensamientos. – La esperan en el salón del trono. –

- Gracias. – La rubia emprendió su camino por el palacio.

No se sentía preparada para enfrentar a la reina, básicamente porque había fallado en su misión y eso significaba que había realizado mal su trabajo. Angustiada, paso a paso, sentía que se iba acercando lentamente a su final. No era exagerar, fallar era prácticamente sentenciarte a la muerte.

Una vez que llegó ante la puerta del salón, respiró profundamente, mantuvo el aliento por unos segundos y después lo dejó escapar todo.

- ¡Con su permiso! – Gritó para después abrir y pasar.

Le sorprendió encontrar a la totalidad de sus hombres de mayor rango allí adentro. Estaban formados en ambos lados del salón, viendo de frente a la soberana de Lebiatis.

- Estábamos esperándola, capitana. – Habló la reina desde su trono. – Por favor, acérquese. –

Dudosa de si hacer caso o no, Haruka se tomó su tiempo para pasar al frente y posicionarse delante de la importante mujer.

- ¿Qué fue lo que pasó? – Preguntó curiosa la reina. – Deseo que me cuentes todo lo ocurrido con la bruja. –

Sintió la garganta seca y le costó en un principio hablar.

- Fue todo muy raro. – Dijo Haruka, realmente sin encontrar las palabras adecuadas. – Yo misma no sé qué pasó. –

Muchos de los presentes asintieron a lo dicho por la capitana. Y es que el enfrentamiento con la bruja realmente había sido raro.

- La teníamos acorralada, pero ella se encerró en el hielo. No podíamos sacarla de allí con las armas comunes, tampoco con mi espada, ya que podía hacerle daño. –

- Pero algunos soldados acá presentes me contaron que sí la atacaste con tu espada. –

Así que sus hombres estaban presentes en el salón, ya que habían tenido una conversación anteriormente con la reina.

- Bueno, eso es verdad. – Le habían contado sobre ese detalle. – Lo hice solo porque ella estaba representando un riesgo para mis soldados y para la gente que salió a ver lo que estaba ocurriendo. –

- ¿Y qué te detuvo para capturarla luego de eso? –

- Señora, toda la gente comenzó a atacarnos. – Eso había sido lo más extraño que había ocurrido. – Ellos nos arrojaron piedras y comenzaron a gritarnos cosas. Yo ordené la retirada inmediatamente, ya que la situación era insostenible. –

Entonces la reina explotó en furia.

- ¡¿Y no los oprimiste?! – Gritó encolerizada. - ¡¿Cómo no le ordenaste a tus hombres a que atacaran?! –

- ¡Imposible! – Respondió inmediatamente la capitana. - ¡Como servidora de Lebiatis, se me es imposible atacar a la gente! –

- ¡Pero se trataba de la bruja! – Ella era una razón muy importante. – ¿Perdiste la oportunidad de atrapar a la bruja solo porque la gente comenzó a arrojarles piedras? – Lo encontraba totalmente estúpido. - ¡Tu actuación fue miserable, Haruka! –

- No… - La rubia creía totalmente lo contrario. – ¡Yo actué bajo mis principios! –

Fue entonces que la reina la atacó con una ráfaga de energía oscura. La capitana fue lanzada lejos y su cuerpo azotó fuertemente el suelo.

- ¡Tus principios no cuentan cuando se trata de una misión tan importante! – Sus ojos inyectados en sangre miraban peligrosamente a la rubia. - ¡La tenías en tus manos y la dejaste ir! –

¿Por qué todo tenía que tratarse de la bruja? ¿Acaso a ella no le importaba la gente? ¿Por qué tenía esa obsesión con esa chica? Eran las preguntas que invadieron la mente de Haruka.

- "¿Cómo nunca noté su egoísmo?" – Mientras se levantaba, Haruka volvió a sufrir un terrible dolor de cabeza. Le había pasado en la mañana, pero no trató de darle mayor importancia.

- "Vuelvan a su hogar como heroínas". –

Juró ver frente a ella a una hermosa reina de cabellera plateada y sonrisa gentil, pero luego de parpadear, sólo encontró a la soberana de Lebiatis.

- "¿Esta mierda nuevamente?" – Sus ojos le estaban jugando una mala broma. – "¿O acaso estoy perdiendo la cabeza?"

Escuchó voces que le hablaban y susurraban cosas, pero no las descifraba totalmente.

- ¡Eres una absoluta vergüenza para el reino de Lebiatis! – Más la voz de la reina podía levantarse por sobre todos esos murmullos fantasmales.

- "Cuando volvamos, prométeme que finalmente estaremos juntas para siempre". –

- ¡Solo tenías que tomar tu espada y matarlos a todos! – La reina estaba a solo pasos de ella y amenazaba con atacar nuevamente.

- "Haremos que esa reina cambie de parecer y salvaremos a todos".

- Maldito monstruo... - Dijo elevando su vista y clavándola con ira en la reina.

- ¿Cómo me llamaste? –

Más pronto recordó de quien se trataba y se arrepintió profundamente de sus palabras.

- ¡No, yo no quería llamarla así! – Aterrorizada se arrojó al suelo, arrodillándose frente a su reina. - ¡No estaba pensando claramente! –Haruka fue agarrada de los cabellos y alzada en el aire sin problema alguno.

- Han pasado años desde la última vez que me llamaste así. – Una sonrisa siniestra se apoderó del rostro de la reina.

Entonces Haruka sufrió el azote de una descarga de energía oscura. Sus gritos de agonía llenaron el salón. Los pobres soldados observaban la escena horrorizados, algunos cuantos taparon sus oídos o cerraron los ojos, ya que ver sufrir a la capitana de esa manera tan cruel no era agradable.

La reina no se sintió satisfecha hasta ver sangre correr. Cuando la rubia perdió el conocimiento y sangre comenzó a caer desde su nariz, ella liberó sus cabellos y la dejó caer al suelo.

- Insolentes e incompetentes como ella no me sirven. – Comentó la mujer mostrando un semblante neutro. - Desde hoy Haruka deja de ser servidora del reino de Lebiatis y es retirada de su cargo como capitana de la guardia real. –

Mientras marchaba de vuelta a su trono, volvió a alzar la voz.

- Llévense a esta escoria. – Fue el último mandato que dio la reina antes de tomar asiento. Las sombras de la habitación pronto la cubrieron y solo sus brillantes ojos eran vistos. – No olviden quitarle su armadura y espada. -

Los soldados realizaron una reverencia y se retiraron del salón, obviamente cargando con ellos el cuerpo de la ex capitana. Una vez libre de la presencia molesta de sus servidores, la reina pudo pensar en solitario sobre sus problemas.

- Es obvio que pudo recordar algo. – Si no, ¿por qué la mirada llena de odio luego de recibir su ataque? – Me recordó a la mirada que me entregó aquel día que nos conocimos. – La mujer clavó sus uñas sobre la superficie del trono. – Bueno, ya no debo preocuparme por ella. Lo más seguro es que no soportará volverse una basura y terminará matándose. –

Su única preocupación ahora era atrapar a la bruja a como diera lugar. Debía comenzar a mover nuevamente a las tropas y mantener a raya a toda la población. Debía hacerlo ahora o nunca obtendría el poder de esa joven.

- Mi contraataque comienza ahora, Ami. -


Capítulo 26: Recuerdos frescos.

En aquel jardín eterno de blancas flores se divertía la hija de los reyes. Contenta saltaba y reía, su única preocupación era no dañar ninguna de las flores mientras se abría paso por el colorido campo.

Hasta que en medio de sus juegos notó una flor maltrecha. Raro, ya que las flores de su jardín eran conocidas por ser muy duraderas.

- Pobrecita. – Se lanzó al suelo sin darle importancia al hecho de que su despampanante vestido índigo podía terminar sucio. – Déjame ayudarte. –

Sus pequeñas manos viajaron hasta donde perecía la marchita flor. En ese instante, el collar que colgaba de su cuello comenzó a brillar, al igual que sus palmas. Un rocío mágico cubrió pétalos, tallo y hojas de la flor, que milagrosamente, recobró la viveza y hermosura que lucían el resto de las flores en aquel eterno jardín.

- Pequeña, ese poder tuyo es muy maravilloso. –

Inmediatamente la niña se puso de pie y se alejó unos cuantos pasos de la desconocida que le dirigió la palabra. Pero luego la reconoció. Sí, ella era parte del grupo extranjero que vino a visitar su planeta. Un grupo conformado por tres reinas provenientes de un sistema solar lejano.

- Ese collar que tienes está muy bonito. – Volvió a hablar la mujer, su interés puesto totalmente en la joya de la niña.

- Es mi Lágrima Azul. –

- ¿Podría verla más de cerca? – Una de las manos de la mujer se acercó peligrosamente al collar.

- ¡Ami! – La niña reconoció inmediatamente esa voz. Volteó buscando a su madre y la encontró a unos pocos metros, observando seriamente la escena. – Sabes muy bien que no puedes andar sin el cuidado de tu escuadrón. –

- Solo estaba viendo las flores. – Se alejó de la desconocida y corrió a los brazos de su madre.

- Lamento haber molestado a su hija, majestad. – La extraña dama hizo una reverencia ante las otras dos y luego se marchó silenciosamente.

Al verla perderse dentro de uno de los palacios, la reina finalmente pudo hablar.

- ¿Ella tocó la Lágrima Azul? –

- No. – Negó la niña con su cabeza. – Pero pudo verme usar mis poderes. –

Ami notó el cambio brusco en el semblante de su madre.

- Hija mía, siempre te he pedido que seas cuidadosa cuando usas la Lágrima Azul. – Agachándose a la altura de la pequeña, la reina buscó el tono más dulce que su voz podía emitir. – Tienes en tu poder un artículo muy importante y poderoso. Ami, prométeme que cuidarás este collar, ¿sí? –

Inocente e ignorante a su corta edad, Ami solo pudo hacer caso al pedido de su madre y asentir.

- Lo prometo. – Las imágenes se volvieron borrosas y se perdieron en medio de una neblina negra. Lo único que permanecía y pudo escuchar claramente fue su propia voz. – La cuidaré con mi vida. –

Cuando abrió los ojos se percató que no había jardín de flores blancas, ni una madre que le hablaba tiernamente. Estaba en una habitación rústica, acostada en una cama desaliñada. Se sintió perdida, ya que no recordaba ningún lugar como este.

- ¿Fue eso un sueño? – Una de sus manos fue a parar a su frente. – Me duele la cabeza. – Frunció el ceño por el terrible dolor que de pronto sufría. – ¿Sueño o recuerdo?

Intentó tomar asiento, pero fue entonces que su estómago la atormentó con una punzada horrible. Lo siguiente que hizo fue volver a acostarse y lanzar un grito. Hasta su alma se remeció de dolor.

- ¡¿Ami?! – Reconoció la voz inmediatamente. - ¡No puede ser posible! -

Desde otra habitación apareció Makoto. Su rostro se iluminó de alegría al ver que su compañera finalmente había despertado.

- ¡Lo sabía! – Gritó eufórica. - ¡Sabía que ibas a despertar! – Olvidando por completo el estado de la otra, Makoto se lanzó a la cama en la cual descansaba Ami y la abrazó. - ¡Te tomaste tu tiempo, tonta! –

- Agradezco el afecto… – Para ella siempre era grato recibir un abrazo de su compañera. – Pero me duele todo. –

- ¡Ups! – La castaña se separó inmediatamente. - Lo lamento. – Igualmente volvió a abrazarla, pero esta vez con un poco más de cuidado.

- ¿Qué es este lugar? – Preguntó Ami desde la comodidad de los brazos de Makoto.

- Una familia nos dejó quedarnos en esta habitación hasta que te recuperaras. – Explicó haciendo memoria. – Muchas cosas han pasado en los últimos días. – Las dos se separaron y continuaron charlando. – La gente nos ayudó cuando los guardias reales querían llevarnos y ahora todos parecen aceptar tu presencia. -

Eso realmente sonaba raro.

- La gente no ha dejado que los guardias reales lleguen hasta este sector. Les lanzan piedras y otras cosas, como si ellos fueran sus enemigos. – Makoto todavía no podía creerlo. – Y ya han pasado cuatro días desde eso. –

- ¿Cuatro días? – Vaya que había pasado el tiempo. – Entonces realmente terminé muy mal luego del ataque de la capitana. -

– Yo creo que tienes suerte. – Dijo para luego desviar la mirada hacia una ventana que había en la habitación. – Todos dicen eso. –

- ¿Por qué? –

- Yo vi como la espada de la capitana te atravesó… - Recordaba cada detalle de aquel día. – Te tuve entre mis brazos desangrándote. – Incluso en sus ropas aún quedaban manchas sin borrar. – Pero estás acá, viva. – Y eso era de lo que todos hablaban. – Sobreviviste al ataque de la capitana de la guardia real. –

- Bueno, no tenía más opción que seguir viviendo. – Dijo Ami y su mano viajó a encontrarse con una de Makoto. – Recuerdo que cierta persona me pidió que no la dejara. –

- Vaya mujer cumplidora que eres. – Su sonrisa a pesar de ser pequeña, era sincera. – Deja mejor que vaya por alguien para que me ayude a cambiar tus vendajes. –

- Está bien. – La peliazul dejó ir la mano de la otra. – Y gracias por continuar junto a mí. –

- Tú sabes que no importa lo que ocurra, yo siempre voy a estar contigo. – Makoto abandonó su puesto en la cama y se aventuró a la otra habitación.

Y Ami cerró los ojos, buscando descanso del tormentoso dolor que a momentos se apoderaba de ella. Pero a su mente solo volvían las imágenes del hermoso campo en el cual alguna vez pudo jugar tranquilamente en su niñez.


¡Eso sería todo en este capítulo! Gracias a todos los que se dan el tiempo de leer y dejar un review.

¡Suerte!