Circulo: Vicio Tsun.
Tú + Yo=Error 404.
4. ¿La amistad es mágica?
Había pasado una semana difícil, demasiado difícil. No sólo porque tuvo que usar el mismo uniforme arruinado que tenía manchas imborrables por todos lados, sino que vivir con Arthur Kirkland era el infierno mismo.
—Ya levántate, el sol salió. —y aventándole un chorro de agua, logró despertar al castaño.
— ¡Joder, que dejes de hacer eso, imbécil!—gritó Lovino, aventándole lo primero que encontró en la repisa: su despertador.
Suerte que en el extenso campus había una tienda donde podría comprarlos, y no salían tan caros.
Eran las cinco de la mañana, y ni siquiera había salido el sol cuando Arthur lo despertaba presa de su paranoia de llegar tarde a clases. Y no sólo eso, lo obligaba a entrar a clases, si no fuera porque Antonio se pegaba a él entonces parecería un perro faldero escondido detrás de Arthur.
Pero eso sí, cuando se necesitaba de su apoyo el muy gilipollas no aparecía, un ejemplo, la cafetería. Ir todos los días a ese maldito lugar ponía de muy mal humor a Lovino, pues desde el martes se había dado cuenta que su estancia no sería fácil al convivir con los de segundo año.
Los mismos chicos que le habían arruinado el uniforme lo seguían molestando, haciéndole todo tipo de bromas y haciendo que fuera el hazmerreír de todos; pero ciertamente eso no era lo que más le fastidiaba. Había descubierto la razón del porque Antonio no iba a ayudarlo, y era que el muy gilipollas español se la pasaba rodeado de chicas a todas malditas horas que apenas le ponía un poco de atención, tan poca era esta que el bastardo había olvidado que iba a la misma cafetería que él.
—Realmente me sorprende que Antonio no sepa nada. —comentó el rubio, mirando de reojo el uniforme del otro, lleno de manchas de comida.
—A ti te vale mierda mi vida, así que deja de aparentar que te importa. —dijo Lovino, sentándose en la cama, tratando de acostumbrarse a estar despierto tan temprano.
—No te confundas, no me interesa para nada. Sólo me sorprende. —exclamó, y encogiéndose de hombros para hacer más creíbles sus palabras, el británico entro al baño; escuchando como de nuevo el despertador se estampaba en la puerta de este.
Convivir con Lovino era tan horrible como se lo había imaginado, no, incluso más. Tenía demasiados malos hábitos; como levantarse desproporcionadamente tarde, dormir en cuanto regresaba de clases olvidándose por completo de los deberes, ser un perezoso egocéntrico y llorón. Bueno, nombrar todos sus defectos tardaría una eternidad.
Lo malo es que no sólo eso era la causa de su estrés; quizás ni siquiera la mitad de este. El que ponía su mundo de cabeza era el autoproclamado héroe que apenas había conocido unos días atrás. Toda la semana se había preguntado porque lo tenía esclavizado, ayudándolo con su trabajo en el Comité Disciplinario. Bien, podría librarse de él cuando quisiera, Alfred estaría más que encantado de ya no estar a su lado; pero no quería que Scott se lo echara en cara como la última vez que se lo había topado.
— ¡Mierda, ¿acaso eres una chica para tardarte tanto en el baño?!—gritó el mal hablado de Lovino, como todas las mañanas.
—Ya salí. —gruñó su acompañante, abriendo la puerta y dándole un empujón para que se quitara de en medio.
—Tch, no sé porque mierda me levantas tan temprano si me vas a dejar esperándote. —bufó, azotando la puerta del baño.
Sí, ahora esa sería la vida del perfecto Arthur Kirkland.
—.—.—.—.—
—Pensé que había dicho que tendrías los papeles hoy. —regañó Scott, sorbiendo un poco de té.
—…—Arthur miró a otro lado, mientras imitaba la acción de su hermano.
—Siendo tan inútil… me sorprende que hayas llegado hasta aquí. —comentó una vez que terminó de beber toda la taza.
—Siendo tú, me sorprende que me hayas dejado llegar hasta aquí. —contestó, neutral. Sabía que su hermano sólo lo hacía para provocarlo y burlarse de él aún más.
Scott afiló su mirada ante tal respuesta, logrando poner un poco nervioso a Arthur. Sin embargo, aquella escena se vio interrumpida cuando abrieron la puerta de par en par.
— ¡Arthur, he decidido que hoy te derribaré de tú trono!—gritó, la única voz que no quería escuchar en ese momento. —He encontrado un secuaz…
— ¿A quién mierda llamas secuaz, gordo imbécil?—refunfuñó su acompañante, entrando un poco después. En ese justo momento, Arthur deseo más que nunca que apareciera el diablo mismo y lo llevara al infierno; seguramente sería mucho más tolerable que estar con ellos tres.
— ¿¡A quién llamas gordo!?—exclamó Alfred, ofendido.
Lovino chasqueó la lengua, ignorando al de ojos azules que sólo comenzó a hacer más alboroto. Scott miró al castaño que parecía querer agarrar a puntapiés al otro; pensando un poco más, logró reconocerlo.
—Lovino Vargas. Nieto de Máximo Vargas. —dijo, atrayendo la atención de los tres. Arthur sólo miró a la ventana, esperando a lo que venía.
—Mierda, ¿qué todos en esta escuela saben quién soy?—bufó el italiano, enojado.
—Es un placer…
— ¡Arthur, hijo de puta!—chilló, ignorando al otro. — ¿¡Donde mierda has dejado mi celular está vez!? ¿Sabes lo que tengo que soportar por tus gilipolleces?
— ¡No me hables así, mocoso creído!—contestó el nombrado, acercándose a zancadas y tomándolo por la camisa. — ¡Lo tiré, y la basura ya se lo llevó!—una sonrisa se formó en su rostro y comenzó a reír quedamente.
La cara de Lovino se tornó purpura por el enojo, y sin pensarlo un segundo más, le tiró un cabezazo al rubio, provocando que este escupiera un poco de sangre.
— ¿Qué mierda…?—y dándole un puñetazo lo derribo al suelo.
Pero antes de que pudiera continuar, el héroe se interpuso entre ambos, extendiendo los brazos.
—Yo soy tu rival. —exclamó, con pose triunfante. No obstante, sólo recibió como respuesta un golpe en el estómago por parte de Arthur.
Scott miró la escena con molestia, no sólo había sido ignorado por un crío idiota si no que ahora lo era por tres. Así que no soportándolo más, avanzo a zancadas hacía Arthur, dándole un empujón para que se quitara de su camino.
—Tienes hasta las seis de la tarde. —dijo, con un tono de advertencia que puso de nervios al menor de los Kirkland.
—Sí…—respondió rápidamente antes de que su hermano quisiera repetirlo con un tono más amenazador.
Lovino se puso de pie sobándose la mejilla, aquel bastardo le había puesto la piel de gallina con la mirada que le había lanzado a Arthur. Aunque esté se lo mereciera por cejon, sentía un poco de pena por él.
—Toma esto Lovino. —ordenó, pasándole unos documentos. —Tienen que firmarlos todos los que estás ahí, búscalos y después búscame cuando me encuentres.
— ¿¡Ah!?—gritó, tirando los papeles al suelo. — ¿Por qué mierda tengo que obedecerte? Es tú trabajo no el mío.
—Tú hiciste que se pusiera de malas. —contestó recogiendo los papeles y frunciendo la boca. —Así que acepta la responsabilidad.
—Responsabilidad mis cojones. —rezongó. —sólo estas pasándome tú trabajo.
—Si me ayudas con esto… te daré tu celular. —murmuró Arthur, desviando la cabeza a otro lado. —Y no lo volveré a tomar.
— ¿Cómo mierda se supone que confié en ti?
— ¡No te estoy obligando!—chistó el británico, frunciendo la boca y volviendo la mirada hacia el italiano de manera defensiva. —Por mí quédate sin ese aparato del infierno.
—Cómo héroe…
— ¡Tú cállate!—gritaron ambos, para después volverse a mirar. Alfred hizo un puchero infantil, mirando a ambos que parecían echarse rayitos asesinos por los ojos.
—No tengo otra opción. —comentó Lovino, rodando los ojos. —Más te vale que cumplas o te afeitaré las cejas cuando estés dormido, bastardo.
Una vena palpito en la frente de Arthur, pero se controló. —Sólo tienes que ir y pedirle a todos los de segundo que firmen la petición; sólo son veinte personas las que faltan.
—Supongo que tú y el gordinflón irán juntos. —alzando una ceja, señaló con la cabeza al estadounidense.
— ¡Deja de llamarme gordo!
—…No realmente. —contestó para después mirar a Alfred quién seguía haciendo pucheros hacía Lovino. — ¿Qué mierda estás haciendo aquí?
Jones lo miró, ampliando los ojos con ligera sorpresa al darse cuenta de ese detalle, realmente Arthur no le había pedido que regresase al día anterior.
—Y-Ya sabes…—comenzó, intentando buscar la mejor excusa que pudo. — ¡El héroe no puede dejar que el Príncipe de las Sombras vaya por ahí, esparciendo terror y caos!
Tanto los ojos verdes de Arthur y Lovino, se pusieron en blanco. ¿Realmente era un estudiante de preparatoria aquel idiota sin cerebro?
—Entonces, te veré después. —masculló, alzando una mano y dándose la vuelta.
— Good luck!—dijo Alfred, comenzando a seguir a Arthur.
Lovino frunció el ceño y comenzó a ir en dirección opuesta. Mirando la lista se topó con algunas caras que le resultaron conocidas, pero le restó importancia, al menos hasta que se topó con cuatro caras muy familiares.
Sí, el jodido de Arthur Kirkland le había dado a los del BBT. Pero quitando a ellos, había otra cara, la del chico idiota-de-la-bufanda-del-árbol-y-loco-de-los-pájaros, en cortas palabras, Govert.
—.—.—.—.—
— ¿Por qué estás haciendo su trabajo?—se quejó Antonio, tomando el paquete de documentos. —Lo hubieses dejado sólo… ¿o te obligo?
—Deja de joder. —dijo molesto y apartándolo de un manotazo, evitando la cercanía. Lo ponía nervioso. —Sólo hagan lo que les digo.
—Oh, mon amour~—comenzó Francis, pasando sus manos por el hombro de Lovino. Un contacto que el menor repudio enseguida. —Lo haré si me das un beso~
— ¡Primero muerto!—contratacó enojado, intentando quitarlo de su lado.
—Tal parece que Francis quiere robar todos los primeros besos de los puñeteros enojones. —carcajeó Gilbert. —Primero con Arthur, ahora con Lovino.
—Eh, no dejaré que Francis tenga el primer beso de Lovi. —se quejó Antonio, frunciendo la boca. El italiano lo miró sorprendido, sintiendo levemente como las mejillas comenzaban a arder.
—Claro que no. Ese ya pertenece a mi querido Antonio. —y guiñando el ojo, sonrió hacia el español.
Lovino sintió que toda su cara era un caldero hirviente, ¿por qué demonios el idiota del vino tenía que haber dicho eso? ¡Y no, no es que se lo haya imaginado o algo así! ¡Ni tampoco que por un par de segundos hubiese pensado lo bueno que se sentiría besar a su mejor y único amigo!
— ¿Qué cosas dices, Francis?—sonrió el español, sin notarse un poco afectado por lo que había dicho el rubio.
—Las cosas que no te atreves a decir. —apuntó el alemán, riendo al ver la cara de Lovino. El italiano apretó los dientes con fuerza, bajando de su encanto, los muy bastardos sólo se estaban burlando de él.
— ¡Y-Yo ya tuve mi primer beso!—exclamó apartando las asquerosas manos del francés, no podía permitir que lo siguiera tocando, lo repudiaba. — ¡Joder, sólo hagan lo que les digo, pendejos bastardos!
Y sin que se pudiera evitar el BBT estalló en risas, escépticos de lo que había dicho Lovino. Esté mismo se mordió el labio, evitando que palabras más descabelladas salieran de sus labios; sin embargo, no dejaba de fulminar a Antonio con la mirada, porque él no debería estar riéndose de él, debería estar enojado con Francis por tocarlo y ¿por qué no? Golpearlo no sería algo desagradable.
—Si ya terminaron de burlarse de mí, me largo. —dijo, arrebatándoles las hojas en el proceso. —El bastardo cejon y el imbécil cabello de tomate se encargaran de ustedes.
—No te enojes, Lovi. —pidió Antonio, deteniéndolo con un abrazo. —Si de verdad quieres el beso, puedo dártelo. No me molesta.
— ¿¡Quién mierda quisiera besarte!?—gritó, intentando zafarse.
—Oh, yo creo que muchas chicas y chicos. —comentó Francis. —Toñete es muy popular con las damiselas y los chicos.
—Sí, lo sé. —pensó Lovino, desviando la mirada.
—Seguro que incluso pagarían por besarlo. —siguió Gilbert, metiendo las manos en el pantalón y desviando la mirada. —Aunque es obvio que mi asombroso ser sea mucho más popular que él.
— ¿Entonces, qué piensas de eso, Lovi?—preguntó Antonio, con una sonrisa que Lovino no pudo descifrar totalmente. Pero tenía burla incluida, por lo que logro enfurecerlo más.
—Ya te dije que tuve mi primer beso. —dándole un manotazo, logro apartarlo. —Y de una chica verdaderamente hermosa.
— ¿Cómo se llamaba?—cuestionó Francis.
Lovino apretó los dientes, pero después una idea llegó a su cabeza. —No lo sé. No voy preguntando el nombre de cada chica que beso. —contestó con una simpleza que asombro a los demás.
—Lovi nunca me lo contaste. —dijo Antonio, con un tono extrañamente triste. El italiano lo miró sorprendido. —Te pude haber dado unos consejos.
Un puño directo a su boca lo hizo callar, y mientras los otros dos del BBT 'ayudaban' a Antonio; porque en el caso de Francis no había desaprovechado la oportunidad para agarrarle el trasero, se fue.
—.—.—.—.—
—Sólo falta uno. —sonrió satisfecho el rubio, mirando al alumno. No reconocía muy bien su rostro pero al menos eran las cuatro de la tarde y tenía tiempo suficiente como para buscarlo. — ¿Por qué no me ayudas un poco? En vez de estarme siguiendo como perro. —bufó mirando a Alfred.
—No quiero. —respondió haciendo un mohín.
— ¿Qué eres un niño de cinco años?—preguntó, poniendo las manos en la cintura. —Pensé que te querías librar de mí a toda costa, pero veo que no es así.
— ¡Claro que me quiero librar de ti!—afirmó, causando que una pequeña vena en la cabeza de Arthur se hinchara.
— ¿Entonces?
—…—el americano se quedó mirando al inglés por un buen tiempo, tanto que logro incomodar al otro.
— ¡No conseguirás nada con verme de esa manera!—exclamó con una sonrisa socarrona. —N-no es que me incomodes o algo así.
—No es nada. —bufó con molestia, dándose la vuelta. —Buscaré un método para destruirte mientras como una hamburguesa.
Kirkland lo miró alejarse, confundido por su repentino cambio de actitud. Sin embargo se encogió de hombros y siguió buscando al tipo que le faltaba.
—.—.—.—.—
Lo sabía, ya lo había previsto cuando las caras le resultaron conocidas. Eran de aquellos chicos que lo molestaban en la cafetería como si fuera lo más divertido del mundo, entre ellos estaban los dos bastardos que estaba buscando.
—Tsk…tal vez sería mejor volver por Antonio. —se dijo, asomándose por detrás de una pared. —O darle estas cosas de nuevo al imbécil de Arthur.
— ¿Qué demonios haces?—cuestionó, el nombrado. Apareciendo de la nada.
Lovino pegó un grito tan fuerte que provoco que el británico tuviera que cubrir sus oídos, y sin querer salió de su escondite, poniéndose a la vista de esos sujetos; los cuales al parecer no tardaron ni dos segundos en reconocerlo.
— ¡No me espantes así, pendejo!—gritó, señalándolo.
El británico chasqueo la lengua y avanzo hasta él. —Espero que tengas de una buena vez los documentos que te pedí.
— ¡Sólo me faltan dos, deja de joder!—protestó, dando un golpe al suelo.
—Los dos son unos putos escandalosos. —dijo la voz del líder, que parecía de tercer año. Arthur y Lovino los miraron con desprecio.
—Sólo tienen que firmar esto y los dejaré en paz. —explicó Arthur, arrebatándole los documentos a Lovino y mostrándoselos a ellos.
— ¿Por qué crees que tienes control sobre nosotros, Kirkland?—preguntó otro, con una expresión de burla.
—Porque lo tengo sobre toda la escuela. Ahora firmen. —exigió, agitando los papeles. —A menos de que quieran verle la cara a Scott.
—Tu hermano no nos asusta. —volvió a hablar el de tercer año. —y mucho menos un puto cejon como tú y su perro faldero.
— ¡No soy ningún perro!—gritó Lovino, aunque no podía dejar de estar tras Arthur. ¡Y por supuesto que no era porque tuviese miedo, claro que no!
—No les cuesta absolutamente nada firmar. —el inglés se pasó una mano por la cabeza, enojado. —Es para confirmar su inscripción.
—Lo haremos, siempre y cuando nos dejes golpearte cinco veces en la cara. —propuso de nuevo el líder. —y por supuesto que nos dejes a ese idiota italiano.
—Ni de coña. —respondió Lovino. —A él puedes golpearlo todo lo que quieras, sin embargo.
Todos los miembros de la pandilla se encogieron de hombros y sonrieron. —Espero que no pienses que lo decíamos enserio. —aclaró el líder. —Dame los papeles.
El británico obedeció, y el chico les paso los papeles a las personas correspondientes. Con una mirada confusa, sin querer busco respuesta en la cara de Lovino, pero se sorprendió al verlo tan a la defensiva, aunque se encontrara detrás de él.
—Toma esto Kirkland. —ofreció. El nombrado asintió con la cabeza y justo apenas pudo esquivar un golpe que tendría impacto en su barbilla.
— ¿¡Qué mierda haces!?
—Vamos, ¿de verdad creíste mis palabras?—preguntó, con una sonrisa en el rostro. Automáticamente los demás miembros rodearon a ambos. —No te dejaré salir de aquí ileso.
— ¿Te arriesgaras a una expulsión?
—Lo haré. —encogiéndose de hombros, dirigió de nuevo su puño, sólo que está vez a Lovino.
— ¡Ya basta!—gritó Arthur, soltándole un golpe directo a su mejilla. —Tú, bastardo infeliz, ¿crees que puedes tocar a un caballero sólo porque te dieron ganas de hacerlo?—preguntó, con una sonrisa bastante torcida. — ¿Crees que teniendo a tres hermanos bastardos no aprendería a defenderme de ellos?
—Inténtalo.
—No creo que sea necesario hacerlo. —habló una voz detrás de ellos, causando que los cinco chicos se pudieran rectos. —Piérdanse.
No basto ni un minuto para que ellos se fueran, incluso aunque no voltearon hacía atrás para comprobar de quién era la voz.
—Tú eres…—Lovino se sintió un poco cohibido al mirar hacia arriba al loco-de-los-pájaros. —Govert.
—Levántate—ordenó, tendiéndole la mano. El italiano miró lo ofrecido y trayendo de nuevo toda su dignidad de vuelta, lo ignoró, poniéndose de pie al mismo tiempo que se sobaba la mejilla.
Arthur se quedó de brazos cruzados, alzando una ceja, inspeccionando la situación. Ese chico, que era mucho más alto que él, parecía conocer al mocoso engreído.
— ¿Estás bien?—preguntó el británico, mirando a otro lado, intentando que no sonara preocupado.
—Sí…—murmuró el castaño, desviando la mirada. Govert los miró con indiferencia y simplemente se marchó; el mayor de los Vargas quiso objetar algo pero al final su orgullo no se lo permitió. —…Gracias, supongo. —masculló demasiado bajo, aun así Arthur pudo escucharlo.
—Eh…—una sonrisa burlona se formó en su rostro. —Sólo tienes que inclinarte y reverenciarme mientras dices "Muchas gracias grandioso Arthur, no te volveré a molestar nunca más y me cambiaré de habitación enseguida."
—No te creas tan importante. —bufó Lovino, cruzándose de brazos. —Me sigues cayendo peor que el bastardo de Francis.
— ¡Mocoso engreído, todavía que te salvo!
—No te lo pedí. —comentó, sin dirigirle la mirada. —Aunque si quieres… podríamos ser buenos compañeros. —dijo, mirándolo de reojo. —No me malentiendas no estoy diciendo que quiero tu amistad o algo así.
Arthur alzó una ceja, incrédulo. — ¿Qué esperabas? ¿Qué ahora aprendamos cosas de la amistad y le enviemos una carta al director con la lección aprendida?—cuestionó, frunciendo el ceño.
—Y-Yo no quiero tú amistad o algo así. —señaló Lovino, intentando que la vergüenza no se apoderara de él. — ¡Sólo me sirves para deshacerme de los demás, bastardo cejon, no te creas tanto!
Los ojos se Arthur destellaron con sorpresa, sin embargo no se dejó intimidar y apretando los puños siguió con esa discusión. —Y tú sólo me sirves por el nombre de tu familia. —espetó, intentando contener la rabia de su voz. —Tal vez si fuera con Feliciano sería mucho más fácil llegar hasta tú abuelo y tus padres ¿no?—resaltó con arrogancia, pero la cara de su contrincante lo dejo helado.
Lejos de sentir satisfacción al ver a Lovino sorprendido o enojado por lo dicho, la culpa lo carcomió en menos de diez segundos. La expresión de Lovino Vargas, era de estupefacción y dolor total, sus ojos se habían puesto rojos y al darse cuenta había intentado esconder la cara rápidamente.
—No le des una expresión tan lamentable a tu rival…—pensó, dejando caer los brazos que hasta ahora se habían mantenido cruzados en su pecho.
—Sí, accederías más rápido. —dijo, volteándolo a ver con una cara que Arthur considero horrorosa. — ¡Pero si le abrieses las piernas seguro que sería aún más!—gritó.
El británico abrió la boca con sorpresa, y al voltear se dio cuenta que varios alumnos se habían detenido a verlo por el grito de Lovino. No obstante, cuando intento decir algo en su defensa, notó que el italiano se había echado a correr en dirección al jardín interior.
—Jodido crío, imbécil…—sus dientes rechinaron con enojo, y sus manos tronaron al momento de cerrarlos en un puño. —No creas que puedes hacerle esto al gran Arthur Kirkland e irte sin más.
Y tal era su enojo que no notó al auto-proclamado héroe unos metros más atrás, frunciendo el ceño.
Y no, Alfred no está celoso de manera romántica. Aún no XD Y sí, Arthur se refirió a My Little Pony cx
Bueno como no hubo reviews anónimos pues no pongo nada más. A las hermosas chicas que comentaron les conteste con MP*corazón*
¡Gracias por leer y comentar!
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
