¡Hola a todos! Sí, 2.000+ palabras nuevamente. Supongo que será algo común de ahora en adelante.
Capítulo 27: Un alma herida.
Aquella noche la luna se presentaba solitaria en lo más alto de la bóveda celestial, inundando cada centímetro del oasis con su purificadora luz. Nadie era ajeno a su brillante toque. Incluso la bruja lucía cierto aire de divinidad bajo el manto plateado que el satélite extendía desde lo alto del cielo nocturno.
Ami descansaba solitaria en una plazoleta. Sentada en una fuente, su mano mecía el agua de un lado a otro. Era relajante para la joven el poder estar en contacto con su elemento.
- Makoto aún no viene a acompañarme. – Tener un tiempo a solas era agradable y la ayudaba a pensar, pero prontamente comenzaba a extrañar la presencia de la castaña. – Tiene que haberse quedado charlando con alguna persona. –
Días antes, Ami nunca habría pensado en salir sola a las calles de Lebiatis. Eso habría sido sin duda una idea suicida. Pero ahora todo era diferente, Lebiatis ya no era peligroso para ella.
- Pero sigo sin acostumbrarme del todo. –
La gente le dirigía la palabra y eran curiosos por saber más sobre ella. También sobre las aventuras que vivió en el desierto. Todos los detalles que ella pudiera revelar eran interesantes para ellos.
- ¿Disfrutando la noche? – Preguntaron desde su espalda.
Sí, era todavía extraño, pero debía acostumbrarse de a poco.
- El clima está muy agradable... – Comentó la peliazul, volteando su cabeza y encontrándose con la persona que menos esperaba. - ¿Capitana? –
Al otro lado de la pileta estaba Haruka. Ami pudo apreciar la cicatriz que tenía la rubia en una de sus mejillas, también los moretones en sus brazos y piernas.
- ¿Disfrutas de tu libertad, bruja? – Habló luego de una larga pausa. – Debes estar muy feliz. – Intentó acercarse, pero la joven se levantó de su puesto y retrocedió unos cuantos pasos.
- No se acerque. – Demandó con voz segura.
- Yo debería estar a la defensiva. – Comentó Haruka. – Nunca se sabe qué harás, bruja. –
- ¿Perdón? De las dos, usted es mucho más peligrosa. – Ami apuntó a su estómago. – Déjeme recordarle que usó su espada contra mí. –
- Más sigues viva. – Y eso era sumamente milagroso. – Ahora todos están interesados en ti. – La gente de Lebiatis no paraba de hablar de la bruja. - ¡En cambio, yo lo perdí todo! – Pasó de ser alabada a ser apedreada. - ¡Soy el hazmerreír de todos, perdí mi cargo como capitana y recibí el castigo de la reina! – Su cuerpo era prueba del cruel trato que sufrió. - ¡Y todo por tu culpa! –
El odio ardía en la mirada de Haruka, quien terminó descargando toda su impotencia contra Ami.
- No lo entiendo... – Trató de respirar y calmarse, pero sus ojos cristalinos la delataron. Sí, iba a llorar. Pero hacerlo frente a la bruja solo la humillaba más. - ¿Cómo pudieron cambiar tan radicalmente los papeles? –
La joven pudo ver lo confundida y dolida que estaba la pobre mujer. Inmediatamente sintió que debía ayudarla, su corazón se lo pedía. Sin importar lo peligroso que resultaba ser el estar cerca de Haruka, Ami no podía hacer oídos sordos a sus principios.
- Para mí también es complicado entender qué ocurrió. – Tenía que ser sincera. – Pero le aseguro que mi intención no era arruinar su carrera. –
- Vete ya, niña. – Sinceramente ya no deseaba oír o ver a la bruja. – Que seas tan educada y amable no me ayuda, ¿sabes? –
Pero Ami se atrevió a tomar asiento junto a Haruka en la fuente.
- Si yo provoqué su estado actual, permítame hacer algo para ayudarla. –
En un instante una daga paró a centímetros de la garganta de la peliazul y su collar fue apresado por una de las manos de la rubia. Sentadas, frente a frente, sus ojos se encontraron.
- Es esto lo que te hace tan especial, ¿verdad? – Preguntó Haruka.
- Sí, eso es verdad. – Admitió la joven, tratando de aparentar tranquilidad. – Puedo canalizar el poder de mi Lágrima Azul para usarlo en mi favor. –
- Entonces, si tú no existes, este collar no sirve para nada. –
- Posiblemente. – Eso era algo que Ami no sabía con seguridad. – Puede ser cierto, ya que la única que puede portar el collar soy yo. -
- ¡Bien! - Una sonrisa surcó los labios de la rubia. – Si mueres, todo se acaba. – Solo era cosa de mover la daga unos cuantos centímetros más. – Hazme sencillo el matarte, bruja. –
El collar de pronto comenzó a brillar.
- Incluso si mi propia convicción es entregarme a la muerte, mi collar puede pensar diferente y no dudará en atacar o encerrarme en hielo para defenderme. – El fulgor de la gema incrementó y algo de escarcha comenzó a cubrir la mano de Haruka. – Y posiblemente habría accedido a su petición en algún escenario pasado, pero hoy en día, tengo una razón muy importante para seguir viva. –
De improviso, un dolor insostenible se apoderó de la ex capitana. Era su cabeza. Pese a que los días pasaban, ese dolor maldito no la dejaba.
- Por eso no puedo dejar que me mate. – El resplandor de la Lágrima Azul fue decayendo en intensidad. – Ya que ahora mi vida es un tesoro igual de importante que mi collar. -
Y se dio el ánimo de sonreírle, más debido a su gentil gesto, Haruka sufrió nuevamente una visión.
"Allí donde todo brilla divinamente, en medio del desierto, está Frieden. Vuelve a tu oasis, Haruka."
- ¡Ya haz que se detengan! – Retiró la daga y su mano liberó el collar. La rubia se levantó de golpe, alejándose cuanto podía de esa extraña joven. Pero en su mente aún danzaban las imágenes de un misterioso oasis que sentía con añoranza conocer. - ¡Tus malditos poderes son los que causan todo esto! –
- Capitana, contrólese… –
- ¡Deja de llamarme capitana! – Ella ya no era servidora de Lebiatis. - ¡Perdí todo lo que tenía por tu culpa! – Lo único que había ganado eran esas terribles visiones que la confundían. - ¡Mi único propósito se ha perdido! -
- ¡Créame que la comprendo! – Ella también había comenzado sin un propósito cuando llegó al planeta. - ¡Pero puede empezar desde cero, ya que lo mejor de haber tocado fondo es que ahora puede volver a subir, incluso más alto que la última vez! –
- ¡Deja de ser tan malditamente buena! – Haruka elevó su daga, lista para ir contra Ami nuevamente, pero sufrió la embestida de alguien y terminó cayendo al suelo, perdiendo su arma en medio del sorpresivo ataque.
- ¡Aléjate de Ami! – Makoto llegó corriendo y se topó con la escena, así que no dudó en saltar a defender a su compañera. - ¡Esto se termina acá! – Y había recogido la daga de la ex capitana.
Más fue el agarre de las manos de Ami el que detuvo el arma antes de que cayera sobre la rubia.
- ¡Detente! – Pidió la peliazul. - No ganarás nada matándola. – Desde la espalda de Makoto sostenía el fuerte brazo de la otra. - Por favor, vámonos de acá. –
Gruñendo de mala gana, Makoto dejó caer la daga al suelo. La pateó, solo para asegurarse que Haruka no pudiera alcanzarla. Luego tomó la mano de Ami y la llevó con ella, caminando lejos de donde quedó tirada la ex capitana.
- "No lo entiendo…" – Los ojos de Haruka no abandonaron el cielo estrellado que se desplegaba sobre ella. – "¿Por qué puedo oír la voz de la consejera Kaio hablándome en mis visiones?" –
Capítulo 28: Accidentes planeados.
El fuego se apoderó en cosa de segundos del modesto hogar. Llamaradas ascendían desde el tejado y como brazos ardientes, deseaban alcanzar el cielo. La familia que vivía allí salió desesperadamente de aquel infierno y terminó en la calle, observando su esfuerzo de años ser consumido por el fuego.
- ¿Están todos? – Preguntó el hombre de la familia.
- ¡El abuelo! – Los niños fueron los que se percataron inmediatamente de la falta del mayor. - ¡No salió con nosotros! –
- ¡Padre! – La madre de los pequeños fue retenida por su esposo, ya que deseó en ese momento entrar a la incinerada morada. - ¡Déjame ir por él! –
- Se olvidan que la bruja está allá adentro… -
La familia se percató de la presencia de una encapuchada desconocida junto a ellos.
Mientras tanto, dentro del hogar todo era un caos y Ami junto a Makoto intentaban escapar de él. Su habitación estaba en la parte trasera de la morada, así que el fuego las había atrapado en lo que antes era el comedor.
- ¡No puedo respirar! – Gritó la castaña.
- ¡Vamos, podemos salir de acá! – Animaba Ami, aferrada al brazo de su compañera y obligándola a continuar.
Entonces escucharon los quejidos de alguien. Incesantemente buscaron en aquel infierno a quien emitía los ruidos, hasta que se toparon con el abuelo de la familia tirado en el suelo.
- Ayuda… -
Ambas corrieron a socorrerlo y lo subieron a la espalda de Makoto. Pero para mala suerte de los tres, parte del techo comenzó a ceder y vigas de madera envueltas en llamas empezaron a caer sobre ellos.
- ¡Maldición! – Makoto estaba tosiendo descontroladamente. - ¡Hay que apagar esto o no saldremos! –
Siempre en momentos de tensión, Ami tenía la costumbre de aferrar su collar.
- Vaya que soy estúpida… - Dijo la peliazul.
- ¿Qué dices? – Su compañera no comprendía el porqué de tratarse así. - ¡Deja ya de pensar mal sobre…! –
El techo de la casa fue atravesado por un enorme y potente chorro de agua. Las ventanas estallaron, igual la puerta, pero en vez de llamas, fue cristalina agua la que brotó. Luego de un rato, Makoto salió del hogar cargando al abuelo, después apareció Ami. Los tres empapados completamente, pero vivos.
- ¡Padre! – La mujer corrió a ver al anciano y ayudó tanto a él como a la castaña que lo traía. - ¡Muchas gracias, son unas heroínas! –
El hombre, quien era el que más recelo tenía contra la bruja, se acercó lentamente hacia donde había caído Ami exhausta y le extendió la mano.
- Gracias. – Escasas palabras, pero que para la peliazul fueron suficientes.
- No hay de qué. – Aceptó la mano y se puso de pie. – Makoto, ¿estás bien? – Se encaminó al lado de la otra.
- Mojada y todo, pero bien. – Sonrió a su compañera.
La encapuchada supuso que allí ya no había nada más que ver, así que se retiró del lugar para perderse entre la multitud que había salido a observar el siniestro.
Los días siguientes fueron caóticos. Ami podía jurar que muchos y sucesivos malos acontecimientos no eran por razones del azar. Makoto y ella sentían que todo esto era causado por alguien más.
Más raro aún era que después del incendio, no hubo manera de quitarse de encima a los niños de la familia que les recibía en su hogar. Así que ahora eran seguidas por ellos a todas partes.
- ¿Y de dónde sale el agua que creas? – Preguntó uno de los pequeños. - ¿Tienes alguna clase de magia? -
- Mi collar me entrega esa clase de poder. – Respondió la peliazul, apuntando a la Lágrima Azul.
- ¿De dónde sacaste tu collar? – La niña que iba agarrando su túnica le hizo esa pregunta. – A todo esto, bonita tela la de tu ropa. –
- Realmente no lo recuerdo. – Se lamentaba Ami. – Hay muchas cosas que no sé exactamente con seguridad. –
- Entonces tienes amnesia, ¿verdad? – Habló la mayor del grupo. – Tus síntomas hacen parecer que sufres eso. –
- Oigan, ¿no tienen cosas mejores que hacer? – Makoto no quería sonar ruda, menos grosera. Pero lamentablemente había sonado así para los niños.
- Vaya, su esposa es malhumorada. –
- ¡No soy su esposa! – Gritó la castaña sumamente avergonzada.
Ninguno se percató que lejos de allí, escondida entre las sombras, había una persona espiándolos.
- ¿Qué trama hacer con esos niños? - Se preguntaba Haruka mientras observaba sigilosamente al grupo.
Ya llevaba varios días siguiendo los pasos de la joven. Día y noche, sin descanso, observaba todo lo que hacía. Más para su desgracia, todo lo que la bruja hacía era ser bondadosa con cada una de las personas con las que se topaba.
- Espera un momento, ¿quiénes son esos? – Al principio de la calle pudo visualizar dos hombres en armadura. El par se acercó lentamente a un hombre que vendía artesanía en su carreta y sin previo aviso, cortaron las cuerdas que la unían a unas estacas de metal que yacían clavadas al firme terreno. Cada uno dio una patada a la carreta, provocando que ésta partiera calle abajo a toda velocidad. – Así que ellos están detrás de todo esto. –
La gente esquivaba como podía la carreta que avanzaba fuera de control.
- ¡Tengan cuidado! – Reaccionando de manera rápida, Ami hizo aparecer una pared de hielo, protegiendo a los niños y a Makoto del impacto. El choque hizo volar madera por todos lados, pero nadie salió herido. - ¿Están todos bien? – Preguntó preocupada la joven.
Y prontamente la multitud se aglomeró en un círculo, todos aplaudiendo y alabando a la peliazul.
- ¡Eres de lo mejor, bruja! – Los niños se abrazaron de ella. - ¡Gracias por salvarnos! –
Todos esos extraños gritaban y festejaban a quien decían odiar a muerte hace menos de una semana.
Bueno, eso sería todo por ahora.
¡Suerte!
