Circulo: Vicio Tsun.
Tú + Yo = Error 404.
5. Nueva rutina.
—Últimamente he visto muchos carteles de este tipo. —dijo Alfred, subiéndose los lentes para poder apreciar mejor.
— ¿Últimamente? Llevas aquí cuatros días, idiota. —los ojos verdes de Arthur se posaron en el castaño que veía con determinación el cartel. —Es una fiesta de bienvenida. Mañana se hará el anuncio oficial.
Los ojos azules de Alfred destellaron con felicidad. — ¡De verdad! ¿Una fiesta?
—Eso fue lo que dije. —sin prestarle más atención, el presidente volvió a tomar un sorbo de té y a leer los documentos que tenía en su escritorio.
— ¿Qué tipo de fiesta?
—De bienvenida.
— ¿Para quienes?
— ¡Para los de nuevo ingreso! —contestó, Arthur. Preso de la irritación por tener al autoproclamado héroe de regreso en su oficina. ¡Tenía mejores cosas que hacer que soportarlo!
— ¡Yo soy de nuevo ingreso! —exclamó Alfred, emocionado. El inglés rodo los ojos, decidido a ignorarlo. — ¿Quién está a cargo de la organización?
—Grupo 1-A.
— ¡Esa es la clase de al lado! —chilló, pataleando. Arthur volvió a alzar la mirada de los papeles, con expresión de molestia pura. — ¡No es justo! No hay mayor armador de fiestas que un americano. —inflando las mejillas, se dejó caer en el sillón con los brazos cruzados.
—Lo que digas. —Arthur se recargo en su mano, mirando con aburrimiento al otro. Le había quedado claro que, si el otro estaba ahí, no podría concentrarse por más que lo intentara. — ¿Y bien?
El castaño lo miró con una ceja alzada, sin quitar el mohín de su cara. — ¿Qué?
— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, tomando otro sorbo de té. — No te pedí que vinieras. ¿Ya encontraste una forma de destruirme?
— ¡No te burles! —bufó, golpeando la mesita que tenía adelante. Las cosas parecieron brincar, sorprendiendo al presidente. — ¡Ya encontraré una forma!
—Si bueno. —Arthur se levantó y sirvió en otra taza de té. —En lo que la encuentras toma esto, y cuando termines vete. Tengo muchas cosas que hacer.
Alfred miró al rubio quién tenía una sonrisa divertida en la cara y después a la taza de té. — ¿Esta envenenado?
— ¡No tiene veneno! —Arthur se volteó, hecho una furia. Pero se calmó al notar que Alfred lo bebía con una cara divertida.
—Lo que sea. El héroe no morirá tan fácilmente.
—.—.—.—.—
Estaba de un humor insoportable. Y por ello se había alejado de todo el mundo, incluso del bastardo español que llamaba amigo; no quería desquitarse con él, no porque Antonio no supiera controlarlo o que hacer para calmarlo. Sino que le haría preguntas, más preguntas de las necesarias y entonces tendría que dar explicaciones, y todo sería un caos.
— ¡Pero si es Lovi! —la melodiosa voz de su hermano menor llego a sus oídos, en ese momento sólo quiso arrancárselos y seguir avanzando. Pero si lo hacía, entonces preocuparía a Feliciano.
— ¿Qué mierda quieres, tonto? —preguntó, dándose vuelta. Su gemelo se hizo un poco para atrás, asustado.
— ¿Por qué estás enojado, Lovi? —chilló, cuando se le paso el susto. — ¿Papá te regaño de nuevo?
Un tic apareció en el ojo de Lovino, hace algún tiempo habían comenzado a darle mucho más que los verbales. Ahora el chigii sólo salía cuando se cagaba los pantalones, lo cual no era muy a menudo.
— ¡A quién le importa ese viejo verde! —protestó, indignado. —Estoy muy bien. Ahora piérdete antes de que decida darte una patada en tu lindo culo.
La cara de su hermano se descompuso en un segundo. — Ve~ Lovi, sabes que papá solo está preocupado porque te metes en muchos problemas. No quiere que te vuelvan a expulsar como antes.
El mayor rodó los ojos con disgusto, esa conversación la tenían todos los días. Incluso cuando no se encontraban, Feliciano ya fuera por whatsupp le recordaba lo buenos y maravillosos que eran sus padres y su abuelo.
—Sí, sí. Lo que sea.
De nuevo una sonrisa adorno la cara de Feliciano, quién abrazo a su hermano sin dudarlo. El mayor había aprendido con el paso del tiempo que intentar quitarlo sólo hacía el brazo más caluroso y bochornoso, al menos no estaba su abuelo para acompañarlo.
—Bueno, te veré después, fratello. —se despidió, deshaciendo el abrazo y yendo en sentido contrario. —Ludwig dijo que iríamos a comer pasta junto con Kiku.
Un bufido se escuchó por parte de Lovino, pero su hermano no le dio tiempo de protestar y hecho a correr cuando vio a sus dos amigos en el edificio cercano.
—He de suponer que él es tú hermano gemelo. ¿No?
— ¡Chigiiiiii!
Tras él no había otro que Govert, alias el loco de los pájaros. ¡Sería maldito el bastardo, casi le saca el desayuno por el susto!
— ¡Serás cabron! —gritó, intentando recuperar el aire. Llevó una mano a su pecho, hasta que respiración se regularizó. No obstante, tomó una arcada extra para lo que venía: — ¡Imbécil! Casi me matas del susto. ¿Qué eres, un puto ninja o qué? ¡Te mataré!
La cara de indiferencia del otro pareció encender aún más a Lovino.
— ¡Que te den! —gritó, retomando su camino.
No obstante, sentía los pasos del otro detrás de él todo el tiempo. Y cuando se detuvo y volteó, pensó que como en las películas sólo sería su imaginación; no fue así.
— ¡Por qué mierdas me sigues!
Govert se encogió de hombros, con un aire de aburrimiento que fastidio por mucho a Lovino. ¿Es que acaso era día de encontrarse con estúpidos idiotas que lo sacaban de sus casillas en cada segundo?
— ¡Deja de seguirme entonces!
Dispuesto a retomar su camino, le dio la espalda y comenzó a avanzar, pero el otro para su desgracia hablo.
—No puedo.
Y por alguna estúpida y horrible razón, su corazón dio un vuelco. Lovino sintió que su cuerpo se contraía y lo obligaba a voltear por voluntad propia, como si no tuviera control de lo que hiciera; como si su cerebro no quisiera escucharlo.
— ¿Q-Qué mierda dices ahora?
—Mi hermana parece feliz. —comentó, mientras un ave se posaba en el canto de su mano. —Porque tengo un amigo.
Lovino amplió los ojos con sorpresa. — ¡J-Jodete imbécil! ¡No soy tú amigo o algo así, no conseguirás nada de mí!
Govert movió la cabeza hacía él, pues hasta ahora sólo miraba el pájaro. —No necesito nada de ti. —respondió, con una seriedad devastadora. —Sólo que finjas que eres un conocido, Bel se enojará si te alejas de mí.
El menor retrocedió un poco, cohibido. —N-No es como si me importara de todas formas.
—Te conseguiré un nuevo uniforme…
— ¡Lovi! —gritó Antonio, corriendo hacia él. Cuando Lovino volteó se vio envuelto en los brazos del español. Y de nuevo, su corazón parecía a punto de reventarse, pero no por las emociones si no porque el español de verdad no lo dejaba respirar.
— ¡Bastardo, deja de abrazarme! —lo empujo con ambas manos, separándolo un poco de él. — ¿Qué demonios quieres?
— ¿Por qué estás con él? —señaló con un dedo acusador. Lovino se sorprendió al ver una mirada de rabia. — ¿Te está molestando? ¡No le creas nada de lo que te dice, es un mentiroso!
—Huf. —bufó Govert. —Me pregunto quién será el verdadero mentiroso. Si no mal recuerdo, todo fue tu culpa, además de tu idea.
— ¡Cállate!
—Tal vez quisieras callarme. —retó.
—No me molestaría darte un puñetazo en esa horrible boca. —aceptó Antonio, alzando los puños. Lovino se puso en medio por pura inercia. — ¡No intentes detenerme Lovi!
—Por mí que te partan por la mitad, bastardo imbécil. —chistó, enojado. Aún no se le pasaba que el cabron lo había ignorado por casi una semana. —Pero este bastardo y yo iremos al sector 3-B por algunas cosas, así que piérdete. —sacudió su mano en señal de desprecio.
Antonio puso mala cara de inmediato, entre tristeza y enojo. — ¿Lovi? Si necesitas cosas puedes ir conmigo. —comentó con una cara triste, a Lovino se le hizo pequeño el corazón, parecía que estaba apaleando a un cachorro. — ¿Es que ya no me quieres?
Los colores del italiano destallaron en su cara, y que se mordiera la lengua para no contestar fue inevitable. Antonio sonrió levemente, le gustaban mucho esas acciones de Lovino, las encontraba realmente adorables.
—N-No es que no te quiera o algo así… b-bastardo. —tartamudeó, evidentemente afectado por las palabras del otro. —B-bueno, no te odio… pero…
—Nosotros tenemos cosas que hacer, idiota español. —intervino Govert, alzando con una mano a Lovino y poniéndolo encima de su hombro. Por la impresión, ambos castaños se quedaron con las bocas abiertas; hasta que se perdieron de vista.
—.—.—.—.—
— ¡Qué haces guilipollas pendejo, bájame de una puta vez que te voy a enseñar lo que es bueno! —gritó, dándole golpes en la espalda, si pudiera desde hace tiempo le hubiera soltado unas buenas patadas en las bolas, pero el muy hijo de puta le había pasado el brazo por detrás de sus rodillas, para evitar cualquier movimiento brusco. Y, al parecer, los puñetazos no funcionaban.
Para empeorar la situación, los alumnos miraban y después murmuraban cosas. Las chicas, las preciosas chicas los miraban con una ceja alzada, insatisfechas.
Cuando lo bajo, Lovino se echó para atrás inmediatamente. — ¡Jodido imbécil! ¿Sabes cómo he quedado ante todos? ¡Eres un bastardo infeliz! ¡Por mí que te atropellé un puto carro! —iba a seguir maldiciéndolo, recordándole a su madre ¿y por qué no? Dándole uno que otro puñetazo, pero Govert se lo impidió, apresando sus labios con una mano formándole una boca de pato.
—Guarda silencio. Estamos en el sector 3-B. —mencionó, haciéndose a un lado para que Lovino pudiera ver; cuando se dio cuenta de que estaba más tranquilo, Govert lo soltó. —Así que te convenció mi ultima oferta.
—Fue la única que me diste, bastardo. —dijo Lovino, pasando a la tienda seguido de Govert. —Además, no me quiero pasar todo el ciclo escolar con esta mierda de uniforme.
—Dices muchas groserías. —comentó, observando algunas cosillas que estaban en los estantes. — ¿Las aprendiste todas en Italia?
—A ti te vale mierda. —contestó, tomando un paquete de su medida. —Este es.
—Humm. De acuerdo.
—.—.—.—.—
Al llegar a la habitación, se paró triunfante en la puerta. Lo cual sin duda atrajo a atención del inglés.
—Bastardo cejon, seguro que debe sentir envidia porque mi uniforme está demasiado limpio. Incluso más que el suyo, jajaja. —una mirada maliciosa paso por la cara de Lovino.
Arthur bajó de nuevo la mirada a su libro, sin prestarle atención. Había tenido suficiente con el héroe, gracias.
— ¡Di algo maldición!
—Si entraste a una bodega sin autorización…
— ¡No eso, bastardo inglés! —chilló, aventándole un cojín. El rubio logró esquivarlo antes de que lo golpeara en la cara.
— ¡Tú me pediste que dijera algo!
— ¡Pero no que me tacharas de ladrón!
—Entonces no me pidas que diga algo—concluyó, cruzándose de brazos. —Aunque para ser honestos, es la primera vez que te veo limpio.
—Tu mamá, guilipollas. —bufó Lovino, azotando la puerta del baño.
— ¡Vuelve aquí y repítemelo!
Y de nuevo, como se había hecho costumbre desde el segundo día que habían dormido juntos. Los demás compañeros de piso comenzaron a gritarles desde sus habitaciones.
Tenían una nueva rutina.
Notas de la autora:
¡Yo, hohoho! ¿Qué tal? ¡Después de años, siglos, milenios! Estoy de nuevo aquí, escribiendo para estos dos.
En este capítulo quise más que nada, enfocarme en los avances del UsUk/Spamano, leves. Casi nulos, porque en el siguiente, oh, bueno :'D No saldrá ni Alfred.
¡Disculpen la tardanza! Mi PC murió y apenas me he comprado otro. Pero por falta de tiempo no he podido escribir nada hasta hoy, que me dieron el día libre en mi trabajo :3
Muchas gracias por sus comentarios Hatoko Nyan-chan, Cero-A-La-Izquierda, Hatsune Kawaii, almamikan y Kokoa Kirkland.
Y a todos los demás, gracias por leer.
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
