Los personajes de está historia no me pertenecen. Se los he tomado prestados a la maravillosa Stephenie Meyer para darle rienda suelta a mi imaginación.

Capítulo inspirado en la canción'Dime, 'sh. n gemido de frutracirde.

ra marcharse con otra mujer el interpelado girara los ojos y soltara un gemido de frutraci

''Sé que te vas'' de Ha Ash.

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CAPÍTULO II

Una joven pelinegra con cabello en punta de tez nívea y expresivos ojos verdes mantenía una acalorada discusión con un hombre rubio, alto y corpulento de ojos azules. Ambos alzaban la voz exaltándose ante las respuestas del otro con vehemencia.

Las ausencias del ojiazul se había hecho cada vez más notorias con el pasar de los menos, al igual que sus llegadas tarde a la casa, asegurando que su trabajo en el bufet de abogados eran muy demandante y le exigía invertir mucho de su tiempo para mantener su posición en el mismo. La pelinegra comenzó a notar que su marido pasaba más tiempo fuera de casa que en ella, más tiempo en la oficina y menos tiempo a su lado, así como el contacto para con su esposa se iba tornando cada vez más escaso y las muestras de afecto estaban cada vez más ausentes en su relación. Aún a pesar de ello, ella seguía convenciéndose de que aquello se debía al hecho de que su esposo tenía muchas responsabilidades y estaban muy estresado por lo mismo. Repitiéndoselo constantemente a cada desplante que este le proporcionaba.

Fue entonces aquella tarde que sin esperarlo o siquiera planearlo su mundo se resquebrajo en un instante. Su marido, aquel hombre al que amaba más que a nada en el mundo se encontraba en aquel preciso instante con otra mujer, dirigiéndole aquella mirada que hace tanto no le dedicaba a ella.

En medio de la estancia la pareja continuaba con aquella acalorada discusión sobre lo que él no podría negarle por siempre, pues ella misma les había visto esa misma tarde en un restaurante cerca del bufet. Eran tal la situación que él ya no se molestaba en ocultarla.

-Está bien, Alice. Sí, estoy con alguien más.-confeso finalmente el rubio en medio de un suspiro de alivio. Desde hace mucho que deseaba decírselo para terminar de marcharse de lado, aunque sabía lo mucho que la lastimaría, sintiendo pena por la situación decidió esperar.

Alice se quedó estática procesando aquella afirmación. Sabía que era cierto, estaba consciente de que ella misma los había visto, pero escuchar de sus propios labios como él mismo se lo confirmaba la dejo intenso dolor creciente en el pecho.

-Pero… tú… Lo arreglaremos, Jasper. Juntos podremos superar esto. Yo…

-No, Alice-Le corto él de inmediato antes de que continuara con aquel monólogo.-Yo no quiero que superemos esto juntos. Lo lamento pero yo…no puedo.

La pelinegra trago en seco, sintiendo el nudo que se formaba en su garganta. Esta negó varias veces con la cabeza no siendo consciente de lo que su esposo quería decirle en aquel momento.

-¿Cómo que no puedes?-ella le miro con los ojos acuosos, aún con la esperanza bailando entre sus ojos-Podremos hacerlo juntos, mi amor. Los dos podemos seguir avanzando a pesar de esto.

-¡NO, ALICE!-exclamó Jasper ya bastante exasperado, arrepintiéndose de su alteración repentina al notar la expresión dolida de su actual esposa.-No quiero seguir avanzando contigo a mi lado-termino soltando un nuevo suspiro.

La expresión de Alice se contrajo en una renovada expresión de dolor y desasosiego. Y con las manos temblorosas y los ojos cristalinos hablo de nuevo con la voz rasposa.

-Dime en qué me equivoque. Dímelo y… lo arreglaré. Seré una mejor esposa…. Yo-la ojiverde no comprendía como un amor tan maravilloso como el de ellos pudiese extinguirse de la noche a la mañana como justo ahora estaba pasando.

-No eres tú…

Ella lo interrumpió con los puños apretados en una expresión enojada.

-No eres tú, soy yo. ¿Cierto?-le miro-¿No pudiste utilizar una frase más original?-resoplo la misma con dolor.

-Es verdad. Soy yo. Yo ya no siento lo mismo que antes, ya no me siento igual contigo-aclaro el rubio con el cuerpo levemente encogido.

-Pero… ¿Qué me estás diciendo?-se aferro a la pared que tenía detrás-¿Esto es el final?

-Lo lamento, Alice. Pero sí, lo és. Yo ya no te amo.

Y finalmente su corazón se resquebrajo en miles de pedazos, dejando un cavidad vacía en su interior. Las lágrimas hicieron aparición surcando sus ojos y deslizándose por sus mejillas sin parar. Jasper le dio una mirada, una mirada que no demostraba más que pena, y aquello solo sirvió para destruirla aún más de lo que ya estaba si es que eso era posible.

-¿No…me amas? –repitió aquellas palabras en forma de cuestionamiento, esperando haber escuchado mal.

-Lo siento mucho, Alice-Se limitó a contestar el ojiazul saliendo de la estancia rumbo a su habitación sin pronunciar otra palabra. Ella lo siguió en completo silencio, encontrándose con su maleta sobre la cama matrimonial que ambos compartían desde hacia dos años que se habían casado.

Alice se mantuvo unos segundos observándolo guardar su ropa en la maleta sin dirigirle mirada alguna, a lo que se acerco a él de nuevo y saco una de sus prendas de su maleta, provocando que el interpelado girara los ojos y soltara un gemido de frustración.

-Alice, no lo hagas más difícil.

-¿Más difícil? Soy yo quien ve como su esposo empaca sus cosas para marcharse con otra mujer ¿y soy yo quién lo hace más difícil?-soltó en reproche la ojiverde.

-Dime, ¿En el último tiempo que llevamos juntos te he tocado? ¿Te he besado como antes? ¿Hemos hecho el amor?-añadió Jasper tras la última respuesta de la pelinegra. Ella negó con la cabeza sintiendo el dolor instalarse y adherirse a en su pecho.

-Ya no podemos mentirnos más. Deje de amarte desde hace casi un año, ya no te deseo… es por eso que no te tocaba-confesó el rubio finalmente.-Me enamoré, Alice. Me enamoré de una mujer encantadora que comparte los mismos gustos que yo. Que nos interesa lo mismo. Una mujer apasionada como ninguna y lo lamento pero… así son las cosas.

Cada palabra fue un puñal encajándose en el corazón de la ojiverde, haciéndola sentir como un mujer incompleta, inservible y poca cosa. Él, obviando la revolución de sentimientos y emociones que había causado en ella termino de empacar algunas cosas asegurando que volvería a recoger lo restante y que los papeles de divorcio llegaría a su puerta cuanto antes.

-Siento mucho todo esto. Pero en el corazón no se manda, Alice. Espero que puedas ser feliz-Y sin más que decir salió sin más de allí rumbo a encontrarse con la mujer que lo había enamorado locamente, dejando a una mujer en completo dolor y desolación en medio de un mar de llanto.

Entre pensamientos y miles de recuerdos que vinieron a su mente haciendo mella en su interior.

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_16 de abril del 2009_

Aquella tarde de abril era un día común y completamente normal. Una joven de cabellos negros como el ébano y tez blanca como la nieve lloraba desconsolada oculta tras el tronco de un árbol en un parque cercano a su casa. Su madre había fallecido de cáncer hacia ya tres meses y como su padre nunca había dado la cara después de dejar embarazada a su madre ella vivía con su tía y prima hasta iniciar la universidad y poder mudarse a otro estado, cumpliendo la mayoría de edad y dejando de estar bajo su custodia finalmente.

Lastimosamente, su tía y prima la hacían trabajar como cenicienta con el fin de pagarles por que le dejasen un espacio en su casa sin cobrarle ni un centavo. Lo que ocasionaba un maltrato constante por parte de antes a pesar del corto tiempo que llevaba su madre de fallecida.

Fue entonces que sintió de pronto una presencia junto a ella, provocando que la misma alzara la mirada para encontrarse con unos penetrantes ojos azules que la observaban con preocupación y curiosidad visibles.

-¿Se encuentra bien, señorita?-le preguntó el joven a la hermosa pero llorosa chica que se encontraba tras el tronco de aquel árbol. La interpelada asintió con la cabeza y se enjuago las lágrimas rápidamente incorporándose de inmediato. Odiaba llorar, la hacia sentir débil. Y aún más, odiaba que la viesen llorar.

-Me encuentro perfectamente-dijo recogiendo sus pertenencias del suelo para alejarse de allí cuanto antes.

-Disculpe que la contradiga. Pero no lo parece-Por su forma de hablar aquel joven parecían estar sacado de una película de antaño en el que cada dialogo estaba perfectamente bien estructurado y contaba con una propiedad digna de la época.

No supo bien por qué pero algo en el chico ante ella le hizo sentir cierta confianza. Algo extraño pues ella siempre había sido una persona por demás reservada. Flaqueando de pronto algunas lágrimas renovadas descendieron por sus mejillas haciendo que bajara la cabeza con pena de que el ojiazul la viese llorar.

-Eres muy hermosa para llorar. Dime quién ha hecho llorar a un ángel tan delicado como tú y le daré su merecido.

Esto hizo reír levemente a la pelinegra, mostrando sus perfecta dentadura perlada, provocando que él también riera.

-Sonriendo te ves aún más hermosa. Soy Jasper, por cierto. Jasper Whitlock.-se presento él con una encantadora sonrisa extendiendo su mano a modo de saludo.

-Yo soy Alice Brandon.-dijo la joven extendiendo su mano para tomar la suya. Ante este dicho el rubio aferro su mano suavemente y dejo un casto beso en el dorso de la misma, haciendo que Alice se sonrojara sin poder evitarlo en absoluto.

Fue justo en medio de aquel parque durante una soleada tarde de abril que ambos se conocieron. Sellando el comienzo inminente de una apasionada historia de amor.

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Alice volvió a la realidad en medio de miles de pensamientos y conclusiones entre un mar de lágrimas que no cesaban de emerger de sus ojos. Ese joven rubio de ojos azules había aparecido destrozando paredes e ideas, volviéndose luz en medio de la oscuridad que la rodeaba.

Aquel joven que había detenido el tiempo con sus besos, aquel joven que había hecho que su corazón latiera incontrolablemente, volviéndose él motivo de cada uno de esos latidos incesantes. Pero algo sucedió. De pronto los latidos dejaron de ir acompasados, de pronto la pasión se fue hundiendo en un profundo mar de desolación que la congelo lentamente hasta que su existencia fue nula y las noches se hicieron más largas entre ellos.

De pronto, Alice comenzó a sentirse sola y fría a pesar de encontrarse en compañía. Todo se torno monótono y las mentiras aparecieron en su vida. El amor se le fue agotando poco a poco, hasta que simplemente, se desvaneció. Como si nunca hubiese existido.

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Este capítulo va dedicado a Nanda por ser mi primer review. :D

Muchas gracias por leerme. Espero que te guste el segundo capítulo, trataré de publicar el siguiente mañana.

También deseo que no me lancen tantos tomates y que me den más reviews si les gusta mi historia. –les da más nutella- XD

Bye, linduras.