¡Hola a todos! Los alienígenas me contactaron y me pidieron que subiera el nuevo capítulo antes de que pasara un mes.
Capítulo 29: Ecos de un pasado distante.
Pocas veces ella abandonaba el palacio. Cuando lo hacía, era por algún asunto importante. Hoy, diferente a lo común, decidió salir por simple capricho.
Lebiatis era un oasis enorme, pero lamentablemente ya lo conocía de memoria. Pocas veces podía sorprenderse con algo que el oasis pudiera ofrecerle. Sin embargo, un espectáculo ha suplido su deseo de sorpresas: La bruja. Esa joven era simplemente muy interesante como para no prestarle atención.
Verla vivir, sin importar los problemas que se le ponían al frente. ¿Cómo decirlo? Era un deleite para su aburrida vida. Era el espectáculo que la hizo abandonar aquel día el palacio. Así que, sentada en una pileta, Michiru veía cómo la bruja sobrevivía en el más nefasto escenario que el destino decidió entregarle.
- "Hemos venido desde el oasis de Frieden. Su majestad, traemos el mensaje de nuestra reina y deseamos que lo escuche." –
Esa joven tenía un poder singular: Manejar el agua y entregarle el uso que ella deseara. Magnífico, muy tentador en un planeta que carece de ese recurso.
- Muchas gracias, señorita bruja. – Agradeció el anciano que estaba siendo curado por Ami.
- No debe agradecerme. – Respondió sonriente la peliazul. – Agradezco yo a usted por confiar su salud en mis manos. – También estaba agradecida que le dejara practicar su nueva habilidad para curar. – Espero que sus quemaduras no duelan tanto ahora. –
- Ya no duelen como antes. – Y eso era un alivio para el hombre de edad. – Sus poderes son maravillosos. –
Sí, maravillosos. Eso pensaba sin duda Michiru. Poder curar usando el agua era sin duda una habilidad de mucha utilidad.
- "Nuestra reina desea que termine con sus maliciosos actos. Ella sabe que es usted quien está secando el planeta. Por favor, acabe con esto antes que sea tarde." –
Siguió con la mirada a la bruja. Notó que iba en dirección a su compañera y sonrió. Era tan obvio, no podía estar lejos de esa mujer ni por un minuto. Se preguntó entonces si la bruja estaba consciente de sus propios sentimientos. Para ella, parecía que no.
- ¿Cómo está todo allá arriba, Makoto? – Preguntó Ami, elevando la vista, encontrando a la castaña sobre unas vigas de madera maciza.
- ¡Hace un calor de mil demonios! –
- Cuida tu boca, Makoto. – Fue el inmediato regaño de la peliazul.
- Pero realmente está haciendo mucho calor. – La castaña usó la manga de su blusa para limpiar el sudor de su frente. – Te agradecería si pudieras mandar un poco de agua hasta acá. –
- Déjame intentarlo. – Ami estiró los brazos y se concentró.
- ¡No, solo trae agua en una jarra…! – Muy tarde, Makoto terminó siendo golpeada por el chorro de agua que hizo aparecer su compañera. Casi cayó de la viga donde estaba sentada. Por suerte pudo mantener el equilibrio.
- ¡Perdóname, Makoto! – La peliazul estaba muy avergonzada por su equivocación. - ¡Pensé que querías agua creada por mí! –
La castaña no respondió. Por una parte, el agua que Ami lanzó la había refrescado bastante. Pero por el otro, casi muere. Bueno, no todo podía ser perfecto.
- Estoy bien. – Respondió mientras tomaba nuevamente asiento. - ¡Gracias! – Y le entregó una gran sonrisa a la peliazul.
Michiru también se contagiaba del buen ánimo. La sonrisa de esa mujer era tan adorable. Le recordaba tanto a la sonrisa de cierta otra persona. De hecho, muchos aspectos de esa desconocida le recordaban a ella. Sus gestos, el físico, su vocabulario, también los puros sentimientos que llevaba en su corazón.
- "¡Castiguen a esas mujeres! ¡Nadie puede salir impune luego de venir a insultarme a mi propio palacio!" –
- "¡Por favor, no nos mate!" –
Pero cuánto odiaba recordar todo mientras veía a las otras dos vivir tranquilamente. No, estaba equivocada. Ella odiaba saber que su vida nunca volvería a ser como la que desesperadamente busca alcanzar la bruja.
- "¡Le entrego nuestras vidas en servicio a su reino! ¡Por favor, seremos fieles a usted si nos deja vivir!" –
- "¿Entregas tu vida y la de tu compañera? Vaya, suena como un trato justo." –
Pese a que los años pasaban, su calvario nunca acababa. Pero debía admitirlo, era mejor que estar muerta.
- "De hoy en adelante son servidoras de Lebiatis. Por tal razón, deberán olvidar sus vidas en Frieden." –
Y con el sello de ese trato vino la oscuridad total a su vida. Sí, ella sentenció a la persona que más amaba a vivir como la marioneta de la reina de Lebiatis. Más siempre pensó que podía existir alguna manera de escapar a esta terrible vida.
- "Haruka, perdóname." –
Pese a todo, nunca pudo recibir su perdón. Nunca tuvo la opción para hacerlo. Aquel día la rubia estuvo cerca de morir luego de la tortura que recibió por parte de la reina. Solo Michiru pudo decidir. Haruka, estando inconsciente en sus brazos, nunca supo del trato.
Aunque a estas alturas, probablemente recordaba algo de la historia que vivieron. Ella desconocía qué parte podía recordar la rubia. Esperaba que solamente fueran los bellos momentos que compartieron en Frieden.
- ¡Creo que por hoy terminamos el trabajo! – El sol iba cayendo por el horizonte y la mayoría de los que estaban ayudando a reconstruir el hogar ya estaban agotados. - ¡Mañana continuaremos desde temprano! –
Makoto oyó eso y bajó como pudo de la viga que usaba. ¡Finalmente iba a descansar! Sin mencionar que estaba decidida a gastar las pocas monedas que había ganado aquel día en toda la comida que pudieran costear. Y si, comería toda esa comida. Obvio, también compartiría con Ami.
- ¡Vamos a comer! – Gritó la castaña, siempre siendo tan poco sutil para sus asuntos. – Y luego a dormir. -
- Te mereces el descanso luego de tu arduo trabajo. – Dijo la peliazul una vez que estuvo al lado de su compañera.
De pronto, Ami sintió el peso de una mirada sobre ella. Volteó rápidamente, sus ojos se fijaron en la pileta que había a unos metros.
- ¿Qué ocurre? – Preguntó Makoto.
- Sentí que alguien nos observaba. – Pero extrañamente en la pileta no había nadie.
Capítulo 30: Algo más que enemigas.
Recordó una mañana. De esas cuando su vida era sin preocupaciones. Una habitación, seguramente la suya. Amplia y bellamente decorada, tenía un ventanal gigantesco. Por allí se colaban los rayos del sol, cuales llegaban a ella que, tendida en la cama, sentía el llamado de su hermosa musa.
- "Vamos, despierta ya." –
Pero cómo le encantaba hacerse la dormida, ya que podía recibir la atención total del amor de su vida. Así que, siguiendo su plan de cada mañana, continuó con los ojos cerrados pese al llamado melodioso de la otra mujer.
- "No te hagas la dormida, Haruka." –
Un dedo jugó por su rostro, entregando suaves caricias a lo largo de su extensión. Era el toque igual que la seda, pensaba la rubia. Y juraba que aquellas caricias podían llevarla nuevamente a dormir si continuaban.
- "Sonreíste." –
Sí, lo había hecho. ¿Cómo no? Haruka era la mujer más feliz del mundo y no podía ocultarlo.
- Vamos, despierta ya. –
Pero la voz de alguien la trajo nuevamente a su realidad. Abriendo los ojos, notó que estaba acompañada por una persona encapuchada.
- ¿Qué quieres? – Preguntó toscamente. – ¿No ves que estaba descansando? –
- Levántese y sígame. – Ordenó el desconocido. – Ex capitana, tengo algo que puede interesarle. –
¿Cómo supo su identidad? Ella también escondía su rostro bajo un manto. Bien, esto sí había encendido sus alarmas. Quien fuera esa persona, era mejor no hacer nada tonto.
- Vete, no sé de qué hablas. –
- Entonces tendré que llevarme su espada devuelta al palacio. –
Los ojos de la rubia se iluminaron.
- Veo que llamé inmediatamente su atención solo con nombrar su espada. – Una risa escapó de los labios del desconocido. – Sígame. –
Al rato Haruka se encontraba siguiendo a esa persona a través de los infinitos callejones de Lebiatis. Iba bastante atenta a los movimientos y comportamiento del encapuchado. No sabía qué esperar de ese desconocido, así que lo mejor era estar preparada para cualquier escenario.
- Creo que acá estaremos bien. – Comentó finalmente cuando llegaron a un callejón sin salida.
Acto seguido, la capucha fue retirada y quien se presentaba frente a Haruka era nada más ni nada menos que la consejera de la reina.
- ¿Consejera Kaio? – Preguntó atónita. - ¿Qué se supone que está haciendo acá? – La rubia observó en todas las direcciones posibles que ese callejón le entregaba. Se sentía confundida, esa persona encapuchada no podía ser la consejera. ¡Era una total locura! Seguramente el tipo que iba dentro cambió puestos con la mujer y luego escapó. - ¡Esto debe ser otra visión! -
- Por favor, no tengo mucho tiempo. – La musa sacó debajo de sus prendas el arma predilecta de la guerrera. – Como le prometí. – Extendió la espada en dirección a Haruka.
Pero no sabía si aceptarla. ¿Era esto una trampa? ¿O de verdad la consejera estaba realizando esta bárbara hazaña? ¿Tan sencillo iba a entregarle el arma que la misma reina ordenó arrebatarle?
- No entiendo… - Haruka nunca entendía cuando se trataba de la musa. - ¿Por qué? –
- La necesitas para volver a Frieden. –
Entonces la rubia comprendió todo el asunto.
- ¡Tú también lo recuerdas! – Gritó sin control. - ¡Ese oasis realmente existe en algún lugar de Telián! –
Michiru hizo una señal para que Haruka bajara la voz. Cielos, había olvidado lo ruidosa que podía ser la rubia algunas veces.
- Sí, recuerdo parte de nuestra antigua vida en Frieden. – Dijo sin sonar muy emocionada. – El oasis divino que se encuentra en medio del desierto. –
Haruka no podía creerlo. No habían sido trucos de la bruja, eran visiones reales de su vida. Ella no era de Lebiatis, era de Frieden. Todo este tiempo estuvo luchando por un oasis al cual no pertenecía. Y lo peor, trató despectivamente a la gente del desierto, siendo que ella también venía de él.
Además, todas esas escenas sobre ella y la consejera tenían más sentido ahora. Ellas dos habían sido amantes.
- Escúchame bien, Haruka. – Volvió a hablar la consejera, sacando de sus pensamientos a la rubia. – Debes escapar de este oasis. – Era una orden. De eso estaba segura la guerrera. – Acá en Lebiatis no hay futuro para ti. –
- Pero… -
- Así que toma tu espada y vuelve a Frieden. – Michiru volvió a ofrecerle el arma. – O si quieres, quédate y muere. –
Sí, su panorama no era tan alentador. Aun así, Haruka dudaba si tenía deseos de partir a ese oasis que no recordaba con claridad. Esperen, ¿por qué la consejera no se incluía en el plan de escape? ¿Acaso no deseaba irse también?
- ¿Qué hay de ti? – Preguntó la rubia para luego alzar su espada de las manos de Michiru. - ¡Tienes que venir conmigo! – Su grito sonó más como una súplica. - ¡Tú y yo debemos volver a Frieden! –
Si tuvieron una vida juntas, tenían ahora la oportunidad de continuarla.
- Lo siento. – Fue la respuesta que le entregó Michiru. La mujer volteó, solo su espalda era visible para la guerrera. – Pero yo aún soy servidora de Lebiatis. –
Esas palabras calaron hondo en el corazón de Haruka. ¿Estaba escogiendo a la reina por sobre ella? ¿Tan poco había significado la relación de ambas para la consejera?
- Pensé que nosotras… -
- Todo lo que ocurrió entre nosotras quedó atrás. Por favor, supera rápido todos esos recuerdos. -
Esto era posiblemente parte del plan de la musa. Destruir su corazón solo para que partiera a Frieden sin mirar atrás. ¿Pero por qué su decisión era quedarse? ¿Qué sentido tenía hacer todo esto si no iba a partir con ella? Rayos, cómo odiaba pensar tanto.
- ¿Por qué? Yo no quiero volverme tu enemiga. –
- No debes preocuparte, Haruka. – Su voz firme de hace unos momentos ahora sonaba frágil, así que procuró ser rápida. – Al fin y al cabo, tu última enemiga duró poco con esa denominación. –
Y como un espejismo desapareció frente a los ojos de la rubia. La duda que inmediatamente nació en la guerrera fue si esa había sido Michiru u otra ilusión más.
- Ya no importa. –
Puso la espada en su cinturón, lugar del cual nunca tuvo que haber partido.
- Volveré a Frieden. - Haruka partió caminando por las penumbras del callejón. - Volveré a nuestro hogar. -
¿Llegará el día en que un personaje de "Lágrima Azul" deje de sufrir? *Mira los apuntes de capítulos siguientes* No, creo que no.
Eso sería todo. ¡Suerte!
