Circulo: Vicio Tsun.


Tú + Yo= Error 404.

8. En el cine. /Tercera Parte.

El Conjuro. Esa había sido la película seleccionada por el español, no le prestaron mucha importancia hasta que a más de uno le recorrió un escalofrío por la espalda cuando vieron la sala. Entre ellos Francis, Arthur y Ludwig se mostraban un poco incomodos por el ambiente del lugar. Govert se mostró apacible en todo momento, sin miedo.

Los empleados les habían informado antes de entrar que todo estaba ambientado según la película que escogieran. Nada había tenido un sentido tan literal como esto. Las paredes simulaban sangre escurrida, y parecían arañadas por uñas humanas. En una de las paredes, que era donde se encontraba la pantalla de proyección, por debajo de esta había maniquís apilados, algunos con los ojos huecos o incluso arreglados de una manera horripilante. En medio de la habitación había veinte sillones tipo puff de diferentes colores, aunque todos se veían como bultos sospechosos en la oscuridad. Para iluminar había sólo tres candelabros, uno en cada pared restante, muy pequeños para poder iluminar toda la habitación. Sólo se alumbraba lo necesario para conservar el sentido tétrico.

Por su lado, Antonio y Bel se maravillaban por lo hermosa que estaba la sala. Ambos se miraron y fueron los primeros en pasar, situándose en los puff más cómodos que eran los de en medio. Una vez que lo hicieron, voltearon atrás, encontrándose con una escena que los hizo reír bastante.

Arthur a duras penas intentaba quitarse a Kiku y Alfred de sus brazos. Pues, aunque el japonés era reservado en sus acciones no dudo en colgarse del brazo de su amigo por el simple hecho de que al entrar había un maniquí colgado justo al lado de él. Por otro lado, Alfred, que no paraba de temblar y hacer rotar su cabeza como si fuera el exorcista, al ver que Kiku se había aferrado a Arthur no dudo en hacerlo también. Ya después tendría tiempo de volver a su papel de héroe, por ahora sólo era Alfred F. Jones, el que odiaba las películas de terror.

— ¡Dijimos que veríamos Batman! —chilló, arrastrándose por el suelo mientras el Presidente trataba de quitárselo de encima. — ¡No quiero estar aquí, no quiero! ¡Vamos por una hamburguesa, a la feria, o incluso a la casa de tu abuelita, pero no aquí!

Arthur sólo siguió arrastrando a ambos, hasta quedar en los sillones que comenzaban la media luna. Daba un buen ángulo a la pantalla y al menos no le llegarían todas las escenas de impacto tan fuerte como a los demás, ya que, lo único que le faltaba era que ambos decidieran asfixiarlo con un abrazo cuando el miedo se apoderara completamente de ellos.

Gilbert y Feliciano iban por detrás de Ludwig, escudándose. Mientras Francis mordía un pequeño pañuelo, llorando el hecho de que no verían una película romántica. Se habría ofrecido de sentarse al lado de Antonio o cualquiera para consolarlo como buen hermano mayor que era.

— ¿No vienes? —preguntó Govert, mirando a Lovino que se había quedado estático en la puerta. Este frunció el ceño.

—Idiota, sólo pueden estar diez adentro. —gruñó. —No hay suficientes boletos.

—Eso es cierto. —comentó el empleado, mirando la pila de boletos.

—Emma compró su boleto. —contestó el holandés, mirando al chico, provocando que este se hiciera pequeño. —Debió recibir once entradas.

—S-Sólo tengo diez… señor. —dijo el empleado, buscando una manera de escapar lo más rápido posible de ahí.

—Emma…—el mayor se talló los ojos, soltando un suspiró de molestia. Seguro que su hermana había mentido sobre comprar los boletos por la influencia de Antonio; lo más probable es que el maldito español pensaba que él sería el último en entrar y al no tener boleto, se quedaría afuera.

—Está bien, no tengo muchas ganas de ver esto. —el italiano se encogió de hombros, indiferente.

Govert sonrió para sus adentros. —Sólo di que tienes miedo. —comentó, acercándose. Lovino lo miró mal. —No te preocupes, me encargaré de que mi hermana te abrase para que se te quite.

— ¡Imbécil! —espetó, dando un paso furioso hacía él, aunque sonrojado. El empleado sólo río por lo bajo, causando que el rubor de Lovino sólo pasará a ser mayor.

—Tome esto. —ofreció Govert, el dinero suficiente para otra entrada. —Ahora no puedes decir que no.

Le dijo a Lovino, dándole una expresión neutra que pronto se suavizo con una mueca que el italiano logró descifrar como una sonrisa. Antes de que pudiera reaccionar a esa acción, Govert lo tomó por la mano, jalándolo hacia adentro.

—Se tardaron mucho. —comentó Bel a su hermano que se había sentado a su lado. Lovino miró a Govert y después a Antonio, ambos estaban con un asiento vacío al lado.

—Ven a sentarte conmigo, Lovi. —invitó Antonio, dando una palmadita en el puff color verde a su derecha.

El italiano no lo pensó realmente, sólo paso entre los dos primeros colchones que habían quedado vacíos al lado del holandés. Antes de que llegará a siquiera pasar a Govert, este lo atrajo de la mano y tiró de él, provocando que cayera en el puff azul de su izquierda.

— ¡Idiota!, ¡qué crees que haces!

— ¡Govert! —llamó Antonio, poniéndose de pie. Bel se puso rígida en su lugar, mirando alternadamente a su hermano y amigo, sin saber muy bien que hacer.

—Yo te compré la entrada, así que decido donde te sientas. —dijo, sin mirar a Antonio. Lovino infló las mejillas molesto.

—Hermano, —llamó Feliciano. —Me sentaré a tu lado. —anunció, no prestando atención a la tensión que se había formado entre Antonio y Govert.

— ¡West, sólo hay dos lugares! —chilló Gilbert. — ¡Dile a la princesa que se recorra al lado de Toño!

— ¿A quién mierda le llamas princesa, bastardo patatas? —gritó Lovino, poniéndose de pie. Ignorando a los otros dos. — ¡Seguro que tienes miedo de que tú hermano, bastardo patatas dos, te deje sólo! ¡Eres todo un bastardo patatero miedoso!

— ¡Lo dice quién está se cagaba en los pantalones cada vez que veía a Francis cuando éramos niños! —bramó el alemán. — ¡Sólo muévete, Toño! —ordenó enojado. — ¡No hay nadie a tu lado!

—Lovi, ven acá. —pidió el español con una sonrisa.

— ¡Tienen otros nueve putos lugares para sentarse!

—Sólo ven, Lovi. —jaló Antonio. Mandando una mirada de advertencia a Govert cuando este quiso ponerse de pie.

—Sh. Idiota español. —murmuró por lo bajo Govert, ignorando su opinión, y aventando a Antonio a donde estaba sentado antes. —Sólo recórrete un maldito lugar, su hermano parece que quiere tenerlo a su lado.

—Pero si tiene a Ludwig. —rezongó Antonio, haciéndole frente. El holandés lo miró desafiándolo.

—Chicos, ya basta. —ordenó Francis, quitando a Lovino para poder hacer para atrás a Antonio. El ambiente se volvía más pesado cada vez, no dudaba que aquello acabaría con una pelea. —Nos sacaran de este lugar antes de poder ver la película.

—Oye, héroe, haz algo. —se burló Arthur, mirando como Alfred se escondía en su brazo. —Me vas a arrancar una extremidad, idiota.

—Si tienes un maldito problema no debiste haber venido. —gruñó el hispánico, intentando que su amigo lo dejará libre. —Lovi ni Bel tienen porque estar soportándote todo el tiempo. ¿No te cansas de ser así?

Antes de que pudiera Govert responder, Emma se puso de pie entre ambos. —¡Chicos, ya basta! Sólo vamos a mirar la película. ¿Sí? —miró a su hermano con aire desesperado. — ¿Hermano, podemos hacer eso?

Govert sólo rodo los ojos y le hizo una seña a Antonio para que se recorriera. Este obedeció a regañadientes, y se sentó en el otro puff, junto a Francis. Pues Lovino volvió a tomar el lugar junto a su hermano y Govert.

Unos minutos después de que las cosas se habían tranquilizado, los empleados llegaron con las palomitas y refrescos, algunos dulces para Feliciano y una pastilla tranquilizadora para Alfred a petición de Arthur.

Cuando Antonio se hizo para adelante, intentando acomodarse mejor, notó que Govert y Lovino tenían sólo un bote de palomitas para ambos. Frunció las cejas con enojo, y aunque él no lo notará, Emma pudo hacerlo. Antonio estaba sosteniendo con demasiada fuerza el vaso de refresco, si fuera uno común, ya lo habría roto.

— ¿Toño? —llamó, bajito. No quería que su hermano volviera centrar su vista en ambos y tuviera de nuevo un momento vergonzoso a causa de él. — ¿Antonio?

Era inútil, el español no le prestaba atención. Al menos no lo hizo hasta que colocó su mano sobre la suya, y apretó un poco.

— ¿Bel? —preguntó, desconcertado. La rubia lo miró interrogante, ¿de verdad se había enojado tanto con su hermano?

—Siento que mi hermano sea un aguafiestas. —se disculpó, dándole una sonrisa tímida. —Me aseguraré de regañarlo correctamente cuando lleguemos de nuevo a la escuela.

—Ah…—vaciló, realmente no sabía porque se había enojado en ese momento. —Sí. Ponlo en su lugar.

A su lado Francis sonrió, alternando miradas entre los cuatro a su lado y los tres que tenía enfrente; Arthur, Kiku y Alfred.

Al menos no estaría aburrido todo el semestre.

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Clap, clap.

Al momento en que los aplausos se escucharon y la luz de la habitación se apagó, un grito de terror llenó toda la sala. Arthur tuvo que tapar sus oídos para que sus tímpanos no reventaran, Alfred a su lado agarraba con tal fuerza su brazo que temía que lo rompiera.

—Oye…

Quiero irme, quiero irme... —murmuró, echo un ovillo. Los ojos verdes de Arthur reflejaron preocupación. —quiero irme de aquí.

Lovino inconscientemente se había aferrado a la mano que su hermano le estaba sosteniendo. Ambos gemelos tenían los ojos fijos en la pantalla, choqueados. Ludwig pudo darse cuenta que las manos de ambos temblaban y parecía que en cualquier momento se pondrían a llorar a causa del miedo.

El elevó una ceja, confundido. Sí, la película tenía momentos que te hacían encogerte y quizás dar uno que otro grito. ¿Pero de verdad era para tanto? Dio un suspiró cuando miró que Gilbert, daba uno que otro brinquito en su asiento, y en sus ojos rojos sólo notó el terror puro. Parecía que se estaba haciendo el fuerte.

¡Nancy! —gritó el padre de las niñas cuando esta comenzó a volar por los aires y se estrelló contra un muro de madera con ventanas de vidrio.

Arthur miró más alarmado a Alfred, que parecía a punto de sufrir un paro respiratorio. Volteó hacía Kiku, que parecía igual de asustado, pero no al grado de morir. Así que cuando acabo la escena, no se dio tiempo de pensar y sólo tomó la mano del americano antes de jalarlo para que ambos avanzarán hacía una parte despejada. Alfred sólo se dejó llevar, hasta que salieron del lugar en completo silencio.

Francis con cuidado, se colocó al lado de Kiku, para que este no notará que su amigo se había ido. Tal vez, no sería tan divertido como había pensado.

Emma estaba sosteniendo su mano, mejor dicho, casi se la estaba arrancando. Los ojos de la chica, eran como los de un gato al asecho. Y, cuando Annabelle apareció, todo se volvió un completo caos en la sala. La rubia se colgó de su brazo, echa un mar de nervios y enterrando su cara en él. Antonio frunció los labios comprimiendo una sonrisa, intentando concentrarse en la película en vez de en la chica. Así que, sólo tomó más fuerte su mano, y se aferró a ella; tratando de que sus acciones pasaran desapercibidas por Govert. Al inclinarse para localizar al holandés, poco a poco fue soltando la mano de Bel.

Lovino, mientras con una mano sostenía la de su hermano que estaba igual o peor que él, había copiado la acción de Feliciano quién estaba refugiado en un Ludwig que se removía incómodo. Por su parte, Lovino se estaba refugiando en Govert que tenía una sonrisa de burla en su rostro, aunque parecía mucho más intrigado en la película que en las acciones del italiano.

—Maldición…—gruñó, desviando la mirada. Emma dejó de aferrarse cuando se calmó, y después lo miró de reojo.

Ahora ninguno de los dos se podía concentrar en la película.

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—Alfred, cálmate. —pidió Arthur, dándole unas palmaditas en el hombro. Chasqueó los dedos, intentando traerlo de vuelta.

Lo único que consiguió fue que el idiota americano que se había autoproclamado su rival, lo abrazara, muerto de miedo. Su fuerza era desorbitante para Arthur, por lo cual lo doblaba al intentar sostener todo su peso. Arthur miró al frente y notó como las personas murmuraban, poniéndolo nervioso.

— I-Idiota, ¡estamos en público! —gritó, dándole un porrazo para apartarlo.

— ¡Ay! —se quejó Alfred, sobándose la cabeza. — ¿Por qué me has pegado?

— ¡Deja de abrazarme, ahora! —se quejó, apartándose de él en un movimiento. — ¿Quién te crees que eres?

—Sólo tenía miedo—admitió, desviando la mirada y acomodándose mejor los lentes. —No soporto las películas de terror.

—Sí que eres un niño—mofó, tapando su boca con la mano en señal de burla. —Debiste haberlo dicho. ¿Qué pasa si te da un paro cardiaco allá adentro?

—No llegó a tanto. —comentó molesto. —Sólo tengo pesadillas y esas cosas. Usualmente me calmo en unos días.

¡Días! —pensó Arthur, mirándolo con sorpresa. —Oye, —llamó molesto, sus cejas fruncidas le causaban cierta risa a Alfred. —la próxima ves sólo di que no quieres entrar y ya.

—Si hago eso no volverán a invitarme.

—Ellos son idiotas. Seguro que lo harán. —afirmó, intentando tranquilizarlo. —Por ahora vamos, te invitaré algo dulce para que te calmes.

Alfred sintió deseos de abrazarlo de nuevo, pero se contuvo. No obstante, el brillo en sus ojos no pasó desapercibido por parte del inglés.

— ¡Quiero una crepa con helado y zarzamoras! —gritó, corriendo a donde estaba la zona de comida.

— ¡Algo que no sea tan caro, idiota! —exclamó Arthur, marchando rápidamente tras él.

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Al terminar la función, todos se quedaron en sus asientos hasta que los candelabros se encendieron levemente. En la pantalla se mostraba un muñequito despidiéndolos, indicando que la película había terminado.

Feliciano seguía aferrado a Ludwig al igual que Gilbert cuando salieron. La luz llegó de improvisto, provocando que se tuvieran que tallar los ojos.

Ve~ Al menos con Ludwig pude sentirme seguro. —comentó Feliciano, revoloteando a su alrededor. —Me alegra haber visto la función contigo, Lud.

— ¡Feli, ¿y yo qué?! —preguntó Gilbert, señalándose. — ¡Yo también estuve asombroso allá adentró!

—Seguro. —comenzó Lovino con burla. —Haciéndote en los pantalones.

—Tal vez fue mi imaginación, pero sentí algo mojado cuando me recargué en tu sillón, Lovino. —intervino Govert, dándole una mirada neutra al pasar. Gilbert estalló en risas.

— ¡Bastardo, cabrón! ¡Vuelve! —sin detenerse más con el alemán, Lovino siguió al holandés.

—Antonio, ¿qué te pareció la película? —preguntó Bel, mientras dejaba su basura en el contenedor. — ¡Fue bastante intensa, me hizo temblar!

—Vamos, Bel. Eres muy miedosa. —se burló, dándole una palmadita en la cabeza. —Tenías más resistencia antes.

— ¡Ehh! ¡Pero sí que dio miedo! —protestó molesta, golpeando suavemente su hombro a manera de juego.

En eso paso Govert dándoles una mala mirada, pero no reparó en ellos pues se dirigió sin más al baño. Seguido de él paso Lovino, recordándole a Antonio todo el diccionario de malas palabras; al menos no iban dirigidas hacia él.

Iban para Govert.

—Todos parecían tener miedo y…—la rubia paro de hablar cuando notó que el castaño realmente no le estaba prestando atención. — ¿Antonio?

—Espera un minuto, Bel. —pidió, cerrando sus palmas en señal de súplica. —Volveré en un momento.

Se dirigió al baño, ya desde la entrada podía escuchar a Lovino recordándole a Govert su madre perdida. Río bajo, y cuando abrió la puerta lo vio parado, recargado en los lavaderos y maldiciendo al holandés como si no hubiese mañana.

—Lovi. —llamó, atrayendo su atención.

El castaño pegó un brinquito, quizás por la reciente película. —Bastardo, pensé que estabas con la belleza de Emma. —comentó alzando una ceja. —Ese imbécil francés no desaprovechará la oportunidad si se la dejas.

—Lovi, entonces ven. —dijo, mirándolo. —Será divertido si estamos los tres juntos.

Notó como el italiano vacilaba un momento, antes de rascar su nuca y atreverse a contestarle.

—Eh…, yo estoy bien aquí. Sé que un lacayo necesita ordenes, —inició con autosuficiencia, Antonio sabía que estaba bromeando, pero aun así algo se removió en él cuando escucho la primera frase. — pero como buen jefe, te daré el día libre hoy. Así que, vete. —sacudió su mano en señal de que se podía retirar.

—Lovi. —volvió a llamar, cada vez más cerca del italiano. — ¿Por qué te estas juntando con Govert?

— ¿Qué dices, imbécil? —preguntó, alzando una ceja. —Este bastardo infeliz me necesita para impresionar a su hermana, como el buen tipo que soy no pude haberme negado.

— ¡Claro que sí! —cortó, tomándolo del brazo.

— ¡Qué mierda haces! —rechistó, intentando soltarse. Comenzaba a lastimarlo. —Mierda, Antonio. Me haces daño.

En ese momento Govert abrió la puerta del baño y encarnó una ceja ante semejante situación. Luego, caminó hasta los lavabos y soltó el agua para limpiarse las manos. Lovino volvió a reaccionar y se soltó del agarre de un manotazo, despertando también a Antonio.

—Él te está utilizando. —afirmó, sin una pisca de temblor en su voz. —Porque quiere vengarse de mí.

— ¿Qué? —contestó Lovino, burlándose. —Bastardo, sé que te cae mal pero no inventes cosas tan despreciables. ¡Di mejor que tienes un video de él en ropa interior!

—Lovi, estoy hablando enserio. —farfulló.

—Wow. Esto es un nuevo nivel de lo bajo que puedes caer, idiota. —se metió Govert, con una sonrisa burlona en su rostro.

—Basta Antonio, tú no eres así. —intercedió Lovino, mirándolo extrañado. — ¿Qué te pasa?

—Lovi, sólo confía en mí. Como siempre lo has hecho. ¿Vale? —pidió, dándole un suave pellizco en la mejilla. —Vámonos.

—No. —fue la respuesta seca de Lovino. — ¿Qué demonios te pasa, Antonio? No me hagas tener una mala idea de ti, dime que pasa. ¿Por qué se odian tanto?

Los dos mayores intercalaron miradas, unas llenas de desprecio. Lovino bufó enojado, antes de dar un manotazo a la mano de Antonio que volvía a acercarse a su cara.

—Bien. Hagan lo que quieran. —gruñó, pasándolos de largo. —Iré con Bel. Mátense si quieren.

Antonio lo miró marcharse con expresión abatida, era la primera vez que le escondía un secreto a Lovino y eso lo hacía sentir terrible. Notó como Govert también comenzaba a salir del baño y bloqueo su paso.

— ¿Qué es lo que tramas? ¡Escúpelo o te lo sacaré a puñetazos! —dijo, completamente furioso. Se había peleado con uno de sus mejores amigos por su culpa, y eso no se quedaría solo en palabras.

—Si quieres que te dé una buena paliza que sea un momento donde no este Emma. —respingó Govert. — Ya ha llorado suficiente por tú culpa.

—Sabes tan bien como yo que no lo sabía. —explicó, extendiendo los brazos. Govert rodó los ojos. — ¡Lo sabes!

—Fingiré que te creo si con eso me dejas pasar. Emma entrará al baño para buscarnos.

—No te permitiré hacerle daño a Lovi. —aclaró el verdadero punto por el cual lo había detenido. —Él es muy ingenuo, y por lo que veo ya está confiando en ti. No te daré el lujo de destrozarlo.

—Sí lo destrozo a él, ¿tú sufrirías? —preguntó. Antonio cambió su expresión por un segundo a sorpresa y horror mezclados. —Con que lo harías.

—No me voy a quedar de brazos cruzados si le haces daño. Bastante tiene con sus problemas personales.

—Luces patético cuando me ruegas. —río en su cara, para después darle unas palmaditas en su mejilla. —Sin embargo, no tienes nada de qué preocuparte. Lovino me cae bien, al punto donde no me importa si es tú amigo o no.

Al escuchar eso el español respiró de nuevo, levemente aliviado. Tal vez no pudiera creerle del todo, pero escucharlo lo calmaba más de lo que podría imaginar. Govert afiló su mirada hacía él, en señal de profundo odio. Cuando paso a su lado, sonrió, y antes de salir volteó de nuevo hacía Antonio.

— ¿O sí me importa? —cuestionó, al momento en que volvía a caminar y se perdía en la salida.

Antonio lo siguió con la mirada, en completo shock. Sabía de lo que Govert era capaz, y también que lo odiaba profundamente. ¿Pero de verdad no podía buscar otra forma donde no involucrara a nadie? Especialmente a Lovino.

—Lovi. —murmuró antes de salir corriendo tras él.

Lo único que quedaba esperar era que sus palabras fueran ciertas, que Lovino no pasara a ser parte de la pelea que ambos llevaban desde hace un año. Porque entonces Antonio no sería la única persona lastimada, también lo sería Emma, Feliciano y todo aquel que se involucrara con Lovino de forma personal, incluido el mismo Govert.

Pero aquel que sería destrozado hasta los huesos, no sería otro más que Lovino Vargas.


¿Qué tal, eh? Sí que hay tensión entre esos dos. Y no de la sexual *carita pervertida aquí*

Antes que nada, quiero darles una súper noticia. Hoy 10 de abril, se cumple un año desde que subí el primer capítulo del fic, llamado A mal tiempo buena cara y es por ello que he subido este capítulo antes. Y como es el mes de aniversario del Tú + Yo= Error 404 se subirá otro capítulo en los días que siempre se acostumbra subir cada mes. (18, 19, 20, 21… quizás 22, también XD).

¡Muchas gracias por todo su apoyo hasta ahora! Espero contar con ustedes hasta el final.

Bueno, ahora pasando al capítulo, no sé ustedes, pero El Conjuro es la peor película de miedo que he visto. Tal vez porque soy una miedosa, pero de verdad, está cada vez que la veo me hace llorar del miedo QuQ Por eso fue la elegida, incluso compitiendo con actividad paranormal, saw y la noche del demonio.

Sí, mis hermanos me obligan a ver películas de terror con ellos.

Muchas gracias a tomato49, Julchen awesome Beilschmidt, FatInsideHorror, Hatoko Nyan-chan & Dark-nesey por sus preciosos comentarios, chicas no saben cuánto me alegran. Me emocionan y me hacen querer escribir mucho más rápido.

¡Gracias por leer!

Con cariño,

MimiChibi-Diethel.


"¡Seguro que tienes miedo de que tú hermano, bastardo patatas dos, te deje sólo! ¡Eres todo un bastardo patatero miedoso!"

Romano, 2016.