Circulo: Vicio Tsun.
Tú + Yo= Error 404.
9. ¿Quién?
El cielo estaba nublado, Lovino podía verlo a la perfección desde el lugar donde se encontraba. La clase de dibujo era una de las que más odiaba, porque quisiera o no, sus dibujos siempre eran comparados con los de Feliciano; aunque este estuviera en distinto salón. Así que ya se había rendido, solo dibujaba un garabato y remarcaba las líneas hasta que pasaran las tres horas que tenían, sin prestarle atención a nadie.
Ahí, como era de costumbre nadie lo quería, sus compañeros le rehuían y algunas veces se burlaban de él.
—Mejor para mí. —se decía, cuando los miraba. —No los necesito.
— ¡Te digo que es verdad! —reprochó en voz baja uno de los dos chicos de la mesa del frente. —Me han aparecido cosas en mi cuarto, cosas que no tenía. Esta mañana fue miel de maple, sabe muy rica.
— ¿Será una chica? —preguntó el otro. — ¿O un chico que quiere ganarse tu favor?
— ¡Qué asco! —río el otro. — Seguro que es un fantasma. Mi abuela era fanática de los fantasmas, y siempre le cumplían favores, a lo mejor este se prendió de mí y busca que le haga un favor en el mundo humano. Ya sabes, un elegido para dar un mensaje a alguna linda chica.
—Lees mucho manga. —cortó el otro, volviendo a lo suyo.
Lovino apretó su pincel inconscientemente, lleno de miedo. Desde el fin de semana, cuando habían visto la película de terror, se había vuelto mucho más susceptible a ese tema. ¡Todo era por la puta culpa de Antonio y su adicción a las películas de terror! ¿Y sí aquella cosa se le aparecía cuando las luces se fueran en el colegio en la noche, después de que él fuera a recoger algo que se le había olvidado? ¡Todo sería culpa de Antonio! ¡Si lo mataban era su maldita culpa!
—Bien, ahora haremos equipos. Les daré material para cada mesa, así que asegúrense de seguir muy bien y con cuidado las instrucciones, porque no hay más. —explicó el profesor, desde el centro del salón. Al parecer había estado dando recorridos por las mesas de trabajo, que se conformaban en dos personas. Cuando paso por su mesa, el mayor se quedó viendo el trabajo del italiano fijamente. Después suspiró, dejó los papeles en la mesa y se fue.
—Así que voy a trabajar sólo. —bufó, haciendo los papeles a un lado. —Da igual.
—Trabajemos bien juntos. —murmuró una voz a su lado.
Lovino se tensó al momento, volteando lentamente se encontró con una persona a su lado. Rubio de cabello ondulado, ojos azules escondidos detrás de unas gafas, y con una cara absurdamente familiar.
— ¿¡Qué diablos…!?—gritó, echándose para atrás. La silla hizo un golpe seco cuando se cayó, atrayendo la atención de todo el salón. — ¡Desde cuándo estás ahí!
— ¿Eh? Yo…—.
— ¿Hay algún problema, Vargas? —bufó el profesor, con evidente molestia de tener que lidiar con Lovino. — ¿Necesita irse a la dirección acaso?
— ¡Este bastardo me está gastando una broma! —gruñó enojado. — ¿Por qué soy yo el que va a tener problemas?
— ¿De cuál bastardo me habla? —gritó el profesor, mirando a la silla de al lado. Al momento, pegó un pequeño brinquito. —¿Desde cuándo lleva ahí?
—A-Al inicio de la clase…siempre me siento aquí. —murmuró, tímido.
— ¿Es alumno de esta clase? —preguntó molesto.
—Sí. Mi nombre es Matthew Williams. —respondió agachando la mirada.
— ¿Quién? —cuestionó de nuevo, intentando recordar el nombre. Al final le tomó al menos diez minutos; Williams, el chico que nunca estaba. —Eso no es posible. Pase lista y estoy seguro que no escuche su voz al pasar su nombre. —regañó, llegando a conclusiones erróneas. — ¿O alguno de ustedes lo escucho? —preguntó a los demás alumnos. En automático todos negaron, como si no reconocieran a la persona que tenían materializada ahí.
—Pero…
—Seguro que se ha metido a escondidas mientras repartía el material. —señaló, golpeando la mesa con una regla. Lovino miró al chico, parecía bastante asustado, y por alguna razón se sintió mal de haberlo delatado. —Vaya a la oficina del Comité cuando termine sus clases, espero que al joven Kirkland pueda explicarle sus inasistencias. Por ahora, fuera de mi clase.
El chico no pareció protestar, pero Lovino pudo notar la mirada triste que tenía cuando tomó sus cosas y después salió.
— ¿Vargas quiere acompañarlo? —preguntó el profesor, agrio. —Tome asiento.
Lovino obedeció, aunque realmente no le prestó atención. La cara de aquel chico le parecía demasiado familiar, su cabello rubio y ojos azules. ¿Dónde? ¿Dónde lo había visto antes? Si volvía a pensar en él, añadiéndole un poco cachetes, y más grasa a su cuerpo…, quitándole el cabello ondulado por uno lacio. Y si gritaba….
—Soy un héroe. —murmuró, antes de abrir su boca con sorpresa y volver a mirar la silla de al lado. — ¿Qué mierda…? —al bajar la mirada a la mesa, se encontró un dibujo bastante trabajado, donde se podían notar dos siluetas, ambas bastantes parecidas.
Una de ellas tenía Yo en la parte de abajo, mientras que la otra tenía Mi hermano, Alfred.
…..
La cafetería por alguna razón estaba más ruidosa de los normal aquella mañana, todos por alguna razón parecían más interesados en lo que decían los demás que de costumbre. Incluso por aquella ocasión, Lovino pudo salvarse de ser molestado por aquellos chicos de segundo.
—Parece bastante ajetreado. —comentó Arthur cuando se sentó a su lado. Por extraño que a ambos les pareciera, ya se les había hecho un hábito sentarse juntos, pero preferían no pensar en eso cada vez que llegaba a su cabeza.
—Incluso mi salón parecía un mar de rumores. —bufó Lovino, tomando un poco de mantequilla para untarla en el pan. —Es algo sobre un fantasma.
Un escalofrío recorrió la espalda de Arthur, recordando la película. —E-Es obvio que es un tonto rumor, yo no creo en los fantasmas.
—Por supuesto. —secundó Lovino, igual de nervioso.
—Oh, pero mon amour—comentó Francis, llegando, pasando su brazo por los hombros de Arthur. —El fantasma es real.
—Es verdad. —continuó Gilbert, repitiendo la acción, pero con Lovino. — He escuchado que varios chicos de primer año cuando regresan al aula, han visto una silueta, simulando estudiar. Buuu~
Lovino chasqueó la lengua y aventó los hombros hacía atrás para quitarse a Gilbert de encima. —Primero que nada, bastardo patatas. Odio que me toques con tus manos patateras y segundo, no tengo miedo.
— ¿El mariquita no tiene miedo? —se mofó Gilbert, riéndose entre dientes. —Te reto a ir a tu salón cuando las clases hayan terminado entonces.
—Lo haría, si cualquiera que me lo pidiera no fuera alemán. —rezongó Lovino. — O un bastardo patatero como tú. Y tú eres los dos.
—Bueno, ¿qué tal si retamos a nuestro presidente? —sugirió Francis, mandándole un beso con el aire. Arthur puso mala cara de inmediato.
—Cualquiera que entre a las aulas sin el permiso correspondiente, está cometiendo vandalismo. —gruñó molesto. —No hay nada como un fantasma. No existen.
—El cejotas tiene razón. —aseguró Lovino. —No existe algo como los fantasmas.
Arthur y Lovino intercambiaron miradas, intentando creerse que lo que había dicho el otro fuera verdad.
….
—Entonces sumas las fracciones de la derecha, y al terminar sacas la raíz cuadrada de ambos lados. Conservando la raíz positiva y negativa. —explicó, dibujando los números en el cuaderno de Alfred que lo miraba con un signo de interrogación arriba de su cabeza. —Restas b/2a de ambos lados para poder despejar X, y…
—Para, para. —pidió Alfred, exhausto de solo escucharlo. Sediento sorbió de la pajilla que tenía su refresco. — ¡Es muy difícil!
— ¡Claro que no, es demasiado simple! ¡Son ecuaciones que un niño de secundaria sabe muy bien! —reprochó Arthur, dejándose caer en el sillón. — ¿Qué tienes en la cabeza, hamburguesas?
—Después, como el denominador bajo el radical es un cuadrado perfecto…—. Explicó una voz a su lado, lo bastante tímida que apenas lo escucho como un susurro, aunque se encontraba a su lado. El Presidente lo miró con sorpresa, antes de poder reaccionar totalmente aterrado.
— ¡Quién demonios eres! —gritó, parándose de un salto con el corazón en la mano. Alfred por su parte había escupido el refresco sobre el cuaderno y los libros. —¡Idiota, mira lo que hiciste!
— ¿Yo? —preguntó ofendido el americano. — ¡Tú fuiste quién grito como si hubiese visto un fantasma!
—Serás…—Arthur levantó un puño para golpear su cabeza, pero pareció recordar que no estaban solos.
— ¿Cuándo entraste, Matthew? ¡No escuche ni un ruido! —comentó Alfred, tomando el poco refresco que le quedaba.
—Estoy aquí poco antes de que llegaras. —comentó, encogiéndose un poco y abrazando su portafolio. —El Presidente me estaba atendiendo, pero después llegaste tú.
Arthur se quedó pensando un poco, intentando recordar. ¿Qué es lo que estaba haciendo antes de que Alfred llegara? ¡Ah! Atendía a los tipos problemáticos que les mandaban los profesores, aunque podría asegurar que ya había acabado con todos antes de que el gordito americano llegara.
— ¡Sí que eres idiota, Arthur! —se jacto Alfred. —Mira que olvidarte de tus responsabilidades así.
— ¡No quiero que un idiota me llame idiota! —reprochó, jalándole un cachete. Alfred no quedándose atrás, tiró de un mechón de su cabello.
—Esto…—susurró Matthew, atrayendo de nuevo la atención de ambos.
—Ah, lo siento. ¿Cuál es tu nombre? —preguntó Arthur, quitándose de encima a Alfred para tomar la lista que le habían mandado los profesores. — Y tu grupo y grado.
—1-D, Matthew Williams. —respondió, alternando miradas entre Alfred y Arthur, aparentemente esperando que el americano dijera algo respecto a que él estaba allí; no sucedió, Alfred parecía estar más concentrado en limpiar sus libros y sorber la última gota de refresco en el vaso.
—No estás en la lista, —comentó, extrañado. —¿Estás seguro que te metiste en problemas?
—El profesor de dibujo me saco del salón, y me dijo que al terminar las clases viniera aquí. —explicó, agachando la mirada.
—Seguramente debió estar molesto por un momento. —tranquilizó Arthur. —No debió ser nada grave. No te preocupes, puedes irte.
Matthew miró al rubio confundido, aunque al escuchar que se podía ir sonrió. —Gracias. —murmuró, inclinando un poco la cabeza y mirando a Alfred, intentando transmitirle su alegría, pero al parecer este se había olvidado por completo de él. Al final Matthew sólo salió de allí.
—Que raro. —comentó Arthur, Alfred lo miró con expresión aburrida. ¿Es que aún no se daba cuenta? —Se me hace muy conocido.
—Es mi hermano gemelo. —contestó Alfred, con una sonrisa ladina.
Arthur lo miró como si estuviera loco. — ¿Qué? ¡¿Hermano gemelo?!
—No sé porque te extraña tanto. Somos casi idénticos. —reprochó haciendo un puchero. —Sólo que yo soy un héroe, y él no.
— ¡Pero si ni siquiera tienen los mismos apellidos! —puntualizó Arthur, paralizado.
—Eso fue porque mis padres se divorciaron cuando tenía cinco años. —comentó monótono. — Mi madre le cambio el apellido porqué no quería tener que ver con mi padre nunca más, así que nos separaron. ¡Yo también estuve sorprendido cuando él me hablo diciendo que era mi hermano!
—Espera…—Arthur subió una mano, intentando analizar todo lo dicho. —En todo este tiempo…, ¿no se vieron?
Alfred desvió la mirada, con una sonrisa incomoda en el rostro. Arthur lo observó, recreando toda la conversación una y otra vez en su cabeza, hasta que reparo en algo muy importante: "Mi madre le cambio de apellido porqué no quería tener que ver con mi padre nunca más." Allí estaba su razón, si Alfred se había quedado con su padre, entonces ella no quería nada con él tampoco.
—Debió ser muy duro para él. —pensó, sin quitarle el ojo de encima. Lo poco que sabía era por parte de Scott, y era que el padre de Alfred trabajaba como piloto aviador en la armada de los Estados Unidos, por lo que apenas tendría tiempo para pasar con el pequeño Alfred de cinco años. Que debía quedarse sólo, en una casa inmensa, extrañando a su madre y seguramente con una nana nada agradable.
— ¿Qué te estas imaginando? —interpeló Alfred, desconcertado por la cara repentina que había puesto el británico, su enemigo. —¿Te estas compadeciendo de mí? ¿De tú enemigo? —chilló molesto.
— ¿Qué? —preguntó Arthur, saliendo del trance.
— ¡Me la pase muy bien! —confesó, irritado. — Mi padre me cuido muy bien, y tuve un gran amigo llamado Dave. ¡Todos los de la armada fueron muy buenos conmigo, y me enseñaron a pilotear! No necesite a mi madre para nada, allá me sentía completamente en familia.
—No, yo no…
— ¡Así que ni te atrevas a sentir lastima de mí! —estipuló, señalándolo con el dedo. — ¿De acuerdo?
—Eh… sí. —comentó Arthur, mirando la espalda de Alfred hasta que la puerta de la oficina se cerró tras él.
…..
—Aigh. —farfulló el americano, sacando una barrita de chocolate. —Sólo eso me faltaba, que sintiera lastima de mí. ¡Yo soy un héroe!
Haciendo varios pucheros y sacando varias golosinas, decidió ir a sentarse a una jardinera cercana. Donde para su sorpresa el BBT, lo llamó haciéndole señas; excepto Antonio, que parecía encantado, abrazando a Lovino.
— ¡Es el héroe! —gritó Gilbert, riendo. —Ven a comer algo con nosotros.
—Tantos dulces te harán daño. —comentó Francis, tomando un chocolate envinado de la pila que Alfred tenía. Por su parte, Gilbert parecía decidir que era mejor, si las papitas con sal o paletas en forma de tarro de cerveza. —Cuando te enfermes, puedo enseñarte una buena forma de curarte. Sólo llama al hermano Francis.
—No gracias. —comentó Alfred, desenvolviendo otra barra de chocolate. — ¡Ah, Robín!
— ¿Robín? —preguntó Antonio, extrañado. — ¿Quién es Robín?
— ¡Ya te dije que no me llames así! —gritó Lovino, sonrojándose por la vergüenza. — ¡Y tú bastardo, deja de abrazarme o te meteré una buena patada en ese culo tuyo!
—Que es muy lindo, por cierto. —comentó Francis.
—Francés pervertido. —gruñó Lovino. Después centró su mirada en Alfred. —Por cierto, Superman relleno, —llamó, provocando un puchero en él. — ¿tienes un hermano gemelo?
La sorpresa invadió su cara, ¿cómo es que Robín sabía aquello? —Sí. —comentó sin mucha importancia e intentando guardar su incomodidad. ¿No acababa de salir de ese tema con Arthur?
—Está en mi clase. —comentó, extrañado por su actitud. — ¡Qué me dejes de abrazar, joder contigo Antonio!
—Pero Lovi, estás muy suavecito. —contestó Antonio, pegando su mejilla con la del italiano. —Además, no me has perdonado por lo que paso la última vez.
— ¡Te perdono! Pero ya deja de colgarte de mí como koala. —gritó, intentando zafarse. Antonio sólo lo apreso más. — ¡Que te den!
—Por cierto, —comenzó Francis, intrigado por el tema que había quedado en el aire. Alfred lo miró confuso. —lo sabía, tu cara se me hacía conocida cuando fuimos al cine. Es Matthew Williams, ¿verdad?
— ¿Quién?
—Tu hermano, ¿se llama Matthew, no? —preguntó, recargando su barbilla en la palma de su mano. Mientras su brazo se sostenía en su rodilla, que estaba arriba de la jardinera. — Es bastante agradable cuando hablas con él.
— ¿Puedes verlo? —preguntó Alfred, desinteresado. El francés abrió los ojos un poco sorprendido por la pregunta.
—Claro que puedo verlo. No podría ignorar ese hermoso cabello, aunque quisiera. —aclaró, echándose un mechón de cabello para atrás. —Incluso estoy usando el mismo shampoo que él utiliza. Es muy bueno.
—Pareces niña, Francis. —río, Gilbert. — ¿Quién usa shampoo cuando es hombre? ¡Jabón, yo utilizo jabón!
— ¿Qué dices Gilbo? —preguntó Antonio con una sonrisa. —Si no utilizas shampoo tu cabello se pone muy feo. ¿Verdad, Lovi? —el italiano asintió, riéndose de Gilbert.
—Por eso tu cabello parece una patata mierdosa. —se mofó Lovino. —A no, ese es todo tu ser.
— ¡Repítelo, italiano idiota! —rezongó el albino, pellizcando sus mejillas. El italiano trato de defenderse, pero entre los brazos de Antonio, era capaz de hacer nada.
Alfred miró la pelea con gracia, pero antes de que pudiera unirse a ella, Francis volvió a atacarlo con otra pregunta.
— ¿Tú no puedes verlo? —cuestionó, interesado. Los ojos azules de Alfred chocaron al instante con los de él.
—Sí, puedo hacerlo. —protestó, mordiéndose el labio. — ¿Por qué preguntas?
—Porque él ha estado aquí todo este tiempo, y ni siquiera has volteado a mirarlo. —respondió el rubio, señalando con la mirada a la otra persona que también estaba en la jardinera.
— ¡Qué diablos…! —gritaron los otros tres, notando apenas como el chico se materializaba ante ellos.
Alfred miró a su hermano, quién le devolvió la mirada con una sonrisa tímida en los labios. —Ha pasado tiempo. —comentó Matthew, encogido. —Desde la ceremonia de entrada, cuando me reuní con el general Jones y contigo.
—Sí. —respondió el americano, alejando la vista de él. —Ahora que lo recuerdo, deje mis cuadernos con el Príncipe de las Sombras. Iré por ellos, antes de que se ponga a hojearlos y me regañe por mis garabatos.
— ¿Príncipe de las sombras? —se carcajeó Gilbert. — ¿Así es como llamas a Arthur?
Alfred río con él por unos momentos, antes de volver a tomar sus cosas e irse de allí. Dejando todos sus dulces; Lovino entonces sintió una extraña sensación en todo eso, se sentía mal, como si tuviera un dolor horrible en el estómago, pero se tuviera que callar. Miró a Matthew, pero al parecer Francis ya se estaba encargando de animarlo.
Quizás debería hacer lo mismo con Alfred, pero desistió. No era el momento, no hasta que lograra averiguar qué es lo que le molestaba de todo ello.
…..
—Al parecer su padre ganó la custodia de ambos en este año. —explicó Scott, revisando algunos papeles con mucho interés. Por su parte Arthur se encargaba de sellarlos cuando él se los pasaba, echándoles un vistazo rápido pudo ver que se trataba de la colegiatura y otros gastos de la escuela que los padres tenían que pagar. —Su madre acabo en la ruina después de apostar todo lo que tenía, y se convirtió en una prostituta de los suburbios para poder pagar sus drogas.
Arthur paró el sello por un momento, pero sin voltear a verlo, ganándose una mirada rápida de su hermano. Aventando dos hojas más, consiguió que volviera a reaccionar.
—Estoy seguro que el director no los hubiera aceptado si no tuvieran a alguien tan importante como padre. —fue su conclusión, apartando dos papeles en la mesa a su lado izquierdo, continuó: —Alguien con ese historial, no sería muy bienvenido a una escuela para ricos como esta.
—Todos aquí tienen una historia que no quieren contar. ¿Por qué ellos son diferentes? —preguntó Arthur, sin levantar la mirada.
—Pero no todos tienen la suerte de que te preocupe, Arthur. —río, provocando un pequeño estremecimiento en el nombrado.
— ¿A-A quién le preocupa? —dijo, nervioso. —Sólo me dio curiosidad.
—Alfred Jones, no mantiene las notas que se necesitan para seguir en esta escuela. Y por el otro, el simple hecho de que ni siquiera los profesores lo noten ya es grave. —murmuró, tomando un sello del cajón izquierdo de su escritorio. Poniendo una marca azul en el papel, para al final colocarlo en su lado derecho.
— ¿Qué estas tratando de decir? —interrogó, parando el sello de nuevo, esta vez alzo lentamente su mirada verdosa.
—Seguramente los echaran de la escuela acabando el primer semestre. —respondió, encogiéndose de hombros. —Oye, esas hojas no se van a sellar solas.
Arthur le mando una mirada de reproche, que su hermano contesto con un levantamiento de cejas. Al parecer el tema ya había cerrado por parte de Scott, sin embargo, cuando los dos habían terminado después de al menos tres horas sellando y sin cruzar palabra, le dejo caer los dos papeles que antes había apartado.
— ¿Qué es esto? —preguntó.
—Te estoy mostrando lo que nuestro padre paga por esta escuela. —gruñó. —Lo de ambos. Así que espero que, con esto, te dediques a lo que vienes y no a estar jugando a los amiguitos.
Arthur tomó los papeles y fingió revisarlos, apretando sus puños entre las hojas. —Nadie está jugando nada.
…..….
Justo como se lo había imaginado en la mañana, se le tuvo que olvidar algo ese día. Para cuando se había dado cuenta, ya estaba lloviendo y las nubes habían tapado el sol por completo, dando paso a una luz opaca.
—Mierda, y justo cuando el bastardo gilipollas de Antonio tiene que estar rodeado. —gruñó para sí mismo. La escuela parecía desierta por la lluvia, solo unos cuantos profesores se paseaban por ella cubriéndose con los paraguas.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Arthur a su espalda, chocando el paraguas de él con el propio. —Ya no estás en hora de clase.
Lovino dio un brinco por el susto, pero al reconocer su voz se volteó con el ceño fruncido. —Se me olvido algo importante. —chasqueó la lengua molesto. — ¿Qué? ¿Acaso eres el dueño de la escuela o algo así?
—No. —suspiró Arthur, haciendo una mueca. —Pero tengo el derecho a sacarte a patadas de aquí sí me parece que estás haciendo vandalismo.
— ¡Ni siquiera he entrado a mi puto salón! —rezongó, dando una patada al suelo. — ¡Muévete cejotas idiota!
— ¿Ah? —protestó, Arthur. — ¡Muévete tu primero, italiano imbécil!
— ¡Yo llegué primero!
—Pues no me voy a mover hasta verte salir del edificio. ¡Es más, como no te creo, te acompaño! —dijo, cerrando el paraguas al momento que sintió que el domo del edificio lo tapaba de nuevo. — ¡Ven ahora mismo, que tengo mejores cosas que hacer que seguirte!
Refunfuñando Lovino aceptó a regañadientes. Aunque un poco más tranquilo al saber que no tendría que ir sólo por todos los pasillos ya abandonados. Arthur caminaba a su lado, silencioso, observándolo de reojo algunas veces; sintiéndose un poco incómodo porque no había ningún tema de conversación.
—B-Bastardo…—llamó Lovino, Arthur volteó a verlo indignado por el apodo. —¿No escuchas eso?
Ambos se quedaron en medio del pasillo. Minutos después se escuchó la melodía de un teléfono, lo bastante suave como para pensar que era música de ambiente; los dos se miraron con expresión asustada en sus rostros.
—D-Debes ir a ver, es tu responsabilidad. —balbuceó el italiano, tragando duro.
— ¿Estás loco? ¡Ve a ver tú, está en tu salón! —chilló bajito, Arthur. — ¿No venías por algunas cosas?
— ¡No quiero ver al fantasma! —lloró Lovino, enterrando sus uñas en la espalda de Arthur. El británico se estremeció en su lugar, recordando la película que había visto.
— ¿Y tú crees que yo sí? —contestó, sacándoselo de encima y echándolo para el frente. —Solo toma lo que necesites y sal, no creo que se dé cuenta.
— ¡Serás cobarde!
— ¡No eres nadie para decirme eso! —reprochó, poniendo los ojos en blanco. —Bien, sólo hagamos esto juntos.
Lovino asintió, al momento que tomaba del brazo a Arthur; cuando ambos pusieron la mano en la puerta, se miraron y asintieron con la cabeza, pasando saliva. Recorrieron suavemente la puerta, asomando sus cabezas por el pequeño espacio que se había abierto.
¡Soy yo de nuevo!
¿Qué tal, eh? ¿Se me ha pasado la mano con la historia de Alfredito y Matty? Yo la siento liviana, pero es porque soy una masoquista que ama ver a los otros sufrir. (Aunque eso es sadismo si lo pensamos de alguna forma…)
Bueno, ya que ha terminado este capítulo, puedo decir con orgullo que: ¡Desde aquí comienza el primer arco de la historia! Donde nuestros protas, Lovi y Cejotas, se verán involucrados en una situación que tendrán que resolver juntos. Comenzaremos con lo que vinieron a leer en este fic c: La amistad tsunderina de estos dos, más un poco de UsUk avanzando.
Elegí a Canadá (¿quién?) para esta situación, puesto que él es un amor, y nadie le dice que no al bebe maple *corazón* Es perfecto para crear un lazo entre estos dos. Aunque sí, considere mil veces más a Kiku, pero él tendrá su propio arco también más adelante.
Una disculpa por no subir el mes pasado, pero últimamente el trabajo me sobreexplota desde a mediados de abril. Así que intentaré compensarlo en este mes, subiendo el otro capítulo antes de que termine.
Como siempre, les agradezco mucho sus comentarios: tomato49, Dark-nesey, Shadwood, FatInsideHorror, Pos-Chan, maraleja92 & TheSugarRose ¡Me alegra mucho que les guste tanto la historia! Y por supuesto a los que me alegran a favoritos y siguen la historia. (Ya casi vamos para los cincuenta favoritos c': )
¡Gracias por leer!
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
