Circulo: Vicio Tsu.
Tú + Yo= Error 404.
10. Primera interacción.
— ¿Lo ves? No hay nada. —comentó Arthur, al parecer satisfecho de que el salón estuviera vació. Incluso tuvo la valentía de meterse y cerciorarse. —Ya, pasa por tus cosas para que dejes de molestar por aquí.
—Tsk. —Lovino chasqueó la lengua, insatisfecho. ¿Acaso el maldito inglés no veía que aquello era peor si no había nadie? ¿De dónde había salido la música entonces? —Bueno, como sea. —pensó, entrado al salón. Fue cuando se percató que en la banca detrás de donde él solía sentarse había varias cosas regadas en el pupitre.
— ¿Estás son? —preguntó Arthur, tomando el celular. —Este no es tú celular.
—N-No…—masculló, Lovino. Dando un paso hacia atrás. — ¡Gilipollas, seguro que tú haces esto para asustarme!
— ¿Ah? ¿De qué mierda me estás hablando? —protestó Arthur, ofendido. ¡Como si tuviera el tiempo de estar montándose escenitas para asustar al idiota de Lovino! Aunque pensándolo bien, no sonaba tan mala idea.
— ¡Él salón estaba completamente vació al final de la clase! —remarcó, apuntándolo con él dedo. — ¡Lo sé, vine a recoger mis cosas al final del día y ya no había nadie!
— ¡Seguro que alguien vino a estudiar después y se le olvido! —cortó, llevándose una mano a la cara. — ¿No puedes razonar de una manera lógica?
—Quizás podría si Antonio no nos hubiera llevado a ver esa película. —chilló, dando golpes al suelo con su pie.
— ¡Entonces es culpa de ese imbécil no mía!
— ¡Antonio no es un imbécil, cejotas idiota!
—De acuerdo. ¡Es un tarado!
— ¡Qué no!
—Ah, lo siento. —gruñó, levantando las manos en señal de burla. —Pensé que estaba hablando con su amigo no con su novia.
— ¡Q-...Q-QUIÉN MIERDA ES NOVIA DE ESE IMBÉCIL! —gritó con la cara roja como un tomate, dándole un cabezazo justo en el estómago que mando al suelo al inglés. — ¡CHIGIII!
Desde el suelo, Arthur miró unas cuantas estrellas en el techo del salón. —Al menos admitió lo de imbécil. —pensó.
—C-Como sea. —murmuró Lovino, intentando recobrar el tono normal de piel en su cara. —Deberíamos llevar ese teléfono a objetos perdidos.
— ¡No actúes como alguien serio después de golpearme, idiota! —regañó Arthur, jalando su rulo. Un quejido se escapó de Lovino, quién no dudo en darle un manotazo.
—E-Es mío. —murmuró una voz detrás de ellos. Logrando que ambos pegaran un brinco, y voltearan lentamente hacia atrás, encontrándose con una figura humana cara a cara. —N-No gri…
— ¡AHHH!
De la impresión Lovino intentó correr, pero se estampo con un pupitre y dio una maroma hasta quedar en el suelo. Por su parte, Arthur igual de asustado, casi se lanza por la ventana; y lo hubiese logrado si no fuera porque aquel fantasma lo tomaba de la cintura, impidiendo su caída.
— ¡No soy un f-fantasma! —replicó, intentando meter al inglés lo más que podía. — ¡Mi nombre es Matthew Williams!
— ¿Matthew? —cuestionó Lovino, asomándose sospechosamente por la mesa de la banca con la que se había caído.
— ¿Williams? —completó Arthur, volteándolo a ver. Ahora que podía verlo con calma, se le hacía conocido.
—Nos encontramos en la sala del comité disciplinario. Estaba con mi hermano, Alfred. —confirmó, logrando a meter a Arthur por completo de nuevo en el aula.
— ¿Alfred? —Arthur se cruzó de brazos, intentando recordar. — ¡Ah, claro! Eres su hermano.
—Ya te recuerdo. —prosiguió Lovino, levantándose y yendo a su lugar por lo que había olvidado. —Eres el que estaba con el bastardo francés.
—S-Sí. Bueno, no creo que el señor Francis sea un bastardo…
— ¿Qué dices?, ¡es un bastardo total! —completó Arthur. — Le queda corto ese apodo.
—Pienso lo mismo, pero no se me ocurre otro. —dijo Lovino, alzando los hombros. — Quizás bastardo barbudo.
—Sí, tiene demasiada barba. —concuerdo Arthur, para después soltar pequeñas risillas. —De seguro cuando se afeita parece que está podando el césped.
Lovino río, armonioso con él. —Lo más probable es que ni sea verdadera, se la debe cambiar por una postiza cada día.
— ¡Sí, sí! ¡El otra vez tire de ella y pareció moverse! —comentó Arthur, mofándose.
— ¡Qué asco! —igualmente Lovino no parecía querer dejar de burlarse de Francis.
—Esto…—llamó Matthew, intentando atraer de nuevo la atención.
—Deberíamos poner a vivir una colonia de pulgas. Seguro que podemos abrir un circo con ellas. —dijo Lovino, Arthur movió la cabeza en señal de buena idea.
— ¡Joven Arthur! —gritó, lo bastante alto como para que resonara en todo el pasillo. Lovino y Arthur voltearon, sorprendidos.
—Matthew…—murmuró Arthur, después miró su mano. Aún tenía su teléfono. —Ah, lo siento. Es tuyo, ¿verdad? Aquí lo tienes.
Matthew se quedó en su lugar, mirando al suelo, estaba agitado por haber gritado. Lovino por su parte miró a su compañero con una ceja alzada ¿cómo era posible que en tan poco tiempo se hubiesen olvidado de su presencia?
—Toma. —Arthur tomó la mano de Matthew y puso en ella el celular, suavemente. —Yo, lo siento. —rascó su mejilla, apenado. — Creo que me deje llevar al hablar de Francis.
—No es tú culpa. —murmuró Matthew, volviendo a su timidez.
—Bueno, nos vemos. —concluyó el inglés, dando media vuelta. Miró a Lovino sin entender muy bien todo, y en silencio, ambos terminaron saliendo del aula. Lo último que pudo ver Lovino al cerrar la puerta, era como Matthew se ponía en cuclillas, para esconder su cara entre sus rodillas.
Se mantuvieron en silencio por varios minutos, hasta que ambos salieron del edificio. Sus ojos verdes contactaron cuando decidieron voltear a verse, Lovino miraba a Arthur queriendo iniciar una conversación, mientras el inglés le daba una mueca que intentaba disfrazar con una sonrisa; ambos parecían incomodos con el tema del que querían hablar, porque quisieran o no, ya se estaban involucrando.
—Creo que te admira. —admitió Lovino, sin saber muy bien como comenzar. Desvió la mirada a un lado, mirando como las gotas de agua que habían quedado atrapadas en la barandilla del domo goteaban.
—Hmn. —respondió Arthur, subiendo la mirada. Las nubes no parecían querer despejar, pero ya no se veían cargadas de lluvia, por lo que el cielo adquiría un tono azul índigo al estar anocheciendo. Algunos faroles de la escuela comenzaban a alumbrarse a medida de los minutos.
—Tal vez…—.
—No. —cortó Arthur, seco. Lovino volteó a mirarlo con expresión ceñuda, odiaba que lo cortaran a mitad de una frase, más cuando era importante. —Sea lo que sea, no me interesa. Tú puedes hacer lo que quieras, no me importa en lo más mínimo, pero ni si quiera pienses en involucrarme. Yo tengo una cara que dar frente a toda la escuela.
Lovino crispó sus cejas, y su cara se contrajo en furia total. —¡Ni quién mierda te quiera involucrar! ¡Jodido imbécil! —replicó, sin apartar los ojos de Arthur. Este a su vez dio un paso para replicar por tan mala forma de contestar, pero Lovino se lo volvió a impedir. — ¡No te engrandezcas tanto!
Y sin más, avanzó al frente hasta perderse de la vista de Arthur.
—Estúpido niñato. —refunfuñó cuando salió de la sorpresa. — Fuck you!
Matthew observó desde la puerta de salida del edificio, abrazando su oso de peluche que siempre llevaba consigo. Tragó duro, y a paso cada vez menos decidido se encamino hasta la persona que tenía delante de él. Estaba nervioso por hablarle, pero ahora que el inglés había sido capaz de verlo, de escucharlo, no desaprovecharía esa oportunidad.
— ¡Ve por él! —le había dicho el joven Francis, aunque estaba completamente seguro de que había malinterpretado sus palabras. Sin embargo, aquello fue lo suficiente para que se plantara cara a cara con él.
— ¿Qué sucede? No tengo tiempo para ti, tengo que ir a poner en su lugar al imbécil de Lovino. —aulló, golpeando al suelo. — ¡Estúpidos italianos!
—Yo…—murmuró, sintiéndose cohibido por sus primeras palabras.
— ¡Ve a jugar al héroe en otra parte! —gritó, harto. Maldito Lovino y sus cambios de humor, lo ponían de malas. — ¡Mejor aún, ve y ponle atención a tu hermano! ¿No ves que la está pasando mal? —rechistó. Matthew casi sintió como el peluche se le resbalaba de las manos por la impresión. — ¡Y por supuesto no te olvides de ir a las tutorías que te estoy dando! ¡Estás muerto su te pierdes una! —dicho esto, se encamino hacía la misma dirección que Lovino, esperando poder alcanzarlo para darle una buena paliza.
Matthew escuchó un trueno a lo lejos resonar, mirando como el joven inglés se marchaba sólo pudo aferrarse aún más al oso de peluche, y dar media vuelta para ir a su propia habitación.
…
Lovino se dejó caer en su cama, mirando al techo. Mientras que Antonio lo miraba con expresión confusa, pues su amigo lucía demasiado pensativo para su gusto. Así que aprovechando que Francis había ido a la habitación de Gilbert, no dudo en tirarse a su lado, mirando a la misma dirección que él.
— ¿Qué sucede Lovi? —preguntó, haciendo que su mano avanzará suavemente sobre la cama para posarla encima de la del italiano. Una costumbre que desde pequeños habían tenido cada vez que él otro se ponía triste o furioso. — ¿Qué es lo que te preocupa?
Lovino cerró los ojos con una diminuta sonrisa cuando sintió la mano de Antonio sobre la suya. Sintió cálido todo su ser, y por un momento se dejó llevar por la sensación; hasta que recordó que la espinita que tenía desde que Alfred se había marchado por la tarde, seguía dentro de él.
—Matthew… Williams. —murmuró, ladeando la cabeza para dirección del español. Sólo para darse cuenta que él ya lo estaba mirando. Sintió su cara roja, así que sin pensarlo se sentó en la cama y apartó la mano de Antonio. Logrando que este hiciera un puchero. — ¿Has escuchado ese nombre?
—No. —contestó, extrañado. — ¿Debería? ¿Es alguien que te está molestando Lovi?
Lovino dio un pequeño brinco al escucharlo, recordando a los chicos de segundo año que se metían con él como si no hubiese mañana. Al menos se habían calmado un poco desde que Govert los había corrido al tener aquella pequeña disputa cuando entrego papeles con Arthur.
—N-No digas estupideces. —masculló, sin darle la cara. Fue cuando Antonio se puso alerta, él mejor que nadie sabía cuándo Lovino estaba mintiendo. Y aquel gesto le había dicho que decía una muy grande. —Lovi, ¿hay alguien molestándote? ¿Es Matthew?
— ¿Qué? —Lovino volteó a mirarlo, como si estuviera loco. — ¡Claro que no!
Y Antonio no sintió eso como una mentira. — ¿Entonces quién es? —replicó, olvidándose del tema central. Había algo mucho más importante ahora.
Aunque para Lovino fuera todo lo contrario. — ¡No me estás escuchando!
— ¡Lo hago! ¡Lovi, dime quién es!
— ¡Te estoy diciendo que hay un problema! —gritó, poniéndose de pie. Antonio lo imitó.
—Lovi, sé que me estás mintiendo. —dijo, tomándolo del brazo para impedir que en un arranque él fuera a escapar. —Dime quién es. Podemos librarnos del problema ahora. Entonces puedes contarme después lo otro que te preocupa.
— ¡Suéltame, gilipollas! —chilló, forcejeando. — ¡Te partiré la cara!
Antonio se quedó en silencio por varios segundos, logrando que Lovino se tranquilizara un poco más en ese momento, pensando también si ese era el momento apropiado para decirlo; quizás… sí. Siempre contaba con Antonio para librarse de los problemas, siempre lo ayudaba… pero no. Se había hecho una promesa antes de ingresar junto con él, y la cumpliría.
— ¿Es Govert? —preguntó Antonio, alzando la cara para contactar los ojos de Lovino. De esa forma sabría si el menor mentía o no; si podía hacer algo o no.
La piel de Lovino se heló, sintió los latidos de su corazón uno por uno, sus dedos contrayéndose lentamente, sus parpadeos cada vez más pesados. Y entonces la ira lo invadió, quizás porque ahora mismo se estaba dando cuenta que no quería decepcionarse de Antonio, aunque él le diera motivos.
— ¡Ya basta! —gritó, soltándose de un manotazo. — ¡Me voy!
Cuando paso a su lado, Antonio se abalanzo sobre él, tirándolo en el suelo.
— ¡Pendejo, eso duele!
— ¡Perdón Lovi! ¡Perdón! —chilló, intentando abrazarlo aun cuando Lovino le soltaba algunos puñetazos. — ¡De verdad lo siento! No volveré a decir tonterías, perdón. ¿Puedes perdonarme? —con esfuerzo logro tumbar a Lovino boca arriba, tomando sus muñecas para evitar que lo siguiera golpeando. Al menos por la pequeña racha de pelea que habían tenido.
— ¡Déjame imbécil!
—Lovi, Lovi. —siguió chillando. — ¡Si no me perdonas tendré que hacerte cosquillas!
— ¿Qué mierda estás diciendo, idiota?
— ¡Cosquillas! —reafirmó, con un puchero. Y para probar que de verdad lo haría no dudo en apresar con una mano las manos de Lovino, que seguían resistiéndose y colar la otra por la camisa del italiano, llegando a su estómago y deteniéndose ahí. — ¡Decide!
— ¡JODETE!
— ¡Tú lo pediste, Lovino! —gritó, soltando el agarre para llevar ambas manos a su estómago. Lovino intentó impedirlo sujetando los brazos de Antonio, pero era claro cual tenía más fuerza así que fue inútil. En cuanto los dedos se movieron ágilmente, comenzó a reír sin control alguno.
…
Arthur miró a todos lados, busco por todas partes, pero al final del día no encontró a Lovino. Bueno, de todas maneras, no es como si no lo fuera a ver por la noche; entonces se ganaría la paliza que bien merecida la tenía.
Cuando se dio cuenta de la hora ya había anochecido, y varios alumnos se paseaban ya con la ropa de dormir para ir al comedor. Era hora de la cena y todos parecían hambrientos por el largo día de estudios que habían tenido, incluso algunos se paseaban con el uniforme, quizás por la ardua tarea que los profesores dejaban.
—M-Mi…—llevó una mano a su boca, sorprendido. ¡Lo había olvidado por completo! — ¡Mi reporte de historia!
Sin dudarlo ni un segundo corrió hacía la biblioteca, esperando que aun la encargada no se hubiera ido a ninguna parte. Pero la suerte no estuvo de su lado, cuando llegó todo el sector 2-C estaba oscuro o al menos dentro de los edificios. Sin darse tiempo de pensar corrió hacia alguna otra, pero las tres del campus ya estaban cerradas.
Desanimado, como se encontraba ya, se dejó caer en la primera banca que encontró. Era muy tarde para ir a la sala de Comité Disciplinario, y aunque lo hiciera nada le aseguraba que hubiese un libro de historia ahí, pues la mayoría eran de artes oscuras, magia blanca y sus derivados. Una pequeña colección de él.
Podía buscarlo de Internet, pero si mal no recordaba la red no llegaba hasta los dormitorios por lo que tendría que llevar su ordenador a cualquiera de las aulas cercanas, claro, saltándose unas cuantas reglas en el proceso. Era mucho más preferible que fallar como Presidente del Comité Disciplinario, todo el respeto se le iría por las manos y si llegaba a oídos de Scott quién sabe qué pasaría.
Decidió ir por sus cosas, aún había varios estudiantes y profesores por lo que no se vería raro que se paseará por los edificios, menos siendo él. Aunque después de las nueve tendría que esconderse forzosamente para que los guardias no lo descubrieran. Una vez que se cambió el uniforme por ropa deportiva y abrigadita, salió con laptop bajó el brazo y dos pilas recién cargadas, además de una mochila llena de cuadernos y notitas.
Maldito Lovino, se había salido con la suya. Ya mañana se las cobraría.
Al salir notó que ya no había nadie en los pasillos, lo cual le aseguró un escape seguro. Con una sonrisa triunfante no dudo en escabullirse por la salida trasera, en la cual momento de abrirla, chocó de inmediato con alguien.
— ¡Duele! —chilló la voz contraria. Arthur de inmediato salió al reconocer la voz.
— ¿Pero qué demonios crees que haces aquí? —reprochó intentando poner sus manos en la cintura, aunque le fue impedido por las cosas que tenía en las manos. — ¡Te podría llevar a la dirección ahora mismo!
—Sólo me perdí. —murmuró con un mohín. — Además podría preguntarte lo mismo a ti. ¿No se supone que el Príncipe debe de seguir todas las órdenes del Rey Demonio?
— ¿A quién llamas príncipe, imbécil? —regañó, apretando sus mejillas. Alfred sólo pudo balbucear quejas.
— ¡Me duele!
—Lo que sea. —el inglés lo soltó, volviendo a tomar las cosas que con cuidado había tomado en el suelo. —Hagamos un trato, ¿de acuerdo? Tú no me viste por aquí, y yo tampoco te vi.
— ¿Solapar a mi enemigo por un motivo en común? —farfulló el americano, con una mano en su mentón. — ¡Suena bien para mí, HAHAHA!
— ¡Guarda silencio! —Arthur lo miró antes de poner mala cara enseguida. Si estaba con él sería descubierto en cuestión de tiempo, por lo que optó por irse de inmediato. —Nos vemos.
— ¡Claro! —gritó, despidiéndose con la mano. ¿Cómo podía ser que su enemigo le cayera tan bien? ¡Era tan divertido!
Al avanzar por toda la escuela decidió que lo mejor era ocultarse donde no pasaba mucha gente y donde los guardias pudieran pensar que sería el peor escondite, ósea las afueras de la biblioteca 2-C, si bien los arbustos eran espesos muy pocos estudiantes lo sabían pues no recurrían mucho a ellas. Como la mayoría de la escuela era de una economía buena, podían permitirse gastar lo que quisieran y todavía les sobraba para comprar los libros.
Miró un arbusto lo suficientemente grande para ocultarlo, y hacía juego con un árbol un poco ancho. Aunque más al fondo podía verse uno mucho más grueso decidió no ir más allá, cortesía de Antonio y la película, por supuesto.
Comenzó a escribir una vez que tuvo todas sus cosas afuera, no había aire por lo que le fue más fácil poder organizarse sin que las notitas salieran volando. A medida que se fue concentrando dejo de sentir el tiempo y la presencia de todo.
— ¡Qué buen escondite! —rechistó la voz de Alfred detrás. — ¡Me tomo una hora encontrarte!
Arthur casi pegó un grito del susto, si no fuera porque el americano le puso una mano en la boca al tiempo en que se agachaba para que el arbusto lo cubriera también.
—Shh. —calló Alfred, quitando su mano. —Harás que nos descubran.
— ¿Qué mierda haces aquí? —regañó, bajito pero duro. — ¡Te estás saltando las reglas!
—Si bueno, no soy el único. HAHAHA.
— ¡Cállate! —Arthur pellizcó su mejilla, logrando silenciarlo. Asomándose por los arbustos notó como un guardia había salido de una esquina y comenzaba a apuntar a los arbustos, seguro que había escuchado la risa de Alfred. —Demonios, ahí viene.
Arthur sintió un tirón en su brazo que lo arrastró atrás del árbol más ancho que lograba cubrir el cuerpo de ambos. Sin embargo, para su mala suerte Alfred lo había pegado a su pecho mientras este se recargaba en la corteza, asomándose levemente para ver si el guardia ya se había marchado.
— ¡Qué mierda haces! —reprochó, intentando apartarse. —No me abraces.
Alfred pareció darse cuenta de lo que hacía, pero aun así le puso una mano en la boca, logrando que Arthur comenzará a recordarle a su madre y algunas que otras veces a su padre.
—Shhh. Cállate. —musitó volteando a verlo. Arthur entonces aprovechó para morderle la mano. — ¡Ay!
—Shhh.
— ¡Quién está ahí, muéstrate! —ordenó el guardia, abriéndose paso entre los setos.
— ¿Ves lo que haces? ¡Nos descubrieron! —reprochó Arthur, halando de nuevo sus mejillas.
— ¿Yo? ¡Tú fuiste quién inició todo!
— ¡Es tú culpa por abrazarme!
— ¿Ah? ¡Sólo estaba transmitiéndote la tranquilidad de un héroe!
— ¡Jodete!
—Ustedes dos…, será mejor que tengan una buena explicación para estar aquí. —intervino el guardia con una venita en su frente. —Y quiero escucharla de inmediato.
— ¡Mierda! —pensó Arthur. ¿Ahora cómo explicaría eso sin que su hermano se enterará? —B-Bueno… verá…
—Me estaba dando tutorías. —explicó Alfred, con una sonrisa y un pulgar arriba. —La verdad es que soy muy malo para los estudios, pero él me está ayudando en las preguntas que marcharnos si lo desea.
El guardia paso la mirada de Arthur a Alfred, evaluando si lo que decía el americano era cierto. Al final suspiró y negó con la cabeza con una sonrisa. Ahora se explicaba los materiales dejados a unos metros.
—Lo que sea para que aprendas. —sonrió, dándole unas palmadas en el hombro. —Asegúrense de irse antes de que acabe mi turno, o no me haré responsable de si los ve alguien más.
Arthur y Alfred se miraron con una sonrisa. — ¡Sí!
Al final cuando el guardia se marchó, ambos pudieron volver a donde estaban escondidos, aunque decidieron ponerse detrás del árbol usado para que ningún otro guardia pudiera verlos. Pasaron al menos dos horas en los que Arthur estuvo callando constante veces a Alfred, ya que el americano no llevaba ni un solo material de estudio con cual pudiera distraerse.
—Esto ya está listo. —bostezó Arthur. Miró la hora en la laptop e hizo un ruido de molestia, pasaban de la una de la mañana por lo que se tendrían que ir a dormir pronto para poder levantarse a la primera clase del día. — ¿Alfred?
Cuando se fijó en el americano este yacía recostado en el pasto, completamente dormido. Extrañamente lucía demasiado apacible para ser él, por lo que Arthur sintió el deseo de verlo más de cerca, no todos los días podía ver a su nombrado enemigo tan calmado. Si bien la mayoría del tiempo era una molestia, había comenzado a tomarle apreció a sus acciones.
—Hey, tonto héroe. —llamó, removiéndolo. Seguro que cogería un resfriado si pasaba toda la noche ahí. —Alfred.
—Hmn.
— ¡Te estoy hablando!
El americano contrajo sus brazos, buscando un poco más de calor. Y cuando notó que la molesta voz que lo llamaba no desaparecía, decidió dar vuelta. Arthur sintió ganas de abandonarlo en ese momento, apretó su puño y le dio un golpe en la cabeza, logrando al fin despertarlo.
— ¡Ay, ay, ay!
— ¡Despierta, tonto! —regañó, poniéndose de pie. — ¡Es hora de marcharnos!
— ¡No tenías que golpearme!
— ¡Cállate! —bufó. — ¡Vamos!
Un bostezó por parte del menor fue la respuesta, aun así, logró ponerse de pie y comenzó a seguir a Arthur. — ¿Puedo dormir en tú habitación? —preguntó cuándo pasaron el patio principal. Arthur se detuvo en seco, volteando a mirarlo como si estuviera loco. — Olvide la llave de mi cuarto. ¡No quiero ser malo con mi compañero y despertarlo a estas horas!
— ¡Olvídalo! ¡Yo no te pedí que te quedaras conmigo!
La cara de decepción que puso en ese momento el americano logró conmover un poco a Arthur, que de repente miró hacía el frente y comenzó a avanzar a paso rápido.
— ¡Lo que sea!
Y la sonrisa que formo Alfred en su rostro fue lo suficientemente grande para que Arthur sonriera también.
— ¡Tendremos una buena pijamada!
— ¿Ese era tú plan? —gritó Arthur, atrayendo los silbatos de unos guardias.
¡Hola! ¡Cuánto tiempo!
Lamento haber tardado, pero al fin salió algo de esta cabeza mía. C: Muchas gracias por serme tan paciente con los capítulos. Espero poder seguir lo más rápido que pueda.
¡Enamórense de Matthew!
Muchas gracias a Guest, Rose Kirkland Jones, Dark-nesey & tomato49 por sus bonitos comentarios. Y por supuesto a los seguidores y favoritos.
¡Nos vemos en la próxima!
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
