Capítulo 35: Tu vida, mi vida.
Sus ojos no estaban siendo útiles en su tarea de ver a través del humo que cubría el lugar, respirar era más que complicado y su garganta ardía cada vez que trataba de hacerlo, sufría por las múltiples quemaduras que terminó ganándose mientras escapaba y su espíritu estaba completamente quebrantado.
Pero lo único que quedaba para ella era correr. Lejos, cuán lejos pudiera llegar. Sin importar qué, ella tenía que alcanzar el final. Tenía que escapar del infierno que esos malditos soldados habían desatado con su ataque.
Deseaba aferrarse a la vida pese a que ya no tenía razón alguna por la cual vivir. Continuaba corriendo con la urgencia de alcanzar su libertad. Podía salvar con vida, solo debía esforzarse un poco más.
- "Puedes comenzar una nueva vida desde cero." –
Esa sonrisa, tan bellos y expresivos ojos, aura pura como el agua. Estuvo a punto de entregar a un ser tan único a esos servidores del mal. Y sin importar todo lo que hizo, Ami nunca dejó de verla con bondad.
- "¡Voy a salvarme!" – Estaba llegando al final del pasillo. – "¡Y volveré a encontrarme con ella!" –
Una seguidilla de fuertes temblores sacudieron el lugar. Rei volteó la cabeza para saber de qué se trataba, pero terminó siendo alcanzada por una potente ráfaga de aire caliente. Fue a parar al suelo, nuevas quemaduras atormentaban su cuerpo, haciéndola gritar de dolor. Luego todo volvía a ser cubierto por humo y cenizas. La oscuridad reinaba nuevamente en el pasillo.
- "Qué crueldad..." – Pensó la azabache. – "Supongo que me lo merezco." –
Castigada por el abrasador calor, sin poder respirar y abatida sin piedad, Rei simplemente ya no podía más.
Pero se obligó a continuar.
Volvió a levantarse y siguió su camino. A paso lento, cargándose contra una de las murallas, con todo en contra, Rei no se detuvo.
Alcanzó el final cuando ya no tenía aliento. Elevó la mirada y tenues rayos de luz golpearon su rostro. Arriba de ella había una puerta pequeña, solo tenía que abrirla. A puño limpio comenzó a golpear la madera y la arena del desierto empezó a filtrarse. Pero no paró, continuó con los golpes, sin darle importancia a la sangre que corría desde sus nudillos o las quemaduras en su cuerpo.
- "¡Solo un poco más!" – Su puño tocó por última vez la madera y fue cubierta por el eterno dorado de Telián. Había roto la puerta y estaba libre para escapar.
Escupió la arena que cayó en su boca y mantuvo los ojos cerrados, irritados a más no poder. Saltó y se agarró de una orilla, su propio peso deseaba devolverla dentro de aquel infernal pasillo subterráneo. Pero no tenía planeado volver a ese sitio. Sacó fuerzas desde el fondo de su alma y se elevó, salió por la pequeña puerta y finalmente pudo observar el cielo nocturno en todo su esplendor.
Había escapado con vida.
- "El templo se derrumbó." – A lo lejos podía ver su antiguo hogar en ruinas. – "Abuelo, no pude cuidar nuestro templo." –
Terminó por caer rendida sobre la arena. Era una noche fría, pero agradecía la dulce brisa que corría por el desierto. Era relajante estar finalmente tranquila, ya no debía escapar más.
- "Ahora solo quiero dormir…" –
Escuchó unos chillidos familiares, así que abrió los ojos con pereza.
- Fobos y Deimos. – Se sentía tan feliz. Sus cuervos la habían encontrado y venían a acompañarla. – Solo voy a tomar una siesta… -
Una comenzó a jalar su cabello mientras que la otra se dio el trabajo de picotear una de sus mejillas.
- No se preocupen. – Entendía a la perfección lo que trataban de hacer las aves. Temían que si dormía, nunca más volviera a despertar.
- "Mi llama aún arde con viveza." –
Ya habían pasado varios días ocurrido el ataque al templo. Aún conservaba cicatrices de las quemadura y los recuerdos de la fatídica noche permanecían frescos. Pero día a día trataba de superar aquellas marcas mientras continuaba en busca de una vida llena de paz.
- ¡Rei, Rei, Rei! – Gritos provenientes desde su espalda la sacaron de su concentración. - ¡Rei, mira mis ampollas! –
Su presente era sin duda muy diferente a como lo imaginó que sería.
- ¿Cuándo te quedaste tan atrás? – Preguntó la pelinegra una vez que se dio la vuelta y encontró a la rubia varios metros lejos de ella. Sentada en la arena, parecía estar revisando sus pies. – ¡Minako, no me interesan tus ampollas! ¡Debemos continuar, ya queda poco! –
- ¡Lo mismo dijiste ayer! – Y se había ilusionado tanto al pensar que llegarían pronto a Radatia. Pero no, nada de eso ocurrió. Caminaron todo el día de ayer, más nunca alcanzaron el salar. – ¡Solo quiero encontrar mi espada y largarme de este planeta! –
Rei suspiró cansada, pero trató de juntar paciencia. No podía enojarse con Minako, quien no tenía culpa de su fatal destino. Lo mejor que podía hacer era intentar comprender su situación y ayudarle en todo lo que podía.
Decidió que iban a descansar un par de minutos, así que se acercó hasta el lado de la rubia para conversar.
- Esa espada debe ser muy importante para ti. –
Era mucho más que importante, pensó Minako. Siempre había tenido la espada a su lado. Desde que era pequeña fue entrenada para luchar con ella y nunca se había separado de su lado. Su espada era esencial, nada podía reemplazarla.
- Es un arma única que se me entregó como regalo de nacimiento. – Nunca supo dónde o cuándo la forjaron. Solo sabía que debía cuidar la espada con su vida, ya que así le habían pedido hacer. – Soy muy mala describiendo cosas, así que mira esto… - Dio la espalda a Rei y levantó su blusa.
Cada detalle del arma estaba impreso en la piel de su espalda. Era un tatuaje enorme y hermoso, una obra de arte que Minako escondía bajo sus prendas.
- Una vez me dijeron que nací solamente para blandir esta espada. – Por tal razón marcó en su piel la forma del arma. – Es el recordatorio de que en mi espalda cargo con una gran responsabilidad. – Un extraño silencio quedó colgando entre ambas luego de esas palabras. Fueron cargadas de emoción, Rei pudo sentirlo. Esta mujer tenía mucha más historia de la que aparentaba. – ¿Y sabes qué? Mis ampollas se han reventado… -
- Eso es asqueroso. - Además, tenía el poder de arruinar profesionalmente todos los momentos serios entre ambas.
Capítulo 36: Caminos separados.
Fue en la tarde que finalmente alcanzaron el conocido Salar de Radatia. A diferencia de los oasis, cuales comúnmente eran grandes urbes amuralladas y gobernadas por una reina, estos sitios carecían de una figura importante para dirigir a sus habitantes. Solían ser pueblos pequeños y dedicados a una sola actividad económica, siempre relacionada a la minería. En este caso, Radatia se dedicaba únicamente a la extracción de la sal y litio.
- ¿Quién rayos compra sal en un planeta desértico? – Minako no entendía la lógica detrás de ese negocio. – Yo compraría agua, no sal. –
- Donde no hay agua, supongo que es mejor comprar sal. – Rei trató de darle lógica al asunto. – De todas maneras, esta gente sobrevive gracias al salar. –
Comenzaron a adentrarse en el pueblo por una de las calles principales. Minako se dio cuenta que la mayoría de los habitantes eran adultos o gente de avanzada edad. Desde que llegaron al salar, pocos niños recordaba haber visto.
- ¿Por qué no hay gente joven? – La curiosidad la mataba.
- Muchos prefieren emigrar a los oasis, ya que la vida es mucho más sencilla allí. – Era una decisión que tomaban pensando en su futuro. Regularmente la juventud creía que la vida en Telián era muy sacrificada y poco fructífera. Deseaban buscar oportunidades que entregaran todo lo que querían, pero de manera sencilla y rápida. – Lebiatis es el oasis más cercano, pero ir allá es la equivocación más grande que alguien puede cometer. –
- Lebiatis suena como un mal lugar. – La rubia iba a tratar de recordar que ese nombre significaba problemas. – ¡Qué bueno que estoy acá en Radatia! –
Pese a saber que Lebiatis era un mal lugar, Rei tenía intenciones de aventurarse hasta llegar a él.
- "Ami y Makoto están allí." – Ella deseaba ayudar a las dos. – "Una vez que termine con mis asuntos acá en Radatia, tengo que ir hasta Lebiatis y encontrar una manera de ayudarlas a escapar." – Esa era la decisión que había tomado desde hace un buen tiempo. – "Solo espero que no sea muy tarde." –
Se percató que iba caminando sola, así que se detuvo. ¿Por qué siempre Minako se quedaba atrás? No era divertido parar a cada momento.
- "Siempre parece como si estuviera en otro lugar. Como si pensara en alguien más, alguien lejano." - No era la primera vez que notaba el particular comportamiento de la azabache. Algunas veces la encontraba con los puños apretados o con una mirada entristecida. Eran detalles, pero que ella nunca pasaba por alto.
Todos tienen sus problemas, posiblemente ella era uno para Rei.
- Muchas gracias. – Dijo la rubia una vez que tuvo la atención de la mujer.
- ¿A qué viene eso? –
Una sonrisa apareció en los labios de Minako.
- Seguramente tenías otros planes, pero decidiste ayudar a esta desconocida sin importar nada. – Eso era simplemente admirable. – Todo tu esfuerzo, toda tu dedicación, nunca podré pagar todo lo que hiciste por mí. –
Así que esta era la despedida.
- ¡No te preocupes! – Rei nunca buscó dinero. Ya se lo había explicado, no tenía que seguir con el asunto. – Me conformo con saber que recuperarás tu preciada espada. –
La pelinegra tenía razón, ella aún debía ir en busca de su espada.
- ¡Gracias! – En un impulso, Minako terminó abrazando a Rei. Fue movida por los sentimientos que ardían en el fondo de su pecho. – Un corazón noble como el tuyo es algo poco común por estos días. Por favor, toma esto como la súplica de una simple mujer que quedó maravillada contigo: Nunca abandones tu verdadera esencia. –
Se separó asustada al momento que vio bajar desde el cielo a cierto par de cuervos.
- ¡No, mi cabello no! – Gritó antes de cualquier acto violento. Pero no era necesario, ya que Fobos y Deimos solo habían bajado a despedirse de ella. – Ustedes dos, cuiden bien de Rei. – Sabía que no era necesario pedir eso a las aves, ya que seguramente tenían su misión muy clara. – Gracias por todo. –
Algo desconcertada por el abrazo, Rei sacudió varios pensamientos que quedaron en su cabeza. Sonrió ampliamente a la rubia una vez que recuperó su compostura.
- Cuídate mucho, Minako. –
La aventurera partió por un camino diferente al suyo. Debía ser de ese modo. Sabía que sus destinos estaban escritos de esa manera. Pese a eso, no pudo detenerse a sí misma de pensar que Minako era aquella persona importante que la voz mencionó cuando estuvo vagando sola por Telián.
- "Rei, que tus pasos te lleven a Radatia. Un corazón valiente aparecerá en tu camino y deberás guiarlo hasta el salar. Será allí donde finalmente encontrarás lo que tanto deseas alcanzar." –
Al parecer, terminó equivocada.
- "Pero esa energía especial que veía en Minako me hizo creer que se trataba de ella." – Y siempre había confiado en su sexto sentido. – "Tibia y reconfortante, como los rayos de sol cuando este nace desde el horizonte." –
Bueno, supuso que era momento de olvidar todo y continuar con la búsqueda de ese "corazón valiente". Si existía alguien en Radatia con ese título, todo podría ser más sencillo. De no ser así, obviamente debería inclinarse a usar su sexto sentido.
- Pero primero debo conseguir algo para comer. – Habían pasado semanas desde la última vez que había comido algo que no fueran higos de cactus. Y pese a que aparentaba fortaleza, ya estaba bastante cansada. – Creo que buscaré el mercado de Radatia y compraré algo con el par de monedas que encontró Fobos. –
Elevó la mirada al cielo y sonrió al ver a las aves volando sobre ella. Sus compañeras, quienes siempre estarían a su lado.
- ¡Andado! –Hizo un gesto y comenzó a ser seguida desde las alturas.
Nunca iba a reconocerlo, pero iba a extrañar la voz de Minako.
Se sintió como un "Hola" y "Adiós", ¿verdad? Pues para mí fue algo así. ¡Pero no se preocupen! Hay Minako y Rei para rato.
Gracias por leer. ¡Suerte!
