Circulo: VicioTsun.
Tú + Yo= Error 404.
11. Mi apuesta.
—Últimamente Lovi se ha estado distanciando de mí. —comentó Antonio, hundiendo un trozo de pan en su boca. —Es como si apenas nos acabáramos de conocer y no le cayera bien, parece que me evita.
—Bueno, creo que por primera vez se está llevando con chicos de su edad, así que es normal. —dijo Francis encogiéndose de hombros. —Como Matthew y Alfred.
— ¿Matthew? —Antonio miró a su amigo con duda, estaba seguro que ya había escuchado ese nombre antes.
— ¿Recuerdas al chico que estaba el otra vez conmigo? Cuando el héroe trajo todos esos dulces.
—No realmente. —vaciló, haciendo un esfuerzo por recordar. —Aunque recuerdo el chocolate que me dejaron al final.
Francis suspiró, después formo una triste sonrisa en su boca. —Sí, ya me lo imaginaba. Sería un milagro que…
— ¡Ya lo recuerdo! —gritó el español, levantándose de un salto. — ¡Es el chico que Lovi menciono!
— ¿M-Matthew?
—Sí. —afirmó. —Por un momento pensé que se estaba metiendo con Lovi, pero se aclaró el malentendido de inmediato…, aunque al final no supe lo que Lovi me trato de decir. Acabamos hablando de Govert. —refunfuñó.
—Siempre te pones de malas cuando hablas de él. —Francis plantó una sonrisa pícara en su cara, quería indagar un poco en el tema. — ¿Te sientes celoso de que pase mucho tiempo con el delicioso Lovi?
— ¿Qué? ¡No! —Antonio contrajo su cara en una mueca, haciendo reír a Francis. — ¡Fran, no es gracioso!
—Estás completamente celoso. —aseguró, señalándolo. — Porque seguro Lovi te deja de lado para estar con él. ¿Me equivoco?
Antonio miró su pan, mordiéndose el labio. ¡Todo era cierto! Pero por su orgullo de hombre que no podía admitir en voz alta que odiaba a Govert con todas sus fuerzas y le molestaba que estuviera rondando por donde Lovino; todo por la estúpida venganza que tenía con él. Había pensado al menos mil veces decirle a Lovino la razón por la cual ambos no se podían ver ni en pintura, pero el sólo hecho de ver esa mirada de desconfianza que ponía el italiano cuando de Govert se trataba le era suficiente para detenerse. Sabía que Lovino no le creería.
—No pongas esa cara. —dijo Francis, distrayéndolo de sus pensamientos. —Estoy seguro de que Lovino no va a dejar de quererte por estar con Govert.
—Lo dices muy fácilmente. —masculló. —Govert a comparación de mí es genial.
Francis frunció las cejas con molestia. Odiaba cuando Antonio se mostraba o sentía inferior a los demás.
— ¿Por qué no se lo dices? —preguntó, poniéndole una mano en su hombro. —Él lo entenderá.
— ¿Cómo podría decirle eso? Pensará que soy patético, que soy una basura humana. —dijo entre dientes. —Además…—hizo una pausa, después soltó un suspiro y alzó sus ojos al cielo. —, destrozaría todo lo que Lovi piensa de mí.
…..
— ¡El héroe puede alzar todo esto junto! —gritó Alfred, llegando emocionado a una pila de sacos llenos de granos de maíz. — ¡Nadie me puede igualar! HAHAHAHA.
Matthew, quién caminaba por fuera del área de almacén para la cocina, fue uno de los pocos que escuchó el estruendoso grito de su hermano seguido de varias señoras mayores pidiéndole que no lo hiciera. Tímidamente, Matthew se asomó por el marco de la puerta justo en el momento en que todos los costales caían encima de Alfred.
— ¡Alfred! —medio gritó, asustado. Seguro que se había lastimado por tanto peso encima, ¿debía ir a la enfermería? ¿quizás estaba inconsciente? ¿debería ir por un profesor?
— ¡Por eso te dije que no movieras nada, idiota! —regañó Arthur, apareciendo por detrás de las señoras que miraban con molestia y hastió la escena. — ¡No debí dejar que me acompañaras!
— ¡Deja de quejarte y ayúdame! —chilló molesto el americano.
—Lo lamento mucho, señoras. —se disculpó Arthur, metiendo las manos por debajo de sus antebrazos para cargarlo. Aunque fue inútil, no logró moverlo ni un poco. — ¡No puedo, estas muy gordo!
— ¡NO TIENES QUE SER TAN SINCERO!
—D-Déjame ayudarte, joven Arthur.
Arthur se puso azul del susto, aunque luego de reconocerlo dio un brinquito hacía atrás dejando que Matthew se abriera paso. Pero antes de que el chico pudiera tocar a su hermano, Alfred se deshizo rápidamente de los costales, para incorporarse rápidamente.
—Estoy bien. —farfulló, sin darle una mirada. —Ven Arthur, ayúdame a recoger esto. Las señoras parecen increíblemente molestas, parece que voy a morir. —tembló.
— ¿Por qué debería? —preguntó el rubio, con las manos en la cintura. Después miró a Matthew, parecía bastante consternado con lo que su hermano había dicho; por lo que, sin pensar, Arthur tronó los dedos delante de él para traerlo de nuevo a la realidad. —Hey, ayúdame con el desastre que hizo tu hermano.
—Joven Arthur…
— ¡El héroe puede sólo!
— ¡Cállate y sigue recogiendo! —le gritó, tomando un costal. —Anda Matthew, que tengo otras cosas que hacer.
—S-Sí.
…..
—El renacimiento produjo una revolución en las artes y la ciencia nuca igualado. Otra forma de llamarlo es el Siglo de Oro. Se basa más que nada en un renovado interés por lo grecolatino y, por ende, el Humanismo. Su estética valora las formas equilibradas y armónicas. Además de que gracias a esto surgió un nuevo prototipo de caballero, el cual no sólo tenía que ser experto en armas, sino que, a su vez, un experto en ciencias y arte.
— ¡Justo como Ludy! Ve~—gritó Feliciano, interrumpiendo la explicación de Ludwig.
— ¡Ya basta de ese apodo absurdo! —reclamó el nombrado, aventándole un libro a la cabeza.
— ¡VEE~!
—No te entiendo una mierda, bastado patatas. —bostezó Lovino, levantando su cabeza de la mesa donde antes había dormido.
— ¡Una persona que se duerme no tiene derecho a reclamarme!
— ¿Ahora resulta que es mi culpa tú explicación de mierda?
—Ludwig-san, lo mejor será que paremos un momento. —pidió Kiku, tratando de calmarlo. —Por favor tomé un poco de mi té.
Lovino bostezó de nuevo, dejando caer su cabeza en los libros. —Oye, bastardo. —llamó.
Feliciano lo miró con una sonrisa, era pocas las veces que Lovino quería hablar con él y no dormir. — ¿Qué pasa, Lovi? ¿Quieres que te explique algo, vee~?
—Si alguien como tú me explica me moriré de hambre en el futuro. —rechistó, alzándose lentamente. — ¿Por qué mierda el bastardo papatas de está enseñando de arte? Debería ser al revés, y él lo sabe.
—Cuando Ludwig me explica es mucho más fácil.
—Pero no lo necesitas.
—Pero me gusta escucharlo, vee~.
—Tsk, ¿acaso eres una chica enamorada? —murmuró. Sin darse cuenta que las mejillas de Feliciano se habían sonrosado.
—Ludwig-san parece mucho más tranquilo. —dijo Kiku, atrayendo la atención de ambos. — ¿Qué les parece si continuamos?
—Yo paso. —farfulló Lovino poniéndose de pie y guardando el único cuaderno que había sacado. —Tengo mejores cosas que hacer que pasar mi tiempo con mi hermano idiota y su amigo patatero.
— ¿Lovino-kun?
—Vee~, Lovi pero los exámenes están cerca. —comentó Feliciano, poniendo una expresión afligida. —No debes de reprobar.
—Tengo otros dos parciales para reponerme. —argumentó, inexpresivo. —De todas maneras, no es como si fuera un completo idiota.
—Si se siente incómodo con nosotros puede pedirle ayuda también a Arthur-san. —dijo Kiku, con una sonrisa. —Él es muy bueno con los estudios también.
— ¡C-Como si me fuera a ir con ese bastardo idiota!
—Veee~ Podrías ir con el hermano Antonio también. —Feliciano sonrió, logrando sonrojar a Lovino. Una pequeña venganza por parte del menor. —Estará muy feliz si le pides ayuda.
— ¡Tampoco voy a ir con ese imbécil! ¡Estudiaré por mi cuenta, tonto!
—Pero Lovi…
Y sus palabras quedaron en el aire, pues Lovino ya había abandonado el salón azotando en el proceso la puerta. Ludwig suspiró, sus hombros se relajaron en sobremanera cuando Lovino se marchó, sin embargo, ver la cara de preocupación de Feliciano no le gustaba.
—Lovino-kun es una persona muy tímida. —sonrió Kiku, Ludwig de inmediato lo volteó a ver como si estuviera loco.
— ¿Tímido? ¿De dónde le ves lo tímido, Kiku? —Ludwig carraspeó, para olvidarse del tema. —De acuerdo, sigamos.
— ¡Sí, capitán!
…
—Sí que no tienes vida social. —recriminó Alfred dejándose caer en el sillón del comité. —Mira que arrastrar al héroe hasta tu guarida sólo para tener un amigo.
—Te puedes ir cuando gustes. —dijo Arthur, tomando los papeles en su escritorio. Seguro que Scott lo había ido a buscar, mierda, tendría que justificar su ausencia.
—Y-Yo…
— ¿Qué pasa Matthew? —preguntó, volteando a él. Matthew lucía sorprendido ante su respuesta. —Pude acostumbrarme a tu presencia. —explicó.
—Humm. —Alfred infló las mejillas, insatisfecho por la contestación de Arthur. —Sí que eres tonto, Arthur. Mira, dejaste caer un sobre.
— ¡Justo iba a levantarlo! —bufó, con las mejillas sonrojadas. El sobre era tamaño carta, de color amarillo cosa y llevaba la palabra urgente con letras rojas lo cual sólo podía significar una cosa: alguna petición del director. Sin mucha gana abrió el sobre y saco la única hoja del comunicado, a lo mejor era una de las cosas que siempre le pedía, … o no.
— ¿Se encuentra bien, joven Arthur? —preguntó Matthew, acercándose. De inmediato Arthur pegó el sobre a su pecho, asustado.
— ¿Dejaste tu mochila aquí, Alfred?
—Sí. ¿Por? —contestó, mordiendo un trozo de chocolate.
—Matthew, hay que estudiar un poco. Les ayudaré. —dijo sonriendo, guardando los papeles de nuevo en el sobre y metiéndolo en uno de los cajones del escritorio. —Vamos. También tú, Alfred.
— ¿Eh…? ¿Tan de repente? Ni he tenido tiempo de tomar una soda. —comentó, encaprichado. Aun sosteniendo la barra de chocolate en una mano. —Comamos algo primero.
— ¡Esto es más importante!
— ¿Qué es lo que sucede, joven Arthur? Luces pálido.
Alfred hizo un puchero, cruzándose de brazos. — ¡Sólo dinos! Si es algo malo el héroe se encargará. Incluso te ayudaré, aunque seas mi villano.
El inglés suspiró, tallándose la cara con la mano. Tomó la mochila de Alfred y regó unos cuantos cuadernos en la mesa, junto con algunas plumas. —El sobre que recibí es de parte del director. —narró, jugando con un lápiz. —Necesitaba reunirlos a los dos, justo como ahora.
—Sólo dinos a dónde quieres llegar. Me estas revolviendo el estómago. —intervino Alfred.
—El director quiere expulsar a ambos antes de que inicien los primeros exámenes. —concluyó Arthur, bajando la mirada.
…..
—Tsk, como si necesitara de esos tontos para ponerme a estudiar. —gruñó Lovino, acomodándose la mochila. — "Ludwig, Ludwig… ve~ ve~ ve~" Quién tuviera una escopeta.
—Puff. —una risilla se escuchó detrás de él. Y al momento de voltear no se encontró con otra persona más que Bel, por lo cual de inmediato sus mejillas se pusieron coloradas. —Lovi, eres muy divertido.
— ¡B-Bel!
—Lo siento. ¿Te asuste? —preguntó, poniendo una mano en su hombro.
—C-Claro que no. —aseguró, poniéndose recto. —Es sólo que no m-me imaginaba que unachicatanlindamehablara. —susurró.
— ¿Eh? No entendí lo último, Lovi.
— ¡Nada, no es nada!
Bel de nuevo rio, llevándose una mano a la boca. —Definitivamente, eres un chico muy lindo.
— ¿Q-Qué? —Lovino sintió su cara arder y de inmediato volteó la cara para ocultarse.
— ¿Estabas estudiando? —preguntó al observar su mochila. —Seguro que estás preocupado por el primer examen.
—N-No, soy bueno en la escuela. —mintió.
—Si dices mentiras te crecerá la nariz, Lovi. —comentó una voz detrás de él. — ¿No es verdad, Emma?
Lovino se volteó, con cara de pocos amigos hacía el recién llegado. Antonio venía llegando junto con Francis y Gilbert, este último intentando ocultar la risa, quizás al ver su patético intento de ligue.
—Ya, ya. No lo regañes, Toño. Fui yo quién lo provocó. —guiñó Bel, poniéndose al lado de Lovino. —Perdona Lovi, sólo estaba jugando.
—Por cierto, ¡sabía que te estarías saltando el estudio! —regañó Antonio, tomándolo de la mejilla para jalarlo. — ¿No me dijiste que no necesitabas mi ayuda porque estarías estudiando con Feli?
—Me cansé de estar con el macho patatas. —bufó, dándole un manotazo para que lo soltara. —Yo puedo solo.
— Alors? Quelle est la capitale de la Suède?
—Tú mamá gilipollas. —respondió de inmediato Lovino, inflando las mejillas.
— ¡Lovi!
— ¿O es la tuya, hijo de puta? —rezongó, dando una patada al suelo.
—Es francés básico, Lovi. —dijo Antonio preocupado. — ¿De verdad que no sabes que te pregunto?
— ¡Ya déjame con ese tema! —replicó enojado. — ¡Es mi problema!
—Pero Lovi…
—Te pones pesado cuando quieres, bastardo. —bufó, pasándolo de largo. —Metete en tus cosas.
—Este también es mi asunto. —replicó, tomándolo del brazo.
Lovino lo miró sorprendido, Antonio parecía molesto. ¿Qué le habían dicho al bastardo? ¿Había sido Feliciano? No, quizás… ya sabían que había pasado. Tranquilamente se soltó de su agarré, y le dio una pequeña sonrisa.
—No te preocupes por cosas absurdas. —intentó calmar, antes de adquirir un pequeño rubor en las mejillas. —No me voy a apartar de tú lado de nuevo…
— ¡Qué lindo! —pensaron de inmediato Bel y Francis, Gilbert sólo había volteado al otro lado, restándole importancia.
— ¿Eh? ¿De qué hablas Lovi? —preguntó Antonio, ladeando la cabeza.
— ¡Arruinas el momento Toño! —reprochó Bel.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Este es mi mejor amigo. —suspiró Francis.
…..
— ¿Eh? —Alfred parpadeó un par de veces, incapaz de comprender lo que había dicho Arthur. — ¿Qué estás diciendo?
— ¿Debería de explicártelo con manzanas? —preguntó Scott, interrumpiendo. La puerta del Comité escolar había sido abierta de par en par, dando paso primero al mayor de los Kirkland, luciendo impecable.
—Justo como un tirano. —pensó Alfred.
Detrás de él, el Director de la escuela se abrió paso entre los estudiantes, dirigiéndose lentamente al escritorio. Casi disfrutando la cara de terror que tenían sus alumnos.
— ¿Tú lo entiendes Williams? —Scott sonrió con ironía, apreciando la cara de sorpresa que puso Matthew al ver que no lo había ignorado.
—Y-Yo…
—E-Espera, Scott. —intervino Arthur, su hermano le mando una mirada fulminante. —Director, con todo respeto, creo que está tomando una decisión muy precipitada.
—No es precipitada, joven Kirkland. —contestó, poniendo las manos detrás de la espalda, mirando por el ventanal que daba hacía el patio. —Es el acuerdo al que llegué con el General Jones.
— ¿Con papá? —cuestionó Alfred, dando un paso al frente. —Él no me dijo nada de nada.
Arthur puso una mano en frente de Alfred, impidiéndole que siguiera hablando y avanzando. — ¿Qué clase de acuerdo?
—Si los dos podían mostrar un buen desarrollo académico entonces dejaría que ambos se quedaran todo el año escolar en la escuela, y a base de ver su desempeño en el año, estarían hasta finalizar sus estudios.
— ¡Pero estamos estudiando! —reprochó Arthur. Sentía la mirada de Scott taladrando su espalda, pero lo ignoro. —Estoy seguro de que lograran pasar.
—Ese no es el problema, joven Kirkland. —el director volteó a verlo con una sonrisa. —Son ellos.
— ¿Qué quiere decir…?
—Uno que se auto-proclama héroe y va gritando y buscando problemas por toda la escuela. —explicó, logrando que Alfred sonriera nervioso. —Otro al cual ni los profesores logran notar. ¿Puede ver ahora la gravedad del asunto?
—Puedo verlo. —contestó Arthur, sin saber muy bien que decir. —Pero es normal, son sólo chicos de…
— ¡Ya es suficiente, Arthur! —gritó Scott, tomándolo del brazo y echándolo para atrás. —No es tú asunto.
—Scott, suéltame.
Alfred miró a su hermano, lucía pálido con la reciente noticia. Seguro que él lucía igual o mucho peor. ¿Realmente había costado tanto que los aceptaran en esa escuela? Su padre no le había puesto alguna condición, ni siquiera una advertencia para que no se metiera en problemas… ¿quizás a Matthew sí?
—Y-Yo…no quiero irme de esta escuela. —habló Matthew, dando un paso al frente. — ¿No puede darnos una oportunidad…?
—Bien, entonces mañana llamaré al General Jones. —cortó el Director, al parecer ni siquiera había escuchado a Matthew. —Por favor empaquen todo esta noche.
— ¡Espere un poco, director…!
—Joven Kirkland, comprendo que sean sus amigos. —habló molesto. —pero debe entender que no puede hacer nada por ellos ahora mismo, claro, sí no quiere meterse en problemas usted también.
El rubio se quedó callado, estático en su lugar. ¿Meterse en problemas por ellos? No, no… era impensable ¿qué es lo que diría su padre? Tragando duro, miró a Scott, los ojos verdes del mayor chocaron con los suyos en una advertencia de que fuese lo que estuviera pensando no lo hiciera y lo remarcó cuando su agarre se hizo mucho más firme, queriendo quitar toda la probabilidad de que fuera a hablar. —Estarán bien en la escuela militarizada. Les puede ayudar a mejorar ese carácter.
Arthur volvió a pensar en su padre, seguro que en vacaciones de invierno se llevaría unas buenas bofetadas por lo que estaba a punto de hacer; sino es que claro, Scott lo hacía antes.
—Lo siento, no puedo aceptarlo. —dijo firme, soltándose del agarre de su hermano.
—Joven Arthur…
—Arthur…
—Le puedo probar que, si los deja bajo mi tutela, mejoraran. —explicó. El Director formó una sonrisa en su rostro, al ver los ojos de Arthur, como de una bestia enjaulada. —De lo contario, yo mismo abandonaré las instalaciones junto con ellos.
— ¿QUÉ? —Scott y Alfred se miraron al escuchar su grito sincronizado.
— ¿Esa es su propuesta, joven Kirkland?
—Sí. Es mi apuesta. —Arthur apretó los puños, tragando duro.
— ¿Cuánto tiempo necesita?
—Hasta finalizar los exámenes. Lograran aprobarlos con una calificación aceptable y por supuesto, haré que den una buena impresión a la escuela.
— ¿Cree que puede lograrlo?
— ¿Alguna vez le he fallado, Director? —contratacó, sorprendiendo al mayor.
—De acuerdo, joven Kirkland. Acepto su propuesta.
—No, Director. —se metió Scott, tirando de Arthur. —Puede ignorar lo que acaba de escuchar, él sólo esta aturdido por que tiene un amigo.
—Scott, no deberías subestimar a tu hermano. —sonrió el Director, caminando hacía la puerta. —La calificación que es aceptable para mí, joven Arthur, son cien puntos.
— ¿Qué? ¡No es justo!
—Si no puede lograrlo, joven Williams, debió decir algo antes.
Dicho esto, cerró la puerta del Comité. Dejando anonadado a los cuatro presentes.
—Magnifico. —aplaudió Scott, rompiendo el incómodo silencio. El aura que tenía era tan opresora que Arthur de golpe se estaba quedando sin aire. —No podía esperar menos de Arthur Kirkland. ¿Verdad?
—Scott, yo…
Y como ya se lo esperaba, un puñetazo acabo estrellado en su cara, mandándolo directo al suelo. Arthur se encogió, llevando su mano a la mejilla ni si quiera fue capaz de mirar a su hermano, de volver a poner la misma mirada con la que había desafiado al director.
—Escucha esto, Arthur. —ordenó, tomándolo de la camisa. Obligándolo a mirarlo. —Si esos dos reprueban un examen, no, si sólo sacan 99.9 en uno, el que va a morir aquí eres tú. ¿De acuerdo?
— ¡Ya basta, creo que él lo sabe! —reprochó Matthew, intentando quitar el agarre tirando del brazo de Scott. Arthur lo miró con sorpresa, pero al moverse un poco Matthew al forcejear con Scott pudo ver que detrás de él, Alfred miraba la escena escéptico, mordiéndose el labio… lucía triste.
—Una vez que esto acabe, será mejor que no los vea de nuevo. O no sabrán lo que les espera. —amenazó Scott, soltándolo. Sólo así Arthur pudo volver a presar atención a la escena. —Y tú, —señaló a Arthur, quién de inmediato se afligió. Sabía lo que venía. —estate preparado para las consecuencias.
Cuando al fin Scott salió de la sala, azotando la puerta el silencio volvió a reinar en la habitación. Matthew con cuidado volvió a poner de pie a Arthur, el cual parecía a punto de echarse a llorar; pero el canadiense lo sabía, eso no pasaría, no cuando ellos seguían en la sala.
—B-Bien, ya lo escucharon. —dijo, avanzando a los cuadernos, ignorando la ayuda de Matthew. —Pongámonos en marcha.
—Yo no te lo pedí. —gruñó Alfred, dando dos zancadas ya estaba delante de Arthur. — ¿Por qué hiciste eso?
— ¿Qué…?
— ¡Yo no te pedí nada! ¡Deja de tenerme lástima! —gritó, lleno de ira. El rubio sólo pudo retroceder, hasta chocar con Matthew que lucía igual o más sorprendido que él.
¡A- AL FIN!
Ujú, después de mucho tiempo ya lo tengo listo. Gracias a todos por su enorme paciencia. También muchas gracias por los follows y favoritos, que incrementaron aún más c: y por supuesto, a los amores que me dejan reviews Dark-nesey, tomato49 & Javany.
No odien a Scotty c:
¡Hasta la próxima!
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
