Capítulo 37: Un ardiente corazón valiente.

El mercado de Radatia, comparado a los existentes en los oasis, no era nada de otro mundo. Los pocos puestos y la escasa variedad de productos no dejaban con mucha elección a Rei. Y con el poco dinero que tenía no podía hacer milagros. Lo único que quedaba por hacer era seguir caminando en busca de los precios más bajos. De no hallar nada accesible, tendría que pasar otro día sin comer.

Bueno, en el desierto las cosas nunca eran sencillas.

- ¿Supiste lo que ocurrió en Saxum? – Una conversación que recién iniciaba llamó la atención de la mujer. – La mayoría de las minas de cobre se derrumbaron debido a una seguidilla de temblores. Dicen que se abrieron grietas enormes en el suelo. –

- ¡Qué terrible! Este planeta se está cayendo a pedazos. –

- Y eso no es todo. – Las malas noticias continuaban. – Se han estado escuchando ruidos muy extraños en nuestro salar. Los comparan a los ruidos que se percibieron días antes a los derrumbes en Saxum... – El hombre advirtió la presencia de Rei, así que la conversación se detuvo al instante. - ¿Desea algo, señorita? – No era agradable ser escuchados sin permiso.

- No, disculpe. – Lo mejor era seguir con su camino.

Sin duda estaba ocurriendo algo muy preocupante con el planeta. Temblores y derrumbes, fisuras en la tierra, ruidos extraños desde el fondo de la corteza. Ahora que hacía memoria, Minako le había contado que su nave había sido tragada por un enorme socavón.

Entonces los sucesos iban más allá de Radatia y Saxum, posiblemente se extendía por gran parte del desierto de Telián.

- "Esto es muy peligroso." - ¿Eran acontecimientos provocados por la naturaleza o por la intervención de algún poder superior? – "Pensar tanto me da más hambre…" –

Rei decidió dejar el asunto a un lado por cierto tiempo. Con hambre muy poco podía deducir. Además, su mal humor estaba en límites peligrosos.

Estuvo cerca de dos horas caminando por el mercado de un lado a otro. Cada puesto era básicamente una copia del otro. Lo más llamativo que había visto era una clase de mineral que absorbía luz solar y la emitía en las horas de oscuridad.

Muy pocas cosas en este mercado eran comestibles.

Y lo poco que era, para su mala suerte, tenía precios extremadamente altos. Pero no podía culpar a los comerciantes. Son precios razonables cuando se trata de los recursos más escasos en Radatia.

Fue en eso que llegó hasta un puesto lleno de armas de diferentes tipos. Ballestas, arcos, sables, navajas, machetes, lanzas, entre otros artefactos que no podía reconocer. Todo era atendido por un grupo de hombres.

- "Esa espada…" – Había llamado su atención apenas puso sus ojos en ella. – "Se asemeja mucho a la espada que Minako tenía tatuada en su espalda."

La hoja era brillante y no lucía marcas de desgaste. Tenía gravadas inscripciones en el metal en un idioma inteligible. Todo era acompañado por una empuñadura de oro macizo con un complejo diseño. Era una obra de arte, quien la forjó tuvo que ser un genio.

- "No hay dudas." – El arma que tenía en frente y el tatuaje eran similares. No, idénticos. Esta era, posiblemente, la espada que Minako estaba buscando. – "Pero ella debe estar muy lejos ahora mismo."

- Es bonita, ¿verdad? – Uno de los hombres se acercó a su lado y recogió el arma. – No encontrarás otra espada como esta en ningún lugar. – Claramente estaba tratando de venderle el arma a Rei. – El filo de la hoja nunca se gasta. No importa cuántas cosas cortes, siempre está reluciente. –

El tipo le pasó el arma a Rei para que pudiera sentir el peso.

- ¡Vaya! Es realmente pesada. – Apenas podía sostenerla. ¿Y se suponía que Minako la cargaba siempre con ella? – "Su apariencia es muy engañosa. Ella no luce como alguien fuerte o que pueda luchar con esta espada." -

- Se la quitamos a una loca y ahora te la puedes llevar por un precio módico. –

De seguro que por loca se refería a la rubia.

- ¿Quieres decir que se la robaron? – Preguntó la mujer mientras observaba la espada que sostenía entre sus manos. - ¿Por qué quitarle a alguien su posesión más valiosa? ¿Cuál es la razón que los mueve para despojar a los otros de sus bienes? –

Minako estaba lejos, no había posibilidad de poder decirle sobre su espada.

- ¿Ganar dinero con objetos robados? Eso es bajo. – Podía pedirle a Fobos y Deimos que fueran por ella, pero se tomarían su tiempo.

- Mira, si no quieres comprar la espada, solo vete. –

- ¡No entiendo! – Rei aferró el arma con determinación entre sus manos y comenzó a retroceder lentamente ante la atenta mirada del hombre. - ¿Cómo hay gente tan sucia y malvada como ustedes? –

- ¡Deja la espada en el suelo o te arrepentirás! –

En algún lugar de Radatia estaba Minako, solo tenía que correr y encontrarla.

- ¡No voy a arrepentirme! – Y se lanzó a correr con la espada en su posesión.

Por el pequeño marcado se veía escapar a Rei, siendo seguida por la banda de hombres a quienes quitó el arma. Eran siete u ocho, no los contó con exactitud. Pero claramente eran muchos más que ella. Fuertes y veloces, capaces de alcanzarla en un pestañeo.

- "¡Estoy loca!" – Pensaba la pelinegra mientras huía. – "Voy a ser atrapada y Minako no podrá obtener su espada de vuelta."

Pero cuando tuvo la espada en sus manos, lo único que pudo escuchar fue la orden que le entregó su corazón: Tenía que correr lejos. Una fuerza mayor la llevó a escapar con el arma. Fue un impulso, no pudo detenerlo.

Pero ahora estaba en grandes problemas.

- ¡Maldita ladrona! – Uno de los tipos lanzó una clase de boleadora contra los pies de Rei, provocando que sus piernas se enredaran, haciéndola caer contra la arena.

La espada cayó lejos de sus manos.

- ¡Debo ir por…! – Trató de levantarse, pero alguien apoyó su peso contra ella y la volvió a lanzar al suelo. Apenas podía respirar debido a la presión que ejercían contra su cuerpo. – No, por favor… -

Se trataba del jefe de grupo de ladrones. Un hombre alto, robusto y de apariencia temible. Tenía su rodilla sobre la espalda de Rei. No tenía planeado dejarla ir hasta que pagara por su insolencia.

- Rata escurridiza. – Habló el tipo. – Te arrepentirás de esto. –


Estaba perdida, había llegado hasta las afueras de Radatia nuevamente. No entendía cómo, pero esta era la tercera vez que alcanzaba el final del pueblo. Seguramente había estado caminando en círculos todo este tiempo.

- Tengo que pedirle ayuda a alguien. - Necesitaba ir a todos los lugares donde ofrecieran o compraran armas. Cabía la posibilidad de que su espada pudiera terminar en un sitio así - Pero hay tan poca gente en este salar. -

¿Cuántos días habían pasado desde que le robaron su espada? Minako ya no lo sabía con exactitud.

- ¡Quiero mi espada de vuelta! - Gritó a nadie por pura frustración.

Desde el cielo escuchó el llamado particular de un par de aves. Levantó la mirada para encontrarse con Fobos y Deimos dando vueltas en las alturas. Era un vuelo algo irregular y nervioso.

- "¿Qué están haciendo acá?" - La otra pregunta era dónde estaba Rei. Ella era la dueña de los cuervos, pero no la veía por ninguna parte. - "¿Qué rayos está pasando acá?" -

El presentimiento que cargaba en su pecho trataba de decirle algo.


Capítulo 38: Alguien tenía que hacerlo.

Los ladrones la tenían amordazada y con sus extremidades atadas. No podía pedir ayuda, tampoco creía que fueran a entregársela. Todo el mundo parecía temer a este grupo de hombres.

Seguramente este era su final, pensaba Rei. Ya muchas veces había escapado de la muerte, hoy seguramente era su día.

- Esto ocurre cuando te metes con nosotros. - Habló uno de los tipos. - ¡Te vamos a torturar hasta que mueras! -

- ¡Ni lo piensen, ladrones sucios! -

El grupo vio aparecer frente a ellos a Minako. La mujer había sido guiada hasta el lugar por Fobos y Deimos. En un principio no había comprendido la razón por la cual ambas aves fueron por ella, pero terminó por deducir que se trataba de Rei.

Y ahora estaba acá, frente a los mismos que habían robado su espada.

- ¡Alejen sus manos de ella! – Ordenó la rubia en un grito potente. - ¡O tendré que cortárselas una por una! –

El jefe del grupo simplemente se dedicó a reír ante la amenaza de la mujer.

- ¿Y con qué piensas cortarnos las manos? Nosotros tenemos tu espada. – Respondió uno de los ladrones. - ¡No eres más que una maldita…! – La siguiente palabra fue cortada por la potente patada que conectó Minako contra su mandíbula. El tipo cayó al suelo totalmente inconsciente.

Ese era el primero en caer.

- ¡Vaya! Realmente lamento eso. – Se había dejado llevar. – Alguien tendrá que ayudarlo con su boca después. –

Los sujetos no podían creer lo que veían. Uno de ellos acababa de ser tirado al suelo con una sola patada. No, esto no podía ser posible. ¡Ellos eran ladrones entrenados por años en diversos estilos de lucha! No era posible que esta mujer que tenían en frente fuera más poderosa que ellos.

- ¿Podrían soltar a mi amiga y devolverme mi espada ahora? –

Realmente esperaba que todo esto se resolviera de manera pacífica ahora que vieron de lo que era capaz.

- ¡Maten a esa perra! -Ordenó el jefe a sus secuaces. – ¡Rompan todos sus huesos! –

Todos comenzaron a sacar sus armas. Sonreían maliciosamente, cada uno deseando ser el primero en poder dañar a la rubia. Estaban preparados para la batalla. Iban a dar lo mejor que tenían y complacerían al jefe.

- ¿Por qué siempre tiene que ser de esta manera? – Los hombres eran todos unos masoquistas. – Bueno, supongo que no me queda de otra. – Ella también estaba dispuesta a dar una buena batalla. - ¡Acá los espero, idiotas! –

Ante el pobre insulto, varios saltaron enfurecidos contra Minako, gritando cosas mucho peores. Los ladrones no escatimaban en insultos, gritar era parte del desahogo.

- ¡Maldita puta! – Uno trató de atinarle con una lanza, pero Minako pudo esquivarlo fácilmente.

Lo siguiente que hizo fue saltar sobre su cabeza, casi como si estuviera jugando con el pobre hombre.

- ¡Me han dicho mejores! – Dijo la rubia mientras iba por otro contrincante.

Otro avanzó contra ella con un mazo, pero así como con el primero, la rubia pudo leer sus movimientos y evitarlos sin problemas. También repitió el salto sobre él, corriendo en busca de otro ladrón para repetir la misma fórmula de evasión y salto.

- ¡Deja de escapar! – Gritaban los ladrones tratando de atinar un golpe letal contra la rubia. - ¡Eres una rata igual que tu amiga! –

- ¡La mejor clase de rata, amigo! – Pero Minako podía evitar cada ataque con total naturalidad. Y claro, no se olvidaba de saltar sobre la cabeza del tonto que se le ocurría ponerse frente a ella.

Pero el jefe, quien observaba de pie la batalla, no iba a caer en su estúpido juego.

- "Ella no está escapando." - ¿Acaso era el único que se había dado cuenta de su artimaña? – "Se está abriendo camino hacia la otra mujer sin usar la violencia." – Y cada vez estaba más cerca.

Pero él, como jefe del grupo, no iba a dejarla avanzar un paso más.

- ¡Te cortaré en dos con tu propia espada! – Elevó el arma hacia el cielo y la hoja destelló bajó el choque de los rayos del sol.

Minako no dudó y corrió contra el gran hombre.

- ¡No te dejaré saltar sobre mí, maldita! – El arma cayó con gran potencia y se encontró a medio camino con la rubia.

Mejor dicho, con ambas manos de Minako. Ella la detuvo antes de que pudiera hacerle daño.

- ¿¡Qué!? – El tipo trató de hacer presión, continuar y cortar alguna rebanada de la mujer, pero nada ocurría. ¡Estaba contrarrestando su fuerza! - ¡Es imposible, no puedes ser tan fuerte! –

- Yo no soy fuerte… - Ambas palmas sostenían la hoja sin dejarla avanzar. Pero no iba a soportar por siempre, tenía que hacer algo rápido. - ¡Solo soy astuta! –

Inclinó la hoja para que los rayos del sol se reflejaran contra los ojos del tipo. El destello lo dejó ciego momentáneamente. Minako se hizo con su espada, saltó con agilidad sobre el jefe de los ladrones y aterrizó detrás de él con una gran sonrisa.

- "Ella sí es fuerte…" – Pensó Rei mientras observaba la batalla.

La rubia corrió hacia ella de prisa. No se había olvidado de la pelinegra, aún tenía que liberarla. Una mujer no merecía tener sus manos atadas cuando las podía tener libres para luchar.

- ¡Juro que te mataré! – Se escuchó el grito desde su espalda.

Venían por ella, sus pisadas rápidas y bruscas contra la arena producían un ruido singular que la desesperaba.

- Una vez que te suelte, corre. – Minako deseaba desatar las cuerdas con mayor velocidad, pero estaba muy nerviosa. - ¡Debes esconderte hasta que termine con estos idiotas! –

Rei deseaba hablar, pero tenía su boca amordazada. La otra ayudó un poco y le quitó la venda.

-¡Detrás tuyo...! - Trató de advertir, pero ya era un poco tarde.

Minako recibió un golpe en la cabeza propinado por el jefe de los ladrones. El costado de su frente terminó con un largo corte del cual no paró de salir sangre. Su visión se manchó de rojo, terminó muy desorientada. Aún así, débil y todo, se volvió a levantar blandiendo su espada.

Rei, inspirada por la acción de la rubia, también se puso de pie. Estaba desarmada, pero no pensaba dejar a la otra mujer sola.

- ¿Tantas ganas tienen de morir? - Habían sido rodeadas por los hombres. - ¡Vamos a cumplir sus deseos! -

Todo ocurrió en una fracción de segundo.

- ¡No se acerquen a nosotras, animales! - Las inscripciones de la espada se iluminaron. Una desmesurada energía poderosa emanó de las manos de Minako y cubrió la hoja del arma. - ¡Retrocedan! -

La tierra comenzó a crujir bajo sus pies.

- ¡Ustedes se lo buscaron! - La espada fue clavada al suelo. Con su increíble energía hizo que la arena volara por todas partes, como si se tratara de una explosión. Fue tanto el poder liberado que produjo un leve temblor, el viento a su alrededor se volvió violento.

Fue lo que detonó el quiebre en la ruptura que se escondía bajo la arena.

La tierra fue tragando a los ladrones uno por uno. La enorme fisura se abría paso arrastrando a una muerte segura a cualquiera que se pusiera en su camino. Penumbras sin fin aguardaban al fondo de aquel socavón.

Minako y Rei observaban atónitas cómo morían esos hombres.

- ¡No me dejen morir! - El jefe de los ladrones tuvo algo de suerte y quedó colgado en el borde del precipicio. Angustiado, gritaba por la ayuda de alguien. El desierto quería tragárselo vivo. - ¡Prometo ser una buena persona si me dejan vivir! -

Minako levantó su espada. Lo dudó un poco, pero luego la dejó caer nuevamente. Un pulso de energía hizo que el suelo vibrara bajo su poder.

El grito desgarrador que se escuchó hizo encoger el corazón de Rei.

- Solo quería alejarlos con una explosión. - Pero las cosas se tornaron muy diferentes. - Y terminé matándolos. -


¡No me he olvidado de mis bebés! Trataré de traer nuevos capítulos dentro del menor tiempo posible. Eso o me volveré a hundir en un abismo de cero creatividad. :')

Gracias por leer. ¡Suerte!