Circulo: Vicio Tsun.
Tú + Yo= Error 404.
12. El peor hermano.
Dos semanas antes…
Miró la enorme escuela a través del vidrio oscuro del auto; era mucho más maravillosa que cualquier otra que hubiera visto antes, aunque al mismo tiempo, intimidante. No estaba seguro de poder encajar ahí como le había pedido su padre, después de que le informo que a partir de ese momento no vería más a su progenitora. No estaba aliviado, de hecho, ella le preocupada, ¿qué haría de ahora en adelante? ¿estaría bien sin él para indicarle si estaba a punto de intoxicarse con tantas pastillas?
Aunque el general Jones, como Matthew lo llamaba, le había pedido que se olvidase de ella no podía. Era su madre, la persona con la que había compartido toda su vida; la que le había dado de comer, a pesar de que tuviera que ceder a otras cosas, la que incluso no había permitido que los hombres malos, con los que ella solía dormir, lo tocaran.
De hecho, entre sueños aún podía escuchar los sollozos de su madre cuando lo vio partir, despidiéndolo con la mano.
—Ya estás aquí. —sonrió Jones cuando lo vio llegar, acompañado del chofer que contrato especialmente para él. — ¿Qué te parece Matthew?
Sonrió. No es que fuera mal agradecido, pero, ese señor que se hacía llamar su padre no era más que un completo extraño para él. En diez años, desde que se separaron, no lo había vuelto a ver. Y de repente había aparecido, diciendo que no le convenía estar con su madre y que lo sacaría de esa miseria donde vivía.
Le agradecía, o al menos intentaba hacerlo.
—Mira, —llamó, atrayendo de nuevo su atención. Matthew abrazó a Kumajiro; el oso que con mucho esfuerzo su madre le había comprado por su onceavo cumpleaños. — ¿lo reconoces?
Su hermano.
Alfred por su lado bebía una soda en un vaso jumbo, sorbiendo de la pajilla con evidente indiferencia. Él sabía que tenía un hermano, estaba al corriente que era el día de verlo después de diez años separados; pero no estaba emocionado, tampoco se sentía nostálgico. ¿Qué debía de sentir si no conocía ni un poco a la persona parada delante de él?
—S-Soy Matthew Williams. —murmuró, llevando la mirada el suelo. Jones sonrió por la timidez del hijo menor. —Hola, hermano.
—Ahahaha! —río, provocando un brinco en el canadiense. — ¿Tú eres mi hermano? ¡Tienes muy poca presencia!
— ¿E-Eh?
— ¡Ah, vamos a comer! —pidió a su padre, este asintió con una sonrisa. — ¡Hamburguesa, hamburguesa!
Y entonces, simplemente fue dejado.
El recuerdo de pronto vino a la cabeza de Matthew cuando Arthur se dejó caer en el sillón, llevando sus manos temblorosas a su cabeza para revolver sus cabellos no pudo evitar que algunas lágrimas se le escaparan de los ojos; se estaba conteniendo demasiado, y ahora que Alfred se había marchado no podía soportarlo más. ¿Qué demonios había hecho? ¿Por qué demonios se había echado la soga al cuello por él? Ni siquiera era tan cercano como Kiku, sin embargo, no había dudado ningún instante al enfrentarse al director. ¿Qué mierda le pasaba por la cabeza? Echando todo el trabajo de su padre por el desagüe si lo expulsaban de la escuela, desperdiciando lo que había logrado en tan poco tiempo…, comprendió en el momento que al aceptar el reto tendría problemas con Scott, con su padre, pero nada de eso le dolió al pensarlo. Sin embargo, la simple reacción se Alfred lo destrozo por completo. ¿Por qué le había tratado así? Después de ver lo que sacrificaba, no le pedía gratitud o respeto, sólo quería que ellos se quedaran.
—Joven Arthur. —llamó una voz al lado de él. Instintivamente el Presidente del Comité de Disciplina se puso recto, recordando de pronto que tenía a una persona a su lado, que no podía llorar. Aunque era demasiado tarde, Matthew ya lo había visto todo.
—L-Lo siento, Matthew. —dijo, limpiándose con las mangas de su camisa las lágrimas que aún quedaban en su rostro, contrayendo la nariz para evitar el escurrimiento y dándole una rota sonrisa al final. —Vamos a ponernos en marcha.
—Siento lo que dijo mi hermano. —se disculpó, evitándole la mirada. Arthur se contrajo en sus hombros, esperaba que no hablaran de ese tema durante toda la sesión. —De verdad lo lamento.
—N-No importa. —contestó, intentándole dar ánimos. —Estoy seguro de que, si al menos el director ve tu potencial, te dejará quedarte. No es tiempo de preocuparte por tu hermano, debes preocuparte primero por ti. Alfred se las arreglará de una u otra forma.
—Confía mucho en mi hermano, ¿no es así? —preguntó, mirándolo a los ojos.
— ¡Q-Qué! ¡Ni loco! ¡Lo pondré en cintura cuando logre atraparlo! —gritó, nervioso. Agitando las manos para disipar la idea que Matthew tenía sobre ellos. — ¡N-no somos amigos o algo así!
—Ya veo…
— ¡Vamos, pongámonos a estudiar!
—Sí.
….
Echó a correr después de cerrar la sala del Comité de Disciplina, estuvo a punto de caer por las escaleras más de dos veces, aunque logró incorporarse a tiempo. Lo que más quería era huir de ese lugar, dejar de ver las lágrimas mal contenidas que tenía Arthur en el rostro, las cuales le habían afirmado que no era por lástima que lo hacía. Quizás lo había hecho sin pensar, pero no era porque les tuviera misericordia o pensara que eran un caso perdido; para su desgracia fue todo lo contrario. Sucedió porque él tenía plena confianza en que lo pudieran lograr.
Se sintió tan estúpido, que fue incapaz de darle una disculpa y sólo salió huyendo. Después de bastante tiempo alguien volvía a creer en él y lo echaba a perder.
— ¡Alfred eres un idiota! —se gritó, al bajar el último escalón. Jadeó un par de minutos, recuperando el aire que había perdido apoyó sus manos en las rodillas, hasta que se recompuso un poco. Al momento sintió un escalofrío por la espalda, y cuando alzó la vista, lo vio.
—El Rey de las Sombras. —pensó de inmediato. —Debe estar queriéndome matar porque metí en este embrollo a Arthur…—inconsciente, tragó duro. Estaba temblando por el miedo que el otro le causaba.
— ¿Qué puedo darte de regalo? —preguntó Scott, avanzando lentamente hasta él. —Con esa cabeza llena de aire, seguro una hamburguesa bastará. ¿No es así?
— ¿Eh?
Scott aplaudió, sus manos formaban un ruido seco que rebotaba por las paredes y regresaba a Alfred como un pitido molesto. No estaba seguro que estaba pasando, pero no le gustaba, lo cierto es que comenzaba a asustarle. Aquella sensación nunca la había sentido, ni siquiera con su madre; ¿cómo podría describirla?
—Matthew Williams parece ser completamente devoto a mi hermano. —comenzó, dándole unos golpecitos en el hombro. —Todo lo contrario, a ti, que le declaraste la guerra al primer momento de conocerlo.
Alfred bajo la mirada, apenado. Ahora que lo decía Scott se sentía bastante incomodo, como si compartiera un objetivo con su villano principal y no le gustaba. Odiaba tener esa sensación dentro de sí.
—Eso… sólo estaba exaltado por la emoción del momento. —se excusó, desviando la mirada. —Fue como cuando el Capitán América y Iron Man pelearon frente a frente en el Comic de Civil War, ya sabes, estalle en gritos por toda la base de mi padre. ¡No sabía a quién apoyar!
—Eres una burla a tu propia persona, ¿te lo han dicho?
—Hum. —asintió, con una sonrisa. —Muchas veces.
—Este idiota. —murmuró Scott, chasqueando la lengua después, dio dos pasos más hacía él.
—De todas maneras. ¡No te preocupes! —aseguró, alzando su puño. — ¡Pasaré los exámenes como de lugar! No tienes por qué angustiarte por Arthur, como un buen héroe no puedo dejar pasar la ayuda que mi rival me ha dado. Incluso aunque no me guste, la tomaré.
—No estoy aquí para amenazarte. —respondió enojado. Aunque su cara lucía demasiada tranquila para el tono de voz que había utilizado. —De hecho, es todo lo contario. —Te estoy pidiendo que lo repruebes.
— ¿Qué?
—Ver a mi pequeño hermano bastardo suplicando mi ayuda para que mi padre no se entere de su gran error. —una sonrisa tan grande y horrible apareció en su cara, sus ojos volviéndose oscuros de repente hicieron a Alfred retroceder un par de pasos hasta chocar con el barandal de la escalera. — ¿Puede haber algo más increíble que eso?
Alfred contrajo sus hombros hacía el frente, emocionado. Aquella sacudida era idéntica a cuando enfrentaba el ultimo nivel de un videojuego o leía el primer capítulo de un comic donde el villano era rebelado.
— ¿Estas emocionado por lo que he dicho? —preguntó, alzando una ceja. En definitiva, aquel crío de primer año no le caía para nada bien.
—No, de hecho, lo encuentro bastante repulsivo. —admitió, sonriendo. —Es sólo que me he dado cuenta que no me equivoque.
— ¿Sobre qué?
—El hecho de que tú eres el Rey de las Sombras.
Las cejas de Scott se contrajeron en enojo, estaba dispuesto a darle un puñetazo si seguía hablando. — ¿Te estas burlando de mí, imbécil?
—No en realidad. —aceptó, encogiéndose de hombros. —Eres como un hermano celoso de que su hermano menor acaparé toda la atención.
—Tu entre todas las personas diciéndome eso…
—Estoy en lo correcto ¿verdad? —preguntó, señalándolo. Alfred lo miró persistente, esperando su siguiente movimiento. Estaba emocionadísimo.
Y entonces comenzó: —Alfred F. Jones y Matthew Williams. Se separaron cuando tenían cinco años, llevado por su madre Matthew fue llevado a Canadá donde no lo viste por más de diez años, aunque era tu derecho. Tu madre desapareció todo ese tiempo sin importarle ni un poco que tu estuvieras bien. —Alfred se quedó hecho piedra en su lugar, mientras que en la boca de Scott se curvaba en señal de victoria. —Puedo ver porque te sientes culpable, pero no fue tu culpa que tu madre quisiera usar a tu hermano para atraer clientes.
— ¡Cierra la boca! —gritó Arthur, llegando corriendo por las escaleras, acompañado de Matthew. Alfred se giró de inmediato sobre sus talones, sorprendido por verlo ahí parado, después de todo, defendiéndolo. — ¡Tú no sabes nada de ellos, no tienes derecho de hablar sobre algo que no conoces!
— ¿Y tú lo sabes? —preguntó Scott, burlón.
—Matthew…
—No fue así…—habló, encogiéndose. Alfred aparato la mirada de inmediato, dándole a entender que no quería volver a tocar ese tema, porque no le creía. —Hermano, no fue así. —aseguró Matthew, el americano volvió a él, tras los lentes Alfred pudo ver la seguridad en sus ojos. —Mi madre pudo haber hecho muchas cosas mal respecto a su vida, pero ella nunca se puso primero antes que a mí. Ella siempre me protegió y siempre pensó en lo cruel que fue al abandonarte. ¡Siempre se culpó a sí misma por no poder estar a tu lado!
—Es mentira. —dijo, haciendo un mohín. —No quiero hablar más sobre el tema.
—Se sentía avergonzada. —Matthew mordió su labio y apretó sus puños, le dolía decir todo aquello. Cuanto había sufrido su mamá en todo aquel tiempo. —Siempre fue su sueño ver que tu pudieras verla de forma esplendorosa, que cuando la vieras decidieras venirte con nosotros y dejar al General Jones. Pero… terminó así. —agachó la cabeza, conteniendo el nudo en la garganta que se le había formado. —Ella no pudo conseguir la riqueza que tanto anhelo, tuvo que robar y hacer eso para que ambos pudiéramos sobrevivir. Al final de todo no pudo con tanta presión… y fue cuando contactó al General Jones.
—E-Eso no es cierto…—los ojos de Alfred de inmediato de aguaron. ¿No le había dicho su padre que él fue quién los había localizado? ¿Qué él había salvado a su hermano? —Ella nunca me mando cartas…, incluso cuando nos vimos en el juzgado, ni siquiera me miro.
—Tenía miedo… ella te dejo para construirse una vida mejor. Y cuando no la consiguió, tuvo miedo de que vieras que al fin de cuentas de nada sirvió dejarte, que le reprocharas por abandonarte.
— ¡No voy a creerte eso! —gritó, estallando en lágrimas. Antes de que pudiera salir corriendo, Arthur se puso enfrente, ante el estupor que llenaba los ojos de Scott.
Sin darse cuenta Alfred había sucumbido de nuevo a su abrazo.
…..
—Toma Lovi. —ofreció Antonio, pasándole una libreta. El italiano la miró de soslayo, concentrándose más en escribir un mensaje que iba directo a una linda chica que había aceptado dárselo. —Anda.
— ¿Qué mierda me quieres dar ahora? —protestó, arrancándole el cuaderno de las manos, dejando el teléfono de lado se puso a hojear las páginas. Un par de minutos después, abrió los ojos sorprendido, volteando a ver a Antonio. —Esto es…
—Mi cuaderno de primer grado. —dijo, rascándose la nuca. —Tal vez no fuera el mejor de la clase, pero estoy seguro de que podrá ayudarte, al menos en matemáticas. Fue el único que encontré.
—Tus ejercicios de la página seis y siete están completamente mal. —regañó Lovino. Antonio se mostró un poco aturdido, pestañeando un par de veces. — ¡De verdad quieres que estudié esto, bastardo de mierda! —gritó, enojado. — ¡Incluso mis apuntes son mejores! ¿Cómo lograste pasar de año?
— ¡Qué, estoy seguro de que están bien! —aseguró, acercándose a él, hasta agacharse para recargar su mandíbula en el hombro contrario. Lovino se sonrojo por la cercanía, pero decidió ignorarlo; después de todo el bastardo español siempre hacía lo que quería. —Mira, incluso seguí la formula.
—Tu desarrollo es bueno. —admitió, señalando por el cuaderno hasta parar por el medio. —Pero aquí bastardo multiplicaste la X pero no la dividiste sobre el valor de W.
— ¡Oh! Entonces el resultado cambia completamente, sería… ¿123.5? —Lovino ladeó la cara, topando directamente con la de Antonio. Se sonrojo contra voluntad y no tuvo más opción que girarse de inmediato para que el otro no lo notará. — ¡Lovi, eres genial!
—Una ecuación tan sencilla, ¿cómo es posible que seas tan idiota, bastardo?
—Ahhh, desearía que fuéramos en el mismo grado. —suspiró, apartándose de él, para sentarse en el suelo. —Hay tantas cosas que no comprendo. ¡Podrías ayudarme!
—Sí, bueno. Por suerte no es así. —comentó Lovino, frunciendo el ceño. No le molestaría enseñarle a Antonio, pero sabía que si le enseñaba a él entonces también se colarían Francis y Gilbert. ¡Antes muerto que enseñarles algo a esa patata mal oliente!
— ¡Qué malo!
—Si necesitas ayuda yo puedo enseñarte. —canturreó una voz, llegando de repente por detrás. Antonio hecho su cabeza para atrás, mirando a la recién llegada con felicidad. —Hola, chicos.
— ¡B-Bel! —gritó Lovino, soltando el cuaderno. Mierda, lucía patético de nuevo.
—Veo que ya estás estudiando, Lovi. —sonrió gatunamente, girando en círculos hasta llegar a él. —Si solo estudias las libretas de Antonio sacaras un menos cinco en el examen final. ¡Incluso hay rumores de que puedes combinar la geografía y matemáticas sin darte cuenta!
— ¡Bel, eres muy mala! —chilló el español, inflando las mejillas. Sus apuntes no eran tan malos.
—Si te preguntas como logro pasar de año fue gracias a….
— ¿A ti? —preguntó Lovino, esperanzado. Seguro que Emma se terminaba compadeciendo de él y le ayudaba a estudiar. Estudiar al lado de una belleza, que increíble.
— ¿Qué? ¡No! Soy igual o peor que él. Una vez puse que el río de Janeiro quedaba en Autralia. —río, avergonzada. Lovino sintió en ese momento como si una piedra le hubiese caído en la cabeza. —Volviendo al tema, ya debes de saber que hay una leyenda en la escuela; sobre un cuaderno dorado.
— ¿Cuaderno dorado?
—Muchos han perdido sus manos al intentar tocarlo, han pagado millones por tenerlo. ¡Incluso han perdido la virginidad por él!
— ¿V-Virgini…? —las mejillas de Lovino se volvieron a sonrojar. ¿Había escuchado bien?
—Bel, lo asustas. —intervino Antonio, dándole un golpecito a la chica en la cabeza. Esta lo miro haciendo un puchero, le había arruinado la diversión. —Sólo está exagerando, no es tan grave Lovi. Sólo es el cuaderno de Arthur.
— ¿Ah? —de inmediato se le formo mala cara a Lovino, recordando la última conversación que había tenido con él. — ¿Y por qué yo quisiera el cuaderno de ese bastardo? Que se lo meta por el culo, seguro que le cabe bien.
—Lovi siempre tan divertido. —Emma soltó una risita.
—La cosa es Lovi…—siguió Antonio. —Que Bel y yo necesitamos todos esos cuadernos dorados, al menos los de segundo año. —concluyó, rascándose la cabeza. — ¿Podrías, quizá… pedirlos por nosotros?
—Espera, ¿qué?
….
Tardaron más de diez minutos en esa posición, para el momento donde Arthur volvió al mundo real, Scott se había marchado. Era ahora o nunca, tenía que hablar con Alfred antes de que el volviera a huir de nuevo o que su hermano recordará que tenía un asunto importante ahí.
— ¿No me dijiste que te la habías pasado de maravilla? —ironizó. — ¿Por qué ocultas todo dentro de ti, no sabes el daño que te puede causar?
—No te mentí. —dijo, quitándose la mano que Arthur tenía en su hombro. —Realmente fueron días grandiosos los que pase en la academia militar. Todos eran buenos conmigo, lo siguen siendo; me divertí mucho. Sin embargo, cada vez que me veo sonriendo en un recuerdo, pienso en Matthew. Mientras yo sonreía, él se quedaba encerrado en una casa, mirando a su madre llevando diferentes personas a casa.
Antes de que se diera cuenta, ya había soltado todo. Alfred entonces retrocedió de golpe, mirando horrorizado a Arthur. ¿Por qué le había dicho todo eso? ¿Qué ganaba diciéndole todo eso? ¡Debía estar loco! Soltándole todo a su archienemigo, tonto, tonto, mil veces tonto.
—Si te sientes de esa manera, ¿no deberías decírselo? Matthew comprenderá. —dijo Arthur, suave. Intentando hacerlo recapacitar. — ¿No es lo que hacen los hermanos?
—Tú debes saber mucho del tema, Arthur. —contratacó molesto el americano. Escuchó al inglés tragar duro, pero su cara no había cambiado en absoluto. Le había dolido, ¿entonces por qué no se mostraba diferente? Fue lo mismo cuando había rechazado su ayuda para los exámenes.
—Tal vez no sea la persona más indicada para decirlo, Alfred. —murmuró, antes de volver a mirarlo con severidad. —Pero, Matthew es muy bueno si tan sólo…
—No quiero escuchar nada de él. —gritó, dando un paso adelante, el mismo que Arthur retrocedió sorprendido por el repentino cambio de actitud. —Mi madre me odia, pero a él no. ¡Los dos somos del mismo padre! ¿Por qué soy al único que odia entonces? ¿Hice algo horriblemente malo? ¿Quiere que me crea que ahora después de diez años sin escribirme o hablarme siempre me amo?
Se quedó sin palabras ante la atenta mirada del americano, esperando una respuesta. Al momento Arthur recordó que Matthew se encontraba ahí, y cuando al fin fue capaz de enfocarlo con la mirada, este ya se había marchado cerrando la puerta tras de sí.
…
Desde que era pequeño nunca llamo demasiado la atención. Al principio no le molestaba demasiado, sus padres solían discutir mucho y su madre sobretodo regañaba a su pequeño gemelo cada vez que se la pasaba gritando o jugando; su padre harto de eso, se había divorciado de ella, y su madre, apelando que quería conservar a uno de sus hijos se quedó con él. Poco tiempo después solo descubrió que era para obtener dinero de su padre. Aquello tan sólo fue ignorado por su parte.
Su madre no era tan mala como el General Jones, su padre, solía pintarla. De vez en cuando le compraba alguno que otro capricho, como Kumajiro, el cual le había sido entregado en su décimo cumpleaños. También nunca lo dejaba sin comer, aunque bueno, él era quien preparaba su comida desde los cinco años que sus padres se divorciaron; incluso de vez en cuando servía un poco para los invitados de su madre, aunque estos apenas y notaran su existencia. Al final, su madre apreciaba un poco sus acciones y le palmeaba la cabeza con gratitud.
—Bien hecho, hijo. —era lo que solía decirle ella, cuando no estaba consumida por el sueño o por el alcohol.
Tiempo después, con ella ebria había descubierto toda la verdad que le contó a Alfred. Revelando a su vez que el General Jones siempre poseyó la información sobre el paradero de ambos.
En la escuela realmente no era diferente, siempre pasaba desapercibido por todos. Nadie lo invitaba a jugar, nadie se metía con él, nadie notaba su existencia. Sólo una vez tuvo un amigo, proveniente de Cuba, aunque al principio no se llevaban bien; pues resulto que el chico logró conocer a su hermano en sus repentinos cambios de escuela por parte de su padre. Su amistad había durado toda la primaria y parte de la secundaria, hasta que de nuevo se trasladó a Cuba.
Desgraciadamente para Matthew su único mejor amigo se marchó cuando las cosas comenzaron a ponerse más intensas con su madre. Fue a mediados de su ultimo años, cuando su padre le había puesto una demanda a ella por el uso indebido de sus fondos; su madre al final, le dio un beso en la frente antes de marchase del juzgado, abandonando el caso.
Se había quedado completamente sólo.
Fue entonces cuando conoció a Arthur y Francis, este último prestándole mucha más atención de lo que creía por su cabello. Arthur lo había apartado de él, diciéndole que era una pésima influencia y como Presidente del Comité Disciplinario no podía tolerar eso. Debía proteger a los de primero; entonces, cuando vio ese temperamento y esa fuerza con la que Arthur se ponía en pie, lo admiró.
…
— ¡Contamos contigo, Lovi!
Sí, eso habían dicho ambos tumbándose en el pasto mientras él se alejaba para recoger los cuadernos de Arthur. Argumentando que a Bel no la conocía y que odiaba mucho más a Antonio de lo que se pudiese imaginar.
—Yo realmente pensaba que Bel no tenía las mañas de Antonio. —bufó Lovino, caminando a paso rápido hacía la oficina de Arthur. Seguro que el muy idiota estaba ahí metido, leyendo libros hasta morir. — ¿A quién engaño? Si Antonio salió con ella… es la chica genial que creo que es. —murmuró, agachando la cabeza y deteniéndose de pronto. Sentía una punzada en el pecho cada vez que pensaba en ellos dos juntos; experimentaba una especie de malestar dentro.
Ya que muy en el fondo algo le decía que estaban ocultándole algo, Bel, Govert y sobre todo Antonio.
— ¿Tanto te molesta que no pase el rato contigo? —preguntó Govert, burlón. Apareciendo de repente detrás de él.
— ¡Chigiii! —chilló, echándose para adelante. — ¡Qué mierda, bastardo!
—Pareces tener la cara comprimida en agonía pura. —explicó, alzándose de hombros. —Así que llegue sólo a esa conclusión.
—Como si te fuera a extrañar de verdad. —dijo, apretando los cachetes. Ambos comenzaron a caminar tranquilamente. —Por si no lo sabes parece que me va mejor con las chicas que cuando estas cerca de mí. Eres un bastardo impopular, lo sabes ¿verdad? A este paso pasaras los tres años de tu preparatoria completamente sólo. ¿No te sientes triste, bastardo?
—Entonces, ¿debería probar tener una relación? —Govert alzó una ceja. Lovino lo contempló, sorprendido. — ¿Es lo que me dices?
— ¡Sí! —respondió emocionado. — ¿Quieres que te encuentre a una chica? Creo que las de primer año estarían bien, aún no te conocen del todo…
— ¿Debería probar contigo? —preguntó, bloqueándole el paso. Lovino abrió la boca y pestañeó un par de veces. Estos días estaba escuchando puras tonterías. —No tengo problema en las relaciones de hombres.
—A-Ah….—tartamudeó, hecho un tomate y con su característico rulo, erizado de la base a la punta. — ¿Qu-Qué… mierda…?
—Puff, sólo estoy jugando. —río, avanzando de nuevo. —No me van los tíos. Lamento decepcionarte.
— ¡TE MATARÉ, IDIOTA! —gritó, echándose a correr detrás de Govert. Justo cuando lo alcanzó, alguien choco contra él.
Matthew.
—Hey, Casper. —llamó, olvidándose de golpear a Govert. El rubio también volteó a verlo. — ¿Matthew? —bien, estaba llorando. Lovino no sabía qué hacer cuando las personas lloraban. — ¿Q-Qué mierda te paso, i-idiota? No llores.
—A-Alfred estaba muy preocupado por mí. —sollozó, acercándose a Lovino. —Y-Yo pensé que estando con mi padre, él estaba muy bien. P-Pero no fue así.
— ¿D-De qué me estás hablando? —preguntó, temblando. ¿Qué debía hacer? ¿Llamar al 911?
— ¿Qué puedo hacer…? ¿Qué puedo hacer para que no odie a mamá? —lloró, aferrándose a él.
….
—Lovi se está tomando su tiempo. —comentó Bel, aburrida. Balanceándose de un lado a otro. —Mi hermano seguro me matará si sabe que intento tener de nuevo los cuadernos de Arthur. —suspiró.
—Debería dejar de distraerte tanto. —sonrió Antonio, rascándose la mejilla. —Pero es divertido platicar contigo en clase.
—Incluso si tú no lo hicieras, no me puedo concentrar. Es muy aburrido y siempre termino divagando en el mar de mis sueños. —aclaró, riendo. —Si no fueran tan estrictos, todo estaría bien. Extraño la secundaria.
Un pequeño silencio se instaló entre ellos, Antonio apartó un poco la mirada, nostálgico. —Sí, yo también.
El hispano no se dio cuenta, pero Emma había cambiado su sonrisa por una cara llena de tristeza y arrepentimiento. Iba a decir algo en ese momento, pero desistió. Antes las palabras no habían cambiado nada, ¿qué ganaría con decirlas ahora?
— ¿C-Cómo se encuentra la lesión de Govert? —preguntó Antonio, pasando saliva.
Emma tardó un poco en contestar. —B-bien, va mucho mejor cada día. Creo que en al menos dos años podrá volver a jugar. —respondió, fingiendo una sonrisa. —… aunque no será como antes. —concluyó, arrastrando las palabras.
—L-Lovi sí que está tomando su tiempo. ¿No? —cambió Antonio, volviendo con una sonrisa. — ¿Deberíamos ir a buscarlo?
— ¡Por supuesto! —respondió la chica, volviendo a los ánimos de siempre.
….
Matthew se había separado tiempo después, disculpándose con él y con Govert por las molestias causadas. No había dicho mucho, por lo poco que Lovino logró comprender, pudo darse cuenta de que aquello que había sentido antes aún persistía.
—Ah, ahora comprendo lo que me molesta de esta situación. —dijo hacía Govert. Este encarnó una ceja, para que se explicara. —Esos dos son una piedrita en el zapato del otro. Sí se quieren sólo deberían decírselo. ¿Qué esperan, qué caiga un meteoro?
—Quizás sólo estén esperando una oportunidad. —dedujo Govert, pensativo. —No entiendo de que va esto, aunque por lo que entendí, me queda claro que si yo estuviera en una situación similar con Emma quisiera una oportunidad para arreglarlo. Ya fuera que alguien me la diera, o saliera naturalmente.
— ¡Eso es! —afirmó Lovino, emocionado. — ¡Oh, joder! ¡Debo irme! Eres genial Govert, ¡gracias! —remató con una palmada en su hombro, feliz.
Luego sólo salió corriendo directo a su habitación. Ante eso el holandés sólo se encogió de hombros y siguió su camino.
Corrió, volteando a todos lados, intentando localizarlo. Juraría que le pondría un cascabel para nunca perderlo de vista. Si no fuera porque logró divisarlo antes de chocar de nuevo contra él, se lo habría llevado de paseo directo al suelo.
— ¡Te encontré!
—L-Lovino….
—Matthew, espera en los jardines traseros del primer dormitorio. Te traeré a Alfred definitivamente.
— ¿Qué? —cuestionó, desconcertado.
— ¡Sólo ve! No importa cuánto tarde, espera ahí. —pidió, alzando su puño. —Te lo llevaré y haré que se disculpe mil veces contigo.
—Lovino yo…
— ¡Y tú tendrás que disculparte mil veces con él también! ¡Así es como funciona lo de ser hermanos!
Matthew observó lleno de expectación a Lovino. Lucía agitado por la corrida, emocionado por la idea y confiado porque esta funcionara. Pero y sí…
— ¡Si no funciona buscaremos otra oportunidad! —continuó, sin darle tiempo de contratacar. — ¡Seguiremos buscando hasta que una funcione!
Lovino pensó en Feliciano, en la maldita cara de felicidad que siempre tenía. Lo que alegraba sus días en ese infierno que llamaba vida. Su hermano siempre había sido lo más importante para él, así que el simple hecho de pensar que él pudiera ser quién estuviera con Feliciano en esos términos, le dolía. Eso era lo que tanto le molestaba de esa situación.
—No te preocupes. El maldito de Arthur y yo definitivamente entendemos que es tener un jodido hermano molesto. —sonrió. —Por esa razón no creemos que sea justo que ustedes dos no tengan que liderar uno con otro.
—Lovinooo…—Matthew sonrió, un poco de fluido escurría de él en su nariz y sus ojos se volvieron a llenar de pequeñas lágrimas. — ¡Esperaré!
— ¡Bien!
Ahora, sólo tendría que buscar a Arthur.
….
— ¿No tenías una cara que dar frente a toda la escuela? —preguntó, recargándose en el marco de la oficina. Arthur alzó la cabeza, que momentos antes se encontraba sumergida en un libro de historia.
—Ugh. ¿Qué demonios quieres ahora, Lovino? —protestó, poniendo mala cara. Suficiente tenía con contradecir sus palabras para que ahora Lovino viniera a echárselo en cara.
—Supongo que sí eres el Príncipe de la Sombras. —se burló, imitando la voz de Alfred. —Actuando tan genial frente a mí, pero actuando diferente después.
—No tengo que darte explicaciones sobre lo que hago y lo que no. —suspiró, recargándose sobre el respaldo de la silla.
—El grandioso Arthur Kirkland. ¿No? —ironizó Lovino, entrando a la oficina. El rubio lo miró sin animo, sabía que tramaba algo, pero no qué.
— ¿Qué demonios quieres aquí, mocoso idiota?
—De hecho, Antonio y Emma me mandaron para que robara tus preciosos cuadernos dorados. —dijo, alzándose de hombros.
— ¿Eh? ¿¡De nuevo!?
—Pero al venir para acá me encontré con un fantasma llorando. —siguió, bajando la mirada. Arthur de inmediato supo que se topó con Matthew. —El fantasma me dijo que tenía un imbécil por hermano.
—Sí, bueno. El héroe me dijo lo mismo. —contestó Arthur, desviando la mirada. —Por mi parte creo que ambos son idiotas.
—Ya estás involucrado al menos superficialmente. —vaciló, esperando que pudiera comprender de inmediato que estaba tramando. Arthur cerró los ojos, superficialmente, no era así. Estaba involucrado hasta los huesos. — ¿Podrías ayudarme… quizás?
—Ehh…—una sonrisa apareció en su rostro. — ¿Así que vienes aquí, arrastrándote por mi ayuda?
— ¡Ya quisieras! —gritó, inflando las mejillas. —Estoy aquí porque al parecer luces igual o peor que yo. ¿Tanto te molesta que esos dos no se lleven bien, bastardo?
—Los hermanos están para apoyarse. Bueno, al menos eso creo. —murmuró, pensando en Scott.
—Según Govert, sólo están buscando una oportunidad. —explicó Lovino, poniendo sus manos encima del escritorio de Arthur. —Yo aquí en esta bolsa, tengo la oportunidad perfecta. —golpeó un poco la mochila que llevaba, intentando convencerlo.
Arthur lo miró con recelo, siendo idea de Lovino… ¿sería buena idea confiar en él?
— ¡Te odio, imbécil! —gritó Arthur, aventando todo. — ¡No puedo creer que me hayas convencido de vestir así!
— ¿Crees que yo quiero vestir estar ropas? —preguntó Lovino, avergonzado — ¡Pero es la única manera!
— ¡Hace un frío del demonio!
—Jodete bastardo. Estoy seguro que estás tan cansado de esta situación como lo estoy yo. —chasqueó la lengua molesto. Antes de que una sonrisa burlona se formará en su rostro. — Quién diría que el Presidente de Comité de Disciplina tuviera las piernas tan flacuchas.
— ¡Definitivamente no quiero escuchar eso de ti! —gritó, sonrojado.
La puerta se abrió de repente, Alfred entró con expresión afligida. Seguro seguía pensando en lo que había pasado en la mañana. Cuando subió la mirada, noto un par de mantas amarillas tapando a Lovino y Arthur.
—Dijiste que tu mensaje era urgente, Robín. —comentó, confundido mirando su teléfono. —Como soy el héroe pensé en ayudarte, pero Arthur ya lo está haciendo.
Los dos pares de ojos verdes chocaron, ambos asintiendo a la misma vez elevaron las capas, mostrando un perfecto traje de Robín.
— ¡Esto…! —la cara del americano cambio por completo, emocionado. — ¡Es increíble! ¿Dónde conseguiste trajes tan bien hechos?
—Tengo contactos. —presumió Lovino, con las manos en la cintura. Arthur al contrario quería que una piedra le cayera del cielo y terminara enterrándolo.
—Ahora ve. —murmuró Arthur, sin disminuir su sonrojo.
— ¿A dónde?
—Con Matthew. —respondió Lovino. Alfred volvió a cambiar su cara.
—No quiero que se metan en mis asuntos….
—Mira gilipollas, no me vestí así para nada. —contratacó Lovino, enojado. Tomándolo de un brazo y Arthur del otro, comenzaron a jalarlo hasta la puerta del dormitorio. Alfred comenzó a forcejear de inmediato y más de una vez logró escapar.
Entre la vergüenza que pasaban frente a los demás estudiantes, ambos tomaron más fuerza de voluntad y lograron apresarlo de una manera satisfactoria. Logrando su objetivo hasta los jardines traseros. Cuando Alfred visualizó a Matthew, comenzó a gritar.
— ¡Robín, suéltame ahora mismo! ¡Batman, obedece a Batman!
—Querías que nos disfrazáramos así, ¿no? —los dientes de Lovino crujieron, provocando un saltito en Alfred. —Ahora te jodes y cumples nuestras demandas. ¿No, Robín dos?
— ¡Muéranse los dos, idiotas! —gritó Arthur, cubriéndose con la capa amarilla del traje. — ¡Refundándose en el maldito infierno!
— ¿A dónde me están llevando? ¡No iré a verlo! —contratacó.
— ¿Cuánto más vas a estar esperando? ¿Hasta que los dos sean viejos? ¿Hasta dar tú último aliento de vida? —protestó Lovino, apretando con más fuerza la capa negra. Arthur lo miró, había algo en la mirada de Lovino, una cosa que le decía por momentos que el niño malcriado que tanto detestaba estaba siendo sustituido. — ¡No me jodas! ¿Crees que eso te hace ver genial?
—Lovino tiene razón. —se unió Arthur, soltando la capa amarilla para tomar de la muñeca al americano. —Deja de lado esa absurda identidad por un momento.—se pararon unos cuantos centímetros antes de llegar a Matthew que parecía sorprendido por la repentina llegada.
—Y sal como el idiota americano que eres, Alfred F. Jones. —dijeron los dos, empujándolo; Lovino con una patada y Arthur con un empujón sobre la espalda.
Oh, viejo. Un capitulo tan largo en menos de un mes… extrañaba esa sensación. En fin, espero que les haya gustado y como siempre quiero agradecer a las personas que me dejaron review: tomato49 y Dark-nesey. ¡Gracias, no saben cuánto lo aprecio!
Nos vemos en el próximo capítulo.
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
