Circulo: Vicio Tsun.
Tú + Yo= Error 404.
13. Fiesta de bienvenida.
―No te culpo si me odias. ―soltó Alfred, limpiándose las lágrimas quitando sus lentes.
―No te odio. ―objetó Matthew, con una sonrisa.
― ¿No me odias? ―preguntó, sorprendido. ― ¡Te he evitado desde el primer día en que nos vimos! Nunca estuve ahí para ti, te ignoré lo más que pude… no pude verte. No estuve para protegerte cuando ella, ―Matthew supo de inmediato que se refería a su madre―comenzó a caer. Sin nadie en quién respaldarte, te debiste sentir completamente solo.
―Es lo mismo para ti. ¿No? ―preguntó, observando al frente. ―El General Jones no podía estar contigo siempre.
― ¡Pero tuve amigos! ―afirmó. ― ¡Muchos amigos!
―Ahora yo tengo amigos. ―dijo Matthew, mirando atrás. Donde Arthur le daba varios golpecitos a Lovino, reprochándole el cómo volver a la habitación sin ser la burla de todos. ―Y te tengo a ti.
―Matthew…―sus ojos de nuevo se llenaron de lágrimas, antes de lanzarse por completo a él. ― ¡Hoy tú eres el héroe!
― ¿Eh? ―el canadiense cayó de la jardinera, con el cuerpo de su hermano encima suyo. Reaccionó al momento para ver si su hermano no estaba lastimado, notó que Lovino y Arthur corrían hacía ellos, regañando a Alfred.
―Mamá, por fin todo está bien. ―pensó, sonriendo.
.-.-.-.-.-.-.
Antonio alzó la mirada con enojo, a su pesar Govert era mucho más alto que él. ―No tienes remedio. ―gruñó, dando un paso al frente. A su lado Gilbert y Francis pusieron una mala cara también, dando a entender que si tocaba a Antonio no se iría limpio. ― ¿Qué pretendes acercándote a Lovi?
Govert se encogió de hombros. ―No parece que tú quieras alejarte mucho de mi hermana. ¿Tengo que darte otra advertencia? ―amenazó, tomándolo de la playera. ― ¿Qué dices?
El español se zafo de un tirón, recobrando su compostura. ―Parece que aún sigues siendo la basura que recuerdo. ―escupió. ― ¿Sigues tomando venganza por tu propia mano? ¿Emma se ha enterado de ello?
― ¡TE DIJE QUE TOMARAMOS EL CAMINO CORTO! ―chilló la voz de Arthur doblando la esquina. Lovino detrás de él, intentaba ocultarse lo mejor que podía y por ello no pudo evitar chocar con Arthur cuando se paró de repente. ―Joder…
― ¿Qué mierda bastardo…?
― ¡Pero miren nada más que tenemos aquí! ―comenzó el francés, olvidándose por completo de los otros dos. Antonio miraba con sorpresa y alegría a Lovino, mientras que Govert y Gilbert intentaban contener la risa. ―Prefiero los trajes sexys de enfermera, por si no lo sabes, Arthur~. Lo dejaré pasar esta vez.
― ¡Ni pienses que me vestí así por ti! ―gritó, con la cara hecha un bombillo. ― ¡MUERETE!
― ¡Lovi! ―llamó Antonio, tirándose sobre él. ― ¿Por qué estás vestido así? ¡Te ves lindísimo!
― ¡CALLA TU PUTA BOCA!
―No me importaría si me la callas vistiendo este traje. ―coqueteó Antonio, poniendo su dedo medio en los labios de Lovino. El rostro del italiano tomó el mismo color de Arthur en segundos.
― ¡No te vayas, Robín! ―jadeo la voz del americano, apareciendo junto con Matthew quién parecía a punto de dar a luz un niño. ―U-Ustedes, ―jadeo. ―ustedes corren muy rápido. Eh… ¿Robín-Lovi? ¿Qué haces?
Los ojos de ambos gemelos se escondieron en sus lentes, mientras hechos piedras miraban como Antonio cubría el cuerpo de Lovino en el suelo, sosteniendo entre sus piernas las del contrario, con el dedo en sus labios y sus frentes casi pegadas. Paso un minuto de silencio antes de que todo estallara a gritos, junto con el cuerpo del hispano que fue preso de todos los golpes del menor.
―Toma esto. ―ofreció Govert, mostrándole dinero. ―A cambio déjame tener una foto.
― ¡No me estés jodiendo imbécil!
― ¡Waaaa, Lovi te ves muy bien! ―lloró Antonio, colgándose de una pierna. ― ¡Déjame ser tu Batman!
― ¡Te hacen falta como veinte kilos de musculo para eso, gilipollas!
Los ojos freaks de Alfred vieron una oportunidad. ― ¡La fiesta de bienvenida es una fiesta de disfraces! ¡Todos podemos ir de la liga de la justicia!
―Alfred…
―Matthew aquí presente puede ser el hombre invisible. ―se burló Francis. ―O Flash.
― ¡Joven Francis!
― ¡Y yo seré el Capitán América!
― ¡Ese es de Marvel, gordo imbécil! ―gritó Lovino, quitándose a Antonio de encima.
―Si tú eres el Capitán América, América esta jodida. ―bufó Arthur, arrebatandole el suéter a Francis y ahora lo usaba como falda para cubrir sus piernas junto con un poco de trasero.
― ¡Yo puedo ser Iron Man por lo asombroso que soy! Kesesese~
― ¿No era la liga de la justicia? ―pensó Matthew, quizás no conociera mucho al respecto, pero incluso él sabía de los personajes más populares.
― ¡Gatubela puedes ser tú! ―señaló Alfred hacía Govert.
―Puff. ―Antonio y Lovino se burlaron al mismo tiempo, haciendo sonrojar y enojar al mayor.
―El tío Francis puede ser la mujer maravilla. ―agregó con una sonrisa.
―No digas cosas repugnantes. ―añadió Arthur, escupiendo a un lado.
―Ni se coña te dejare sólo usar un calzón. ―complementó Lovino.
― ¡Son muy malos con el tío Francis! ―lloró, sacando un pañuelo.
― ¡Está decidido! ―concluyó feliz Alfred.
― ¡Ni una mierda se ha decidido! ―gritó Lovino.
― ¡Me largo a mi habitación! ―finalizó Arthur, dándose media vuelta.
Todo volvió al silencio una vez que Alfred, Matthew y Francis siguieron a Arthur. Alegando un montón de cosas sin sentido, sin darle tiempo de replicar al joven representante del Comité de Disciplina; una parte de Lovino estaba feliz, todo ya comenzaba a arreglarse. Y al parecer Matthew lucía muy agradecido con ellos.
―Lindas piernas. ―se burló Govert.
―Cállate bastardo, ya quiero ver cuando uses licra. Gatubela.
―Usa esto Lovi. ―ofreció Antonio, quitándose su suéter. ―Comienza a hacer frío.
―No deberías preocuparte tanto por la princesa. ―Gilbert chasqueó la lengua, cruzando las manos detrás de su nuca. ―Seguro puede atraer algunos clientes.
―Jodete, maldita patata.
Govert intercambió miradas con Antonio, recordándole la pequeña discusión que tuvieron antes. Y para sorpresa del hispano no tenía ninguna intención de continuar con ello, ¿era por Lovino? ¿Quizás lo que dijo en el cine fuera cierto? ¿Su querido Lovi no estaría involucrado en esa fea venganza?
―No hemos terminado contigo. ―llamó Gilbert, tomándolo del hombro justo cuando el holandés se marchaba. Antonio por primera vez odio la imprudencia de su amigo, si Govert se iba estaba bien ya no quería pelear con Lovino de nuevo al tratar de hacerlo comprender.
― ¿Quieres empezar una pelea? ―bramó, con la voz más peligrosa que Lovino le hubiera escuchado.
―Déjalo maldita patata. ―comentó Lovino, apartando la mano de Gilbert. ―Seguro que tiene que ir a lidiar con un pájaro, como el idiota de los pájaros que es. ―Antonio miró a Lovino con sorpresa al igual que Gilbert, así que sin decir nada más lo dejaron ir.
― ¿Qué fue eso Lovi? ¡Fue genial! ―comentó Antonio, emocionado.
―No te creas demasiado, princesa. ―bufó Gilbert, chasqueando la lengua. ―No tenía ni un poco de miedo.
―Cierra la boca, estúpida patata. ―gruñó, dándose vuelta, poniéndose el suéter de Antonio, quitándose la capa y cubriéndose con ella las piernas. ―Te ibas a convertir en una patata aplastada…, sería mejor que lo hubiera dejado.
―Lovi. ―Antonio se acercó a él para darle un abrazo, pero el italiano se lo impidió. ― ¿Qué pasa?
―Sé que no me quieres decir nada. ―encaró, provocando que el español retrocediera. Gilbert silbó, haciéndose el desentendido. ―Sólo te digo que me importa una mierda, ―mintió. ―así que si quieres romperte la cara con el imbécil de Govert está bien. Pero no me involucren a mí, ninguno de los dos.
Antonio curvo sus labios con tristeza. Gilbert como buen amigo puso una mano en el hombro de su amigo cuando miró que Lovino se marchaba sin agregar nada más, sabía que a Antonio le dolía el pensar en que aquel idiota italiano no volviera a confiar en él. Pero a la vista de sus asombrosos ojos eso era lo que estaba logrando al ocultarle las cosas, y de cierta manera le dolía ver a Antonio en ese estado; ya que él también era uno de sus mejores amigos.
Aunque Lovino le cayera de la mierda, quizás sería bueno comenzar a intervenir.
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La noche paso rápidamente, también la semana. Una semana muy apurada para Arthur, persiguiendo a Alfred, forzándose a ver a Matthew; la cosa con el estudio respecto al más calmado de los gemelos iba muy bien, Arthur pensaba que sin su ayuda lograría pasar con una nota sobresaliente. Siendo todo lo contrario a Alfred, que al parecer cada cosa que le enseñaba cada cosa que le hacía retroceder mucho más.
La segunda semana llegó muy rápido, Matthew no necesitaba ayuda con las materias, pero sí con su personalidad. Alfred, bueno, Arthur venía preparando sus maletas para lo peor.
―No tienes buena comunicación con él, bastardo. ―comentó Lovino, mensajeando. Arthur despegó la vista del libro que tenía en el regazó, ni siquiera sabía lo que estaba leyendo. Al parecer Sherlock Homes, una de sus sagas favoritas.
― ¿Qué?
―Has estado murmurando cosas. ―Lovino se encogió de hombros, restándole importancia. ―Sobre lo mal que el gordinflón va en los estudios y Matthew en su personalidad.
― ¿Y ahora quieres darme consejos? ―reprochó, frunciendo las cejas. Lovino lo miró de reojo, chasqueando la lengua.
―Muérete sólo, cejotas.
―Gracias. ―sonrió Arthur, volviendo a su libro.
¿Cuál sería la mejor táctica para que ambos aprobaran? Estaba muerto si Alfred reprobaba, los tres lo estaban. Quizás Alfred y Matthew no, pero él sí, y no era Scott lo único que le preocupaba sino por sus otros dos hermanos, su madre y padre. ¿Qué demonios pensaba al meterse en ese lío? ¿Debería ir con Scott para que hablara con el director? Sí, quizás fuera lo mejor… se sentiría mal por Alfred y Matthew, aunque al menos ellos tenían la academia militar de su padre, incluso pensándolo bien podría favorecerles un ambiente más responsable.
Sí, lo mejor sería hablar con su hermano. Él comprendería que sólo era un impulso de héroe que le dio luego de pasar mucho tiempo con Alfred.
Así que, sin pensarlo más, se levantó. Conocía a su hermano, a él le gustaba pasar más tiempo en la oficina que en su habitación así que no era difícil localizarlo; a comparación de días anteriores los alumnos parecían menos relajados, todos luchando por los primeros exámenes. Más los de las becas como los idiotas del Bad Friends Trio que seguro estarían con la cabeza metida en los libros y en algunos cuadernos que le robaron en el trascurso de la semana.
― ¿A dónde vas? ―llamó una voz detrás de él, haciéndolo estremecer. Al voltear sólo encontró los ojos de Alfred, examinándolo con duda. ― ¿Te mando a llamar el director?
Arthur volvió en sí, el edificio de pronto apareció dentro de su campo visual. ¿Cuándo llegó hasta ahí? ¿No se suponía que iba con Scott?
―N-No, yo iba con Scott. ―contestó como si hubiera hecho algo mal.
― ¿Le pedirías que no te expulsen? ―Sintió el peso encima de sus hombros, el americano bajo la mirada resignado. ―Hazlo.
― ¿Qué? ¡No, yo…!
―Sólo no vayas a rogarle a Scott. ―dijo, circunspecto. ―No hagas eso y no me interpondré en que subas a ver al director.
Rogarle a Scott, justo eso iba a hacer.
― ¿Por qué me estás diciendo esto? ―cuestionó, cauto. Unos alumnos pasaban y por unos momentos se detuvieron para contemplarlos, al ver que ninguno de los dos volvía a hablar se marcharon.
―Es el Rey de las Sombras. ―contestó, hundiendo las manos en su inseparable chaqueta de aviador. ―Por eso.
―Scott es el único que puede ayudarme a charlar con el director y con mi padre. ―sonrió, agachando la cabeza. Debía lucir patético, desolado. No tenía cara para enfrentarlo después de pensar aquello, intentando salvarse él mismo. Primero luciendo una fiera, al último luciendo como un conejito asustado. ―No podrías entenderlo.
―No vayas con Scott. ―repitió, avanzando hasta postrarse delante. ―Por favor.
― ¡Te digo que…!
―Él percibía que eso pasaría tarde o temprano. ―explicó, tomándolo por los hombros. Logrando que Arthur se encogiera en su agarre. Ante la aparente resistencia del rubio, apretó mucho más, logrando que le prestara atención. ―Me lo dijo. Quería que reprobara el examen para que te fueras arrastrando a él.
―Escucha, Alfred. Scott puede intentar ser malo, pero en realidad es alguien bueno. ―intentó tranquilizar, aunque la mayor parte de su razonamiento sabía que lo que decía el americano era una absoluta verdad.
No obstante, aún no estaba preparado para escucharlo.
Alfred quiso hacer un berrinche en el suelo cuando escucho semejante respuesta. ¿Por qué no podía creerle? ¡Estaba diciendo la pura verdad! Quería devolverle el favor cuanto antes para volver a jugar como siempre; Arthur el príncipe villano y él como el súper héroe. Aunque en la lucha para que todo volviera a la normalidad, le tomo un cariño de amigo a su enemigo.
― ¡Estudiaré mas duro! ―prometió, sin soltarlo.
―No hay tiempo.
― ¡Debe de haber una forma!
―Yo podría ayudarle, Alfred-san. ―habló otra voz, apareciendo a un costado de Arthur. El americano lo miró con sorpresa, y sintió como las tibias manos del más pequeño apartaban las propias del inglés.
― ¡Kiku, no es necesario! ―alegó el otro, preocupado. ―No tienes que involucrarte, te generará problemas.
El japonés sonrió, intentando calmar a su amigo. ―Si no funciona podrá venir con el director. Yo mismo suplicaré a su lado para que lo deje estar.
―Tú eres el que estaba en el cine también. ―recordó de pronto Alfred, rompiendo la atmosfera. ― ¿Vas en primer año? ―sonrió, emocionado de encontrar una nueva oportunidad.
―No, soy de tercero. ―dijo con tranquilidad.
― ¿Eh? ―Alfred se atraganto con su saliva, antes de soltar un estruendoso grito. ― ¿TERCERO?
―Así es.
―Pero tú… el hermano de Lovino… nosotros.
― ¿Quieres concretar una oración? ―protestó Arthur con las manos en la cintura.
― ¡HAHAHA! ¡Engañar al héroe está mal! ―carcajeó, dándole unas palmadas en el hombro. ― ¡Por poco caigo!
―No, de verdad yo…
―Déjalo Kiku, es tan idiota que seguro si le intentas explicar su cabeza explotaría. ―bufó el inglés, resignado.
Los siguientes días que pasaron fueron bastante agobiantes para todos. Arthur intentando que Alfred pudiera comprender mejor, obtuvo un permiso mejor dicho falsificado para que el chico y su hermano pudieran compartir habitación con él. Lovino a media noche les aventaba lo que tenía a su alcance para que apagaran la luz de la habitación, poco preocupado al parecer por sus notas al respecto.
La escuela estaba llena de zombies, de vez en cuando Alfred bromeaba con ser el héroe que derrocaría al sistema educativo del mundo, ganándose un golpe en la cabeza por parte de Arthur y a veces un sermón de Kiku y Ludwig. Porque sí, para desgracia del inglés, Kiku les contó a sus amigos y no tardo mucho para que el lerdo de Feliciano se uniera, arrastrando al hermano menor de Gilbert con él; quién de hecho era de mucha ayuda. Aunque antes muerto que decir que era más inteligente que él.
― ¿No te parece que estás demasiado relajado? ―gruñó Arthur, sacando la cabeza de los libros. Todos dieron un respiro al ver que alguien se desconcentro, volteando a donde estaba Lovino leyendo un libro policiaco que tomó de la colección de Arthur. ―Sería genial que te expulsen por incompetente.
La habitación estaba demasiado caliente por tantas personas. Ludwig sirvió té frío para todos, que se mostraron más relajados al tomarlo; Feliciano contempló en dirección a su hermano con gesto preocupado, sabiendo que si decía algo le comenzaría a gritar y se marcharía de ahí.
―Te vale mierda, pendejo. ―bramó, volteándose para darle la espalda y seguir leyendo la revista. ―Esta es mi habitación y hago lo que se me pegue la gana.
―Tsk. ―Arthur miró a Feliciano, al parecer se concentraba de nuevo en el libro. Así que sin darle más importancia prosiguió con la enseñanza a Alfred; parecía mucho más animado en estudiar desde que Kiku era su profesor.
Tardaron todavía tres horas sentados, repasando todo lo que podían. No fue hasta que Ludwig puso un alto, al notar que los cerebros de todos colapsarían si seguían toda la noche; además los exámenes comenzaban en un día. Se hizo todo lo que podía, era momento de relajar un poco sus cansadas mentes.
―Al parecer la fiesta de bienvenida será un evento de gala. ―comentó el alemán, guardando todos sus libros. ―Pensé que sería bueno ir a comprar todos juntos los trajes, al menos así no se vería tan raro.
― ¡EHHHH! ―la exclamación de Alfred despertó a Lovino de su quinto sueño. ― ¡Se supone que sería una fiesta de disfraces!
―Eso lo decidiste por ti mismo, idiota. ―regañó Arthur, recordando vergonzosamente la vestimenta de Robín.
―Los de tercero decidieron hacerlo así este año. Quieren que su despedida sea lo más formal que se pueda. ―comentó Kiku. ―Creo que suena elegante.
― ¿Cómo sabes eso? ―preguntó Alfred, haciendo pucheros. Seguro que era un malentendido.
―Soy el presidente de mi generación, la decisión se me da a mí.
― ¡Ah, Kiku siempre tan gracioso! ―sonrió Feliciano, dándole palmaditas en la espalda.
―Puede hacer chistes de vez en cuando. ―pensó un feliz Ludwig. Arthur suspiró, aún no le creían al pequeño Kiku.
― ¿Despedida? ―preguntó Matthew, habían mejorado un poco con los susurros gracias a Ludwig.
―Sí. ―respondió Arthur, dejando que su amigo sonriera por lo bajo. ―Los de tercero ya no asisten a la fiesta de fin de curso por la preparación a la universidad. Si quieren entrar a la universidad que está ligada a la escuela tienen que prepararse desde ahora; el examen es elaborado con los mejores profesores de la academia. Además de que se elaboran tres entrevistas de ingreso, excepto claro, por los que tienen una beca deportiva.
― ¿Beca deportiva? ―preguntó Alfred. Él era un asco en los deportes, pero quizás podría cambiar para ir a una buena universidad.
―Déjalo, tonto. ―resopló Arthur, notando sus intenciones. ―Si no destacas en un equipo deportivo como súper estrella no podrás ir.
―Podría hacerlo si me lo propongo. ―murmuró.
―Tienes que ser extremadamente bueno, Alfred-san. ―completó Kiku. ―Sólo muy pocos obtienen becas deportivas. Hace un año sólo una persona que practicaba béisbol logró conseguir una.
―Los únicos clubes deportivos que quedan en la universidad son natación, futbol, béisbol y basquetbol. Además de que tienen que esforzarse el doble para pasar las materias y seguir siendo unas estrellas.
―Aunque tienen el futuro asegurado.
― ¡Que miedo! ―gritó Alfred. ―Seguro que no comen todo lo que les gusta. Debe ser muy duro.
―Lovi, ―llamó Feliciano feliz. ― ¿el hermano Antonio no jugaba futbol en la secundaria?
― ¡Y yo que sé! ―respondió tosco.
―Pensé que tendría la beca aquí por ello. ―dijo, pensando. Lovino chasqueó la lengua, volviendo a tirarse en la cama.
―Ese imbécil fue becado por mi tonto abuelo. ―contestó, atrayendo la atención de Feliciano en menos de un segundo. ― ¿No lo sabías? El vejete quiere que trabaje con él cuando se gradué de la universidad.
―Waa, el abuelo es genial. ―Feliciano junto las manos felizmente.
―Sí bueno, ya lárguense de aquí. ―cortó Lovino, levantándose. ―Casi es media noche y ustedes siguen pegando ojo a esa mierda de libros.
―Esta mierda de libros nos ayudaran a pasar el examen que cierta persona reprobara. ―comentó Arthur, cruzando sus brazos.
―No diga eso, Arthur-san. ―Kiku para su sorpresa, salió a su defensa. ―Aunque no lo parezca Lovino es una persona muy inteligente.
―Sí, en Marte.
―.―.―.―.―
Para cuando llegaron los exámenes la escuela estaba más relajada. Unos mucho más preocupados que otros sobre en qué lugar quedarían, rogando no quedar por debajo del promedio de la escuela; tiene un prestigio que proteger.
―Hoy es el día. ―comentó Alfred nervioso. Estaba temblando.
―No te preocupes, estoy seguro que lograremos pasar con todo lo que hemos aprendido. ―reconfortó Matthew, dejándolo en su salón.
Cuando Matthew llegó al propio, notó la ausencia de Lovino en el pupitre de siempre. Frunció la boca, preocupado; ¿sería que se saltaría los exámenes por no haber estudiado? ¡Eso sería incluso peor!
―Muévete. ―ordenó detrás de él Lovino, llegando junto con Arthur. Al parecer el inglés lo traía más por fuerza que por ganas. Sin dirigirle algún saludo, se desparramó sobre su pupitre.
―Joven Arthur.
―Oh, Matthew. ―saludó, cada vez era más fácil notarlo. ―Cuida bien de este imbécil, seguro que quiere saltarse más de un examen.
―Aunque diga lo contrario, se preocupa por él, ¿verdad?
― ¡Qué! ¡Claro que no! ―objetó, sonrojado. ― ¡Ni por un momento me he preocupado por que fuera expulsado de la escuela!
―Tan sincero. ―pensó, sonriente.
―Como sea. ¡Mucha suerte! ―se despidió, alzando una mano. Varios de los alumnos de primero, intercalaron miradas entre el canadiense y la puerta, no creyendo que el chico de reciente ingreso (para ellos) fuera tan amigo del temible presidente.
Alfred en dos salones más atrás, luchaba arduamente recordando en que se basaba un hidrolisis, más varias fórmulas químicas que requerían una respuesta. Para cuando se dio cuenta faltaban menos de diez minutos para que finalizara el examen y al menos veinte preguntas sin respuesta, de treinta.
―Oh my god. ―murmuró, con lagrimillas en los ojos. ―I'm a fucking donkey.
―Si tiene tiempo de insultarse a usted mismo, ―comenzó el profesor pasando a su lado, Alfred lo observó tras sus lentes. ―tiene tiempo para terminarme esos ejercicios.
No paso mucho tiempo para que terminara la prueba. El profesor se marchó casi de inmediato, después de recoger las hojas, dándole paso a la siguiente tortura. Si Química fue la pesadilla total, no sabía que sería cuando se enfrentara Física.
Uno más de Bilogía, otro de Historia y concluyendo con Ciencias Sociales.
Era el primer día de exámenes y sentía que ya no quería vivir más. Al sonar el último timbre del día, varios se dejaron caer sobre sus pupitres.
― ¡Siento que se me han restado veinte años de vida! ―gritó, sacándose los lentes de encima. ― ¡Mañana amaneceré muerto!
―Creo que estás exagerando. ―río su compañero de al lado y de dormitorio, Toris.
― ¡No, no! ―siguió, agitando los brazos. ―Aparecerá: "Diario Gakuen: ¡Muerte del increíble héroe, Alfred F. Jones! Amado padre, esposo, hijo, héroe."
― ¿Padre? ―preguntó confundido.
―Una vez tuve una tortuga, la llame Killer Croc. Fue mi primer Robín. ―lloró, echándose en su pupitre. ―Pero creció y derivo de mi como Nightwing de Batman.
―Ya comprendo. ―vaciló, la verdad no comprendía nunca a su compañero, pero era divertido seguirle la corriente. ―Lo de… ¿esposo?
―Seguramente algún día me casaré.
―No entiendo por qué lo incluirían en el diario.
Alfred infló las mejillas. ― ¡No estás comprendiendo el punto, Toris!
―Sí, sí. Lo siento.
― ¿Está Alfred por aquí? ―preguntó desde la puerta Arthur. Los de primero lo apreciaron por varios momentos, sentándose correctamente en las bancas.
― ¡Arthur! ―chilló, corriendo a él.
―Son malas noticias. ―masculló por lo bajo.
― ¡Creo que pasaré todas! ―gritó, energético. ―Pero no con el promedio deseado.
―Ya lo imaginaba. ―consoló con una sonrisa. ―No te preocupes, lo resolveremos de una manera u otra. ―sin que Alfred lo esperará, el rubio acarició su cabeza con cariño.
―.―.―.―.―
― ¡Lovi! ―el abrazo que le dio Antonio por detrás, lo saco de sus pensamientos. ― ¿Qué tal? ¿Cómo te fue? ¡Yo creo que lo logré!
―Claro que sí. ―sonrió. Al ver la esplendorosa sonrisa de Antonio, se retractó de inmediato. ―L-Lo que quiero decir es que… mierda, mi abuelo no elegiría a un completo zopenco.
―Lovi…―pegó su mejilla contra la contraria, restregándola varias veces. ― ¿Y a ti? ¿Qué tal te fue?
―Si te refieres a lo que te dije hace días, ―chasqueó la lengua. Odiaba pedir disculpas. ―lo siento. Maldición.
―Ya esta olvidado. ―declaró, poniéndose recto delante de él. ―Perdón por presionarte de esa manera, no quería hacerte enojar.
―Conteste más de tres cuartos del examen con el tiempo que me alcanzó. ―murmuró, logrando emocionar a Antonio de nuevo. ―Sólo pensé que no quería estar lejos de ti de nuevo. Fue duro cuando no estuviste ahí.
El español mordió su labio, un nudo se le formo en la garganta en tan solo pensar el tiempo que no paso con él.
―Estoy aquí ahora. ―fue su contestación. Luego cambió su cara una más animada. ― ¡Iremos a comprar los trajes para la fiesta el fin de semana!
―Aún quedan más patéticos exámenes. ―bufó, agrio. ―Deja de perder el tiempo pensando tonterías.
―No son tonterías. ―palmeó su cabeza con cariño. ―No lo merecemos por nuestra guerra a muerte con los exámenes.
―Me enteré que te robaste los cuadernos del cejotas.
― ¡Ah! ¿Lo sabe? ―preguntó, moviendo la cabeza a todos lados para comprobar que Arthur no estaba rondando.
―Por supuesto. ―contestó, dándole una sonrisa ladina. ―Bien hecho, bastardo.
Antonio sonrió, lleno de felicidad. Se sentía bien estar con Lovino como siempre, bromeando, sin sentir esa tención que de repente se formó entre ambos; le daban ganas de tirarse encima de él, besarle las mejillas y abrazarlo toda la noche. Era una sensación cálida que no estaba seguro de como describir, pero le causaba una alegría inmensa. Así que sin importarle el sonrojo de Lovino tomó su mano balanceándola de adelante hacía atrás, siguiendo con la amena platica que tenían.
Para dolor de Alfred el siguiente día paso muy rápido, continuando con los exámenes uno cada vez más difícil que el otro. Palpando la ansiedad, frustración y enojo; tenía motivo suficiente para tener miedo. Aunque para su sorpresa no era miedo de lo que le fuera a pasar a él, sino a Matthew… y Arthur.
Arthur que dio la cara dos veces por él. Enfrentándose a su hermano, al director… haciéndolo entrar en razón con respecto a Matthew. ¡No podía fallarle! Sin embargo, ahí estaba él, sin poder contestar una pregunta tan fácil como la causa de la primera guerra mundial. No lo soportaba, las lágrimas estaban llenando sus ojos.
―Alfred. ―llamó bajito Toris, salvó porque el salón estaba en completo silencio, jamás lo habría escuchado con ese tono de voz. Se volteó a ver a su amigo, quién le daba una sonrisa compasiva, intentando tranquilizarlo. ―Lee todas las preguntas con sumo cuidado.
― ¿Quién esta hablando? ―reclamó el profesor, alzando el cuello para ver mejor.
Algunos estudiantes se distrajeron en el proceso, haciendo creer que escuchó mal. Toris aprovecho para señalar su hoja varias veces, remarcando lo último dicho, en seguida alzó su pulgar en señal de buena suerte.
El americano releyó varias veces cada una de las preguntas, al reloj todavía le quedaba bastante tiempo. Así que las repaso de nuevo, en aquel momento lo comprendió de inmediato.
―.―.―.―.―
― ¡TERMINARON! ―gritó un chico de su salón. La mayoría respiraron y gritaron emocionados.
Matthew le tocó el hombro, pidiendo que volteara, lo encontró con una sonrisa enorme. ―Estoy confiado.
―Te hacía falta. ―contestó Lovino con un gesto parecido.
― ¿Qué tal te fue? Noté que estabas escribiendo mucho más que ayer.
―Sólo espero que no me digan que hice trampa. ―se encogió de hombros, bastante indiferente. ―Al menos no sufriré los regaños de mi abuelo.
― ¿Tu abuelo? ¿Y tus padres?
―Ellos pueden meterse sus regaños en su agujero más grande. ―al ver la cara de Matthew, gruño. ―No quiero resolver esos problemas, gracias.
―Quiero devolverte el favor. También al joven Arthur. Gracias a ustedes puedo hablar con mi hermano.
―Puedes hablar, mejor dicho. ―se burló. ―Yo no lo hice para que me debas nada. Estoy seguro de que ese idiota piensa lo mismo, lo cual me causa mucha repulsión.
Matthew rio por lo bajo. ―Aun así, quiero hacerlo.
―Cuando necesite algo, te lo pediré. ―contestó Lovino, encogiéndose de hombros. ―Por ahora estoy bien.
― ¿Tengo tu palabra?
―Mi palabra vale una mierda, pero si te basta con ello, entonces sí, la tienes.
―.―.―.―.―
― ¿Cómo te fue? ―preguntó Arthur, emocionado. ― ¿Lograste hacerlo?
―No lo sé, estuve muy nervioso en la mayoría de las pruebas. ―contestó Alfred, agachando la cabeza. ―Aunque en el examen de historia estoy muy seguro de que pude hacerlo. Lo siento, Arthur.
―No es como si esperara lo contrario. ―contestó, logrando que Alfred bajara la mirada, triste. ―M-Me estas malentendiendo, tonto. ―siguió, golpeando suavemente su hombro, intentando que recuperara su ánimo. ―Volverte inteligente en menos de una semana sería un completo milagro.
―Puff, estoy dudando de tu capacidad para dar ánimos. ―admitió, formando un puchero con la boca.
Recibió un golpe con el canto de la mano en la cabeza como respuesta.
―N-Ni creas que lo estaba haciendo. ―afirmó, sonrojado. ― ¡Muérete!
―Se te pegan mucho las mañas de Robín-Lovi. ―dijo, sobándose la cabeza. Escucho tronar la boca del otro, y sin más tiempo echo a correr en dirección contraria, riendo estruendosamente.
Alfred se paró, respirando a bocadas por el reciente esfuerzo físico. No tardo mucho para que Arthur lo alcanzara, plantándole otro golpe suave en la cabeza, gritando bastantes cosas incomprensibles por la comparación tan irracional que se hizo.
Cuando se calmaron las cosas, se quedaron parados un buen rato pensando en todo lo que había acontecido en tan solo un mes. ―El fin de semana será la fiesta de bienvenida. ―comenzó Arthur, jugando con sus manos.
―Sí, Ludwig dijo que íbamos a ir a comprar los trajes.
―Así que ya te apuntaste, ¿no, héroe?
― ¡Por supuesto! Incluso Matthew también irá. ―sonrió, emocionado. ―Ir con mis amigos y hermanos, eso es increíble. ―El rubio hizo una mueca, no quería quitarle todos los ánimos que cargaba encima, no obstante, tenían que tocar el tema de como conversarían con el director. Justo al abrir la boca, Alfred retomó de nuevo la palabra: ―Nunca tuve esta clase de aventuras anteriormente. Ya sabes, que me fueran a expulsar, que alguien diera la cara por mí, esforzarme por algo para proteger a esa persona. Pero cuando llegue aquí, todo eso paso.
―Es porque no dejas de dar lata. ―reprochó el inglés, cruzado de brazos.
―Sí, quizás. ―rio, bajito. ―Gracias, Arthur. A pesar de ser mi enemigo número uno, no lo lograría si no hubieses estado ahí.
El rubor se metió de nuevo en la cara de Arthur, dando media vuelta comenzó a andar de inmediato. Alfred parpadeó un par de veces por la repentina acción, ver como Arthur se alejaba a pasos agigantados era gracioso; sintió un golpecito en su pecho que no supo cómo descifrar, era cálido. Y dado el momento llegó a la conclusión de que sólo era agradecimiento.
―.―.―.―.―
El fin de semana llegó.
Emma intercaló miradas, emocionada. Ella no tenía amigas para ir de compras, medirse vestidos hasta el cansancio, probarse zapatos de tacón alto, maquillaje o accesorios; no le molestaba en absoluto, porque a cambio, había sido recompensada con aquellos maravillosos ángeles de la belleza, llamados: "amigos".
― ¡Te ves demasiado apuesto! ―gritó, revoloteando a su lado. Tomando fotos de todos los ángulos, ya con tiempo las subiría a Internet. Sentía que la saliva comenzaría a escurrir en cualquier momento.
―Emma, lo estas incomodando. ―regañó Govert, saliendo en un hermoso traje color vino. Mirándose en el espejo, se lo acomodó mejor.
La chica no tardó ni un segundo en acapararlo con la cámara, vinculando las fotos de inmediato a Internet. Podría ser egoísta y quedárselas, pero debía compartir la belleza con el mundo, eso le enseñó su difunta madre.
―No me puedo mover con facilidad. ―suspiró Alfred, saliendo del vestidor. Emma pasó saliva, con los ojos llenos de estrellas. ― ¿Por qué no puedo ir con una camisa simple, Arthur?
―Dijiste que yo podía escoger tu traje. ―comentó el inglés, el traje a pesar de ser verde le hacía relucir más sus ojos.
― ¡Pero no estoy cómodo!
― ¡Cállate! Esta toda chueca tu corbata. ―alegó, atrayéndolo de un tirón, quedando a pocos centímetros. ―De verdad, ¿qué soy? ¿La mamá gallina? ―Matthew rio.
―Emma, tu nariz sangra. ―comentó su hermano, pasándole un pañuelo por ella. La rubia apenas reparó en que podría morir de una hemorragia nasal.
― ¡Vamos, Lovi, no te apenes! ―gritó Antonio, intentando salir del vestidor. Jalando algo consigo. ― ¡A Bel le encantará!
― ¡Jodete maldito bastardo!
Al final, todo el BFT se unió para sacar a Lovino de ahí. Emma borró de inmediato todas las fotos de sus vacaciones en Bogor, Indonesia para capturar el momento, una y otra vez. Comenzando con Gilbert que llevaba un traje plateado, camisa negra y corbata del mismo tono del traje; quién al parecer no le molesto que la chica le tomara fotos, incluso hasta posaba con ellas junto con Francis.
―Creo que estas exagerando, Bel. ―comentó Antonio, intentando calmarla.
―Ya la perdimos. ―secundó Alfred, sonriente. ― ¡Yo también me quiero unir a las fotos!
― ¡Guarden silencio!
―Ya estamos listos, también. ―anunció Ludwig, saliendo con Kiku y Feliciano a sus espaldas. Todos con traje negros y camisa blanca, a excepción de Feliciano quién la llevaba naranja (contrario a Lovino, que la llevaba roja al par de Antonio).
A espaldas de Emma, el hispano hizo una seña con la cabeza. La cual, incluso Govert, acataron de inmediato. Así que cuando Bel se dio la vuelta para seguir fotografiando a Gilbert y Alfred.
La rubia parpadeo un par de veces, incapaz de comprender que estaban haciendo todos. Formados en fila, le hicieron una reverencia uno por uno, extendiéndole la mano. Al fondo se escucharon los gritos de las empleadas, emocionadas.
―Hermosa dama. ―comenzó Antonio, sonriendo. Inclinándose, seguido de Gilbert, Francis, Ludwig sonrojado por lo vergonzoso que era, Kiku, Feliciano dando brinquitos, Matthew nervioso, Arthur sonrojado aplastando la cabeza de Alfred en el suelo, Lovino como un foquillo de navidad y su hermano.
―Acompáñenos. ―pidió Govert, avanzando hasta ella. ― ¡EMMA! ―era tarde, la chica se desmayó.
Para cuando recobró la conciencia, estaba acostada en las piernas de Govert, quién le acariciaba el cabello con ternura. Desgraciadamente regresó a su ropa de civil.
―Hazme el favor. ―reprochó cuando la vio despertar. ―Yo intentando hacer algo lindo por ti.
―Son un montón de chicos guapos, ¿qué esperabas? ―preguntó con su sonrisa gatuna. ―Me pudo dar un infarto por tanta belleza. Oh, ya es de noche.
―Ya cerraron la mayoría de las tiendas. Los demás ya se fueron a la escuela. ―Govert vio como la cara de su hermana se apagaba un poco. ―Incluido Antonio.
―Tiene que dejar a Lovi a la puerta de su dormitorio. Alguien se lo podría comer. ―le guiñó el ojo, pícaramente. ―Tendré que venir mañana a primera hora por mi vestido. ―suspiró, haciendo un puchero.
―Eso. ―cortó Govert, mostrando una de las bolsas que tenía a su lado. ―Entre todos lo elegimos, aunque fueron Feliciano y Lovino quienes decidieron al final. Ya sabes, ellos saben de moda.
―Son italianos, después de todo. ―sonrió, tomando la bolsa. Emocionada echo un vistazo adentro. ―Govert…
―Si lo devuelves ellos se pondrán tristes.
Su hermana apretó el gesto, intentando no llorar de la emoción. Se pondría tan hermosa al siguiente día para estar a la par de su vestido.
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El sonido resonó por todo el gimnasio, las luces parpadeando por todos lados y las conversaciones de algunos chicos se escuchaban por lo bajo. Arthur miró su reloj, la fiesta acababa de iniciar y sólo algunos comités de la escuela llegaron puntual. Scott junto con Govert estaban en la entrada principal, saludado a profesores y alumnado.
―Esta fiesta es una mierda. ―farfulló, tomando más ponche. ― ¿Dónde están los idiotas de siempre?
― ¡HAHAHA! ―bien, fue su culpa por haberlos invocado. ― ¡Arthur nos estaba extrañando!
―Te queda bien el vestido, Emma. ―ignoró Arthur, quitándose de encima a Alfred para apreciar mejor a la fémina. ― Esos idiotas sirven para algo después de todo.
― ¡Gracias! ―gritó emocionada. ―Por todas las fotos de ayer también.
―No comprendo lo último….
― ¡Vamos por comida, Arthur! ―se lanzó Alfred, tomándolo del brazo. ―Ya la están sirviendo, vamos, vamos.
― ¡Te escuche la primera vez, idiota!
―Se pondrá mucho más gordo todavía. ―gruñó Lovino. ―Ni siquiera es comida de buena calidad.
―No te permitiré que hables así de la comida, aunque seas tú, delicioso Lovino~―habló Francis, pasando una mano por sus hombros. ―Esa comida está hecha por el club de gastronomía, al cual por supuesto, yo pertenezco.
―No me toques, bastardo del vino. ―bramó Lovino, quitándolo. ―Estoy mil por ciento seguro que mi bastardo hermano cocina mejor.
―Kesesese~ A todo le llamas "bastardo". "Antonio bastardo", "bastardo del vino", "hermano bastardo".
―Patata bastarda.
― ¡HEY!
El pequeño grupo pronto notó una disputa en el área de comida. Lovino acompaño a Emma para ver qué pasaba.
― ¿Qué es lo que harás, Casper? ―preguntó burlón uno de los chicos de segundo que solían meterse con él. ― ¿Golpearme con una hoja de arce?
Alfred se estaba sobando la mejilla en el suelo, embarrando el fino traje con salsa de mostaza. Arthur estaba inclinado con él, revisando que no tuviera algo severo. Matthew para sorpresa del mayor de los italianos, miraba con desprecio a los de segundo, por alguna razón ya lo conocían.
No tardo mucho para que los profesores, acompañados del director intervinieran en la situación.
― ¡Matthew! ―el gritó sorprendido de Arthur fue todo lo que escucho el chico antes de quedar inconsciente. El director reprimió a Arthur con la mirada. ―Resalto, ¿no? ―preguntó, nervioso. ― ¿Tan~tan?
―Los veré mañana en la oficina. ―dijo, serio. ―Por lo mientras, disfruten de la fiesta.
Aunque pareciera imposible sólo llevaron al chico a los dormitorios, siguiendo con la tranquilidad del lugar que se comenzaba a elevar. Ante esto con ayuda de Emma y Lovino llevaron al americano a donde estaban los demás, no fuera que los amigos del tipo quisieran darle una lección.
―Sólo quería un pedazo de carne. ―bisbiseó Alfred, tomando agua. ―Y el gorila se me fue encima.
― ¡Ya te habías llevado cinco pedazos! ―gritó Arthur, limpiando su traje. ―Además, cuando trato de ganarte el pedazo, le mandaste una mirada que si por ti fuera lo habría matado.
― ¡Pensaba compartirlo con todos!
―Esa mentirá no te la crees ni tú, gordito. ―ironizó Lovino. ―Mira que echar a perder un traje tan caro.
Govert se acercó tiempo después, al parecer ya habían llegado dos chicas que los sustituían.
―Ya te dejaron libre, ¿verdad? ―preguntó Lovino, pasándole un vaso de ponche. ―Saca a bailar a Emma.
― ¿Dónde está?
―Allá. ―señaló. Inconsciente, Govert apretó los puños. ―Ese maldito no la suelta ni un minuto, quería bailar buen tiempo con ella. ―Antonio le sonrió a Emma, balanceándola de nuevo a vista de muchas chicas, quienes gruñían por lo bajo.
―Se le olvida la que provoca.
― ¿Eh?
―Nada, ven a bailar conmigo. ―sonrió burlón, tomándolo del brazo para jalarlo a la pista de baile.
― ¡Qué mierda! ―gritó, intentando zafarse. Las risas no tardaron mucho en sonar, atrayendo la vista de los otros dos.
Antonio paró su baile, observando con una mueca el baile tan desastroso que presenciaba. Lovino intentaba golpear a Govert mientras se removía como lombriz, queriendo correr lo más lejos que se podía de ahí. Una escena demasiado natural, siempre y cuando fuera él con Lovino… no con otra persona.
―Podemos parar si quieres, Toño. ―comentó Emma, atrayendo su atención. ―Así mi hermano puede bailar conmigo y tú con Lovi.
― ¡No es eso, Emma! ―gritó, justo al terminar la canción. El DJ pareció comprender el momento, pues no puso otra mezcla.
―Hey, ―llamó Govert. ― ¿Por qué estás gritándole a mi hermana?
―Soy el mejor amigo de Lovi. ―sentenció Antonio, furioso, desviándose del tema. Lovino se quedó tieso en su lugar, ¿Qué pintaba aquella frase en todo eso?
Govert alzó una ceja, formando una sonrisa en el rostro. ―Tal vez estoy a punto de cambiar su manera de pensar.
WOOOO! Govert no me pudo quedar más gay XD Lo siento por eso (realmente no). Pensé que este capítulo tardaría más, pero creo que después de diez días escribiendo, borrando y tachando quedo algo bueno… ¿o qué opinan ustedes? ¡Un Lovi desnudo para todas! (?)
Lo que sea, primero que nada pasemos a dar gracia a los que me dejaron review:
Shadwood, Dark-nesey, Javany, JPArtist, Esther, Lovi, Luigi Cesar y Guest.
¡Muchas gracias por todo este tiempo que me han apoyado! Desde los que dejan reviews hasta los lectores fantasmas que tengo. A todos les deseo lo mejor el año que viene, que la pasen en compañía de sus seres queridos y que cumplan todas las metas que se propongan.
¡FELICES FIESTAS!
Con cariño,
MimiChibi-Diethel.
