Capítulo 41: Esta cruda realidad.
El estruendo de una batalla la sacó de su estado. Los sonidos y las imágenes, todo comenzó a ser claro una vez que sus sentidos volvían a funcionar correctamente.
Espadas chocando, gritos que imploraban que algo o alguien se detuviera, también distinguía graznido de aves, pisadas rápidas en la arena, el arrullo de los grillos, luz plateada que se colaba y golpeaba sus ojos, brisa suave que corría por el pasillo, la figura de Rei…
- "¡Rei!" – Finalmente lo recordaba todo.
Había sido rescatada por ella y una rubia que llevaba una gran espada. Luego de eso, su mente se desconectó de esta realidad. Seguramente terminó inconsciente, como le solía ocurrir a menudo.
- "¿Quién está luchando?" – Estaba segura que todos esos ruidos eran causados por un altercado. – "¿Qué es todo este alboroto?" –
Se levantó del suelo y corrió hasta el lado de la pelinegra. Fue en ese momento que las cosas se aclararon aún más para ella, ya que tuvo visión total de lo que ocurría fuera del callejón: Haruka y la rubia que acompañaba a Rei estaban enfrentándose en una violenta lucha con sus espadas.
- ¡Deténganse! –
Ami corrió hacia la batalla con la intención de detener la acción. Pero decidió entrometerse justo cuando ambas contendientes corrieron contra su rival para dar una estocada final.
- ¡Cuidado! – Fue el grito que escapó de Rei mientras veía todo ocurrir en cámara lenta.
Las espadas no alcanzaron a tocar a Ami. Una quedó apuntando su rostro, la otra amenazaba a corta distancia su espalda. La peliazul mantuvo el aliento, sin poder ver el arma que Haruka levantaba frente a sus ojos.
Ciertos sucesos ocurridos en Lebiatis hicieron una fugaz aparición en su memoria. Tuvo que reprimirlos rápidamente, no era momento para caer en otra crisis.
- ¡Baja el arma! – Gritó a la ex capitana. - ¡No son enemigas! ¡Ellas me salvaron la vida! –
Rei aprovechó para acercarse hasta el lado de Minako.
- ¡También corre eso para ti! – Dijo la pelinegra algo alterada. - ¡Esta batalla no tiene sentido alguno! – ¿Acaso había perdido los estribos?
Ambas rivales cayeron al suelo resentidas. No eran heridas de la reciente batalla que acababa de terminar, eran lesiones que llevaban cada una de antes. De hecho, ninguna pudo hacerse un solo rasguño en lo que duró todo este altercado.
- Me duele la cabeza… - Lloriqueaba Minako mientras se la agarraba con ambas manos.
Haruka sufría en silencio por su hombro. La herida que recibió cuando escapaban de Lebiatis aún no sanaba y estaba resultando ser una gran molestia para ella.
- No puedo creerlo… - Ami también se desplomó en la arena. Su respiración nuevamente errática, sudor frío corría por su frente. ¡Vamos, tenía que calmarse! – Seguramente los guardias reales vendrán atraídos por esta estúpida batalla. –
- ¿Guardias reales? – Haruka puso atención en las palabras de la joven. - ¿Ellos están acá? –
La portadora del collar asintió en silencio.
- ¡Maldición! – No podía creerlo. - ¡Después de todo lo que hicimos para perderlos! –
Rei comprendía que el panorama no era auspicioso. Sabía que los guardias reales de Lebiatis eran quienes perseguían a Ami por todas partes con la misión de atraparla. Si ellos estaban acá, todo era mucho más peligroso. Tanto para Ami como para todo aquel que iba con ella.
- ¿Y qué están esperando? – Preguntó Rei a la portadora del collar. - ¡Deben escapar mientras tengan tiempo! –
- No es tan sencillo… - Alzó la voz la peliazul. – Ellos son muchos, están por todas partes y están dispuestos a usar la fuerza contra la gente de este lugar con tal de que me entregue. – Y ya no quería que más personas terminaran muertas por su culpa. – Se están adelantando a todo, casi como si supieran con antelación lo que haré o dónde iré. –
- Se trata de Michiru. –
Las presentes quedaron viendo a Haruka, como esperando por más información. Parecía que la rubia sabía algo que todas las presentes desconocían.
- Ella es la consejera de la reina. – Continuó luego de sentir la presión de tantos ojos observándola. – Tiene un espejo que le permite ver cosas que otros no pueden. Ella es capaz de interpretar diferente información a través de las imágenes que aparecen en su espejo. -
- Así que básicamente están siendo perseguidas por una fuerza mayor que posee una guardia de soldados que son comandados por una clase de vidente. – Sonaba falso, pero a esta altura Minako simplemente tenía que aceptar las cosas tal como sonaban.
- No, quien comandaba ese ejercito era yo. – Corrigió al instante Haruka. – Luego me quitaron de mi puesto gracias a ella. – Apuntó a Ami, quien simplemente se encogió de hombros ante la acusación.
Luego de esta revelación, todo el mundo parecía tener cosas diferente en qué pensar.
- Sigo creyendo que no podemos quedarnos de brazos cruzados. – Rei no pensaba dejar a Ami sola ahora que la había encontrado nuevamente. Iba a ayudarla en todo lo posible y más, sin importar nada. – Vamos a encontrar una manera de escapar y saldrás a salvo de esto. –
- ¡Rei tiene razón! – Minako tenía poco que ver en todo este asunto. Pero si la pelinegra iba a ayudar, ella también lo haría. Tomó su espada y se levantó, posicionándose al lado de la mística mujer del desierto. – No ganarán nada quedándose aquí sentadas. –
- ¡Juntas podemos dar pelea! – Agregó Rei, sus ojos vibrantes con pasión.
Cielos, cuánto deseaba tener esas mismas esperanzas.
- No es tan sencillo como parece. - Haruka no deseaba arruinar el momento, pero alguien acá tenía que ser realista. – Estamos hablando de un grupo de élite que fue entrenado para el combate. Comparados con ellos, somos simple mierda. -
- ¿Y planeas quedarte acá como la mierda que crees ser? - Rei volvía a la carga, esta vez con claras señales de estar enojada. - ¡Si escapas, existe la posibilidad de que te atrapen! ¡Si te quedas acá, también estás en peligro! - Ella prefería luchar antes de quedarse con los brazos cruzados. - ¡Hay que enfrentarnos a este arruinado mundo sin miedo! -
- Claro, como tú digas, soñadora. - Daba igual, seguramente todas iban a morir. - Está bien. - Aceptaba finalmente Haruka.
¿Podía continuar engañándose?
- ¿Qué dices, Ami? –
Sí, era sencillo engañarse a ella misma.
- Quizás exista una posibilidad. – Ya no había vuelta atrás. – Está bien, andando. -
De vuelta a escapar, así como siempre a hecho desde que llegó a este planeta.
Capítulo 42: Cara a cara.
La noche en el desierto era muy fría, pero era su deber resistir las bajas temperaturas y continuar con su trabajo. Por tal razón llevaba puesto un abrigo de piel sobre sus hombros, cubriendo su espalda, protegiéndola del inclemente clima que se apoderaba de las planicies áridas de Telián cuando caía el sol.
- ¿Qué puedes ver en tu espejo? – Preguntó una voz seca. - ¿Ya la encontraste? –
Se trataba de la reina de Lebiatis, hablando desde la comodidad de su palanquín de oro. Se escondía allí por vergüenza a que vieran su desfigurado rostro y piel reseca. Se estaba marchitando, necesitaba hallar con urgencia a la bruja.
- Sigue moviéndose. – Por ende, no podía dar una localización concreta. Cuando se quedaba quieta era mucho más sencillo leer sus alrededores e interpretar su posición. – No se encuentra sola. –
- Eso es sabido. – Dijo la mujer en un tono de sabelotodo. – Escapó junto a la ex capitana Tennou y ahora ambas son prófugas. –
Ahora ambas estaban acá en Radatia.
- De alguna manera fue seducida por la bruja y no dudó en seguirla. – Era ciertamente una pena. Volver a encontrar a alguien como la guerrera sería muy complicado. No podía negarlo, esa mujer era incomparable. Los inútiles soldados de la guardia real trabajaban mejor cuando ella estaba al mando. – Solía respetarla, pero cuando se dejó influenciar por la bruja, perdió todo valor para mí. Pasó a ser una asquerosa y molestosa existencia. -
Eso sonó bastante mal para la musa. ¿Cómo se atrevía a hablar de Haruka de esa manera? La reina no la conocía tan bien como ella.
Si tan solo no estuviera ligada a esta mujer, habría usado el reflejo de su espejo para atraparla en una eterna ilusión y matarla sin piedad.
- Tú también estás interesada en ella, ¿verdad? – Hablaba hacia un tercero. Las sombras que se creaban dentro del palanquín no dejaban ver con claridad la segunda persona que se encontraba dentro de él. - ¿Quieres reencontrarte con ella? –
La mano de la reina bajó a acariciar una cabellera cobriza que reposaba sobre su regazo.
- Esa mujer que decidió dejarte atrás. La que te abandonó cuando más deseabas tenerla a tu lado, esa que no dudó en dejarte por alguien más… - Susurraba contra el oído de su nueva marioneta. – Tu corazón anhela verla nuevamente, ¿verdad? –
Lágrimas amargas brotaron de los brillantes orbes esmeraldas de la pobre víctima.
- "Esto es enfermizo." – Michiru observaba en silencio la escena.
- Yo te llevaré con ella. – Hoy se sentía bondadosa. – Y juntas nos encargaremos de que pague por sus crímenes. –
Algo curioso apareció en el espejo de la musa.
- Hay dos personas más con ella. – Eso es lo que decían las claras señales que se reflejaban en la superficie. – ¿Seguimos con el plan que teníamos o cambiamos a otro? –
- Cambiaremos un poco. – Decidió la reina luego de haberlo meditado. – Usaremos la carnada para atraer a la presa. -
Cuatro figuras sigilosas se escabullían por los callejones de Radatia bajo el amparo de las tinieblas que se creaban aquella noche en favor de ellas. Ocultas de los ojos de todos, iban en busca de la carreta perteneciente a la ex capitana. Si tenían suerte, podían usarla para escapar de este infestado salar.
Una vez que Haruka se aseguró de que no había enemigos cerca, alzó la mano e hizo una señal para que volvieran a avanzar, esta vez hacia una calle abierta. Corrieron hasta llegar a una esquina. La rubia asomó con cuidado la cabeza para observar lo que aguardaba al doblar por esta calle.
- ¿Es por acá? – Preguntó Minako con curiosidad.
- Allí está mi carreta. – Dijo Haruka en un tono bajo. – Pero es muy sospechoso que esté todo tan desolado. –
La ex capitana esperaba que hubiera uno que otro guardia real rebuscando en las cosas que traía en la parte trasera de la carreta.
Pero no, así no era el caso. Nada, simplemente no había alma alguna rondado por esta calle. Lo cual provocaba la alarma en Haruka, quien conocía bien la clase de estrategias que usaban en la guardia real. Seguramente se trataba de una trampa.
- ¡Cielos…! – Rei sintió un extraño escalofrío recorrer su cuerpo. Los vellos de sus brazos se erizaron debido a la sensación que sacudió su ser.
- ¿Todo bien? – Cierta preocupación se escuchaba en el tono de Minako. - ¿Tienes frío? –
- Estoy bien… - Aseguró la mujer. Pero mintió, ya que la sensación persistía. ¿Qué era esto? ¿Percibía acaso un poder maligno? Pero esto era sumamente poderoso. Nunca antes había percibido algo igual.
Los ojos de Rei viajaron hasta parar en Ami.
- "Está muy callada." – Bueno, la peliazul era callada por naturaleza, pero esta vez su silencio se sentía sumamente incómodo y fuera de lugar. Pero tampoco sería bueno obligarla a hablar si ella no quería hacerlo. Lo menos que Rei deseaba era molestar a la chica.
- Ami… -
La portadora del collar levantó la vista del suelo y quedó viendo hacia el final de la calle. Oscuridad era lo que reinaba en el lugar, no podía verse mucho después de un par de metros.
- ¡Ami, por acá! –
Rei volvió a percibir una increíble cantidad de energía maligna. Su mirada acompañó la de Ami, ambas veían ahora hacia el fondo de la calle.
- Podemos enviar a uno de los cuervos de Rei a ver si hay alguien escondido, ¿o no? – Minako volteó hacia la pelinegra, pero la encontró con esta expresión de perplejidad que poco iba con la situación del momento.
Esperen, ¿era esa una persona caminando en dirección a ellas?
- Finalmente te encuentro. -
Minako no comprendía qué estaba ocurriendo. ¿Quién era esta persona que acababa de aparecer desde las sombras? ¿Por qué todo el mundo parecía afectado por su presencia?
- No puede ser… - Se escuchó decir a Haruka.
¿Por qué Ami estaba llorando?
- Makoto… - Sus ojos no mentían. Esta era la realidad, ¿verdad? ¿O había vuelto a caer inconsciente? Si esto se trataba de un sueño, pedía por favor nunca ser despertada.
- Ven a mi lado. - Una mano alzada invitaba a la portadora del collar.
Rei podía sentirlo, pero la impresión la había dejado sin palabras. Ese poder maligno venía de Makoto. Y cuando la peliazul corrió a encontrarse con la castaña, no hizo nada para detenerla.
Resumen del capítulo 42: "A mi futura esposa la hicieron mala y viene a matarme".
Gracias por los reviews y por darse el tiempo de leer. ¡Suerte!
