Circulo: Vicio Tsun.


Tú + Yo= Error 404.

14. Resetear.

Decir que Arthur no había esperado la reprimenda del Director, sería una completa mentira. Sólo que está vez no estaba centrado en los gemelos a los que apoyaba, sino a un cuarteto de idiotas; Scott a su lado intentaba en vano no reír por lo bajo.

— ¡Por primera vez no hice nada, maldición! —chilló Lovino, golpeando el suelo con uno de sus pies. Tenía varias ramitas atoradas en el cabello y tierra en el rostro; justo como sus tres acompañantes. — ¡Sólo intentaba quitarle a este gorila de encima! —señaló a Govert, con un dedo acusador. Scott soltó una risilla.

— ¡Él me atacó primero! —protestó Antonio. A diferencia de los demás tenía una mancha de sangre por debajo de sus poros nasales que le escurría hasta el mentón y se perdía en su cuello. — ¡Intentaba defenderme!

El Director miró a cada uno de ellos con expresión sombría, deteniéndose en Emma. Arthur sintió pena por ella, el vestido que le compraron estaba arruinado, lleno de tierra, desgarrado por las ramas de los arbustos. Fue una escena graciosa para todos, eso ni ellos se atrevían a negarlo; después del acto tan homosexual que Govert y Antonio plantaron por Lovino, se comenzaron a pelear, rodando por todo el suelo de la pista. En un intento inútil por detenerlos Emma y Lovino habían abierto la puerta del recinto, mientras que la rubia corría por un balde de agua (como si de perros se tratase) Lovino pateó a los dos por igual hasta hacerlos llegar afuera del salón. Sin embargo, no esperaron encontrarse con un carrito de comida recién hecha con la que chocaron y se desviaron a las plantas decorativas.

—A mí defensa…—vaciló Govert, dudando. Por primera vez Arthur sintió que debía reprender a su hermano por el intento de carcajada silenciosa, fallida. —él se metió con mi hermana.

— ¡Govert, eso no se dice! —reprochó Emma con las mejillas rojas.

— ¡Él no se refería a lo que pasan en la televisión para adultos! —gritó Antonio de repente, intentando aclararlo. El Director alzó una ceja. — ¡N-No es que yo los vea!

— ¿Podemos mandarlos al matadero para que pueda ir a dormir de una buena vez? —bramó Lovino.

— ¡Lovi! ¡Si tú vas yo voy! —cortó Antonio, echándosele encima.

—Si puedo ver tú muerte primero entonces podría morir feliz. —dijo Govert, mirando la estantería.

— ¡Nadie te está invitando! —Antonio le saco la lengua, en un gesto infantil. Lovino sintió un abrazo mucho más intenso y deseos más grandes de matarlo. —Emma, también estás invitada.

—No quiero interrumpir a los amantes. —chasqueó los dedos, guiñándoles el ojo. Las mejillas de ambos castaños se encendieron de color rojo.

El Director miró a los hermanos Kirkland, en un intento desesperado para que pararan de una vez toda la idiotez que tenía enfrente antes de que sus neuronas se quemaran por completo. Arthur por su parte lo imitó, dirigiéndose a Scott que se mordía los labios intentando contener las risas.

—Yo me encargo. —suspiró Arthur. — ¡Ustedes idiotas…!

—No, lo hago yo. —intervino Scott con una mano en su hombro que lo empujo con fuerza atrás. —Es suficiente, Govert. No es propio de ti actuar de esta forma, mucho menos frente a tu querida hermana.

Govert lo miró, formando una mueca.

—Por otra parte, siendo Lovino Vargas un alborotador como he escuchado no me extraña que te veas mesclado en sus asuntos.

— ¡Lovi no es ningún alborotador! —gritó Antonio, poniéndose bravo. Nadie se metería con Lovi en su presencia.

—Lo dice el tipo que esta becado por su abuelo. —aplaudió con sorna. —El perro faldero de la familia Vargas.

— ¡Antonio no es ningún perro! —refunfuñó Lovino. El hispano lo miró, lleno de cariño. —Será un bastardo, un imbécil, una patata a medio cocer, pero…

—No es necesario que me defiendas, Lovi. —susurró Antonio, decaído.

—Sabía que cometía un error aceptándote en esta escuela también. —intervino el Director, en automático todos guardaron silencio. —Pero el Señor Vargas insistió demasiado.

—Puff, como si fuera a creer que el bastardo de mi padre…

—Me refiero a Máximo Vargas, tú abuelo.

El español mordió su labio, sabiendo lo doloroso que era para su mejor amigo escuchar esas palabras cargadas de burla, aunque esta vez era diferente, ¿tanto había pasado en aquellos años que no se vieron? Tanto que ahora Lovino ni siquiera tenía expresión alguna cuando le recalcaban a su padre. Antonio agachó la cabeza, eso Govert lo pudo notar; la razón no.

—Tsk. —la lengua de Lovino chasqueó, desviando la cara a un lado. —Ese maldito, siempre haciendo lo que se le viene en gana.

—Creo que esto se está saliendo de control. —intervino Emma, sonriente. —Sólo fue una pequeña disputa entre mi hermano y Antonio. Lovi no ha hecho nada malo. —El Director la miró con severidad, como si quisiera traspasarla.

—Emma tiene razón Director. Si me permite intervenir, fui testigo de que Lovino Vargas estaba intentando separar a ambos. —Scott habló. Arthur se giró a él, lleno de sorpresa. —Si me permite, les daré un castigo apropiado a los dos.

—Yo soy el Presidente del Comité de Disciplina. —intervino Arthur, recordando que estaba ahí. —El castigo debería proporcionarlo yo.

— ¿Apenas te vienes dando cuenta? —ironizó Scott. —Tienes más cosas de las cuales preocuparte.

—No dejaré que esta institución pierda prestigio por culpa de ustedes. —sentenció el anciano, los hermanos Kirkland sintieron como si también fuera dirigido a ellos. —Me importa muy poco los problemas que tengan entre ambos, por una señorita tan especial como Emma.

Vaya educador…—pensó Arthur, rodando los ojos.

— ¿Cómo le puedo hacer entender esto, querida Emma? —continuó, mostrando los dientes en una sonrisa fea. —Su hermano siempre salta por usted en situaciones como esta; así que, si piensa en ofrecer sus servicios, hay muchos burdeles allá afuera.

Un pitido resonó en cada uno de los presentes, constante, abrumador.

Govert sintió que la sangre se le drenaba por completo de su cuerpo, siendo sustituida por un fuego que lo quemo desde la punta de sus dedos hasta la base de su cabello. No supo que paso en los minutos que pasaron, sólo sabía que Scott le retenía su puño que estaba a milímetros de la cara del Director.

—Viejo infeliz…—gruñó Lovino, reaccionando. — ¡Discúlpate con Emma, imbécil!

— ¡Lovi! —Antonio lo retuvo, sosteniéndolo por debajo de los brazos. El italiano soltó varias patadas al aire, ante un divertido Director.

— ¿No debería hacer algo, Kirkland? —preguntó sin retirar su sonrisa. Arthur tembló en su lugar, incapaz de decidir. — ¿Tengo que elegir a otro representante de Disciplina?

—Sólo ayúdame a sacarlos de aquí. —ordenó Scott, aventando a Govert fuera de la Dirección. Arthur se apresuró entonces a mover a Emma con delicadeza, pidiéndole perdón con la mirada. Al frente Antonio ya se encargaba de los gritos de Lovino, maldiciendo al Director.

El portazo resonó en el pasillo vació cubierto de sombras. Scott y Antonio seguían luchando con Lovino y Govert, sobre todo con este último que no daba señales de querer calmarse.

—La estas asustando Govert. —dijo Scott, sólo para ambos.

—A ti te importa una mierda, al parecer. —bufó, soltándose de su agarre.

—Te acompañaré a tu habitación. —Emma miró a Scott con una sonrisa cansada. Con una despedida rápida, ambos avanzaron. —Ustedes a su habitación de inmediato o el castigo será poco más que severo. —ordenó.

— ¿Qué le pasa a ese tipo? —gritó Lovino cuando Scott ya estaba muy lejos para escucharlo. —Primero nos ataca, después nos defiende y luego nos ataca de nuevo.

—Así es él. —dijo Arthur, encogiéndose de hombros. Al darse la vuelta se encontró frente a Govert. —Lamento no haber podido hacer nada allá adentro…, Emma es una buena chica no merece ese trato.

—No es algo que tenga que ver contigo. —respondió, hundiendo las manos en el pantalón de su traje. Todo el esfuerzo del fin de semana se esfumó con tal estupidez. —Vamos, Robín.

Lovino se sorprendió cuando fue llamado, casi pego un brinco del susto. Antonio entonces tomó su mano incapaz de dejarlo ir.

— ¿Escuchaste lo que dijo Scott? —preguntó Arthur, molesto.

—No. —contestó, frío. —Andando, Lovino.

Antonio se aferró más a él, esperando poder disipar la idea de su cabeza de que Lovino lo dejaría por su peor rival. Por la persona que más le preocupaba que fuera su amigo. —No estoy de humor para soportar esto de nuevo. —soltó Lovino, fatigado. —Vamos, cejotas.

La mano a la que se había aferrado comenzaba a soltarse, a desprenderse de él. Y de una u otra forma le aterró.

—.—.—.—.—

—Es como una comedia romántica. —se burló Arthur, girando las llaves en el picaporte. —Tú relación con Antonio y Govert.

— ¿Me estás diciendo gay, imbécil? —protestó, azotando la puerta al cerrar.

— ¡Sí! —aceptó con una risa burlona. —No me lo puedes negar cuando ellos dos están haciendo semejantes escenas para obtener tú atención. Eres como la chica a la cual hay que salvar.

— ¡Jodete!

Arthur se encogió de hombros, soltándose la corbata para comenzar a desvestirse. Estaba demasiado cansado, esperando como afrontar al director al día siguiente sobre Matthew y Alfred; aunque a decir verdad ahora otra cosa también inundaba sus pensamientos, Emma y Scott. Por lo que conocía de su hermano él nunca reía por lo bajo, mucho menos con el Director presente.

—Govert…—comenzó, alzando la mirada. Lovino se terminó de sacar los pantalones, echándolos en la esquina contraria a la cabecera. —Se lleva muy bien con Scott, ¿no crees?

— ¿Hum? —Lovino volteó a él, pensativo. —Eso parece.

—También con Emma.

—Bel se lleva bien hasta contigo, no sé qué te sorprende. —se encogió de hombros. Hasta que comenzó a enlazar cosas en su cabeza y puso una cara de repugnancia. — ¡No me digas que quieres que Bel sea la novia de Scott!

— ¡Claro que no!

—Ahora que lo dices, —se detuvo, llevando la mano a su mentón. —el bastardo de Scott se fue con ella…, en un pasillo vacío, todos los demás siguen en la fiesta…y… ¡Bel!

— ¡Estás saliendo en calzoncillos! —gritó Arthur. Fue tarde, la puerta ya se cerró de un portazo. —Idiota Lovino.

No paso más de cinco minutos para que la puerta se abriera de nuevo, dejando entrar a un tembloroso italiano.

— ¡Pudiste habérmelo dicho! —gritó, aventándole un cojín en la cabeza.

— ¿Y perderme como te humillabas tú solo? —preguntó Arthur con una sonrisa. —No, no.

Lovino chasqueó la lengua, molesto. Ya iba abrochándose el ultimo botón del pijama cuando tocaron a la puerta suavemente, como si no quisieran hacerlo. Arthur lo miró desde su cómoda posición en la cama, advirtiéndole que él no movería ni un solo musculo para abrirla.

—Si amaneces con un pitón en tu cama, no me preguntes a mí. —bufó, abriendo de jalón. — ¿Anto-?

Arthur bostezó, antes de tirar la cabeza en la almohada y dormir placenteramente.

— ¡Qué mierda, Antonio! —gritó cuando el hispano lo metió de un empujón a su habitación.

— ¡Lovi! —llamó, mucho más alto. Lovino calló de inmediato, Antonio no solía levantarle nunca la voz.

— ¿Qué pasa, bastardo? ¿Qué es tan importante para que me secuestres a estas horas? —hizo una mueca, echándose en la cama. —Escucho.

— ¡Yo antes salía con Emma! —soltó de golpe. Lovino se quedó tieso sintiendo un piquete en el pecho que comenzaba a extenderse. Se incorporó sobre sus codos temblorosos, sin saber por qué, sentía deseos de huir de ahí.

—E-Eso ya lo sabía. —bufó, desviando la mirada. —Son bastante obvios los tres.

— ¿Tres? —preguntó Antonio, sentándose en la orilla de la cama. Lovino recogió sus pies, evitando el contacto.

—Govert, Emma y tú. —se encogió de hombros, abrazando sus rodillas. —No tengo muchas pistas, pero creo que entiendo la mayoría de las cosas que están pasando. Un Govert sobreprotector, Emma y tú saliendo, le debió doler mucho cuando terminaste con ella; por eso su hermano te odia.

—No entiendes nada, Lovi. —intervino Antonio ocultando su mirada, inconsciente apretó los puños sobre el edredón. —Todo lo que has dicho es incorrecto.

— ¿Ósea que ella te termino? —intentó sonar burlón pero la voz se le quebró al final. El hispano al parecer ni se percató de ello. De verdad, ¿por qué comenzaba a comportarse así? —Seguro que te la pasaste tonteando.

—Emma y yo no hemos terminado. —admitió con una sonrisa fingida. La boca de Lovino tembló, arrebatándole un gemido de incredulidad. ¿Había estado tan ciego? ¿Acaso ellos se veían a escondidas de Govert?

¿Acaso Antonio incluso se había escondido de él?

—Ya. —cortó poniendo su mentón sobre sus rodillas. No quería mirarlo. —Entonces salen a escondidas de todos.

— ¿Qué?

—No necesitas decirme más. —dijo poniéndose de pie, Antonio pegó un brinco, atónito.

—Lovi, espera. No creo que me estés comprendiendo. —pidió intentando alcanzarlo, Lovino evitó el contacto echándose para atrás.

—Está claro que ya ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos. —comentó, rehuyéndole. Antonio se puso pálido de solo pensar lo que venía. —Ya no eres el Antonio que conozco.

—Lovi. —Antonio frunció las cejas, haciendo un mohín. — ¿Estás viendo novelas extranjeras?

— ¿Qué?

—Suena como si me fueras a decir que asesine a alguien. —sonrió, dando unos pequeños aplausos se acercó a él. —Buena interpretación, Lovino Alberto Gonzales del Arrollo.

— ¡Te estoy hablando enserio!

—Lo sé, lo sé. —se encogió de hombros, sin borrar la sonrisa de su rostro. —Sólo que me resulta imposible no tomarte el pelo, Lovi.

El italiano se mordió el labio, enojado. Bien, si Antonio se pondría en ese plan entonces no tenía nada más que decir. Al abrir la puerta, la mano del español la volvió a cerrar con fuerza, poniéndose detrás de él.

—Lovi. —llamó sobre su cuello. El nombrado se sonrojo por la cercanía. —Lo siento mucho.

—No todo se puede resolver con disculpas, bastardo. —alegó él, respirando pesado. —Debes entender eso de una buena vez.

—Te herí, ¿verdad? —preguntó. —No pensé que me celaras tanto.

— ¡Traga mierda, gilipollas! —gritó, volteándose de inmediato intentando arremeterlo a golpes. Lo que sucedió después dejo paralizados a ambos, a escasos milímetros uno del otro, sus narices se rozaban haciendo una fricción suave pero que mando una corriente eléctrica en ambos. Los dos se miraron por cuestión de segundos, haciendo una conexión visual tan fuerte que de inmediato tuvieron que apartar la mirada, avergonzados.

Sin darse cuenta, Lovino se pegó por completo a la puerta con la respiración acelerada y las mejillas ardiéndole. Antonio por su lado, dio un traspié con un suéter tirado en el suelo, cayendo de sentón. Para cuando el italiano volvió la mirada hasta él, notó una reacción que jamás vio en todos los años que llevaba con él, una inocente, avergonzada y tímida. Con una mano el hispano se tapaba el rostro, intentando en vano ocultar el sonrojo que tenía plantado. Al verlo, Lovino sintió un nudo en el estómago emanando calor hasta la garganta, sintió deseos de salir corriendo y así lo hizo, pero al abrir la puerta fue mandado al suelo por Gilbert y Francis que le cayeron encima.

— ¡Chicos! —gritó Antonio, saliendo del trance y socorriendo a Lovino, sobre todo. El menor lo miró, esperando ver una reacción de incomodidad en su cara, no fue así, regreso a ser quién era en un solo momento.

Debía ser muy noche, se veía que los dos llegaban ebrios de sueño y diciendo puras tonterías.

— ¡Encontré a una asombrosa hermosura! —gritó Gilbert, abrazando a Lovino. Este puso cara asqueada al instante.

—Sí, me importa una mierda. —reprochó Lovino, aventándolo a un lado. — ¡Seguro que ni siquiera reparo en ti!

—Le pregunte por Gilbo si vestiría un traje de Santa sexy, y huyó. —gimoteó Francis.

— ¡Las personas decentes hacen eso cuando un pervertido les habla! —estalló Lovino, poniéndose detrás de Antonio. La vergüenza que ambos sintieron hace pocos minutos desapareció por completo.

— ¿Y cómo era ella? —preguntó curioso Antonio.

— ¡Era la chica más hermosa que he visto! —anunció Gilbert, subiéndose a la cama. —Ya sabes de lo que hablo. —sonrió, simulando con las manos un par de pechos.

Este imbécil. —pensó Lovino moviendo la cabeza en manera negativa.

— "Tell me more, tell me more. Did you get very far?" —comenzó Francis con una sonrisa pícara. Las caras de los otros dos se iluminaron de inmediato, mientras Lovino intentaba recordar donde escuchó aquella frase.

Cuando volteó a preguntar a Antonio notó que este estaba al lado del estéreo, seleccionando una canción en su reproductor.

— "Tell me more, tell me more. Like does he have a car?" —la canción sonó al compás de los movimientos de Gilbert imitando a Jonh Travolta. Lovino nunca esperó ver una versión grotesca de Grease pero, bueno, ahí la tenía.

— "She swam by me, she got a cramp." —siguió Gilbert, atándose la corbata a la cabeza, sacudiendo su playera por encima de la misma. — "I saved her life, she nearly drowned. Summer sun, something's begun. But uh, oh, those summer nights."

—Ni siquiera estamos en verano, malditos idiotas. —gruñó el italiano cubriéndose la cara con ambas manos.

— "He got friendly, holding my hand." —al parecer a Francis ya no pareció importarle la voz de Olivia Newton, pues comenzó a cantar a la par con ella.

—"She got friendly, down in sand." —siguió Gilbert. Antonio por su parte solo estaba imitando el baile de las escenas, ignorando los gallos que sus amigos soltaban sin parar.

—"He was sweet, just turned 1 8"

— "Well, she was good, you know what I mean." —esta vez Gilbert, travieso, señaló a Antonio y después a Lovino. Siento el ultimo quien fue el que lo noto.

—Entonces era una chica maravillosa. —dijo Antonio, sonriente. Al parecer sí se percató de ello.

— ¡Cállate, imbécil! —protestó, sonrojado.

—Ven princesa, te mostraré lo que es un verdadero hombre. —llamó, golpeando la cama. La cara del italiano se contrajo en pura repulsión.

— ¡Lovi no perderá su virginidad contigo! —haló Antonio, fundiéndolo en un abrazo.

—Lo hará con el tío Francis. —completó él, uniéndose al abrazo.

— ¡MUERANSE, MALDITOS DEGENERADOS!

La habitación explotó en gritos y golpes, después, volvió a hundirse en silencio cuando la siguiente canción del reproductor sonó, a todo volumen. Gilbert, Francis y Antonio, subieron a la cama imitando la coreografía entera.

— "Go, Greased Lightning, you're burning up the quarter mile" —cantó Gilbert, señalando a los alrededores con el dedo.

— "Greased Lightning. Go, Greased Lightning!" —completaron Antonio y Francis alzando el puño al cielo.

—"Go, Greased Lightning you're coasting through the heat lap trials." —Lovino le echo todas las maldiciones que se sabía cuando vio que comenzaba a bailar, de nuevo, como John Travolta, abriendo y cerrando las piernas. Los malditos seguro que habían visto Grease alguna de las anteriores noches y sólo esperaban el momento justo para reproducirlo.

— "Greased Lightning. Go, Greased Lightning."

— "You're supreme. The chicks'll cream for Greased Lighning."

— ¡WOOOO! —gritaron los tres, lanzándose sobre él.

— ¡Pesan, malditos bastardos! —gritó removiéndose como lombriz.

—Espera, espera. ¡La siguiente canción ya comienza! —Antonio tomó la muñeca de Lovino que intentaba con todas sus fuerzas salir de ahí. — ¡Deberíamos cantar otra para animar más el ambiente!

Oh, mierda. ¿Quién tenía canciones para niños?

—Debería romperles el culo por obligarme a escucharlos. —contradijo Lovino, pateando a Antonio.

—Tú cantas precioso, Lovi. Canta para mí. —pidió, pasándole el micrófono-plumón.

—Kesesese~ afina tus cuerdas vocales, princesa.

—Muérete patata. —gruñó, aventándole el plumón a la cara. —Me largo a dormir.

Antes de que cerrara la puerta, escuchó la canción de Frozen comenzando a reproducirse. No quiso imaginarse nada más cuando lo último que vio fue un pantalón volando hasta él a coro con un "¡Libre soy!".

—.—.—.—.—

Arthur se talló el rostro dejándolo rojo por la fuerza empleada, a su lado Matthew y Alfred se removían nerviosos, incapaces de poder decir algo en defensa para darle ánimos al Presidente del Comité Disciplinario. No fue hasta que el inglés tocó la puerta de la oficina directiva que ambos volvieron a sus realidades, con los dientes temblando esperaron un pase el cual llegó segundos después.

— ¡Papá! —gritó Alfred sorprendido de verlo ahí. Nunca le dijo que iría.

—General Jones. —de igual forma Matthew parecía iluso de verlo.

—Aquí están. —suspiró el hombre, relajándose. —Me preguntaba cuando llegarían. Supongo que este jovencito de aquí es Arthur Kirkland, Matthew me ha contado mucho de ti. —saludó, poniéndose de pie.

Arthur no supo cómo reaccionar, sólo sonrió cortado esperando que aquello no fuera muy grosero de su parte. No fue hasta que escuchó a alguien aclarándose la garganta que sudó frío, como si hubiera muerto se puso pálido casi tocando el color de los huesos. Su padre también estaba ahí, tomando té con el Director.

—Arthur.

—P-Padre. —contestó, avanzando rápidamente para saludarlo. Al estar delante esperó una bofetada cruzando su rostro, sólo recibió un cálido abrazo del hombre mayor, estrujándolo con fuerza. Parecía lleno de orgullo.

—Justo me acababa de presentar con tu padre. —dijo el padre de Alfred, sonriente. —Me ha contado maravillas de ti. Estoy muy agradecido de que hayas defendido a mis hijos.

— ¡Papá! —gritó Alfred. — ¿Por qué no me has avisado que venías? ¿Podremos ir por hamburguesas después? ¡Matthew también puede venir! —agitó las manos con energía, como un niño pequeño que recibía un dulce.

—No he venido a comer hamburguesas. —contestó serio. Arthur sintió que estaba viendo una versión adulta y madura de Alfred, lo cual lo hizo reír bajo.

—Pero comeremos una, ¿verdad? —preguntó Alfred, asustado. Matthew asintió con la cabeza cuando su padre volteó a ver a Director.

—Es verdad. —el padre de Arthur volvió a tomar asiento. —Llegábamos a un acuerdo con usted. —dijo, refiriéndose al Director. —Dejar que Arthur sea el tutor de Alfred y Matthew, ¿no es verdad?

— ¿QUÉ? —gritaron Alfred y Arthur al mismo tiempo.

—Han progresado mucho desde su tutoría. —alegó el Director, con una sonrisa falsa que Arthur supo reconocer muy bien. —Quisiera ver hasta donde son capaces de llegar hasta el fin de año.

No estaba seguro del todo, pero su padre tenía mucho que ver en la decisión tomada por el directivo. Le alegró, por una vez, se alegró de que su padre se metiera en sus asuntos.

—Entonces, ¿no estamos expulsados? —preguntó Matthew, sin lograr creérselo.

—No, hijo. —respondió su padre con una clásica sonrisa americana.

El grito de Alfred estalló por todo el despacho.

—Es un joven lleno de energía. —dijo el Sr. Kirkland hacía Arthur. —Todo lo contrario a Kiku, ¿no?

— ¿Por qué comparas a este idiota con Kiku? —bufó, alzando sus cejas. Su padre soltó una carcajada que le provocó un puchero al rubio.

—No me extrañaría que fuera un gran amigo para ti después.

—Se ha autoproclamado el héroe que va a salvar a la escuela de mi gobierno del terror. —ironizó, poniendo mala cara. —Soy el príncipe de las sombras.

Él sonrió, mirando a Alfred correr de un lado a otro con las manos alzadas, Matthew y su padre intentaban detenerlo pues el Director parecía estar cambiado de opinión al contemplar tan descabellada escena.

—Eres un príncipe, sí. —afirmó, dándole palmaditas en el hombro. —Sólo le hace falta darse cuenta que no perteneces a las sombras.

— ¿Padre?

—Cuando se dé cuenta de ello, no se alejará de ti ni un solo momento.

Arthur no comprendió aquellas palabras muy bien, aunque le restó importancia parecía que su padre estaba hablando más para él mismo. Mejor contemplo lo que tenía adelante, un Alfred mayor regañando a un Alfred menor, quién como un cachorro pequeño buscaba el perdón de su dueño. Le recordó a un labrador, sólo le faltaba una correa con su nombre escrito en ella y una dirección de donde buscarlo.

La cual, para su desgracia, sería la suya.

—.—.—.—.—

Para Lovino ya no era extraño ninguna de las cosas que se le ocurrían al BFT, cómo en ese momento, había tenido muchos más en la infancia. Por más que odiara que lo avergonzaran, sabía que si quería una tarde divertida salir con ellos era lo más recomendable que podía hacer. Y era lo deseaba en ese momento, divertirse con las idioteces de esos tres, aunque primero muerto que admitir que pasaba un buen rato con ellos, quienes volvían a imitar una escena de Grease. Con Antonio imitando a Travolta, Francis a Newton y Gilbert cantando los coros.

You're the one that I want. Oh, oh, oh. Honey, you're the one thah I want. Oh, oh, oh.

Una pequeña risa escapó de sus labios al verlos bailar tan deliberadamente frente a una cuarta parte de la escuela, quienes reían a carcajadas por la actuación. Uno que otro gravaba con el teléfono.

Justo cuando comenzó a tararear en voz baja "Oh, oh, oh. Honey." Un mensaje simultaneo resonó en todo el campus, haciendo callar también al BFT. Sin esperar más todos sacaron sus celulares, extrañados de que no fueran los únicos; Lovino imitó al resto, cuando abrió el mensaje del número desconocido, lo que encontró fue un horrible vídeo que le hizo soltar el teléfono de inmediato; como si su contacto quemara.

Sintió la mirada de Antonio, atónita, la ignoró. Sus piernas comenzaron a correr antes de que se diera cuenta, en dirección a una sola persona que podría explicarle aquello, que le diría que todo era falso y él se lo creería sin ni siquiera pensarlo. Que le podía explicar el por qué en el vídeo estaba golpeando a una mujer.

Y ese no era otro más que Govert.


Sí, estaba viendo Grease cuando escribí esto.

¡Lo lamento! Perdí la comedia en este capítulo y me fui de lleno en el drama que tenía que entrar suave y calmadito. Culpo a las series, doramas y FanFictions que he estado viendo. Yo quería meterle mucho humor para darle una ligera entrada al pasado de Emma, Antonio y Govert pero nada más no se pudo.

También lamento la tardanza, pero por lo mismo que no me convencía (al no tener humor) mis neuronas se quemaron y al final dije "a la mierda todo, ya paso el mes, como salga, como salga." Y así terminamos en esto.

Como dato adicional he de decir que me encanto poner a los BFT cantando. No sé, me los imagine bailando como John Travolta. Me partí de risa al escribirlo.

¿Teorías conspiratorias sobre lo que está pasando?

Saludando a los que me dejaron reviews:

Dark-nesey, GinYang98, TeaParadise, MikoBicho-chan, tomato49 & -fanfics. ¡Gracias!

Y por supuesto, gracias también a los que me agregan a favoritos y follows.

Prometo que el otro capítulo estará menos pesado en cuanto a drama y retomaré el humor característico del Fic.

Con cariño,

MimiChibi-Diethel.