Capítulo 43: Déjà vu.

Se sentía sumamente bien.

Sus brazos rodeando el cuerpo ajeno, un par más fuerte conteniendo el suyo. Un contacto que añoraba desde hace días. Algo simple, pero que de alguna manera traía gozo infinito a su corazón.

Estaba acá, junto a ella.

Estaba viva.

Podía oír el corazón de Makoto latir. Y el rítmico sonido le traía buenos recuerdos. Las memorias de noches en las cuales no podía conciliar el sueño y se desvelaba hora tras hora, sin encontrar remedio a su insomnio. Pero que terminaban cuando reposaba su cabeza sobre el pecho de la castaña y se concentraba en el sonido que emitía su corazón cada vez que pulsaba bajo su oído.

Era algo que la relajaba y siempre la conducía a un sueño profundo.

Pero el de ahora era ciertamente diferente. No era un ritmo tranquilo, ese que ella recordaba. Era más bien descontrolado, acelerado. Como si el corazón de Makoto hubiera estado esperando este reencuentro con tanto fervor como la misma Ami.

- No puedo creerlo... – Una de las manos de la castaña abandonó su sitio en la espalda de la peliazul y subió a encontrarse con el rostro de ella. Una suave caricia, de esas que roban suspiros, fue entregada en una de las mejillas de Ami. – Realmente caíste, bruja. –

- ¡Aléjate de ella, Ami! – Advirtió Rei, pero ya era muy tarde.

La misma mano con la que Makoto acarició a su antigua compañera, se hizo con el collar de la joven y comenzó a ahorcarla con él. Se le unió la otra mano, ahora con ambas estrangulaba el cuello de la portadora de la Lágrima Azul.

Pero el plan no acababa allí.

Los soldados que debían atrapar a Ami, fueron comandados a salir de sus escondites y dispararon sus señales de humo contra el suelo, levantando una densa cortina oscura que impedía la visualización de todo el terreno.

- ¡No puede ser! ¡Ami, iré a ayudarte…! – Rei siente que alguien la toma de la mano y la arrastra lejos del caos.

Haruka se cubre la nariz con el cuello de su blusa. Atenta a sus alrededores, comienza a dar cortos pasos.

- "¿Dónde están? Sé que vendrán a atacarnos." – Era obvio que los guardias reales usarían este humo para acecharlas y luego emboscarlas. Tenía que tener sumo cuidado o podía terminar siendo atrapada por el enemigo. – "¡Lo tengo!" – Una idea cruzó por la mente de la rubia. – "Crearé una ráfaga poderosa con mi espada y disiparé este molesto humo…" -

Alguien la agarró por el hombro y la tiró al suelo.

Lo siguiente que Haruka supo es que tenía un guardia real sobre ella, apuntando una daga contra su cuello, listo para matarla.


Este angosto y sucio callejón no era lugar para dos personas. Pero era el único sitio que Minako había encontrado para guarecerse junto a Rei y no pensaba quejarse.

Que el humo haya llegado hasta este sitio era un problema y una ventaja al mismo tiempo. Nadie las veía a ellas, pero carecían de claridad para ver si alguien venía por el frente o por sus espaldas.

- Esto está muy mal... – La rubia corrió de forma desesperada una mano por su flequillo. - ¡Todo está fuera de control! –

Maldecía el día que puso pie en este estúpido planeta.

- ¿Qué rayos te pasa, Minako? – Preguntó enfurecida Rei. La rubia estaba justo frente a ella, estorbando en su camino. - ¡Déjame salir! ¡Debo ayudar a Ami! –

- ¿Estás loca? – Iba a ser buena con la pelinegra e iba a explicarle la situación en la que estaban. Todo hacía parecer que no entendía lo peligroso que resultaba salir de este callejón. - ¡No tienes armas, no posees poderes maravillosos, menos resistencia o habilidades favorables para la lucha! ¡Estás en gran desventaja contra todos los soldados que andan allí afuera buscando matarte a sangre fría! –

Y a Minako le dolía tener que ser ella la que recordara esto a Rei. Pero debía hacerlo. Esta mujer sin cordura quería lanzarse a una muerte segura y no planeaba ser cómplice de eso.

- Tienes razón. - Dijo la azabache con la cabeza agacha. – Soy nada comparada contigo, con la ex capitana y su espada, con Ami y sus poderes… - Lo sabía muy bien, pero nada de eso iba a detenerla. Tenía sus manos, tenía su valiente corazón latiendo, los ardientes sentimientos que adentro de él se albergaban. - ¡Nada de eso me importa! ¡Yo no me voy a detener! –

Alguien allá afuera necesitaba su ayuda y ella no se quedaría sin hacer nada.

- Ami me necesita a su lado. – Como pudo, Rei apartó a Minako del camino. Con determinación, comenzó a marchar hacia el campo de batalla. En ningún momento miró atrás. – Tú puedes quedarte acá. –

Qué duro es cuando la realidad te golpea de forma violenta en la cara.

- "Rei la ama ciegamente." – Sí, siempre iba a maldecir el día que llegó a este podrido planeta. – "Deseas estar a su lado y apoyarla. Pero cuando tú caigas, ¿quién estará a tu lado para ayudarte, Rei?" -

La rubia se hizo con su espada.

- Quizás la maldita sea yo. – Después de todo, caminó varios días por el desierto de Telián. Algo de la maldición se le tuvo que haber quedado encima. – Siempre me intereso en personas equivocadas. –

Minako abandonó la seguridad del callejón y fue en busca de Rei.


Makoto continuaba estrangulándola sin misericordia con su propio collar.

Su rostro no reflejaba emoción alguna, aparte de que sus ojos carecían del brillo característico que Ami recordaba. Era como una persona totalmente diferente.

- "¡No puedo quitármela de encima!" – Y no deseaba atacarla. Por ningún motivo quería usar sus poderes contra la castaña, pero sus opciones se estaban acotando. Se estaba quedando sin aire y fuerzas para luchar. Iba a morir en manos de Makoto si no hacía algo. – "No quiero dañarla, no quiero…" -

Entonces la cadena del collar termina cediendo, casi como escuchando las súplicas desesperadas de Ami.

Makoto quedó con la Lágrima Azul en sus manos, sin saber qué hacer ahora. La peliazul está tirada en el suelo tomando bocanadas de aire y llorando, sus manos sosteniendo su adolorido cuello.

- Eres patética. – Dijo la única en pie mientras observaba a su "enemiga". – La reina me dijo que eras una máquina asesina sin piedad. ¡Pero mírate, apenas puedes contra mí! – Un sentimiento extraño se formaba en su pecho al verla abatida en el suelo, sin esperanzas y con todo en su contra. Pero algo obligaba ese sentimiento a desaparecer. – Realmente siento lástima de ti, bruja. -

¿La que hablaba era realmente Makoto?

- Me encanta tener siempre la razón. – Se unió una nueva voz a la conversación. – Hacía falta un señuelo apropiado para atraparte. –

Una silueta comenzó a hacerse visible de a poco en medio de la cortina de humo que las rodeaba. Eran las pesadillas y miedos de Ami tomando forma. Una existencia que se había encargado de hacerle la vida imposible desde que llegó a este planeta. No, esta mujer desde hace mucho antes que había puesto sus ojos en ella.

- Sabía que no la atacarías. No serías capaz de dañar a la persona que amas, ¿verdad? –

Y cuando la reina apareció finalmente, sintió que revivía un encuentro antiguo que ocurrió en otro contexto y ocasión.

- Creciste mucho, niña. – Este era un real monstruo. Makoto, quien entregó el collar a la mujer que llegó a su lado, era una simple marioneta. – Pero sigues siendo una estúpida e ingenua basura molesta. –

Lágrima Azul estaba en las manos equivocadas.


Capítulo 44: El animal que hay en mi interior.

Pueden haber pasado incalculables años desde el día que marcó el comienzo de esta historia, pero en la memoria de Ami persistía este único recuerdo, uno de los pocos que han podido reflotar desde las profundidades de su inconsciente.

Aquel día, cuando la pequeña princesa del prometedor reino cruzó caminos con una codiciosa reina sedienta de poder. Fue allí que todo esto comenzó. Y ha perdurado hasta los días presentes, tanto por los anhelos de la reina o las decisiones tomadas por la portadora del collar.

Pero el fin lucía cercano.

O eso pensó Ami, aterrorizada de ver su preciado collar en las manos de su terrible enemiga.

- No sabes cuántos problemas me causaste, bruja. – Esta mujer estaba claramente dando sus últimos respiros. No se asemejaba en nada al recuerdo que tenía de ella. Era horrible y maltrecha, sus ojos rojos parecían querer salirse de sus cuencas. La piel de su cuerpo estaba opaca y agrietada, manchas extrañas cubrían su extensión. Un par de manos huesudas sostenían su collar, afiladas uñas acompañaban cada dedo. El cabello gris, pajoso y sin lustre le daba el aspecto de una anciana.

Pero aquí estaba, luchando por cumplir con su malvado plan.

- Y pensar que iba a perdonarte la vida… - Ya no le quedaban fuerzas ni para hablar. – ¡Pensé en hacerte mi mano derecha si aceptabas unirte a mi bando! –

¿Cuál era la razón de gritarle todo esto ahora?

- ¡Pero fuiste terca y estúpida! – La mujer apretó en su mano la preciosa piedra del collar. Se estaba poniendo furiosa de solo recordar todas las malditas veces en que la joven arruinó sus planes. - ¡Te dejaste influenciar por toda esta gente del desierto y terminaste corrompida…! -

- ¡Estás equivocada! – Ami finalmente alzaba la voz. – ¡La única corrompida eres tú! ¡Menosprecias a la gente y utilizas a todos a tu antojo! – Eso era algo muy bajo e inhumano. - ¡Eres la enemiga de todos los habitantes de este planeta! –

Deseó avanzar contra la reina, pero frente a ella se puso Makoto, protegiendo a la villana.

- Sí, tienes razón. – La risa de la mujer era seca. – Solo pienso en mí. Quiero tener todo el poder únicamente para mi favor y pienso matarlos a todos. ¿Qué hay de malo con eso? – Esta era su forma de pensar. – Tú y yo no somos muy diferentes. Tus manos están manchadas igual que las mías. También defiendes tus principios con la fuerza, así como yo… -

- ¡Eso es mentira! – Gritó en su defensa Ami. – Yo no soy… - Ella no era una asesina, ¿verdad? – Yo no he… -

- ¡Acéptalo! – La reina comenzó a retroceder lentamente. Una marcha lerda y cansada. Realmente no le quedaba mucho tiempo. Pero este collar seguramente tenía suficiente energía para devolverle la vitalidad que necesitaba. Solo un poco más, solo deseaba matar a esta chica con sus propias manos. - ¡Antes que te mande a la tumba! –

Lo cortina de humo que las rodeaba iba siendo disipada de a poco por la brisa nocturna.

- ¡Mi collar! –

Ami podía ver claramente cómo la gema iba siendo despojada de su energía. La reina estaba drenando el poder, fortaleciéndose con él. Al parecer, este era su último recurso. Y le estaba resultando muy bien. Su marchito cuerpo iba ganando nuevamente fortaleza. Sus garras presionaban con mayor firmeza su Lágrima Azul, deseosas de arrebatar hasta la última gota de su maravilloso poder.

- ¡Ya detente! –

- Ni lo creas. – Un brazo la sostuvo desde la cintura. Agarre firme que no la dejó dar un solo paso en dirección a la reina. Se trataba otra vez de Makoto. – Eres una persona persistente. – Dijo mientras se resistía a las protestas de la peliazul. – Deja que todo siga su curso tal como debe ser… -

- ¡No, ya deja de decir tonterías! – Gritó Ami mientras forcejeaba. - ¡Esta no eres tú, Makoto! ¡Esta mujer te está utilizando! –

- Ella me advirtió que tratarías de hacerme cambiar de parecer. – Pero no iba a permitir que sus palabras la afectaran. – No caeré en tu juego, bruja. -

El infierno iba a ser desatado en la tierra.

La tierra estaba temblando sin control. Las vibraciones subterráneas mecían de un lado a otro las viviendas y a ellas. Era complicado estar de pie. El suelo parecía querer abrirse para tragarlas

Los crujidos que se oían eran terroríficos.

El cielo oscuro carecía de estrellas. Quizás, temerosas, se escondieron, abandonando a las víctimas a merced de su enemiga.

Tinieblas aguardaban por presenciar una masacre. Querían ver correr sangre inocente esa noche.

- ¡Por favor, escúchame! – Suplicaba la peliazul desesperada. - ¡No soy tu enemiga, menos deseo hacerte daño! ¡Es la reina contra quien debemos luchar! – La misma mujer que frente a ellas se estaba despellejando de a poco.

Sus manos, piernas, brazos; todo estaba quedando sin piel. Debajo, una materia oscura quedaba expuesta. Sus extremidades se deformaban y aumentaban en tamaño, dándole una apariencia monstruosa a la reina. Los ojos que brillaban en su desfigurado rostro estaban fijos en Ami.

Sintió escalofríos cuando le sonrió. Unos siniestros colmillos sobresalían de su enorme boca.

- ¿Tienes miedo, niña? – Su temor la llenaba de más energía. - ¡Yo soy tu mayor pesadilla! –

La reina había abandonado su cuerpo físico y ahora era una masa de energía. Estaba transformando en una abominación y no podía hacer nada para detenerla. ¡Se sentía como una total inútil! Sin su collar, estaba completamente indefensa y sin poderes para luchar.

Si tan solo pudiera estar en contacto con su Lágrima Azul.

- Esta es la pesadilla de la que nadie podrá despertar. – Makoto la empujó con fuerza, tirándola al suelo. Pero no pudo apartar la mirada de esos azulados ojos que la veían casi atravesando su alma. Esa sensación en el pecho volvía a acogerla. – No me mires así. –

- ¿Y cómo debo mirarte? –

- Quiero que me veas con odio. – Eran enemigas después de todo. – Pero tus ojos solo me ven con remordimiento y pena. –

El monstruo había sido liberado. Hambriento, abrió sus voraces quijadas y apuntó sus garras contra sus dos víctimas.

- Es que estoy arrepentida de tantas cosas. – Dijo Ami mientras se ponía de pie. – Pero de arrepentimientos no puedes vivir. – Tenía a su mayor enemiga frente a sus ojos. – Solo las acciones te llevarán lejos. –

- ¿De qué hablas…? – La peliazul pasó corriendo por su lado. - ¡Espera! -

Y se lanzó sin temores contra la reina. En algún lugar, dentro de esta bestia horrible, estaba su collar.

Cuando lo tuviera de vuelta, todo sería mejor.


¡Hola a todos! No podía dejar que el año se terminara sin actualizar esta historia. Gracias por acompañarme este año, espero que el próximo sea mucho mejor para todos.

Gracias por leer. ¡Suerte!