Parte III

Ni 10 minutos, ni 5 días. Al atardecer de la tercera jornada, Emma decidió observar por la ventana la caída del sol. Sonrió socarronamente al ver aquella silueta aproximarse a la mansión.

-Me debes 50 pavos – le anunció a Henry, que ya estaba al tanto de todo, cuando Aurora se acercaba a la puerta – la castaña con narcolepsia está aquí.

-Oh, diablos – se quejó el chico, cuando tocaron a la puerta.

-¿Han apostado por ello? – Regina no podía creer lo que oía, mientras Henry le pagaba a su otra madre.

-Ella me obligó – el joven vendió a la rubia.

-¡Oye! – se quejó Emma dirigiéndose a la puerta – nunca demostraste desacuerdo – aseguró guardándose el dinero en el bolsillo y abriendo la puerta - ¡Aurora! – fingió sorpresa – que gusto verte – dijo Emma haciéndola pasar – no te esperábamos – aseveró, pero una vez que la princesa rebasó su altura, quedando la rubia fuera de la línea de su visión, Emma comenzó a afirmar con la cabeza y a modular un "sí que te esperábamos".

-He venido – comenzó a decir Aurora que pareció más cómoda hablando con Regina que con Emma – porque han dicho que podía venir cuando necesitará desahogarme – comentó y notando a Henry, lo saludó con cortedad – ¡hola Henry! No te había visto, ¿cómo estás?

-Bien, bien – dijo este poniéndose de pie – me marcharé a mi habitación, ya luego me cuentan.

Aurora observó con temeridad a Emma y Regina. Ambas negaron con la cabeza que esto fuera cierto, pero cuando la princesa volvió a centrarse en Regina, Emma comenzó a gesticular "Si, luego, luego" con los pulgares arriba.

-Siéntate, Aurora – le pidió Regina - ¿quieres beber algo? ¿Té, infusión, algún zumo?

-¿Un café bien cargadito? – agregó Emma ganándose una mala cara de Regina.

-No, estoy bien – dijo la castaña – por favor, solo tengo que soltar esto que me carga tanto en el pecho.

-Suéltalo – Emma se sentó a un lado de Regina encarando a la chica con una sonrisa – sea lo que sea, lo comprenderemos.

Aurora tomó aire y lo soltó repentinamente – tenían razón – anunció mordiéndose el labio – yo siento cosas que no debería, cosas que me confunden, que no me dejan disfrutar de mi familia – explicó angustiada – cosas que tienen que ver con Mulan.

-¿Qué tipo de cosas, querida? – le preguntó Regina tomándola de la mano para darle ánimo.

-Cosas…

-Eso ya lo dijiste la primera vez – le dijo Emma – no tengas miedo, Aurora, estás en intimidad, intenta ponerle un nombre a la primera "cosa" que sientas.

Aurora resopló, pero susurró de inmediato – celos…

-Bien, celos es un comienzo, ¿puede que solo sean celos de amiga? Quizas, por sentirte desplazada, ¿acaso no dijo Phillip que ella venía a verte antes de marcharse a Camelot? – Regina trataba de dar argumentos a la princesa para que se lo pensará bien. Si la teoría de Emma era cierta y Aurora tenía, en verdad, sentimientos por la guerrera, era mejor eliminar otras posibilidades.

-No, no es eso, yo cuando Mulan se marchó de nuestro lado para seguir a Robín y luego a Ruby, sentí tristeza por su distancia, pero no esto que me da cada vez que pienso lo que puede estar pasando con ella y esa mujer – Aurora apretó los dientes – es que ni siquiera la conozco y ya la detesto – miró a las dos mujeres con terror – esto no está bien, ¿qué está pasando conmigo?

-Que estás coladita hasta los huesos por Mulan – sentenció Emma.

-Swan… - Regina sonaba levemente inquietante.

-Vale, me calló – Emma hizo una señal de cerrar la boca.

-¿Qué otra cosas sientes, Aurora? ¿Piensas en ella? – inquirió la morena.

-Mucho, desde antes de lo de esta mujer ya me pasaba, me cuesta dormir – explicó la joven – es que soy la "bella durmiente" – hizo comillas – y resulta que tengo insomnio desde hace semanas.

-Desde luego es una paradoja – dijo Emma y Regina la miró rodando los ojos - ¿qué fue lo que desató tu insomnio?

-Sueños, no he parado de soñar con Mulan – les contó Aurora – un día, después de cuidar de Phillip Junior y conseguir que se durmiera, estaba agotada y me recosté a dormir – hizo memoria – quizás, fuera la rutina o no sé, pero antes de cerrar los ojos me encontré pensando en Mulan, posiblemente por eso soñé con ella.

-¿Qué soñaste? – preguntó Regina.

-Con la última vez que nos vimos, antes de que se marchará con la banda de Hood – Aurora no pudo reprimir una sonrisa – soñé que me alcanzaba y me decía que me amaba, que estaba enamorada de mí, que no me lo habría dicho sino fuera porque se marchaba lejos, pero antes tenía que saber si no había una posibilidad, que alguien le dijo que tenía que decir la verdad antes de que fuera tarde – la princesa suspiró – no pude quitármelo de la cabeza, ni mi expresión cuando me lo dijo, debería haber estado aterrada, pero no había parado de sonreír, me veía feliz, casi emocionada – tragó saliva – me desperté confusa, pero dichosa, hacía tiempo que no sentía esa clase de agitación en mi interior.

-¿Qué sucedió la última vez que la viste? – preguntó Regina – no en tus sueños, de verdad.

-Ella vino a verme, dijo que tenía algo importante que decirme, como en mi sueño, recuerdo que le pregunté si quería que buscará a Phillip, pero me dijo que no, que era algo que debía hablar conmigo – Aurora paso sus dedos por donde Mulan había atrapado sus manos, inconscientemente – acabábamos de enterarnos que iba a tener un bebe, se me escapó la felicidad que sentía y ella lo notó, me preguntó que sucedía y se lo dije – la castaña cambió su expresión de nostalgia a tristeza – me abrazó y luego dijo que se marchaba, se fue sin mirar atrás – la mujer sacudió la cabeza -, pero estoy segura que no era eso lo que quería decir, lo noté en su mirada, estaba triste, creo que la herí con esa confesión.

-¿Crees que ella quería confesarte algo especial y se retractó al oír sobre tu embarazo? – preguntó la morena.

-Yo no lo sé – dijo la princesa - ¿y si sólo soy yo que deseo que eso suceda? Que deseo que ella sienta por mí lo que mis sueños proponen – se levantó incomoda – no, no, no, ¿qué me está pasando?

-Que tienes ganas de meterte dentro de la armadura de tu amiguita – anunció la rubia con tranquilidad.

-¡Swan! – Regina cerró los ojos y resopló.

-Señora – dijo la rubia y volvió a cerrar su boca, esta vez con una llave invisible que hizo el gesto de lanzar lejos.

-Como si eso fuera a detenerte – Regina sabía que hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, Emma siempre haría esos comentarios – Aurora, dime, ¿no duermes para evitar soñar con eso?

-No duermo porque no puedo, no paro de pensarla despierta, ni de soñarla dormida, su rostro me persigue – expuso con desorientación – tenía tantas ganas de verla cuando decidió visitarnos, pensé que así podría entender lo que me pasaba, que, quizás, solo la echaba demasiado de menos.

-Pero se marchó a Camelot – dijo Emma – dejo de lado la visita por correr detrás del desliz de Hook sobre Mérida.

-Se marchó, otra vez, sin mirar atrás – Aurora sollozó – y yo me quede aquí, con todas estas emociones, con un marido que se preocupa y no tiene ni idea de que su mejor amiga es la causa de mi distanciamiento, con un niño que es lo único que me da un poco de paz.

-Sientes culpa – dijo Regina – por Phillip y el niño, pero debes aclarar lo que sea que te sucede, no puedes seguir de esta manera – la morena trató de consolarla apretando su mano – si esto que sientes es amor, si estas enamorada o enamorándote de esa mujer, debes confirmarlo y decírselo a Phillip, porque no es justo para ninguno de los dos vivir así.

-Lo sé, pero tengo miedo – confesó abiertamente la chica – tengo miedo de que sea cierto, tengo miedo de verla y que todas estas extrañas sensaciones se hagan tan profundas y se me escapen.

-Entonces, será porque así tiene que ser – Emma también le tomó la mano – no fue fácil para nosotras dos, tampoco – le reveló - por años, me sentía morir por no poder tener a Regina como deseaba, me obligué a seguir el orden establecido y nos perdimos mucho tiempo de paz por la estúpida costumbre de no confiar en lo que sentimos, de hacer lo que se debe – la rubia hizo una mueca de desencanto – tuve que volverme el ser oscuro, tuvo que haber una sombra malvada en mi interior para que nos acercáramos, para que tuviéramos una excusa para estar juntas, aunque solo fuera una excusa – la sheriff suspiró aliviada-, pero excusa o no, ayudó y pudimos darnos cuenta que lo que nos pasaba nos iba a hacer mejores.

Regina sonrió de medio lado. Oír a su mujer hablar así de las dos era lo más dulce que le daba el destino.

Emma le devolvió la sonrisa y, entonces, se concentró en Aurora – tú corres con ventaja, no hay un poder oscuro milenario tratando de poseerte – la princesa soltó un suspiro entre risueño y agobiado, así que la rubia siguió – ya te has hecho esas preguntas, ya te has planteado las posibilidades – dijo – o la necesitas porque la echas de menos, o la necesitas por mucho más que eso, pero lo claro en todo este asunto es que la necesitas.

-¿Y si la respuesta es que la necesito por mucho más que solo la nostalgia? – Aurora se puso de pie y caminó sin moverse mucho, como si ya no pudiera dominar su ansiedad.

-Si es así – le contestó Regina – entonces, será imparable. No podrás contenerlo por mucho que lo reprimas.

-¿Y si no me corresponde? ¿Si sólo es idea mía? – preguntó suspirando.

-Entonces, igual que ella, te irás sin mirar atrás – concluyó Emma.

-Creo que se me rompería el corazón si ella no me correspondiera – Aurora sonó atemorizada.

-Entonces, creo que sabes que esto es más que nostalgia – aseguró la morena – y, siendo así, debes ver a Mulan cuanto antes. Habla con Phillip, dile que necesitas descansar, lo entenderá.

-Habrá que ir a Camelot – sentenció Emma.

-¿Irán conmigo? – consultó Aurora con los ojos llenos de algo parecido a expectación.

Regina se notó imposibilitada de negarse así que asintió – supongo que nos quedaremos contigo, para ver qué pasa.

-Y te llevaremos de tour – añadió Emma – vas a conocer todo el reino, hay un bar que te encantará, se llama "Las Marayas".

-Que nombre más extraño – dijo Aurora.

-Tan extraño como la parejita que lo administra – Emma puso una expresión de gusto-, pero los tragos que sirven, una delicia – levantó el dedo – recomiendo el "rapidito de medianoche", a Regina y a mí nos fascina.

-¿El trago o el bar? – preguntó Aurora.

-Los tres – Emma atrapó la atención de la castaña – el bar, el trago y el rapidito, si entiendes lo que te digo – Emma le guiñó el ojo.

-¡SWAN!

-¡Señora! – Emma hizo la venia y desapareció para evitar perderse los rapiditos de esa semana si seguía siendo así de impertinente.