"Con tus propias manos"

En el momento en que sus ojos se posaron sobre la abominación que se alzaba en medio del campo de batalla, Haruka supo que tenía que correr y salvar su vida.

Entre la conmoción divisó unas ruinas cercanas a ella. No lo dudó y partió apresurada a guarecerse allí.

El lugar estaba desolado. El techo se había desplomado, así también un par de murallas. Las que seguían en pie estaban repletas de grietas. Estaba segura que este escondite no resistiría si llegaba a ser atacado por la reina.

- Mis manos están tan sucias. – Las manchas de sangre se negaban a desaparecer. Sus palmas, cubiertas de rojo, eran la prueba viviente de las acciones extremistas que tuvo que realizar para salvar con vida. – No se quieren ir. -

Decidió restregar ambas palmas contra la arena. Quería estar limpia, deseaba ser alguien limpio. No quería llevar la sangre de otros en sus manos.

- Es suficiente, Haruka. – Se escuchó desde un rincón de las ruinas.

Las sombras cubrían gran parte de este sitio, protegiendo la identidad de quien acompañaba a la rubia. Sin embargo, no necesitaba más pista que la voz para saber de quién se trataba.

- Michiru… - La silueta de la musa se fue volviendo más clara conforme iba avanzando, paso a paso, acercándose a la rubia. Su imagen revivía desde las cenizas recuerdos que Haruka desconocía poseía. Volverla a ver era tan extraño, puesto que se había hecho a la idea de nunca más cruzar caminos con ella. - ¿Qué haces acá? –

- Continuando con mi plan. – Era en parte la razón por la cual seguía adelante. Acabar con este maldito y eterno plan de una buena vez. – Mírate, ¿no te había dicho que Frieden era el lugar al cual debías ir? –

- Radatia estaba en el camino. –

- ¡Y esas heridas! – Dijo apuntando el hombro de la ex capitana. - ¿Por qué no tienes cuidado? Siempre has sido tan arriesgada… -

- ¡Basta! – Esto no estaba bien. No era el momento, menos estaba de ánimo para recibir esta falsa charla.

Este intento de aparentar que todo estaba bien entre ellas.

- No me siento cómoda. – Las cosas no se iban a resolver con unas cuantas palabras. - ¿Qué quieres de mí, Michiru? –

La musa se agachó frente a la guerrera. Una de sus manos viajó a encontrarse con la fría y sucia piel del rostro de Haruka. La obligó a alzar la vista. Sus ojos hace mucho que no tenían el placer de perderse en el celestial tono que reinaba en la mirada de la rubia.

- Solo quiero terminar lo que comencé. – La oportunidad de que este eterno castigo terminase estaba al alcance de su mano. Pero necesitaba ayuda y sabía que Haruka podía entregársela. – Necesito que sigas jugando a ser la heroína. –

- Me ofendes. –

- Siéntete ofendida cuanto quieras. – Ese ego suyo era tan fácilmente ofendido. Siempre ha sido así, pensó la Michiru. – Pero por favor, escúchame. –

Pese a que no tuvo respuesta, tomó este silencio como la aceptación de la guerrera.

- Hay una forma de derrotar a la reina. – Algo que ella pudo ver gracias a su divino espejo. – Podrá lucir como un monstruo ahora, pero si buscas en el fondo, hallarás un corazón. -

¿Esa bestia seguía teniendo corazón?

- Ese corazón es su punto débil. – La única parte de su cuerpo que no se había transformado en energía. – Si recibe un golpe fatal allí, todo se acaba para ella. –

Haruka volvió la vista hacia sus manos. Seguían tan sucias, y la sangre ya parecía haberse secado en ellas. Sin embargo, aún quedaban zonas puras, lugares donde el rojo no pudo llegar.

- "Es una pena, tendré que ensuciarlas igual."

A esa maldita mujer la iba a matar con estas mismas manos.


La espada de Minako atravesó el torso del guerrero. La hoja apareció por el otro lado cubierta de sangre. El fluido brotó de forma descontrolada una vez que retiró su arma y la herida mortal quedó expuesta. El hombre cayó al suelo, seguramente ya muerto.

- ¡Este era el último soldado! - Dijo la rubia bastante segura. Rei y ella se habían encargado de la gran mayoría que quedaron rondando por este lado de la calle. - ¡Debemos hallar una forma de sortear a la reina y pasar al otro lado! -

La descomunal forma que había adoptado la villana obstruía tanto el paso como la visión. Ninguna de las dos estaba segura de lo que ocurría al otro lado, por tal razón deseaban encontrar una forma para avanzar.

Querían llegar donde estaba Ami. Aislada y asustada, posiblemente no podría darle batalla a la reina.

- ¡Fobos y Deimos no pueden acercarse para ayudar! - Las aves habrían podido ver qué estaba aconteciendo, pero no deseaba arriesgar a sus cuervos. - ¡La energía de la reina aumenta a cada segundo! - Realmente poderosa, además de peligrosa. Esta apariencia que había tomado era terrorífica, pero Rei no se iba a dejar intimidar. - "¡Tenemos que hacer algo rápidamente! El tiempo es crucial si deseamos salir vivas de esto" -

Necesitaban un plan ahora mismo.

- ¡Ustedes dos! -

Minako y Rei voltearon al escuchar el llamado. Pensaron que podía ser otro soldado, pero se percataron que se trataba de Haruka, quien corría velozmente en dirección a ellas.

- ¡Necesito de forma urgente la ayuda de ambas! - Llegó junto a las otras dos bastante agitada.

- ¿Dónde rayos estabas? - Fue la inquisitiva pregunta de Rei. - ¡Tuvimos que luchar contra todos estos estúpidos guardias a solas! -

- ¡No tengo tiempo ahora para discutir eso! - Estaba consciente de que haberse escondido no estuvo bien, pero este no era el preciso momento para ser juzgada. - ¡Deben hacer lo que yo les diga! -

- ¿Y por qué? ¿Qué tienes en mente? - Cuestionó Minako a la otra rubia.

- Tengo una idea sobre cómo vencer a la reina finalmente. - Gracias a las revelaciones que recibió, Haruka ahora tenía pleno conocimiento de qué hacer para derrotar a la villana y terminar con esta batalla de una vez por todas. - Pero no podré hacer esto sola, por eso necesito que ustedes me apoyen. -

Las otras dos se quedaron viendo en silencio. Sin embargo, con la mirada de decían bastante la una a la otra.

- ¡Está bien! - A Minako aún le quedaba algo de energía para seguir luchando.

- Cuenta conmigo. - Rei estaba dispuesta a dar todo de sí para ayudar. - ¡Vamos a derrotarla! -

Esta era posiblemente la única oportunidad que tendrían para vencer a la reina, así que no iban a desaprovecharla.


- "¡Promete que protegerás el collar con tu vida!" -

Esa voz que se había perdido en las arenas del tiempo, volvió a surgir y la trajo nuevamente a la realidad. La realidad que ella decidió enfrentar, esta cruda realidad que estaba dispuesta a cambiar con sus propias manos.

Cuando Ami abrió los ojos, se encontró inmersa en la oscuridad. Rodeada por profundas tinieblas que parecían querer tragarla y hacerla desaparecer por siempre. Este era el interior de la reina. Bueno, el interior de la nueva forma que había tomado.

Sin embargo, esta oscuridad no podía con el divino resplandor que emanaba de su collar. Lágrima Azul destellaba, su fulgor azulado ayudó a que Ami lograra localizar su collar.

- "Pero no puedo moverme..." - Había algo que le impedía avanzar. Además, esta energía que la rodeaba parecía estar dañando su piel. Ardía y dolía, como si la estuviera quemando. - "¡Vamos, muévete!" - Se obligaba a ella misma. - "¡Debo recuperar mi collar!" -

Sacando fuerzas que desconocía tenía, Ami comenzó a dar cortos pasos. Acá adentro existía una especie de presión descomunal que trataba de detenerla, algo que deseaba hacerla caer para que nunca más volviera a levantarse.

Pero no se detuvo. Continuó a su ritmo, sufriendo bajo un poder enorme, su cuerpo castigado y puesto al límite. Siguió y llegó hasta su collar. Lo tomó entre sus temblorosas y dañadas manos, sonrió mientras las lágrimas que se formaban en sus ojos se desvanecían en la oscura energía, solo para después caer sobre sus rodillas.

- "Ya tengo el collar conmigo." - Sentía que iba a morir. - "Ahora solo debo ayudar a mis amigas." -


El monstruo que fue liberado en Radatia rugía hambriento de más poder.

Seguía absorbiendo la energía del collar que había engullido. Su tamaño continuaría aumentando si seguía drenando a la Lágrima Azul. De por sí ya lucía descomunal. De continuar, seguramente nada ni nadie podría detenerla.

Y no solo de poder deseaba saciarse.

Quería, también, derramar la sangre de su mayor enemiga. La boba que sin saber, se había lanzado a una muerte segura.

- ¡Qué estúpida! – La reina se reía de Ami. - ¡Todo lo que entre en contacto conmigo terminará pereciendo lenta y dolorosamente! – Esto era a causa de la gran inestabilidad que mostraba su propia energía. Cualquier materia terminaría desintegrándose hasta volverse nada.

Makoto observaba desconcertada a la gran bestia que tenía frente a ella. O más bien, veía y se cuestionaba qué razones tuvo la bruja para prácticamente suicidarse. ¿Qué la impulsó a tomar la drástica decisión de aventurarse dentro de esta forma nociva que había tomado la reina?

Y además, no se sentía bien. Saber que la bruja iba a morir claramente no la hacía sentir mejor. De hecho, una inmensa angustia comenzó a apoderarse de ella mientras veía que el tiempo pasaba y la peliazul no daba señales de vida.

- ¡Reina mía! - Gritó la castaña, llamando la atención de este monstruo. - ¡Esto no está bien! - Tenía que detenerse y dejar ir a la bruja. - ¡Por favor, no quiero que ella muera...! -

Entonces ocurrió lo impensado.

Makoto fue atacada por la reina, quien con sus garras la golpeó y mandó a volar lejos. Terminó azotando el suelo y rodó varios metros. Boca abajo, gimió y gritó de dolor, ya que el costado donde recibió el golpe quedó sumamente comprometido.

- ¡Ahora que conseguí lo que quería, ya no te necesito! - Dijo la reina a la herida castaña. - ¡Destruiré a todas las sucias escorias de Telián...! -

Decenas de púas de hielo nacieron desde el interior del cuerpo de la villana. Brillantes y gélidas, peligrosamente una pasó muy cerca de su punto débil, dejando muda de forma momentánea al monstruo.

- "Ella sigue viva..." - Pese a que su visión se nublaba a ratos, Makoto pudo notar la aparición de las púas. Sintió una presión en su pecho y amargas lágrimas brotaron de sus ojos. - "Sí que es fuerte..." -

La reina no solo era atacada desde el interior de su cuerpo, también recibía la arremetida de Haruka y Minako, que con sus espadas lanzaban incesantes ráfagas de su propia energía en contra de la titánica bestia. Sus ataques buscaban dar al corazón que se escondía dentro de ella.

- ¡Juro que las mataré a todas! - Estaba segura que se habían enterado de su punto débil. ¡Estas malditas querían matarla! Pero no se los iba a permitir, ya que las aplastaría y destrozaría sin piedad a cada una. - ¡Y comenzaré contigo! -

Rei, quien se había escabullido hasta llegar con Makoto, fue amenazada por las gigantescas garras de la reina. Pero no tuvo posibilidad de hacerle daño, ya que cierta musa apareció desde las sombras y se interpuso valerosamente, usando el poder de su espejo para reflectar el ataque.

- ¡Esto se acaba acá, reina mía! - Michiru ya se cansó de sufrir, ya no quería seguir bajo el poder de esta cruel villana. Ella iba a luchar y rompería estas cadenas. - ¡Muéstrame ese corazón tuyo! - Y la luz que emanó de su espejo comenzó a devorar la oscuridad del cuerpo de esta terrible bestia.

La reina deseó retroceder, así que se puso a destruir las viviendas que habían a su alrededor. Escombros volaban por todas partes y caían peligrosamente en cualquier sitio. Minako y Haruka tenían que hacer uso de su agilidad para esquivar todo. El riesgo de terminar aplastadas por algo era altísimo. Aun así, continuaban atacando con todas sus fuerzas a la reina.

Estaban unidas por una sola razón: Matar a este monstruo.

- ¡Maldita traidora! - Siempre supo que no debía confiar en su consejera. Pero por falta de servidores, tuvo que recurrir a ella una y otra vez. La muy astuta esperó hasta último momento para revelarse en su contra. Bueno, ahora finalmente podía deshacerse de ella. - ¡Recuerda que me perteneces! -

El corazón de Michiru comenzó a fallar. Se trataba del poder que podía ejercer la reina sobre ella, sobre su cuerpo. El poder de matarla sin siquiera tener que tocarla. Esa era también parte de la maldición que cargaba la musa.

- "¡Debo resistir!" - Si quería volver a tener una vida normal, tenía que ser fuerte. Sin importar lo que ocurriera con ella, debía continuar. - "Haruka..." -

Pero en medio de este caos, el monstruo pudo de alguna manera atrapar a ambas rubias. Entre sus garras comenzó a aplastarlas sin piedad, deseosa de ver correr su sangre.

Los gritos de ambas llegaron hasta oídos de Michiru y Rei. Sin embargo, poco podían hacer para ayudarlas. La bestia que tenían en frente hizo uso de su otra mano para acorralarlas. El espejo de la consejera seguía haciendo su trabajo, pero con menos intensidad que antes. Y por más que la energía oscura de la reina era disipada, su corazón aún no aparecía.

- "¡Ya detente!"

Del cielo comenzó a caer la lluvia, aquella que purifica todo lo que toca. La que solo Ami podía crear con sus poderes. La hizo aparecer para ayudar a disipar la energía oscura, también para poder escapar de una vez de este infierno que era el cuerpo de la reina.

Cuando una de sus manos logró salir, alguien vino y la ayudó desde afuera.

- ¡Aguanta todo lo que puedas, Ami! – Rei fue la que saltó a socorrerla. - ¡Te ayudaré a salir de esta cosa! –

Pero había un serio problema: Su collar estaba siendo retenido desde el interior. Por tal razón, ambos brazos suyos continuaban dentro del cuerpo de la reina. Y estaba resultando ser sumamente doloroso. Sentía que estaba siendo despellejada y que sus huesos en cualquier momento iban a romperse en pedazos.

- ¡Debes dejar el collar! – Pedía Rei al borde de la histeria.

- ¡No puedo hacer eso! – Lágrima Azul imploraba ser rescatada. - ¡Debo sacarla de adentro! –

Sintió un nuevo par de brazos sosteniéndola. Esta vez, cuando miró a su lado, Makoto estaba con ella.

- ¡No dejaré que me arrebates mi sueño! ¡Yo seré eterna y poderosa! –

Las manos de Makoto se deslizaron por sus brazos y se adentraron en la oscura energía. Su destino era alcanzar las de Ami. Cuando las encontró, como pudo la ayudó a tirar del collar.

- ¡Haruka, utiliza el último recurso! – Michiru ya no pudo soportar el dolor en su pecho y cayó al suelo.

Hasta los oídos de la guerrera llegó la orden de la musa. Con sus últimas energías pudo liberar uno de sus brazos. Empuñando su arma con fuerza, azotó el suelo con todo lo que tenía, liberando una gran cantidad de poder contra la débil corteza que todos pisaban.

La superficie comenzó a fracturarse. Los ruidos que provenían desde las profundidades alarmaron a la reina. Pero ya era tarde para ella, puesto que el suelo que la sostenía comenzó a ceder de a poco. Y de un momento a otro, un gran socavón se abrió. Se iba a devorar a la reina, llevándola hasta lo más profundo del planeta y terminando con su asquerosa existencia.

- ¡Debemos retroceder! - Advirtió Rei a todo el mundo. - ¡Como sea hay que alejarnos de acá! -

Pero pese a estar a portas de ser tragada por el mismo planeta, la reina seguía aferrándose al collar. No planeaba dejarlo por nada. Y Ami era arrastrada con ella, Makoto continuaba sosteniéndola.

- ¡Te llevaré conmigo! ¡Morirás junto a mí, bruja! -

- ¡Ella no es una bruja! - Gritó Makoto al monstruo. La claridad llegaba a ella, sus recuerdos presos por el poder de la reina reflotaban. - ¡Su nombre es Ami! -

Terminarían cayendo si no dejaban ir a la Lágrima Azul.

- ¡Ella tiene razón! - Sus manos aferraron con mayor fuerza el collar. - ¡La única maldita bruja acá eres tú! - Y haciendo uso de su poder, Ami nuevamente hizo aparecer una enorme estructura de hielo con púas. Esta vez, una pudo tocar el corazón de su enemiga. Dañada, la reina dejó ir el collar.

Ami y Makoto la observaron caer en el abismo. Su mayor pesadilla desaparecía en la oscuridad. Sus gritos de furia al caer resonaban en un eco tenebroso que se perdía en los más profundo de la tierra. En Radatia cayó la reina, finalmente podían estar tranquilas.

- ¡Minako y Haruka! - Desde un reducido espacio de tierra, Rei gritaba por las dos rubias. Quedaron inconscientes al otro lado del socavón. - ¡Alguien que las ayude! -

Michiru había perdido el conocimiento. No parecía estar bien, lucía muy pálida. La pelinegra la sostenía a penas en sus brazos mientras seguía llamando por las guerreras.

- Finalmente... - Makoto tampoco pudo aguantar y cayó desmayada.

Ami, algo aturdida por todo lo ocurrido, reaccionó tiempo después. Habían quedado al borde del abismo, así que tuvo que ayudar a Makoto para que no terminase cayendo en él. Cuando la tuvo a salvo en sus brazos, sintió que finalmente podía estar tranquila. Ya podía llorar hasta desahogarse.

La portadora del collar no se percató que su Lágrima Azul yacía incompleta entre sus manos.


Y llegamos a la recta final de esta historia. Estoy muy ansiosa por terminar los últimos capítulos. Cabe mencionar que agradezco mucho los reviews. En serio, son todos súper cool. :)

Muchas gracias por leer. ¡Suerte!