Parte IV
Mulan llevaba días que no sabía qué hacer con su vida. Por un lado, saber que Mérida estaba interesada por ella fue como una vuelta a la vida. Después de años de soledad, quizás, existiera una posibilidad de cambiar su destino. Esa pelirroja tan impetuosa como impresionante habría hecho caer a cualquiera en sus brazos con solo posar sus ojos. El primer problema con Mulan era que, a pesar del espejismo inicial de saberse querida, no había conseguido sentir esa conexión que hacía especial el vínculo entre dos personas. La pobre Mérida lo notaba y, aun así, era paciente con ella.
El otro problema de la guerrera era el peor de todos, estar anclada a un sentimiento nunca correspondido, completamente unilateral. El amor nunca es fácil, es hermoso, pero también torpe. Duele si es prohibido, duele más si parece imposible. Aunque nada se compara como amar sin ser amado. Eso es un castigo que no tiene igual. Mulan lo vivía desde hacía años en primera persona, teniendo que pensar que la mujer que amaba era feliz en los brazos de su mejor amigo. Siempre se había culpado a sí misma, porque ella sola se metió en ese problema.
Ella que sabía la naturaleza de la relación de Aurora y Phillip, que había sido testigo del mágico amor que se profesaban, no había podido evitar enamorarse de la princesa. Sufría por su propia debilidad. Bastaron algunas sonrisas, algunos gestos de valor y una fortaleza que parecía imposible para un alma que mostraba flaqueza, pero que era puro ímpetu. Aurora había conseguido meterse dentro de su corazón a fuerza de compañía, respeto y cariño. Echaba de menos casi todo de ella, su manera de hablar, su extraña franqueza, su comedida capacidad de sonrojarla con los halagos más inesperados. Mulan siempre sonreía en silencio recordando la noche que junto a la fogata, Aurora la había llamado bonita. O aquel día en que, en medio de una conversación sobre su eterna armadura, la princesa había deslizado que, dijeran lo que dijeran sus padres, ella se veía magnifica con su atuendo habitual.
Aurora se había ganado su amor porque la aceptaba sin condiciones. La quería a su manera que, para el dolor de Mulan, no llegaba ni a la mitad de lo que ella la quería Aurora. Y aquí estaba, con esta mujer preciosa que no se le despegaba, que estaba dispuesta a dejar su reino para seguirla, que había confirmado las palabras de Hook, pero ella seguía sintiéndose tan atada como el día que partió del reino de Phillip. Atada a una utopía, a un amor no correspondido, a un amor prohibido, a un amor imposible. Las tenía todas para sufrir. Tenía que pasar página, se lo debía así misma. Mérida había sido la excusa perfecta para evitar a los príncipes, para no tener que sufrir su felicidad en primera persona. Pobre Mérida, ¿qué pensaría de ella si supiera que solo fue una excusa? En verdad, Mulan quería poder corresponderla. Lo deseaba desesperadamente, con todo su raciocinio. Lo malo era que su corazón no parecía muy de acuerdo.
Como cada noche desde que llegó a Camelot, quedaban en el bar de Las Marayas para beber algo y conversar. Al decir quedaban se refería a ella, Mérida, Hook y su tripulación. A veces, Lancelot y Percival estaban allí también. Caminaba al lado de la pelirroja que hablaba sobre lo mucho que le apetecía una cerveza de raíz de su lugar natal, pero que aquellos brebajes de las dueñas del bar eran casi tan buenos. Mulan sonrió al notar que Mérida aún no se acomodaba a la palabra "tragos". A decir verdad, ella también se tomó su tiempo. Y cuando le hablaron de los "chupitos" eso fue de otro mundo. ¿Qué demonios serían los famosos "chupitos"? Hasta que se enteró de lo que realmente eran, su mente dibujaba a unos pequeñajos con pocas luces que gritaban y hacían escándalo. La realidad distaba de su imaginación en qué no había pequeñajos, pero la gente que bebía chupitos acaba por hacer escándalo y gritar más con cada ronda.
Al llegar pudieron oír un barullo excepcional en aquel antro. La risa de Soraya, así como su voz, resonaban más fuerte.
-Sirvanle más a la princesita – pidió y la botella de ron pasaba de mano en mano hasta el centro de acción.
Observó alrededor y se detuvo en una figura que le era conocida. A un lado de Hook, meneando la cabeza de un lado a otro en una divertida negación, estaba Regina Mills – Regina – susurró.
Tenía claro que quién protagonizaba parte del jolgorio tenía que ser Emma Swan. No había duda de ello. ¿Sería a ella a la que llamaban princesita? Se fue acercando, esquivando gente - ¿qué está pasando? – le preguntó a Percival que estaba en una esquina alejada del centro de acción.
-Emma está teniendo otro de sus concursos de chupitos con la princesa que las acompaña – le explicó el caballero – resulto ser una contrincante difícil.
-¿Qué princesa? – quiso saber la guerrea.
Percival hizo memoria – mmm… Aura María o algo parecido.
-¡Aurora! – corrigió Lancelot a su chico, mientras se incorporaba a las recién llegadas – este hombre que no se entera, Aurora, la bella durmiente.
-¡QUE! – la voz de Mulan se escuchó por encima de todas las risas, incluso por sobre la de Soraya quién era besuqueada por su esposa María, mientras ambas miraban al centro de la multitud. Muchos se giraron para ver a las recién llegadas y, entre las personas que vitoreaban "más, más" aparecieron Emma Swan y Aurora, las dos concentradas en beber una gran cantidad de pequeños vasitos de alcohol puro – ¡Aurora! – vociferó al ver la cantidad de chupitos que descansaban vacíos sobre la mesa.
La castaña levantó la cabeza sin dejar de beber y soltó el vaso cuando estuvo vacío, dejándolo boca abajo como se acostumbraba - ¡MULAN! – gritó a todo pulmón – mira, mira Emma – le dio golpes a la rubia que se entretuvo con su último trago – es Mulan – le indicó – Mulan, mira todos los chupitos que me he bebido – le señaló los rastros de su osadía con orgullo y cierto tonillo ebrio – y pensar que cuando me dijeron que iríamos por "chupitos" pensé que pasaríamos a buscar a unos enanitos.
Emma escupió el contenido de tu vaso por toda la mesa - ¿enanitos? ¡Pero que dice esta tía! – soltó una carcajada borracha - ¿escuchaste, Gina? ¡ENANITOS! Esta tía es la caña – le gritó emocionada – en serio, tía, ¡eres la caña! – le dio unos golpecillos en la espalda a la princesa.
Regina se acercó como pudo a Mulan – lo siento, Mulan, debíamos ir a buscarte, pero Emma se encaprichó con pasar por el bar para saludar a María y Soraya – dijo con aspecto abochornado – lo demás lo podrás imaginar.
Mulan estaba estupefacta. Días tratando de deshacerse de la imagen de su amor imposible y va a encontrársela en un bar de ambiente, bebiendo chupitos con la súper lesbiana Emma "sin filtro" Swan. Aurora trató de ponerse de pie y el alcohol la hizo retroceder cuatro pasos. Un grupo de hombres la sostuvo para que no se diera con el trasero en el suelo.
-Venga princesa de los chupitos, ibas para allá – le dieron un empujoncito y Aurora acabó caminando hacia donde estaba Mulan por la inercia del impulso.
-Mulan, Mulan – repitió su nombre algo así como unas tres o cuatro veces más – estas señoras – señaló a Las Marayas – me ofrecieron hacerme un "rapidito de medianoche", ¿puedes creértelo? Las dos – hizo el dos con el dedo índice y mayor - ¡puedes creértelo! – se río.
- Te lo haríamos con mucho cariño, princesita – le dijo la dueña, con asentimientos de su mujer.
Aurora las señaló sin dejar de mirar a la guerrera, con una risa perpetua en los labios – increíble – dijo como si todo le pareciera descomunalmente divertido – ese señor – la castaña indicó hacia el contramaestre de Hook – también quiere darme un "rapidito", pero no sé cómo – Aurora sopesó la situación – porque no tiene alcohol, pero ellas si tiene, ellas si pueden – la castaña avanzó con torpeza y se lanzó hacia la barra más cerca de Las Maraya, sentándose encima de la misma – marché ese rapidito.
-Ménage à trois – vociferó Emma Swan que como respuesta recibió un golpe en toda la nuca de su mujer - ¡AU!, pero yo no, mi VIDA – se excusó.
-¡NO! – a Mulan le faltó poco para sacar la espada – bájate de ahí – demandó – Aurora, bájate de ahí ahora mismo – le exigió.
-Bájame tú – la retó Aurora.
-Ujujujuuuuu – Emma se engolosinó con el desafío.
-Aurora, ¡que te bajes! – repitió Mulan con mucha determinación.
-No, si quieres que me baje – la castaña la llamó con su dedo – ven y bájame.
-Estás borracha – Mulan le señaló lo evidente -¿cómo se les ocurre darle tanto alcohol? – les reprochó a Regina y a Emma.
-Yo – Aurora se enderezó en su postura – soy una mujer adulta e independiente, y puedo beber tantos chupitos como quiera – anunció con orgullo – o dejar que estas señoras me den su rapidito ese.
-¡AURORA! – Mulan dio dos pasos hacia ella con aspecto amenazador – no se te ocurra pasar del otro lado de esa barra – indicó remarcando las palabras - ¿dónde está la princesa prudente que conocí?
-Quizás, sigue en el mismo castillo donde la abandonaste – soltó Aurora.7
-Ujujujuuuuuu – volvió a repetir Emma y, inmediato, agregó – 'au, au, au' – la morena le había dado un coscorrón en el brazo – ella se emborracha y a mí me golpean.
-Usted también está borracha, Señorita Swan – murmuró Regina.
-¡Patrañas! – soltó Emma y viendo como la morena rodaba los ojos, corrigió – bueno… si…
-Yo nunca te abandoné – Mulan no podía creer el atrevimiento de Aurora – yo te deje con tu marido y tu hijo por nacer.
-¡Detalles! – Aurora, entonces, reparó en la pelirroja que miraba el intercambio con sorpresa - ¿y esa? ¿Quién es esa? – la señaló con el dedo – no te conozco, pero no me gustas nada – comentó con mala cara – aléjate de Mulan, no me gustas nada de nada – parece que ver a Mérida fue lo único que la bajó de la barra.
Dio un paso y se mareó por efecto del alcohol en su sistema. Mulan se apuró para atraparla antes de que cayera al suelo - ¡Ey! – dijo la guerrera – te tengo.
Aurora se sostuvo con fuerza de sus hombros – si – dijo lamiéndose los labios y mirando la boca de Mulan – sí que me tienes.
Emma abrió los ojos al ver la cercanía – ujujujuuuuuu – susurró muy bajo, a sabiendas que Regina era la única en oírla.
-¡Señoras! – Regina llamó la atención de las dos – porque no nos vamos al castillo, bebemos un café bien cargado de mi hermana y, luego, hablan de lo que tienen que hablar.
Eso hizo que recuperaran la compostura. Se dirigieron a la salida, aunque Aurora no se separó en absoluto de Mulan, manteniendo la distancia con Mérida, quién decidió que tenía que seguirlas y ver que sucedía entre esta princesa y la guerrera por la que había navegado por cuatro reinos.
