Capítulo 45: Nunca es muy tarde.

Radatia terminó volviéndose en un poblado de fantasmas y recuerdos de vida que fueron destruidos, o bien, que terminaron siendo abandonados por el miedo y la incertidumbre que los habitantes sintieron en respuesta a los sucesos ocurridos en el salar los pasados dias.

Familias completas se hicieron con lo necesario y partieron. El destino era incierto, pero tenían la esperanza de que el lugar donde terminasen fuera más pacífico y seguro que Radatia. Sin importar qué tan lejos tuvieran que viajar, no pensaban volver a este devastado lugar.

En este sitio ya no se podía vivir.

Sin embargo, y pese a las advertencias de los mismos lugareños, las dos forasteras continuaron adelante, adentrándose cada vez más hacia el centro del azotado y deshabitado pueblo.

Había sido casi una semana de viaje desde el oasis. Decir que estaban agotadas era poco. Este debía ser el viaje más largo y desgastador que en sus vidas habían realizado. Pero todo el esfuerzo valió la pena, pues ya estaban en Radatia.

- No puede ser… - La vista frente a ellas era desoladora. Los antiguos hogares de los habitantes del salar estaban en ruinas. La devastación del núcleo central del poblado había sido total. – Tanta destrucción en un solo lugar. – Dijo la joven princesa aguantando las lágrimas. - ¿Acá fue la batalla? –

- Así parece. – Respondió su mentora. – Fue una lucha de proporciones colosales. Me esperaba algo así, después de todo, estamos hablando de la reina de Lebiatis. –

El camino de ambas acabó cuando se toparon de frente con un inmenso socavón que abría y separaba la tierra.

- Parece no tener final. – La princesa intentaba hallar el fondo, observando de pie a la orilla de este abismo, pero era lo mismo a donde sea que pusiera sus ojos: Oscuridad. Más sus oídos captaban claros rugidos que emanaban desde la tierra, los cuales se distorsionaban, pareciendo a momentos gritos agónicos de sufrimiento y dolor.

- Serenity, retrocede. – Ordenó la mujer desde una distancia segura. – El terreno quedó muy inestable por estos lugares. –

Sin embargo, no se trataba del primer fenómeno de esta clase con el que se encontraban. Ya había perdido la cuenta de cuántos había visto por el camino. El alarmante aumento en la aparición de estos socavones la tenía muy preocupada.

¿Qué estaba ocurriendo con el planeta?

- Setsuna… - Llamó su pupila. La rubia estaba a su lado jalando una de las mangas de su traje. - ¿Y ahora qué? – Preguntó con tono impaciente.

- Hay que continuar. – La morena elevó la vista hacia las alturas. Para que Serenity también observara, levantó un brazo y apuntó al cielo. – Estamos cerca. –

No muy lejos de donde estaban se podían divisar dos aves, ambas negras como la noche. Los animales revoloteaban libres sobre las ruinas del poblado.

- ¿Cuervos? – Serenity recordaba haber leído de ellos en un libro de flora y fauna. - ¿Allá están las personas que buscamos? –

Setsuna estaba más que segura.

- Vamos, deben estar esperando. –


Sentada a los pies de una corta escalinata, Haruka hacía uso de su espada realizando un trabajo para el cual no fue creada: Tallar madera. No se trataba de algo artístico, más bien, su propósito era dar a esta madera un uso más práctico.

La rubia necesitaba reparar un par de ruedas que había hallado la noche anterior. Si tenía suerte, hoy quizás podía encontrar un par más. ¿Quién sabe? También era posible toparse con una maldita carreta completa y así no tendría que construir una desde cero.

- ¿Aún jugando con tu espada? –

Dos siluetas entorpecieron la poca luz que los últimos rayos del sol le podían ofrecer a esas horas de la tarde.

- No estoy jugando. – Respondió Haruka de forma cortante a la pregunta de Minako. - ¿Qué tal les fue? –

- Bastante mal. – Se escuchó decir a Rei. – No hallamos nada de utilidad. Fobos y Deimos corrieron la misma suerte con su búsqueda. –

- ¡Maldición! – Haruka lanzó al suelo la madera y su espada. - ¿Qué mierda vamos a hacer? Michiru necesita ser atendida… -

- Todas necesitamos atención médica. – Corrigió Minako a la otra mujer. - ¡Pero no podemos! No tenemos manera de abandonar Radatia de forma segura. – Un viaje a pie por el desierto pondría en riesgo la vida de todos. – Nuestra única esperanza es que Ami logre... –

- Su collar se volvió basura. – La guerrera se levantó, tomando su espada y apuntó la destruida morada que apenas se sostenía detrás de ella. – Sus habilidades curativas se están debilitando con el paso de los días. –

No podían aguardar un milagro.

- ¡Michiru está sufriendo y no puedo hacer nada por ella! – La impotencia la carcomía al ver a su amada postrada en una cama. - ¡No quiero esperar más! –

- ¡Ya cálmate! – Alzó la voz Minako. - ¿Crees que no estoy preocupada por todo esto? Me siento tan mierda como tú, pero no sé qué rayos hacer… -

La rubia sintió cierta sensación sacudir su ser. No fue solo ella, Haruka también se estremeció a causa de un poder desconocido.

- ¿Qué es esto? – Rei desvió su atenta mirada en dirección a las dos siluetas que se levantaban bajo los matices del atardecer. Pudo percibir emanando desde una de ellas un poder supremo. Un aura bellísima que cargaba el resplandor más puro que hasta ahora había conocido. – "Este poder bordea lo divino."

Una de las forasteras apresuró el paso. Corrió, emocionada, y se lanzó de rodillas ante Haruka.

- ¡Perdóname! – Pedía entre su amargo llanto. - ¡Por favor, perdóname! – Imploraba a la impactada, pero aun más confundida rubia. - ¡Nunca debí dejarlas partir aquel día! –

La fuente de tan maravilloso poder, una joven de cabellera dorada y ojos celestiales, se acercó y tomó una de las manos de la antigua capitana de Lebiatis.

- Todo estará bien ahora. – Aseguró con una sonrisa. – Ya estamos acá. –

Haruka sintió algo húmedo recorrer sus mejillas. Lágrimas. No supo cuándo o cómo, pero había comenzado a llorar.

- ¿Princesa…? – No estaba segura, pero la llamó así. Pues parecía una. Luego observó a la otra mujer, quien parecía tan arrepentida y continuaba pidiendo su perdón. Se arrodilló con ella y sin pensarlo la abrazó, pronunciando algunas palabras para calmarla.

¿Quién era esta mujer?

- Perdóname, perdóname, perdóname… -

- Setsuna. – Sonrió una vez que pudo recordar. – No debo perdonarte por nada, amiga mía. –

Rei y Minako observaron el reencuentro en silencio.


Capítulo 46: La paz aguarda lejos.

La esforzada y dedicada mujer movía la tierra de su muerto campo con rastrillo de metal y madera en mano. Levantaba, dejaba caer, repetía las mismas acciones, siempre ignorando la fatiga de sus músculos y la inclemencia del astro mayor, pues el trabajo iba primero.

Más al escuchar el llanto de su pequeña, dejó caer la herramienta. Sus manos y brazos acalambrados se encontraron con la diminuta figura de su primogénita, cubriéndola de forma protectora. El abrazo seguro que solo una madre podía entregar.

- ¿Qué ocurre Makoto? – Preguntó preocupada la mujer. - ¿Por qué lloras? –

La niña restregaba su rostro en la falda de su madre. Una delicada mano comenzó a acariciar con afecto su cabeza, como animándola para que hablara.

- Yo soñé algo que me puso muy triste. –

- ¿Deseas contarme tu sueño? – Recibió una respuesta afirmativa. – Bien, soy toda oídos. –

- Pude hablar con ella otra vez. – Dijo la pequeña. Pero esto solo causó más confusión en su madre, pues la mujer no sabía a quién se refería. – Como siempre, seguía dormida. No sé, eso creo yo, pues tiene los ojos cerrados. Pero sabes, me contó que ella ya no quiere dormir más. – Alguien hace mucho tiempo atrás la había obligado a caer en este largo sueño. – Y está muy triste, también confundida. –

El nivel de detalles que Makoto podía rescatar de sus "sueños" era impresionante.

- Ella estaba tan triste que hizo que todo se pusiera frío. – La pequeña se sintió muy mal en ese momento. - ¿Cómo puedo ayudar? –

- ¿A quién? –

- ¡Yo quiero ayudarla! – Quería que ella estuviera feliz en aquel sitio donde la habían dejado sola. Y el hecho de recordar todo nuevamente la hizo poner otra vez sentimental. – Me da mucha pena… -

- Ya no llores más, amor. – Pedía en un dulce tono su madre. Luego la levantó del suelo y la abrazó con mucho cariño. – Solo se trata de un sueño. –

Las imágenes comenzaron a volverse difusas y las palabras se tornaron en incoherentes sonidos. La sensación de que iba siendo arrastrada de vuelta a ese mundo aislado que eran los sueños no la quería abandonar.

Pero ya estaba harta, ella quería despertar.

Luchó y se liberó, abrió los ojos para reencontrarse con la luz. Fue incómodo al principio. Por diferentes grietas y hendiduras se filtraba el resplandor tanto de la luna como de las estrellas. Pues era de noche, pero los destellos del cielo engañaban la vista. Parecía que todo estaba siendo iluminado por un plateado amanecer.

Makoto no cuestionó el hecho de despertar en un sitio desconocido. Ya estaba acostumbrada. De cierto modo también se había familiarizado con el dolor. Despertar y sentir los agudos malestares que se esparcían por su cuerpo ya se había convertido en algo habitual.

- "Pero mi cabeza está que estalla." – Había cierto límite en el nivel de dolor que la castaña podía soportar. – "Que se detenga, por favor…"

Se incorporó en la cama tomando asiento. Con ambas manos hizo presión en su cráneo en un desesperado intento que buscaba acabar con las molestias.

Fue en ese momento que sintió el peso de algo en su cuello. Bajó la vista y se encontró con un incompleto collar colgando sobre su pecho. Fijó los ojos en él, sorprendida, reconociendo que se trataba de Lágrima Azul. Este collar no era suyo, ¿por qué lo tenía en su posesión?

- ¿Makoto? –

Frente a la cama estaba la dueña del collar. Era observada por esos ojos azulados, tristes y cansados. Ami parecía incrédula, quizás no creía que por fin la castaña había despertado.

Así que se fue acercando lentamente, pero se le notaba un poco temerosa. ¿Temía que esto no fuera real o acaso tenía miedo de acercarse?

Entonces Makoto sintió el duro y repentino golpe de los recuerdos.

A su mente volvieron todas las memorias de lo que hizo en contra de Ami. El daño y la traición, también el maltrato que entregó a quien ella consideraba su compañera. Lo que hizo fue bajo, cruel y vil. No solo eso, ella fue débil y se dejó influenciar por esa maldita mujer. Sus actos no merecían perdón. Y lo peor es que ella misma había prometido proteger de Ami.

- ¡No te acerques! – Levantó ambos brazos y los sacudió de forma exagerada. Pero la peliazul no se detuvo, ella continuó con su avance, ahora incluso más segura que antes. - ¡Ya vete de acá de una vez por todas! -

Ami llegó a su lado en la cama, sostuvo su rostro y juntó su frente con la de Makoto. Las protestas murieron en ese preciso instante. Lo único que supo es que terminó perdida en los más bellos ojos que alguien podía poseer.

La mirada de Ami era mágica.

- No te dejaré. – Fue la respuesta que le entregó a la castaña. Una de sus manos sostuvo el collar que llevaba Makoto, al contacto comenzó a brillar, pero aquel resplandor de a poco disminuyó hasta apagarse por completo. – A no ser que verdaderamente desees eso. -

Los escasos segundos que pudo mantener los poderes de Lágrima Azul activados fueron de gran ayuda para la castaña, quien soltó un suspiro de alivio cuando el dolor en su cabeza se apaciguó.

- No, no quiero… - Se sintió algo mareada, así que con el permiso de Ami, pidió recostarse en el regazo de ella. Y los dedos de la otra jugaron sobre su cabello. Escuchó el arrullo de la peliazul mezclándose con los fantasmales susurros que oía dentro de su cabeza.

Makoto no supo que más decir o hacer. Odiaba esta sensación de incertidumbre. Pero más odio sentía contra su propia persona, pues todo lo que ocurrió fue por su propia torpeza y testarudez.

- Soy una gran tonta, ¿verdad? - Dijo la castaña con un tono algo somnoliento. Estaba tan cómoda y en paz, deseaba quedarse de esta manera por siempre. - ¿Por qué sigues aquí conmigo? -

- Entre tontas nos entendemos. - Fue la simple respuesta de Ami que fue acompañada por una pequeña y tímida sonrisa. Había pasado mucho desde la última vez que se sintió con el ánimo de sonreír. - Además, tiempo atrás cierta persona me pidió que nunca la dejase sola. -

- Ya lo recuerdo. - Esa vez cuando casi pierde a Ami en Lebiatis. Fueron cuatro duros días los cuales aguardó por la peliazul a que despertara. Y después de todo lo ocurrido, Ami ahora esperó por ella.

- Recuerda también que de ahora en adelante todo puede ser complicado y confuso, quizás volveremos a tener desacuerdos y existe la posibilidad de que debamos volver a luchar... - Sus manos buscaron las de Makoto, siendo recibidas sin problemas. El agarre era seguro, posiblemente guardaba más sentimientos, pero ninguna de las dos los iba a revelar. No era el momento. - Pero no quiero nunca más que nos volvamos a separar. No solo por la razón de que me aterra estar sola, sino también porque me preocupas. No saber de ti por días me tenía intranquila... -

Alguien golpeó la puerta desde afuera, rompiendo totalmente con la tranquila atmósfera que se había creado en el lugar. La misma puerta se abrió con lentitud, revelando ante ambas mujeres a una desconocida morena de larga cabellera oscura y ojos granate. Su presencia alarmó a Ami, quien reaccionó levantándose de la cama y tomando una postura defensiva.

- No hay necesidad de preocuparse. - Afirmó esta mujer con serenidad. - Soy una aliada de ustedes. Mi nombre es Setsuna y viajé desde el oasis de Frieden con la intención de encontrarlas. -

- ¿A nosotras? -

- Siendo sincera, mi misión era encontrar a mis antiguas camaradas. - Dos personas que significaban mucho para ella. - Pero cuando descubrí que tú estabas con ellas, cierto peso fue quitado de mis hombros. Es una larga historia, pero mi trabajo también consistía en buscarte y traerte al oasis conmigo, Ami. -

- ¿Por qué yo? -

- Es por tu collar. - Setsuna apuntó donde estaba Makoto, más específicamente a Lágrima Azul. - Eres la única que sabe manejar los poderes de este especial collar. Una persona como tú no debería estar vagando por el desierto a merced de aquellos que desean obtener este poder por la fuerza, sino que en un sitio seguro y donde puedan protegerte. -

Makoto agachó la mirada cuando escuchó la última parte de esa frase.

- Es por eso que vendrás conmigo, mi pupila y mis camaradas a Frieden. - Setsuna estiró la mano, invitando a Ami a aceptar lo que ella ofrecía. - En mi oasis encontrarás la paz que buscas. -

Esta vez sonaba a que Ami no tenía otra opción o por lo menos así entendió ella. Esta mujer planeaba llevarla hasta un nuevo oasis que no conocía, pero únicamente a ella. No mencionó en ningún momento a Makoto. ¿Y qué ocurriría con Rei y Minako? También necesitaban un lugar donde estar tranquilas.

- Iré con ustedes, pero con una condición. - La mujer asintió con la cabeza, señal para que Ami continuara. - Mis amigas deben venir también. -

Setsuna ya había anticipado algo como esto. Sin embargo, esto no era un problema para ella. Aceptó la única condición que Ami le impuso y aseguró que todas estarían seguras y a salvo una vez alcanzaran los territorios que pertenecían al oasis de Frieden.


¡Y finalmente aparecen Setsuna y Serenity! Con esto ya tengo a casi todos los personajes a bordo de este barco en llamas.

Muchas gracias por leer. ¡Suerte!