Capítulo 49: Por una noche.
En uno de los salones del esplendoroso palacio de Friden se podía oír con claridad los alegres cánticos y la música. Era finalmente de noche, pero el oasis resplandecía junto a la compañía del bello cielo adornado de estrellas.
Hoy se celebraba con gran gozo por orden de la reina. Los mesones debían colmarse de deliciosa comida, las jarras llenadas del mejor licor, los músicos tenían que animar la celebración y los invitados, por una noche, podían olvidarse de sus penas y problemas.
Esta era una fiesta que nadie debía perderse.
- ¿No piensas entrar? –
Al escuchar la voz, Ami volteó, encontrándose de frente con Haruka.
Había estado a solas en el pasillo, observando hacia el interior del gran salón donde se gestaba el festín, indecisa de si debía entrar o voltear, para luego devolverse a su habitación. Ahora que se encontró con la rubia, dudaba de si podía escapar.
- Estaba buscando un rostro familiar entre todo ese tumulto de extraños. – Comentó la portadora del collar. – Creo que pude divisar a Minako y Rei sentadas en un rincón. -
- ¿Y dónde está tu eterna compañera? – Fue la pregunta de la guerrera. Haruka avanzó unos pasos, asomando la cabeza por la puerta, observando lo que acontecía en el interior del salón. – No la veo por ninguna parte. –
- Ella se quedó dormida. – Ami no tuvo el corazón para despertar a Makoto. Su cansancio era evidente, tanto físico como mental. Después de todo lo ocurrido, no tuvo oportunidad de tener un tiempo para ella, un momento para estar tranquila. – De seguro luego se unirá a la celebración. Eso o dormirá hasta el otro día. – La peliazul también tenía sus propias dudas. - ¿Por qué estás sola, Haruka? Pensé que estarías con… -
- No, ella no tenía deseos de estar presente en esta fiesta. – Supo al instante que se refería a Michiru. – Supongo que ambas estamos solas esta noche. –
Las cosas no pintaban bien con la musa. El hecho de que haya rechazado compartir habitación con Haruka dejaba mucho que decir. Su comportamiento, por otro lado, era inestable a momentos. Pese a esto, Haruka creía que presionar a Michiru sería peor. Si deseaba estar a solas, ella lo comprendía.
- ¿Qué te parece si ingresamos? Toda esa comida luce muy apetitosa. –
- Está bien. – Ami asintió con su cabeza. – La verdad es que tengo mucha hambre. –
El comentario logró sacar una gran risotada a la guerrera. Era divertido, pues ella también se estaba muriendo de hambre.
En el interior de salón dieron con Minako y Rei. La peliazul había acertado, pues las encontraron en un rincón apartado de la gran multitud que estaba aglomerada en la habitación.
- ¡Sean bienvenidas a nuestro rincón privado! – Saludó una muy animada rubia mientras sostenía dos botellas de licor en sus manos. - ¡Vengan a beber conmigo, amigas! –
- No puedo creer que ya esté borracha. – Haruka tuvo que sentarse justo al lado de la parlanchina mujer. – Pensé que tendrías más resistencia. – Dijo, arrebatando una de las botellas que sostenía Minako. – Pero no te preocupes, yo seré tu compañera de copas esta noche. –
- ¡Qué noble gesto, hermana! –
- ¡Esto no tiene nada de noble, Minako! – Rei ya estaba harta de este descuidado actuar por parte de la rubia. – ¡No te pienso cargar hasta el cuarto! Dejaré que te arrastres con tu estúpida borrachera de regreso a tu cama. –
- ¡No seas mala conmigo, Rei! –
Todo el mundo estaba disfrutando la gran celebración, incluso la joven princesa de Frieden estaba presente en el festín. Serenity no mostraba indicios de querer abandonar su cómodo sitio junto al mesón repleto de comida del cual Setsuna la deseaba alejar. Era una escena bastante divertida.
Y el espectáculo que estaban armando Haruka junto a Minako estaba pronto a exceder los límites de paciencia que Rei poseía. La pelinegra ahora amenazaba a su compañera de habitación de dejarla afuera toda la noche si continuaba bebiendo.
- "Pero falta alguien acá…" – Ami se estaba divirtiendo, pero no tanto como ella habría querido. Realmente hacía falta Makoto acá. Sin ella, este salón a momentos se sentía vacío. Estaba seriamente considerando marcharse, pese a que recién había llegado y ni bocado, menos un trago, había probado. – "Sin mencionar que la reina tampoco está presente. Se me hace extraño, pues como soberana del oasis, ella debería estar acá." –
- Lamento llegar tan tarde a la fiesta. – Se dejó escuchar una voz familiar. – La música está perfecta. ¿Deseas bailar conmigo, Ami? –
El grupo acalló cuando la pregunta fue hecha. La misma peliazul se tomó su tiempo para reaccionar. Volteó lentamente su cabeza, fijando los ojos en la figura de Makoto. La recién llegada lucía aún cansada, traía sus ropas sucias que todavía no cambiaba, su cabello estaba desordenado. Era a los ojos de todo el mundo un desastre. Pero era a quien Ami esperaba, así que nada de eso realmente importaba.
- Por supuesto. –
Tenían preocupaciones, miedos y heridas, pero por esta noche solamente, nada de eso se interpondría. Ami sonrió a Makoto, ésta respondió igualmente. Se tomaron de las manos y sin quitarse los ojos de encima, danzaron al son de los instrumentos, acompañadas de las melodiosas voces del coro. Eran ellas, únicamente las dos, sentían que nadie más existía alrededor de ambas. Esta noche bailarían hasta no poder más.
- "Parece que soy la única solitaria esta noche." – Otra razón más para brindar, pensó Haruka. - ¡Hasta el fondo! –
- ¡Fondo! – Minako imitó su gesto, llevando hasta su boca una copa llena de vino y acabándola en segundos. - ¡Viva por Frieden y su reina! –
Sin esperar, la mayoría respondió a este grito espontáneo de la rubia, alabando también a la gloriosa soberana y a su divino oasis.
La mirada de Rei no se despegaba de cierta pareja que disfrutaba bailando en medio del salón. Se obligó a sonreír. Dolía, pero debía estar feliz por ambas. Daba gusto que estuvieran juntas nuevamente, y lo mejor, que su relación progresara día a día.
- ¡Arriba mujer! – Alguien la tomó de la mano, alzándola de su puesto e invitándola a danzar. - ¡No te quedarás con las ganas de bailar! – Se trataba de Minako.
- No es necesario… -
La rubia le pidió silencio.
- Imagina que tengo cabello corto y azul. – Dijo la aventurera con una sonrisa. – Así te sentirás más a gusto. –
- Idiota. – Rei se sonrojó a más no poder. – Eres una completa idiota. –
Esa noche parecía que la vida sonreía a todos por igual.
Capítulo 50: Lo que callamos ayer y hoy.
En el agua, su elemento por naturaleza, Ami buscaba algo de descanso. Sumergida hasta el torso, estaba sentada en una especie de tina de piedra blanca, su cabeza inclinada hacia atrás. Tenía los ojos cerrados. Ciertamente se sentía algo más relajada ahora, pero en su mente persistía la tormenta de pensamientos que poco ayudaban a la peliazul a encontrar algo de paz.
Abrió los ojos, bajando la mirada hacia su desnudo pecho, allí donde descansaba su collar.
Lo estuvo escondiendo todo el tiempo bajo su túnica. Ella misma por un tiempo pudo ignorar la verdad, pero ahora que sus orbes se encontraban con la gema quebrada por la mitad, una molesta intranquilidad volvía a apoderarse de ella.
Sin embargo, nada podía hacer al respecto. Sin la otra mitad, su collar no tenía arreglo. De hecho, no sabía a ciencia cierta si Lágrima Azul se podía reparar de algún modo.
- Me duelen los pies de tanto bailar. –
La peliazul se levantó, dejando el agua escurrir por su silueta. Se hizo con una toalla, secó su cuerpo y buscó las vestimentas que había traído una amable criada que apareció frente a la puerta de la habitación. Era un vestido blanco hermoso. Se sentía bien usar algo limpio después de todo el tiempo que cargó con su sucia túnica.
Ami deja el baño, no sin antes esconder el collar bajo su vestido.
- ¿Makoto? – Buscó a la castaña por toda la habitación, encontrándola finalmente en el balcón. Llevaba un atuendo similar al de ella. Su cabello estaba suelto, su melena ondulada se mecía gracias a las caricias de la brisa nocturna. – "Bellísima…" –
No obstante, tanta belleza era opacada por las lágrimas que caían de los ojos de Makoto. Al percatarse de esto, Ami decide aproximarse con cuidado. No preguntó nada al llegar a su lado, simplemente puso una mano sobre uno de los hombros de Makoto, después apoyó su cabeza en su brazo.
- Lo siento. – La castaña trató de calmarse dando unas cuantas inhalaciones profundas. La última la dejó escapar con pesadez. Sus ojos no tenían ese brillo especial de siempre, parecían opacados por algo. – No es nada, pronto estaré bien… -
Y tan bien que se había sentido en el festín. Creyó erróneamente que por fin iba a estar en paz, pero ahora su cabeza volvía a repletarse de confusión. El malestar parecía ser eterno.
- No te atormentes más. – Aconsejó Ami a su compañera.
- No es tan fácil. – Sentía muchísima culpa dentro de ella. Makoto no se reconocía, no sabía qué hacer o cómo tratar nuevamente con la peliazul. – Es realmente complicado aparentar que todo marcha bien cuando la verdad es que estás aterrada por las voces que escuchas. - Era una experiencia agobiante. - Aún puedo escuchar su voz. -
En cierto punto, Ami buscó una de las manos de Makoto. Los dedos entrelazados, gesto claro de que iba a estar a su lado, no se iría. Quería que la castaña se sintiera segura.
- Puedo oír susurros, sufro lapsos en que no sé qué diantres estoy haciendo, tengo miedo. – Su mirada reflejaba el terror que sentía. – No quiero hacerte daño… -
- No lo harás. – Confiaba en Makoto, estaba segura de que ella no haría nada malo en su contra. – Sanarás, te volverás fuerte y todo será como antes. – Dijo la peliazul, tratando de sonar tranquila. – Ella está bajo tierra. -
- Ella está viva, Ami. –
- Estamos en Frieden, se supone que estamos a salvo acá. – No obstante, nadie les aseguraba eso. Simplemente quería creer que eran inalcanzables en este oasis. – La reina Selene te ayudará. Vamos, ayudará a todos. Las cosas estarán bien. -
Makoto secó las lágrimas de sus ojos. Con cuidado, volteó, y con sus brazos rodeó la cintura de la peliazul. Relajó su cabeza sobre uno de sus hombros, suspirando. Un tenue fulgor azulado podía percibirse bajo las prendas de Ami. La energía del collar siempre podía reconfortar y entregar claridad a quien la necesitara. Fue por un lapso corto que brilló, pero que ayudó para tranquilizar a la castaña.
- Eso espero. – Y era lo que también esperaba Ami. - ¿Sabes qué? Extrañaba darte abrazos. – El comentario no iba con el caso, menos con el tema serio de la conversación, pero Makoto quería que la otra supiera eso. – Extraño también dormir junto a ti. –
Ami daba gracias de que estuvieran a solas en la habitación. De hecho, agradecía que Makoto no pudiera ver el rubor en sus mejillas.
- También te extrañé mucho. – Demasiado si tenía que ser específica. – Ocurrió tanto en tan poco tiempo. Pero ahora podemos charlar de todo con calma, nadie nos obliga a apresurarnos. -
Esa noche la conversación de ambas se extendió hasta entrada la madrugada. Una charla secreta e íntima, palabras que deseaban compartir desde hace mucho, pero que por algún motivo nunca revelaron a la otra. Pudieron desahogar emociones que se habían acumulado con el tiempo. Pero cuando el sueño comenzó a ganarles, y la última revelación tenía que ser hecha, decidieron callar y partir a la cama. Confesiones que armaron en sus mentes, sentimientos que deseaban aclarar, terminaron ahora desechados y olvidados.
Era tarde, mañana habría tiempo para sincerar sus corazones. Quizás era falta de valentía, posiblemente creían que no era el momento correcto. Y es que cuando no hay seguridad, hasta los temas relacionados al amor podían terminar postergados.
Mi plan siempre fue llegar hasta los 50 capítulos. Allí, justo en ese número terminar. Pero ya ven, no pude. ¡Ugh! Debería conocerme mejor: Siempre agrego cosas a medio camino. Bueno, igual ya no queda mucho para acabar con la historia.
Gracias por sus preciosos reviews. ¡También por darse el tiempo de leer! :)
¡Suerte!
