Parte VII
Mulan se quedó sin habla cuando, al día siguiente a aquella acalorada noche, se dirigió al palacio para enterarse por la propia Zelena que su Aurora y el matrimonio Swan-Mills habían marchado rumbo a Storybrooke posterior a su desayuno. Sin habla y estática. Tanto que Zelena chasqueó los dedos delante de ella un par de veces para que se despertará del letargo. Por supuesto, la hermana de Regina estaba al tanto de todo y esta comunicación estaba prevista. Su trabajo era comunicarle la marcha de las mujeres a la guerrera. Lo cumplió como era esperado y supo que había surtido efecto. Mulan reaccionó como esperaban. Abatida y aturdida.
Se marchó con unas simples 'gracias'. Caminó cómo quien camina hacia la nada misma, como si las piernas le pesaran y no pudiera razonar. Quizás se sentía tan cansada porque haber pasado la noche en vela, junto a la fogata, pensando en esos besos que se habían dado ella y la princesa, sintiéndose culpable por su mejor amigo y buscando argumentos para no hacer caso de las barbaridades que Aurora insinuaba, había sido mucho esfuerzo. O, quizás, se debía a qué esperaba poder ver a la castaña, poder hablar más con ella y saber que se había marchado la dejaban sin ilusión. O, y peor aún, porque sentía que la había alejado con su desaire. Cuando llegó al lugar donde solía refugiarse en soledad, se lanzó en el suelo, tocando con sus dedos la gramilla, y apoyó su espalda en un tronco. Aún humeaban pequeños los restos de la fogata de manera inofensiva. Cerró los ojos y se quedó dormida, con un último pensamiento en su mente: "no debí dejarla sola, no debí marcharme otra vez".
Despertó porque alguien la estaba sacudiendo con suavidad. Abrió los ojos y vio la mirada esmeralda de Mérida. Tan aturdida estaba que no la había notado llegar. Normalmente, alguien como ella se despertaría del más profundo sueño ante cualquier cambio en el ambiente. Su espíritu guerrero estaba siempre alerta. Excepto hoy, en que se sentía incompleta. Menos ella que nunca.
-Mulan – dijo la chica – te has quedado dormida.
La guerrera pestañeó – me quede dormida – repitió lo que Mérida acababa de decir.
La pelirroja observó la sombra del cansancio, pero también algo más en sus ojos - ¿qué sucede, Mulan? – preguntó.
-Nada – la guerrera trató de esconder su pesar poniéndose de pie y estirándose – estoy cansada – se excusó - ¿qué hora es?
-Tarde, varias marchas después del mediodía – le respondió Mérida.
-He dormido mucho, entonces – aventuró la guerrera manteniéndose a distancia.
-Mulan – la arquera le llamó la atención - ¿qué sucede? – repitió nuevamente.
-Nada, nada, ¿nunca has estado cansada? – respondió con ofuscación.
-Miles de veces, pero no tú – contestó con firmeza la otra chica – tú no eres de las que se quedan dormidas a media mañana y no despiertan si alguien se acerca, te he visto en acción, no es propio de ti – Mérida notó que la resistencia de la otra chica declinó en cómo sus hombros cayeron y su postura se encorvó un poco – tiene que ver con la llegada de tu princesa.
-No es mi princesa – siseó Mulan.
-Claro que tiene que ver con ella – suspiró Mérida – te sugiero que me lo cuentes, así no tengo que perseguirte hasta que lo hagas.
Mulan resopló – es algo personal.
-Creí que éramos amigas, ¿no?
-Lo somos, pero no quisiera lastimarte – le expresó contenidamente.
-Pues si no quieres lastimarme, es mejor que lo averigüe por ti que por alguien más – repuso Mérida tratando de sonar convincente. Consciente de que este asunto podría dolerle, porque en algo estaba siendo sincera Mulan y era en qué dolería.
Mulan se sentó frente a ella y la miró unos segundos con intranquilidad, suspiró antes de pronunciar las palabras – nos besamos.
-¿Aurora y tú? – Mérida quiso comprobar -, pero ¿no está con ese tal Phillip?
-Sí, tiene un hijo de hecho – Mulan suspiró –, pero según ella me ama.
-¿Y tú? – para la pelirroja lo que sintiera o no Aurora era irrelevante, le importaba lo que sintiera la persona que evitaba mirarla desde su posición justo enfrente.
-No sé…
-¿No sabes?
La guerrera alzó la mirada y sacudió la cabeza, resignada – yo – pensó que decir por unos segundos – me pasé los últimos años viviendo en la página de un libro equivocado, soñando despierta – cerró los ojos y suspiró – la guerrera caída en la batalla más desigual del mundo, en una que no llegó a librarse siquiera – chasqueó la lengua con desanimo – amando a la única mujer que no tenía permitida.
-Hasta anoche – sentenció Mérida – hasta que anoche, Aurora apareció en Camelot y te besó.
Mulan resopló casi divertida – el único de los movimientos que no esperaba, justo cuando estaba pensando en saltarme esa página de la historia, el maldito destino caprichoso me derrota otra vez.
-Dependerá de si te dejas derrotar o no – Mérida le sonrió con la empatía a flor de piel – has soñado esta posibilidad, no me puedo creer que estés aquí sollozando por ese destino cuando ha venido hasta aquí sin que necesitaras forzarlo – la pelirroja rodó los ojos – no serías la guerrera que sé que eres si dejaras escapar a tu princesa.
-Es la mujer de mi mejor amigo – se defendió Mulan.
-Si es cierto que te ama, los condenaras a los tres a la infelicidad – repuso Mérida.
-Tienen un hijo.
-No creo que eso sea un problema, estoy segura que lo amaras igual que a su madre.
-Vi la magia del amor verdadero entre ellos – sentenció la guerrera.
-Conociendo la magia, habrá una respuesta a eso también - le respondió Mérida - ¿por qué no vas a verla en lugar de penarla frente a un fuego apagado?
-Porque está en Storybrooke – la pelirroja abrió los ojos y Mulan le contó la historia que Zelena le explicó, cerrándola con una "mea culpa" – la desprecié y se marchó.
-Dudó que se haya ido por eso, pero deberías ir a buscarla – metió la mano en el bolsillo y le lanzó una habichuela mágica – me la había dado Arturo al llegar, para que pudiera ir a casa a ver a mi familia – dijo -, pero creo que pueden esperarme, Hook no tardará en zarpar al norte de nuevo.
Mulan observó la habichuela en su mano – no estoy segura de lo que haré – dijo – tantos años huyendo me han destruido parte de la confianza con la que me conociste.
-Entonces, está claro que debes ir a buscarla, no me gustaría perder a mi amiga – Mérida sonrió y se puso de pie - hagas lo que hagas, hazme llegar noticias tuyas.
Mulan miró un momento a la chica que estaba dejando escapar – realmente, debo estar loca por perderme a alguien como tú, perdóname Mérida.
La pelirroja se río suavemente – no, no estas loca, aunque estas enamorada y dicen que es algo que se parece a la locura – pensó en ella misma abandonando su reino por un deseo de su corazón – me gustaría pedirte algo – le dijo a su acompañante – por una vez, no pienses tanto en los demás y piensa más en ti, Mulan – se rascó la cabeza – te mereces ser feliz.
-Tú también – le deseó la morena y se puso de pie para estrecharla en sus brazos – gracias, Mérida.
-Ey, ni lo menciones.
-Oye, pero no dejes que te casen uno de esos tíos de tu reino – le pidió Mulan – ninguno te llega a la suela del zapato – aseguró.
-Oh no, lo mío son las morenas o las pelirrojas, quizás alguna rubia – sopesó con una mueca de interés.
-¿Estás hablando de cerveza? – quiso saber la guerrera cerrando los ojos en señal de sospecha.
Mérida sonrió y se marchó soltando una única palabra – También…
Tres días. Eso fue lo que le tomó a Mulan decidirse a usar la habichuela y enfrentarse al amor de su vida. A esa mujer que aseguró que la amaba a pesar de lo contradictorio de su situación. Tres días en que pasó yendo y viniendo por Camelot sin saber qué hacía en aquel lugar. Con Mérida había un sentido para esa visita, pero sin ella su presencia en el reino de Arturo era casi tan relevante como la de un turista en la gran muralla. Tomó aire la mañana que se decidió a seguir su instinto. Pensó en Aurora y en Storybrooke y la habichuela abrió un portal justo frente a la plaza. Caminó en silencio hasta su destino, la casa de Phillip. Vio delante de ella la entrada y terminó de derrotar la distancia que la separaba de su destino, sea el que fuera. Iba a llamar cuando un apurado príncipe casi se estrella contra la guerrera.
Phillip abrió los ojos de par en par cuando la vio – Mulan – expresó con alegría – es imposible que tu llegada sea más bienvenida.
Mulan se alegró de verlo tan contento por su llegada y, al mismo tiempo, sintió culpa. Entonces, notó que el joven llevaba su vieja armadura y la espada afilada colgada a su cinto – Phillip – dijo extrañada - ¿qué sucede? ¿Dónde vas?
El joven suspiró – a rescatar a Aurora y espero contar contigo, perdóname por siempre enredarte en las mismas cosas.
-¿A Aurora? – Mulan palideció - ¿cómo qué a Aurora? ¿De qué hablas? Si acabo de verla en Camelot.
-Lo sé, vino, estaba rara – explicó el príncipe – estuvo diciéndome cosas sobre el destino, que el destino se había equivocada y que ella debía probarlo – Phillip tragó saliva – me dijo que ya no me ama – expresó con los ojos perdidos.
-¿Eso dijo?
-Si.
-¿Pero dónde está? – quiso saber Mulan tratando de no profundizar en el asunto del desamor de la princesa con su amigo.
-Me ha llegado este mensaje – Phillip mostró una misiva garabateaba como las que usaban en el bosque encantado – Maléfica la tiene, otra vez.
