Capítulo 51: Ami de Aequor.

- Iré por tu collar, Ami.

Despertó sobresaltada, su respiración acelerada y estaba sudando frío. Pero simplemente nada pudo recordar de lo que estuvo soñando, solo aquella frase que alguien parecía le había susurrado al oído justo antes de despertar.

Fueron segundos los cuales no pudo reconocer dónde se encontraba. Con pereza se acomodó en la cama, permitiendo a los recuerdos reflotar en su memoria. Fue cuando oyó un sonoro ronquido, y después de espiar sobre su hombro a quien dormía junto a ella, que pudo rememorar todo con detalle.

Estaba en Frieden, era el día siguiente a la gran fiesta que se realizó en el palacio y Makoto estaba cómoda durmiendo abrazada a ella.

- "Esto se siente de maravilla." – Ami quería aferrarse a esta dulce sensación que inmensamente había extrañado. Este agradable bienestar y familiaridad que sentía al dormir junto a la castaña era todo para ella.

Sin embargo, nada es eterno. Cuando se encontró cómoda, acurrucada junto a Makoto, alguien llamó a la puerta de la habitación. No podía ignorar por siempre los golpes a la puerta, menos a quien estaba afuera.

- "¿Qué puede ser tan importante como para venir tan temprano a tocar a la puerta?" – Cuando abrió, la presencia de Setsuna ante ella respondió su pregunta: Era obvio que se trataba de la reina. – Ella quiere hablar conmigo, ¿verdad? –

- Nuestra señora está esperando por usted en el salón de oración. He sido enviada para guiarte hasta ese sitio, pero… - La mujer había notado su estado actual. Desaliñada, recién salida de la cama, con el cabello desordenado. Ami no deseaba presentarse así frente a la reina de Frieden. – No creo que le moleste aguardar unos minutos. Tranquila, alístate, yo esperaré acá afuera. –

- Muchas gracias. -


Setsuna es quien guía a Ami hasta un salón con enormes puertas. Al abrir, es invitada por una voz familiar a ingresar, con confianza. Pese a la falta de claridad dentro del salón, Selene asegura que dentro no hay nada que le pueda hacer daño.

- Con permiso. – Dentro se hallaba una enorme estructura de cristal, velas y candelabros, cuales muy poca luz entregaban. En el aire cuelga el aroma de incienso quemado. – Hay un aura muy especial en este sitio. – Asegura la joven.

- Por favor, toma asiento. – Pide Selene, apuntando a la banca de piedra donde ella ya está acomodada.

La soberana de Frieden se toma unos minutos para acomodar las ideas que desea conversar con Ami. Los asuntos referentes a ella debían tratarse con cuidado, pues no deseaba incomodar a la peliazul. Eran temas que Selene sospechaba la joven no recordaba.

- Algo me dice que nuestra conversación deberá partir desde el comienzo de todo. – Dijo la mujer esbozando una sonrisa. - ¿Cómo era tu vida antes de llegar a este planeta? –

- Lamento tener que decirle que no recuerdo nada de eso. Me han dicho que sufro de amnesia o algo así. – Revela la portadora del collar. – No sé de dónde vengo o quiénes eran mi familia. Nada, absolutamente nada. –

- Ya veo. – Selene asiente, comprendiendo finalmente la situación. Ahora entiende la razón por la cual no ha sido reconocida aún por la chica. – Eso explica varias cosas, querida. –

¿Por qué hablaba como si la conociera? Estaba siendo sumamente familiar con ella, cosa que la hacía sentir fuera de lugar.

- Quizás esto te sorprenda un poco, pero tú y yo nos conocimos hace mucho tiempo atrás. –

- ¿Cómo dice? – Ami no pudo disimular el asombro que esa noticia le causó.

- Conocí tu planeta natal, tu familia y el reino del que provienes. – Continuó la soberana con calma. A cada palabra, la peliazul lucía más desconcertada. La revelación verdaderamente la había dejado sin palabras. – Yo era joven, había ascendido al trono hace muy poco y estaba buscando aliados. Aequor, próspero reino, me recibió con los brazos abiertos. Es allí donde te conocí. La pequeña princesa de ese planeta… -

- ¿Una princesa? – Debía estar bromeando. - ¿Yo era una princesa? -

- La pequeña sobreprotegida que cargaba en su cuello con un maravilloso collar, herencia de su familia que únicamente los elegidos podían portar. – Recordaba todo claramente, como si hubiera sido ayer.

Los reyes de Aequor ofrecieron su apoyo incondicional a ella. Selene halló en ese planeta aliados verdaderos, gente de buen corazón y con las mejores intenciones.

– Lamentablemente esa vez no fui sola. Otra reina me acompañó, juntas formamos una pequeña comitiva y viajamos a tu planeta. Digo lamentable, pues se trataba de la misma mujer que te persiguió por mucho tiempo, aquella que deseaba obtener tu collar y poderes: La reina de Lebiatis. –

Lentamente las piezas iban calzando en la mente de Ami, quien trataba de ir procesando toda la información con calma. Pero era en vano, estaba eufórica. Se estaba enterando de todo lo que ella desconocía de su propia vida. Lo que siempre deseó saber, ahora se lo estaban revelando.

- Cuando supe que mi símil de Lebiatis codiciaba tu collar, advertí al reino de Aequor sobre esto y también del peligro que corrían. Ella poseía un gran potencial, podía destruir planetas si lo deseaba. Ella era sumamente peligrosa. – Pero sus aliados decidieron enfrentar las amenazas, pues confiaban en que la heredera, portadora de Lágrima Azul, protegería el planeta. No escucharon sus consejos, perecieron bajo las garras de la maliciosa reina y Aequor desapareció para siempre. – Eres la única sobreviviente de esa masacre. Y el collar que cargas debe ser lo único que queda de tu reino, el único lazo existente con ese sitio. –

La peliazul se sintió angustiada. Selene no tenía idea de que su collar estaba dañado. ¿Cómo le iba a decir que existía la posibilidad de que la mitad de su collar lo tuviera la misma reina de Lebiatis?

- Siempre tuve la intención de ayudarte. Desde los tiempos en que eras una pequeña, hasta hoy en día, mi mayor deseo siempre fue ser un apoyo y guía para ti, Ami. – Sin embargo, su responsabilidad como soberana de un oasis hasta hoy en día la mantiene muy ocupada.

Cuando perdió contacto con los reyes de Aequor, supuso lo peor para todos. Por años se preguntó sobre el paradero de la joven princesa. Ahora, el desenlace de los acontecimientos era más claro, pues tenía justo frente a ella a Ami.

– Comprendo la responsabilidad que cargas con tu collar. Así como tú, yo también tengo una reliquia heredada que me concede poder. Tengo también un deber que cumplir, por eso necesito que me respondas con sinceridad lo siguiente… -

Selene observó a la joven directamente a sus ojos. Si llegaba a mentir, lo sabría.

- ¿Por qué siento el poder de tu collar bajo la tierra? –

Ella lo sabía. Estaba en conocimiento de todo, ella sabía todo.

- Sé que tienes el collar bajo tus prendas. Entonces, ¿cómo es que lo puedo sentir en dos lugares diferentes a la vez? –

Estaba obligada a hablar.

- La gema de mi collar se rompió… -

Ambas presentes dieron un salto de la impresión a causa de un fuerte ruido. Los quejidos de cierta princesa, tirada en el suelo, llamaron la atención de las dos. Detrás de la rubia, abiertas de par en par, se encontraban las puertas del salón.

- ¡Serenity! – La reina sospechaba ya qué ocurría acá. - ¿Qué te he dicho sobre escuchar conversaciones ajenas? – Preguntó molesta.

- ¡Me he golpeado las rodillas! – Lloraba la princesa. - ¡Solo quería saber qué tanto charlaban! –

A los segundos apareció la tutora de Serenity, quien la ayudó a ponerse de pie.

- Por favor, disculpa a mi hija. – Pidió Selene a Ami. – Tiene malas costumbres que Setsuna aún no logra corregir en ella. –

- Lo lamento, majestad. – Se disculpó la morena. – Llevaré a la princesa a otro sitio. -

Todo parecía apuntar a que la conversación había acabado ya. La reina notó la incomodidad de la peliazul. Seguramente ya se sentía lo suficiente culpable por lo ocurrido con su collar. No pensaba amargar más su día, así que decidió dejarla ir.

- Gracias por tu sinceridad, Ami. – La joven no tuvo el valor de levantar la vista. – Ahora sé qué debo hacer por el bienestar de mi gente y este planeta. –

- Perdón… –

- No es necesario. – La reina posó una mano sobre la cabeza de la peliazul. Esto había sido mucho. – No debes pedir perdón, querida. -

Cuando Ami abandonó el salón, Selene quedó a solas en las penumbras de esta habitación. La reina volvió a tomar asiento, observaba cómo se iba materializado entre sus manos un bello cristal. El fulgor de su gema iluminó su serio rostro.

- Eso pasa cuando pones tus esperanzas en terceros para que hagan tu trabajo. – Selene sintió molestias en su pecho. Tosió, tapando su boca con una mano. – ¿Cómo haré para proteger a todos? - Preguntó a nadie en realidad.

En su mano distinguió el color carmesí de su propia sangre.


Capítulo 52: Una jaula de cristal.

En el comedor del palacio reinaba la quietud. Eran solo ellas dos, extrañamente nadie más. Mas cierta rubia no estaba disfrutando mucho su comida.

Quizás Rei no lo había notado, pero Minako era muy observadora en estos casos. La verdad era que siempre estaba atenta a todo. Y si tenía que ver con la pelinegra, pues con mayor razón estaba interesada.

Llevaba cerca de cinco minutos observando su platillo con carne y verduras. La rubia encontraba que eso era una ofensa para tan deliciosa comida. ¿Qué te vean y no te coman? ¡Rayos! Eso iba en contra del propósito de una deliciosa preparación.

- Ella debe estar bien, Rei. – Dijo finalmente Minako. – Seguramente anda escondida en algún sitio de este enorme palacio. –

Un par de orbes amatista se posaron sobre ella.

- Makoto la lleva buscando desde la mañana. No lo sé, ¿y si algo le ocurrió? – Se notaba en el tono de su voz la preocupación. - ¿Qué pasa si…?

- ¡Tiene un maldito collar mágico! – La cabeza le dolió terriblemente. Minako usó ambas manos para hacer presión en su cráneo. Luego, continuó con su idea. – Ya no hay peligros para nosotras, Rei. Tu amiga está libre, puede hacer lo que quiera. Además, puede defenderse sola si algo le llega a ocurrir…- Soltó un gruñido. – ¡Mi cabeza! –

- ¿Quieres algo de vino? Seguro ayer no bebiste lo suficiente. -

- ¿Sabes? Eres completamente malvada. – La rubia sacudió la cabeza de un lado para otro. Soltó un largo suspiro, para después levantarse de golpe. – ¡Ya me aburrí! – Exclamó la aventurera. – Quiero salir a conocer mejor este oasis. ¿Vienes conmigo? –

- Pero tu comida… -

- No tengo mucho apetito. – Actualmente, lo único que tenía era mucho malestar. Pero hacer otras cosas ayudaba a olvidar su dolor. - ¿Vienes o te quedarás observando media hora más tu plato? –

Rei como pudo escondió la pequeña sonrisa que esbozó.

- Está bien, andando. – Distraerse seguramente le haría bien.

Abandonaron el comedor, Rei caminaba en relativo silencio. Es Minako quien siempre tiene algo que decir. La azabache prefería escuchar. Su atención, sin embargo, fue robada por el paisaje del centro urbano del oasis.

- "¿Cómo pueden vivir encerrados?" – Cuestionaba la mujer. – "¿Acaso no les molestan esas enormes murallas que los rodean?" – Ella de por sí ya se sentía asfixiada.

Esta vez no pudo suprimir la sonrisa que apareció en su rostro cuando divisó a Fobos y Deimos volando cerca del palacio.


Bellos ojos azules miraban fijamente, concentrados, aguardando a que algo sucediera. Había sufrido una especie de presentimiento agudo que la llevó a buscar su espejo. No había hecho uso de él desde la batalla contra la reina. Ahora, casi de la nada, tuvo esa sensación extraña.

La superficie del espejó comenzó a brillar. Una imagen difuminada se reflejaba en el artículo, Michiru se preparó para recibir el mensaje. Sin embargo, un fuerte malestar en su cabeza la obligó a cerrar sus ojos.

- "Maldición…" – Las imágenes terminaron por desaparecer antes de que ella las pudiera interpretar. – "Todo por culpa de estos dolores."

Se propuso intentar nuevamente ver lo que el espejo le deseaba revelar, pero Michiru se ve interrumpida por segunda vez. En esta ocasión se trataba de alguien llamando a la puerta de su habitación.

- ¿Estás allí, Michiru? – Esa era la voz de Haruka. – ¿Hay alguna posibilidad de que pueda entrar? Solo deseo charlar contigo. –

Ha estado siendo muy esquiva con la rubia. No tenía culpa de nada. Todo lo contrario, Haruka ha estado todos los días muy preocupada por ella. Y Michiru solo la estaba alejando.

- Adelante, puedes entrar. – No podía ser tan cruel.

La bella musa sintió curiosidad de ver ingresar a la otra mujer cargando con algo entre sus manos.

- Disculpa que venga a molestarte. – Haruka se notaba insegura. De hecho, se había quedado de pie junto a la puerta una vez la cerró. – He notado que no has comido bien estos últimos días. – Sí, traía con ella una bandeja con comida. – Realmente lo lamento. Solo pensé y lo hice. Te traje esto sin preguntarte… -

- Está bien, Haruka. – Michiru se acomodó en su cama, haciendo espacio para que la rubia pudiera tomar asiento. Con una mano señaló para que la guerrera se acercara. – Muchas gracias por tu amabilidad. –

- No hay problema. –

Haruka tomó asiento a los pies de la cama. Decidió acompañar en silencio a Michiru, mientras la otra comía sin mucho ánimo lo que había traído para ella. De vez en cuando se le hacía difícil apartar la mirada de la bella musa.

- ¿Ya tuviste tu charla con Selene? – Sintió curiosidad Michiru.

- Sí, esta mañana. – Estuvo con la reina cerca de treinta minutos conversando. Pero por alguna razón, se sintió con una eternidad. Había sido la charla más incómoda de su vida. - ¿Qué hay de ti? ¿También te llamó? –

- No me presenté. – Simplemente se negó. Setsuna, que fue enviada por ella, asintió y aseguró que estaba bien. Michiru no estaba obligada a hablar. – No tenía deseos de ver a la reina. – Dijo seriamente.

La rubia sintió el cambio inmediatamente. El ánimo de la otra mujer cambió radicalmente cuando el tema de conversación pasó a ser sobre la soberana de Frieden.

- ¿Deseas hablar sobre algo? Ya sabes, desahogarte. –

Michiru apoyó su cabeza contra la muralla. Sus ojos viajaron desde la comida hasta una ventana que había junto a su cama.

- Mi mayor deseo siempre fue volver a Frieden. No obstante, hasta hace pocos días atrás, pensé que mi destino era morir. – Ella siempre estuvo segura de eso. Volver a su hogar siempre le pareció imposible. – Pero ya ves, acá estoy. –

Se sentía agradecida por la ayuda que le habían brindado desde su llegada a Frieden. Sus heridas fueron curadas y finalmente su mente comenzaba a aclararse. Sin embargo, no podía superar los sentimientos negativos que le causaba tener a Selene en frente. Era una repulsión total hacia la reina.

- Sufrimos demasiado, fuimos torturadas y vivimos engañadas por años. Fue Selene quien nos envió a esa misión, pero no pudo hacer nunca algo para rescatarnos. ¿Qué le impedía enviar ayuda? – Michiru sentía que la reina simplemente se olvidó de ellas y las abandonó a su suerte. – Si no hubiera sido por la aparición de Ami en este planeta, nada hubiera cambiado. Seguiríamos bajo el mando de la reina de Lebiatis. –

Haruka escuchó atenta a la otra mujer. Finalmente sabía cómo se sentía y qué le molestaba. Era comprensible que se sintiera de ese modo. Ella veía las cosas desde otra perspectiva, pero eso no le impedía entender la posición de Michiru.

- Gracias por escucharme. Tenía todo esto guardado y no me estaba haciendo bien. – La musa sintió el cálido tacto de Haruka sobre una de sus manos.

- No quiero que vuelvas a sentirte a la deriva. Mientras esté acá, siempre tendrás a alguien que te escuchará y ayudará. No estás sola, Michiru. – Dijo con la mayor sinceridad posible. Eran palabras que escaparon de su corazón. Esta era la verdad, como ella siempre se ha sentido hacia la otra mujer. - ¡Disculpa! Sé que deseas tu espacio y yo… -

Haruka trató de retirar su mano, pero Michiru se lo impidió.

- No, tranquila. Está bien, estoy bien con esto. – No podía huir por siempre de estos sentimientos. Igualmente, no se podía negar a ella misma el ser feliz junto a la persona que amaba. - Te quiero acá, conmigo. -


El ocaso reflejaba sus bellos tonos en el oasis de Frieden. La gente dejaba sus puestos de trabajo y volvían a sus hogares luego de un largo día de labor. Iban satisfechos, felices y sin preocupaciones. Así de seguros se sentían todos.

- ¿Por qué nos torturamos de esta manera? – Preguntó Rei mientras subía con pereza las escalinatas del palacio. – Salí para animarme, pero volví más deprimida. –

- Eso pasa cuando no tienes dinero. – Dijo Minako.

Pasaron por inmensos negocios donde vendían un sinfín de objetos, todos muy hermosos, pero bastante costosos. Ni hablar de los deliciosos manjares que ofrecían en puestos de comida. Y apenas caminaron un par de cuadras. El oasis era inmenso, aún quedaba tanto por conocer.

- Mañana podemos salir temprano a conocer otros sitios, pero donde no haya comercio… - La rubia se fijó en algo que ocurría lejos de donde estaban. - ¡Mira! ¡Son Ami y Makoto, allá en esa torre! –

- ¿Dónde? – Rei siguió el dedo que Minako usó para apuntar.

En efecto, se trataba de ellas dos. Debido a la altura de la torre, era complicado saber de qué hablaban o qué estaban haciendo. Pero Ami parecía estar bien, y eso era lo más importante para Rei.

- ¿Ves? Yo te dije que todo estaría bien. –

- Sí, estabas en lo cierto… -

Minako escuchó un fuerte quejido desde su espalda. Volteó, y enseguida corrió al lado de Rei, quien estaba agachada en las escalinatas sosteniendo su cabeza.

- ¿Qué te pasa? – La rubia se preocupó al no oír respuesta por parte de la azabache. - ¡Dime qué te ocurre, Rei! –

Eran miles de escenas ocurriendo frente a sus ojos. No podía entender qué ocurría, no sabía qué hacer, no se detenían. Sus ojos lloraban solos, estaba jadeando, le faltaba el aire. Muertes, destrucción, llantos y desesperación. Un poder oscuro que deseaba emerger. Era el fin, ella estaba viendo cómo todo acabaría.

- ¡Reacciona ya! ¡Basta! – Pedía Minako desesperada.

Y se detuvieron. Su mente pasó a blanco por segundos, luego volvió a la normalidad.

- ¿Rei…? –

- Visiones, eran muchas… – Sintió el abrazo reconfortante de la otra, aceptando el gesto. Se aferró de Minako sintiendo terror. Pudo ver tanto, pero entender tan poco. – No fueron cosas buenas. -

La vida de todos en este oasis estaba en peligro. Sin embargo, solo Rei sabía esto. El resto vivía ignorando la amenaza que existía justo bajo sus pies.


El mes no se puede ir sin que suba una actualización. ¡Y esta viene bastante rellenita! ¿Qué puedo decir? Me pasé de mi límite establecido de palabras. Mala Nios, muy mala. XD

Gracias por los bellos reviews, gracias por leer. ¡Suerte!