Parte VIII
Mulan y Phillip cabalgaban hacia la Fortaleza Prohibida casi sin descanso. Como antaño, cuando buscaron sin cesar a Aurora, ambos amigos se unieron en la cruzada de volver a recuperarla. Pero, aunque no se detenían más que lo necesario para descansar sus caballos, la fe con la que recorrían la travesía era diferente. Esa aventura estaba llena de interrogantes, decepciones y confusión.
Phillip pasaba las horas analizando las palabras de la mujer que amaba, de la madre su hijo. Sus últimas palabras antes de partir hacia el reino de Maléfica. "No siento lo mismo que tú, yo no te amo". El príncipe sacudió la cabeza para olvidarse de aquella sentencia. "Hay alguien por quién necesito probar que el amor verdadero puede cambiar". Phillip apretó los dientes. Aurora se marchó de su lado, luego de pasar un tiempo con su hijo y hacerle al pequeño la promesa de volver. Se marchó porque quería dejarle atrás. Aun así, él estaba seguro que era su destino. Por eso, no opuso resistencia en salir a buscarla y estaba muy feliz de tener a Mulan acompañándolo.
Mulan, por su parte, no dejaba de preguntarse en qué diablos pensaba Aurora para lanzarse al reino de la bruja Maléfica. ¿Qué demonios trataba de probar con todo esto? ¿Qué era lo que quería demostrarle? Porque si Phillip estaba en lo cierto y Mulan había marchado, como le dijo, para probar su amor por ella: ¿de qué manera pensaba probarlo? Otra de las preocupaciones de la guerrera pasaba por la implicación de Emma y Regina en el asunto. Antes de salir, pasaron a dejar al pequeño Phillip Jr. con Snow y David para enterarse que rubia y morena habían marchado junto a Aurora en la travesía. Si ese par estaba en el ajo, aquello podía ser un verdadero caos. Mulan se fiaba de Regina, pero era Emma la que la preocupaba. La última vez que Emma había incitado a Aurora a hacer algo, ésta se había emborrachado como una cuba y había estado lanzándose puyas con hombre y mujeres. Además, esa misiva insinuaba que Maléfica la tenía retenida. ¿Qué había pasado?
Pararon a descansar por tercera vez en el momento en que los caballos bramaron buscando aire. La fogata la hicieron más por mantenerse entretenidos y alimentarse con algo fresco que por necesidad, la luz del sol alumbraba la mañana de invierno. Mulan no pudo con más de tres bocados, cansada y preocupada. Phillip comió su ración, pero sin dirigir ni siquiera una palabra a su compañera. Al menos hasta que no terminó con ella.
-No entiendo – dijo entonces – no entiendo porque viajo a Camelot.
No hacía falta adivinar que hablaba de Aurora.
Mulan tragó en seco – tenía – pensó que decir – que pensar, que resolver un asunto.
-El asunto del nuevo amor – sentenció Phillip con una muesca de cinismo – entonces, sabes de quién se trata – Mulan no respondió a su comentario, pero al príncipe no le hacía falta – no entiendo qué quiere probarle.
Mulan reveló una mueca de culpa que no pasó desapercibida para el joven – no debió intentar probar nada.
-¿Por qué te culpas por esto? – quiso saber Phillip – no digas que no porque lo veo en tu rostro desde que salimos de Storybrooke – mencionó – le estás dando vueltas, tanto como yo.
-Le dije que no podía ser – Mulan se sinceró sin sincerarse – le dije que era imposible que estuviera enamorada de nadie más, que era solo un capricho – las palabras surgieron dolidas de la mujer – la empujé, Philip, la empujé a probar esta locura.
-¿Por qué estás tan segura que es imposible que amé a otro?
-Porque vi la magia del amor verdadero entre ustedes – la guerrera resopló – fui testigo, la magia que se expandió de su beso me traspasó, es algo que no puede ser negado.
Phillip la observó durante unos segundos – lo sé, pero ¿no es suficiente con que ella dijera que no me ama? – aquello dejó a Mulan aún más desamparada, hasta para su amigo, siendo rechazado, estaba claro que confiar en Aurora era lo principal - ¿y por qué fue a Camelot? ¿Estaba allí? ¿El hombre al que ama?
Mulan se mantuvo en silencio, preguntándose si decir que "no" no era, en realidad, una mentira. Al fin y al cabo, "el hombre al que ama Aurora" no estaba allí. No había hombre. Solo ella. Phillip se resignó a que no le sería revelado nada.
-Lo siento, Phillip – respondió simplemente.
-No importa, no entiendo porque no quieres decirme nada, pero lo respeto – el príncipe respiró profundamente y soltó todo ese aire junto – no voy a insistir.
-Es solo que debería ser Aurora la que te diga – Mulan pensó que no sería justo tampoco – o deberíamos decírtelo estando las dos presentes.
-Entiendo, entiendo – el joven meneó las manos, pero la guerrera sabía que no podía leer nada en esa frase que le llamará la atención -, pero ir a buscar a Maléfica, ¿qué es lo que estaba pensando esta mujer?
-No sé. Debemos encontrarla, frenar la locura que tenga pensada – la guerrera se puso de pie, dispuesta a seguir viaje – y puede que patearle el trasero a Emma Swan porque sin dudas ha tenido algo que ver con todo esto.
Phillip sonrió y se subió al caballo – no puedo creer que le conté a esa mujer que no estaba bien con Aurora, nunca debí decirle nada.
-Probablemente.
Unas horas más tarde, la sombra de la fortaleza prohibida se alzaba a kilómetros del destino debido al sol alto. La sombra no solo era un concepto físico provocado por el castillo. Era un concepto mucho más siniestro, una enorme sombra oscura había barrido la gramilla de la zona. La marca del fuego era una señal perturbadora para ambos. Estaba claro que Maléfica se había salido de control en los últimos días. Había carruajes incendiados y el olor a carne quemada no era broma.
-¿Qué ha pasado aquí? – dijo Phillip deteniendo el caballo – es cierto que la bruja a enloquecido, es cierto que la tiene secuestrada.
-Creía – Mulan tragó saliva – que Maléfica había recuperado a su hija y estaba mejor, menos dispuesta a la maldad.
-Hace tiempo que no la vemos, pero lo mismo pensaba yo – dijo él.
-Continuemos, Phillip, esto no pinta bien – Mulan estaba empezando a desesperarse.
Galoparon con sus caballos acercándose a la fortaleza. A Mulan el corazón le latía en los oídos, no cabía en sí de la ansiedad. Su Aurora, su pequeña tenía que estar bien. ¿En qué estaba pensando? ¿En Qué estaban pensando Emma y Regina trayéndola con un dragón embravecido? ¿Con la peor enemiga de la princesa?
Cuando llegaron a una zona más boscosa que precedía al puente que llevaba al castillo se encontraron con una escena inesperada. En una jaula dispuesta a 2 metros del suelo, estaban Emma y Regina. La rubia parecida haber padecido de una tremenda chamusquina con su rostro lleno de hollín.
-Phillip – gritó la rubia – Mulan, por favor, bájennos de aquí.
Regina no emitía palabra y, ni bien la jaula tocó el suelo, Emma suplicó que le dieran agua y le dio a su morena primero. La alcaldesa hizo lo imposible por beber unos tragos y respiró con inquietud.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Aurora? – las apremió la guerrera.
-No lo sé, Mal la tiene – Regina habló con la voz áspera – llevamos al menos 36 horas en esa maldita cosa – les mostró la muñeca – me inhabilitó con mi propio brazalete y a Emma – la rubia mostró su muñeca que estaba similar.
-Se volvió loca – dijo Emma.
-¿Pero qué demonios hacían aquí? – les reclamó Phillip.
-Aurora trataba de encontrar una respuesta, quería que Maléfica le dijera cómo había conjurado el hechizo que la durmió, quería saber si había alguna diferencia entre el hechizo que lancé a Snow y el suyo – Regina explicó estirándose en el suelo, con evidente felicidad por tocar el suelo después de tanto tiempo – fue un error, no debimos haberla traído.
-Lo dices o lo cuentas – Mulan estaba a punto de volverse loca - ¿cómo diablos se les ocurrió aceptar semejante barbaridad? Miren este sitio, ¡esa mujer está loca! ¿Cómo no se marcharon ni bien ver este panorama?
-Bueno, esto fue posterior – explicó Emma – digamos que se me fue la boca e hice enojar a la señora del castillo.
-¡¿Es qué cómo se te ocurre llamar 'casi ex suegrita' a una mujer que puede transformarse en un DRAGON?! – la morena prácticamente la arrasa con su chillido y, si no fuera por los brazaletes, príncipe y guerrera estaban seguros que Regina le habría lanzado una bola de fuego a su esposa, solo por venganza.
-¿Para romper el hielo? – Emma levantó las manos desde sus rodillas en el suelo – lo siento amor, sabe que no se han dado bien nunca las suegras.
-¡DEJA DE LLAMARLA ASI! ¡Y esos comentarios! ¡LOS COMENTARIOS!
-No te pongas celosa, mi reina, sabes que no llegó nunca a oficializar como tal – Emma se cuadró de hombros – por mucho que me insistió Lily yo no me deje, te estaba esperando.
Regina frunció el ceño – mira, solo porque te amo lo dejaré pasar – respiró profundamente – será mejor que nos apresuremos, no sé qué pudo haber hecho con Aurora en el estado de nervios que estaba esa mujer.
