Parte IX
Caminar hasta dentro de la fortaleza careció de dificultad. Una vez franqueado el ingreso, dentro reinaba una paz y un orden que poco tenía que ver con las cenizas en el exterior. Como si el dragón bravo e irracional que era Maléfica tuviera claro los límites para su caótico comportamiento. Pero todo estaba igualmente muerto. Cada planta, cada árbol. Aunque no estuvieran arrasados por las llamas, yacían sin vida.
-Parece que 'tu Mal' no tiene pasta de jardinera – bromeó Emma a su mujer, aunque había un cierto cinismo en parte de sus palabras.
Caminaron dentro por variados pasillos vacíos de guardias y consiguieron llegar al reciento central sin sorpresas. Demasiada tranquilidad que se rompió cuando se toparon de frente con una escena familiar. Flores muertas, plantas sin vida y, en el centro de la sala, recostada con las manos cerradas en su pecho y dormida, estaba Aurora. Guardándola, con apariencia desprolija y bebiendo alcohol, estaba la misma Maléfica. Sonrió al ver llegar a Phillip y sus acompañantes.
-Vaya, vaya, al fin llegas, príncipe – pronunció la "P" con agresividad – parece que la princesa no está disponible, ¿sabes?
El príncipe resopló – dormida otra vez – dijo viéndola como quien no ve ninguna novedad – parece que tus trucos han tocado su límite de creatividad.
Maléfica sonrió con crueldad – oh, es que no la aguantaba más – bebió un sorbo e imitó una aguda voz – '¿Qué cómo has conjurado mi hechizo? ¿Qué cómo es que no funciona como el de Snow White? ¿Puede alguien que no es mi amor verdadero despertarme? Dímelo, Dímelo, Dímelo' – remedó a Aurora y, entonces, le dirigió al joven una mirada divertida - ¿sabías que ya no te amaba? – él apretó los dientes como respuesta –oh, sí que lo sabías – se puso de pie – que buena chica – dijo rozándole el rostro a la princesa con sus dedos.
-¡No la toques! – Mulan estaba a punto de lanzarse a por ella, solo quería volver a ver los ojos de su amor.
-Oh, un nuevo caballero – Maléfica se regodeó al percibir la actitud de la mujer guerrera y le volvió a hablar a la princesa como si pudiera escucharla – esta parece mucho más pasional que el anterior – observó mejor a Mulan – desde luego, más guapa.
-¡Lo sabía! – la voz de Emma cortó el silencio – sabía que te iba el rollo, tenías toda la pinta.
Maléfica renegó - ¿Por qué tuvieron que liberar a esta mujer? Haberla dejado donde estaba – se quejó – no para de decir tonterías, me pone de los nervios – y observó a Regina – no entiendo que le ves, estarías mejor conmigo si quisieras.
Emma miró a Regina y luego a Maléfica, luego a Regina de nuevo - ¿tú y ella? – Regina no dijo nada como respuesta – ah no, yo te mató, dragón putero – vociferó y cómo resultado el brazo de la morena se interpuso.
-Igual que usted y la señorita Page, el asunto no llegó a un resultado concreto – explicó Regina – y, por favor, dejemos estas rencillas para después, ya hubo mucho fuego bajo este puente como para empezar a discutir de nuevo sus asuntos amorosos y los míos – respiró profundo – vinimos por Aurora.
Emma se incorporó todo lo recta que pudo, gruñendo a la hechicera rubia como respuesta - es verdad, Felipito desahuciado, si está dormida te conoces esta parte.
Maléfica se río estrepitosamente - ¿dormida? ¿Quién dice que está dormida? Lo que está es muerta – la bruja abrió la boca como si quisiera mostrar asombro, pero con aire a cinismo – bien, pero muy bien muerta – señaló acariciando el pálido hombro de la joven.
Mulan sintió que el corazón se le paraba en seco. No podía ser. Regina caminó rápidamente y buscó signos vitales. Ella sabía que, a pesar de que el hechizo los anulará para el oído normal, la sensibilidad de una bruja podría captar cualquier señal. Apoyó sus dedos sobre la muñeca de Aurora. Frenó su respiración al notar la fría piel y cierta rigidez. La sangre de la princesa no fluía por sus venas, se había detenido. Su corazón también.
La morena se llevó la otra mano a la boca – dios mío, ¿qué has hecho, Mal? – susurró.
-Cansarme – dijo Maléfica – cansarme de esto, me traes la venganza a mi casa y no debo tomarla, ¿qué clase de hechicera malvada sería?
-Eres una arpía – la salvadora apretó los dientes y el brazalete que la tenía prisionera se deshizo producto de la furia que la poseía – solo quería un poco de ayuda – dijo con ira y culpa en igual medida.
Maléfica al notar el poder que guardaba Emma en su interior, murmuró – interesante.
Phillip llegó hasta Aurora y la besó como quién no puede creer ni lo que ve, ni lo que oye – venga, Aurora, venga – le pidió al ver que nada sucedía – venga – repitió sacudiéndola – no puede ser, no puede ser, Aurora, no puedes morir, le dijiste a Phillip Jr. que volverías, no puedes morir, no puedes.
Emma lanzó un rayo furioso hacia Maléfica, pero ella lo esquivó y se volatilizó hacia algún sitio de la fortaleza – da igual, te voy a encontrar y lo pagaras – vociferó la rubia, puso su mano en la muñeca de Regina y desencadenó su atadura. La morena se recostó en su hombro, mientras veían a Phillip derrumbarse y a Mulan paralizada.
La guerrera observaba como la esperanza de que su mejor amigo obrará la magia del amor verdadero se desmoronaba, esperaba que todo aquello fuera una locura, una maldita broma. Cuando lo vio caer de rodillas rendido se dio cuenta que Aurora no estaba allí con ella, que aquel cuerpo que parecía dormir no iba a despertar. No había magia, no había amor verdadero que superará esa muerte. Aurora se había marchado sin que pudiera ni siquiera decirle cuánto la amaba, la importancia que tenía en su vida. Todo lo que la había hecho soñar, dormida y despierta. La forma en la que le pertenecía. Caminó casi dando tumbos hasta la princesa y cayó de rodillas igual que Phillip.
-Lo siento – le susurró al rostro helado de su querida princesa – perdóname, Aurora, perdóname por no creerte – le suplicó – debí creerte cuando me dijiste lo que sentías, ¿por qué no pude creerte? ¿Por qué fui tan idiota? – se reprochó - ¿Por qué no pude entender que bastaba con tus palabras? – las lágrimas la abandonaban sin poder detenerlas – todo esto es mi culpa, pequeña, debí creerte.
Phillip observó la angustia de Mulan, su dolor. Los ojos llenos de pérdida y se vio reflejado en ellos, se vio duplicado en esa mueca de desolación que invadía a su mejor amiga. Pensó en los últimos días, en sus preguntas sin respuesta y obtuvo una única solución para todas - ¿tú? – le preguntó aunque ya sabía la respuesta. Era siempre la misma.
-Perdóname Phillip, eres mi amigo y no quisiera que tuvieras que agregar más pena a esta pérdida – le confesó Mulan sosteniéndole la mirada, para luego volverla a la princesa – siempre – admitió – desde hace demasiado tiempo – dijo – esto es culpa mía, solo mía.
-¿Por qué? ¿Por qué no me lo contaste? – quiso saber el joven, pero luego sacudió la cabeza indicando que eso era lo de menos - ¿por qué no le creíste cuando te dijo lo que sentía? ¿Por qué, Mulan? Si la querías desde hace tanto, ¿por qué no le creíste? – había una mezcla de tristeza y enfado en sus palabras.
-No sé – Mulan lloró con desenfado apoyando su frente sobre la de Aurora – no sé por qué, por temor, por aprensión, por estupidez – confesó la guerrera acariciando el rostro de la joven, ese rostro helado y sin vida.
-¡ESTO NO DEBERÍA HABER SUCEDIDO! – Phillip gritó su enojo con desasosiego y puso una mano en el pomo de su espada, sin saber qué hacer.
Mulan se sintió más culpable al verle fuera de si – mátame si quieres, Phillip, me harías un favor si me matas – el príncipe meneó la cabeza negativamente – lo sé, no merezco el alivio de irme con ella, no la merezco, no pude cuidarla en vida – suspiró sintiéndose incomoda por dejar salir todos esos sentimientos y emociones, pero no tenía como retenerlos – daría mi vida porque volvieras, Aurora, vuelve, por favor – le rogó desesperada.
Regina sintió esa pérdida como si fuera suya. Recordó su perdida anterior y se abrazó más a Emma que permanecía con el rostro neutral, pero el corazón desbocado. La morena pensó en cómo se sentiría si perdía a la sheriff y solo pudo pensar en morir con ella, igual que Mulan.
La guerrera siguió hablando con la princesa, aunque no la escuchará – yo te amo tanto, Aurora, te amo tanto que me duele cada vez que respiró, cada día que pase sin poder tenerte cerca fue una tortura para este corazón mío, me fui de tu lado, pero te quedaste mi vida y mi alma – Mulan volvió a llorar amargamente – y ahora, ¿qué voy a hacer ahora? No hay vida sin ti, mi amor – confesó – no podría hacer nada sin saber que sigues en este mundo, ¿por qué? ¿Por qué no te abracé para siempre cuando me dijiste que me amabas?
-Hay que buscar a Maléfica – Phillip se puso de pie limpiando los vestigios de su propia tristeza, incapaz de ver a su amiga tan dolida, tratando de encontrar una razón de ser para los dos – hay que encontrar a Maléfica – puso una mano sobre el hombro de la guerrera – vengar a Aurora, Mulan, vengar su muerte.
Mulan lo miró como quién ve a un desconocido – no, no, no puede ser – la negación se hizo presente en ella – no puede ser – dijo sacudiendo a la princesa – no puedes morir.
-Ya ha muerto – espetó Phillip – ya está hecho, Mulan.
-No, no, ¡NO! Me niego a que muera, me niego – puso sus manos a ambos lados de la princesa y con toda la voluntad que tenía en su corazón le ordenó – tienes que vivir, debes vivir, Aurora – vociferó – me niego a que mueras, ¡VIVE! – y besó esos labios apagados que tantas veces deseó en silencio.
Un estallido de magia potente y desconocido los hizo retroceder a todos y las flores muertas de aquel lugar muerto revivieron, de repente, pintando la sala de colores vivos. Fuera, la gramilla quemada se abrió camino entre las cenizas del caos de Maléfica y unos cuantos animalitos arrasados por el fuego horas antes, corrieron por el prado sin parar. Mulan se puso de pie justo para ver como su princesa, su Aurora, abría los ojos y daba una bocanada de aire apresurada y jadeante. Como si hubiera contenido la respiración por mucho tiempo.
-¡JODER! – Emma abrió los ojos de par en par y le dio un golpe a Mulan en el hombro, sonriendo – eres la maldita 'Jesucristo Superstar' – aseguró viendo como la guerrera la ignoraba para lanzarse a los brazos de su princesa, llorando, pero de la emoción de ser correspondida, de notar los latidos del corazón de Aurora.
Maléfica apareció a su lado, mucho más elegante que la última vez que la vieron.
-¿Qué has hecho, Mal? – le preguntó Regina asombrada por el poder de su amiga.
La mujer sonrió – perfeccionar el hechizo del sueño para que fuera mucho más que eso – explicó – Aurora necesitaba probar que su vida estaba anclada a la de esa mujer y pensé que sería una excelente oportunidad para probarlo.
-No entiendo – Phillip estaba tan sorprendido como todos – ella no estaba viva.
-No, no lo estaba – Maléfica suspiró a sabiendas que debía explicarse – cuando vi lo que el amor verdadero podía logar, pensé que limitar sus efectos a despertar de un sueño eterno era demasiado dócil para su potencial, así que conseguí vincular el amor a una prueba mayor, una prueba de vida.
-Es peligroso – sentenció Phillip.
-Sí, pero también poderoso – observó alrededor – mira lo que ha conseguido – le indicó – Aurora dio su vida por la fe que tenía en que Mulan no se resignaría nunca a perderla, solo necesitaba tener razón.
-Sigue siendo peligroso – repitió el príncipe.
-Lo es, pero ella estaba segura de que Mulan no se rendiría jamás a verla morir.
-Yo habría apostado a que Mulan iría tras de ti para matarte antes de que pudieras decir "hola" – aseveró Emma.
-Y yo, pero Aurora estaba segura que no – Maléfica se cuadró de hombros – no sé por qué.
-Porque la conoce – sentenció Phillip.
-Porque sabía que detrás de esa guerrera inexorable había una mujer que ama y que sufre - dijo Regina viendo como los abrazos de Aurora y Mulan mutaron a besos repentinamente – porque quién nos ama sabe a qué atenerse con nosotros, nos conoce y no nos dejaría caer jamás – Emma le sonrió a su esposa.
Cuando los besos se volvieron más y más apasionados, tanto como para que Mulan se sentará al lado de Aurora para concentrarse solo en el intercambio de sus bocas, Regina agregó – creo que deberíamos dejarlas un momento, o varios – dijo aprovechando para empujar a Phillip a marcharse antes de que el príncipe tuviera un aneurisma asimilando aquel espectáculo. "Pobrecillo", pensó, "tener que procesar tanta información". Se giró al notar como Emma y Maléfica no se movieron.
-Ustedes – les llamó la atención – vamos.
-Pero esto se está poniendo interesante, Regina – se quejó Maléfica.
Emma la señaló – es la caña esta tía – dijo.
-Por supuesto que soy la caña, querida – exclamó la hechicera caminando hacia la salida – si no me crees puedes preguntarle a tu esposa.
Emma salió detrás de la hechicera como un torbellino – GRRRR – gruñó audiblemente – No tanto como yo – gritó – si no me crees puedes preguntarle a tu hija.
El rugido del dragón que Maléfica podía llegar a ser se dejó oír por todos los rincones. Regina resopló cansada – mierda, no otra vez – se quejó, mientras salía pitando del lugar esperando parar el caos que Emma no dudaba en desatar nunca.
Aurora y Mulan no se inmutaron. Demasiado concentradas en besarse y repetir cuanto se amaban.
