Capítulo 55: Nuestro mundo se cae a pedazos.
Marchaba de prisa por los pasillos mientras iba esquivando a la gente que de forma desesperada buscaba una manera de escapar del palacio. Iba acompañada de dos guardias reales.
Las paredes de robusto cristal han caído bajo el feroz ataque del violento monstruo que estaba aterrorizando el oasis. Gruesos fragmentos de cristal caían, destruyendo lo poco y nada que aún se mantenía en pie.
Esto era una verdadera pesadilla.
Perdió la cuenta de la abrumadora cantidad de cuerpos aplastados o destrozados que encontró en su camino al salón de oración. No podía hacer nada por ellos. Ahora mismo no les podía entregar honores o una sepultura.
Lo primordial para Setsuna era hallar a la reina Selene.
- ¡La puerta está trabada! – Informó uno de los soldados mientras forzaba la madera.
- ¡Rompan la puerta! – Ordenó al instante la mujer.
Ambos hombres hicieron uso de la fuerza bruta y a patadas derribaron la entrada. Con el paso libre, Setsuna hizo ingreso al lugar, buscando y llamando por la reina. El polvo suspendido y la falta de luz hacía dificultosa la tarea de la morena.
Pero los ojos de Setsuna se fijaron en el débil destello de un objeto que se hallaba a metros de ella. Se aventuró en medio de las penumbras, alcanzando el bello cristal que solitario se encontraba en el suelo. Su brillo iba y venía, como imitando el palpitar de un corazón.
- Encontré el cristal de la reina… -
- Y sin embargo, ella no está acá. – Se escuchó la voz de uno de los hombres.
Fue justo en ese momento que Setsuna la encontró. Forzó la vista, y descubrió frente a ella el cuerpo inerte de la soberana, inconsciente en el suelo.
- ¡Reina Selene! – Setsuna se lanzó de rodillas junto a la mujer. Cuando la tuvo entre sus brazos, sintió el tibio rastro que dejó en su brazo la sangre que corrió desde el rostro de la reina. El piso estaba bañado de rojo. Al parecer, había recibido un golpe en la cabeza. Y tiene que haber sido con algún trozo de cristal u escombro. – "Pero está viva, puedo sentir su pulso". –
Un dedo se paseó con delicadeza sobre una de las mejillas de Selene. Setsuna esperó por algún tipo de reacción. Y obtuvo la respuesta que quería: Los ojos de Selene temblaron bajo sus párpados cerrados. La mujer se removió entre sus brazos y un gemido de dolor escapó de sus labios una vez se quedó inmóvil. Segundos después, abrió sus ojos con cierta dificultad.
- ¿Setsuna? – No la pudo reconocer de inmediato. Todo parecía estar dando vueltas a su alrededor, veía simples sombras borrosas. También las voces se escuchaban raras. Se sentía frágil de esta forma. - ¿Dónde está… Serenity? –
- Ella se encuentra en el salón principal acompañada de un séquito de nuestros mejores soldados. – Comunicó Setsuna a la reina.
- No, ella debe… - Cerró ambos ojos a causa de una punzada en su cabeza. – Quiero que la lleven lejos del palacio. –
- ¡Ya escucharon a la reina! – Gritó la morena a los dos hombres que la acompañaban. - ¡Protejan a la princesa! -
Los soldados asintieron a la orden, hicieron una reverencia y partieron fuera del salón. Su nueva misión era dar con Serenity, protegerla y asegurarse de que abandonara el palacio.
Setsuna hizo entrega del cristal a la reina. Selene le agradeció esto, y luego con mucho cuidado tomó asiento, siendo ayudada por la otra mujer.
- Esperó el momento oportuno para poder atacar el oasis… - Habló la soberana de Frieden. – Aguardó hasta que yo estuviera débil. Qué paciente, tiempo atrás habría atacado sin meditar las cosas. –
Se escuchó un fuerte estruendo, seguido de un temblor. Setsuna protegió a Selene de los escombros que cayeron del techo.
- Debo ir donde Ami. Por favor, llévame con ella. – Fue el pedido de la reina.
- No sé dónde se encuentra. ¡Todo afuera es un caos, Selene! –
- Yo sé dónde está. Necesito tu ayuda para llegar a ese lugar, Setsuna. No creo estar bien como para caminar sola. – Entonces Selene trató de levantarse, pero sin la ayuda de la morena, todo fue en vano. No tenía la suficiente fuerza para hacerlo sola. - ¡Vamos, dame una mano! –
- Esto no está bien, reina. En su estado no podrá ayudar, no es conveniente que… -
- ¡Ella no podrá vencer al enemigo! – Esta vez, y sin ayuda, Selene pudo ponerse de pie. Con la mitad de su rostro manchado con sangre, ojerosa y desaliñada, pero con la decisión de hacer algo ardiendo en su mirada. – Y yo conozco al enemigo mejor que nadie. -
Iba a actuar según sus ideales, salvaría a todos. Frieden es un oasis de paz, ella traería esa paz de regreso.
El sonido de sus rápidas pisadas producía una especie de eco que las ponía nerviosas. Quizás no estaban corriendo lo suficientemente de prisa. Debían escapar de este lugar, corrían peligro. Entonces sí, era necesario acelerar el paso y buscar un lugar a salvo.
- ¡Espera un poco, Haruka! – Michiru se detuvo justo en medio del pasillo y apuntó al cristal del que estaba hecho. Había una especie de marca en la superficie. – Ya pasamos por acá… -
La rubia se fijó en el detalle. Furiosa, y con cierta pizca de angustia, clavó su espada en la muralla.
- ¡Estamos perdidas! – Gritó con impotencia. - ¡Esto es lo peor que nos podía ocurrir! -
- No podemos quedarnos en un sitio por mucho tiempo. – Michiru se hizo con una de las manos de la rubia y la obligó a correr. Esta vez seguirían el instinto de la musa. – Esas cosas que nos atacaron, ¿qué se supone que eran? –
Habían salido de debajo de la tierra, eran como brazos de energía oscura que comenzaron a destruir todo. Fueron emboscadas justo cuando estaban abandonando la habitación de Michiru. Un ataque sorpresa del cual apenas pudieron escapar.
- Seguro tienen que ver con la reina de Lebiatis. – Lo que molestó a la guerrera fue el hecho de que su espada fuera inservible contra esas cosas. – ¡Apuesto que ella está detrás de este ataque! –
- Es lo más probable. – Dijo la otra mujer.
Al final del pasillo por el cual escapaban pudieron distinguir un grupo de siluetas que se detuvieron en el lugar y aguardaron por ellas. Se trataba de un escuadrón de guardias del palacio. Los pobres estaban mal heridos, seguramente estuvieron luchando. Sin embargo, continuaban cumpliendo su deber, pues en medio del grupo iba resguardada la princesa.
- ¡Haruka y Michiru, por acá! – Llamó Serenity a las otras dos. Y apenas tuvo a Haruka frente a ella, saltó a sus brazos y se aferró, llorando. Se estuvo aguantando el llanto, pero ya no podía más.
- Princesa… - La guerrera sentía a la rubia temblar de terror. – Tranquila, todo estará bien. –
Michiru observaba de reojo el intercambio entre las otras dos.
- ¿Qué ocurrió? ¿Por qué la princesa no está a salvo en un lugar seguro? – Preguntó la musa al grupo de soldados.
- Nos dieron la orden de evacuar junto a ella el palacio, pero los pasillos subterráneos están colapsados. No tenemos otra forma de escape. Además, hemos sido atacados por una especie de brazo enorme… -
- ¡Ha sido horrible! – Lloró Serenity contra el pecho de Haruka. - ¡Quiero ver a mi madre! ¡Tengo miedo! –
Michiru se acercó donde Serenity y con una mano acarició su cabeza, buscando de alguna forma entregarle consuelo y calma. Haruka sonrió ante este gesto. Ella también estaba haciendo todo lo posible para que la princesa se sintiera tranquila.
Pero habían bajado la guardia por unos segundos, eso era peligroso.
Justo frente a ellos la tierra crujió. El suelo se rompió, pedazos de roca volaron por todo el lugar y una cortina de polvo se levantó, todo a causa de un gigantesco brazo de energía que emergió desde las profundidades.
La enorme extremidad azotó contra una cornisa que estaba protegiendo al grupo, provocando que una gran fracción de cristal se desplomara amenazando con aplastar a todo el mundo.
Haruka supo que este era su momento de actuar.
Dejó a Serenity con Michiru, fijó sus ojos en el objetivo y sostuvo su espada con coraje. Acumuló toda la energía que pudo en la hoja de su arma, que se tiñó de un rojo potente y comenzó a brillar.
Y gritó, con furia. Lanzó su ataque contra el enorme cristal, destruyéndolo. Una lluvia de brillantes fragmentos cayó sobre el grupo. Pero la amenaza seguía latente, pues ahora era el brazo quien decidió caer sobre ellos para aplastarlos.
- ¡A un lado! – Avisó Michiru, avanzando con su espejo y apuntándolo contra la gigantesca extremidad.
La superficie brilló, mágicos destellos que se concentraron y que se convirtieron en un intenso destello de luz que desintegró por completo la amenaza.
- Eso estuvo cerca… - Haruka volteó a ver a los soldados. Con una mano invitó a Serenity a su lado, para luego rodear sus hombros con un brazo. - ¡Arriba, debemos llevar a la princesa a un lugar seguro! - De forma inconsciente tomó la iniciativa y se puso a dar órdenes. Así como cuando ella era capitana. - Vamos a evacuar por la parte trasera del palacio. Trataremos de evitar cualquier confrontación, no estamos preparados para luchar. Debemos ser rápidos, ¿entendido? -
- ¡Entendido! - Asintieron los hombres.
El grupo partió por un largo pasillo. Haruka llevaba a Serenity de la mano, constantemente le pedía que aumentara la velocidad. Michiru iba atrás, llevaba en una de sus manos su espejo. En caso de emergencia, ella debía actuar sin vacilación y defender al grupo. Los soldados iban rodeando a las tres mujeres.
- "Como en los viejos tiempos". - Pensó Haruka liderando el escuadrón. - "Prometo que todos estaremos a salvo". -
Capítulo 56: Un día marcado por el destino.
Su vida corría serio peligro actualmente.
Cuando los temblores comenzaron, ella se encontraba cruzando uno de los tantos puentes de cristal que hay en el palacio. La estructura habría resistido los fuertes movimientos de no ser por el brazo de energía que emergió desde el suelo y atravesó la construcción justo por la mitad. El puente voló en pedazos.
Re se mantenía con vida por simple suerte. En el borde de un pedazo de cristal que se mantuvo unido a la muralla, veía la caída de metros que la esperaba.
El cristal que la sostenía crujía y vibraba. Esto iba a ceder en cualquier momento, y si no hacía algo, terminaría muriendo al caer junto a él.
- "Mi única forma de escapar es saltar hasta allá…" – A una considerable distancia de ella se hallaba intacta una porción del puente. Si saltaba con suficiente potencia, podía salvarse.
Pero estaba la posibilidad de que su impulso no fuera suficiente.
- "Y de todas maneras moriría". – Su vida estaba colgando de un hilo fino, tenía que pensar rápido.
Un nuevo temblor comenzó a sacudir todo justo cuando Rei estaba tomando esta crucial decisión.
Sin meditarlo un segundo más, saltó dando un grito. Justo a tiempo, pues el pedazo de cristal que la estuvo sosteniendo, terminó por ceder a causa de los violentos movimientos de la tierra y se desprendió, cayendo metros abajo entre los escombros.
Sin embargo, Rei apenas logró alcanzar el borde del puente. Con dedos y uñas trató de aferrarse al cristal, pero era en vano. Era imposible sostenerse de una superficie como esta.
- ¡No, por favor, no! – Gritó desesperada al sentir que resbalaba. Centímetro a centímetro, su mismo peso la empujaba. - ¡No quiero morir! –
Hasta que no pudo más.
Rei se soltó, vencida. Se entregó a una caída que le pareció estaba ocurriendo en cámara lenta. Cerró los ojos aguardando por lo inevitable. Que fuera rápido e instantáneo.
Pero escuchó un grito agudo, sintió que alguien estrechó con fuerza una de sus manos, y cuando Rei abrió los ojos, se encontró con su heroína.
- ¡Aguarda un poco, Rei! –
Se trataba de Minako, estaba colgando del puente. Había clavado su espada al cristal para sostenerse de algo. Estaba haciendo un esfuerzo enorme al soportar su peso y el de la azabache.
La rubia apretó los dientes. Emitió un ruido entre gruñido y grito ahogado, todo para poder levantar a Rei. Los músculos de su brazo fueron puestos al límite, pero al final pudo rescatar a la otra mujer.
Las dos cayeron al suelo. Una llorando, la otra jadeando agotada.
- ¿Estoy viva? – Rei no se lo podía creer. – Minako, tú… -
- ¡Estaba preocupada por ti! – Exclamó la rubia. – Temí lo peor. Si no hubiera llegado a tiempo, habrías terminado muerta. –
Los cristalinos ojos de Rei esquivaron la intranquila mirada de Minako.
El tenso momento se vio interrumpido por los chillidos de unas aves. Se trataba de Fobos y Deimos, ésta última apenas volaba y terminó por desplomarse en los brazos de su dueña.
- ¡Deimos! – La pelinegra revisó al animal, preocupada. Cuando llegó a sus alas, notó que una estaba gravemente herida. – No, pobre Deimos… -
Minako recibió a Fobos. La tranquilizó, pues venía muy nerviosa. Seguro sufrieron un ataque por parte de esos brazos de energía que estaban destruyendo todo.
- Tenemos que ir a un lugar seguro. – Habló la rubia. – Hay que evacuar este palacio que se está cayendo a pedazos. –
Rei la había escuchado claramente, pero se hizo la sorda y no respondió.
- ¡Vamos, no podemos perder el tiempo! –
- No las puedo dejar atrás… -
Los ojos de Minako fueron a parar a una lejana torre. La estructura estaba siendo atacada por una infinidad de extremidades que nacían del cuerpo de un enorme monstruo.
Era la reina de Lebiatis. Ella estaba allí por Ami y su collar.
- No puedo dejar que algo les ocurra. –
- Es imposible. – Declara Minako mientras se pone de pie. - ¡Esa torre está rodeada por el enemigo! ¡El puente que la unía al palacio se desplomó, no hay forma de llegar allí! –
La azabache comenzó a sollozar nuevamente. Sin embargo, se levantó. Entre sus brazos, Deimos chilló asustada y seguramente sufriendo por el dolor de su ala.
- Hay que ir en busca de ayuda. – Rei acarició la cabeza de su cuervo. – Alguien debe ayudar a Ami y Makoto. –
Minako asintió, sonriendo.
- Quizás los soldados nos pueden ayudar. - Dijo la rubia.
Rei partió junto a Minako, no sin antes ver atrás y sentir su corazón hundirse de forma miserable en la angustia y dolor que le produjo la escena que sus ojos captaron: Una parte de la torre había sido destruida, Ami y Makoto estaban expuestas ante un gigantesco monstruo. Estaban acorraladas, perdidas.
Le había fallado a ambas.
En los ojos de Ami se reflejaban todos sus miedos. El pavor de tener frente a ella la pesadilla que la atormentó desde que llegó a este planeta, surgida desde las entrañas de la tierra. Una criatura sedienta de venganza, que la observaba con esos sangrientos ojos, con una siniestra sonrisa repleta de dientes afilados.
Una abominación que la había atrapado junto a Makoto. No había a quién llamar, nadie a quien pudiera pedir ayuda.
- Tiempo sin vernos, Ami. Espero que no te hayas aburrido esperando por mí. – Habló la bestia sin necesidad de abrir sus fauces. – Y espero que no hayas creído que te dejaría vivir tranquila. –
El monstruo clavó sus garras en la torre, remeciendo todo con su poder. La estructura se tambaleó de un lado a otro.
- Tu collar es fantástico. Su energía es deliciosa, querida. Con su poder he podido levantarme nuevamente y pienso obtener la otra mitad que tú tienes.–
Ami observaba en rotundo silencio, petrificada. Makoto, a su lado, buscaba frenéticamente algo en el suelo.
- Descuida, será sin dolor. Te mataré de forma rápida… -
Una pequeña roca fue lanzada en contra del monstruo. Makoto la tiró para hacer callar a la temible criatura. Sus piernas temblaban de terror, pero igualmente se atrevió a atacar a la bestia.
- ¡Ya cállate, maldita! – Gritó la castaña.
Inmediatamente se escuchó la risa sardónica del monstruo. Su mirada asesina se clavó en Makoto, Ami se percató de este detalle y temió lo peor.
- Eres una idiota… -
Sin vacilar, la reina lanzó un ataque rápido en contra de la castaña. Sin embargo, fue Ami quien recibió el potente golpe, pues empujó a la otra mujer a tiempo; antes de que un enorme brazo de energía impactara contra su cuerpo.
La peliazul fue arrastrada y azotada contra un pilar de cristal, quedando sin aliento en el piso. Al toser, escupió sangre. El agudo dolor en el costado de su cuerpo no era buena señal.
- ¡Makoto! – Llamó Ami al ver que la castaña también había sido atrapada.
La otra mujer estaba siendo estrangulada por uno de los brazos de la reina. En vano intentaba quitarse de encima la poderosa extremidad que apretaba su cuello. Para su infortunio, su castigo no terminó allí. Fue lanzada al suelo, y luego arrastrada ante la aterrada mirada de su compañera. Estaba siendo llevada hasta el borde de la torre. Sus gritos de horror hicieron que Ami se alzara y corriera en su ayuda pese al intenso dolor que la acogía. Apenas pudo alcanzar a aferrar sus manos. Justo a tiempo, pues Makoto quedó colgando a portas de caer en las fauces del enemigo.
La reina soltó el cuello de la castaña, pero bajó hasta sus piernas. De ellas comenzó a tirar, haciendo sufrir a Makoto un calvario enorme.
- ¡Ya detente! ¡Perdona su vida, ella no tiene nada que ver en esto! – Pedía Ami a la malvada criatura. - ¡Déjala vivir, por favor! –
- ¡Déjala caer para que la pueda triturar hasta que no quede nada de ella! –
La peliazul se negaba a hacer eso. Ella iba a encontrar una forma de salvar a Makoto, no importaba qué debía hacer o sacrificar.
- Suéltame…-
- ¿Cómo? – Ami quedó mirando a Makoto con confusión.
- Déjame ir. – Volvió a pedir la castaña. El dolor que estaba sufriendo era plasmado de forma cruda en su rostro. – Vete, escapa y sálvate. Hazlo por mí, Ami. –
¿Se había vuelto loca? ¡Le estaba pidiendo algo imposible!
- ¡No, yo no te puedo dejar ir! ¡Prometimos estar juntas, volver a Telián y vivir en paz! – Desde el cuerpo de la reina salieron más extremidades que se aferraron de Makoto. Ami vio esto y gritó, lloró y se negó a soltar a su compañera. - ¡No, no te la lleves de mi lado otra vez! –
Pero sus manos no pudieron sostener a Makoto por siempre.
La perdió, resbaló de su agarre y terminó por caer. Se alejaba de ella la persona más importante que tenía en su vida. Una caída libre que iba a terminar en una muerte segura, pero una muerte que Makoto aguardó con una sonrisa en el rostro.
- Ami… -
- ¡Makoto! –
Lo último que se le pasó por la cabeza a Makoto fue que Ami saltara de la torre. Pero así ocurrió, la peliazul tomó distancia y se lanzó, alcanzando a la castaña en medio de la caída y aferrándose a ella. El fulgor de un collar incompleto las rodeó. Y mientras descendían directamente a las fauces de una bestia titánica, el susurro de una declaración de amor murió entre las penumbras.
Diciembre es un mes de milagros, ¿verdad? Debe ser así, pues es un verdadero milagro que haya decidido actualizar.
Mis más sinceras disculpas por la demora. En fin, muchos problemas personales y familiares. Pero después de la tormenta, siempre sale el sol. Bueno, no para Ami y Makoto. Ellas tienen una especie de eterna tormenta sobre sus cabezas. :D
Gracias por el apoyo, sus reviews y todo. ¡Suerte!
