Capítulo 57: El desierto es libre.

Se siente como estar rodeada de una tormenta eterna. El viento sopla en todas direcciones produciendo un ruido ensordecedor. Te quema la piel. Arden tus ojos, nariz, boca, todo tu interior. No hay forma de pedir ayuda, no puedes hablar, llorar, gritar. Sientes que los músculos de tu cuerpo los estiran y retuercen. Es agonía en su mayor expresión.

Dolor.

Sufrimiento.

Y finalmente paz.

- "¿Qué ocurre?" – No podía sentir absolutamente nada, ni una clase de sensación. Era como tener todo el cuerpo adormecido. – "¿Acaso ya estoy muerta?" – Se preguntó Ami.

Pero ese no era el caso.

La energía de Lágrima Azul la estaba protegiendo en ese sitio hostil. Pese a estar dañado e incompleto, el collar aún le brindaba su poder.

No solo a ella, también a Makoto. No sabía cómo, pero la castaña seguía a su lado. Ami la tenía aferrada de un brazo. Estaba peligrosamente colgando en este lúgubre sitio, podía resbalar y caer. La peliazul como pudo la atrajo más a su cuerpo y la abrazó.

Makoto parecía estar inconsciente. Pero para su alivio, estaba viva.

- Me sorprendes. Incluso después de todo, sigues viva. – Se escuchó una voz profunda hablar. – Eres terca, pero eso es algo que se puede corregir.

En segundos Ami se vio rodeada de oscuros tentáculos que la redujeron sosteniéndola firmemente de sus extremidades. Otros cuantos la envolvieron a la altura de la cintura. Esos estaban apretando su cuerpo, dejándola sin aliento.

Y para empeorar todo, Makoto también había sido atrapada. Tiraban de su cuerpo para separarla del lado de Ami.

- Me haré con la otra mitad del collar, quieras o no. Con su increíble poder voy a ser eterna. Y luego destruiré a todos aquellos que se pusieron en mi contra. – Una figura humanoide tomó forma frente a la peliazul. Era la reina que se hacía presente frente a su enemiga. En el centro de su pecho era visible su corazón, incrustado en él estaba la mitad de la gema que le faltaba al collar de Ami. – Tú y esta mujer serán las primeras en sufrir ese destino.

- No te dejaré… - Los ojos desafiantes de la joven se detienen en la reina. – No obtendrás el poder de mi collar. –

La reina se rio en la cara de Ami.

- No tienes el poder para detenerme. Acéptalo, este es tu fin.

Los tentáculos que la tenían presa la estrangularon con mayor fuerza. La peliazul soltó un agónico grito a causa del agudo dolor que infligían en ella. Sin querer Ami termina soltando a Makoto. La castaña cae en el abismo que hay bajo ellas sin que Ami pueda hacer algo para socorrerla.

- ¡No, Makoto! – La reacción de la joven fue inmediata. - ¡No te lo perdonaré! –

Sin titubear, Ami lanzó un ataque rápido en contra de la reina. Congeló a propósito uno de sus brazos y de él nació una púa de hielo que se extendió hasta dar directo en el corazón de la reina.

Un seco bramido fue lo único que escuchó la peliazul por parte de su enemiga antes de que los tentáculos la soltaran y cayera metros abajo hasta dar con el suelo de forma violenta. El golpe la dejó aturdida y quejándose de dolor.

- ¡Maldita basura! – Se escuchaban los gritos histéricos de la reina. - ¡Le diste a la gema! ¡Irresponsable criatura, juro que te voy a destruir!

Recobrando el conocimiento, Ami trata de ponerse de pie, pero flaquea; sintiendo sus piernas debilitarse. Se tambalea de un lado a otro hasta que siente un par de manos fuertes apoyarse en su espalda para ofrecerle estabilidad.

- Te tengo… - Quien la sostuvo fue Makoto. Había sobrevivido a la caída, pero parecía estar igual de lastimada que su compañera. – Vamos, debes derrotar a esta perversa criatura. Yo estoy contigo… -

La portadora del collar notó la grave herida que la otra tenía en su frente. La sangre había empapado todo su rostro. Aunque la verdad era que Ami no estaba mejor que ella. Tenía varios cortes en diferentes partes de su cuerpo.

- ¿Y además sonríes? Realmente estás demente.

Sí, estaba sonriendo. Ami le sonreía a Makoto. También la tomó de la mano, brindando así el poder y protección de su collar a la castaña.

- ¡Quitaré esa sonrisa de tu rostro!

La reina comienza a lanzar una serie de ataques en contra del par. Haciendo uso de sus poderes, Ami va creando hielo para proteger tanto a Makoto como a ella.

Al hacer uso del poder del collar para resguardarse de la energía nociva que las rodea y también escudarse de los ataques del enemigo, Ami nota que las murallas de hielo que está creando a cada segundo se vuelven más frágiles.

Es de esta manera que una ráfaga de energía rompe a través de una de las defensas de la peliazul y termina dando de lleno contra ella. La joven es arrojada por los aires, su cuerpo golpea el suelo, y termina rodando hasta quedar tendida en el piso, lejos de toda la acción.

La reina no se sintió satisfecha. Buscando obtener la otra mitad del collar, viene y atrapa a Ami haciendo uso de una mano gigante que formó con su propia energía. Con garras enormes que fueron clavadas al suelo, un apéndice surge de la extremidad y se hace con la cadena dorada del collar, tirando de él para arrancarlo del cuello de la peliazul.

- ¡Deja a Ami en paz! – Makoto corrió en su ayuda. - ¡Ya déjala…! –

Los gritos de la castaña mueren en su garganta en el mismo momento en que un brazo de energía aparece de la nada y la atraviesa brutalmente a la altura del pecho.

Makoto se desploma convulsionando. La sangre que fluye sin control de la terrible herida mancha en segundos el suelo bajo el cuerpo moribundo de la castaña. Su último aliento de vida lo utilizó para susurrar el nombre de su amada compañera. En su mente y corazón, incluso antes de morir, estaba ella presente.

Ami…

La peliazul tuvo que presenciar la desgarradora escena sin poder hacer algo en ayuda de Makoto. Con espanto vio a la otra mujer desangrarse hasta morir. Y pese a que acababa de ver esto, su cabeza no lograba procesar la idea de que Makoto había sido asesinada frente a sus ojos.

- Una basura menos. – En el tono de voz de la reina se podía distinguir el gozo que le causaba esta muerte. – Pronto le seguirás tú… -

Sin previo aviso, una infinidad de púas de hielo aparecen por todo el terreno. Las gélidas y punzantes estructuras iban dirigidas al punto brillante que se podía distinguir en medio de las penumbras. Se trataba del resplandor del collar de Ami, estaba atacando a la gema que estaba incrustada en el corazón de la reina.

La mitad que ella tenía también brillaba con vigor. La peliazul estaba haciendo uso de todo el poder que le era posible controlar. A consecuencia de eso, sus manos comenzaron a escarcharse y tornarse pálidas.

Lo que la empujaba a atacar de forma feroz a su enemiga era la furia que sentía en esos momentos. Tenía el corazón destrozado.

- ¡Pagarás por lo que le hiciste a Makoto! – No era una simple amenaza, esto era una promesa. Ami extendió ambos brazos, y en un gesto rápido, los elevó para hacer aparecer dos gigantescos bloques de hielo macizo. Amargas lágrimas caían de sus azules ojos. - ¡Aunque me cueste la vida! –

La portadora del collar hizo que ambos bloques de hielo se juntasen rápidamente. Su idea era aplastar el corazón de la reina entre ambas estructuras. No sabía qué tan rápida sería la reacción de su enemiga, pero no pensaba darle tiempo para pensar.

Ami observó la luz azulada de su collar moverse de forma frenética de un lado a otro, intentando escapar hacia las alturas. Fue creando más púas mientras los bloques de hielo iban acotando distancias el uno del otro, así se aseguraba de dar al corazón de la reina de una u otra forma.

- ¡¿Acaso no te importa tu preciado collar?! – Bramó con evidente pánico la reina.

- Pues para tu infortunio, ya nada me importa sobre el collar. –

Los gigantes bloques colapsaron en un choque impresionante. Sin embargo, la reina logró burlar este ataque que la buscaba liquidar de una vez por todas. Y el alivio que sintió de ver que había salido con vida de ésto fue tal que comenzó a reír sin control.

Hasta que una solitaria púa atravesó su corazón. Justo por la gema, destrozándola.

El aliento de Ami era visible debido a la gélida sensación que había en el ambiente. Sus manos temblaban, congeladas. Apenas podía sentir los dedos.

De fondo podía oír a la reina vociferando palabras de odio en su contra. Se imaginaba al inmenso monstruo retorciéndose de dolor. Ahora sin la gema ni su corazón, todo había acabado.

- Makoto… - Con las pocas fuerzas que le quedaban, Ami llegó hasta el lado del cuerpo de su compañera. Se arrodilló junto a ella, exhausta. La volteó con sumo cuidado, pues deseaba ver su rostro. Ese bello rostro que ahora reflejaba una eterna serenidad que solo la muerte entrega. – No te pude defender. Perdóname, por favor… -

Las lágrimas que caían de sus ojos se esfumaban apenas entraban en contacto con la energía que la rodeaba. Su collar había dejado de reaccionar luego de ese último gran ataque.

- "¿Por qué la energía de la reina no desaparece? Dañé su corazón, eso debería ser suficiente…"

Un gruñido bestial espantó a Ami al punto que sintió su sangre helarse de terror.

- ¡No puede ser! -Se levantó asustada solo para toparse de frente con una especie de rostro demoniaco gigantesco que se acercaba peligrosamente a ella con las fauces abiertas. – Imposible… -

Su instinto le ordenó a correr, pero Ami se negaba a hacerlo y dejar allí el cuerpo de Makoto.

- ¡NADIE IMPEDIRÁ QUE YO CUMPLA MI MAYOR DESEO! – La tierra retumbaba a causa de sus guturales bramidos. - ¡YO SERÉ ETERNA!

La reina pensaba destruirla de una buena vez por todas.

- "¿Vale la pena escapar?" – Su cuerpo simplemente ya no podía más.

Ami volvió junto a Makoto en el suelo. Levantó su cuerpo, abrazándolo y apoyando la cabeza de la castaña contra su pecho. La aferró con ternura, como temiendo despertarla de su apacible sueño.

- "Perdóname Makoto". – Un sufrido sollozo escapó de sus labios. – "Yo solo quería una vida a tu lado". – Pero las cosas terminaron muy mal para las dos.

Y el final para Ami fue brutal. Una muerte terrible en la cual todo su cuerpo se desintegró lentamente dentro de un torbellino de energía. Fue doloroso, pero sus agónicos pedidos de ayuda se perdieron entre el zumbido retumbante que reinaba en este caos.

Su existencia fue borrada de este plano sin piedad.

- ¿Ya estás satisfecha? Terminaste con la vida de ambas. –

El brillo divino que nació en medio de las tinieblas pronto disipó las sombras y calmó la tempestad. Era una luz cálida que llegaba hasta todos los rincones del oasis. Quien brindó la claridad fue Selene, soberana de Frieden. Con su poderoso cristal pudo detener el avance de la otra reina, impidiendo así que continuara con su masacre.

- ¿Qué haces tú acá?

- Vengo a terminar con esta locura. Llegaste muy lejos, no puedo quedarme sentada viendo cómo destruyes el planeta. –

- Pensé que quedarte sentada en tu trono y aguardar a que otros resolvieran tus problemas era lo que más te gustaba hacer. – El gigantesco rostro mostró una sonrisa enfermiza.

Selene prefirió ignorar esto.

- En fin, no puedo quedarme a charlar contigo, tengo un oasis completo por destruir. – Garras filosas se formaron y clavaron en la tierra, rodeando a la otra reina. – Lo mejor es que no podrás detenerme. Estás tan débil debido al uso continuo de tu cristal. En cambio, yo encontré uno mejor, uno que no me mata de a poco cada vez que lo utilizo.

Selene elevó sus manos mientras sostenía su preciado cristal. El fulgor que emitía la preciosa gema aumentó considerablemente, lo cual obligó a su enemiga a retroceder.

- ¡No me asustas con ese estúpido cristal tuyo!

- ¿Por qué te alejas de la luz entonces? –

El refulgente cristal seguía aumentando la intensidad de su brillo. Selene comenzó a avanzar con calma, y a cada paso que daba, la oscuridad era desterrada de ese lugar.

- Siempre preferiste las sombras. Por más que me esforcé en enseñarte las bondades de la vida, la verdad y el amor, tú siempre creíste que el camino para llegar a ser grande era a través de la violencia, la maldad y la mentira. – Selene nunca pudo revertir este pensamiento. – ¿Qué hice mal, Metalia? –

Cuando toda la oscuridad desapareció, frente a Selene se hallaba un solitario corazón que palpitaba débilmente. En él habían incrustados fragmentos de una gema azul. Justo en el medio del corazón fluía un líquido negro y asqueroso. Quizás era sangre, ella no lo sabía bien.

- ¿Por qué decidiste dejar tu forma mortal y tomar esta apariencia monstruosa? –

El fantasma de una bella mujer apareció ante Selene. Se trataba del recuerdo que la soberana de Frieden tenía de la Metalia que una vez conoció. Esa en quien puso sus esperanzas, quien cuidó y enseñó. Una Metalia muy diferente a la que terminó alejándose de su lado cuando cayó en el abismo de la oscuridad, corrompida.

- Ya es muy tarde para reponer los lazos del pasado. Yo tengo el poder que quería, ese que nunca me dejaste alcanzar a mi modo. – En una de sus manos apareció la otra mitad de Lágrima Azul. – Usaré este poder para aniquilarte.

- ¿Y qué ganarás con eso? – Cada muerte, daño y mal causado han sido simplemente en vano. - ¿Crees que realmente ganaste algo matando a Ami y Makoto? Claro, obtuviste la gema de su collar, pero te será imposible utilizar sus reales poderes. No podrás controlar el agua como ella lo hacía. –

- ¡Cierra tu maldita boca!

Selene negó con la cabeza.

- Estás muriendo, Metalia. No hay nada que puedas hacer. – Su corazón estaba dando sus últimos latidos. Esa figura fantasmal que había aparecido frente a la mujer de larga cabellera plateada de a poco se iba esfumando. – Descansa de una buena vez. –

- No, nunca voy a descansar… - Ella quería ser eterna. ¿Por qué su mayor anhelo no podía cumplirse? – No estaré tranquila hasta que te vea morir.

Selene apuntó su cristal directamente hacia Metalia. Una luz que quemaba más que el sol de Telián comenzó a dañar su corazón de una manera extraña, algo que nunca había sentido con anterioridad. Era un dolor indescriptible.

- Aunque me destruyas ahora, juro volver después. Renaceré solo para ver tu final, Selene… - Era una promesa que juraba cumplir.

- Si eso llega a ocurrir, espero que en esa vida encuentres la paz, Metalia. Que finalmente seas un ser de luz. –

- Selene… - El corazón desapareció finalmente como minúsculas partículas que volaron para perderse para siempre. La reina de Lebiatis, Metalia, había sido vencida. Su maligna existencia había sido borrada de este planeta.

Selene elevó sus manos al cielo, sosteniendo entre ellas su cristal, cuyo fulgor aumentó aún más. Esta vez la luz era un potente destello cegador.

- "Por favor, este planeta está en las ruinas. Cristal de Plata, vuelve a hacer de nuestro hogar el paraíso que conocíamos". – Fue el deseo de la reina.

Y de este modo fue que el grandioso poder del cristal de Selene fue liberado, absorbiendo cada rastro de oscuridad que había en el planeta. El área que abarcaba la luz fue creciendo a medida que iba purificando todo a su paso.

- Reina Selene… - Setsuna sabía lo que estaba ocurriendo. No podía hacer mucho ahora, solo esperar a ser absorbida por la luz. - ¿Por qué lo hizo? –

Al final, la morena terminó siendo alcanzada y desapareció dentro del campo de energía.

- ¿Es este el fin? – Se preguntó Rei, viendo cómo se acercaba el gigante manto de luz. - ¿Acaso moriremos? –

Minako no encontró palabras, menos valor, para responder a esas preguntas. Lo que sí hizo fue sostener una de las manos de Rei con firmeza. La pelinegra la quedó observando, luego volvió la vista a la luz. Entonces dio un suave apretón a la mano de la rubia y esperó con tranquilidad a lo que fuera a ocurrir.

- ¿Qué es ese sonido? – Michiru juraba que podía oír un zumbido extraño. No era solo ella, también dos de los soldados que la acompañaban podían percibir el mismo ruido. - ¿Qué estará ocurriendo allá afuera? –

- No creo que sea momento de pensar en eso. – Se escuchó la voz de Haruka.

- Pero es que todo se siente tan quieto. Si no fuera por ese ruido que escucho, diría que la batalla allá afuera ya acabó… -

En ese instante Michiru es interrumpida por el grito de un soldado que es alcanzado por la luz. Los otros hombres se desesperan al ver que la energía avanza hacia ellos. Serenity se agarra con fuerza de Haruka, mientras ésta ofrece su mano a Michiru y la atrae a su lado.

- ¡Ayuda! – Los soldados van desapareciendo uno por uno hasta que solo quedan las tres mujeres en el salón.

- ¡Hay que correr…! – Haruka estaba dispuesta a cargar con las otras dos para escapar del sitio, pero Michiru se negó.

- No, tranquila. – Algo le decía que ya no era necesario correr. – Todo estará bien. –

La rubia le miró escéptica.

- ¿Haruka? – Serenity la quedó viendo, aguardando por su mandato.

La guerrera dejó escapar un largo suspiro.

- Princesa, todo estará bien, confiemos en la intuición de Michiru. –

Serenity asintió a esto y descansó su cabeza en uno de los hombros de Haruka. Michiru miró por última vez a la rubia, grabando por siempre su bello rostro en su memoria. Haruka abrazó a las otras dos justo antes de que fueran absorbidas por una cegadora luz.

El planeta completo resultó cubierto por el poder del Cristal de Plata, mítico artículo de infinita energía. Selene hizo uso de este poder para hacer el bien a lo largo de su vida: Protegió a su oasis y a su gente de forma constante de los males que amenazaban Frieden. Un uso "pasivo" que no la podía matar al instante. En cambio, esta manera de ejercer el poder del cristal le iba quitando vitalidad de a poco.

Llegado un punto, Selene notó los efectos negativos en su salud. Efectos irreversibles.

- "Debo resistir…" – Se decía a sí misma la mujer. – "Aún debo hacer una cosa más". –

Los fragmentos de Lágrima Azul aparecieron en sus palmas. Selene juntos cada pequeño pedazo en una sola de sus manos, que después cerró con fuerza.

- "Tu portadora era una joven que nunca pidió tener tanta responsabilidad. Su vida de seguro será más sencilla si ya no cuelgas de su cuello, por eso te daré otra tarea, Lágrima Azul. – Al abrir la mano, todos los fragmentos se habían convertido en un fino polvo azulado. – "Conviértete en el mar que bañará la tierra de este planeta. Prístino y eterno, brinda vida a este muerto desierto. Que el ciclo y equilibrio se restaure".

Selene sopló el polvo de su mano y éste se dispersó, volando por el aire.

- "Parece que mi momento llegó…" – Sintió el tibio rastro de la sangre correr desde su nariz y alcanzar su boca. Un par de gotas resbalaron, cayeron y ensuciaron su blanco vestido. – "No quiero morir". –

Incluso alguien tan poderoso como ella tenía miedo a la muerte.

- "Hice tantas cosas en mi vida, pero aún así creo que me faltó tanto por terminar". – Tantas cosas inconclusas, tantos asuntos que resolver con ciertas personas. – "Metalia siempre dijo que era una mala reina. Bueno, supongo que tenía la razón".

Se fue sintiendo somnolienta, así que con cuidado adoptó una posición fetal. Su nariz continuaba sangrando. Selene optó por cerrar sus ojos y relajarse.

- "Ami y Makoto, espero que este nuevo comienzo traiga consigo una vida llena de felicidad para ambas". – Deseaba lo mejor para ellas dos. – "Setsuna, Haruka y Michiru, nunca podré agradecer lo que han hecho por mí. Fueron mi mayor apoyo por muchos años". -

Esta era una muerte apacible. Se sentía bien. Quizás partir no era tan malo después de todo.

- "Serenity, mi pequeña princesa… Sé alguien mejor que yo". –

Este era el inicio de un nuevo ciclo.


- ¡Ami, despierta Ami!

La sensación que la acogía era similar a la que sientes cuando despiertas de un largo y complejo sueño que sin embargo no logras recordar.

- ¡No puedo ser yo la única que esté viva!

¿Acaso no había muerto? Recordaba bien la batalla con la reina de Lebiatis. Ella la había atacado, pero no la logró derrotar. Después fue atrapada y sucumbió bajo su terrible poder.

¿Verdad que eso había ocurrido?

Pero juraba que esa voz sonaba similar a la de Makoto. Y lamentablemente, ella vio a la castaña morir.

¿Cómo era posible que ella pudiera oír a Makoto?

- No me dejes sola… -

Nunca. Ni en esta vida, ni en otra. Junto a Makoto era feliz, quería estar por siempre a su lado.

De solo pensar en la castaña su corazón latía emocionado. Era este amor que no podía ser contenido vibrando en su pecho. Se bien cuando pensaba en la otra mujer, se sentía viva.

Esperen…

¿Realmente estaba viva?

Abrió los ojos con pereza. Los párpados se sentían pesados y cansados, su cuerpo tenso se relajó por completo cuando su mirada se fijó en la persona que tenía a su lado, arrodillada en la arena junto a ella.

Makoto…

Tomó asiento, observando todo a su alrededor. El oasis de Frieden había quedado destruido por completo. El palacio estaba en ruinas. La reina de Lebiatis había causado un gran desastre.

¿En serio estoy viva?

La castaña tenía una expresión de no poder creer lo que veía. Tapó su boca tratando de contener la emoción, pero esto era mucho para ella como para contenerse. Rompió en llanto y se abalanzó sobre Ami para entregarle un abrazo que le quitó el aliento a la peliazul.

Estoy viva... ¡Estamos vivas!

Con igual o mayor entusiasmo Ami respondió al abrazo de Makoto. Se aferró de su espalda y juntó su frente con la de la castaña, sonriendo mientras derramaba lágrimas en compañía de la otra mujer.

Junto a las dos mujeres se distinguía entre la arena el brillo especial de un collar. Su cadena de oro relucía bajo el sol. Sin embargo, su característica gema azul había desaparecido. Sin ella, este collar ya no era un artículo especial.

Lágrima Azul ya no existía, Ami era finalmente libre.

- Nunca me alejaré de tu lado, Makoto. – Dijo la peliazul, separándose de la castaña unos cuantos centímetros solo para ver esos bellos ojos verdes que ella poseía. Su sonrisa era tan preciosa. Los cabellos cobrizos de Makoto estaban sueltos y desordenados, pero eso la hacía lucir incluso más bella. Todo en esta mujer era perfecto. – Tú eres mi eterna y amada compañera de vida. –

Ahora era libre como la arena del desierto. El viento soplaría, ella en su contra avanzaría. El sol arderá, ella brillará más que él. La noche caería, ella firme se mantendrá. Ami volvió a "nacer" en el desierto, allí en Telián, y al desierto junto a Makoto volverá.

Fin


Fue una larga aventura escribir este fanfic. En serio, nunca creí que tomaría tanto o que yo me mantendría firme hasta el final para poder terminarlo. Fue divertido, también complejo. Es mi primer fanfic con una historia extensa. Quizás cometí muchos errores mientras iba creando la historia, pero me siento feliz, pues siempre me esforcé para entregar algo creativo (y loco también) a ustedes. Muchas gracias por el apoyo que me entregaron, sus reviews, sus pensamientos y palabras.

¡Muchas gracias a todos! Y aguarden por la sorpresa, esto no termina del todo. :)