Extra 1: Desde cero.

El sol se levanta sobre el cielo iluminando el oasis de Frieden. El que una vez fue un paraíso, hoy se trata de levantar para volver a ser ese bello oasis que a todos maravillaba.

Luego del ataque de Metalia, todo había quedado devastado. El palacio en ruinas, los hogares de los civiles destruidos, el majestuoso arco de piedra reducido a simples escombros. Había sido una catástrofe descomunal y sin precedentes.

Pero la gente de Friden aún conservaba en sus corazones la fuerza suficiente para ponerse de pie. Iban a erigir un nuevo oasis tan grandioso como el anterior. Ese era el deseo de todos.

Es así como en Friden se comenzó una larga etapa de reconstrucción. Esto iba de la mano con el inicio de un nuevo reinado. A tres meses de la muerte de la antigua reina, Serenity accedió a tomar el puesto que una vez le perteneció a su amada madre.

Su coronación fue un evento austero que se efectuó en compañía de sus más cercanos y de rostros importantes del oasis. La misma joven deseó que fuera de esta forma, pues no quería ostentar en momentos claramente complicados para Frieden y para su gente.

Haruka y Michiru fueron unas de las pocas invitadas. No obstante, fue únicamente la rubia quien se presentó a la ceremonia. Serenity no se mostró sorprendida por la ausencia de la antigua consejera del reino. Comprendía y aceptaba sus razones para no presentarse.

Por su parte, Haruka estaba contenta y orgullosa de ver que aquella pequeña princesa que vio crecer, hoy se transformaba en la nueva soberana de su amado oasis. Sin mencionar que se veía preciosa en su vestido.

La guerrera también se percató del detalle de la corona de Serenity.

Era una tradición pasar la corona de reina en reina. La que por tantos años usó Selene, hoy no la cargaba su hija. La joven llevaba una nueva, ligeramente parecida a la que se usó su madre y antecesoras.

Haruka confiaba plenamente en Serenity. Tenía la certeza de que sería una espléndida soberana para Frieden. Tenía a Setsuna a su lado, quien siempre le brindará su sabiduría y apoyo en los momentos en que no sepa qué hacer.

Se sentían soplar nuevos aires. El oasis estaba en buenas manos, Frieden volvería a levantarse.

- ¡Haruka, espera! –

La rubia detuvo su descenso por las escalinatas e hizo caso al pedido. Volteó, aguardando por Setsuna con una sonrisa en el rostro. La otra mujer se apresuró para llegar frente a su amiga.

- Te has vuelto lenta con los años, Setsuna. – Bromeó la guerrera.

- No es cierto. Caminas muy rápido, como si te estuviera siguiendo tu peor pesadilla. – La rubia era demasiado veloz, siempre. Todo lo había con apuro. – Pensé que te quedarías más tiempo en la ceremonia. –

- Hay alguien esperando por mí en casa. – No quería dejar a su amada sola por mucho tiempo. – Entrega mis sinceras disculpas a la reina, por favor. –

- No, tranquila. Serenity lo entenderá. – Setsuna conocía a la joven, sabía lo comprensiva que era con los demás. – Ahora que mencionas a la reina, ella me pidió entregarte esto. –

Una carta fue extendida directamente para Haruka.

- ¿Por qué no me la entregó ella personalmente? – Preguntó la rubia al recibir la carta.

- No sabes lo nerviosa que la ponía esa idea. No sé, Serenity algunas veces carece de personalidad para hacer ciertas cosas. – Comentó la morena con una sonrisa en el rostro. – Por favor, lee esta carta en tu hogar, junto a Michiru. Piensen muy bien en lo que nuestra reina escribió para ustedes. –

Entonces se trataba de algo importante. Tanto secretismo sería en vano si se trataba de algo que se pudo decir en persona.

- Está bien. – Aceptó esta petición con un movimiento de cabeza y luego se despidió de Setsuna con un abrazo.

Era raro, pues sentía que la mujer frente a ella había cambiado. A los ojos de los demás no sería algo notorio. Pero Haruka conocía a Setsuna de años, podía notar hasta las minúsculas diferencias. Ya no cargaba con ella esa aura de melancolía y estrés.

Y podrá sonar mal, pero luego de la muerte de Selene, Setsuna se convirtió en alguien nuevo. Una mujer que se liberó totalmente.

El camino de regreso a su hogar fue tranquilo. Como cada día, se puso a prestar ayuda a la gente. Muchos ciudadanos se lanzaron a la tarea de remover escombros por su propia cuenta. No era una algo sencillo, pero Haruka cada vez que podía, ayudaba a cumplir este duro trabajo. También informaba a todos sobre los puntos más cercanos donde se podía ir a pedir alimento, agua o recursos. Y si se topaba con algún sublevado que andaba con intenciones de saquear, no dudaba un segundo y aplicaba un severo castigo a esos malhechores.

En fin, hacía todo lo que estaba en sus manos.

Pese a que ya no era su responsabilidad velar por el bienestar de los demás, Haruka continuaba haciendo esto. No podía engañar a nadie: Ella aún quería servir con honor a su gente.

Después de una hora o dos, llegó a su hogar. Normalmente el trayecto lo recorría en menor tiempo. Treinta minutos y algo más. Bueno, Michiru sabrá entender su retraso. Además, no podía enojarse con ella si traía consigo las flores favoritas de su amada.

No, este regalo no era para quitarse de encima un regaño.

- ¡Ya llegué! – La rubia hizo saber de su presencia en el lugar.

Las blancas flores las dejó en un jarrón con abundante agua fresca. Sonrió, pues eran la decoración perfecta para este salón.

Dio un corto paseo por la habitación para después llegar hasta una pequeña cocina. Pese a que no vivían en una mansión ostentosa o una posada de lujo, Haruka se sentía agradecida y a gusto en este pequeño hogar.

- ¿Dónde estás Michiru? – No la encontró en la cocina, tampoco en el cuarto que compartían. - ¿Michiru? – Se estaba comenzando a preocupar.

- ¡Acá afuera! –

Sintió que el alma le volvió al cuerpo. Haruka suspiró, partiendo por un pasillo hasta lo que era un modesto patio. No había mucho allí. De hecho, solo se encontraba Michiru, sentada justo en medio, pintando.

- Veo que el regalo de Setsuna te gustó bastante. – Comentó la rubia mientras se acercaba al lado de la musa. - ¿Qué estás haciendo hoy? –

- Un mar repleto de peces. – Dijo la mujer, dando una que otra pincelada por aquí y por allá. El cuadro estaba prácticamente terminado, estaba dando los últimos toques.

- Dime, ¿cómo conoces la apariencia de los peces si nunca hemos visto uno en nuestras vidas? –

- Me los imagino así. – Respondió Michiru con una pequeña sonrisa. – No lo sé, ¿crees que se ven mal? –

- ¡Claro que no! – Haruka creía que el cuadro había quedado fantástico. – Este nuevo talento tuyo es impresionante, creo que Setsuna acertó de forma exacta con este presente. En cambio, yo no sé qué rayos debo hacer con lo que me obsequió. –

Tonta ella no era, sabía bien qué debía hacer con el regalo que Setsuna le entregó. El simbolismo de un par de anillos es tan claro como el agua: Matrimonio. No obstante, Haruka pensaba que no era el momento adecuado para realizar ese tipo de compromiso con Michiru.

Estaban avanzando lento, retomando la confianza y cercanía que habían perdido. Por ahora, estaban bien de esta manera.

- ¡Ahora que lo recuerdo! – Haruka se puso a buscar algo en uno de sus bolsillos. Ante la atenta mirada de la otra mujer sacó una carta doblada de manera exagerada. La curiosidad se plasmó de inmediato en el rostro de la musa. – Me la entregó Setsuna. –

- ¿Ella la escribió? –

- No, es de la reina Serenity. – Las emociones en el rostro de Michiru cambiaron de forma abrupta. – Por favor, solo la vamos a leer, nada más. –

- Puedo anticipar de qué trata lo que escribió en esa carta sin la necesidad de utilizar mi espejo. – De hecho, ese objeto ya no lo utilizaba. Lo guardó en un cajón, olvidándose de su existencia. Michiru se aburrió de siempre saber qué ocurriría. Quería ser sorprendida cada día con lo que el destino preparaba para ella.

Pero de todos modos algunas veces podía adivinar cosas sin hacer uso de su espejo. Era ciertamente molesto cuando eso ocurría.

- Ella desea que volvamos a nuestros cargos de servicio. –

- Bueno, quizás estás en lo cierto. Pero ya sabes, yo prefiero leer la carta y salir de la duda. –

La guerrera abrió el sobre con muy poca delicadeza. Michiru se limitaba a observar sus acciones en silencio, pues le gustaba analizar el comportamiento de la rubia. Eran tan diferentes en la mayoría de los casos. Ella habría tomado un extremo del sobre, para después abrir de él con sumo cuidado, sin mencionar que no habría doblado la carta de la forma en que Haruka lo hizo.

Pero todas estas diferencias hacían las cosas interesantes. Si fueran completamente similares, todo sería muy aburrido. O por lo menos así pensaba Michiru.

Haruka inclinó la carta de forma tal que tanto la otra mujer como ella la pudieran leer.

- Tiene faltas de ortografía… - Señaló la musa luego de leer las primeras líneas.

- Creo que comentaré a Setsuna sobre esto para que comience a revisar todos los documentos que escriba la reina. – La guerrera sentía vergüenza ajena.

Las líneas escritas en la característica letra de Serenity dejaban ver a la pareja los mayores deseos que la joven reina poseía. Deseaba de corazón que ambas estuvieran viviendo tranquilamente. Luego de todo lo ocurrido en sus vidas, esto era lo mínimo que merecían. Expresaba sin escatimar en palabras la dicha que sentía al saber que estaban nuevamente juntas. Siempre tuvo la esperanza de que su relación mejoraría con el tiempo.

La carta continuaba con largos párrafos donde Serenity expresaba su gratitud por el apoyo que ambas entregaron al oasis en momentos de crisis.

- "Mi mayor deseo actualmente es que las dos vuelvan al palacio. Sé lo egoísta que es de mi parte pedir que dejen esta pacífica vida que han elegido para que retomen sus antiguos puestos. Me imagino que no deben extrañar para nada la rutina que llevaban a cabo acá en el palacio.

Las pensaba dejar en paz, pero me temo que no existen dos personas más calificadas que ustedes dos para cumplir con estas importantes tareas.

No obstante, no deseo que se sientan obligadas. Piensen, tómense su tiempo para decidir. Sin importar qué elijan; yo comprenderé y aceptaré.

Mis más sinceros afectos, Serenity". –

- Tenías razón. – Haruka apartó los ojos de la carta y suspiró.

Presentía venir una larga conversación con Michiru sobre este tema. Una turbulenta conversación que traería a flote asuntos que ambas han querido tocar con calma.

- Tu quieres volver a tu antiguo puesto, ¿verdad? – La voz de su acompañante la sacó de sus pensamientos. – Quieres ser nuevamente capitana. –

- No, yo no… -

- No tengas miedo de ser sincera, Haruka. Quiero saber exactamente lo que tú piensas. –

La rubia dejó escapar nuevamente un pesado suspiro. Se apartó del lado de Michiru, caminó de un lado a otro, como si eso la fuera a ayudar a pensar más rápido su respuesta. La musa la seguía con la mirada. Y en cierto punto parece haber encontrado las palabras que deseaba, su paseo quizás rindió frutos, pues se detuvo y alzó la cabeza; sus ojos perdiéndose en el precioso cielo que se extendía sobre ellas.

- Una y otra vez, la vida me demuestra que la maldad e injusticia nunca acabarán. No quiero quedarme sin hacer algo, pues esa no es mi naturaleza. Quiero servir a los demás con honor. – Haruka apretó los puños con fuerza. – Yo quiero defender a la gente de este oasis, quiero proteger mi hogar y a mis seres queridos. Michiru, protegeré esta nueva oportunidad que la vida nos entregó. Deseo cumplir ese anhelo siendo nuevamente capitana. –

Allí estaba la respuesta que esperaba oír. Esta era su verdadera Haruka. La mujer que luchaba por el bien, cuyos ojos aguerridos han recobrado la libertad y viveza de antaño.

Michiru abandonó su pintura, dejó su asiento y llegó frente a Haruka cargando un semblante pacífico, su sonrisa radiante y los ojos reflejando mil emociones. Se hizo con ambas manos de la guerrera, dando un apretón suave a ellas.

- Si eso es lo que realmente deseas, yo estaré a tu lado para apoyarte. – Podía pensar diferente a la rubia, pero eso no significaba que le negaría a Haruka este anhelo. Ella planeaba acompañar a esta maravillosa mujer en este nuevo camino que deseaba recorrer.

- Michiru… - Haruka elevó las manos de la bella musa y entregó un beso en cada palma. Estaba totalmente agradecida de su apoyo. – ¿Qué hay de ti? – Preguntó entonces. - ¿Qué decisión piensas tomar respecto al pedido de Serenity? –

No tuvo que meditar mucho al respecto. Michiru ya había pensado sobre esta posibilidad con anterioridad. Sin embargo, su postura era completamente diferente a la de Haruka.

- No, yo estoy bien de esta manera. – Estaba en paz. – Quiero aprovechar esta oportunidad. Ya sabes, disfrutar por un tiempo y vivir. No me siento preparada para volver a ejercer un cargo tan importante. - Buscó la mirada de su amada y encontró lo que necesitaba en esos ojos celestiales. – Quizás algún día me sienta lista para volver a mi puesto en el palacio. Hasta entonces, espero que te mantengas alejada de los problemas, pues no estaré a tu lado para cuidarte. –

- ¿Qué dices? Sé cuidarme sola. No soy una bebé, Michiru. – Se hizo la ofendida.

- Como tú digas, Haruka. –

Entre risas, recibió un dulce beso. Y se aferró al sentimiento con felicidad. Se aferró, no pensaba dejar ir nunca más las dichas de esta vida.

Este ambiente ameno era el que sinceramente apreciaban. Era el nuevo tesoro de ambas. Podían reír, bromear y gozar sin preocupaciones. Era el nuevo comienzo para las dos.

Así como Frieden, Haruka y Michiru se levantaron desde las cenizas para brillar una vez más. Ahora nadie se los podía impedir.


¿Qué puedo decir? Le quería dar un final feliz a todos. Y quería algo de romance, solo un poco. :P

Muchas gracias por leer. ¡Suerte!