Capítulo 2. Cuando no tener problemas supone tenerlos todos de golpe.


Por un segundo me pierdo ante la magnitud de esa sensación, del recuerdo de sus ojos sobre los míos. Sin embargo, opto por no darle más importancia de la que tiene. No tiene sentido preocuparse por las cosas externas a uno mismo, pienso. Y esto, desde luego, no tiene nada que ver conmigo.

Soy feliz.

Giro la cabeza levemente y veo por el rabillo del ojo a Jake mientras caminamos por el pasillo principal del Instituto. Creo que le quiero. Es la persona que está en mis días malos, que me toma de la mano cuando más insegura me siento, y la que me conoce con un solo movimiento de mirada. Algo así no se encuentra todos los días, y por supuesto, no se desaprovecha a la primera oportunidad. Alice cree que solo estoy con él por inercia, por comodidad. Yo no lo creo tan así. Puede que no esté segura de lo que siento, pero lo que sí que sé es que mataría a cualquiera que le hiciera daño. Incluso a mí misma.

-Te noto hoy un poco distraída Bells –comenta mientras me sonríe de lado. Es tanta la ternura que mi inspira, tanto el cariño, que de inmediato me decido por volver a aquí, a su lado.

-Sólo me encuentro un poco cansada la verdad –le tranquilizo, mientras me pongo de puntillas levemente para darle un beso en los labios. Me encanta que solo sea un poco más alto que yo –De todas formas ahora he quedado con Alice para acompañarla a ir de compras. Cuando me encuentre en casa te llamo, ¿de acuerdo?

Jake se ríe por lo bajo y asiente feliz.

Siempre está feliz.

Mientras espero en el aparcamiento a que Alice salga de clase mi mente viaja y repasa de nuevo todo aquello que comprende mi vida ahora mismo.

A veces siento que podría morirme en cualquier momento. Siento que esta no soy yo, que esta no es la vida que querría, que necesito más vida en mi vida –valga la ironía. Soy gilipollas. Frunzo los labios, como siempre hago cuando me asquea algo, y decido hacer lo más productivo en esta clase de momentos. Fumar un cigarrillo.

Sin embargo, no he acabado de encenderlo cuando alguien se coloca a mi lado. Arqueo la ceja izquierda –la única que sé arquear y que me hace lucir desafiante –y me giro brevemente hacia mi nuevo acompañante.

Esto es acojonante.

Edward –me creo más que nadie –Cullen.

Gracias Dios por tanto. En serio.

-¿Necesitas algo –Le pregunto mientras exhalo el humo de la garganta. A la vez, procuro no mirarle. No se merece ningún tipo de atención por mi parte. Aunque mientras digo eso el corazón circula a mil por hora y noto los nervios a flor de piel.

-Alice es mi hermana –me recuerda. De cualquier forma, pienso que es la respuesta más estúpida que me han dado jamás, lo cual hace que vuelva a arquear la maldita ceja y –ya que sí –girarme para poder verle. A los ojos. A esos putos ojos. Por supuesto luce malditamente bien, aunque ya hallan pasado diez horas desde que comenzó el instituto y yo luzca como un jodido mapache enrabietado –Por lo tanto, puedo acercarme a ella en cualquier momento del día sin tener que dar explicaciones a nadie –me sisea, intentando, pobrecito, intimidarme.

Cuán equivocado que estás amigo. Ahora la adrenalina circula por mi cuerpo a mayor velocidad. Hasta ahora nadie había provocado estas reacciones en mi persona. Nadie que conozca me empuja a estos límites de la cordura sin siquiera proponérselo.

-Vaya, veo que la hora de los capullos no ha hecho más que empezar, ¿no? –Escupo, ahora sí, enfadada de verdad –Pero concretaré mi pregunta para ponerte la situación más fácil, ¿necesitas algo, en este mismo momento, a mi lado, cuando Alice NO SE ENCUENTRA AQUÍ? –Puf. Valiente gilipollas. Ahora entiendo el por qué nunca he intercambiado más de dos frases con el colega. No tiene neuronas suficientes.

Él se sorprende. Intuyo que no se esperaba que una "piba", como él mismo llama a mi género, haya tenido el par de ovarios semejantes para plantarle cara. Si de verdad se creía que podría hacerme sentir como una estúpida e irse de rositas es que de verdad es imbécil. Joder, cualquiera sabe en este maldito pueblo que tengo un carácter de los mil demonios. Es más, el único con el que jamás lo despliego es con Jake. Él no se merece ese trato. El resto, todos y cada uno de los individuos que habitan la zona, lo merecen cada momento del día. Incluida Alice, aunque no le afecta especialmente el asunto. Emmet a veces.

Sin embargo me encuentro tan distraída razonando en mis pensamientos y tratando de entender esta caótica situación que no logro darme cuenta del cuerpecillo diminuto de mi mejor amiga a centímetros de distancia. Extraño porque con lo exagerada y energética que es Alice jamás podría pasar desapercibida en ningún lugar público. A mi lado, Edward se relaja suavemente. Tampoco había notado la tensión que sus hombros habían adquirido.

-¡Perdón Bella! ¡La profesora Cope ha tardado 10 minutos más que otros días para sacarnos de clase! ¿¡Te lo puedes creer!? –me grita haciendo aspavientos con sus diminutas manos. Yo me río.

-No te preocupes Alice –le comento, mientras que con la mano le enseño el cigarro prácticamente consumido de mi mano –me has dado la oportunidad perfecta para fumar el primer cigarro del día.

Ella bufa porque realmente es lo última que querría hacer a lo largo del día. Odia que fume y me lo recuerda a cada momento.

Lo gracioso de todo es como le cambia la cara cuando mueve los ojos y ve a Edward a mi lado.

-¿Ed? ¿Qué haces aquí? –No soy la única sorprendida.

Él chasquea la lengua, mientras fuma su cigarro y se le ve molesto por tener que dar esas explicaciones que supuestamente odia ofrecer con toda su alma.

-No tengo el volvo y papá me ha dicho que debo ir en tu coche de momento –no pregunto que ha ocurrido con su volvo porque conozco a Alice y ella misma le preguntará.

-¿Qué coño has hecho a tu coche Edward?

-Fue un choque sin importancia –desdeña con su mano –pero la cuestión es, ¿puedes llevarme durante una temporada a casa?

Me callo las ganas de recordarle que un choque sin importancia no jode tu vehículo de forma indefinida. Sin embargo, eso solo sería una pelea inútil.

-Sí… pero hay un problema –mierda, me lo veo venir –hay días donde Bella y yo nos turnamos para traernos mutuamente. Yo la traigo unos días, y ella a mí otros. Es un acuerdo que no podemos romper.

Sí, ese es nuestro acuerdo. Como no podía con la idea de Alice gastando su dinero en gasolina por tener que llevarme a todas partes y, sobre todo, ante la idea de no conducir en lo absoluto, decidí presionarla para este tipo de acuerdo. De esta manera ambas gastamos lo mismo y utilizamos los coches. Salvo esta mañana que por quedarme dormida tuve que venir en el mío.

Miro de reojo a Edward y veo todos y cada uno de los pensamientos que corren por su cabeza en este momento. No quiere tratar conmigo más de lo necesario, pero tampoco desea decir nada para no meterse en un problema o decir algo indebido. Va de duro, pero es el primero al que le importan las apariencias.

-Supongo que no tengo problema con ello –decide finalmente. En ningún momento me mira, y eso me cabrea. ¿Tanto le cuesta?

-¡Genial! Bella, ¿tú que dices?

Esa pregunta y mi nombre en la oración hacen que vuelva a la realidad de inmediato. Ahora me toca decidir a mí lo que quiero. Por supuesto, no voy a cagarla. Esto es algo que hago por Alice, porque me importa, es su hermano y no quiero que sufra por mi comportamiento. Tengo clara la respuesta desde antes de decirla.

-Claro, ¿qué problema podría haber?


La verdad es que siendo sincera dejé esta historia aparcada durante demasiado tiempo, hasta que por fin he decidido continuarla. Más que nada, porque como todos, durante un momento al día, necesito verter en una página todo aquello que me remueve por dentro, y la verdad es que esta historia, mitad ficción, mitad hechos reales, es lo que necesito ahora mismo para poder volver a lo que era.

Espero que lo disfruten.

Un saludo, Satevis - DH.