* Giulyy Medina Aquí tienes el segundo capítulo. Ahora sabrás sobre Kurtana =D
* Lety BL Jeje, qué bien! Espero lo hayas disfrutado =)
* Rocio Miranda Neira Yay! La actualización a continuación.
* Sofy Salazar En este nuevo capítulo sabrás cómo se inició la relación de Kurt y Santana.
* Yamii Leguizamon Espero que te gustara.
* Soledad Rodriguez Gracias amiga! Hoy la otra pareja será descubierta.
* jeny Ambos son muy dulces y las cosas entre ellos se dieron de esa forma.
* ElizabethHummel Entiendo, y es que en la mayoría de los fics el padre de Blaine está basado en lo que nos dieron en Glee.
Yay! Me hace feliz saber que te atrapé con otra historia =)
Las cosas entre Blaine y Brittany surgieron dulcemente y serán un gran matrimonio. Ya vendrá eso más adelante.
Hoy conocerás el inicio de la relación de Kurt con Brittany y el por qué de su alianza.
Ya me habían sugerido lo de "la chispa" entre Kurtana. Ya veremos como trabaja mi imaginación al respecto ;)
* Eternalgleek23 De eso que no te quepa duda, pero ya en algún momento van a surgir Klaine y Brittana, por ahora las cosas serán así hasta que el destino los junte.
:O ¿escribí Pearce? ¡Qué mal! ¡Gracias por avisarme! Lo corregiré enseguida.
* KmiiloBastidas Gracias por tus increíbles y hermosas palabras! Te has convertido en motivación constante para este espíritu creativo.
Como te lo comenté desde el comienzo, tu idea es más que genial y definitivamente escribir un OS quedaría corto. Me alegra inmensamente que te guste como se están dando las cosas. Aquí el nuevo capítulo ;)
* hummelandersonsmythe Los dos son muy tiernos y dulces. Las cosas se irán mostrando más adelante, por ahora sólo fue el precedente de cómo se conocieron.
* AdrianaBotero2 De nada, gracias a ti por todo el apoyo =)
* andersonxhummel El padre de Blaine tendrá cierta participación en la historia.
Muchas gracias! Me alegra que la estés disfrutando tanto C:
¡Oh sí! Blaine es un caballero y un pan dulce. La relación con Brittany surgió y ya sabrás más al respecto. Hoy conocerás los antecedentes de Kurt con Santana.
Jajaja, estoy de acuerdo, Kurtana rules!
* littleporcelana LOL sí, he reído con eso, gracias =D Lo necesitaba :3
Para que Klaine y Brittana surjan pasarán muchas cosas primero, pero todo irá encajando ;)
Ten por seguro que nunca abandonaré ninguna de mis historias, ustedes no merecen que les haga algo así. Gracias por la paciencia y el apoyo!
Saludos y otro abrazo desde tu casa en mi lindo Ecuador.
* Xlaudik Aquí estoy con el siguiente capítulo =)
CAPÍTULO 2:
"Kurt y Santana"
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Kurt Hummel a sus quince años es un chico tranquilo, callado, excelente alumno, noble y de buenos sentimientos, sin embargo, es solitario, no por elección propia sino porque en su colegio no ha encontrado personas afines a él, además la mayoría lo molesta a diario.
No pretendía que reinase la armonía y ser amigo de todos sin que hubiese diferencias porque eso sería utópico, pero anhelaba alguien con quien poder hablar, una persona con quien realizar las tareas y hacer planes para el fin de semana. ¿Por qué no podía tener eso? ¿Acaso era mucho pedir?
Estaba cansado de comer en un rincón, harto de los empujones, de que lo hiciesen tropezar, de ser llamado por nombres crueles, de la arrogancia, de la violencia, y también de la indiferencia de quienes podrían darle una mano y optaban por no hacerlo.
Se sentía exhausto de inventarle historias a su padre para que no supiera de su vida miserable y solitaria, saliendo de vez en cuando para encontrarse con supuestos amigos o pidiéndole permiso para asistir a fiestas imaginarias, todo con tal de no preocuparlo porque ya tenía bastante con los problemas del trabajo. Aunque también usaba la excusa de quedarse en casa la mayor parte del tiempo para poder ayudarlo ya que eran sólo los dos debido a que su madre los abandonó años atrás.
A menudo pensaba en qué había de malo en él para que ni siquiera ella lo quisiera. Podía entender que el matrimonio de sus padres hubiese dejado de funcionar, pero que la mujer que le dio la vida decidiera irse sin mirar atrás, dolía.
Con un gruñido intentó acomodarse ya que se encontraba recostado de lado en las gradas del patio a sabiendas que no habría nadie a esa hora porque las prácticas comenzaban dentro de treinta minutos aproximadamente, así que podía estar tranquilo durante ese tiempo.
Estaba consciente de que se había saltado una clase, y aunque era de sus favoritas, no podía importarle menos en ese momento puesto que lo único que quería era estar solo.
Había sido un día malo en particular y el dolor en su espalda era fuerte. Con el dorso de la mano se limpió las lágrimas mientras pequeños temblores lo recorrían.
Se sentía tan cansado de esa situación y no sabía cómo detenerla. Ya había hablado con sus maestros, pero eso sólo había empeorado las cosas.
No se explicaba por qué no podía ser feliz. La vida no era justa, el mundo no era justo, y una mezcla de emociones se arremolinaron en su pecho.
Quería salir corriendo y gritar con todas sus fuerzas hasta que sus piernas cedieran y su garganta ardiera.
Cerró los ojos y tragó los sollozos que amenazaron con romperlo, porque si les permitía escapar, no podría detenerlos.
La alarma de su reloj sonó, el tiempo había transcurrido veloz y debía irse antes de que los futbolistas llegasen. Con dificultad se levantó, tomó sus cosas y se dirigió al baño para arreglarse un poco. Jamás permitiría que nadie lo viese mal.
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Una chica de piel morena y cabello largo y oscuro como la noche se encontraba apoyada en una de las paredes del colegio buscando en su bolso una carpeta que había guardado la noche anterior. Victoriosa la sacó y sonrió, pero en un segundo le fue arrebatada.
—¿Qué te pasa? —inquirió furiosa a Nara, la adolescente que estaba frente a ella mientras sus amigas se reían y festejaban como si esta hubiese realizado una hazaña— ¡Devuélveme mi trabajo!
—No sé de qué hablas porque este es mi trabajo. Estuve toda la noche despierta realizándolo, y tú intentabas robármelo.
—¡Mentirosa! —se lanzó sobre la susodicha para intentar recuperar la carpeta.
Las demás chicas intervinieron para separarlas y proteger a su amiga.
Un tira y hala se produjo en medio del pleito, saliendo triunfante la infractora. —Mira cómo arrugaste todo. Es una lástima porque pude sacarle provecho, pero el profesor nunca aceptaría esta porquería, aunque… —le dio una mirada desdeñosa— las cosas se parecen a sus dueños —arrancó varias páginas y las rompió, arrojándolas al suelo—. Ahí está tu mugrosa carpeta, zorra egoísta.
Todas se rieron y se alejaron celebrando mientras la chica se agachó a recoger los vestigios de su esfuerzo.
Varias personas cruzaron a su lado sin pronunciar palabra alguna, unas cuantas pisaron y hasta patearon las hojas, y otras la insultaron, proclamando que merecía lo que le había ocurrido.
Con una respiración profunda se puso de pie y sin mostrar emoción alguna se dirigió hacia el salón de clases dispuesta a explicarle al docente lo sucedido y enseñarle lo que quedaba del trabajo con la esperanza de que le permitiese presentarlo al día siguiente.
Una hora después salió a toda prisa conteniendo las lágrimas que amenazaban con formarse luego de que recibiese una negativa como respuesta y un fuerte llamado de atención por intentar "burlarse" del maestro.
Faltaban dos periodos para que las clases terminasen, pero ella no resistía más así que corrió a esconderse en uno de los laboratorios que sabía estaba vacío. Últimamente era lo que hacía hasta que pudiese ir a casa.
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Una semana bastante irregular estaba por terminar. Hubo altibajos y momentos de tristeza, aunque también varios buenos en los que parecía que las cosas por fin se habían calmado, y ese era el mejor día por mucho.
La gente lo estaba ignorando, y Kurt prefería eso a recibir toda la "atención" que no deseaba.
Tocaba la clase de deporte, una de las que detestaba sin lugar a dudas, pero no podía evitarla siempre. Cuando era posible inventaba una excusa, sin embargo, no era algo que pudiera hacer con regularidad debido a que en toda materia hay un mínimo de faltas permitidas, y no iba a reprobar el año sólo porque no quería estar en el gimnasio con esa estúpida gente como solía llamar a sus compañeros.
—¡Hummel! ¡Presta atención! —gritó el profesor por el megáfono— ¿Qué haces parado en la mitad de la cancha? ¡Muévete al equipo B!
El joven miró desorientado a ambos lados sin saber hacia dónde debía ir.
—El equipo B es ese —señaló Bailey, una alumna nueva y de las pocas que nunca lo habían molestado.
Con un asentimiento de cabeza en manera de agradecimiento corrió y se ubicó en el lugar que le asignaron.
Las instrucciones fueron dadas y el juego de vóley empezó, y junto a este un calvario para Kurt, quien recibió tantos balonazos "sin intención" que debió ser enviado a la enfermería.
Lo que empezó como un buen día estaba terminando de la peor manera.
La chica de piel morena había observado con indignación la escena desde el otro lado del gimnasio, insultando a varios e intentando intervenir, pero fue detenida por el grupo de Nara.
Cuando logró liberarse se dirigió a la enfermería, y su corazón dolió al ver a su compañero doblado en la camilla con gruesas lágrimas rodando por sus mejillas después de que la doctora lo examinara.
Escondida en un rincón se debatía si debía acercarse o no porque hay ocasiones en que las personas quieren o necesitan estar solas para desahogarse, y no sabía si era el caso.
Fue tanto el tiempo que le había tomado llegar a una resolución que cuando se dio cuenta, la campana que anunciaba el término de las clases estaba sonando y Hummel se levantaba con dificultad para irse, así que en silencio y un suspiro triste se retiró también.
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—Un nuevo día, una nueva oportunidad de ver las cosas de forma diferente, de sonreír y dar lo mejor —se dijo a sí mismo Kurt tratando de ser optimista e ir con la mejor actitud al colegio, a pesar de todo.
Debía seguir enfocándose en sus estudios y obtener excelentes calificaciones porque sólo así podría un día entrar a una buena universidad en otra ciudad o estado y alejarse de una vez por todas de tantos retrógradas, y esa era la mejor motivación.
Una vez que terminó de arreglarse se regaló una pequeña sonrisa mientras se observaba en el espejo, tomó sus cosas y salió de su habitación.
Al llegar a la cocina vio a su padre sirviendo con cuidado el jugo en los dos vasos que reposaban sobre la mesa.
—¡Buenos días, papá! —le dio un pequeño abrazo.
—¡Buenos días! ¿Cómo amaneció mi muchacho? —le palmeó la espalda, y el joven apretó con fuerza los dientes para no proferir ninguna queja.
¿Por qué tenían que empujarlo contra los casilleros y las paredes? Su espalda ya no tenía ningún espacio sin estar cubierto con moretones.
—¡Todo bien! —respondió en un tono que pretendió ser alegre, y ocupó su lugar.
Odiaba mentirle a su progenitor, pero no quería preocuparlo por las cosas que le sucedían. Había manejado la situación por su cuenta durante todo ese tiempo, y aunque los resultados no eran los mejores, seguía en pie de lucha.
Una plática amena se llevó a cabo mientras comían, terminando con buenos deseos y un cálido abrazo antes de que ambos salieran de la casa rumbo a sus actividades.
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Cuando dejó su hogar esa mañana, la chica morena no se imaginó que se encontraría sentada sola en el fondo de un salón vacío, llorando y maldiciendo. Las cosas habían estado bastante tranquilas por semanas y ahora tan sólo eran las diez de la mañana y ese día había sido de los peores.
De pronto la puerta se abrió con lentitud y ella se limpió el rostro de inmediato. Con los ojos todavía nublados vio que un chico de piel muy pálida entraba sigiloso y se apoyaba contra la pared, sin percatarse de su presencia.
El adolescente fue descendiendo lentamente hasta quedar sentado en el suelo, llevando las piernas hacia su pecho y haciéndose presentes varios sollozos.
Ella se levantó discretamente y se acercó, sentándose a su lado.
—Estoy tan harta como tú de esto.
—¡Oh, Dios mío! —expresó asustado, abriendo los ojos abruptamente y girando la cabeza hacia su costado.
Ambos permanecieron en silencio por varios segundos, sólo mirándose. Los dos lucían totalmente rotos y vulnerables.
—Mal día, ¿eh? —dijo la chica.
Él asintió y sorbió la nariz. —¿Estás bien? —preguntó con real preocupación.
—No. Es otro día de mierda. No sé cómo no lo vi venir. Ha sido demasiado tiempo estando todo calmado.
—Soy Kurt Hummel —dijo con voz débil.
—Lo sé, compartimos algunas clases. Mi nombre es Santana…
—López. Te he visto —hizo una pausa—. ¿Qué te pasó?
—Lo mismo que a ti —respondió haciendo una mueca.
—¿Mmm? ¿A qué te refieres?
—Eres acosado por los idiotas de esta escuela por ser gay.
—No… Yo… no…
—Alguien te escuchó decir en una ocasión lo mucho que te gustaba un chico, y desde ese día tu vida ha sido miserable.
Te he estado observando desde hace algún tiempo y me he dado cuenta de cómo te empujan, te dicen toda clase de insultos y demás, así que no puedes negarlo.
Con un suspiro cansado el joven cerró los ojos y apoyó la cabeza en la pared. Luego de meditarlo por un minuto giró nuevamente la cabeza y la miró con intensidad. —Dijiste que te pasa lo mismo que a mí. He observado que te molestan también. ¿Eso quiere decir que…?
—Sí, soy lesbiana, y se enteraron porque mi mejor amiga es una boquifloja indiscreta.
—¡Oh! ¡Guau!
—¡Exacto! Y lamentablemente tú y yo estamos en un colegio pequeño donde al parecer está reunidos todos los idiotas homofóbicos del pueblo.
Kurt se mordió el labio sin saber por un instante qué decir. —Lo lamento.
—¿Qué lamentas?
—Que te hostiguen. No está bien meterse con una mujer. No deberías pasar por esas cosas.
El silencio y la reflexión se volvieron a instalar por una fracción de tiempo entre los dos adolescentes.
—Tú tampoco. Que seas hombre no significa que debas pasar por todo eso. No es justo lo que te hacen.
Hummel sacó un pañuelo desechable de su mochila y se lo ofreció.
Ella lo tomó y lo partió, secando sus lágrimas con la mitad y usando la otra para limpiar el rostro del chico.
Después de ese día las pláticas entre ellos se volvieron una constante y antes de darse cuenta, una gran amistad había surgido.
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Kurt y Santana se volvieron inseparables, y a ellos se unían la mejor amiga de ella, Katrina, Bailey y su primo Max, quienes los apoyaban incondicionalmente, pero nadie podía entender cómo se sentían respecto a la discriminación y el maltrato, a excepción del otro, así que usualmente después de clases se reunían en casa de alguno de los dos para desahogarse.
Pero también hablaban sobre toda clase de temas, incluyendo el futuro, y hasta tenían un plan.
—Nos cambiaremos de colegio y podremos empezar de cero —dijo la chica—, sin nadie que nos conozca ni pueda juzgarnos.
—¿Crees que eso funcione?
—Por supuesto, Santana López nunca se equivoca, y este es un plan fantástico. No sólo eso, nos convertiremos en la pareja más poderosa y todos van a respetarnos. Así que, ¿qué dices? —le extendió la mano.
—Una pareja poderosa… —suspiró— No más lágrimas, no más maltrato.
—¡Exacto! ¡Nunca más nadie volverá a dañarnos! ¡No lo merecemos!
Kurt estiró el brazo para alcanzarla, tomó la mano de su amiga y le dio un apretón suave pero firme. —¡Es un trato! ¡A partir de ahora nadie volverá a humillarnos! Aunque falta ultimar un detalle.
—¿Cuál?
—Que nuestros padres acepten.
—Hummel, me sorprende que no te des cuenta con quien estás hablando. Eso ya lo tengo cubierto también. Vamos a reunirlos y les diremos juntos la situación por la que estamos atravesando y que queremos transferirnos.
La idea de contarle a su padre no le gustaba, sabía que se enojaría por haber mantenido en secreto durante tanto tiempo lo que le ocurría.
—No, no puedo. Mi papá se pondrá furioso. Va a castigarme hasta que cumpla los dieciocho.
—Mis padres también se enojarán, pero sabrán entenderlo al igual que lo hará Burt. Si guardamos silencio fue porque no queríamos hacerlos sufrir.
Luego de debatirlo por un largo tiempo ambos acordaron cuál sería el mejor momento de tener esa plática.
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Contar la verdad no fue fácil, pero, después de un llamado de atención, recibieron el amor y el apoyo incondicional de sus padres, a quienes habían reunido un sábado por la mañana para hablar y abrirles sus corazones.
Los adultos furiosos presentaron una queja formal ante la institución por todos los abusos de los que sus hijos habían sido víctimas y no haber hecho nada para detenerlos.
Los López se encargaron de buscar un buen colegio, aunque había un inconveniente: la distancia, ya que Burt por su trabajo no podía llevar a su hijo.
El chico se sentía impotente, pero Maribel, madre de Santana, se comprometió a hacerlo.
—¿No será mucha molestia? —preguntó un Burt dudoso.
—En lo absoluto. Tengo que llevar a Santi —la chica rodó los ojos ante el apodo—, así que sólo tenemos que salir un poco más temprano para poder pasar por Kurt y llegar a tiempo.
La idea de madrugar no era algo que por lo general entusiasmara al adolescente, sin embargo, en esta ocasión lo valía completamente.
Al día siguiente los amigos pidieron un auto para movilizarse por su cuenta, agradeciendo que en Estados Unidos a los dieciséis ya es permitido conducir y ambos estaban cerca de cumplirlos, pero al final de varios puntos expuestos razonaron y estuvieron de acuerdo en que era un gasto extra. Sus padres ya iban a hacer un enorme esfuerzo para pagar el lugar donde iban a estudiar, el cual era costoso.
Sólo había una solución: trabajarían para ahorrar el dinero suficiente y comprar su propio vehículo. Sabían que no lo obtendrían rápido ni sería algo de lujo, pero podían conseguir buenas ofertas en el lote de autos usados.
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Aunque la idea original había sido transferirse de inmediato, después de una extensa plática con sus padres acordaron terminar el año escolar donde estaban, después de todo sólo faltaban dos meses para que las clases concluyesen y los trámites para poder cambiarse eran muchos.
Gracias a la queja asentada en la institución las cosas mejoraron un poco. Todavía los molestaban, pero la intensidad del acoso había disminuido.
El último día de clases Kurt y Santana sintieron un alivio tan grande que no podía ser puesto en palabras. Era el fin de su padecimiento. Ahora podían respirar la paz que vendría y que tanto merecían, lo cual los tenía en extremo felices, aunque extrañarían mucho a sus amigos.
Durante las vacaciones no sólo consiguieron empleo, sino que se encargaron de fortalecerse mental y emocionalmente, contando con el apoyo absoluto de sus padres y el de una profesional. No estaban dispuestos a que nadie los considerase débiles o pudiese pisotearlos.
"Nunca más" fue la promesa que se hicieron, y por nada de este mundo la romperían.
A menos de un mes para su ingreso a la nueva institución educativa, los dos amigos sentados en la cama de Santana ultimaban todos los detalles de su historia y como manejarían las cosas.
—Aún no estoy seguro de esto.
—¿Por qué? El plan es perfecto.
—Lo es, Santana, pero… —soltó el aire lentamente— Desearía que pudiera ser de otra forma.
—¿De qué otra forma?
—Que fuésemos nosotros mismos.
—¿Y quién más se supone que seremos, Kurt?
—Sabes a lo que me refiero. Desde el momento en que entremos en ese colegio deberemos ocultar nuestras… preferencias. ¿Por qué no podemos ser dos gays poderosos?
—Eso sería un sueño hecho realidad, pero, aunque me duela admitirlo, así no funcionan las cosas. Seremos los nuevos, y eso es ya bastante presión. Sabes que será un camino largo para convertirnos en una pareja poderosa. Y una de las razones por las que queremos eso es para implantar cambios.
Tal vez cuando lo logremos podamos revelar aquella parte de nosotros. Ya lo hemos hablado muchas veces. No me digas que te estás arrepintiendo.
—No, no. En lo absoluto. Sé que tienes razón. Como dije, no es que no vaya a hacerlo, sino que me gustaría que fuera diferente.
—Entiendo, y a mí también, pero por ahora deberá ser así. ¿O acaso quieres que pensemos en algo más? Porque no puedo hacer esto sola. Somos tú y yo contra el mundo, y si no te sientes a gusto con…
—No, está bien. Tenemos mucho tiempo planificando esto. No vamos a cambiar nada.
Santana le sonrió y colocó su mano sobre la de él. —Más adelante será. Estoy segura que sí. En el futuro seremos libres de amar a quienes queramos.
Kurt le devolvió la sonrisa y entrelazó sus dedos con los de ella. —Así será. Algún día tendremos a nuestro lado a nuestras parejas soñadas.
—Bien —suspiró—. Ahora debemos volver a practicar.
—¿Crees que sea necesario?
—Se supone que seremos novios y debemos mostrarnos como tal ante todos, por lo tanto, no podemos sólo improvisar. Es importante que estemos preparados para hacer frente a cualquier situación.
—Mi cerebro está de acuerdo con lo que dices y con cada cosa que nos hemos planteado, pero mi cuerpo no coopera.
—Deja de pensar en ello. Sólo tienes que hacerlo.
—Lo sé, lo sé —se acomodó y la miró fijamente.
—Y cambia esa cara que no tienes en frente a tu perro.
—Creo que sería más fácil si tuviera en frente a mi perro.
Santana le clavó dagas con la mirada y le dio un golpe suave con el puño en la pierna.
—¡Oye! Eso va a dejar un moretón.
—No exageres, Hummel, y no digas tonterías. Y ahora lo que debemos hacer.
—Bien —replicó poniendo los ojos en blanco—. A la cuenta de tres.
—Uno… dos… tres… —contaron al unísono acercándose lentamente hasta no dejar ningún espacio entre ellos y juntaron sus labios.
