Hola a tod s, aquí les traigo la continuación, perdonen la demora, pero he estado muy ocupada con la universidad, espero les guste y gracias por sus comentarios!
Los personajes aquí descritos no me pertenecen, son de propiedad de la autora de Kaichou wa Maid Sama. Historia de mi autoría, sin fines de lucro, de fans para fans.
Toma 4: Maid Latte
Era sábado, una persona normal estaría feliz por esa simple razón, pero Misaki se retorcía en su cama gruñendo por lo bajo, tenía la odiosa sesión con el odioso cliente de la odiosa sonrisa descarada, podría inventar una excusa para su jefe, después de todo, no había faltado jamás al trabajo, pero por algún motivo no lo haría, sentía la obligación moral de hacerlo…si, moral…Estaba saliendo de la cama cuando el móvil que le dieron en Seika sonó.
¿Hola? —Saludó con voz ronca.
—Buenos días señor Ayuzawa, le informo que el cliente de hoy, el señor Usui, ha llamado para cancelar su cita, usted no posee más sesiones fotográficas para el día de hoy, le deseo un buen fin de semana —dijo la voz familiar y gruesa de un hombre al otro lado del teléfono.
—Gracias señor Yiruma, hasta el lunes —hizo una leve reverencia con la cabeza y colgó.
El universo debió oír sus pensamientos, se estiró relajada y revoloteó por su habitación, contenta, arreglando cosas por ahí y allá, buscando que ropa usaría, tan ensimismada que tardó en oír el tono del teléfono móvil otra vez e identificar si era su móvil personal o el del trabajo, finalmente y muy apresurada contestó, olvidando bajar el tono de su voz, tarde, había saludado con su voz femenina.
—Mh, ¿estoy llamando al teléfono de Ayuzawa Maki? —preguntó la voz masculina y confundida de Usui.
—S-sí, deme un segundo —dijo Misaki nerviosa, se alejó un poco del micrófono, aclaró su garganta e impostó su voz— ¿Diga? —habló esta vez Maki.
—Ayuzawa, habla Usui, supongo que el señor Yiruma ya te habrá llamado, aún así quise llamar para decirte yo mismo que no podré asistir a la sesión de hoy, han surgido inconvenientes personales, lo siento —dijo el rubio con voz extraña, extraña porque era más suave y seria de lo normal.
—A-ah, si, claro, no es problema, hasta pronto y…suerte —respondió Maki con la misma seriedad.
Cortó la llamada y apretó el móvil entre sus dedos, ese maldito aparato jamás le traía nada bueno, lo lanzó con rabia contra el único sofá de la sala y caminó a paso firme por el pasillo que lo llevaba a su habitación, una lágrima se deslizó por su rostro iracundo y entristecido, debía empacar…
Misaki se quedó viendo el móvil en su mano, por qué alguien como Usui llamaba para disculparse por algo tan trivial, algo que la empresa se encargaba de hacer y él lo sabía. De pronto ya no estaba tan feliz, la voz del joven le había resultado…¿triste?. ¿enojada?, ¿decepcionada?, negó con la cabeza y soltó el aparato antes de que sus dedos acabaran devolviendo el llamado para preguntarle al chico que sucedía. Salió de su cuarto y bajo las escaleras, un aroma delicioso llegó hasta su nariz, entró en la cocina.
—Misa, Buenos días...llegas a tiempo para el desayuno —dijo su madre con voz dulce, estaba sentada a la pequeña mesa.
¿Esos son huevos con tocino? —exclamó sorprendida.
—Si… —contestó Suzuna con su característica voz inexpresiva y suave.
—Se los regalaron el otro día en la tienda, al parecer ganó un pequeño concurso —sonrió su madre.
—Típico de Suzu…pero ya deberías dejarlo, el trabajo mejora, estaremos bien.
—Pero no es justo que sólo tú ayudes, hermana…—puso el plato con huevos y tocino sobre la mesa.
Misaki se sentó, era cierto, Suzuna solo quería ayudar, pero es que…Era tan joven aún y estaba esforzándose para no verlas trabajar más, pero tenía razón, después de la muerte de su padre necesitaban toda la ayuda posible.
Lejos de allí, un solitario joven de traje abordaba un avión, tomó su asiento e ignoró por completo a las azafatas que intentaban coquetear con él, su mente estaba por completo en otro lugar a kilómetros de allí, suspiró con pesadez y empuño su mano derecha, queriendo contenerse.
Varias horas después, Misaki se encontraba arreglando algunas cosas por la casa, bombillas rotas, abolladuras en algunas paredes y el jardín, era una casa vieja, de dos pisos, pequeña y de aspecto descolorido, pero no podía quejarse, era lo único que tenían y siempre buscaba la forma de hacerla lucir mejor.
Le dio vuelta a la llave dentro de la cerradura y el chirrido de las bisagras trajeron a paso lento a una anciana mujer frente a él, su rostro lucía cansado de andar y de llorar…
—Has venido…Takumi, hijo mio—murmuró con voz trémula la mujer.
Usui sólo atino a soltar su maleta y abrazarla con fuerza, la mujer sollozó sólo un poco sobre su pecho y le rodeó con sus manos, él en cambio, sintió el nudo formarse en su garganta y entonces lloró, en silencio sobre la blanca cabellera.
—Perdóname abuela…debí estar aquí…—murmuró con esfuerzo— Debí venir antes a verle…yo…lo siento tanto…
La mujer se apartó para mirarle a la cara y sonrió con dulzura mientras posaba una mano en la mejilla de su nieto.
—No te disculpes Takumi, él sabía que estabas en busca de tus sueños…se fue en paz…—respiró profundo— Todos están dentro, debo darte muchas cosas…sé que esto no te hace feliz, el tener que verlos…
El rubio negó con la cabeza y limpió su rostro, luego asintió mientras volvía a tomar su maleta y caminaba hasta la entrada de la casa.
Era un lugar verde, lleno de árboles y flores, con una modesta, pero elegante casa, de pintura descuidada y enredaderas subiendo por las paredes, sin embargo, todo estaba aseado y decorado con antiguos objetos y fotografías, una típica casa londinense…
Usui miró a su alrededor, nada había cambiado, se sintió en casa y respiró más tranquilo. Por el pasillo se asomó un rostro familiar que le sonrió, pero con aquel vinieron otros que no deseaba ver, sólo respiró hondo y se dejó llevar por las circunstancias; el ataúd en medio del salón le distrajo de todo, sonrió con amargura junto a él.
Dos semanas pasaron, Misaki había trabajado con normalidad junto a Yukimura, su cabeza concentrada en el lente de la cámara. Los primero días había tenido el extraño impulso de devolver la llamada al número desde dónde Usui le había hablado, de vez en cuando se sorprendía a sí misma pensando en si el rubio estaría bien, lo cual le molestaba hasta hacerla gruñir.
Aquel día viernes, había decidido caminar un rato por el centro antes de ir a casa, llevaba un bolso con una de las cámaras, miraba las vitrinas y su reflejo masculino no dejaba de sorprenderle, no tan sólo a ella misma, sino para quienes estaban dentro de las tiendas, ya que se detenía en tiendas no muy masculinas…
—Es mejor que se vayan, la dueña ya les advirtió—se escuchó no muy lejana una voz aguda de chica.
—Sí, por favor amos, retírense ya, necesitan dormir—dijo otra voz más gruesa de mujer.
¡No vamos a ninguna parte! ¡No sin ustedes! —dijo uno de los hombres notoriamente ebrio tomando a la más pequeña de las chicas por el brazo con brusquedad.
¡Por favor suélteme! —exclamó con temor la muchacha.
¡Vengan! ¡Somos sus amos! —dijo el otro tomando a la otra chica por la cintura.
Maki observó aquella escena, estaban en la acera del otro lado de la calle, a las afueras de un café cosplay, las dos chicas, por sus ropas, de seguro trabajaban allí. Maki cruzó imprudentemente hasta el otro lado…
¡Ustedes! ¡Déjenlas en paz! —gruñó Maki interponiéndose entre las chicas y los dos hombres ebrios, dejando su bolso en el suelo.
¿Quién eres tú? —preguntó uno de ellos mirando a Maki de pies a cabeza— ¡Eres diminuto! —exclamó para luego reír a carcajadas.
¡No te metas nenita! —gruñó el otro empujándole con una mano.
Pero Maki sólo retrocedió un poco, arrugó el ceño enfurecido y se lanzó contra él conectándole de lleno el puño en su ojo derecho, el tipo retrocedió y perdiendo el equilibrio cayó sentado en el pavimento, el otro rio con más estruendo…
¡La nenita acaba de botarte! —estaba a punto de carcajear otra vez, pero fue a dar estruendosamente al piso luego de que Maki le barriera los pies con una pierna.
El otro sujeto aprovechó el descuido y le devolvió el puñetazo en la mejilla a Maki, se tambaleó, pero las chicas asustadas le sostuvieron, algunas personas se habían detenido a mirar. Maki escupió sólo un poco de sangre y se remontó contra ambos, le dio una patada en el estómago al que le había golpeado hace un segundo y se abalanzó sobre la espalda del otro que apenas volvía a levantarse de la caída, las chicas gritaron cuando el hombre libre iba a poner las manos sobre la espalda de Maki y este ya se preparaba para ser golpeado, pero nada pasó. Volteó la cabeza y allí, detrás del ebrio estaba él…Usui apretaba la muñeca del tipo con fuerza, Maki bajó de la espalda del hombre y le empujó ligeramente para apartarlo. Un montón de maids habían salido de la cafetería luego de los gritos de las dos chicas. Los dos extraños miraron al rubio, el cual les sobrepasaba en altura por una cabeza, y se alejaron lo más rápido que podían, tambaleándose adoloridos y ebrios.
—Me alejo unos días y te encuentro metido en problemas…Maki —sonrió el chico.
¡Gracias! —exclamó la más pequeña de las chicas, llevaba dos coletas en su pelo rosa y abrazó a Maki.
El pelinegro parpadeó sorprendido y luego sonrió.
—Está bien, ¿No les hicieron daño? —preguntó Maki alejando un poco a la chica, ambas negaron con la cabeza y las otras maids hicieron una reverencia agradeciendo su ayuda.
De entre todo el grupo de chicas salió una, apresurada, de melena corta y castaña.
¡Oh por dios! Eres nuestro héroe, por favor acepten una cena gratuita justo ahora, ambos, si, vengan ya —exclamó emocionada y jaló de las manos de ambos chicos.
—Pero jefa, ya estamos cerrando, ya casi con las nueve de la noche —dijo una rubia de mal carácter.
—Sí, sí, Honoka, puedes irte ya, las demás, por favor ayúdenme, sólo será un momento. Subaru, prepara una mesa.
La aludida, una chica alta, de cabello largo en una coleta y gafas acomodó una mesa en un costado del salón. Era un lugar pequeño, de dos habitaciones conectadas por una gran puerta, debía tener segundo piso, ya que existía una escalera, al fondo se apreciaba una puerta tapada por una cortina sencilla, donde todas las maids entraban y salían, la decoración era simple, pero todo parecía pulcro y acogedor.
—Esto no es necesario, de verdad —dijo Maki muy apenado, moviendo sus manos.
—Claro que sí, mi nombre es Satsuki, soy la dueña de este pequeño café "Maid Latte", disculpen este altercado, algunos clientes suelen llegar ebrios o creen que porque es un lugar lleno de chicas bonitas que les atienden pueden faltarles al respeto, de seguro Sakura y Shizuko creyeron poder controlarlos solas, gracias por ayudarlas —hizo una pequeña reverencia y luego se quedó mirando a Maki, sus ojos se enternecieron y sonrió emocionada— ¡Eres tan lindo! Si fueses una chica ya te habría contratado —soltó una risita tonta ante la mirada desconcertada de Maki.
—Por favor, ¿tendrías un botiquín? —dijo de pronto la voz ronca de Usui.
La mujer asintió y desapareció saltarina al final de la habitación, casi desprendiendo flores. Maki volteó a mirar al rubio y este se acercó peligrosamente. El pelinegro arrugó la nariz y cerró los ojos con fuerza, pero sólo sintió un ligero roce en su hombro y luego una pequeña presión que le obligaba a doblar sus rodillas y caer en una silla.
—Aquí tienen, la comida vendrá en un momento —dijo Satsuki dejando el botiquín sobre la mesa y alejándose otra vez.
Usui tomó otra silla y se sentó frente a Maki chocando sus rodillas, abrió el botiquín y procedió a curar el labio roto del pelinegro. Maki se quejó y apartó al tacto del algodón medicado sobre la comisura izquierda, notando por primera vez que le dolía.
—Lo siento…trata de no moverte —dijo Usui con voz suave, sus ojos verdes concentrados en la mejilla de Maki.
Maki tragó en seco y se dejó curar, tratando de no quejarse demasiado, Usui deslizaba el algodón con delicadeza, como si su rostro fuese de cristal. Segundos después dejó de importar todo, Maki miraba fijamente al concentrado chico, mil cosas pasaban por su cabeza, entre ellas una pregunta "¿Qué estará pensando?". Se sonrojó notoriamente cuando los ojos verdes del rubio dieron con los suyos, Usui sonrió con amabilidad, ¿Desde cuándo? Pensó Misaki…
¡Gracias!
