.
CAPÍTULO 13:
"Verdades"
.
El contacto de esa suave piel sobre la suya era perfecto, esos dulces y carnosos labios se sentían tan bien, era tal como lo había imaginado y mejor todavía. ¿Por qué había esperado tanto tiempo para hacerlo?
¡Porque Blaine estaba casado con una de sus amigas!
Ante aquel pensamiento abrió los ojos rápidamente y se alejó, mirando con horror la expresión en el rostro del pelinegro. – ¡Lo lamento! ¡No debí hacer eso! – En realidad no lamentaba haberlo besado, pero en ese momento sintió un gran pánico apoderándose de él.
¿Blaine?
- ¿Por qué hiciste eso? – Su voz era totalmente seria, tenía el ceño fruncido y lucía algo molesto.
- Yo… No…
- Quiero la verdad. Prometiste ser honesto siempre.
Le tomó varios segundos pensar en lo que diría – No sé cómo tomes esto, pero tengo que decirlo… Honestamente, no me arrepiento de haberte besado. – Esperó unos segundos para cerciorarse de si el pelinegro tenía algo que acotar o no, ante el silencio evidente, decidió continuar, ya no había marcha atrás – Me gustas mucho, ha sido así desde el día que te conocí. Pero desde esa época me aferré a la idea de que sólo podíamos ser amigos, y jamás he hecho nada que sea contrario a eso. Al menos hasta ahora, sin embargo no va a ocurrir otra vez.
No quiero perderte. Eres uno de los mejores amigos que he tenido en mi vida, y te puedo asegurar que nunca haré nada que perjudique esta amistad.
- ¿No crees que las cosas serían más fáciles si fueses honesto?
- ¿A qué te refieres? Estoy diciéndote la verdad.
- Me refiero a ser honesto con el mundo. Creo que tal vez me besaste porque estás desesperado por contacto con alguien de tu mismo sexo y proyectas eso en mí.
- Te besé porque realmente quería hacerlo. No estoy proyectando nada, y tampoco estoy desesperado. – Respondió con indignación.
- No lo digo en una mala forma ni para que te enojes. A lo que me refiero es a que tienes veintiséis años Kurt y estás con Santana desde la escuela, es normal que… Amm… bueno… nunca has tenido un novio y…
- ¿Quién te dijo eso?
- Perdón, ¿qué?
- Santana y yo hemos tenido parejas.
- ¿Pero… cómo? Si ustedes…
- Fueron relaciones secretas obviamente.
- ¡Oh! – Frunció el ceño – No sé qué es peor.
- ¿A qué te refieres?
- No sólo no eres quien aparentas ser sino que has estado viviendo una doble vida. Mientras que para el mundo estás casado y enamorado de Santana, a escondidas sales con otros hombres.
- Si lo dices de esa forma suena horrible.
- Suena como lo que es.
- Entiendo que esta situación no es fácil de comprender, pero prometiste que no me juzgarías.
- Kurt… sólo es que… Tengo que irme.
- Blaine, por favor. No quiero que estés enojado conmigo o desilusionado. Eres muy importante para mí.
- Tú también eres importante para mí, pero realmente tengo que irme.
- Bien. – Secó con el dorso de la mano la lágrima que rodó por su mejilla y vio con tristeza como el ojimiel se levantaba y se iba.
ღ ღ ღ ღ ღ
El timbre sonó por la mañana y el moreno asentó el periódico que leía sobre la mesa central de la sala antes de dirigirse hacia la puerta.
- Hola Blaine.
- ¡Santana! ¡Qué sorpresa!
- Disculpa que venga tan temprano, pero tengo un vuelo que tomar dentro de poco. Algo surgió de último momento y quería preguntarle a Britt se me podía ayudar.
- ¡Oh! Bueno, ella no está aquí.
- ¿Le puedes dar el mensaje cuando regrese?
- Lo que sucede es que tuvimos que cerrar la veterinaria por unos días debido a una plaga, están fumigando y desinfectando todo, así que ella aprovechó para ir a visitar a sus padres. Yo me quedé porque alguien tiene que ir a supervisar el trabajo que están haciendo.
- Claro, comprendo. – Hizo una mueca de intranquilidad.
- Si puedo ayudarte, encantado de hacerlo.
- Sí, por favor. Te lo voy a agradecer toda la vida.
- Sólo dime, ¿qué necesitas?
- Kurt está enfermo. No es nada grave en realidad, es un resfriado pero de esos fuertes que te tumban por varios días. Y él es bastante terco y reacio a tomar pastillas o hacer cualquier cosa que lo ayude a mejorar, cree que con permanecer en cama se va a sanar mágicamente.
El punto es que quería que ella me ayudase controlando que tome la medicina, dejándole suficiente agua al alcance para que pueda hidratarse, cosas como esas. Ya sé que no es un niño al que hay que cuidar, pero le duele mucho el cuerpo y apenas se puede levantar y…
- Entiendo tu preocupación. Todos hemos pasado por ese tipo de resfriados en los que te cuesta hasta respirar, y siempre es bueno tener a alguien que nos dé la mano en ese momento.
- Exacto, y no puedo declinar el viaje. Iba a dejar que nuestra gente se encargue, pero Kurt insistió en que era mejor si iba. Hay un problema con una de las empresas y si no se soluciona pronto significaría muchas pérdidas…
- ¡Ah! Claro, él prefiere que vayas aunque esté en cama y tú lo haces a pesar de que él te necesita porque al fin y al cabo el dinero es más importante y…
- ¡No es por el dinero! – Frunció el ceño y lo miró con enojo – Si fuese por eso, no iría. No iba a dejarlo enfermo y solo por algo tan trivial. Cuando mencioné que serían muchas pérdidas, y no me dejaste terminar la frase, iba a decir de empleos. Si la empresa tiene que cerrar muchas personas se quedarían sin trabajo. Eso es lo que a Kurt y a mí nos importa. – Acotó con voz seria.
- Lo lamento, no quise…
- ¿Sabes? Mi esposo y yo podremos estar muy bien económicamente, pero venimos desde abajo y sabemos lo que es luchar día a día para salir adelante. La fortuna que hemos logrado ha sido en base a mucho esfuerzo, trabajo duro y dedicación. Perder el empleo para una persona puede ser totalmente catastrófico porque muchas veces toda una familia depende del salario de esa persona. Imagínate si hablamos de cientos de ellas.
Pensé que en todos estos meses de convivencia y aparentemente ser amigos nos conocías mejor que eso. Pero ya me doy cuenta que estaba equivocada, no eres más que otro de esos idiotas con ideas preconcebidas que piensan que porque alguien está en una buena posición económica y social es automáticamente prepotente y vacío.
- ¡No he dicho eso en ningún momento!
- No puedo perder más tiempo contigo, debo estar en el aeropuerto en menos de una hora y el trayecto es largo. Creo que Kurt tendrá que valerse por sí mismo. Después de todo, como dicen, es mejor solo que mal acompañado.
- Santana de verdad lo siento. Me estoy disculpando. No pensé en lo que dije, ha sido un mal día para mí y…
- Me tengo que ir. – Se dio la vuelta y empezó a caminar a prisa hacia el taxi que la esperaba.
- Juro que no fue mi intención molestarte o lastimarte, – corrió detrás de ella – sólo hablé sin pensar. Sé que ustedes dos son buenas personas y se preocupan por los demás. – La latina se volteó y lo miró seriamente – Ve tranquila, me encargaré de Kurt. Lo prometo.
Tú enfócate en solucionar todos los problemas, y si necesitas ayuda de algún tipo, tengo varios amigos que son abogados y que estarían más que gustosos de colaborar en el caso.
- Sólo porque esos resfriados a él lo ponen realmente mal y no tengo a quién más acudir por la prisa. – Gruñó – Asegúrate de que esté bien. Cuando regrese quiero que mi esposo esté en perfectas condiciones, o si no me aseguraré de perseguirte sin tregua y no te dejaré en paz así te escondas bajo una piedra en el último rincón del mundo. – Mencionó con voz muy seria.
Blaine la miró totalmente sorprendido, no sabía si la chica estaba bromeando o qué.
- ¡Wow! Santana…
Ya embarcada en el taxi, se asomó por la ventana y extendió el brazo para darle las llaves de su hogar y un papel doblado. – Hablo en serio Anderson, ese hombre que está enfermo en cama lo es todo para mí.
ღ ღ ღ ღ ღ
Kurt trataba de acomodarse y no podía evitar quejarse con cada movimiento que realizaba. Él es de la clase de personas que casi nunca se enferman, pero que cuando lo hace pareciera que todas las plagas le hubiesen caído encima.
Quería mover una de las almohadas y colocarla detrás de su espalda para que le sirviera de soporte, más le estaba resultando imposible dicha labor. De pronto sintió como tomaban la almohada y asustado volteó la cabeza lo más rápido que pudo.
- ¿Blaine? – Su voz sonaba totalmente débil y rasposa por lo mal que su garganta estaba – ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
Sin contestarle ni pronunciar palabra alguna, cogió la almohada y la acomodó de la forma en que se había dado cuenta que el castaño trataba de ponerla.
- Tienes que tomar esto. – Agarró un frasco con pastillas y se lo llevó.
- ¿Por qué me hablas en ese tono?
- Aquí está el agua.
- Supongo que Santana no encontró a Britt porque no he sabido de ti en días, ni siquiera has contestado mis mensajes… Así que gracias por venir, pero no tienes nada que hacer aquí. Le dije que no era necesario que fuera a molestar a nadie, soy capaz de valerme por mí mismo.
Bajó lentamente la cabeza y la acomodó sobre la almohada. – Pensé equivocadamente que podía confiar en ti y abrí mi corazón. Esa noche en el parque parecías tan comprensivo, dulce, era como si de verdad yo te importaba. Pero claro, no sabías todavía mi secreto.
¿Tienes idea de cuántas personas lo saben? Las puedo contar con los dedos de una mano, porque para mí no es fácil confiar en otros, sin embargo realmente creí que tú eras distinto. Sí, ya sé que lo que te dije es algo muy grande, pero no pensé que fueses a reaccionar así.
Aunque ya no estoy seguro si fue por lo último que te conté o por el beso que te di que ahora te estás comportando de esa forma conmigo, porque incluso cuando te confesé que era gay, pareciste tomarlo bien. Pero ahora veo que eso de que sigo siendo la misma persona para ti, que nada había cambiado y toda esa perorata, no fue cierta.
¿Sabes qué? Necesito descansar, ya conoces el camino hacia la puerta. – Cerró los ojos y apretó con fuerza los labios para evitar que los sollozos saliesen.
Unos minutos después sintió que el colchón se hundía cerca de él, abrió los ojos y vio a Blaine sentado observándolo.
- Tenía una imagen diferente acerca de ti. Y no, no tiene que ver con tu sexualidad, es sólo que siempre te vi tan real, sincero, transparente.
- No sabes lo que es esto para mí. Me siento tan mal… No tengo palabras para expresar lo que siento y es que he estado bien durante mucho tiempo y ahora…
- ¿Ahora qué?
- Es complicado. - No puedo sacarte de mis pensamientos.
- También lo es para mí. Trato de comprender, de verdad lo intento, y me refiero a todo, eso incluye el hecho de que me hayas contado algo tan delicado cuando lo habías estado guardando por tanto tiempo.
- Pude no haberte dicho nada y seguir como habíamos estado, pero no quería ocultarte por más tiempo quien soy. No quiero que haya secretos entre nosotros. Realmente deseo que puedas confiar en mí, tal como lo hacías antes. – Se rompió en ese instante irremediablemente.
- No llores por favor. – Colocó su mano sobre el hombre del castaño – Kurt, sabes que me parte el alma verte así.
- Piensas lo peor de mí. – Su voz estaba ahogada por el llanto y el malestar del resfriado – Por favor vete. Déjame solo.
- No es cierto. Sé que eres una persona maravillosa y un gran ser humano. Eso no pudo haber cambiado en unos días. – Se inclinó hacia delante y envolvió con sus brazos el cuerpo tembloroso y débil del ojiazul y éste lloró con más fuerza – No te voy a dejar solo ni hoy ni nunca.
Tal vez me tome tiempo entender algunas cosas, y puede que me comporte como un idiota mientras trato de procesar todo, pero somos amigos y siempre voy a estar para ti cuando me necesites.
- Blaine… – Trató una vez más de contenerse.
- Está bien, aunque no me gusta verte llorar, creo que necesitas desahogarte.
Luego de varios minutos de llanto y muchos pañuelos desechables, con la ayuda del pelinegro Kurt se sentó. – A veces quisiera que todo fuese distinto.
- Puede serlo, si te decides y…
- No es así de sencillo Blaine.
- Quiero entender. ¿Por qué hacer que tu vida gire en torno a una mentira? No tiene sentido para mí.
- Hay algunas cosas que no te he dicho. Conoces la historia, sin embargo he omitido varios detalles.
- ¡Oh! Y esos detalles son…
- Hay ciertos puntos que no te puedo contar porque involucran a otras personas y…
- ¿A Santana?
Dio varias respiraciones cortas – Sí. Y no puedo traicionar su confianza.
- Entiendo, y no te voy a pedir que me digas. Jamás te instaría a que la traiciones.
- Gracias. Ahora, todo comenzó cuando ella y yo nos conocimos, eso ya lo sabías, pero lo que no te había dicho es… bueno…
- Si no te sientes a gusto con esto, no lo hagas. Sólo respóndeme una cosa… ¿Ella sabe que eres gay?
- Sí, así es.
Luego le contó aquellos detalles que había omitido en los que la chica no estuviese involucrada y trató de explicarle de la mejor forma posible.
- ¿Eso es todo? – Preguntó con duda el ojimiel.
- Lo es, al menos eso creo… Blaine, ¿estás enojado o…?
- No, sólo trato de procesar todo, y tal vez necesite algo de tiempo.
- Entiendo. – Varias lágrimas rodaron por sus mejillas.
El de cabellera rizada le limpió el rostro con los pulgares – No más lágrimas Kurt, y sobre todo no más secretos.
- Lo prometo.
- Bien. Ahora ven aquí. – Se acercó más y lo abrazó – Prometo que sin importar las circunstancias, siempre seré tu amigo.
El ojiazul suspiró envuelto entre aquellos brazos que lo sostenían con fuerza. Él anhelaba ser más que amigos, pero sabía que no era posible, por lo que se conformaba con saber que Blaine estaría a su lado. Tal vez con el tiempo superaría lo que sentía por éste. Acomodó su cabeza sobre el hombro del moreno y se concentró en aquella calidez tan reconfortante.
- Gracias.
- Está bien. Ahora tienes que tomar tu medicina… sino Santana va a patearme.
Por primera vez en varios días, el castaño rió. – Es muy probable. Pero no es necesario, yo le digo que…
- ¡Hey! No lo hago por ella, eso fue una broma. Lo hago por ti, quiero que te recuperes y voy a cuidarte hasta que hayas sanado.
En ese momento el castaño quería tomarlo por el rostro y besarlo hasta dejarlo sin aliento.
ღ ღ ღ ღ ღ
Durante los siguientes días Blaine permaneció en casa de Kurt para asegurarse de que estuviese bien. Había estado con fiebre muy alta, pero finalmente parecía haber cedido.
- No tienes que traerme el desayuno a la cama. Puedo levantarme, me siento mejor.
- Prefiero que no te esfuerces tanto.
- Te estás tomando demasiadas molestias.
- No es ninguna molestia atenderte y ver esa sonrisa en tu rostro.
- ¿Dónde estuviste toda mi vida? – Suspiró – Lo siento si eso sonó mal, lo que quería decir… – se sonrojó por completo.
- Relájate. Deja de pensar en cómo suenan las cosas que dices y come que se va a enfriar.
- Tienes razón, es sólo que… no quiero que pienses que…
- Kurt, llevamos meses de conocernos y ser amigos. Tenemos química y todo se ha dado de forma natural, no veo por qué deba ser diferente ahora.
- Ahora sabes que soy gay.
- ¿Eso cambia de algún modo la persona que eres o la manera en la que nos llevamos?
- Amm… No.
- Entonces ya no le des tantas vueltas a las cosas en tu cabeza. Nada ha cambiado entre nosotros. – Le guiñó el ojo.
- Tienes razón. Estoy siendo algo paranoico después de todo.
- ¿Cómo va lo de la empresa? ¿Qué te ha dicho Santana?
- No mucho, sólo llama para preguntar cómo me siento y me dijo que están con los abogados revisando varios papeles. No sé nada más allá de eso.
- Espero que todo se solucione para bien.
- Gracias. – Hizo una mueca – Justo ahora voy a caer enfermo, debería estar allá tratando de ayudar.
- Tú tienes que concentrarte en recuperarte. Estoy seguro que Santana no se dará por vencida. ¡Esa mujer puede ser una fiera!
- ¡Lo es! De hecho es una de las cosas que más me encantan de ella. No deja que nada ni nadie la venza.
- Son un buen equipo. Tú también eres un luchador incansable, y es una cualidad que admiro mucho.
Los dos se miraron a los ojos y sonrieron. En ese instante ya no eran necesarias las palabras.
ღ ღ ღ ღ ღ
Casi un año había transcurrido desde que los Hummel-López se mudaron hacia ese vecindario y Kurt estaba sentado en su oficina pensando en cómo Blaine y él se habían vuelto los mejores amigos prácticamente, y respetaba eso. No haría nada que alejase al veterinario de su lado.
A veces sin intención le coqueteaba o le hacía pequeñas insinuaciones, pero cuando se daba cuenta se disculpaba. Bueno, así había sido al comienzo, sin embargo mientras el tiempo seguía su curso, parecía que al ojimiel ya no le molestaba, tal vez ni lo notaba porque no decía nada al respecto.
Pero estaban esas ocasiones en las que podía jurar que le devolvía las miradas o sonrisas de una forma traviesa, y eso lo confundía. Tal vez era producto de su imaginación… Sí, eso debía ser. No era posible que Blaine le correspondiera.
La pantalla de su teléfono se iluminó en ese instante anunciando la entrada de un mensaje. Tomó el dispositivo y no pudo evitar sonreír como un tonto al leer el texto.
Estoy libre, paso por ti para ir a almorzar. Te he extrañado mucho.
Él también extrañaba al de rizos negros, ambos habían estado muy ocupados durante la semana y no se habían visto, así que saber que comerían juntos hizo latir su corazón aceleradamente.
Te espero, no tardes. Ya quiero verte.
Luego de enviar su respuesta pensó en que podía parecer algo atrevida, luego negó con la cabeza, en realidad no decía nada incorrecto o que no fuese cierto. Moría de ganas por ver a su amigo y perderse en esos ojos más dorados y resplandecientes que el mismo sol.
La puerta sonó y una cabeza se asomó – ¿Almorzamos?
- Lo siento Mike, ya tengo planes.
- ¡Oh! Vas a salir con Blaine.
- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes?
- Por la sonrisa que tenías hace unos segundos y la forma en la que brillaban tus ojos.
- No sé de qué hablas.
El chico entró a la oficina y cerró la puerta – Kurt, es más que evidente que Blaine te gusta. Siempre te iluminas cuando vas a verlo, hablas de él y un largo etcétera. No sabes disimular en lo absoluto.
- Mike, no…
- No finjas conmigo, soy una de las personas que sabe, o es que ya olvidaste que hace unos años atrás salías con mi hermano.
- Mike… yo… esto no…
- Tranquilo. – Se acercó y colocó una mano en su hombro – Nunca le diré a nadie, pero creo que se acerca la hora en que debes decir la verdad.
- ¡Eso es imposible!
- La verdad libera. Cuando seas honesto contigo y con el mundo, te sentirás de una forma distinta.
Además, creo que tú y Blaine hacen buena pareja.
- ¡Estás loco! ¡Cómo se te ocurre semejante cosa!
- Él también se ilumina cuando está contigo.
- ¿Qué? ¡Claro que no!
- Lo hace, sus ojos brillan cuando te mira y siempre sonríe a tu lado.
- Blaine está casado.
- Tú también.
- Con una mujer.
- Igual que tú.
- Sabes muy bien que las cosas son distintas. Él es hétero.
- A veces creemos que somos algo o nos definimos de cierta forma hasta que las circunstancias cambian y descubrimos quienes somos realmente. En ocasiones sólo nos redefinimos, y es que esa es la forma en la que estaba destinada a ser.
- No entiendo de qué hablas.
- Sí, sí entiendes, sólo que no quieres aceptarlo. Un ejemplo muy claro es mi hermano, él siempre fue heterosexual, al menos eso creía. En la escuela tuvo varias novias, le fascinaban las chicas, y fue así hasta que en la universidad conoció a un chico y se sintió atraído hacia él. Al comienzo lo negó porque le resultaba confuso, nunca le había ocurrido algo parecido, pero al final decidió dejarse llevar por lo que sentía. Estuvieron juntos por tres años y terminaron por un mal entendido.
Pensé que tal vez volvería a salir con mujeres luego de eso, pero no lo hizo. Me dijo que se había dado cuenta de lo que le gustaba en realidad. El siguiente novio que tuvo fuiste tú. Y me hubiera encantado que ustedes se quedaran juntos, pero él no pudo seguir manejando lo de la relación a escondidas.
- ¿A qué viene todo eso?
- A que quizá tú le moviste el piso a Blaine. Tal vez le tome un tiempo ponerse de acuerdo en lo que le ocurre contigo, pero de que siente algo por ti que va más allá de una amistad, lo hace. Él tampoco sabe disimular.
- Eso no… – De pronto recordó aquello en lo que había estado pensando todo el día. Blaine parecía recibir su coqueteo bien y en ocasiones podía jurar que le correspondía. En más de una ocasión Santana le había dicho que ellos a veces flirteaban, pero él siempre le respondía que era su imaginación. ¿Había la posibilidad de que ella tal vez no lo estaba imaginando?
- Es evidente que le gustas. Sólo déjate llevar y sigue tu verdadero instinto.
- ¿Mi… mi verdadero…?
- Eres homosexual.
- ¡Cállate! ¡Alguien puede escucharte!
- Kurt, si realmente quieres ser feliz, es tiempo de que aceptes quien eres.
