Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, pertenece a Hiro Mashima
CAPÍTULO 2
LAXUS DREYAR
TORMENTA ELÉCTRICA
Si algo caracterizaba a Laxus Dreyar si no lo conocías en profundidad, era su carácter hostil y amenazante. No era raro en la gente sentir miedo al acercarse a él, y solo aquellos a los que el resto denominaban "más aventurado", se atrevían a dirigirle la palabra. Era conocido por su mal genio, ansias de poder y un ego estratosférico. Sin embargo, el DragonSlayer del Trueno era mucho más que todo aquello que la gente decía y pensaba acerca de su persona. Pocos habían sido capaces de conocer al verdadero Laxus Dreyar, pero los que gozaban de dicho privilegio, armarían una guerra en contra de todo aquel que osase hablar mal del rubio.
El gremio de Fairy Tail era testigo de ello, era cierto que en el gremio de las hadas siempre defenderían el honor de cualquiera de sus compañeros, pero todos sabían que tratándose de Laxus, la situación era mucho más extremista. Aun no se sentía totalmente redimido de haber causado la guerra interna de Fairy Tail hacía ya casi diez años atrás, aunque para él, igual que para el resto de los miembros del gremio que estuvieron en los sucesos de la isla Tenrou, apenas habían sido tres años conscientes.
Fairy Tail se consideraba un gremio sin mentiras y traiciones, donde todas las hadas sabían todo acerca de la vida de sus camaradas. Muchos de ellos, entre los que se incluía Laxus, obviamente, se conocían desde que apenas contaban con escasos años de vida. Eran -mucho menores a Wendy cuando se unieron a Fairy Tail y la gran mayoría no tenía nada ni nadie en el mundo como en el caso de Gray que llegó al gremio poco tiempo después de la muerte de su maestra Ur, Natsu que apareció no mucho más tarde del 7 de julio del x777, o Erza que llegó a Fairy Tail tras huir de la torre del paraíso. Laxus era el nieto del cuarto maestro del gremio, aunque actualmente ese título había cambiado a octavo, por lo que siempre estuvo inmerso en el ambiente de las hadas. Con la expulsión de su padre y que su abuelo lo alejase de su mala influencia había cambiado su forma amable y tranquila de ser, por una mucho más amenazadora, no quería que lo comparasen con su padre ni que se dignasen a reírse de él. Todo el mundo sabía eso, sin embargo, actualmente Laxus guardaba con reparo un secreto, aunque ni siquiera él sabía que tan secreto no era puesto que había alguien en el gremio conocedor de él.
Tras la batalla contra Tártaros tres años atrás, su cuerpo había absorbido tantas partículas de barrera que, en palabras de Porlyusika, era un milagro que no hubiese perecido al instante. A causa de ese hecho, su cuerpo de vez en cuando sentía terribles espasmos y dolores por la expulsión de las partículas, que en muchas ocasiones lo anulaban y lo dejaban tan adolorido que era incapaz de moverse por algunas horas. Gray sabía de su condición puesto que lo había encontrado en medio de uno de esos ataques de dolor durante la guerra, pero había prometido guardarle el secreto, en aquel entonces necesitan todos los magos disponibles y él no consideraba oportuno tener que preocupar al resto por su estado de salud cuando había otra mucha más gente en peores circunstancias que él. En la actualidad, cada vez expulsaba menos cantidad de partículas puesto que ya eran pocas las que aún residían en su cuerpo, pero aun así, deseaba que ese período acabase ya puesto que lo limitaba constantemente a la hora de hacer misiones y por ello, dependía mucho más de los Raijinshuu. Eran sus hermanos, y sí, les confiaría su vida sin dudarlo, pero él nunca había sido un mago que dependiera de los demás por lo que le costaba trabajo ser el vulnerable del grupo.
Acababan de realizar una misión sencilla. No les había supuesto ningún problema. Era cierto que desde la caída de Zeref, los gremios oscuros habían sido reducidos en número considerable, pero aun existían pequeñas organizaciones que aunque ya no podían resucitar o volver a traer a Zeref a la vida, de eso se habían asegurado ellos y los demás gremios que lucharon contra el imperio Alvarez, seguían con ideales estúpidos acerca del poder y de querer derrotar a los magos santos para hacerse con el control total de la magia. Ninguno de esos nuevos gremios oscuros comprendía que nunca existiría una amenaza mayor a la de Zeref o Acnologia, y ya la habían derrotado por lo que no había nada que se les resistiera si ponían empeño en ello.
Tras la misión, lo único que deseaban era poder volver al gremio cuanto antes mejor, el cielo amenazaba con tormenta, y para su mala suerte les pilló a las afueras de Magnolia calándolos por completo.
-Mierda…- murmuró mirando al cielo exasperado. Media hora más tarde y se hubiesen librado de esa lluvia torrencial que parecía amenazar con acabar con la humanidad.
-¿Qué demonios sucede?- preguntó Evergreen furiosa al estarse mojando- ¡Esta lluvia no es normal! ¡No es época de ellas!- exclamó.
-Ciertamente hacía tiempo que no llovía de esta manera…-comentó Bickslow.
-¿No os parece que se parece a la vez que hubieron problemas con las lácrimas de magia y el mundo de Edolas?- preguntó Freed.
-¿Crees que puede suceder de nuevo lo mismo?- preguntó Ever asustada, Freed negó con la cabeza.
-La magia de Edolas fue eliminada por completo, no tienen forma de arrebatárnosla, además, Mystogan está allí, él nunca lo permitiría.
-Mystogan… que hombre más raro- murmuró Bickslow.
-Y su contraparte en Earthland tampoco es muy normal- agregó Laxus añadiéndose a la conversación- No sé a qué espera para unirse de una vez al gremio, debería dejarse de tantas estupideces de redención y aceptar que Fairy Tail es su sitio.
-Más bien, diría yo- comentó Ever con una sonrisa ladina- Su sitio es al lado de Erza.
-Bien dicho Ever- dijo Bickslow riendo.
-¡Eh!- exclamó Freed señalando un punto en el camino a unos metros de distancia- ¿Qué es ese bulto?- preguntó. Por culpa de la lluvia la visión se dificultaba y apenas podían distinguir un bulto grisáceo tirado en medio de la carretera. Avanzaron unos metros hasta que Ever gritó.
-¡Es una persona!- corrieron alcanzando a la persona malherida que se encontraba en medio del camino. No sabían si seguiría con vida, pero si continuaba allí, no dudaría mucho. Se acercaron velozmente, y con la distancia pudieron distinguir que se trataba de una mujer por la forma de musculatura que tenía. Giraron el cuerpo con cuidado para no ocasionar más daños en caso de que siguiese con vida. El movimiento de su pecho les indicó que continuaba respirando aunque levemente. Al darle la vuelta al cuerpo Ever no pudo reprimir un grito de horror, mientras sus tres acompañantes se alertaron y sus cuerpos entraron en tensión.
-¡Juvia!- gritó Laxus comprobando los signos vitales de la chica. Su pulso era muy lento. Maldijo a todos los dioses existentes y por existir. La chica de cabellos azules yacía en el suelo su abrigo que habían podido distinguir como azul, como era habitual en ella, estaba parcialmente rajado, y en ciertas partes el color azul se había visto manchado por un color que los cuatro pudieron identificar como el color de la sangre. En el cuello se le podían ver marcas en su nívea piel, había evidencias que esta había sido quemada. De su cabeza una herida en la zona del nacimiento del cabello hacía que prácticamente la mitad de su cara estuviese manchada por sangre. Las heridas parecían recientes, todas ellas seguían abiertas.
Laxus tomó a la chica en brazos y la acunó sobre ellos.
-Volvamos rápidamente al gremio- ordenó a sus amigos, estos asintieron conformes- Pagarán lo que te han hecho Juvia- le murmuró a la peliazul- sea quien sea. Nos vengaremos.
La lluvia había sido un presagio. Ahora lo comprendían, sin embargo, ninguno de los cuatro podía comprender quien habría sido capaz de herir a la maga de agua de dicha manera. Sabían que era una oponente fuerte y que no se rendiría a la primera de cambio y lucharía hasta el final. Además, ¿Existía alguien en el mundo que pudiese tener algo en contra de la maga de agua? Juvia era conocida por su amable sonrisa casi permanente, su generosidad y su predisposición al sacrificio por los demás. Freed lo había comprobado cuando ella misma se sacrificó lanzándose directamente contra la lácrima del palacio del trueno por el bien de Cana. ¿Quien querría herirla hasta el punto de casi matarla?
Laxus estaba furioso. Muy furioso. Juvia había sido su compañera de equipo durante los primeros juegos mágicos en los que participó, y pudo comprobar la fuerte voluntad y camaradería que sentía la peliazul por el gremio. Además, no podía evitar recordar que fue ella quien lo veló y lo cuidó durante la guerra contra Tártaros después de haber absorbido aquella cantidad de partículas de barrera. A pesar de ser él cruel con ella al llamarla desperdicio de Phantom, ella nunca se lo echó en cara y cuando su abuelo lo aceptó en el gremio de nuevo, ella no dudó en aceptarlo olvidando todo lo ocurrido durante la batalla de Fairy Tail. Juvia no había hecho nunca daño a nadie y quien le hubiese puesto una mano encima lo pagaría caro.
Era cierto que no habían sabido nada de ella durante todo un año después de la guerra contra el imperio Alvarez, pero ponían la mano en el fuego por su amiga y compañera, y sabían que ella, por mucho tiempo que pasase, jamás cambiaría su forma de ser a una que mereciese ser golpeada de tal manera. Se negaban a creerlo, por lo que no podían evitar preguntarse qué demonios había ocurrido durante aquel año que todos desconocían en al vida de la maga elemental de agua.
Ya no les importaba la lluvia que caía sobre ellos o el frío que pudiesen estar pasando. Laxus puso su abrigo negro sobre el cuerpo de la maga de agua y procuró que la peliazul entrase en calor para que sus latidos del corazón no se debilitaran a un más.
Caminaron a paso raudo y sin detenerse hasta llegar a las puertas del gremio. Bickslow y Freed las abrieron y entraron junto a Evergreen, los tres tenían la mirada perdida y respiraban acelerados, intentaban hablar pero no podían. Era como si estuviesen en estado de shock. Laxus entró seguidamente detrás de ellos, justo en ese momento la luz de un rayo le impidió la vista de la gente del gremio pero cuando pasó, recorrió con una mirada la gente del gremio y rápidamente localizó a sus objetivos. Su abuelo, el maestro estaba sentado en la barra, para variar, tomando cerveza mientras jugaba con la pequeña hija de Alzack y Bisca. Por otro lado a quien necesitaba era a Wendy la única en el gremio con magia de curación. Ella estaba sentada junto a Erza disfrutando de un pastel de fresas.
Se aclaró la voz y en un tono imponente gritó- ¡Abuelo! ¡Wendy!- todos se giraron a verlo sorprendidos por el griterío- ¡Necesitamos ayuda!
Y ante esa palabra, los dos mencionados se levantaron rápidamente hasta encontrarse con él y cuando este se adentró más en el gremio todos pudieron ver quien era la persona a quien traía en brazos. Un grito de terror se escapó de las gargantas de cada uno de los miembros de Fairy Tail, pero por encima de todos hubo uno que se escuchó más fuerte.
-¡JUVIA!- gritó Grayy corriendo hacia Laxus y mirando el desesperanzador estado de la chica.
El maestro ordenó que Wendy, Mira y Levy lo acompañasen a la enfermería del segundo piso junto a Laxus. Prohibió la entrada de cualquier otra persona en la sala mientras trataban a Juvia. Tuvo que fijar su mirada en Gray para hacerle ver que el mensaje era serio. En ese momento no importaban los demás, lo más importante era la salud de Juvia, y si había más gente en la sala solo entorpecerían el trabajo.
Laxus dejó el cuerpo de la chica sobre la camilla de la enfermería y le quitó su propia chaqueta. Bajo las luces de la enfermería, las heridas de Juvia parecían incluso peores a lo que había podido ver bajo la lluvia minutos antes. Se retiró de la sala encontrándose con Gray parado delante de ella, apretaba los puños con fuerza y sus dientes chirriaban de lo fuerte que los tenía apretados. Se apoyó en la pared junto a la puerta de la enfermería y esperó junto al alquimista de hielo. Dentro Levy, Mira y Wendy ponían todo su empeño en curar y salvar a su compañera.
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Lady
